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Es el primer palacio de la ciudad de Sevilla, y está edificado sobre la gran basílica
bisigoda de la ciudad, a su vez edificada sobre la acrópolis romana. Hay restos de
castillo fortificado, y ha sido palacio central de las diferentes dinastías
árabes. El rey Conquistador murió aquí y aquí ha tenido y tiene la monarquía
española su residencia Real. Al entrar nos encontraremos con un artesonado mudéjar de
primer orden, en el salón de Justicia. Luego, desde el exquisito patio de la Montería,
podremos observar la fachada del palacio de Pedro I, un edificio construido en el siglo
XIV por alarifes sevillanos, granadinos, toledanos, y otros enviados por el rey nazarita
Muhamad V.
El patio de las Doncella cuenta con el mejor zócalo de azulejos del Alcázar, y el
salón de los Embajadores es el más espectacular por su riqueza arquitectónica. En el
oratorio de los Reyes Católicos hallaremos un altar de azulejos realizado por el
ceramista Niculoso Pisano en 1504, y
nos llamarán la atención los baños de doña María de Padilla, amante del rey Pedro,
construidos en galería de bóvedas sobre trazas del primitivo jardín almohade del
Alcázar.
Parte fundamental del palacio son sus jardines: más de 200 cedros, palmeras, cipreses,
cítricos, eucaliptos y robles conforman este universo botánico de laberintos y jardines,
en el que no faltan los mirtos, arrayanes, jazmines o damas de noche. Los jardines más
cercanos al edificio son renacentistas o románticos, con estanques y figuras manieristas,
como el mercurio diseñado por Diego de Pesquera, o la Galería del Grutesco, desde la que
tendremos una visión de altura sobre los distintos estilos de los jardines de palacio.

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de la Guía de la Sevilla Taurina |
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