Saludaron: J.J. Rueda "El Ruso" y José Andrés Gonzalo, de la cuadrilla de "El Capea", tras banderillear al 3º de la tarde.
Presidente: Antonio
Pulido.
Tiempo: soleado, con rachas de viento.
Entrada: dos tercios.
Crónicas de la prensa: ABC,
El País, El Mundo, Diario
de Sevilla, La Razón, PeriodistaDigital.
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PUERTA
DE ARRASTRE
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Por Santiago
Sánchez Traver
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La Feria sigue de decepción en decepción. Para los aficionados, claro. Y de fracaso en fracaso, para los ganaderos. Los dos primeros fueron inválidos. Que digo yo que como hay paraolimpiadas, también debía haber paracorridas. Eso sí, sin ventaja, toreando desde silla de ruedas, como juegan al baloncesto. Los otros, sin casta. El sobrero del Conde, sin embargo, era para hacer una faena importante por el pitón izquierdo, es lo que tienen esos toros que salen huyendo. El Tejela de otros tiempos tal vez lo hubiera aprovechado más. Antonio Barrera es todo voluntad pero se le resiste la suerte. Y el Niño del Capea puso lo que tiene, que no es mucho. Pegó un petardo la cuadrilla de Tejela y triunfó El Ruso, el banderillero de Capea. Yo sabía lo de la ensaladilla rusa, los mantecados de la estepa rusa y los filetes rusos. Ahora, también un banderillero “ruso”.
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LO
MEJOR Y LO PEOR
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Por Carlos
Javier Trejo
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Lo mejor de la tarde fue la estocada de Antonio Barrera al cuarto de la tarde, se entregó totalmente en un espadazo superior, lástima que el toro no rodara. Antes lo había intentado sin suerte ante un manso que lo había puesto en apuros al recibirlo en el tercio intentando una larga cambiada. Tras unos doblones poderosos la faena parecía que iba a tomar vuelo, pero el toro se rajó pronto, cabeceaba y tiraba tornillazos. Destacar un buen pase de pecho de pitón a rabo enroscándoselo en la cintura. Del resto salvaríamos algún natural suelto de Matías Tejela y el toro 3º de la tarde, que es el único que ha ofrecido claras posibilidades.
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No sabemos qué pasa en Sevilla pero no existe corrida alguna del campo charro que termine de romper. No sabemos si es por las tempranas fechas de la feria, cuando aun hace frío en Salamanca…el caso es que año tras año se repite la misma historia. Petardo de corrida la de "Vadefresno", mansa y deslucida a más no poder. Y año tras año también, y van tres (si no me falla la memoria), nos encontramos con un torero charro, "El Capea" que si no fuese por el apellido no habría tenido todas las oportunidades que estamos presenciando. Sorteó el astado de mejor juego al que enjaretó unas series que no pasaron de vulgares, sin intentar nunca sacar al toro de sus querencias, toreándolo por tanto donde al burel se le antojó. Al menos fue breve con la espada. Matías Tejela debería haber sido más conciente de su única oportunidad en el abono y haber expuesto más con su lote.
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LOS
PROTAGONISTAS
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Antonio Barrera
El sevillano señalaba la falta de juego que han dado sus dos oponentes en la tarde de ayer. “He visto al cuarto siempre metiéndose por dentro desarrollando mucho sentido durante toda la faena. Cuando le he podido se ha rajado y cuando le sacaba la muleta por arriba, se comportaba como un perro pegando bocados”. Barrera continuaba analizando su actuación valorando su actitud. “Ante estos toros tan deslucidos sólo he podido tener mucha disposición y tragarles para poder sacar algo. Los dos de mi lote no han tenido nada de dulzura, ni han colaborado en nada, solamente se ha salvado de la quema ganadera el tercero que al menos se ha arrancado veinte veces”. Para finalizar señaló que “Al menos la gente ha visto que me he volcado en la estocada y lo he matado en todo lo alto”. |
Matías
Tejela
Las primeras declaraciones del madrileño eran de desilusión por el juego de los toros en general. “Nos hemos estrellado los tres compañeros con esta corrida de Valdefresno”. Así de contundente se mostraba Matías Tejela al término del festejo.” Pensaba que podía embestir algún toro de los de mi lote, pero es cierto que toda la parroquia ha visto que no lo han hecho”. Tejela también tuvo palabras para el sobrero que salio en segundo lugar perteneciente al Conde de la Maza. ”Ese toro ha tenido mucha guasa porque ha sido muy complicado, pero de todas formas se ha movido y me ha hecho pasar un mal rato porque en cualquier momento podía echarme mano. Del quinto mejor no decir nada”. Apostilló el diestro.
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Pedro Gutiérrez El Capea
El hijo del maestro Capea se expresaba de la siguiente forma sobre su paso por la Real Maestranza.”El tercero de la aburrida tarde ha sido el único que se ha movido algo, pero la realidad es que ha durado muy poco, sólo doce pases y poco más. Le he sacado muletazos con los que me he gustado, pero siempre abrigado en la raya del tercio porque si le pegaba un tirón para afuera se me iba a tablas”. Continuó comentando que “Al menos la disposición que he mostrado ha sido apreciada por todos los aficionados. También se ha comprobado el buen momento que estoy atravesando con la espada y a los dos les he metido bien la mano”. Cerró sus afirmaciones con “Me he justificado con el sexto mucho tiempo para no sacar nada, pero el público tiene derecho a exigir porque abona una entrada de mucho coste. Un esfuerzo en vano pero satisfecho por, al menos, haberlo intentado con ahínco”.
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Crónicas
de la prensa
El
Mundo. CARLOS
CRIVELL. Entre los mansos, dos toros de triunfo
En la maraña de medio moruchos enviados por Nicolás Fraile a esta corrida, hubo un toro bueno, perdido entre mansos y
descastados, que saltó al ruedo en tercer lugar y mereció mejor suerte que encantarse con El Capea en la Maestranza. Se podrían abarrotar los titulares contando las maldades del encierro –pésimo en conjunto –, pero es lamentable que un toro bueno se marche con las orejas y sin un solo pase decente.
El hijo del Niño de la Capea es un joven encantador, forjado en la ganadería paterna y con el oficio aprendido para andarles a los toros con alguna suficiencia. Esta condición no es bastante para ir por las ferias y no es un pasaporte para anunciarse en Sevilla.
Ese tercer toro –de vastas hechuras pero en el tipo del encaste Atanasio – tomó dos varas con fijeza y llegó a la muleta con buen recorrido por el pitón derecho. Tenía quince pases para el triunfo. El Capea se los dio, con la muleta baja, con cierta velocidad y la cabeza doblada. No fue suficiente, el toro perdió fuelle y la faena se quedó en el limbo.
Con el sexto todo fue diferente. Ya se había inundado el ruedo sevillano de mansos sin casta; el toro huyó de todos, incluido El Capea.
El segundo fue del Conde de la Maza. Tejela, torero venido a menos, tuvo que pechar con este astado. Venía a una de Valdefresno y se las tuvo que ver con uno del Conde. El toro fue un engañabobos. Sembró el pánico en la cuadrilla; parece mentira que toreros tan curtidos anden tan mal en el ruedo. Era toro de pitón izquierdo. Nada fácil, pero vibrante. Era un toro para un torero en edad de merecer. Tejela se arrugó, le escondió la muleta,
perdió pasos entre los muletazos, en definitiva, que no lo toreó. Aparentó un enorme esfuerzo, pero toro de cara o cruz.
La fiesta es dura, el triunfo se paga bien, a nadie le regalan nada, algunos toros tienen en sus pitones el pasaporte a la gloria, pero a nadie le obligan a vestirse luces. Ahora bien, enfundado en un terno torero y en la Maestranza, los héroes –el torero es un héroe – se deben jugar el físico. Es así de grande y de cruel, de forma que quien no se la juegue no puede seguir en los carteles. Tejela se quedó detrás de la orilla con un toro que tenía arrancadas por el lado zurdo. Sólo así se explica que este espada con tan buen corte tenga pocos contratos.
De esta corrida, aburrida y cansada, hay aspectos que deben resaltarse. El primero no tenía el mínimo imprescindible para tener el honor de morir en Sevilla. Además, era un inválido. Ya al segundo no hubo forma de mantenerlo en la plaza. El tercero fue el bueno. Los más bonitos de hechuras, quinto y sexto, fueron dos mansos descastados.
La suerte negra de Antonio Barrera volvió ponerse en primer plano. Sorteó el inválido primero y un toro muy bonito en cuarto lugar. Antonio, muy dispuesto, pudo dar algunos pases sobre la derecha, pero se dejó enganchar la franela y todo fue a menos. Un año más a Barrera se le escapa Sevilla.
El festejo fue un soponcio. No se hicieron apenas quites –y en todo caso las consabidas y vulgares chicuelinas –, aunque Barrera se quiso lucir por gaoneras. De las cuadrillas se habla en otro apartado. Qué mal estuvieron los de plata. La Fiesta bien realizada es maravillosa. Cuando todo sale al revés y las suertes se hacen sin estilo, esta Fiesta se gana a pulso muchos de sus propios males.
No fue sólo pésima la corrida de Valdefresno, también los toreros son culpables del fiasco.
PeriodistaDigital.
JOSÉ ANTONIO DEL MORAL. Señor
Canorea: Y el año que viene, ¿otra vez?
Decíamos ayer que si la empresa de la plaza de Sevilla les hubiera dado mejor oportunidad a Luís Vilches y a Fernando Cruz que la que afrontaron valiente y hasta desesperadamente con la horrible corrida de Cuadri, seguro que hubieran dado la talla y triunfado. Poco tiempo ha faltado para darnos la razón. Porque si tanto uno como otro hubieran tenido la ocasión de lidiar y torear al tercero, al cuarto y, sobre todo, al sexto toro de Valdefresno, ahora mismo estaríamos celebrando los primeros triunfos de la feria. Y fíjense los lectores que no he mencionado a Ponce, ni a El Juli, ni a El Cid, ni a Manzanares, ni a Castella, ni a Perera. Estos quizá hubieran abierto la Puerta de Príncipe.
No crean que exagero aunque sí pueden creer que lo digo realmente indignado porque, señores, no hay derecho. No creo que la empresa pueda dar ninguna explicación convincente sobre por qué a unos toreros capaces pero sin un duro se les trata como mendigos terminales, y a otros que están ricos y vienen demostrando año tras año que lo del toreo no va con ellos, les miman como si fueran figuras consagradas.
El caso más sangrante es el de El Capea a quien hasta da vergüenza ajena seguir llamándole con el mismo apodo que el de su señor padre. Desde ahora, le llamaré siempre Pedro Gutiérrez y punto. Claro que, lo mejor sería no tener que escribir nunca más de él. Que es lo que sucedería si no fuera hijo de quien es. Porque, vamos a ver, ¿por qué, si no, continúan trayéndole - tres veces seguidas ya - a la feria más prestigiosa del mundo? Después de lo que pasó e hizo ayer con el mejor lote de la corrida de Valdefresno, solo me cabe hacer otra pregunta, la última para tal caso, a la empresa de la Real Plaza. Señor Canorea, y el año que viene, ¿le traerá usted otra vez?,¿Otra vez más, don Eduardo?
El modo con que sus picadores pegaron a sus dos toros, delató más la sinrazón. ¡Ni que fuera el mismísimo Curro Romero de sus últimos años¡. No fue extraño que, tras la sangría, el bravo y muy noble tercer toro durara menos de que hubiera durado de haberlo medido en el caballo. Como también y lo mismo al sexto, que hizo pelea de manso en su comportamiento inicial aunque luego tuvo más casta y acometividad que todos los demás y, claro, había mucho más que temer y que torear, por supuesto. Fue toro de los que llamamos de cortijo. Razón de más para censurar la manera con que Pedro Gutiérrez afrontó la situación. Sin el más mínimo decoro. Igual que ya había hecho en el tercero, no se cruzó nunca en los cites y muleteó siempre escondido detrás de la mata mientras el toro se comía materialmente el engaño que el pésimo diestro manejó a gran velocidad y sin la firmeza ni el mando debidos, hasta que el toro se rajó yéndose a tablas donde, por cierto, siguió embistiendo como el Atanasio de libro que fue.
En fin. Para qué seguir más con este desagradable asunto que, visto lo visto, no parece tener remedio aunque sea un escándalo que la afición de Sevilla de hace 30 0 40 años no toleraría de ninguna manera. Es más, muchos se hubieran levantado de sus asientos para expresar a voces su indignación. ¿O no? Los que apenas llevan 10 o quince años viendo toros en Sevilla, ni lo pueden imaginar. Pero así está ahora la Fiesta y así debemos de seguir su devenir si no queremos abandonarla porque lo que deseamos es estimularla diciendo, simple y sinceramente, la verdad.
En bastante menor medida censurable, porque se trata de un torero castigadísimo y, por lo tanto, mucho menos agraciado, decir que Antonio Barrera estuvo en un trís de cortar la oreja al cuarto toro de la tarde y se le escapó por torpe. Otro buen toro, que pese a no querer muleta por arriba, sí y mucho por abajo, tal y como demostró Barrera en su más que estimable faena sobre la mano derecha. Pero si en los pases de pecho ya vio – vimos, o al menos yo sí lo ví – que el toro no era igual por el lado izquierdo, ¿por qué te empeñaste, Antonio, luego al natural, desluciendo todo lo que habías logrado? Misterios de las mentes toreras obligadas a decidir acertadamente en décimas de segundo y en situación tan inapropiada para pensar sin agobios ni dudas de ninguna clase. Claro que, para eso, hay que ser muy valiente, muy valiente de verdad. Total, que cuando Barrera volvió al lado mejor, el toro ya se había espabilado y, menos mal que lo mató con decisión y a la primera. Menos mal.
Respecto a Matías Tejela, tres cosas. Primera, que echó todo lo que había que echarle con la muleta en la mano izquierda al rabioso torazo sobrero del Conde de la Maza después de desbordarle totalmente en el inicio por bajo y en tablas de su faena. Fue lo mejor, con mucho, de la corrida por ser tan capaz de sobreponerse en tamaña situación y más en el escenario donde estaba. Segunda, que no me explico por qué, Matías, no le echas tantos bemoles a toros bastante mejores que, como en Castellón y en Valencia, te han correspondido. ¿Por qué, Matías, con el pedazo de torero que todavía podías ser?... Y tercera, que deberías jubilar a tu cuadrilla de banderilleros después de pegar el petardo que pegaron en la brega del mansísimo quinto. Y nada más por hoy. A ver si esta tarde El Cid y los Victorinos nos devuelven a la gloria que en esta primera parte de la feria parece totalmente perdida.
El
País. ANTONIO
LORCA. El toreo, bajo mínimos
Que se sepa cuanto antes: el cartel era uno de los menos atractivos del abono sevillano y ha hecho honor a los peores presagios por culpa de los toros y de los toreros. Se podía esperar, por su reciente historia, que la corrida salmantina mostraría flaqueza y falta de casta. Quienes así pensaban se quedaron cortos. Fue una corrida insufrible, desigualmente presentada, mansa hasta la saciedad, de mala clase, descastada, con una embestida muy corta y malas ideas. ¿Y los toreros? Puede afirmarse que no es fácil estar peor. Antonio Barrera lleva casi nueve años intentando despegar y aún está a la espera; Matías Tejela es de una irregularidad desesperante, y aún quedarán algunos que se preguntarán qué meritos ha hecho El Capea para estar en Sevilla además de ser hijo de El Niño de la Capea.
La tarde fue de un sopor lacerante. Pero lo peor fue la falta de bravura y casta de los toros y la vulgaridad de los de luces. Lo primero puede justificar la ausencia de un triunfo grande, pero nunca la mediocridad. Se dieron pases a diestro y siniestro, pero no hubo toreo.
Barrera hizo como que toreaba a un lisiado primero, que era una birria, y recibió a su segundo de rodillas en el tercio para dibujar una larga cambiada, resbaló y por poco tiene un disgusto. Hubiera sido el colmo. En este cuarto consiguió una ligada tanda de derechazos que supo a muy poco. Tejela apuntó y disparó poco. Hizo un gran esfuerzo ante el dificultoso segundo y mantuvo una porfía baldía con el otro. Y El Capea se encontró con el lote más toreable, pero no toreó nada. Coge el capote como si fuera una alfombra y así es imposible. Con la muleta no dice nada de nada. Le falta ambición, seguridad y, quizá, además de condiciones, necesidad. A la Maestranza hay que venir -el que deba venir- en otro tono. El ganadero, por supuesto, que se quede en casa, y los toreros que se recluyan, hagan unos ejercicios espirituales y comprendan que así no llegarán a ninguna parte.
¡Qué sueño...!
ABC.
ZABALA DE LA
SERNA. Los toros también se desilusionan
A vista de pájaro, la Maestranza era a las nueve de la noche el bostezo deformado de una boca somnolienta y amarilla. Halitosis de mansedumbre y bravura podrida. «¿Valdefresno dijo usted o cartel de balde y saldo?» El personal amagaba con huir en el sexto, pero la guardia privada de la plaza lo sentaba de un gesto castrense para cumplir el Reglamento. «¡Que no se mueva nadie!». Pero los caballos de picar ahora le buscan a los mansos la querencia al revés, en el sentido de las agujas del reloj, y los alguaciles enmudecen. Y los toreros se quedan a la derecha de los jacos, y cada día la lidia se sumerge en la teoría del caos. A la cuadrilla de Matías Tejela, si hubiera una ley contra la falta de profesionalidad, habría que quitarle el carné. «Traigan acá sus permisos». Por maniobras menos violentas, la Guardia Civil de Tráfico pone multas y resta puntos. «La Codorniz» inventó una cárcel de papel; hágase aquí otro calabozo imaginario. «¡Luis Miguel Villalpando y Domingo Valencia!, al trullo de ABC». El sobrero cinqueño del Conde de la Maza veía venir a esos hombres derrotados y se hacía el rey. A los cinco años, y con sentido, cada pasada en falso y cada capotazo es una perversión. El presidente se apiadó y cambió el tercio. El toro era un toro, el padre de los cuatro primeros de «Valdefresco» -¿cómo se pueden aprobar semejantes birrias?-, y no fue fácil, pero tampoco malo. Había que ponerse en serio y de verdad, pues reponía con aspereza. Pero por el izquierdo la tomaba con largura. Tejela está para los perros. No pisa ni una vez terrenos de compromiso y todo su afán es pasarse los toros lejos. El manso quinto, también con presencia, se rajó y huía del capote de Villalpando: ¡como para no huir! Con matador y toro a la defensiva, empate a cero. ¿Y las faenas de aliño? A mejor vida pasaron.
El Capea tiró de oficio para andarle a un tercero sin cuello ni seriedad. No lo molestó y le mantuvo la ilusión, porque los toros también se desilusionan. Pedro Gutiérrez carece de estética, pero no del sentido del temple, y en tres series sobre la derecha corrió la mano, templando toro y temperatura ambiente. No duró el toro más y Capea, facilísimo con la espada, cubrió el expediente con una ovación. Otra estocada despachó al mansísimo sexto, pero esta vez el expediente fue X: de extraterrestre esa media verónica de rodillas.
Antonio Barrera sacudió tralla con el capote al flojo e impresentable primero, que pegó dos volatines en sus manos de fractura vertebral. Lo protestaron a conciencia y con razón: un petardo de toro.
Para no irse de vacío, Barrera apostó por una larga cambiada de rodillas muy cerrado en el tercio, de suicida: el toro se le frenó y se le fue al cuerpo. Él mismo se hizo el quite, mientras Tejela aparecía por allí sin capote en las manos. Las dobladas de principio de faena fueron lo mejor de un planteamiento enfibrado pero demasiado a la pala del pitón, demasiada muleta por fuera, demasiado todo. Ganas y voluntad para saludar, pero los toros, como los aficionados, también se desilusionan cuando se les trata mal. Lo cual no quita para que sea injusto que el matadero de Pepe Luis siga cerrado en esta aciaga semana para la bravura.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Mansada de Valdefresno y otra tarde de aburrimiento
Se lo han puesto en bandeja a Victorino Martín. Ninguna de las corridas lidiadas en el tramo torista ha roto. Únicamente la corrida de Palha, de juego desigual, fue encastada. Con estos mimbres y toreros desacertados o poco placeados hemos vivido un comienzo de abono en el que el aburrimiento, el bostezo y la desesperación se han ido alternando. La corrida de ayer de Valdefresno superó en mansedumbre a las lidiadas anteriormente. Era de esperar que por su encaste, Atanasio-Lisardo Sánchez, no se empleara en los dos primeros tercios. Pero es que la mansedumbre fue excesiva y general en todo el encierro, incluido el sobrero que saltó en segundo lugar, sustituyendo a un inválido. Una corrida de desiguales hechuras y en la que destacó en su juego el tercero, que sirvió para la muleta y no aprovechó del todo Pedro Gutiérrez El Capea.
Hay ganas de toros. Sevilla está de dulce en lo climatológico. De purísima y sin una nube, su cielo fue testigo de la infumable corrida que hizo séptima del abono. Aficionados y espectadores que tomaban asiento.
-A ver si es en ésta; se oía en los tendidos.
Pero no fue. Ya la cosa comenzó con mal pie cuando Marqués, al que deberían haber puesto de nombre Acróbata, dio un par de volteretas y anduvo desorientado en un tercio de varas que rayó la pantomima entre las protestas del público. Unas protestas comedidas, como suelen ser en la Maestranza. Bueno, alguno llegó a gritar aquello de "¡Sinvergüenza!" al presidente, que se mantuvo en sus trece y nos hizo tragar con una birria de toro con el que Barrera insistió en muletazo va y muletazo viene hasta que unas palmas de tango le hicieron entrar en la suerte suprema; por cierto, sin acierto.
Con Antonio Barrera vivimos un mal trago, un momento dramático cuando se echó de rodillas en el cuarto para una larga cambiada junto a tablas. El sevillano, que se vio cogido, se tiró a la arena y se hizo él mismo el quite haciendo la croqueta. El toro iba directo a quitarle la cabeza, pero afortunadamente desvió su atención al capote del torero, que volaba en ese momento a su diestra. Luego, un mozo, también oportunamente, lanzó su gorra de plato desde el callejón. Todo quedó en un susto enorme. Barrera se lució en unos doblones con la diestra, consiguió una tanda con entidad con esa mano y poco más. Por el pitón izquierdo no tragó el toro. Propinó una estocada de buena factura.
Matías Tejela mantuvo un pugilato con un sobrero, manso, de Conde de la Maza, sin que consiguiera domeñarlo. El toro reponía por el derecho una barbaridad y por el izquierdo el madrileño consiguió algunos muletazos sueltos de entidad. Sus banderilleros dieron un mitin, clavando varias veces las banderillas como las hacen: de una en una. El presidente fue de nuevo abroncado al cambiar el tercio. El astado tenía prendidas tres banderillas, cuando el reglamento exige un mínimo de cuatro.
Con el mansísimo quinto, que acabó más parado que un toro de Guisando, Tejela no tuvo opción alguna.
El Capea tuvo como primer oponente un manso con una veintena de arrancadas más que potables por el pitón derecho. En las tres tandas, correctas, no llegó a entusiasmar al personal. Le faltó ceñirse más en los pases. Por la izquierda sufrió un desarme y el toro acabó rajado. Arrimón y estocada para recoger una ovación.
El Capea persiguió por media plaza al huidizo sexto, que se desentendía de las telas y se quedaba debajo a mitad del pase. Acabaron en toriles. Punto final.
Los toros huyeron durante el espectáculo y el público, ante tal desaguisado, también huyó en el quinto. No había caído el sexto cuando se cumplían dos horas y media de un aburrimiento supino y la desbandada fue sensacional ¡Qué gran tarde de toros... mansos! ¡Qué inolvidable tarde...!
La Razón.
JUAN POSADA. El mérito silenciado de Matías Tejela
Matías Tejela realizó una faena al difícil sobrero de Conde de la Maza muy torera, valiente y con sentido común. La belleza, incluso la estética de su labor, no radicó en momentos estelares de filigrana. El mérito estuvo en la forma en la que, tranquilo y consciente del peligro, planteó el trasteo. El público tardó mucho en entrar en esa filosofía torera, hasta el punto de que al finalizar su labor no le dedicaron ni una palma. Por el contrario, sí aplaudieron faenas mediocres de sus compañeros ante toros muy potables, merecedores de más y mejor.
En el arte de torear hay que apreciar las condiciones, buenas o malas, de la res. No es lo mismo la faena redonda a un gran toro que una meritoria, arriesgada y sabia a una res con peligro, a la que había que hacerle la faena con mucho sentido del toreo.
Matías Tejela puede estar contento para su interior. Es posible que en el mercado taurino no tenga importancia, allí sólo cuentan las orejas y, en demasiadas ocasiones, el cuento. Por ello, cuando un diestro se juega la vida con tanta dignidad, es preciso y necesario subrayarlo para que al menos se enteren los buenos aficionados.
Los toros de Valdefresno estuvieron muy justitos de casta y de fuerza, pero tres de ellos se pudieron torear, ya que obedecieron a la muleta cuando el torero se la dejaba puesta. El tercero, el cuarto y el sexto merecieron mejor trato por parte de sus matadores: Barrera y El Capea.
Barrera pechó con el primero de la tarde, un inválido protestado al que el presidente no le dio la gana de rechazar. Era un cojitranco que tomaba bien la muleta, pero sin transmitir. Barrera logró varias tandas por la derecha, de buena factura, aunque sin eco en los tendidos.
Fue arrollado por el cuarto al intentar dar una larga arrodillada demasiado cerca del toro. Debió correr hacia atrás para darle más espacio y desahogo al lance. Los cuatro muletazos iniciales por bajo, bonitos pero innecesarios, puesto que el toro tampoco tenía demasiada energía. Siguieron varias tandas con la diestra sin cruzarse, por lo que al segundo muletazo el conjunto de toro y torero era muy antiestético. Cuando tomó la izquierda, ya el animal había terminado su dosis de bravura y se quedaba por debajo de los pases. Faena voluntariosa, pero sin más.
Después del pésimo tercio de banderillas al sobrero de Conde de la Maza nadie pensaba que habría faena. Los primeros muletazos de Tejela por bajo, bellos por el peligro que desarrollaba el animal al revolverse como un caballo. Tejela cogió la izquierda y tragó; el primero, destemplado pero vibrante; y el segundo, más templado con el toro hasta completarlo muy largo. A partir de entonces, el diestro, bastante cruzado y con la muleta adelantada, consumó tres tandas zurdas, bonitas y emocionantes. Los derechazos, imposibles, porque el toro no se dejaba.
Con el manso quinto lo intentó por ambos pitones sin lograr mayor lucimiento, pero se le vio torero y tranquilo.
El Capea, con el buen tercero, realizó un principio de faena con derechazos largos y bien rematados. No lo sacó fuera de la raya y el toro tardeó y lo que pudo ser una bonita labor se diluyó como un azucarillo en la vulgaridad. Con el manso pero de buena embestida sexto no acabó de cogerle el son y, aparte de codillear en exceso, perdió otra buena oportunidad para elevar su categoría.
Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas