GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE SAN JAIME
Tarde del 16 de julio del 2000
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Los Bayonesmansos, astifinos y bien presentados; el corrido en segundo lugar temperamental e incómodo. Dos remiendos de Carmen Borrero, que hicieron primero y tercero astifinos; manso el primero y áspero y con genio el anovillado tercero. Sobrero de Bohórquez, quinto bis, con trapío, manso, áspero y descastado.

Diestros: 

  • Zotolucoovación y vuelta por cuenta propia, tras aviso.
  • David Luguillano, vuelta tras petición minoritaria y silencio. 
  • José Calvo, silencio y palmas tras aviso.

Entrada: menos de media entrada. Tarde fresca y nublada.

Crónicas de la prensa: El Mundo, ABC.


El Mundo. JAVIER VILLAN, Valencia.  Tarde de sombrías vibraciones

No es lo mismo un silencio por una faena infortunada que por un asesinato político; no es lo mismo la guerra de un astado en el ruedo que la guerra del terrorismo etarra. Porque esto es la guerra y ni siquiera cabe decir con Groucho Marx «más madera». Siete días de julio, siete días de bombas y de luto; como siete toros negros, siete marrajos tocando a zafarrancho de combate. Julio nunca ha sido un buen mes para este país llamado España: ahí está el célebre 18. La tarde empezó con un minuto de silencio por el concejal asesinado en Málaga; la tarde tuvo un signo oscuro. Como esas almas a las que se les va la alegría y pierden el discernimiento; se fue el sol, aparecieron las nubes, se movió el viento que, como nos decían en la escuela, es el aire en movimiento. De toriles empezaron a salir toros negros y con mala uva, siete toros como siete penas. Y el albero del ruedo como un sol muerto; un inmenso cadáver prehistórico apagando las luces de los vestidos. Un matador, José Calvo, y varios subalternos llevaban azabache en el traje de luces: como crespones negros puestos de pie sobre la rubia arena. Tarde sombría sin que uno sepa muchas veces si las cosas son tan negras como se ven o las imaginamos de esa forma.

Bregó Luguillano hasta los medios con brío y remató de media honda, barroca y retorcida como un tirabuzón. Tirabuzones inciertos la embestida del de Los Bayones, que salió segundo cuando estaba anunciado quinto. Esto de correr turno hay que arreglarlo, pues parece una arbitrariedad; de haber sido devuelto otro toro, el matador afectado se hubiera visto obligado también a correr turno o a lidiar un sobrero que no le corresponde. Es el tiempo de Luguillano; se dobló por bajo castigando; se echó la muleta a la izquierda y el toro se lo quería comer; lidiador Luguillano. Resolviendo el genio de un toro muy temperamental que blandeaba de remos. La casta dura del bicho se le revolvía en los últimos centímetros y le obligaba a rectificar. Con un poco más de firmeza, los naturales, perfectos de trazo, hubieran sido también perfectos de recorrido. Lo que sí fue perfecto fue la media lagartijera. Es el año de Luguillano, aunque el marrajo sobrero de Bohórquez le frenara el ritmo ascendente de la tarde. Se enzarzó con el torvo navajero en una pelea de barrio que acreditó en él una desacostumbrada disposición, olvidado de dengues y pinturerías.

El mexicano Zotoluco se va asentando por los ruedos de Iberia y da la sensación de que puede hacer un toreo apacible; lejos de las fragorosas batallas que hasta la fecha se ha visto obligado a librar. Al primer remiendo de Carmen Borrero lo templó con buen son por la derecha aunque despegado. Y lo tumbó de una estocada corta de fulminantes efectos mortíferos. Empezó de rodillas y atropellado en el cuarto y acabó de pie, alargando el muletazo por la derecha. Muy valiente, ganando centímetro a centímetro la cara del toro, ofreciendo el pecho. Quiso lucirse en el pase de las flores y le salió un churro; repitió y le salió una porra. Muy encima por la izquierda, dio la sensación de asfixiar al toro. Lo pinchó.

Dubitativo anduvo José Calvo y en una de ésas, al poner un toro en suerte, éste se lo echó a los lomos. Los ásperos e inciertos mansos que le cayeron en desgracia le tomaron la medida y no le dieron respiro; cuando no le ponían los pitones en el corbatín le tiraban el viaje a la femoral.

Un momento cumbre de la tarde, yesteras corriendo el toro a una mano. Y otro más cumbre, un par de El Chano. Se fue hacia el toro y el toro le cortó el camino. Resultó emocionante el embroque y de clamor de no haberse caído un palo; repitió El Chano por el mismo lado y esta vez a la emoción sucedió un par en lo alto del que salió apoyándose en los palitroques.


ABC. VICENTE ZABALA DE LA SERNA. Valencia. El Zotoluco pide abrirse camino

El tren deja atrás kilómetros y kilómetros, una estela de traviesas, sin apenas traqueteo, como ETA arrastra tras de sí una lista cada vez más extensa de muerte y desolación. En esos cuatrocientos y pico kilómetros, o los que haya entre Madrid y Valencia, no he logrado quitarme de la cabeza a la hija de diecisiete años de José María Martín Carpena, testigo del asesinato de su padre. Vislumbro su dolor e intuyo sus pupilas aún espantadas; imagino el miedo y percibo el desgarro de su alma; supongo el trauma y el odio futuros, pero jamás entenderé con toda su intensidad sus sentimientos, por no sentirlos, aunque hoy los haga míos. Y a pesar de que el aire porte lágrimas negras, lágrimas de rencor, que nunca son limpias, habrá que escribir de toros, absurdamente. Lo hago, enseguida, con desgana, ya voy. Hasta ahí alcanzo en mi deber con mi periódico, mas como ciudadano que no me pidan ni manos blancas ni silencios vanos, porque no es más demócrata quien se suma a esta especie de resignación colectiva que quien exige que se usen todos los resortes del Estado de Derecho con absoluta contundencia y sin concesiones.

Y en un salto surrealista, juzgamos a El Zotoluco, un mexicano valiente y decidido, que pide a gritos abrirse camino como sea en nuestra patria. No defraudó con el toro que abrió plaza, un remiendo de Carmen Borrero, mansón y de escaso juego. Se tragó las dos primeras series diestras y sanseacabó. Ante el renqueante y noble cuarto, de Los Bayones, corrió la mano con largura, muy asentado, por ambos pitones, con mayor éxito sobre la derecha. Si no marra con el acero hubiera cortado una justa oreja. Dejó buen cartel en su presentación valenciana.

David Luguillano apechó con un ejemplar de la ganadería titular que había sustituido, tras correrse turno, al minusválido segundo. Desarrolló temperamento. Había mucho que torear. La faena transcurrió entre intermitencias. Cuando conseguía el temple, los naturales surgían con la muleta a rastras, poderosos e importantes; pero cuando el bruto alcanzaba el trapo, se descomponía todo. Los verbos esperar, tragar y templar se cumplieron sólo en parte. Un sí pero no para Luguillano, que rozó el trofeo. Poco o nada pudo hacer con el sobrero de Bohórquez, un tío con dos velas, lidiado en quinto lugar. Llegó a la muleta parado, con las ideas turbias y la cara por las nubes.

José Calvo, que apenas ha toreado en los últimos tres años, peleó con un lote desigual. Sufrió una dura voltereta con el infumable y peligroso tercero, también de Borrero, y se justificó con el anquilosado y soso sexto. En ambos naufragó con la espada.

 

 

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