GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS

Tarde del domingo, 11 de marzo de 2001
Crónicas de la prensa

Imágenes del festejo

Novillada con picadores

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillada con picadores de La Quinta, (desiguales de presentación). 

Diestros: 

  • Fernández Pineda, ovación con saludo tras aviso y ovación con saludo tras dos avisos.
  • Oscar Sanz, oreja y petición. 
  • Sánchez Pulido, ovación con saludos y silencio.

Entrada: mas de media plaza.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País JOAQUÍN VIDAL, Valencia. Las hay de peores

Alguien se quejó de que no se acababa nunca la corrida (dos horas y media allí) y otro respondió en valenciano puro: 'Las hay de peores'.

Seguro que las habrá de peores, pero el aburrimiento piensa uno que es inconmensurable, como el cosmos (sin ir más lejos), cuyos confines aún no ha habido dios que los sepa precisar.

Los toreros se ponían a pegar pases y el público acababa pasando de ellos. El público taurino se ha hecho muy pasota. No los aficionados, que esos no pasan ni una, sea por fas o por nefas, en sentido positivo o negativo.Un aficionado lo mismo se pone levantisco por una estocada fuera de sitio, que entra en trance y se le caen las lágrimas si el torero instrumenta una verónica con aromas de alhelí.

Lo que pasa es que aficionados apenas quedan. Lo decía el espectador de antes, representante de la más acendrada valencianía: 'Ya no quedan de aficionados'. Y quienes van a los toros son gente peculiar, que puede estallar de júbilo por cualquier trance insustancial, mientras el desarrollo de la propia corrida y sus fundamentos, le trae sin cuidado.

Se caían algunos novillos atacados de invalidez (¿acaso la EEB?) y no se oía en la plaza ni una sola protesta. En cambio,cuando uno de los novillos olió la montera que tras el brindisdel matador había quedado en la arena boca arriba y al tocarla la puso boca abajo, el público prorrunpió en una estruendosa ovación

Un joven que no entendió la vaina le preguntó a su novia el motivo de la algarabía, y ésta se lo aclaró sin faltar detalle: 'La montera boca abajo trae de buena suerte y en cambio si quedaboca arriba la trae de mala'.

El nuevo público taurino apenas tendrá idea de la fiesta pero lo poco que sabe es a ciencia cierta y no hay más que hablar. Por ejemplo sabe lo de la montera, sabe que el toro debe juntar las manitas en el volapié, sabe que ha de aplaudir los pases de pecho y sabe que debe pedir la oreja agitando la almohadilla.

Esta debe de ser la causa de que los toreros den tantos pases de pecho. Ante sus arrebatos destajistas pasará el público,mas en cuanto pegan el pase de pecho ya están los aplausos y hasta las ovaciones encendidas.

Con una novillada como la de La Quinta, justa de trapío, escasa de cabeza, débil de pata y sobrada de nobleza, lo razonable habría sido que los diestros reinventaran el toreo y salieran de la plaza consagrados. Pero quiá. Tras mostrar los tres un gusto suficiente para interpretar bonitas las suertes, instrumentar algún buen lance de capa, ligar con ajuste los derechazos (y también algún natural), se enfrascaban en el pegapasismo desaforado y aburrían al lucero del alba.

Entre tanto mantazo probablemente serían dignos de rescatar los redondos que instrumentó Fernández Pineda al primer novillo; un exquisito quite por verónicas y varios naturales sueltos de Óscar Sanz, que recibió a los dos de su lote mediante largas cambiadas a porta gayola; unos derechazos hondos y ciertas trincherillas de Sánchez Pulido. Lo que no es poco para los tiempos que corren.

Lo demás fue mediocridad y pesadez, dolosa reiteración de lo mismo, una paliza, un mal rollo. De todos modos hubo oreja -para Óscar Sanz- escasamente pedida y protestada por algunos; entre otros, el vecino de localidad, quien planteaba una grave cuestión: '¿Por qué ha ido a menos en los de naturales hasta sufrir un desarme?'

A las dos horas y media de corrida, ya noche cerrada, no merecía la pena discutir, francamente. La feria sigue, las habrá de peores y no quedará más remedio que aguantarse. Como siempre.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Valencia. Dos horas y media de novilleros sin ambición y novillos bondadosos

A unos les faltó ambición y a otros codicia. La ambición es algo que se les presupone a los novilleros y la codicia suele ser condición intrínseca a los novillos de La Quinta. Pero esta vez los quinielas más esenciales fallaron. No es que los noveles toreros pegaran petardo alguno ni que estuvieran mal, que el oficio se lo saben. Es más: a veces parecían matadores consagrados que ya han cruzado la orilla. Porque con las bondades de los utreros santacolomeños de Conradi —¡qué distintos a los encastados erales del día anterior!— había que haber triunfado. Si nos apuran, es preferible ver las carencias de chavales verdes en la profesión pero con hambre de contratos que las «ausencias» de los de ayer.

CORTE CLÁSICO

Fernández Pineda se encuentra a las puertas de la alternativa, que será en abril y en su tierra, Sevilla. Apunta un corte clásico, de finas maneras. Así lo evidenció con el manso primero, huidizo en el caballo y templado y suavón en la muleta. Bien por las dobladas iniciales, bien por las tres tandas de derechazos. Bien y demasiado correcto. Toreó con gusto al natural, sobre todo en la segunda serie zurda, que murió en un torero afarolado. Hubo luego pases que olvidamos, un pinchazo precipitado y un aviso. Cuando la espada se hundió, la posibilidad de triunfo se había esfumado. Ante el zambombo cuarto —¡vaya lotes configuraron!—, que derrochó bastas embestidas, despertó el sevillano con unas verónicas acompasadas e hizo el esfuerzo en el tercio final. Pronto presentó la muleta en la zurda. Varias coladas le quitaron la idea. Después se perdió en el tiempo, hasta anotarse dos avisos.

Óscar Sanz, espigado novillero de la tierra, se llevó la única oreja, más por paisano que por lo acontecido en el ruedo. No dudó en momento alguno en recibir a sus enemigos en la puerta de toriles. El primero de ellos fue dulce, tal vez demasiado soso, sin celo, mejor a izquierdas. Por ahí los naturales alcanzaron nota, mas la emoción no aparecía. La concesión del trofeo sorprendió a todos. El palco, tan lento para cambiar los tercios durante la larga tarde, anduvo ligero para entregar el premio.

Más vibración desprendió la labor de Sanz al quinto. El prólogo sobre la mano derecha, con muletazos largos y tersos, firmes, provocaron ilusiones que fueron a menos a la par que la obra. Al final surgió otra petición de oreja, que la presidencia, si llega a ser coherente con el criterio anterior, debió haber concedido. La vuelta fue un premio justo.

VOLATÍN Y CLASE

Daño sufrió el tercero al voltearse en los lances de recibo. Blandeó a consecuencia de ello, pero se recuperó y sacó calidad. Sánchez Pulido torea con sabor y acompaña los viajes con la cintura. Tiene cosas buenas. Tras el notable arranque sobre la derecha, no se acopló al natural y emborronó todo con una estocada baja. Un quite a la verónica y la media de un quite ante el sexto satisficieron los paladares más exquisitos. Otro buen comienzo terminó por perderse en la nada. Y precisamente nada justifican dos horas y media de festejo ni tantos avisos.

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