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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del martes, 1º de abril de 2008
Corrida de toros

César Girón. Foto: Matito/TorosComunicación
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Cebada Gago (de distinta presentación, mansos y descastados, pitados en el arrastre. El mejor, el 6º).

Diestros:

  • Domingo López Cháves. De grosella y oro. Estocada trasera y muy caída, aviso, tres descabellos, aviso (silencio); meteysaca, pinchazo, medioa estocada (silencio).
  • Luis Vilches. De nazareno y oro. Pinchazo, pinchazo hondo atravesado (silencio); estocada desprendida, descabello (saludos desde el tercio).
  • César Girón. De azul pavo y oro. Dos pinchazos, estocada caída (silencio); dos pinchazos, descabello (silencio).

PresidenteGabriel Fernández Rey.

Tiempo: soleado, con algunas rachas de viento.

Entrada: dos tercios.

Crónicas de la prensa: ABC, El País, El Mundo, Diario de Sevilla, La Razón, PeriodistaDigital.

Luis Vilches se merece mejor suerte porque ha demostrado sobradamente su valía e hizo un esfuerzo de valor en el quinto. Foto: Matito/TorosComunicación

 

PUERTA DE ARRASTRE


Por Santiago Sánchez Traver


Siguen pasando las corridas toristas y nada cambia bajo el cielo de la Maestranza. Otra decepción y con otra ganadería andaluza, que nos duele más. Irreprochables los "cebaditas" de defensas, con las carnes magras, bien vareados. Dos de ellos de lámina, cada uno en su pelo, que lo hubo de todos los colores. Pero salvo el sexto, que se dejó, hubo poco que hacer. Rajados cuando no mansos. El primero se resistió de forma espectacular a morir y desarmó a todos los que había por allí. Casi suena el tercer aviso al salmantino López Chaves, al que no bastó su oficio en tarde complicada. Luis Vilches se merece mejor suerte porque ha demostrado sobradamente su valía e hizo un esfuerzo de valor en el quinto. César, el nieto de aquel que cortó dos rabos seguidos en esta plaza, torea poco, pero a punto estuvo de cortar oreja.

 

LO MEJOR  Y LO PEOR


Por Carlos Javier Trejo


Nuevamente nos hemos encontrado con una mansada de Cebada Gago, pero al menos, a diferencia de la tarde de ayer, hubo algún toro con posibilidades de lucimiento. Preciosa lámina la del 2º, aunque se quedó en eso. Los toreros de hoy necesitan como el que más el triunfo para poder solventar su carrera, si alguno merece una segunda oportunidad, ese es César Girón, aunque con matices, no acabó de redondearla faena del 6º, que metió bien la cara por el pitón derecho. De los subalternos únicamente destacar a Juan Sierra con el capote.


Con el buen sabor que había dejado López Chaves en sus últimas actuaciones en la Maestranza, en la tarde de hoy ha modificado sensiblemente su imagen. No ha pasado de vulgar y de pegapases. Ha tenido un lote con posibilidades de lucimiento. En ningún momento ha dejado la muleta en la cara a sus toros para intentar una mínima ligazón. Sus faenas no han terminado de coger vuelo, y a punto ha estado de que le echasen al corral el 1º de la tarde. No crean que la crítica a los toreros salva el honor de la corrida, en absoluto. Ésta manseó en todos los tercios, la tónica habitual de los Cebada.


López Chávez. Foto: Matito/TorosComunicación

 

LOS PROTAGONISTAS

Domingo López Cháves

El salmantino que abría cartel estaba con semblante serio al término del festejo de ayer. “A la corrida de Cebada le ha faltado mucha raza, pero no han sacado malas intenciones. Además no ha salido ninguno con clase de esos que se rebozan para realizar el buen toreo”. Chaves comentó su desilusión por no tener material para el triunfo. “La verdad que uno viene a la Feria de Abril con muchas esperanzas y con todas las ilusiones puestas en una tarde como la de hoy, pero la realidad es que las ilusiones se desvanecen y te vas de vacío con unos toros que no me han permitido dejar nada para el recuerdo. El primero de la corrida se ha movido pero con la mansedumbre que tenía dentro, y al cuarto no le he podido sacar ni un pase digno porque era un toro que no decía nada desde que salió al ruedo, ambos carecían de transmisión”.
Luis Vilches

El segundo espada de la terna, el utrerano Luis Vilches, comentaba la falta de juego de los toros que le han tocado en suerte. “El segundo de la tarde, primero de mi lote, era un manso sin fondo alguno y hasta que cantó pensé que aguantaría alguna tanda pero toda Sevilla ha visto que era imposible.” Vilches con respecto al segundo de su lote opinaba lo siguiente. “Con el quinto, he estado firme y sin dudar nunca, un toro que tenía mucho peligro sabiendo en todo momento lo que se dejaba detrás. Me la he jugado sin titubear, incluso en algunos compases me ha llegado a rozar con los pitones”. Vilches finalizó su intervención con palabras de agradecimiento a la afición de Sevilla. “Lo importante es que ese esfuerzo ha sido valorado por toda la plaza y sin llegar a triunfar me siento satisfecho por el reconocimiento de esta gran afición”.
César Girón

El matador más joven de la terna, también utrerano, César Girón se mostraba satisfecho pero contrariado a la vez ante las circunstancias desarrolladas en la corrida de Cebada Gago. “El único toro que medio se ha movido ha sido el sexto y con él me he venido arriba pensando que me iba a aguantar más de lo que lo ha hecho. Pienso que en todo momento le he sacado todo lo que el Cebada traía dentro, y la gente me ha respondido con entusiasmo”. Girón continuaba analizando su labor al toro que cerró plaza de la siguiente forma. “He basado mi faena sobre todo por el pitón derecho, que era por donde se desplazaba con más claridad, por el izquierdo me buscaba con descaro a mitad del muletazo. De todas formas, pienso que si le meto la espada a la primera en todo lo alto, la afición podría haber pedido la oreja, pero yo no he metido la mano en su sitio”. 

Realiza: 
Emilio Trigo

Crónicas de la prensa


Diario de Sevilla
. LUIS NIETO
Vilches, con garra en una mansada de Cebada Gago

Lejos del huracán de embestidas bravas, la corrida de Cebada Gago fue un muestrario de mansedumbre en distinto grado, con un único ejemplar que se dejó en la muleta, el sexto. Y además, fueron en su mayoría cebadas envenenados, cebadas con cianuro, que tuvieron que tragar una terna compuesta por Domingo López Chaves, voluntarioso, pero desacertado; Luis Vilches, muy firme e importante y César Girón, debutante y que no hizo diana con el único astado potable del encierro. Esa es la lectura de una corrida de ayer, en la Maestranza, con algo más de media entrada en tarde primaveral y de la que el público salió helado, como me imagino que saldrían los ganaderos gaditanos y quienes tuvieron que lidiarla. Pero vayamos por partes. 

El que abrió plaza, bien hecho, con dos pitones más astifinos que la mejor afilada navaja de Albacete, punteó de salida en el engaño y lanzó tornillazos por el pitón izquierdo. Suelto en varas, midió en banderillas mejor que el mejor sastre. Y luego, en la muleta, listo y mirón, no llegó a entregarse en los vuelos de la muleta de un López Chaves que no tuvo su día. El salmantino anduvo por momentos con las ideas nubladas y en otras ocasiones acertado, como cuando consiguió hilvanar una serie con ligazón cuando le tapó la cara con la muleta. El animal, tras recibir una estocada se fue a toriles a morir como el manso que apuntó a lo largo de su lidia. No se entiende las palmas de un grupo de espectadores. El torero, ayudado por una cuadrilla desacertada, estuvo a punto de escuchar los tres avisos. Sonaron dos mientras el cebada, dueño de la situación, se echaba en tablas y levantaba a su antojo, ante los fallos del matador con el verduguillo y de uno de sus banderilleros con la puntilla.

Domingo López Chaves se las vio con otro manso, que huía al sentir el hierro y esperó en banderillas. Un regalito al que el salmantino robó pases en una entonada tanda con la diestra. Con la izquierda, pases sueltos y mala sensación en la suerte suprema.

El segundo toro, un precioso cárdeno salpicado, con dos pitones amenazadores, que recibió una ovación de salida, se encampanó ¡Qué belleza! Pero fue todo fachada. En un simulacro del tercio de varas perdió las manos. De nada sirvieron las protestas del público. En banderillas estuvo a punto de ser cogido Manuel Contreras. Nadie estuvo al quite. El toro amaba más las tablas que el toro de la canción ama a la luna. Y aunque Vilches lo intentó sacar a las afueras, su pasión por la madera fue tal que el diestro tuvo que plantarle batalla en ese terreno con el consabido arrimón. En el comienzo de este acto, Vilches se había estirado con buen aire a la verónica.

Luis Vilches estuvo muy importante con el quinto toro, un ejemplar que recibió un puyazo en toriles y posteriormente un puyacito. El utrerano se la jugó insistentemente, aguantando tarascadas por el pitón izquierdo por el que el animal se revolvía rápido y tragó todavía más cuando el toro le buscaba por el pitón derecho.

El debutante César Girón estuvo a punto de ser cogido por el tercero en uno de los lances de salida. El toro, muy manso, huyó en varas como alma que lleva el diablo… ¡un cebada! En banderillas esperó con la cara alta. Girón estuvo voluntarioso. Con el recortado sexto, que manseó en los primeros tercios, el sevillano realizó una faena intermitente, con algunos buenos pasajes con la diestra, que hicieron despertar las ilusiones del público y sonar un hermoso pasodoble. Aquello fue como un sueño en el que también brilló en algún pase de pecho personal, como sucedió en su anterior toro. Cuando el torero citó con la izquierda, su oponente se quedó corto. Girón, que el año pasado toreó tan sólo cuatro corridas, se empeñó en corregir la colocación. Ya no hubo ligazón. Y lo peor, todo acabó con tres pinchazos y un descabello.

Cebada Gago, otra de las corridas más esperadas en este primer tramo de la feria dejó un mal sabor de boca y pasa al debe en el listado de ganaderías toristas que han fracasado sin paliativos.


La Razón. JUAN POSADA. Mansos con posibilidades 

Los toros de Cebada Gago no sacaron esa viveza de antaño, más bien lo contrario. Pero los hubo a los que buscándoles las vueltas, cruzándose y embebiéndoles en el engaño, respondieron no con muchos pases, pero sí los suficientes para armar un lío en una Maestranza deseosa de aclamar a un torero. 

Algunos, como el primero, manso en el caballo, al igual que el resto, se dejó hacer, aunque embestía a media altura pero con nobleza. El cuarto fue ideal para relajarse con él, situarse en la perpendicular y llevarlo muy toreado. El quinto, otro manso que se dejó, eso sí, sólo en doce o catorce ocasiones. El que cerró plaza, extraordinario por el pitón derecho y desaprovechado, como sus hermanos. 

Fue una corrida para lidiarla con sentido común y sacarle partido desde los primeros momentos. Los tres diestros adolecieron de abusar de las probaturas iniciales, restándole así el escaso caudal de embestidas francas que tenían. Cuando se está en La Maestranza y en feria hay que, aparte de pensar mucho y bien, arriesgar y torear lo mejor que se pueda. 

López Chaves no entendió las condiciones de su primero y, empeñado en torear en línea, se limitó a dar pases, muchos de ellos sin pies ni cabeza. Le echó valor, claro que sí, pero con eso sólo no se triunfa. 

Con el cuarto, muy suave para la muleta, utilizó en principio la táctica contraria, rapidez. Los derechazos le salieron desairados, ya que la muleta iba bastante más veloz que la templada arrancada del toro. Con la izquierda se puso fuera de cacho, además de enseñar el engaño muy retrasado. Volvió con la diestra y finalizó los muletazos hacia arriba, ¿por qué si el toro metía el morro con docilidad? Faena sin estructura y, en especial, poco sentida. Mal. 

Luis Vilches, con el manso y flojo segundo, se mostró porfión, aunque un tanto rígido en sus movimientos. El animal acusaba su tendencia a tablas y allí el torero logró arrebujarse con él sin más resultado que el agradecimiento a la voluntad. 

Permitió que el buen quinto le enganchara la muleta en demasiadas ocasiones. Fue consecuencia de esperar la acometida y no atraerla al dejarle el engaño en el hocico del animal, que poco a poco se «enteró» de ese defecto y comenzó a recular y a quedarse por abajo. Era una res que con las quince acometidas que tuvo hubiera resuelto la faena con éxito a cualquier torero que hubiese empleado un poco más los conocimientos de la tauromaquia. 

César Girón fue arrollado con peligro por el manso tercero, al que le dieron una lidia tediosa y contraproducente. Girón dejó que el animal fuera a su aire. Al sentirse libre, marchó hacia las tablas y allí el torero le instrumentó muchos pases aburridos. 

Con el sexto, bueno para el torero, no acabó de centrarse. Daba tres pases largos y acoplados y repetía con otros cortos y veloces. Por el pitón izquierdo estuvo valiente, puesto que se le quedó por debajo en dos ocasiones. Faena voluntariosa, pero por debajo de las condiciones del animal por el derecho. 


El País. ANTONIO LORCA.  ¡Qué difícil es ser torero!

Dificilísimo debe ser alcanzar la gloria del toreo. Se dice que es más fácil llegar a ser Papa. Después de ver lo de ayer, sin duda alguna. Porque ser torero es casi imposible. Sobre todo, con toros como los de Cebada Gago, complicadísimos, mansos, broncos, de pésima casta; y, para más inri, con una concepción moderna del toreo basada en el arte, el pellizco y la cursilería, a veces, que tanto se valora.

Es verdad que hoy se torea mejor que nunca; pero no es menos cierto que el toro actual, bondadoso, con cara de no haber roto un plato, justísimo de fuerza y de casta, permite unas confianzas que ya quisieran haber visto nuestros abuelos.

Y cuando salen toros como los de ayer que impiden el toreo de hoy, ¿quién puede triunfar? Vaya, pues, por delante el respeto y la admiración para quienes se juegan la vida de verdad ante alimañas como los cebadas, y casi nadie se lo reconoce. Respeto y admiración para López Chaves, que pasó un quinario; para Vilches, valentísimo ante el quinto, que estaba como loco por cogerlo, y, encima, seguro que alguien le recordará al torero que no cortó oreja en Sevilla; y honor también para el joven Girón, que superó con gallardía un cáliz tan amargo.

¡Qué mal rato pasó López Chaves a la hora de matar a su primero! Estar en plena Feria de Abril y que veas cómo se acerca amenazante la espada de Damocles del tercer aviso debe ser terrorífico. Además, todo sobrevino de manera sorprendente. Verán: después de una estocada excesivamente tendida y cuando el torero se disponía a utilizar el descabello, el toro cogió aire, dio un arreón cual tren de mercancías antiguo y se aculó en la puerta de chiqueros. Hasta allí lo persiguió la cuadrilla, pero el marrajo, de malas ideas, se dispuso a vender cara su muerte. Nuevo arreón, estampida de los toreros y suena el primer aviso. Había comenzado el quinario. El toro no humillaba, pasaba el tiempo, hasta cuatro intentos baldíos con el descabello, nuevos arreones y el segundo aviso. Comenzaba a masticarse el drama que puede suponer para un torero que le echen un toro al corral en esta plaza. Cuando se presagiaba lo peor, el toro se echó. Uffff...

Hubiera sido injusto, la verdad, porque López Chaves aprobó el examen ante un animal sin entrega y sin clase. Impuso su técnica y arrancó muletazos muy estimables. Después, llegaron los avisos y al pobre hombre no le llegaba la camisa al cuerpo. No era para menos, Pero si bien estuvo en éste, vulgar se mostró con el cuarto, de mejor condición. Misterios de la torería andante...

Vilches es torero de fondo artista y lo ponen delante de toros imposibles para ese toreo. Como tiene vergüenza, se juega la vida para que vean que sigue queriendo ser figura. Y una papeleta muy difícil le tocó a Girón, poco placeado. Le faltó, quizás, ambición en su primero, y trazó unos excelentes derechazos en el sexto.


El Mundo. CARLOS CRIVELLUna sucesión de despropósitos

Segundo día de corrida de toros duros, sobre el papel, y segundo día consecutivo de profunda decepción en la Maestranza. Con estas reses acaban llevando la razón quienes esgrimen que el toro bravo surge casi siempre de las ganaderías que se ahora mismo se consideran comerciales. 

Esta sexta del abono fue una sucesión de despropósitos desde el principio al final. No tiene sentido anunciar una corrida de Cebada Gago para ver un desfile de astados mansos, descastados, blandos y sin la mínima calidad necesaria. Si la de Cuadri obligaba a una reflexión, a la empresa y al ganadero, la de Cebada se ha ganado no volver a lidiar algunos años en la Feria. Las ganaderías no pueden tener impunidad en la Maestranza. El tratamiento debe ser similar al de los toreros. 

Es un despropósito que un torero como López Chaves, que se ha ganado el sello de matador poderoso y valiente, pase por la Maestranza con un aire cansino, vulgar pegapases sin calidad, hasta el punto de que al verlo se tiene la impresión que su fuelle se ha agotado, dicho con el debido respeto que se le debe a un espada tan aguerrido. El problema es que a este tipo de matadores no se les permite ni un desmayo. Dentro de la escasa calidad de la corrida de Cebada, el primero de la tarde exhibió más movilidad en el último tercio. El salmantino lo pasó de muleta de forma insistente, pero ni un solo pase tenía la mínima calidad. Se lo dijo uno del tendido: «Vamos a torear». Pues llevaba razón. En la hora de la muerte del toro, un espada tan curtido en las batallas más cruentas dio un mitin lamentable, lo mismo que su puntillero. 

Con el cuarto la imagen de López Chaves fue de cierta indolencia, perdido en mil pases corrientes. El toro, noble, con la carita alta, sin vivacidad, se los tragaba todos y allí no pasaba nada. 

Otro despropósito es que un torero tan bueno como Luis Vilches deba jugarse su carrera con dos toros tan miserables como los que le cayeron en mala suerte. Ese bellísimo segundo, aplaudido de salida, protestado por inválido, manso desesperante, fue un toro imposible para cualquier torero, pero mucho más para quien tiene como bastión fundamental de su tauromaquia la calidad y el buen gusto. Y como postre, el quinto, parado, reservón, buscando las taleguillas del utrerano, que, fuera de su estilo, se arrimó como un demonio buscando el triunfo imposible. Ahora no faltará quien le condene, puede que el año que viene ni toree en la Feria, pero es un enorme despropósito, porque los de Cebada que mató no eran toros de lidia, más bien desechos sin sangre brava. 

Y para remate, otro error inmenso en la corrida. César Girón es un infante torero, su recorrido es muy corto, así que anunciarlo en esta corrida era poco menos que condenarlo para siempre. Ha salido con vida torera de la tarde, pero desde el primer momento se comprobó que no era su corrida. Se podrá argumentar que su porvenir le obliga a sortear este tipo de bovinos para aspirar algún día a las tardes de lujo. César se tapó con el tercero y dibujó buenos derechazos con el sexto, el toro con más clase del penoso encierro jerezano. Su falta de experiencia fue clave, no dejó la muleta colocada, las tandas no fueron ligadas y con la zurda no enjaretó ninguno bueno. A pesar de todo, a este espada, nieto del mítico matador del mismo nombre, hay de darle continuidad para que pueda desarrollar su torería.



PeriodistaDigital.
JOSÉ ANTONIO DEL MORAL.
Prosigue el desastre torista: Petardo de Cebada

La segunda en la frente. Otra corrida más con fama de encastada que naufraga estrepitosamente. Aunque tres toros, primero, cuarto y, sobre todo, el sexto resultaron manejables en la muleta, el conjunto del envió fue una mansada de libro. Hasta hubo uno de banderillas negras, pero no se las pusieron, el tercero. Y un quinto criminal. Terciada y hasta magra de carnes salvo el más cuajado quinto, los “cebadas” apenas dieron opción de triunfar a los alternantes. Quizá Cesar Girón podría haber cortado la oreja del último si lo hubiera matado pronto y bien. Con el mansísimo que le cupo lidiar en su primer turno, el joven Girón quedó absolutamente inédito porque ni un pase le pudo dar. Domingo López Cháves anduvo con oficio y fácil con los dos de su lote quedando la cosa en tablas. Y Luís Vilches, infructuosamente empeñado con el inválido segundo, y a cara de perro, casi suicida, con el quinto al que mató muy bien siendo ovacionado con fuerza tras su derroche de valor.

Sevilla. Plaza de la Real Maestraza. 1 de abril de 2008. Quinta de feria. Tarde agradable con ligeras rachitas de viento durante la lidia del primer toro. Se corrieron seis de Cebada Gago, terciados, desigualmente armados, algunos de muy bonita lámina y varios de pelaje. Un lote para disecarlo y ponerlo en un museo de ciencias naturales, pero no aptos para la lidia actual. Mansos en distintos grados hasta rozar el límite como el tercero que debió ser castigado con las negras. Todos hicieron similares salidas, huyendo del primer capotazo y yendo luego a los montados para, inmediatamente, salir de naja hasta llegar esperando y persiguiendo en banderillas y apenas manejables cuando no imposibles para la muleta. Los que más se dejaron fueron el primero y el cuarto aunque sin ninguna clase ni humillar nunca, y, sobre todo, el sexto que metió bien la cara por el pitón derecho aunque por el otro también sacó peligro. Domingo López Cháves (violeta y oro): Estocada muy tendida seguida de varios intentos con el descabello y desafortunadas agresiones del puntillero que lo levantó varias veces hasta que, tras crear no pocas situaciones de peligro en sucesivos y sorpresivos arreones, dobló dando lugar a que sonaran dos avisos, silencio. Casi entera tendida, silencio. Luís Vilches (lirio y oro): Dos pinchazos, otro hondo tendido y descabello, silencio. Buena estocada y descabello, ovación. César Girón (añil y oro): Dos pinchazos y estocada tendida, silencio. Cuatro pinchazos y estocada, palmas de despedida.

Con lo que acabo de escribir en el titular, en la entradilla y en la ficha de resultados debería bastar para dar por liquidada esta crónica que me niego a prolongar por respeto a mis lectores. Bastante pasamos los que la presenciamos en directo y no puedo imaginar cómo les las habrá apañado el realizador de la retransmisión televisiva para dar el espectáculo entretenido y vistoso que, innegablemente, ofrece cada tarde el canal de pago que viene ofreciendo corrida tras corrida de varias grandes ferias desde que se hicieron cargo los profesionales de Canal Plus. A parte lo que digan los comentaristas, que esto es lo de menos en la proliferación de toreros retirados que en no pocas cadenas se han tirado a la arena de la crítica usurpando puestos de trabajo a los que nos dedicamos a estos menesteres – y no lo digo por mi, que conste, sino por los muchos jóvenes colegas que no tienen ni para pagar el alquiler de su vivienda - hay que felicitar y lo repito a quienes realizan técnicamente los programas porque, la verdad, sacar partido de festejos como los dos últimos que llevamos, es para quitarse e sombrero. 

También he de quitármelo ante los colegas de la prensa diaria que, para llegar a tiempo antes del cierre vespertino, tienen que improvisar sus correspondientes crónicas a toda prisa. Unos, como Juan Posada, dictándola toro a toro por teléfono. Y otros, como Javier Villán quien, por cierto se incorporó ayer a la feria con no poco mérito dado su estado físico tras la operación a que fue sometido durante el pasado invierno, dando rienda suelta a su inspirada pluma que fluye y no sé cómo sobre sus propias y maltrechas piernas. Tener que hacerlo sobre tardecitas como la dos que acabamos de sufrir, supone un mérito imponente. Yo lo tengo mucho más fácil porque me sobra tiempo y lugar para escribir en mi ordenador lo que me da la gana y hoy no la tengo de meterme en detalles sobre el tostonazo que nos deparó el encierro de Cebada. Sería insoportable para los que me siguen que, afortunadamente, son muchísimos en todo el mundo. 

Solo decir que, como nunca había visto a César Girón, del mismo nombre y apellido, artísticos ambos, de su inolvidable abuelo, la sin par gran figura que nos dio Venezuela, me apresuro a comentar que no esperaba ni por lo más remoto haberle descubierto con tan buen corte y concepto del toreo con la muleta, tal y como aconteció en su faena al sexto de la infructuosa tarde. Habrá que verle más. Como no tendríamos que soportar nunca más esta clase de corridas que no nos llevan a ningún lado sino a la desidia y hasta la desesperación que en Sevilla, por fortuna, nunca expresa su elegante y entendido público aunque nunca falten espectadores equivocados que, como ayer tras la lidia del primer toro, se levanten a aplaudirle en su arrastre. Y es que en todas partes cuecen habas y en La Maestranza cada vez que se lidian algunas ganaderías, a calderadas. 


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Una mansada de Cebada que ni para carne valía

César Girón fue un maremoto que arrasó desde su Venezuela natal. Un todoterreno que pisaba los patios de cuadrilla en los cincuenta repartiendo «cornás pa´tós» como desafío y salutación, y en el ruedo se fajaba a vida o muerte. Aquí en Sevilla montó la mundial allá por el 54, a ojo de mal memorialista, y cortó dos rabos. Dicen que en la calle dejaba chico al viejo Tigre de Guanajuato, el primigenio Silveti mexicano, en duelos tabernarios. Hispanoamérica tuvo en él una de sus figuras legendarias, y por supuesto el país de Chávez no volvió a contar con un tipo capaz de competir con la elite de España. Ayer su nieto debutaba en una Feria de Abril, colgando en los carteles mismo nombre y apellido: César Girón. Hijo del rejoneador Antonio Ignacio Vargas, ha optado por la rama materna del toreo a pie. Y debía maldecir, si a su abuelo se parece, el comportamiento de manso pregonao del cárdeno claro tercero, suelto y abanto desde que apareció por el portón de chiqueros. Descompuesto y volviendo grupas en cada lance de la lidia, buscó tablas entre arreones de cobarde este cebada que encarnó y representó lo que fue toda la corrida de Cebada Gago: una mansada de tomo y lomo que ni para carne valía, puesto que ni carnes tenía. Astifina y desbravada fueron sus rasgos; y si algunos en vez de portar el pabellón de ganadería torista, pertenecen a un hierro comercial (odioso término), o no pasa el reconocimiento o aún mañana le estamos dando palos a la falta de trapío.

Si hubo un clavo al que agarrarse, fue el sexto, estrecho de sienes y estrecho de todo. Pero noble y con recorrido por el pitón derecho, como demostró en capotes durante el tercio de banderillas. César Girón se orientó y corrió en largo y bien la mano en redondo, con la virtud de principio de dejar la muleta en la cara. Esa primera parte de la faena tuvo su ritmo, ligazón y composición. El error vino cuando cambió justo en lo que había sido el quid de la cuestión y empezó a quitarle el engaño de la cara. Ahí, o un poco antes, que el cebadita por el izquierdo se las traía, la cosa tomó otro cariz. Está muy nuevo Girón, y precisamente por eso necesitaba la oreja que por momentos tuvo en su mano y que acabó por perder con la espada.

El resto de la corrida fueron hijos de la vaca de Milka pero con diversidad de pelajes al morado. El público aplaudió de salida a un burraco, parece que por la pinta. Fue lo único que aplaudió: se desinfló a plomo, sin fuerza ninguna para más inri, y Luis Vilches, que había brindado a la galería, le puso pundonor cerca de tablas para justificarse y justificar el monterazo. Vilches se peleó luego en serio con un quinto que fue el más toro de todos. Y el más cabrón. Valentía y aplomo del torero de Utrera para arrimarse como un desesperado con los viajes tobilleros y esas puntas de quitar el hipo. Estuvo muy por encima y arrancó la única ovación en el tercio.

López Chaves entendió bien al cebada de su primer turno, sobre todo en la altura: no humillaba y le tapó mucho la cara y las tablas. Obedeció el toro y hubo momentos lucidos, que se evaporaron cuando el manso sintió el acero sin muerte y huyó como alma que el diablo persigue. Arreó, quitó capotes y se tapó con el descabello. Chaves rozó el tercer aviso. Lavado y sin remate ninguno, el cuarto respondió como novillote descastado. Van dos años de gloria de Cebada en Sevilla. Y el matadero de Pepe Luis cerrado.

 

Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas

 

 

 

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