GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE SAN JAIME
Tarde del 15 de julio del 2000
Novillada con caballos
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Giménez Indarte (desiguales de juego y presentación).
Diestros: 

Entrada: un cuarto

Crónicas de la prensa: El Mundo, ABC.


El Mundo. JAVIER VILLAN, Valencia. La coleta de Maite Alcalá.

Maite Alcalá tiene una coleta. Y no sería elegante ni cortés llamarla coletuda como se llama a los toreros machos; toreros que, precisamente, no tienen coleta sino un postizo, desde que Belmonte abolió la coleta natural. Maite no tiene postizo. A Maite le cuelga el pelo trenzado como una prolongación natural de la montera, igual que a otros nos cuelga la barba como un apéndice propio de la melancolía y la tristeza. Entonces, es la artesanía ritual de la montera lo que parece natural, como lo parece la impenetrable boscosidad de una cara barbada.

Cuando se quita la montera Maite Alcalá el pelo parece una segunda naturaleza, poderoso y liso. Si se lo soltara, parecería las crines de un bellísimo caballo de rejoneo. Cuando Maite corre, la coleta azota el aire como una dulce tralla, como un látigo de terciopelo y seda. Luego, en reposo, es como una prolongada y rotunda coma sobre el oro de la chaquetilla. Maite también tiene seda en la muleta y cristal líquido en las muñecas. Por eso se le escapaba la muleta y la espada se negaba a matar. Y era esa espada la triste melancolía que, sin embargo, acaba hiriendo y matando.

Parece raro, pero Maite Alcalá exhala un cierto aroma de serenidad, de reconciliación consigo misma, que es lo que más se parece a la imposible felicidad. No se es impunemente feliz: o se mata o se muere. Y hay que pagar la cuota de cabreo y de infelicidad que todo ser humano lleva a cuestas y con ánimo de traspasar. A Maite Alcalá se le notaba eso en el cuarto: la imposibilidad de reconocerse a sí misma. Pese a lo que parezca, los toreros no son tan felices como parece, ni lo parecían ayer César Girón y Sánchez Pulido. Los toreros triunfan, casi triunfó Sánchez Pulido, son los ídolos de las masas y no son del todo felices. Ya lo decía Albert Camus: «Los hombres -y las mujeres- mueren si no son felices». Pero hay algunos que queremos ser felices a toda costa, pese a lo que ocurra en los ruedos o en la aperreada existencia y allá los que quieran seguirnos o no. Y pareciera que hay que pagar peaje por 140 corridas al año, como si esto fuera un privilegio: «cómo vives, tío, de feria en feria, las copas, los amigotes, los toreros insignes, de San Fermín a San Jaime, tío, vaya vida». Siquiera unas horas de paz, si no de incandescente pasión, no vinieran mal de vez en cuando. Pero la paz es imposible: no hay paz que dos horas dure. Todo es tan imposible como el triunfo de la coleta de Maite Alcalá ayer en Valencia; tan imposible como el triunfo de César Girón que no tiene coleta y por eso no la puedo cantar; aunque celebre con pleno convencimiento su verdor novilleril y su excelente estocada al quinto.

Tampoco tiene coleta Sánchez Pulido. Pero canto sus largas de rodillas y sus tandas de derecha, en buena medida, templadas y ligadas. Y los naturales de uno en uno y algunos de ellos con recorrido y empaque. Y al novillo peleón, tan peleón que le metió el temblor en el cuerpo al muchacho. Un temblor que llevaba dentro la vocación de triunfo, la inseguridad de una muleta indefensa todavía y que puede acabar en la firmeza.

No fue mucho lo que se vio ayer en Valencia, pero hay que cuidar el escalafón novilleril, sobre todo la firme voluntad de ser torero de Sánchez Pulido. Vendrán días mejores en esta feria, sin duda, aunque falten o sobren algunos toreros.

Porque falten o sobren diestros en los carteles no hay que atribularse. Lo peor de la vida, a lo mejor, no lo sé, es cuando uno empieza a darsecuenta de que da igual sobrar ono sobrar; de que uno está de más en casi todos los sitios: en las plazas de toros, por duro, y en otros sitios, por blando; y en el corazón y la médula de lo que has amado siempre, por no se sabe qué. Perdonen la melancolía: debe de ser el cambio de temperatura, de la borrascosa Iruña a la apacible Valencia.


ABC. Francisco Picó. Valencia. Sánchez Pulido mostró buenas hechuras y cortó la primera oreja

A nadie se le oculta que en el toreo la cuota femenina es bastante inferior a la que la clase política asigna a sus correligionarios. Quizá por esta razón, los públicos se muestran más indulgentes con las féminas que con los varones. Ayer, en Valencia, hubo un claro ejemplo de cuanto decimos.

Maite Alcalá lanceó sin confiarse al que abrió plaza, un castaño muy bonito que tomó una vara y un picotazo sin emplearse. Tampoco se confió demasiado la torera en los comienzos de la faena de muleta, en la que fue desarmada dos veces. Al final del trasteo llegaron dos tandas de naturales templados y cadenciosos. En el cuarto, que fue masacrado en varas, no hubo mayor fortuna. Alcalá se mostró, si cabe, aún más desconfiada que en el anterior, lo que no fue óbice para que el público silenciase su labor.

César Girón se hizo aplaudir en las verónicas con las que recibió al segundo. Sánchez Pulido se lució en un quite por navarras. Le replicó Girón con dos verónicas y media. El animal llegó al último tercio colándose por los dos pitones. César compuso la figura en tal o cual muletazo, pero su labor no alcanzó mayores cotas. Al quinto lo recibió de hinojos y le enjaretó cinco verónicas que fueron todo arrojo y decisión. Sin embargo, con la franela el sevillano exhibió falta de madurez y técnica en su cometido.

Sánchez Pulido saludó al tercero con dos largas de rodillas. Luego, el cordobés toreó con decisión a la verónica, decisión que evidenciaría en la faena de muleta en una labor sobre ambas manos en la que hubo muletazos de buen ver. En el sexto, que llegó apagado al tercio final, el torero de Córdoba le sacó algún muletazo aislado, pero a la faena le faltó continuidad.

 

 

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