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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 6 de abril de 2008
Corrida de toros

Morante de la Puebla. Foto: Matito/TorosComunicación
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Parladé (de diferente presentación, sosos y blandos, descastados y justos de fuerza; 1º, devuelto por cojera manifiesta).

Diestros:

  • Finito de Córdoba. De grana y oro. Cinco pinchazos, aviso, dos descabellos (pitos); dos pinchazos, aviso, pinchazo, descabello (silencio).
  • Morante de la Puebla. De catafalco y plata. Pinchazo, aviso, dos pinchazos, aviso, tres pinchazos, estocada trasera, descabello (saludos desde el tercio); estocada desprendida y caída (silencio).
  • Salvador Cortés. De purísima y oro. Estocada caída (saludos desde el tercio); estocada contraria y caída, descabello (silencio).

PresidenteAntonio Pulido.

Tiempo: algunas nubes con rachitas de viento.

Entrada: lleno de "No hay billetes".

Crónicas de la prensa:  ABC, El País, El Mundo, Diario de Sevilla, La Razón, Metro, PeriodistaDigital, El Desmarque.

Finito de Córdoba. Foto: Matito/TorosComunicación

 

PUERTA DE ARRASTRE


Por Santiago Sánchez Traver


Vaya por delante que cada vez se nota más que existe el morantismo militante. Vaya, como los talibanes de otra profesión de fe, que diría el profesor Valencia. Y eso se notó en los tendidos. Sin poner a "Cataplasma" en los terrenos adecuados, instrumentó el de La Puebla un par de tandas de calidad -de su calidad- pero exentas de continuidad. Para alegría de los más fieles y del público en general. Después casi se lo echan al corral. Lo demás fue para olvidar. Empezando por la corrida, gorda, blanda y sin casta de Parladé. Una divisa antes sevillana y ahora portuguesa, pero al fin y al cabo juanpedros, aunque coman pasto lusitano. Lo de Finito es un poco triste: ir de la mano de Matilla de relleno por delante, telonero que llaman en la música, sin nada que decir. Toreando despegado y con ventaja. Y Salvador Cortés, torero que parece norteño y no del Aljarafe, necesita otros enemigos. Por cierto, su capote es enorme, como la vela mayor del Sebastián Elcano. Más o menos.


Salvador Cortés. Foto: Matito/TorosComunicación

 

LO MEJOR  Y LO PEOR


Por Carlos Javier Trejo


Sevilla espera a Morante, lo espera y lo necesita. Saben aquí que la tauromaquia de Morante es distinta a todo lo demás. El de La Puebla, destapó hoy el tarro de las esencias para torear con inspiración y sentimiento, aunque también ha demostrado hoy una cualidad importante, el valor. Valor para pasarse por el fajín los cuernos de un astado nada fácil, al que le costaba arrancar y que ha exprimido cuando nadie dábamos un duro por él. Morante ha toreado muy despacio por la derecha, lo intentó por el izquierdo pero el toro se quedaba muy corto, para después ya cerrado en tablas ejaretarle dos tandas de cante grande. Cante y canto que diría Bergamín. Con el capote nos hemos quedado con la miel en los labios, sólo alguna verónica de bella ejecución y un quite por delantales al 3º de la tarde con una media que parecían perfectas caricias.

Lo peor de la tarde de hoy, los toros. Descastada corrida de Parladé, muy floja, y que no cumplió en ninguno de los tercios. Hay que decir que a algunos toros se les pegó en exceso, el caso del lote de Finito. Juan Serrano anduvo desconfiado en el que abrió plaza, y en el 4º, que parecía que el toro se desplazaba, en ningún momento apretó. Siempre al hilo del pitón, dejando algún muletazo suelto de bella ejecución pero sin continuidad. Y no se puede estar peor con la espada, descabellando los dos toros sin clavar la espada. Salvador Cortés estuvo voluntarioso en el 1º de su lote, un toro sin fuelle que se apagó pronto y al que sólo pudo matar dignamente. En el 6º no ofreció su mejor imagen, cantidad de trapazos y enganchones que nos han dejado con cierta preocupación. Confiemos en que cambien las cosas en su próxima comparecencia.

 

LOS PROTAGONISTAS

Finito de Córdoba

El diestro cordobés reflexionaba sobre su paso por Sevilla. “Los toros han tenido muy poquito: Ha sido una pena lo del segundo de mi lote. Ese de Parladé era un astado muy sevillano con las jechuras perfectas con el que he tenido una actitud y una colocación muy buenas, además de tener las ideas clara. Pero el toro ha tenido diez embestidas y nada más”. Finito lamentaba este contratiempo. “Con lo único que medio me ha dejado algo ha sido con el capote, incluso molestado por el viento pero la corrida en general no ha terminado de romper nunca. Todo lo que hemos hecho con los toros ha sido para ellos, le hemos dado tiempo para que se recuperen, facilitándoles las cosas pero estaban todos faltos de raza. Si el cuarto me aguanta algo más, le formó un gazpacho. Hoy la gente estaba muy respetuosa, con ganas de ver toros”.
Morante de la Puebla

“He tenido poco material para poder torear”. De esta forma analizaba Morante lo sucedido en el ruedo maestrante en la corrida de hoy. “Lo toros han tenido muy poco fondo y en el capote se han movido algo con cierta fuerza, pero la realidad es que estaban los seis desfondados”. Prosiguió el de la Puebla sus declaraciones hablando del segundo de la tarde. “Sin embargo, con el primero de mis toros he estado muy a gusto, muy torero, y eso que confiaba poco en el toro porque, más que embestir, punteaba. Pero parece que el toro se ha equivocado algunas veces y me ha dejado sentirme torero”. Apostilló Morante del quinto: "de ese toro mejor no hablar, lo ha visto todo el mundo”. 
Salvador Cortés

Con el semblante muy serio terminaba el sevillano su primera corrida dentro del abono de Feria de Abril. “Es una pena venir a Sevilla a triunfar y me toca un lote sin opciones, ni siquiera para poder dar un muletazo a gusto. Tenía muchísima fe depositadas en esta tarde, pero no se ha podido hacer absolutamente nada”. El diestro de Mairena del Aljarafe explicabas su lote. “Confiaba en que el tercero iba ha durar mucho más de lo que lo ha hecho, pero se apagó como todos; y el sexto era un toro sin clase que te quería quitar la cara en cada embestida, lo que se dice una alimaña”. Salvador terminó hablando de su próxima tarde el jueves de farolillos. “Gracias a Dios tengo otra tarde más con la que puedo arreglar mi propia Feria y esperar que un toro meta la cara. Porque aunque uno lo ponga todo de su parte, el toro tiene que colaborar un poquito”.


Realiza: 
Emilio Trigo


Crónicas de la prensa

El Mundo. CARLOS CRIVELLMorante y Sevilla buscan un romance

Morante dejó apuntes maravillosos de su toreo sevillano, algunos pases de la firma, kikirikís, de pecho, esa gama de muletazos que distinguen lo que siempre fue el toreo de la tierra, pero el tendido respondió con la entrega de quien está prendado de ese torero. No hubo catarsis, quedaron sólo los detalles, pero Sevilla y Morante quieren un romance.

El de La Puebla quiso en el primero de su lote. Lo hizo con demasiada ceremonia, buscando la colocación con mimo, excesivamente premioso. Se le fue un tiempo precioso, aunque este torero no es para medirle el tiempo. El toro, como toda la corrida, fue noble y flojo, pero muy justo de raza. Algunos muletazos sobre la derecha llevaban encerrado todo el aroma del mejor toreo de Sevilla. No fue una labor unida, apenas hubo diez pases sueltos, pero la gente fue feliz con la belleza de su toreo.

El final fue un desastre. Muchos pinchazos, dos avisos, casi el tercero al acecho, pero aún así la plaza lo aplaudió. Sobró la salida a saludar porque después de un mitin tan sonoro con la espada sobran los saludos. Los detalles, el regusto, la gracia de un torero que ha heredado los dones de la gracia que tuvieron Chicuelo, Pepe Luis y Pepín quedaron esparcidos sobre el albero.

Y ya no hubo nada más en la corrida. El lote de Parladé fue calamitoso. No se puede admitir la bondad como única virtud del toro bravo si faltan las fuerzas, la movilidad, la repetición y la prontitud. Es decir, si falta la casta. Fue una corrida podrida, impresentable en algunos toros, con los pitones muy sospechosos por la forma de abrirse como escobas al menor roce sobre el albero; un lote que no sirve para una Feria que ya conoce lo que es la casta en el toro.

Con semejantes toros, Finito tiró líneas movidas en el primero –un sobrero –y quiso algo con el cuarto. Sus lances a este toro tuvieron el sello del empaque y majestad del cordobés. Es muy poco lo que hizo Finito. No se colocó nunca bien y mató muy mal. Así no se justifica una contratación en la Feria sevillana.

Finito es un torero de vuelta. Salvador Cortés sigue llegando. Espero que su nuevo apoderado le diga la verdad sobre cómo estuvo ayer en Sevilla. Ya se sabe que los toreros son los mejores para sus apoderados mientras lo llevan, pero cuando acaban la relación ya son malos. Cortés anduvo desangelado toda la tarde. No le cogió el temple a ninguno de sus dos birrias de toro. Cortes es un torero de dominio, de ataque, de forma que con este tipo de toros tan empalagosos el de Mairena no puede desarrollar su tauromaquia. Lo mejor de su primera tarde fueron las dos estocadas que recetó. En la próxima actuación del jueves debe salir al ruedo con más disposición. 

Contado queda que Morante se encontró con una plaza preparada para cantar sus glorias toreras, se podía esperar que en el quinto el artista obsequiara al respetable con otra actuación de lujo. El toro era una miseria, dobló las manos, el presidente estaba dispuesto a devolverlo y pidió que lo movieran. Morante no le echó el capote abajo, así que optó por el toro en lugar de buscar la incógnita de un sobrero. Naturalmente, el de Parladé fue un toro digno de su nombre. Se llamaba Asquito. Morante no quiso otro toro y lo pagó con uno que no tuvo un muletazo digno de tal nombre. Cómo está Sevilla con Morante que otra vez lo aplaudió. A estas alturas del festejo, el de La Puebla se quedó en el callejón. Le queda otra el miércoles. De momento, Sevilla quiere un romance. 


Diario de Sevilla. LUIS NIETO Sólo destellos de Morante 

La corrida de Parladé, de bonitas hechuras, de preciosa lámina, pero descastada, fue materia prima muy pobre para un espectáculo en el que se vivieron pocos pasajes positivos. Lo más destacable corrió a cargo de José Antonio Morante de la Puebla en una faena compuesta, salpicada con brillantes destellos artísticos, como un par de trincherillas deslumbrantes en la apertura y un epílogo con adornos con sabor gallista. En el toreo fundamental destacó con la diestra en una serie con muletazos hacia dentro, metiendo los riñones y llevando empapado al toro, y en otra en la que arrastró la muleta en otros dos muletazos de escándalo. Por la izquierda no hubo nada importante reseñable por la condición del toro. Con la capa, nada destacable. En fin, una labor de destellos con la fuerte personalidad de Morante, que dio un mitin con la espada y perdió premio. El público le hizo saludar tras una gran ovación. El Lili destacó en banderillas.

Con el quinto toro, el peor del encierro, que fue pitado con toda justicia en su arrastre, no tuvo opción al lucimiento en la muleta. Con el capote fue muy ovacionado, si bien le faltó naturalidad en esas verónicas de recibo. El animal rindió pleitesía al picador en el segundo puyazo, claudicando, y hubo protestas para su devolución. El presidente esperó pacientemente a su recuperación y dejó que el propio diestro decidiera si lo hundía definitivamente o no para cambiarlo. Morante le dio con mimo unos lances probatorios y ya en la muleta se cargó esta vez, con contundencia, a tan insufrible marmolillo. 

Finito de Córdoba dio una imagen muy lejana de la que debe dar una figura del toreo. Con el sobrero que lidió en primer lugar, un animal soso, sustituto de un titular inválido, el cordobés realizó una labor desceñida y vulgar. Con el cuarto, de preciosas hechuras, que embestía bien por el derecho, consiguió una tanda entonada y poco más. Con la izquierda empleó el mando a distancia. A ambos toros los finiquitó con el verduguillo, sin haber clavado el estoque, saltándose el reglamento a la torera. Pero no se preocupen, que el próximo año le vuelven a contratar.

Salvador Cortés también se contagió de la sosería de su mal lote. Con el complicado tercero, que se rajó pronto, no consiguió acoplarse. Y con el muy deslucido sexto, tampoco brilló el de Mairena del Aljarafe.

Lo dicho, corrida sin fondo de Parladé y destellos morantistas, pinceladas luminosas y coloristas, en una obra incompleta y en un espectáculo que, en su conjunto, fue gris.


Metro. IGNACIO DE COSSÍO. Morante entre la gloria y el infierno 

Si mala fue la presentación casi anovillada de los toros de Parladé que se han lidiado en la Maestranza a excepción del sexto, peor resultó ser el juego de los mismos. Unos y otros por falta de raza, casta y fuerza, echaron al traste una tarde enfocada para el triunfo. Juan Serrano, en el primero se muestra apático y apenas tras unos redondos estimables lo finiquita con una estocada por MRV a cobro revertido. Petardo gordo. Finito no expone ni un alamar tampoco en el 4º pero gracias a su gran técnica y elegancia nos regala dos series por la derecha de mucho sabor y compás. Eso fue todo por parte de toro y torero. Fino nunca molesta y así suma ya su XXX corrida en Sevilla y solo cinco orejas obtenidas. Ahora se explica uno eso de que el cordobés abra siempre los carteles en la Maestranza porque si no... 

Morante muy animoso toda la tarde hizo lo mejor del festejo por el pitón derecho de su primer oponente. Al primer trincherazo que recetó con sabor a vino viejo le siguió otras dos series en redondo de locura general y sobre todo la segunda más entregado que nunca en su vida. Cuatro envites en una misma serie, saltaron como un resorte lleno de emoción como de mérito por parte del maestro a un toro que no merecía tales honores. Hermoso kikirikí al terminar la tanda aliñada de otro molinete que casi levanta la plaza. Llega la suerte suprema y ahí es cuando descendemos con él al peor de los infiernos. Doce pinchazos y pierdo la cuenta. Segundo aviso y a treinta segundos del definitivo, uff!.....A punto estuvo el maestro de que Pulido mandara el toro vivo al corral, lo que hubiera sido eso en Sevilla… 

El cañonero del Aljarafe, en cambio, a sus dos toros pareció explicarle al de la Puebla del Río como se debe de silenciar un toro bravo. Sentenció con dos descargas estruendosas de acero y fuego a dos faenas llenas de entrega y pundonor propios de un torero hecho de los pies a la cabeza. Pero, repito, el encierro de Parladé resultó ser al final un fiasco en toda regla a pesar de su engañosa nobleza. Se hacen cábalas con la peor corrida de la Feria, más disputadísima que nunca. Cuadris, Cebadas y Parladé, a ver quién da más por menos.


El Desmarque. ÁLVARO ACEVEDO.  Morante inventa de la nada 

Dijo Eduardo Canorea que, si venían dos corridas de Juan Pedro Domecq a Sevilla en este año 2008, significaba que en vez de un plato de jamón, serían dos. Se olvidó mi otrora admirado Eduardo que no eran dos, sino tres las corridas de Juan Pedro Domecq, ya que la que se anunciaba bajo el nombre de Parladé no era más que el segundo hierro de la casa. También se olvidó especificar si el jamón era de jabugo o de york y, la verdad, visto lo visto, al menos esta primera entrega de fiambre no la he visto yo de “cinco jotas” precisamente. El petardo de Parladé fue redondo. Impresentable por anovillada, aburrida por descastada e intoreable por su absoluta falta de clase, la corrida no hubo por donde cogerla, y si no llega a ser por Morante, la devastadora tristeza de la tarde hubiera acabado en depresión.

Pero Morante de la Puebla resulta que es distinto a todos y como venía con ganas, aprovechó diez o doce arrancadas a la defensiva de su primer toro para hacer arte puro de cada suerte. En unos primeros derechazos de cadencia y ritmo mágico, en algún cambio de mano grácil y en otros tres redondos verdaderamente inesperados por lentos y hondos ante embestida tan desganada. Luego toreó ayudado a dos manos aliviando la mansedumbre de aquel inútil de toro, y si lo mata a la primera igual hasta le dan una oreja. Como pegó lo menos diez pinchazos, lo sacaron a saludar una ovación tras dos avisos. El quinto era un marmolillo de piedra, y a algo inerme no se le puede torear.

Sus compañeros hicieron lo que pudieron, que no fue mucho porque si no hay magia es imposible inventar de la nada, que fue lo que hizo Morante. Finito, nervioso con su primero, se centró más con el otro, el animal que medio tuvo diez pases en condiciones. Y la verdad es que hubo alguno largo y con calidad. Y Salvador Cortés, esforzado y condenando ante un inválido y frente a otro que pegó más cabezazos que Santillana en sus buenos tiempos, al menos mató con contundencia y eficacia. 


El País. ANTONIO LORCA.  Miau, miau...

A primera vista, parecían toros por su pelaje, sus patas largas y sus pitoncitos sospechosos de fraude, pero, en realidad, eran gatos. En lugar de berrear, maullaban. Miau, miau, se quejaban, mientras miraban con carita de pena, y el público se enternecía ante escena tan entrañable. En lugar de respeto, producían lástima. Si lo hubieran permitido, algunos espectadores hubieran bajado al ruedo para acariciarlos y hacerse una foto con ellos. Cómo serían que hasta una paloma torda se posó en el albero a escasos metros del tercero como si tal cosa. Y no está demostrado que las palomas sean animales valientes.

La verdad es que estos gatos producían sonrojo y vergüenza porque no sirven para un espectáculo que, al margen de modernidades, está basado en la emoción que se desprende del enfrentamiento entre un animal poderoso, fiero y noble y un torero heroico y artista. Porque ni artistas eran estos gatos, pues demostraron una grave invalidez, ausencia de casta y abundancia de sosería; aunque muy nobles, eso sí, como gatitos que eran. Total que la corrida anunciada no fue tal, sino un juego de patio de colegio triste y aburrido al que colaboraron eficazmente los toreros actuantes.

No es noticia que Finito de Córdoba lleva algunos años fuera de circulación. Misteriosamente, está en todas las ferias, pero está sin estar en él, y su corazón torero parece ubicado fuera de la plaza. Es un torero que atesora calidad, pero los años le han convertido en un artista triste, precavido y vulgar. Ayer hizo un gran esfuerzo ante sus bobalicones oponentes, y mostró algún destello, pero toda su labor careció de fondo y hondura, y no digamos de ligazón. Además, hay que ver cómo huye al entrar a matar. Y eso que lo que tenía delante eran gatos…

Tampoco anduvo muy acertado con la espada Morante de la Puebla, y le faltaron treinta segundos para que le echaran al corral a su primer toro después de un lamentable mitin. Pero le aplaudieron, porque a este hombre se le canta todo lo hace, aunque sea a un gato. Es verdad que es torero de estética desbordante, y cualquier gesto ante el toro suena como un crujido: un trincherazo, un molinete, tres derechazos y un cambio de manos preñados de galanura, todo ello ante su noble primero, donde no hubo faena, aunque el público jaleó a Morante como si estuviera cincelando una obra de arte. Alargó innecesariamente su labor y, al final, se vio muy apurado para evitar el tercer aviso. También le aplaudieron —lo que son las cosas— cuando se aburrió ante el apagado quinto, en lugar de exigirle que se anuncie con toros de verdad.

Y Salvador Cortés pagó los platos rotos de una estrategia equivocada o de una inoportuna imposición de la empresa. Nunca debió anunciarse con esta corrida de gatos un torero poderoso que necesita toros con pujanza y codicia. Se justificó como mejor pudo ante el soso tercero, y se mostró voluntarioso sin éxito ante el deslucido sexto, En su haber, sólo unas verónicas bien trazadas en un quite.

Conclusión: hay que desterrar a esta ganadería de la Feria de Abril hasta que su dueño decida criar toros de verdad en lugar de gatos. Todavía se oyen sus lamentos: miau, miau…


PeriodistaDigital. JOSÉ ANTONIO DEL MORAL. Maravillosa mañana, tarde deprimente

¡Cuán presto se va el placer...¡. Este famoso verso de Jorge Manrique es el que mejor puede encajar con el creciente y hasta desesperante desánimo que sentimos ayer en La Maestranza. Y es que eso es exactamente lo que sentimos ayer tarde después de vivir y gozar con la la maravillosa excursión mañanera que hicimos a la finca Los Alburejos, el santuario ganadero que perteneció al inolvidable don Álvaro Domecq y que ahora sigue siendo solaz y marco de trabajo para su entrañable familia. Hijos, nietos y biznietos en amor y compañía de los muchos amigos que siempre les rodean. Unos de ellos, quien aquí firma y que, por cierto, no había vuelto a esta casa desde el mismo día en que murió el sin par ganadero e histórico jinete. A parte de disfrutar primero con el espectáculo que he comentado en la entradilla y del posterior almuerzo, nadie de los que allí estuvimos dejamos de comentar hasta la saciedad lo acontecido en la anterior corrida de la Feria de Sevilla con El Juli, Manzanares y Perera en boca de todos.

Pero como decía al principio, ¡cuán presto se fue el placer¡ como mal pudimos comprobar pocas horas después. Desesperante, deprimente la corrida casi al completo. Un festejo sin apenas momentos lucidos que recordar. Primero por la pobre presencia del ganado aunque esto hubiera sido lo de menos si los toros de Parladé hubiera dado juego. No digo malo ni bueno porque, la verdad fue que no dieron ninguno, salvo un poquito el segundo y algo más el cuarto. Pareció que alguien contrario a que la tarde se diera como todos esperábamos, echó el freno a los seis toros después de medio cumplir con los caballos. 

Y ante tan general frenazo, la desdicha de ver a Finito que quiso con el capote y medio quiso con su muleta que manejó con aparentes ganas técnicamente hablando pero en absoluto mental y corporalmente por la sencilla razón de que, don Juan Serrano Pineda utilizó sus brazos para intentar que sus toros le pasaran por delante, pero casi nunca sus piernas para ganar esos pasos necesarios e imprescindibles para que, adelantados con determinación, los toros acudieran más prestos a cada cite. Y para colmo, con la espada, dos sainetes. 

La mayor esperanza caía en Morante de la Puebla y a fe que José Antonio quiso y hasta se esforzó tanto de capa como en sus dos faenas. Pero la primera duró un suspiro en forma de un par de tandas con la mano derecha y escasísimos apuntes al natural, tras lo cual se eternizó con los aceros. Y la segunda, menos todavía porque el quinto toro no es que se frenara, es que se paró en seco nada más iniciar Morante su trasteo. Menos mal que, con el capte en el recibo de este quinto, pudo recetar un ramillete de verónicas genuflexas y en pie seguidas de una media que parecieron ser propias de un artífice decimonónico.

Lo necesitado que estaba y sigue estando de triunfar Salvador Cortés, añadió más lamentos al frustrado acontecimiento porque este joven matador, aunque quiso mucho, no es de los que les acompañan mayores virtudes que su vulgar disposición, como quedó palpablemente demostrado con la espada que manejó con más decisión y fortuna que sus compañeros. Una pena, un tormento casi todo, un interminable tostón, además, porque cuando Finito se disponía para entrar a matar al cuarto toro, ya llevábamos una hora y tres cuartos de corrida. Dicen que hoy va a diluviar sobre Sevilla. Bien por el campo. Pero mal para la corrida de Juan Pedro que espero y deseo pueda darse y dé mejor juego que la de su hijo para que al menos Castella se saque la espina, Manzanares vuelva a deleitarnos, y para que Enrique Ponce pueda decir su aquí estoy yo como en las pasadas Fallas con una corrida del mismo hierro.


La Razón. JUAN POSADA. Tarde de bostezos en La Maestranza 

Está claro y comprobado que al menos el cincuenta por ciento de la responsabilidad de una buena tarde de toros la tienen la bravura o mansedumbre de los mismos. Los de ayer, descastados y flojos, tuvieron sin embargo la ventaja de su bondad. Así, el único torero con recursos artísticos, Morante de la Puebla, fue el que logró momentos más brillantes, salerosos, aunque no profundos. La verdad es que no había para más. Si acaso Finito de Córdoba debió aprovechar las quince buenas arrancadas del cuarto para el lucimiento. Pero tardó demasiado en situarse y todo quedó en nada. Salvador Cortés, torero de estilo recio, no tuvo material para resaltar sus formas. Puso mucha voluntad, pero de poco le sirvió. 

El público de la feria de Sevilla, una de las más importantes del mundo, es exigente con los toreros debería serlo también con los ganaderos. Así como suele penalizarse con la ausencia a los diestros que no respondieron el año anterior, igual habría que hacerse con los criadores de reses bravas, que también cobran su buen puñado de euros. 

Finito de Córdoba dejó que le arrearan fuerte a su primero en el caballo y a pesar de ello embistió sin peligro, aunque el torero tomara demasiadas precauciones. Hizo lo de siempre, enseñó el caramelo a su incondicional público sevillano para dar marcha atrás cuando apenas lo degustaban. Trapazos con la derecha, rematados hacia fuera y paso atrás. También con la izquierda, aunque, eso sí, por las posturas de los cites parecía que culminaría una gran labor. 

Con el cuarto, el mejor de la tarde, la misma canción. Muy bien puesto en los primeros derechazos, demasiado largos y separados. El personal lo animó, lo empujó, pero el de Córdoba siguió con su excesiva utilización del pico de la muleta en los intentos del natural. 

Morante de la Puebla tiene indudable gracia repajolera. A su primero lo llevó fuera del tercio con medios muletazos garbosos. La primera tanda diestra con los pies juntos, a media altura y quebrando la cintura; la plaza, loca. Otra serie más por el mismo pitón, también salerosa, y tras unos adornos, más derechazos templaditos y un molinete con olor al Guadalquivir. Pero no pasó de una labor con pellizco. 

Con el flojo quinto trajinó al personal al sacarlo al centro del ruedo. Gran expectación. Al segundo muletazo diestro, decepción, aunque entre medias una bonita trinchera. El toro se vino abajo, el torero se cabreó y, tras unos pases de pitón a pitón, a matar. 

Salvador Cortés puso muchas ganas en sus dos toros. Con el bravito tercero dio series con la derecha a las que le faltó echarle un poco más de genio, el que no tenía la res. Con la izquierda, el toro sosito y él, también. Debió sacar temperamento para entrar en los tendidos, muy aburridos desde el principio. 

Al sexto, que entraba rebrincado, le presentó la muleta en la izquierda desde el principio, pero los pases no resultaron por el defecto saltarín del animal. Tornó a la diestra con una pérdida de muleta inicial, aunque se repuso pronto. Faena con muchas ganas, en la que se situó siempre bien y aguantó los topetazos finales de un animal imposible. 


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Los engendros de Juan Pedro Domecq y la expresión de Morante

No se suceden dos tardes seguidas de felicidad en esta Feria de Abril ni por casualidad. Como en los cupones de los ciegos, mañana (por hoy) toca. Porque ayer la corrida de Parladé fue un plomazo absoluto. Parladé es la segunda marca de Juan Pedro Domecq, con lo cual son tres y no dos los platos de jamón que la empresa de Eduardo Canorea, según propia definición del empresario sobre la doble presencia de los juampedros en una sola semana, vamos a degustar. De momento, el suculento entrante nos ha salido rancio, pasado y sin veta alguna de jabugo; Juan Pedro, que también se dedica al negocio de la cría de cerdos y la venta de jamón, ha debido de sufrir un nefasto accidente en el manejo, la química y la física, para ayer lidiar una cruza del cerdo ibérico y el toro bravo. Algo grave se intuye. Semejantes engendros bien nutridos de piensos responden, seguro, a alguna fuga de pajuelas porcinas en vientres de vacas bravas. Para jamones hubieran sido estupendos estos híbridos de curiosa lámina: no recuerdo en qué película entre el terror y la comedia aparecía un gigante con cabeza de enano que encima hablaba con la voz de Gracita Morales. Las cabezas de los parladés, normales, se habían trasplantado a aquellos cuerpos de los primos de zumosol criados con Nocilla: 589, 540, 585, 587, 579 y 570 kilos ausentes de bravura. Carne para el matadero de Pepe Luis, para el Asador Txistu de Pedro Ábrego, para los platos calientes de Lucio (vuelta y vuelta).

Como resultado artístico de la juampedrada, Morante de la Puebla sobrevivió agarrado a su expresión, una confluencias de tauromaquias añejas en las que ha bebido. Fue el segundo toro, tardo y sin clase, para pegapases toscos y no para el paladar de Morante. Y sólo por el pitón derecho. «Sabor, sabor, a la canela en flor...» Uffff, hubo derechazos y momentos verdaderamente extraordinarios: en las notas a veces los describo con tacos sacrílegos, que si los lee Joaquín Almero, morantista de pro, me excomulga por la vía de la santa inquisición; una trinchera, un muletazo por alto, el sentido de su estética, el mentón en la pechera. De repente, el fogonazo de un molinete abelmontado; el fulgor de un cambio de mano; ahora, el cierre por alto gallista (de Rafael). Tan por la labor estuvo de sacar y exprimir la torpe nobleza del bruto, que se pasó de hora, y sufrió un quinario con la espada, rozando el larguero de los tres avisos.

Pero fue tan torero todo que, tras ocho pinchazos, la Maestranza lo obligó a saludar, y hasta en el modo de agarrar el capote para recoger la ovación Morante de la Puebla es distinto. En su afán por agradar, forzó mucho la figura en el saludo a la verónica al quinto, con el culo en el Aljarafe. Fue el toro una vacaburra, y Morante, un escultor sin arcilla.

El cuarto bruto de la tarde, el de más calidad pese a su escasa duración, provocó en Finito de Córdoba un rejuvenecimiento de verónicas y una primera serie sobre la derecha de trazo relajado. Pero Finito se acordó de quien es y no de quien fue, y en la siguiente tanda ya desplazó hacia fuera y escupió de su muleta las embestidas con ese muñecazo horrible. Fatal con la espada en su actuación, se defendió tanto como el sobrero que reemplazó a un flojo pero maltratado primero.

De Salvador Cortés, ni gustó su lote ni él; sólo los espadazos. Y un quite por delantales y una media de Morante que fueron nexo de unión entre las dos orillas, querido poeta.


 

Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas

 

 

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