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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS
Tarde del sabado, 18 de marzo del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de
José
Luis Pereda (3º devuelto por inválido), anovillados, chicos, impresentables e inválidos, excepto 2º, que tomó cuatro puyazos.
6º, sobrero de Jiménez Pasquau , también anovillado, de indecorosa presencia, inválido total.
Diestros:
Entrada: Lleno.
Crónicas de la prensa: El Mundo, El País,
ABC, Razon
El País. JOAQUÍN VIDALEl
herpes lo tenían los toros
Estaba anunciado Curro Romero y no compareció pues dicen que padece un herpes. A lo mejor no entendimos bien porque el herpes lo tenían los toros. Las noticias -ya se sabe- si son de segunda mano a veces se tergiversan.
Los toros, pobrecillos, estaban de un baldado que no se podían aguantar. A poco que caminaran por el redondel ya trastabillaban, daban tumbos, hocicaban, se caían de culo o, alternativamente, de cabeza, cuan largos eran.
Claro que en realidad eran poco largos, conviene precisar si de hablar con propiedad se trata. Incluso eran llamativamente cortos, dicho sea en honor de la verdad. Y, sobre cortos, chicos, bajitos, desmedrados, caraculiambros; y además no tenían media torta.
Daba pena verlos, francamente...
Pena daba ver aquellos novillos que colaron como toros, saltando a la arena para encontrarse con unas enormes, monolíticas, monstruosas acorazadas de picar encaramadas por siniestros individuos tocados de coquetón castoreño dispuestos a meterles caña y dejarlos para el arrastre.
No hubieron de esforzarse mucho los individuos del castoreño: los inocentes novillos ya estaban para el arrastre antes de meterles caña. Todos menos uno, que hizo segundo en la tarde. Y a ese, que le apeteció mansear, le pegaron cuatro puyazos, más uno de propina cuando ya habían cambiado el tercio, y no lograron tumbarlo.
Listo que era el toro. Lucía capa colorada en la variante de las descoloridas, bizca cornamenta, cuerpo regordío; y en cuanto sentía en sus lomos vírgenes la clavazón del hierro agresor que llaman puya, huía de la quema en busca de terrenos acomodaticios donde reinara la paz.
Le correspondió el regordío colorao descolorido a Morante de la Puebla y en cuanto tuvo la certeza de que había terminado la refriega se comportó con mucha decencia. O sea, que tomó la muleta sin acritud ni propósito vengativo alguno.
La muleta de Morante de la Puebla no es cualquier cosa. Un toro pensador (los hay, con mayor clarividencia que muchos humanos), viéndose en la obligación de embestir, preferiría tomar la muleta de Morante de la Puebla antes que la de uno de esos pegapases insoportables que tanto abundan.
Morante de la Puebla (es dogma unánimemente aceptado en el reino animal) desgrana de común en su muleteo inspiradas recreaciones artísticas, y sus consecuentes aromas, siempre ajustadas a la cabal interpretación de los cánones de la tauromaquia eterna.
Sin embargo (esto constituyó gran sorpresa), Morante de la Puebla no era en Valencia el torero de las artes y las ciencias. Salvo esporádicos detalles -unas verónicas de impecable ligadura, dos chicuelinas y media verónica sutil cargadas de sevillanía, alguna remota trincherilla- se había transmutado en afanoso pegapases, tan precipitado al rematarlos para irse a otro terreno, tan desmedido, tan reiterativo y tan vulgar como los que militan en esa neotauromaquia ventajista y adocenada.
Similar pegapases fue Morante de la Puebla en el toro enterizo segundo que en el inválido quinto. Lo cual no quiere significar que perdiera por ello las orejas. El público valenciano -menudo orejismo alienta- estaba deseando dárselas, dos mejor que una, y las perdió lisa y llanamente por matar mal.
La afición conspicua, por el contrario, y el toro clarividente con ella, se sintieron defraudados. Todo lo habrían esperado de Morante de la Puebla, menos la vulgaridad.
Juan Bautista tiró de repertorio lo mismo en las suertes de capa que en las de muleta. Desde los faroles y las largas cambiadas de rodillas hasta las floridas gaoneras, con el percal; desde los ayudados y los naturales hasta las manoletinas de pie o de hinojos, con la franela. Y, no obstante, aquellos alardes quedaban minusvalorados por la falta de emoción. Cuando hay en la plaza un novillo suplantando al toro, y además rueda lastimosamente por la arena, la lidia no sólo carece de interés sino que se convierte en una incalificable brutalidad.
Iguales circunstancias acompañaron a Juan Mora, que ceñía pinturero el lance del delantal y se esforzaba en embarcar por derechazos y naturales unos pobres animalillos, diminutos, inocentes y tullidos. El que hizo cuarto, a los pocos muletazos se desplomó e, incorporado al rato, quedó azaroso y desnortado, trastabillando y dando tumbos por el redondel.
Un toro bravo (aún novillo, ni siquiera añojo), no es nunca un muñeco inofensivo, feble, amodorrado, incapaz de caminar sin caer redondo. Salvo casos de herpes patológico o de drogadicción fraudulenta y rufianesca.
El Mundo. JAVIER VILLAN.
Novillos en escombros VALENCIA.- Con todos los respetos; los cuadrúpedos mal encornados que se corrieron ayer eran cualquier cosa menos toros de lidia. Con permiso de la autoridad, de la docta afición y de los escribas. Con todos los respetos, no hay toros de Valencia, de Sevilla o de Madrid; no hay aficionados de acá o de acullá con más pedigrí que otros. Hay toros o no hay toros. Y ayer no hubo toros. Respecto a los aficionados, todavía se anda dilucidando la cuestión. El primer toro era un inválido: y además estaba afeitado. Y tenía pinta de novillejo y parecía una burra tonta. Se mantuvo en pie porque Mora nunca le forzó con la muleta. ¿Es éste el toro de Valencia que proclama y requiere la afición conspicua? ¿En defensa de esta basura se ha insultado con mal estilo y peor escritura, día a día, en estas Fallas a los aficionados de Las Ventas? Juan Mora hubo de estar más pendiente de mantenerlo en pie que de torearlo. Y apenas quedan de esta labor de enfermero un cambio de manos por delante, un molinete, algunos derechazos. Al suelo El segundo toro era un carretón destartalado y regordío. Había que llevarlo entre algodones y, para una vez que Morante le bajó la mano, se fue al suelo. ¿Esta es la doctrina que se imparte entre el festivo público fallero? ¿Montar el pollo con los mansos y tragarse los inválidos? ¿Aceptar como toros una novillada en escombros? Morante anduvo fácil, grácil, hábil, elegante, pinturero y correcalles. El tercer toro salió de toriles con el asta derecha prendida con alfileres. Y, al primer encuentro con el peto, se le rompió del todo por la cepa. Con buen criterio, el presidente lo mandó a los corrales. ¿Son estos toros descornados los toros de Valencia? No. Al menos no son los toros que quiere la parte más cabal de la afición valenciana. Se corrió turno y salió un novillo; un ratón con cuernos, afilados eso sí. Un ratón inválido que midió el suelo de costalada en costalada de forma deprimente y patética. Juan Bautista, de rodillas, era más alto que él. ¿Es ésta la basura con que los iracundos detractores de Las Ventas quieren emponzoñar los cosos de Iberia? Juan Bautista lo recibió con un farol de rodillas y siguió con derechazos en igual postura. Trazaba bien el derechazo el torero francés, mas antes de rematarlo, el novillo se había arrodillado. ¿Es ésta la emoción que predican algunos? Juan Bautista fue fiel a sí mismo y concluyó la faena como la había empezado: de rodillas. Esta vez con manoletinas que encendieron los ánimos. Cuando pinchó pareció que se hubiera frustrado la faena del siglo, y cuando atravesó al novillejo de sablazo infame, la decepción alcanzó alturas de tragedia. ¿Es éste el credo taurómaco en cuyo nombre se descalifica, ningunea y agrede a los aficionados de esta reseca piel de toro que exigen reses de lidia y lidia para esas reses? Afición anestesiada El cuarto era otra cabra inválida. El picador no lo sangró ni siquiera para un análisis. Un pañuelo hubo en la plaza pidiendo la devolución; un único pañuelo en el tendido bajo de capotes. O sea, una afición que fue ejemplar, anestesiada; narcotizada por los modernos padres procesales de las modernas tauromaquias. No digo el nombre del joven aficionado que agitaba el pañuelo, no sea que lo lleven a la hoguera. Juan Mora arrancó doblándose con un toro que estaba ya bastante doblado. El quinto fue el que más y mejor se tuvo en pie. Morante de la Puebla templó los derechazos; y los naturales, bellísimos, los dio de uno en uno, rectificando terrenos y poniéndose de frente. La faena había tenido fogonazos, relumbres de torería. Pero no fue una faena ligada, redonda ni hilvanada. Con todo, de no pinchar tres veces le hubieran dado la oreja. El sobrero de Jiménez Pasquau tenía un poco más de presencia y trapío que los de José Luis Pereda; pero no más fuerzas. También midió el suelo y se puso de rodillas con más frecuencia de la deseable en una plaza de toros. En estas circunstancias, lo más brillante del joven Juan Bautista fue el estoconazo que fulminó al toro. Y esto fue todo. O sea, nada. Al calor de las hogueras que arderán hoy, a los buenos aficionados de Las Ventas y de toda España se les ha llamado de todo en estas Fallas. Y se ha dejado escrito con absoluto impudor; desde incultos y bárbaros hasta gilipollas: con contumacia. Y por escrito en papeles taurinos. ¿Con qué argumentos? Con los de estos simulacros de toros que valen sólo para estafar. Está claro que el argumento se cae por su propio peso. Mejor dicho, por la falta de peso. El cartel de hoy.- El último día de feria se reserva el cartel más valenciano: Enrique Ponce y Vicente Barrera, mano a mano, se encierran con seis reses de Atanasio Fernández. Una tarde que abrirá el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, con un ejemplar de Fermín Bohórquez.
ABC, ZABALA DE LA SERNA, Morante
y Bautista, contra la monotonía y los tullidos
Antes de nada, quería recordar un olvido: en la crónica de
ayer no salió del tintero el nombre del banderillero Curro Molina, protagonista
del mejor par de una Feria de bajo tono en cuanto a las actuaciones de las
cuadrillas se refiere. Fácil lo van a tener los jurados, que ya hacen cábalas
previas, mientras en el cielo valenciano la noche del fuego, «Nit del Foc»,
convertía en día la oscuridad de la madrugada.
Los castillos deslumbrantes resplandecieron en el aire como
algunos de los muletazos de Morante de la Puebla en la tarde de ayer, como el
desparpajo del francés Juan Bautista, como la juventud de ambos frente a la
monotonía actual y la paupérrima flojedad de los toros de Pereda, desiguales
en las formas y en el fondo, igualados todos por la paraplejia como denominador
común.
Morante afrontaba en Valencia su primer compromiso importante
de esta temporada, tras su reaparición. Existía el misterio de ver cómo volvía
a la cara del toro después de tan larga y sufrida convalecencia, y la verdad esque el intríngulis quedó resuelto para bien, porque el afán y el valor no han
padecido ninguna merma durante su ausencia. El diestro de La Puebla del Río sacócasta ante el más serio quinto, que, como todos, perdió varias veces las manosdurante los compases iniciales de la lidia. De salida, dos verónicas brotaron
ligadas y con garbo, y graciles las chicuelinas del quite. No hubo más en la
salutación porque el cornúpeta se le frenaba debajo.
EL ÁNIMO INTACTO
Arreó Morante luego porque hay que mantener el caché para
cumplir los objetivos fijados de la exclusiva con Canorea. De primeras, citó
desde los medios, con la muleta en la diestra y el ánimo intacto. Parió unatanda ligada y otra más, marcadas por las ganas de triunfo, o sea, un poco
aceleradas. In crecendo fue la cosa, sobre todo por el pitón izquierdo, por
donde la embestida superaba por arriba el palillo de la muleta. Antes de que elmás bello cuadro surgiera, con reposo se sucedieron ya otros derechazos. Y
entonces Morante cambió de nuevo de mano, se colocó de frente, muy manolovázquez,
con el engaño escondido a veces tras la cadera, y dibujó cuatro, tal vez
cinco, definiciones sobre qué es el toreo al natural con acento de Sevilla. Ytras el cuarto, o el quinto, hilvanó un molinete con la misma zurda y el
obligado de pecho: los tendidos despertaron al contemplar aquello.
CIERRE POR ALTO
Cerró la obra con unos ayudados por alto muy toreros. El
galardón del trofeo parecía asegurado, pero al realizar la suerte del volapiéel toro le puso los pitones en el pecho, y Morante pinchó en dos ocasiones,hasta jugarse la pañoleta en el tercer envite. Para entonces la oreja se habíaido al garete; no así el agradecimiento del personal.
No todo fueron parabienes para el sevillano, que cuando su
primer enemigo huyó del peto por tecera vez, no se le ocurrió cambiar alequino de terrenos, como si se tratara del caballo de cartón del fotero de
feria. Luego elaboró una faena muleteril con intermitencias como dientes desierra, salpicada por detalles, pinceladas, arabescos, cambios de mano y algún
que otro medio muletazo de media muleta y otras armas contra la mediocridadhabitual. La verdad es que el pupilo de Pereda no se entregó nunca, siempre sin
humillar, sin descolgar nunca la embestida. Alargó demás no debe, ni por
asomo, caer en la tentación de la modernidad de los muchos pases, y, como
marró con el acero, escuchó un aviso tonto. Juan Bautista también desenfundó la chispa y la variedad.
Tras ver cómo era devuelto, por inválido, el tercero, saludó al siguiente,
que hubiera sido el sexto, con un farol de rodillas y unas verónicasemocionantes, porque el francés siguió lanceando de hinojos, con un valor
pasmoso. Dos agujas lucía su enemigo por pitones, y hasta el caballo lo guiópor alegres rogerinas, para quitar más tarde por fregolinas barrocas, cuando el
toro se caía por allí y el torero giraba por acá. Tomó pronto la izquierda,ligó naturales largos, y también derechazos templados, hasta que el burel
comenzó a pararse. Pecó de prolongar la labor levemente, con la intención de
calentar al respetable, de rodillas y por manoletinas. Manejó defectuosamente
la tizona, y dio al traste con la posibilidad de una mayor recompensa que la
ovación.
El sobrero de Jiménez Pasquau era también de condiciónpenitente y no le dio opciones.
El lote de Juan Mora careció de fuerzas, en la tónica
general. Mora estuvo templado y entonado en su primera labor, diestra casi en su
totalidad, ya que por el pitón izquierdo sacaba guasa el bicorne. Salvo con el
capote, a pies juntos, nada le permitió hacer el cuadripléjico cuarto más que
estar aseado.
La Razon. EFE, Disposición
de Juan Bautista en la tarde de su debut fallero
Una corrida que prometía mucho, sin embargo, casi acaba endecepción. El encierro de Pereda, de no haber sido por la justeza de fuerzas,
hubiera dado mucho de sí, a pesar también de otros matices como laindisimulada mansedumbre de algunos toros. Aun así, el conjunto fue muy
toreable. Luego hubo otras circunstancias de parte de los toreros para que
aquello no resultara.
Juan Mora, por ejemplo, no se pudo emplear del todo a fondo con su primero, un
toro bueno pero que duró muy poco. La faena fue bonita y tuvo asiento, pero lacondición del toro quitó el eco del entusiasmo.
Al cuarto le costó muchísimo más, tambaleándose desde que salió,
cuando no estaba del todo en el suelo. Mora no se lo pensó dos veces para
montarle la espada.
El primero de Morante fue tan manso que apenas se le pudo hacer sangre en elcaballo, huyendo constantemente de él, hecho que también le hizo sacar un
punto de violencia en la muleta. El toro en sí, a pesar de su mansedumbre,hubiera sido muy toreable de habérsele castigado lo suficiente en varas.
Morante no terminó de acoplarse con él en la muleta, aunque la faena tuvodetalles y pinturerías de muy buen fondo.
En el quinto, altibajos de nuevo. Fueron innegables las ganas de Morante,
lo que en ocasiones le hizo atropellarse. Pero en las cosas buenas, el sevillano
toreó con mucha calidad y hondura, como en una serie por la derecha muy ligada
y otra de naturales de frente y de uno en uno, con un molinete abelmontado y
otro de pecho realmente sensacionales. El epílogo a dos manos fue también denota muy alta. Pero el borrón de la espada, imperdonable.
Juan Bautista, debutante ayer en Valencia como matador, salió con mucha
disposición. Animoso en grado superlativo, lo quiso hacer todo, y casi lo
consigue. Farol de rodillas para saludar al tercero y tres lances y media másde igual guisa, media más de pie y recortes a una mano. Un torbellino con el
capote, pues insistió con un galleo posterior para poner al toro en el caballoy un vistoso quite.
En la faena de muleta se empleó con las mismas ganas, con arrebato y seriedadal tiempo, lo que le sirvió para cuajar algunos tramos muy interesantes, como
una serie por la derecha de mano baja y firme, incluso de trazo muy sentido. En
ese afán desmedido por llegar al triunfo se adornó con unas manoletinas de pie
y otras de rodillas que pusieron mucho ambiente. Hubiera cortado una oreja de nohaber sido por el fallo a espadas.
En el sexto, el sobrero de Jiménez Pasquau, no fue posible, pues el toro,berreón y acobardado, no quiso colaborar lo más mínimo. Esta vez, lo que son
las cosas, agarró una magnífica estocada, que a la postre serviría para que
la plaza le dedicara una cerrada ovación.
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