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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS
Tarde del viernes, 10 de marzo del 2000
Novillada sin picar
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de La
Quinta, sin picar (discretos de presencia salvo el segundo,
indecoroso e inválido; encastados y nobles)
Diestros:
- Lumbrerita: pinchazo hondo a un tiempo perdiendo la
muleta, rueda de peones, pinchazo a un tiempo - aviso- y media (vuelta); dos
pinchazos, otro perdiendo la muleta -aviso-, dos pinchazos más y estocada
(vuelta protestada).
- Jonathan Veyrunes: estocada caída y rueda de peones
(vuelta); estocada, rueda de peones -aviso- y dos descabellos (vuelta por su
cuenta).
- José Luis Miñarro: espadazo en un brazuelo y
estocada; se le perdonó un aviso (silencio); estocada corta -aviso- y tres
descabellos (palmas).
Entrada: Un tercio de entrada.
Crónicas de la prensa: El País
El País. JOAQUÍN VIDAL, Sevilla.
La música y acá
Mucho decir que es necesario promocionar la fiesta, mucho insistir en la
atención que merecen los nuevos valores, mucho pregonar que necesitan ánimos,
mucho presumir de la enorme afición que hay en Valencia, y llega la hora de la
verdad, la de la promoción auténtica, y en la plaza estábamos la música y acá,
que dijo el clásico.
Algunos expertos hasta se maravillaban de que hubiese acudido tanta gente. Un
tercio de entrada y aún esperaban menos. De donde todo eso de la promoción,
del apoyo a los nuevos valores y de la afición que hay en Valencia se queda en
fantasía oriental.
Se han vendido más abonos para la presente feria y resulta que apenas pasan
de 4.000; se han agotado localidades, pero sólo para las dos tardes de Ponce.
Es como cuando la gente se gasta un dineral para oír a los tres tenores y dicen
que eso es afición a la música clásica.
No poco recelo late en lo que respecta a la cuestión taurómaca. El público
en general y los aficionados en particular están bastante escarmentados. Las
novilladas de promoción ya no son lo que eran. Tiempos hubo en que se les daba
una oportunidad a los principiantes y, buenos o malos, salían a por todas. De
unos años a esta parte salen asimismo a por todas pero dentro de un orden. Eso
de parar, templar y mandar, o por lo menos intentarlo, es también fantasía
oriental. De las posturas, de los ademanes bravucones y de los gestos
triunfalistas, sin embargo, hacen derroche.
Opinan aficionados conspicuos que a los novilleros principiantes se les enseña
mal en las escuelas de tauromaquia. Mas quizá no sea este el caso. En la Escola
de Tauromaquia de Valencia, que dirige Francisco Barrios El Turia, sí se
les enseña y no presentan en público a los aspirantes hasta que tienen bien
aprendida la lección. Lo que sucede es que luego viene la realidad de la vida y
la realidad de la vida táurica es para ellos el ejemplo de las figuras, las
artimañas que se gastan para salir a hombros. Es decir, mucho derechazo, mucho
pico, mucho gesto bravucón, mucho ademán triunfalista, mucha cursilería.
Así se vio cómo Lumbrerita, tras empezar sus faenas con una manta de
derechazos, en su primero (que, por cierto, metió la cabeza en un burladero y
le costó sacarla) amartilló una recia tanda de naturales ligándolos de
verdad; y en lugar de seguir por ahí, que le daba el dominio sobre el toro y
provocaba el alboroto en los graderios, volvió rápido a pegar derechazos, que
es la especialidad de las figuras del escalafón.
Toreaba Lumbrerita tremendista, desaforado, alborotón, remarcando de esta
manera su entusiasmo y su arrojo, y desmerecía con ello su virtud esencial, que
consistía en un mando y un valor inusuales para torear hondo al natural con las
de parar, templar y mandar, cargando la suerte.
El francés Jonathan Veyrunes instrumentó un suave y ceñido quite por
chicuelinas al novillo que abrió plaza y en cambio defraudó con la muleta pues
se mostraba reiterativo en la ejecución de las suertes y vulgarcito en su
interpretación. Y José Luis Miñarro, que hizo largas faenas, muy a la moda
del pico y el derechazo, aguantó bien la encastada embestida del sexto novillo,
principalmente al ligarle los naturales.
Los novillos no tuvieron la culpa de nada. Los novillos de La Quinta,
encastados y nobles, fueron un lujo, a pesar de lo cual llegaron al desolladero
con las orejas puestas.
Otra así y se queda sola la música.
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