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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del sábado, 12 de abril de 2008
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Torrestrella
(desiguales de presentación y juego; descastados en general, 3º, 4ª y
6º manejables, el mejor el 5º).
Diestros:
- El Cordobés.
De tabaco y oro. Media estocada caída (silencio); pinchazo, estocada
(silencio).
- Rivera Ordóñez.
De azul marino y oro. Media estocada (silencio); estocada caída (silencio).
- El Fandi.
De agua marina y oro. Estocada trasera (saludos desde el tercio);
meteysaca, estocada
tendida y caída (palmas).
Presidente: Juan
Murillo.
Tiempo: soleado, agradable.
Entrada: hasta la bandera. Crónicas de la prensa:
ABC,
El País, El Mundo, La Razón, Metro,
PeriodistaDigital, El
Desmarque.
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PUERTA
DE ARRASTRE
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Por Santiago
Sánchez Traver
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Llegó la del
"tomate", con lleno hasta la bandera, con los tres que más torean del escalafón. Los dos primeros torrestrellas, blandísimos y rajados, los otros hasta potables. Cuando uno hace lo que sabe, lo que puede y lo que le piden, está justificado. Como El Cordobés, esta vez por encima de sus enemigos. A Rivera se le escapó un buen quinto toro, pero es que está por la plaza que ni sabe por qué ha ido a ella. El Fandi en banderillas es una mezcla de recortador y de jaca de Ventura. Espectaculares carreras, pero ni
un solo par en la cara. A pesar de eso, el público fácil de ayer bramaba. Después se le fueron dos toros a los que había que cortar las orejas, sobre todo el bravo tercero. Con lo caliente que tenía la plaza hubiera salido por la del Príncipe. Pero es que no sabe para qué sirve la muleta, ese trapo tan molesto. Vamos, como si me la dieran a mí.
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LO
MEJOR Y LO PEOR
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Por Carlos
Javier Trejo
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Lo mejor de la corrida de hoy, la brevedad. Poco más de dos horas de corrida. Lo más destacado de la tarde fue "El Fandi" con las banderillas, soberbias facultades y soberbio espectáculo. Corriendo para atrás, al violín, por los adentros, carreras y carreras que dieron lugar a un auténtico alboroto en los tendidos. Hoy por hoy el torero granadino ha elevado el listón hasta límites casi imposibles para sus compañeros. Lástima que sus toros no duraran nada, era como sacar agua de un pozo seco, porque Fandila hoy merecía mejor premio que un solitario saludo desde el tercio. Por último destacar lo bien que ha picado Juan de Dios Quinta en el 3º de la tarde, moviendo muy bien el caballo y señalando en la yema.
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De nuevo el ganado dio al traste con las opciones de triunfo.
Saltó al albero maestrante una corrida que, aunque brava en el caballo, se apagó pronto en la muleta, llegando en algunos momentos a desarrollar bastante peligro. El único toro que se desplazó en el último tercio fue el 5º. Rivera Ordóñez no acabó por acoplarse a las embestidas del astado, sucediéndose los muletazos sin que aquello pasara de vulgar. "El Cordobés" desde el principio se observó que venía dispuesto a contentar a su público, y allá que se fue a los tendidos de sol en sus dos faenas. Los descaros y las gracietas al tendido sobraban en una plaza como Sevilla, más aún cuando en lugar de toros lidia auténticos bueyes de carretas.
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LOS
PROTAGONISTAS
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El Cordobés
El primer espada de la terna se expresaba de la siguiente forma.” He venido con mucha ilusión, ganas y sobre todo siempre he querido expresarme delante del toro de esa forma. Venir a la Real Maestranza supone traer la máxima motivación para un compromiso de tanta responsabilidad.” Manuel Díaz también tenía palabras para el escaso juego de los toros de Torrestrella.” Los astados han dado pocas posibilidades para el triunfo, posiblemente para otro escenario podían haber valido, para Sevilla no. En general no han sido malos en cuanto al comportamiento, porque han sacado nobleza pero sin transmitir nada. El segundo de mi lote fue muy parado, metiéndose siempre muy para dentro y con el primero he querido gustarme pero ha sido una pena que no me haya aguantado una tanda más con la izquierda, porque tenía ganas de que mis amigos de Sevilla que siempre están apoyándome disfrutaran conmigo al verme torear bien en esta preciosa e importante plaza. De todas formas seguro que ellos seguirán queriéndome y yo continuaré luchando e intentando mejorar todos los días”. |
Rivera Ordóñez
“La corrida ha salido muy descastada y me encuentro tremendamente decepcionado y apenado por ello”. Así de claro se manifestaba Rivera Ordóñez al final de la decimoséptima de abono.” Los seis toros de Torrestrella han estado faltos de raza y se han movido pero todos sin clase.” El sevillano también analizaba el juego de su lote con estas palabras. “El que ha salido en quinto lugar ha sido un engañatontos porque se desplazaba pero embestía con los dos pitones y lo que hacía era arrollar cada vez que se movía, además de no tener clase, estaba siempre pegando tornillazos por cada pitón. El segundo de la tarde era igual que el otro”. Rivera terminaba su intervención lamentando el no haber podido triunfar en la tarde del sábado. “Teníamos depositadas mucha confianza y la corrida venía con buenas jechuras pero cuando los toros no ayudan, es imposible y estos no han ayudado lo más mínimo por la falta de clase principalmente”.
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El Fandi
“Creo que no se puede hacer más cosas y estar más entregado con tan escaso material.” Contundente el granadino con sus palabras de inicio, además de estar visiblemente cabizbajo por no poder redondear un buen triunfo en la Real Maestranza. “Me he vaciado en disposición, he querido en todo momento hacer las cosas bien y siempre he estado mimando y cuidando a los toros que me han tocado en suerte. Pero a pesar de todas estas cosas que les he hecho a los dos, el primero ha sacado genio y lo que hacía era defenderse y el último de la tarde se ha venido abajo por lo desfondado que estaba. En definitiva, ninguno
ha embestido. Lo que han hecho es topar en los engaños y defenderse en general”. David también tuvo palabras de agradecimiento para la afición sevillana. “Aquí, cuando ven que un torero está entregado, como yo durante toda la tarde, la Maestranza responde con mucho calor, y la verdad, es de agradecer tantas muestras de cariño…
pero la pena es no haber triunfando”.
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Crónicas
de la prensa
El
Mundo. CARLOS
CRIVELL. Poca diversión y ninguna emoción
Tercer año consecutivo con el mismo cartel en el sábado de farolillos, de nuevo el «no hay billetes» en las taquillas y, otra vez, una corrida poco satisfactoria para el aficionado. Es cierto que el aficionado no le importa a casi nadie; que, como dijo un iluminado, los que hay caben en un autobús, pero en tanto esta fiesta de los toros siga como signo de nuestra cultura, existe la obligación de exigir que haya corridas de toros con el ingrediente básico de la emoción, que surge como consecuencia del enfrentamiento de un buen torero con un toro encastado.
Frente a la emoción, para tratar de justificar lo injustificable, algunos escritores de toros han apostado por la diversión, cuando esa expresión no puede ser nunca el soporte principal de la tauromaquia. El toreo no puede ser divertido, y en caso de que llegue a serlo será siempre después de haber conmovido la esencia más íntima de los espectadores. El toreo es trágico, intenso, en definitiva, emocionante. Es divertida una película de Cantinflas, pero nunca una corrida de toros. Si al final de un festejo existe la sensación de la diversión, antes ha debido producirse el impacto de la emoción.
Todo esto viene a cuento de este tipo de corridas, propias de plazas de tercera, como la que se presenció ayer en la Maestranza. Lo único que se puede considerar divertido son las carreras y saltos en las banderillas de El Fandi, pero eso no es bastante, entre otros motivos porque la espectacularidad del torero de Granada no tiene nada que ver con un tercio de banderillas con pureza, que supone llegar a la cara del toro, clavar en lo alto y salir limpiamente del encuentro. Por las calles de Sevilla, anda derramando torería Julio Pérez «Vito», que podría dar un curso sobre cómo se ponen los palitroques. El público moderno se divierte mucho con David Fandila y nada hay que objetar. Colocó siete pares de banderillas y la plaza de la Maestranza parecía muy divertida.
Ya no hubo en este festejo más motivos divertidos; tampoco hubo emociones. En otras ocasiones, hace un año sin ir más lejos, la culpa fue del ganado, pero en este sábado de farolillos del 2008 el lote de Torrestrella ha sido una piedra de toque más que aceptable para la terna. Algunos astados, como el cuarto, quinto y sexto han sido nobles y repitieron embestidas para mejores logros.
El Cordobés fue sincero. A sus cerca de cuarenta años se conoce bien y se fue a los terrenos de sol, porque sabe que allí tiene mejor acogida. No es momento de analizar de nuevo las carencias taurinas del simpático diestro. Bastante mérito tiene con haber logrado torear tantas tardes. Debe estar más que sorprendido de verse anunciado ahora con tanta facilidad en Sevilla, cuando antes se le marginaba de la Feria por sistema. No se enteró de la calidad del cuarto.
Más complicado es analizar la actuación de Francisco Rivera, que en la tarde de ayer no se ha encontrado a gusto con ninguno de sus toros. El segundo no valía, pero el quinto tenía otra faena.
El Fandi es otro torero sincero. Se coloca bien, es generoso con los compañeros, torea con facilidad con el capote, pone las banderillas y torea con la muleta como puede y sabe. El problema es que en el último tercio carece de calidad. No se templó con el tercero y no se acopló con el buen pitón izquierdo del sexto mientras tuvo fuelle.
Poca diversión y ninguna emoción. En una feria que tiene media en las agujas, el «no hay billetes» no es bastante para justificar este cartel.
El
Desmarque. ÁLVARO ACEVEDO.
Sevilla no es Benidorm
Se perpetró por segundo año consecutivo el cartel de los dos toreros mediáticos (El Cordobés y Fran Rivera) y el populista (El Fandi). Una terna, por cierto, ideal para güiris, pero sucede que como Sevilla no es Benidorm, el espectáculo fue insufrible salvo cuando El Fandi cogió las banderillas. En fin, como el año pasado más o menos.
Como decíamos, las únicas y estruendosas ovaciones de la tarde se las llevó David Fandila tras hundir a sus dos toros en banderillas. Pares de la moviola, de poder a poder y al violín explotando sus tremendas facultades físicas pusieron en pie a un público distinto al de otros días, muy festivo, típico del “Tomate” y “Salsa Rosa”, que estaban loquitos por pedir la oreja. De hecho, después de que El Fandi no le pegara un muletazo en condiciones al brusco tercer toro, hubo pañuelos en esos tendidos de sol que parecían los de Fuengirola en una tarde de verano. Ya en el sexto se calmó un poco el asunto, quizá porque los efectos de la manzanilla se fueron disipando, así que después de una faena irrelevante del granadino a un toro noblote y flojito, la historia acabó en sepulcral silencio.
Silencio que escuchó el comunicativo Manuel Díaz “El Cordobés” tras matar a sus dos toros. Como el primero valió poco, no se notaron las carencias del diestro, pero el problema llegó cuando el cuarto de la tarde se decidió a embestir con clase y temple lo menos quince veces. El Cordobés pegó algún muletazo largo pero la mayoría fueron cortos, con el cuerpo engarrotado y evidenciando que lo suyo son los pueblos. Benidorm, por ejemplo.
Al menos, Manuel Díaz le puso toda la voluntad del mundo a su actuación, pero ni eso puede decirse de un calamitoso Rivera Ordóñez. Su primer toro se movió poco y el quinto lo hizo más de la cuenta. Vaya por Dios. Sus carencias técnicas y su actitud pasota se unieron para ofrecer una tarde lamentable llena de vulgaridad, desastrosa colocación e innumerables precauciones. Se dejó escapar clamorosamente a ese quinto toro de la tarde, y se demostró de nuevo que los programas del corazón son los que mantienen en el candelero (o en el candelabro) a un torero que lleva ya demasiados años sin darle un palo al agua. Debería dedicarse en exclusiva a los anuncios publicitarios, que digo yo que le darán para llegar a fin de mes.
El
País. ANTONIO
LORCA. El toreo 'kitsch'
A vuelapluma, se podrían distribuir a los toreros en tres grupos: los héroes venerados por la afición, los artistas de la modernidad y los representantes del toreo kitsch, que sería algo así como una parodia de la estética, una corriente posmoderna que convierte el clasicismo en pantomima, lo que no es más que la degradación actual llevada al extremo. Una pésima copia de lo que un día fue un espectáculo emocionante y artista, basado en las leyes de parar, templar y mandar.
El recuerdo de la corrida de ayer es una imagen de ciencia ficción, como un amenazante y peligroso adelanto de un negro futuro. Ojalá fuera algo irreal, un mal sueño en tarde de toros de poca clase y descastados. Pero la realidad se impone: la terna mostró la esencia de una fiesta caricaturizada, nacida de una lidia inexistente. Los toreros eran, ni más ni menos, que conspicuos representantes del toreo kitsch: ni héroes ni artistas, sino respetables hombres de luces que ejecutan una suerte de toreo vulgar, indecoroso, carente de técnica y tedioso. Incluso el público era distinto. No había espectadores, sino aplaudidores. ¡Horror!
Ni El Cordobés, ni Rivera ni El Fandi estuvieron a la altura de la Maestranza, convertida por un día en plaza de solanera. El primero hizo un esfuerzo de seriedad, pero su sentido del toreo está cimentado en la escasa exigencia de las plazas portátiles. Es simpático este Cordobés; tan simpático como soso y vacío es su toreo. Estuvo voluntarioso ante su primero, un toro-basura, y superficial; acelerado y destemplado ante el noble cuarto. Y lo curioso es que sus inicios como torero fueron muy prometedores. Lo que hace en algunos la evolución...
Tiene pocas excusas Rivera Ordóñez, otro torero que despertó encendidas pasiones en sus comienzos con un toreo de verdad, y ha derivado en un matador a la deriva, con el sitio perdido, apático y sin ideas. Tuvo poca clase su primero, y el dificultoso quinto exigía una muleta poderosa que no encontró nunca.
A la postre triunfó El Fandi, que volvió a ofrecer un espectáculo en banderillas -es un portento de facultades-, y con toda la razón protagonizó los únicos momentos interesantes de la tarde. No obstante, toda la apoteosis se derrumbó muleta en mano ante dos toros con escaso celo.
¡Abajo el toreo kitsch! Que todo sea un mal sueño, por favor... Que estos tres hombres no sean los mesías de la fiesta... Que sigan toreando, que tienen todo el derecho, pero en los pueblos.
ABC.
ZABALA DE LA
SERNA. Las cocochas de Torrestrella
Creía uno que después de las cocochas de merluza que don Miguel Báez nos preparó en Mairena poco habría en el mundo que se les pareciera. Pero hete aquí que la corrida de Torrestrella también traía jugosas cocochas tras las orejas, y si no superaron a las de El Litri antiguo, ahí se anduvieron. No hubo ni cocineros ni paladares. Manuel Díaz «El Cordobés», Rivera Ordóñez y El Fandi ni saben, ni están ni se les espera. Ni tacto ni gusto. Ni siquiera sartén.
Hubo toros de más o menos fondo; todos nobles y con temple la mayoría. ¡Qué pena! Los tres últimos merecieron otras manos, Curro mío. Se lo dijo suavito al oído en la alternativa a Cristina Sánchez: «Torear es acariciar». Cualquier parecido a un gesto suave, en Díaz, Rivera o Fandila, es pura casualidad. Nada, qué manera de destorear. Estuvieron mal dirán; me opongo: ¡qué malos son! No hay derecho a que a ese sexto, con ese tranco, ese son y esa forma de descolgar se le reviente en banderillas, por mucho que El Fandi no sepa hacer más. El quinto por el derecho fue descomunal y Rivera, en vez de torear, se quiere agachar. Su muleta es catalogable como herramienta de maltrato animal. Terrible lidia, fea faena, incluso la gente (santa) empezó a pitar, que en Sevilla ya es. ¿¡Y El Cordobés¡? Si cómo se coloca es imposible trazar ni medio muletazo acorde con la mínima estética. Dañino a la vista con un buen y justo cuarto sin picar.
El primero, astiasfixiado, no sirvió. Rajado y acobardado, entiendo al toro: yo tampoco embestiría. ¿Para qué? Unos rodillazos, el culo en el Aljarafe, la pierna por allí, la cadera por acá, la muleta más allá: Díaz, ¿usted se ha visto de salón?
El Fandi con las banderillas puso en moviolas la plaza en pie. Poderío. Fuerza atlética. Violines y trompetas.Vale. Espectáculo para el pueblo, pero con las herramientas y las telas, a los pueblos. Es muy meritorio lo suyo, bien, no discutamos; mas su lote, en la Maestranza, es de revolución. Demasiado aguantan los toros los recortes, los galleos por los costaos, que les toquen las cocochas y luego no les corten las orejas. El último sufrió dos volatines que en la seda de Romero no hubiera padecido. ¿Por qué? Por la ausencia de temple, padre y madre del toreo. Se nos marchitó la feria sin que nadie haya bordado un paseo desde la raya a los medios, a la verónica lenta, cadenciosa, en silencio. ¿Sesenta tenía usted, sesenta y cinco o sesenta y seis? La corrida era para eso.
Dentro de los elogios a los torrestrellas, que no se vayan de rositas los que tuvieron el poder limitado y la capacidad mermada, como el ensabanado segundo. Nunca humilló ni rompió hacia delante, simplemente dejó estar. Y si no recuerdo mal, en un momento se vino tan abajo que se derrumbó.
A Don Álvaro, que en gloria esté, le debían los toreros otro homenaje. No miró mal un toro. Los desarmes fueron por torpeza. ¿Un poco más de motor? Pues sí, pero en otras manos la corrida de Torrestrella es de hablar y no parar.
PeriodistaDigital.
JOSÉ ANTONIO DEL MORAL. Aunque no triunfó, El Fandi se adueñó de la tarde y resolvió la corrida en banderillas
El Fandi se erigió ayer en el único y gran protagonista de la corrida por su indeclinable disposición, por lo eficaz y brillantemente que lidió a sus dos toros que no fueron ni peores ni mejores que la mayoría de los que les correspondieron a sus dos colegas, por la excepcionalidad de su caso en el tercio de banderillas, y por su entrega al entrar a matar. Especialmente en sus dos largas, densas, variadas, alegres e indiscutiblemente portentosas intervenciones en el segundo tercio en las que armó un verdadero alboroto. Y que no me vengan los listos de siempre diciendo que eso no es banderillear como lo hicieron los grandes maestros de la especialidad. Los llamados grandes maestros, solo banderilleaban a los buenos toros y en los demás se quitaban de en medio dejando el tercio en manos de sus respectivos peones.
No así El Fandi que en todas y cada una sus actuaciones y sean como sean los toros – prontos, tardos, bravos, mansos, reservones, fuertes, flojos, distraídos, aquerenciados a tablas o a cualquier otra parte, suaves, violentos, humillen o no y, en definitiva, sean como las madre que les parió y les venga en gana – les encuentra en todas partes, los coloca donde prefiere de modo brillantísimo con inusitadas facultades físicas, clava en cualquier terreno y, tras hacerlo como sabe y puede en todas las versiones posibles – de poder a poder, cuarteando, quebrando, andado para detrás o de lado, rápido o lento, fuerte o suave y, siempre templado - se complace en correr de espaladas delante de ellos hasta pararlos por completo. Si yo fuera El Fandi y ya se lo he dicho muchas veces, cada vez que me saliera un toro que no lo viera claro, en vez de colocarle tres o cuatro pares, les pondría ocho y hasta diez, y le entraría a matar de inmediato. No tendría sitio con capacidad suficiente para guardar la cantidad de orejas que me darían.
Sus dos tercios de ayer en el marco incomparable de la Maestranza, fueron divinamente amenizados por dos preciosos pasodobles y, una vez requerido el silencio de la plaza y consumado el recogimiento de los graderíos, puso manos a la obra hasta extasiar a los presentes que incluso le pidieron pusiera un cuarto par el sexto toro. La gente, en pié, se volcó con el granadino como antes le aplaudieron a rabiar por su imparable llenar de hallazgos capoteros todos los pasajes de la lidia en el primer tercio y en el de varas. Recibos variados, templados, vistosísimos, galleos, bonitos y oportunos recortes para colocar a sus dos toros ante los caballos, quites y adornos muy toreros. Hasta sonar los clarines anunciadores del inicio de último tercio, un portento y la gente como loca. Sobre todo después de las aburridas e insolventes o irresolutas intervenciones de El Cordobés y de Rivera Ordóñez quienes, desde luego no tuvieron suerte – aunque Manuel Díaz si y mucho con el mejor toro de la tarde, el cuarto – pero apenas aciertos.
Por eso hoy le dedico la crónica entera a El Fandi. Lo mismo que, si por una faena inspirada de un artista, compuesta por no más de veinte muletazos que en su totalidad hasta el momento de entrar a matar no pasa de ocho minutos, le dan una o incluso dos orejas, ¿qué no tendrían que dar en justicia a quien se bate el cobre tan brillante y espectacularmente en la mayor parte del tiempo que dura una lidia completa?.
Pues una estruendosa ovación con casi todo el mundo puesto en pie una vez concluido el segundo tercio y luego, nada, ni caso hasta que, una vez arrastrado el toro, le vuelvan a aplaudir. Como ayer y otras tantas veces aunque en honor a la verdad, ninguno de los dos toros de El Fandi fueron buenos para la muleta. Sin embargo, ya se ha hecho tópico decir algo que, siendo cierto, no lo es tanto. Que El Fandi no sabe torear como se debe, que es muy corriente y que no para a los toros, ni los templa, ni los manda. Pues no señor, que yo le he visto hacerlo muchas veces aunque sin esa clase que otros tienen y él no, por desgracia, porque, si la tuviera, ¡ay si encima de todo lo demás, la tuviera…¡. Ayer le resultaron ambos toros imposibles de lucir en la muleta como digo, dadas sus escasas o torcidas condiciones, y como le llegaron ya dominados al último tercio, apenas tuvo El Fandi ocasión de torear como los demás que, generalmente, limitan sus intervenciones a la faena. ¿O no?
Y con la espada – la llamada suerte suprema –, casi siempre un cañón como ayer en el tercero. Bueno, dejemos la cosa como fue. Que la corrida, salvo por El Fandi, fue otro petardo más de esta feria. Ya veremos lo qué pasa hoy con los Miuras.
La Razón.
JUAN POSADA. Sólo El Fandi divierte en La Maestranza
Ayer quedó demostrado que el público sevillano es ponderado y poco dado a las broncas. No dijeron ni pío cuando El Cordobés y Rivera Ordóñez desperdiciaron tres toros sin intentar dejarse llevar por la ilusión y torearlos con gusto y recreo. Dos voces, en distintos momentos, sonaron en el proverbial silencio maestrante: «No olvides que estamos en Sevilla». Menos mal que El Fandi estuvo soberbio en los siete pares de banderillas que colocó y alegró a unos fustigados tendidos, hartos de lluvia, disputas con la autoridad y demás. La Fiesta de los toros es eso, un festejo alegre, de diversión. Por eso el público se levantó en varias ocasiones, regocijado con el salero con el que el torero de Granada salía de la suerte con garbo y gracia. Aquellos momentos fueron los únicos que merecieron la pena en la tarde de ayer. La corrida de Torrestrella fue dócil y manejable y hubo toros que requerían mejor trato en las faenas de muleta.
El Cordobés, con el primero, mansurrón pero toreable, tras excesivos capotazos en el primer tercio se lió a dar pases sin ton ni son, valentorro pero sin clase. Fue una faena a su estilo, aunque sin echar mano de los recursos que le han hecho célebre y, suponemos, rico.
Con el buen cuarto pegó muchos muletazos, más bien trapazos, ahogándolo al comerle el espacio en exceso y sin darle sitio para que sus largas arrancadas fueran completas. Así, pases con ambas manos que terminaron por aburrir.
Rivera Ordóñez no parece el torero de antaño. Entonces le echaba casta, genio, valor al fin. Ahora, en plan pasota, realizó una faena insípida al manejable segundo, que parte del público tomó como una tomadura de pelo.
Desperdició cinco excelentes arrancadas de salida del quinto de la tarde, limitándose a dar capotazos desabridos. La faena de muleta, sin acoplarse jamás al buen son del toro, en especial por el pitón derecho, siempre en línea y sin gustarse, como si de un trabajo monótono se tratara.
El Fandi, tras una larga arrodillada de recibo al tercero, consumó un bonito tercio de banderillas. Antes se había gustado en la colocación del animal ante el caballo, con tintes antiguos. El primer par, con muy buen estilo y espectacular; pero el segundo, mucho mejor y clásico, levantó al personal ya que la forma recordó a los mejores banderilleros. El tercero, al violín, bueno. La faena de muleta bajó de tono, como es habitual. Escogió la corta distancia y ahogó al toro, que al verlo en línea se le cernía y estropeaba la estética. Lo mató muy bien.
Los cuatro pares al sexto, extraordinarios. Alternó lo puro con lo moderno y terminó alzando a La Maestranza en una pura aclamación. La faena de muleta, vulgar. Derechazos y naturales a media altura, como ya iba el buen toro, agotado por las largas carreras a las que le obligó con las banderillas.
Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas
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