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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del viernes, 4 de abril de 2008
Corrida de toros

Sebastién Castella. Foto: TorosComunicación/Sánchez Mejías
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de  Torrealta (de diferente presentación, justos de fuerzas y descastados; el mejor, el 4º).

Diestros:

  • Javier Conde. De marfil y oro con cabos negros. Pinchazo que escupe, pinchazo hondo, tres descabellos (pitos); pinchazo que escupe, media estocada caída (bronca).
  • Sebastián Castella. De celeste y oro. Estocada desprendida (palmas); meteysaca, tres descabellos (silencio).
  • Alejandro Talavante. De lila y oro. Pinchazo, estocada tendida y trasera, tres descabellos (silencio); pinchazo, estocada tendida (silencio).

Saludaron: Juan M. Molina tras banderillear al 2º de la tarde y Curro Molina tras banderillear al 5º (le tocó la música), ambos de la cuadrilla de Sebastián Castella. 

PresidenteJuan Murillo.

Tiempo: soleado con rachas de viento.

Entrada: hasta la bandera.

Crónicas de la prensa: ABC, El País, El Mundo, Diario de Sevilla, La Razón, PeriodistaDigital, El Desmarque.

Alejandro Talavante. Foto: TorosComunicación/Sánchez Mejías

 

PUERTA DE ARRASTRE


Por Santiago Sánchez Traver


Después de todas las emociones juntas, un nuevo pestiño. Fracaso ganadero de Torrealta, sin paliativos. En su defensa hay que decir que los dos mejores se los llevó Javier Conde, que necesita ese toro singular para hacer lo suyo. Desaprovechó los dos claramente. Castella estuvo por encima de su lote, pues ambos empezaron bien, se apagaron pronto y se rajaron al final. Se le ve que quiere y que puede. Talavante a ratos quiere y en otros está como ausente. Así entra a matar, como sin ganas, dejando que el toro se la trague. El colorado quinto derribó y volvió a lucirse el monosabio torero. Y qué bien picó Josele de Camas. Para ser buen picador hay que ser buen caballista. Por cierto, qué pedazo de cuadrilla tiene Sebastián Castella. Dos buenos picadores y tres banderilleros de lujo, destacando todos, con Curro Molina sobresaliendo para premio.

Javier Conde. Foto: TorosComunicación/Sánchez Mejías

 

LO MEJOR  Y LO PEOR


Por Carlos Javier Trejo


A
ún con el recuerdo de la tarde de ayer, fue precisamente la entrega lo que faltó hoy. Entrega de unos toreros, de los considerados figuras (no el caso de Conde) que pasaron con más pena que gloria por el albero maestrante. Los que mejor estuvieron fueron las cuadrillas, a caballo destacaron Ignacio Rodríguez, Josele y un gran puyazo de José Doblado. Muy buenos capotazos de Curro Molina en la brega del 2º de la tarde. En banderillas saludaron Juan M. Molina y también Curro Molina. De los matadores lo mejor lo hizo Castella en un quite por chicuelinas al 1º de la tarde. La corrida ofreció posibilidades, que ya es algo.


l peor de la tarde con diferencia fue Javier Conde, inseguro, teatrero, afligido…nadie pidió que lo incluyesen en el abono, al menos tras el petardo esperemos no verle el año próximo. No ofreció buena imagen Sebastián Castella, llega con áurea de figura, sin pasar por Valencia y Castellón por intentar defender unos emolumentos considerables. Sus faenas no acabaron de romper, sólo detalles intermitentes mientras se agotaban las embestidas de sus astados. Abusó de las distancias cortas en un toro que pedía espacio y le tropezaron los engaños en numerosas ocasiones. Alejandro Talavante pasó desdibujado y abúlico por el coso del Baratillo, no pasó de vulgar, sucediéndose los enganchones en pseudo faenas sin ligazón alguna.

Curro Molina. Foto: TorosComunicación/Sánchez Mejías

 

LOS PROTAGONISTAS

Javier Conde

El malagueño señalaba la falta de juego que han dado los toros de Torrealta en la tarde de ayer. “Creo que todo el mundo no se ha dado cuenta que la corrida se he movido un poco en los primeros tercios, pero en la muleta siempre ha embestido con el pitón de dentro”. Proseguía Conde analizando el festejo. “Además los toros sen han repuesto mucho, siempre queriendo coger y no he tenido entrega en ningún momento. La mayoría ha sacado genio, mansedumbre y el que ha tenido algo de nobleza, ha durado tres pases sin decir nada en su embestida”. Javier Conde tenías palabras para el festejo del día anterior, donde se lidiaron los toros de Victorino. “Después de la movilidad y la bravura de los toros del de Galapagar que vimos ayer, hoy ha tocado ver unos astados insulsos, insípidos y que no valían para nada. En definitiva la corrida era demasiado basta para la Maestranza, muy fuerte y mal hecha. Sevilla siempre ha tenido un toro de 480 kg a 500 kg, con su trapío y bien hechos, pero esta corrida parecía de Bilbao no de Sevilla”. 
Sebastián Castella

No quiso realizar declaraciones.
Alejandro Talavante

No quiso realizar declara-
ciones.

 




 

 

 

 

 

Realiza: 
Emilio Trigo

Derribo. Foto: TorosComunicación/Sánchez Mejías

Crónicas de la prensa


El País
. ANTONIO LORCA.  
Unos tristes bailarines

Después de contemplar a tres héroes ante los victorinos, los toreros de ayer parecían torpes bailarines vestidos de carnaval. ¡Qué petardo de la joven terna, señores! ¡Qué tres chavales ayunos de ilusión, sin personalidad y presos de la desidia y la tristeza!

Rechazan a los victorinos porque pueden hacer daño. Y exigen a los artistas torrealtas, desiguales de presencia, blandos, nobilísimos y algunos de ellos bravos y codiciosos, y fracasan estrepitosamente. Y se llaman a sí mismo figuras estos tres... Pero, ¿figuras de qué?

¿Se considerará figura del toreo Javier Conde? De momento, parece un hombre nacido fuera de época. Hubiera sido figura si el toreo fuera un baile para cursis ante toritos de cartón, sin riesgo, sin miedo y sin emoción. Hoy por hoy, está de más en esta fiesta. Es un bailarín medroso, inseguro y ausente. No se puede venir a Sevilla a hacer el ridículo. La vergüenza torera debe impedirlo. Ayer, naufragó ante un nobilísimo primero, y se inhibió ante el cuarto, un toro con recorrido que llevaba un cortijo colgado en cada pitón.

Pero la gran sorpresa llegó de la mano de Sebastián Castella. Ha cambiado mucho este torero; tanto, que está irreconocible. Para empezar, no es ni sombra de lo que fue, un matador seguro, poderoso e inteligente. Ayer parecía una caricatura de sí mismo, un vulgar pegapases sin mesura ni temple, anodino y desilusionado. Eso fue todo lo que dijo ante el noble segundo, al que recibió de muleta con ceñidos estatuarios y ahí acabó todo. Empeoró, si ello era posible, ante el bravo quinto, al que citó al hilo del pitón, se dejó enganchar la muleta en demasía y terminó desdibujado, como un mal aprendiz de bailarín.

Y cerró la terna otro joven entristecido, Alejandro Talavante, que todavía no ha cumplido veinte años y que ayer tenía cara de jubilado y con la mente fuera de la plaza. ¡Qué torpeza, qué falta de ideas, qué desgana! Mal, sin paliativos, estuvo ante el blando tercero, y sólo acertó a trazar un par de naturales aislados ante el noble sexto, que duró poco.

Con la de jóvenes que sueñan con hacer el paseíllo en esta plaza, y vienen estos tres y emborronan con su pasotismo una tarde de toros de triunfo.


El Mundo. CARLOS CRIVELLCuadrillas de oro, matadores de plata

Una corrida de toros es un melón por calar, el toro es un enigma del que nadie sabe nada y cuando más ilusionado acude el aficionado a un espectáculo, más posibilidades hay para que todo salga al revés. Tras la intensidad emocional de la corrida de Victorino, dos figuras y un veterano no fueron capaces de levantar la tarde. Y no fue por culpa de los astados de Torrealta. Seis toros lidiados y ninguna ovación para la terna. Todas las palmas fueron para las cuadrillas, que dejaron en situación desairada a sus jefes. Oro para los que habitualmente van de plata y menos galones para quienes lucen el dorado traje de luces.

A la hora de hacer balance, todo el lujo de la corrida se lo llevan nombres como Curro Molina, Pablo Delgado, Paco Arijo, Miguel Ángel Sánchez y los picadores Josele, Ignacio Rodríguez y José Doblado.

No es fácil explicar que una corrida manejable, con varios toros con embestidas boyantes, se fueran al desolladero sin torear, se entiende que sin torear bien, porque mal toreados se fueron todos.

El caso de Javier Conde puede ser incluso disculpable, aunque el malagueño acapara por norma las iras del tendido porque es muy puro en sus expresiones, es decir, que no disimula sus precauciones. Si ocurre que se enfrenta a dos toros que parecen buenos, se puede entender que Conde recibiera dos sonoras pitadas. De la actuación de Conde no hay mucho que explicar. Simplemente, creyó ver a sus toros con peligro y no se tapó. Para su desgracia, sus toros desarrollaron bondad y se quedaron sin torear. Pero Conde es así y no hay ninguna sorpresa por una tarde tan desafortunada.

Tiene menos explicación que un matador considerado como figura, que ha dejado a sus apoderados de siempre para aumentar su cotización, motivo por el que se ha quedado fuera de las ferias de Levante, pase por su primera tarde en Sevilla y sólo se pueda contar que estuvo voluntarioso. Si se afina más, y admitiendo la voluntad, Castella no acertó en el temple en el toro segundo, mejor que el quinto, se dejó enganchar la muleta y su faena fue perdiendo tono de forma progresiva. El comienzo con unos estatuarios preciosos y dos recortes por bajo fueron lo mejor de su faena.

El quinto fue un toro descastado con el que a Castella se le disculpa. A pesar de ello, a una presunta figura del toreo hay que exigirle mucho más en una tarde tan trascendente. 

Talavante se esforzó con el anodino toro sexto. Nada que objetar. Con el tercero, toro que tenía alguna violencia al final de sus embestidas, el de Badajoz no dejó ningún detalle de calidad.

En estas corridas en las que no pasa nada y queda espacio para contar cosas, es preciso denunciar que el toreo con el capote de los espadas actuales es muy malo. Los tercios de quites han pasado a mejor vida, apenas se pueden contar espantosas chicuelinas –ayer Castella y Talavante dejaron un muestrario variado y pésimo de estos lances –, tanto que en la tierra de Chicuelo, Puerta o Camino debería estar penalizado todo el osado que empañe el vistoso lance. 

Estas cosas suceden en la Maestranza entre la indiferencia de la masa, que llega a tocar palmas por motivos banales. Esta corrida fue una profunda decepción en la que, con la plaza abarrotada y toros posibles, los hombres de plata merecieron salir vestidos de oro ante la inoperancia de sus jefes de fila, que podían haber lucido ternos de plata; o quedarse en casa.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Elogio de la plata y el castoreño

Como si se presintiera de antemano, el aficionado acudía a la plaza a sabiendas de que nada se parecería a la emotiva tarde de anteayer. Pero la esperanza siempre habita en un rincón del corazón, y el cartel traía el atractivo de un Sebastián Castella que abordaba, una vez fuera de Fallas y Castellón, su primer compromiso de la temporada en España. Y Alejandro Talavante debía remontar la imagen ofrecida el Domingo de Resurrección. Y ambos habían disfrutado en 2007 de los toros de Torrealta sobre el albero maestrante. Y Javier Conde...

A las nueve de la noche la tarde había cedido ante los augurios más pesimistas. No es que el peso y el recuerdo de la victorinada lastrase el vuelo de la corrida, sino que por sí misma fue insufrible. De todo lo acontecido, la acorazada del castoreño, tan vilipendiada siempre, y algunos hombres de plata y azabache solicitaban, por méritos propios, más atenciones y parabienes de los que habitualmente les dedicamos. Se picó francamente bien ayer. Incluso cuando el gordo y colorao quinto sorprendió por la grupa y descabalgó a José Doblado, supo luego echarle el palo por delante y medirle una buena vara. Que al bravo cuarto le dieran estopa, responde más a la dejadez de Conde que, entre gestos y aspavientos, gritaba -no se entendía con nitidez si era «vale, vale» o «dale, dale»- y levantaba la mano, pero no metía el capote. Este negro cuarto, que apareció engallado en el ruedo, fue el más bravo con diferencia de los desiguales torrealtas, una escalera indigna de la Feria de Abril. Lo de Javier Conde fue una estafa en toda regla. No ya lo suyo en sí, sino contratarlo para una plaza seria. Cuando uno piensa que un torero como Uceda Leal se ha quedado fuera de Sevilla, con mil veces más méritos contraídos aquí, y contempla al «toreador» Conde pegando «encogetás», «guiñás» y una amplia variedad de contracciones musculares que delatan a su corazón, cuestiona firmemente la justicia taurina. Pena de toro y pena de todo. La bronca se oyó en Benidorm, donde debería anunciarse en sesión continua para «guiris». El acapachado y atacado primero, con más kilos que cara y con más flequillo que casta, se dejó a media altura un par de derechazos que Javier Conde le trazó entre infinitos paseos.

Hablando en plata: la cuadrilla de Sebastián Castella es un diez. Si Curro Molina lo bordó con el capote en la brega del segundo, se salió con los palos en el quinto: le tocaron la música después de un par en el que los pitones le acariciaron los pómulos. Y el otro Molina del equipo, Juan Manuel, también brilló. Castella apostó por dejarse enteros sus toros en el caballo, y a lo peor pagó en tornillazos y cierta violencia del muy gordo penúltimo su apuesta. Pero cuando terminó de defenderse y se agotó el gasoil de genio se paró. La mano se le fue a los sótanos en un espantoso metisaca.

Castella había toreado con son al segundo con el capote de salida, a pies juntos principalmente. Justo fuerza el largo ejemplar de Torrealta, y Josele lo dosificó con perfección en el peto. El gallo de Francia se clavó por estatuarios impertérritos, pero el desenlace del nudo gordiano con la mano izquierda fue extraordinario. Después al toro le costaba un mundo repetir. Pedía sitio y Castella en principio se lo dio; mas en el momento de apretar el acelerador y ligar se veía el fondo endeble del domecq. La estocada, aun perdiendo la muleta en el embroque, remató la faena. Se vende y lo vende poco el francés, la alegría de la huerta al lado de Alejandro Talavante, que está entre místico, zen y aburrido. ¡Qué tristeza yendo a la cara del toro! Parece que se le ha caído una medalla. Y una vez en la cara del toro es una nebulosa. Horrible de telonazos con el chico y geniudo tercero, y no tan mal con el sexto, simplemente un coñazo.


La Razón. JUAN POSADA. Pura abulia torera en La Maestranza

Los toros de Torrealta ofrecieron facilidades, quizá demasiadas, que no aprovecharon los toreros. Conde, con el mejor lote, no quiso ni verlos. Algún muletazo suelto, muchos gestos y poco más. Sebastián Castella no se pareció al torero aguerrido del pasado año. Sí estuvo animoso, pero sin la chispa que hacía vibrar al personal. Alejandro Talavante, más de lo mismo. Es otro torero. Se le ve incapaz de lograr interesar al público, siempre muy pendiente de él, pero que al final, sobre todo en el sexto toro, le pitaron por reiterativo y sin resolver nada de provecho. 

Javier Conde, al primero, posiblemente el mejor de la corrida, no lo entendió o no quiso. Lo cierto es que mucha preparación, más figuritas, un par de muletazos lánguidos que renovaron la ilusión y poco más. Se dejó ir un toro muy a propósito para su barroco estilo, ligero de armadura y de condición. 
Los lances de saludo al cuarto, muy arrebujados, rápidos, pero con bonito estilo. La gente, jubilosa, porque presagiaba una faena de las de este torero tan pintoresco. Se equivocaron. Los primeros y casi únicos derechazos, eléctrico, desacompasados y muy separados. Siguieron unos intentos diestros, mostrando en demasía el pico de la muleta y anticipando el petardo que se avecinaba. Lo demás, puro sainete que el público, ya cabreado, no consintió. 

Sebastián Castella lanceó con vulgaridad al segundo, mostrándose torpe en la lidia. Inició la faena con pases por alto, recordando otros tiempos, y pasó al natural sin demasiada personalidad. Tornó a la diestra y los pases resultaron rápidos, sin mando y fuera de cacho. Pretendió torear otra vez por naturales, con peor suerte, ya que el toro iba su aire. 
Con el quinto, más de lo mismo. Pero en esta ocasión el toro sólo tenía quince arrancadas francas que no supo aprovechar, ya que su toreo en línea por ambos pitones no llegó a los tendidos. Una floja actuación de este torero valiente, que tampoco dio emoción, como en otras ocasiones. 

Talavante, con el tercero, un toro brusco pero que embestía bien por el pitón izquierdo, no llegó a acoplarse. Cierto que en seguida se echó la muleta a la zurda, pero se la dejó prender en casi todas las ocasiones. La segunda tanda con la izquierda, vaciando los muletazos hacia fuera y también en una línea vulgar. 

Con el sexto, tardo y agotado, puso voluntad desde el principio y los derechazos iniciales tuvieron emoción. A partir de entonces, buena voluntad por su parte, pero sin lucimiento. Se dejó enganchar la muleta en casi todos los pases y el público, desilusionado a estas alturas, le amonestó cuando insistió una y otra vez en consumar un arrimón que aquí en Sevilla no gusta. 


PeriodistaDigital. JOSÉ ANTONIO DEL MORAL. Querer, no siempre es poder

En el ambiente pesó el reciente e imborrable recuerdo de la corrida de Victorino Martín. ¿No iba a pesar? Pesará y mucho en lo que resta de feria aunque ya empiezan algunos sevillanos a restar méritos en el intento baldío de que, al final, no se lleven el premio los ganaderos de Galapagar. Entre tanto nos negábamos a aceptar los argumentos de los enemigos de Victorino, corrió como la pólvora que en el reconocimiento habían sido rechazados varios toros de Torrealta y que no cesaron de venir camiones con varios ejemplares más que, a todas luces y en cuanto les vimos salir por los chiqueros, algunos no podían ser los elegidos en un principio con la aquiescencia de autoridades y veterinarios que, en Sevilla y desde hace un par de temporadas, también reconocen en el campo.

Sin embargo, la verdad es que saltaron toros para el éxito y aunque el disgusto de los ganaderos anunciados era patente, tampoco para ellos fue la cosa tan grave pese a la mala suerte que sus mejores toros tuvieron con los toreros. Javier Conde fue la imagen más doliente del quiero y no puedo con los dos toros de su lote. Conde quería torearlos, pero todas las células de su cuerpo se negaron huyendo despavoridas del encuentro antes incluso de que la mente del matador se lo ordenara. De tal modo, fue inevitable que el público se enfadara con el malagueño al darse cuenta de su disfrazada impotencia porque, tanto con el dulce primero como con el impetuoso y ciertamente imponentísimo cuarto - un toro de Bilbao -, Conde intentó teatralizar gestualmente algunos pasajes con el capote y con la muleta, pero nadie tragó. Y menos con el cuarto toro cuando miró al torero y Conde huyó del sitio donde estaba poniendo tierra de por medio a toda velocidad. En fin, que así está quien ha sido elegido para encabezar el cartel de la primera corrida que va a torear José Tomás en Madrid. Menudo contrincante.

Aunque los dos toros de Sebastián Castella no fueron los mejores pese a su ligeramente complicada bravuconería, tampoco vimos fino ni acertado al espada francés pese a las aparentes ganas que mostró, sobre todo con el capote. No sé. Algo falló. En mi opinión y, sobre todo, su innato sentido del temple porque el caso fue que, en sus dos faenas, se dejó enganchar demasiado la muleta y eso es muy mala señal. Sea como fuere y para colmo, los dos toros de su lote se rajaron antes de la cuenta y Sebastián también, de paso. Mató bien al segundo y fatal al quinto de un metisaca en la barriga que desagradó mucho al público e imagino que al propio torero, siempre tan exigente consigo mismo. Veremos qué declaraciones hace porque, si echara toda la culpa a sus toros, sería motivo de preocupación. Como le queda otra corrida, tiempo habrá entonces de opinar más definitivamente al respecto.

A Alejandro Talavante sigue dando pena verle. Es tan abismal la diferencia que hay entre el Talavante alicaído, desdibujado y fantasmal de este año con el de sus fantásticas aunque esporádicas tardes de los dos años pasados, que cada vez que le vemos, tenemos que frotarnos los ojos para cerciorarnos de que éste es aquél. Y es que lo parece en cuerpo, pero no en alma. Eso, alma, ilusión, alegría de ser y de vivir es lo que parece desaparecer a chorros en este hombre tan desconcertante que ayer volvió a las andadas con su peor primer toro y no tanto con el mejor sexto aunque, lo que bien empezó, terminó finalmente y de nuevo como un ser derrotado antemano por la pasividad de su actitud y por lo infructuosa de su aptitud, mientras los sevillanos que solo ven toros en La Maestranza no podían creer lo que estaban viendo. No, no es Talavante. Sí y en persona. En efecto. Pero no es ni su sombra.


El Desmarque. ÁLVARO ACEVEDO.   Vuelta a la "normalidad" 

Las emociones que trajeron los “victorinos” se disiparon aceleradamente con la corrida de Torrealta, que no tuvo raza ni clase, ni suerte con los toreros que se enfrentaron a ella. Porque el toreo es cosa de dos, y lo que le falta al toro lo tiene que poner el torero, si es capaz. Pero como Javier Conde no es capaz desde tiempos inmemoriables, como Castella estuvo espeso y presionado, y como Talavante anda en horas bajas, el espectáculo lo tuvo que salvar ese fuera de serie con capote y banderillas llamado Curro Molina, y el puyazo de arte, toreando a caballo y lanzando el palo de ese picador de nombre José Doblado. Ellos se llevaron las grandes ovaciones de una tarde que se olvidará pronto.

Porque lo bueno de las malas tardes es que se olvidan pronto porque apenas se habla de ellas. Aunque lo de Javier Conde, desde luego, es para comentarlo. Su indolencia ante un toro ideal para artistas como el primero, noble y suave, fue incomprensible, y su incapacidad manifiesta frente a otro enemigo con más temperamento, rayana en lo estrambótico. Nada nuevo en esta excelente persona cuyos días en las grandes ferias están contados si sigue por ese camino, que parece que sí. La empresa, única responsable de su contratación atendiendo a favores familiares (a Javier lo apodera el sobrino de Canorea) debió actuar con más pudor y respeto. Respeto al público y respeto a algún torero que se ha quedado fuera de la feria inmerecidamente. 

Al margen de la triste anécdota del malagueño, hay que apuntar ciertas cosas en cuanto a Sebastián Castella. El francés (que se ha dejado melenita) estuvo valentón y afanoso ante dos toros similares, porque ambos tuvieron cierta movilidad, desarrollaron genio, pegaron cabezazos y acabaron aburridos. El ligado toreo de Sebastián tampoco divirtió mucho, porque fue de trazo muy corto, escasa limpieza y ningún mensaje. El caso es que pegó muchos pases y no pasó nada, en gran parte por culpa de sus enemigos, y posiblemente también por causa de la escasa lucidez del torero. Habrá más días.

Menos opciones le quedan ya a Alejandro Talavante, que no levanta cabeza. Puede ser por eso de la dinámica negativa, pero el extremeño se llevó el peor lote. No valió nada el áspero tercero y menos todavía el blandengue y descastado sexto. Alejandro lo intentó con empeño y quietud pero conectó poco con el público, porque cuando no le sale el toreo que tiene en la cabeza, su frialdad de cuello es exasperante. En fin, que entre unos y otros recuperaron la tediosa normalidad de casi todos los días. Ojalá mañana cambie el cuento. 


Diario de Sevilla. Barquerito. Trapío, cuajo y entrega de un importante 'torrealta' 

No se esperaba en una corrida de Torrealta la sorpresa de dos toros de tanto volumen como cuarto y quinto. En una corrida de y para Sevilla. Torrealta es una ganadería que respira por varias líneas bien fijadas y todas pueden dar volumen de sobra. 

Volumen no es sinónimo de trapío, pero ese cuarto de la tarde, número 46, Remendón, 580 kilos, dio las dos cosas a la vez. Si hubiera que ponerlas en orden o medirlas, todavía más trapío que caja, cuerpo, culata o cara. Un toro de casi seiscientos kilos con mucho trapío es una cosa muy seria. Y si, además de tener peso y trapío, el toro se mueve, arrea y repite, la cosa se pone más seria todavía. 

No es fácil encajarse con tanta masa en movimiento. Ni poder con ella. La viveza del toro en la salida y su manera de tomar el capote dejaron a las primeras de cambio que, efectivamente, iba la cosa en serio. La alegría en toros de esos tamaños tiende a dislocarse. ¿Qué pasa luego? Pasa que el toro parece tomar la plaza y hacerse el dueño. O parecerlo. 

No hubo tal. Por un lado, porque el toro salió tan aguerrido como noble. Y, luego, porque Javier Conde no fue para nada un torero desarbolado. Ni siquiera sorprendido. Ni batido ni abrumado. En tarde de renuncio sin disimulos pero de no perder los papeles tampoco.

La temporada taurina, como bien se sabe, se divide, como las competiciones de velocidad, por circuitos y por cilindrajes. En el circuito y el cilindraje donde mejor sabe Conde moverse, a sus anchas, e incluso cautivar, no están ni se esperan toros del cuajo y la potencia de ese cuarto torrealta y de conducta tan jandilla. 

A la manera clásica de la mejor ley del encaste Jandilla refundado por la sabiduría ganadera de Borja Domecq. No hay este año corrida de Jandilla en el abono de Sevilla y es una lástima. Algún aire lejano de Jandilla tendrá seguramente alguno de los toros de El Ventorrillo anunciados para esta tarde. 

Si alguien siente la pena de no ver en la Maestranza una corrida de Jandilla, servirá de consuelo la exhibición de ese cuarto torrealta, notable por muchas cosas. Entre ellas, la entrega. Sabemos bien qué quiere decirse cuando se dice que un toro se entrega. Cuesta, con todo, definir con propiedad la entrega. Del toro que se da sin entregarse decimos que se deja. Son cada vez más los espectadores que se dan con un canto en los dientes cuando una corrida se deja.

En el segundo circuito de la temporada abundan los toros digamos dejosos, que no dejados. Y todos tan contentos cuando eso pasa. Pero la entrega es un atributo de bravura. Dejarse, no tanto. Dejarse se dejó otro toro de buena nota de esta corrida de Torrealta de desiguales volúmenes y probablemente sacada de seis ramas distintas. El primero de todos, amplio y ancho, acapachado y lustroso, castaño lombardo, de rubio flequillo que parecía peinado por un mayoral. Caprichos de los toros. El 42. 

Un toro Templado de nombre. ¡Y qué atinado bautizo! Porque, además de dejarse, tuvo temple en las embestidas ese toro. El temple es atributo de bravura, como dejó escrito y explicado don Álvaro Domecq. Entre un toro que sin más se deja y otro que se deja pero embiste con temple hay una diferencia no sutil sino abismal.


Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas

 

 

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