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MONASTERIO DE SAN CLEMENTE
Y LA ALAMEDA DE HÉRCULES |

Al final de la calle Santa Clara se levanta uno de los más bellos templos de Sevilla,
el del convento de San Clemente. Su compás ha sido lugar de populares tertulias de
parroquianos, y aún se recuerda a sus asiduos, como el pintor Sorolla, los escritores y
hermanos Álvarez Quintero o la cantaora Antoñita Moreno. El interior de la iglesia es
impresionante: un magnífico
artesonado mudéjar cubre la nave, y sus muros están cubiertos por excelentes frescos,
con un zócalo de azulejería de gran valor atribuido a Roque Hernández (s. XVI). El
lugar cobija un tesoro inigualable, entre su riquísima colección de orfebrería: un
copón de plata dorada, auténtica joya gótica del siglo XIV.
La Alameda de Hércules es una de las zonas más populares de la ciudad,
tradicionalmente ligada al mundo flamenco y al arte de la tauromaquia. Joselito el Gallo
jugó a ser torero en estos espacios, y su cadáver se despidió del paseo, portado por el
pueblo que quiso llevarlo a ese lugar. El lugar fue trazado sobre unas pestilentes charcas
durante el siglo XVI, pasando a ser uno de los más elegantes paseos, por donde paseaba la
aristocracia del momento. Solamente
quedan de aquél esplendor las columnas que la circundan, procedentes (las dos más
cercanas al centro de la ciudad) del antiguo templo romano de la entonces Híspalis. Sobre
ellas se alzan las figuras de los patronos de la ciudad, Hércules y Julio César,
talladas por el escultor Diego Pesquera.
En la Alameda de Hércules todos los domingos por la mañana encontramos una gran
efervescencia de gente en torno a un tradicional mercadillo de antigüedades y
cachivaches. A primera hora es posible encontrar objetos interesantes por muy poco, y a
última hora de la mañana también resulta agradable su visita por la cantidad de bares
populares que circunda la zona.
Index
de la Guía de la Sevilla Taurina
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