|
|
|
Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS
Tarde del sábado, 11 de marzo del 2000
Novillada picada
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de La
Quinta, con trapío; varios, sospechosos de pitones; encastados.
Diestros:
- Antón Cortés: pinchazo bajo, dos pinchazos, estocada, descabello -aviso- y descabello (silencio); bajonazo saliendo trompicado y rueda de peones (minoritaria petición y vuelta).
- Sebastián
Castella: aviso antes de matar, estocada y rueda de peones (aplausos y también algunos pitos cuando saluda); estocada corta tendida trasera y ruedas insistentes de peones (silencio).
- Miguel Fuentes: cuatro pinchazos -aviso-, otro pinchazo y estocada (silencio); dos pinchazos, otro en la paletilla, pinchazo, estocada corta baja y rueda de peones (silencio).
Crónicas de la prensa: El Mundo, El País
El País JOAQUÍN VIDAL,
Valencia
El presidente no concedió la oreja del cuarto novillo que pidieron para Antón Cortés, y le pegaron un broncazo por ello, pero no se crea que la votación era mayoritaria: sencillamente estaba manipulada.
Es muy de Valencia eso de manipular los votos. Aquí no piden la oreja con el pañuelo, como Dios manda, sino con la almohadilla, blanca y enorme; con lo cual por cada uno que pide la oreja parece que son seis, y además lo hacen gritando, muchos mentándole al presidente la madre. Es como si en una votación electoral (la de hoy, sin ir más lejos), los de una facción en vez de utilizar la papeleta reglamentaria metiesen en la urna un pliego de papel barba, encima profiriendo amenazas y jurando en hebreo, y luego exigiesen que el recuento se hiciera a bulto.
La mayoría, en cambio, no pidió la oreja ni nada para Antón Cortés, y los aficionados menos. No es que el torero estuviera mal pues tuvo detalles de torería. Pero una cosa es apreciar sus condiciones positivas otra invitarle a cenar en el Chanteclaire.
Las verónicas con que recibió al primero de la tarde, embraguetado y ganándole terreno, ya anunciaban que ahí puede haber torero. Y lo ratificó con su entusiasmo en la brega, el mando de algunos de sus muletazos, la templanza de otros, las ganas de triunfar empeñando en ello la generosa entrega que caracteriza a los novilleros buenos. Hubo también desajustes y defectos, y se comprenden porque son propios de los que empiezan y nadie nace sabiendo.
Lo mismo cabría decir de sus compañeros. Incluso de Miguel Fuentes, que tuvo el peor resultado principalmente por sus desaciertos con la espada. "Está verde", se oía decir. Y era verdad. Mas, verde y todo, tomó algunos redondos de impecable ejecución, con su largura, su templanza, su ajustado remate para producir la ligazón, que es la base del toreo bien hecho.
Asumir el compromiso del toreo con la izquierda es lo que se le echó en falta. No sólo a Miguel Fuentes ya que la terna estaba de un derechacismo subido. Casi todas las faenas, salvo algún somero intento de ensayar el natural, transcurrieron enteras -enteras, interminables y soporíferas- repitiendo el derechazo. Al que inventó el derechazo habría que darle anatema y, si viviera, llevarlo al cuartelillo.
En la segunda parte del festejo hubo rectificación. Cortés, después de pegarle al cuarto novillo varias tandas de derechazos, le instrumentó cuatro de naturales y aunque no resultaron hermosas, ahí quedó eso.
Sebastián Castella apenas iniciada su faena al quinto se echó la muleta a la izquierda y sólo por eso la afición pensó elevarlo a los altares. Claro que desistió presto. El novillo sacó unas dificultades que no se advirtieron en sus hermanos -cabeza alta, poca fijeza, mediano recorrido- y el trasteo resultó deslucido. Ya en los lances de recibo mostró su catadura volteando con saña a Castella. El joven francés, soso y deshilvanado en su boyante primer novillo, quedó inédito. Si es torero ya se verá.
La novillada fue decepcionante, si bien se mira. Tres avisos y una petición manipulada con esos ejemplares tan buenos de La Quinta es un triste balance. Dan ganas de llorar. Hip.
El Mundo. JAVIER
VILLAN, Sevilla.
Salutación del optimista
VALENCIA.- Esto va a funcionar esta temporada. Palabra. ¿Indicios
favorables? Muy pocos. Pero yo soy optimista por naturaleza. Me quedan
aproximadamente 130 corridas: con la de ayer, una menos. He ahí una prueba de
que Dios aprieta, pero no ahoga. El reloj del pesimismo ha iniciado ya su
marcha atrás.
Lo que yo no sé es si el reloj torero de estos tres
muchachos va a iniciar su marcha hacia adelante con un poco más de gallardía.
Ciento treinta corridas; y si son como la novillada de ayer, 260, pues el
tedio en los toros vale el doble. O el triple. O sea, 390 corridas.
El teatro es más misericordioso. Pocos estrenos quedan, de
aquí al otoño, que no puedan verse entre feria y feria. Si la piedra de las
plazas o el terciopelo de las butacas fuese una silla eléctrica, como piensan
algunos, apaga y vámonos. Por si fuera poco, tengo la fea costumbre de leer
algunos periódicos y no saltarme ninguna página; ni siquiera las de teatro.
O las de televisión. Lo cual, a veces, resulta muy poco higiénico. Los de mi
generación, los semicarrozas, nos llevamos razonablemente bien. De los otros,
lo único que podría parecerme imprescindible es el magisterio de Pepe Monleón.
Pero Pepe no está ya en los diarios. Y el magisterio me lo regala
personalmente. El otro día le hicimos un homenaje a él y a Primer Acto. Y
aprovechó para reprocharme, otra vez, que siguiera en esto de los toros. Yo
mismo me lo reprocho. Especialmente en tardes como ésta.
Antón Cortés se embadurnó la cara con sangre de toro tras
una voltereta; y esa máscara cruenta no casaba con sus finos modales.
Mató a la última, descabelló a la última, y los pases,
algunos de bonita estampa, también le salían a la última. En el cuarto tuvo
varios toques de distinción.
Son esos momentos fugaces los que permiten que la esperanza
crezca. Y el optimismo: para no suicidarse de amargura cada tarde en un artículo.
A ver qué vida. A Antón Cortés, la espada se le fue a los bajos. Pese al
griterío y a la provocación de los mulilleros, más lentos que el caballo
del malo, el usía, cuerdamente, no concedió la oreja. Y Cortés dio una
vuelta al ruedo. Habrá que ver más a este muchacho.
Sebastián Castella mató de una estocada arriba y eso es
ya, de por sí, noticia. Lo mismo que el derribo del sexto buendía. Dio
muchos pases Sebastián Castella sin que ninguno resultara memorable. El genio
del quinto se lo llevó por delante y lo estrelló contra el estribo. Luego, a
fuerza de arreones, el buendía lo traginó de acá para allá y Castella
anduvo aperreado e incierto.
No mejoró las calidades de sus colegas el novillero de la
tierra. Esto de la tierra no es ningún desdén. De la tierra, de alguna
tierra, somos todos. Miguel Fuentes dio un sainete trágico con la espada;
pinchó hasta siete veces, y no digo cómo, en el tercero. En el sexto, la
cosa fue a peor y perdí la cuenta. El tercero se pegaba unos batacazos
tremebundos que hacían temblar el universo.
Se los pegaba no por ímpetu irrefrenable ni por capricho,
sino por manifiesta debilidad: congénita o coyuntural. Cuando se levantaba
allí le estaba esperando Miguel Fuentes para torearlo a usanza de estos
tiempos que es, salvo excepciones, poner tierra de por medio entre el toro y
el torero. A veces resultaba bonito y pinturero. Mas, esa tierra de nadie, ese
espacio infinito, se poblaba de fantasmas y malas vibraciones.
|
|