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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del sábado, 29 de septiembre de 2007
Corrida de Toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Parladé
(de diferente presentación y distinto juego; 1º aplaudido en el
arrastre; 2º y 6º pitados).
Diestros:
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Julio Aparicio.
De burdeos y azabache. Ponchazo hondo, cinco descabellos (pitos); pinchazo hondo, pinchazo, media
estocada, dos descabellos (pitos).
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Manuel Jesús " El Cid".
De verde oliva y oro. Pinchazo hondo, tres descabellos (palmas); meteysaca, pinchazo hondo,
aviso (oreja).
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Salvador Vega.
De blanco y plata. Estocada desprendida, aviso, descabello (oreja); estocada tendida (saludos
desde el tercio).
Saludaron: “Alcalareño” tras banderillear al 2º de la tarde y, “Boni” y Julio López tras banderillear el 5º, todos de la cuadrilla de “El Cid”.
Presidente: María
Isabel Moreno.
Tiempo: soleado con algunas rachitas de viento.
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa:
ABC,
El País, SevillaToro, La Razón,
Metro, SevillaTaurina.
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PUERTA
DE ARRASTRE
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Por Santiago
Sánchez Traver
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Feria de San Miguel, o así. La empresa estaba feliz porque el lleno salvó la devolución. Los toros de Parladé son españolísimos, de encaste centenario, pero nacen y se crían en Portugal. Y sirvieron más de lo que pareció. En especial los dos de Julito Aparicio. El Cid aprovechó uno y se le apagó el otro, pero sigue con su cartel en alza. Tenemos “campeador” para la temporada que viene. Es lo contrario que Julito. El se hizo torero en el valle del Terror, no lo cuidaron entre algodones. Salvador Vega, torero fino y malagueño, tiene la
virtud de, siendo artista, sacar de donde hay casi nada. La presidenta estuvo bondadosa, pero también hay muchos presidentes masculinos blandos, que conste. Y Julito, que pronto cumplirá los cuarenta, sigue siendo Julito. Es lo mismo que Paquirrín, que estará viajando con los del Inserso y seguirá siendo Paquirrín. |
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LO
MEJOR Y LO PEOR
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Por Carlos
Javier Trejo
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La mejor impresión de la tarde es ver los tendidos repletos en esta primera tarde de una Feria de San Miguel que dista mucho de la originariamente concebida debido a las sustituciones. La corrida de “Parladé ofreció espectáculo, hubo dos toros, 1º y 5º, ovacionados en el arrastre. “El Cid” está toreando últimamente con el capote de manera sensacional, lo demostró en sus dos toros, las verónicas con la pierna genuflexa del 5º fueron extraordinarias. El 1º de su lote duró poco, le ofreció la muleta con suma perfección, cruzado y dejándosela siempre puesta, con una pulcritud y una suavidad que denotan el dulce momento que atraviesa el de Salteras. Duró poco el toro. En el 5º cuajó tandas por el pitón derecho soberbias, de cinco y seis muletazos y el de pecho, por abajo, obligando al toro, que embestía y repetía de manera encastada y con una excelente transmisión. Por el izquierdo tenía un peligro sordo que le impidió el lucimiento. Le cortó la oreja. Salvado Vega anduvo queriendo en todo momento, participando en quites, muy consciente de que debía aprovechar su oportunidad. No tuvo suerte en su lote, y cortó la oreja del 3º a base de exposición, entrega, tragándole parones y aprovechando los últimos viajes de manera perfecta para que la faena se viniera arriba. |
Poco duró en la Maestranza la ilusión por el regreso de Julio Aparicio. Ya el detalle al recibir al que abrió plaza pegando dos lances y rematando sin querer continuar hasta los medios, nos hizo presagiar lo que iba a suceder después. Masacró literalmente a sus oponentes en el caballo, aun así se desplazaron con nobleza y no fue capaz de confiarse en ningún momento. En el 4º se vio que la situación le sobrepasaba, incluso en algunos momentos le vimos fatigado y muy bajo de forma física. De la corrida, sólo destacar en lo negativo el lote de Salvador Vega, soso y parado, que ofreció pocas posibilidades de lucimiento. Dar un toque de atención a la música, estamos de acuerdo que los pares de banderilla de “Alcalareño” fuero buenos, pero la música, en Sevilla, debería estar reservada para cosas extraordinarias. El parón de la música en la faena de “El Cid” en el 5º de la tarde tampoco estaba muy justificado, había probado el pitón izquierdo, con limpieza, aunque el lucimiento no alcanzara las cotas del
derecho… aun quedaba faena. Tampoco entendí la negativa de la presidenta a negar el cambio de tercio a Salvador Vega en el 6º, cuando el toro había tomado dos puyazos, tal y como manda el reglamento.
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Crónicas de la Prensa
El
País. ANTONIO
LORCA. La Maestranza, bajo mínimos. Se concedieron dos orejas de verbena, y el pañuelo blando lo sacó una presidenta demasiado inexperta. Un público que lo jalea todo y benévolo en extremo, ovacionó con fuerza a los picadores de El Cid por no picar a sus toros. La empresa, por su parte, contrató a un señor, Julio Aparicio, que demostró que no está para vestirse de luces; y hasta la música, contagiada por la imperante modernidad, tocó jubilosa mientras Salvador Vega desgranaba insulsos pases despegados al tercero de la tarde.
Al final, junto a los toros inválidos y nobles de Parladé, que ensombrecieron los escasos momentos de color, todo quedó en una tarde para el olvido, esa papelera en la que felizmente desaparecen las tristes realidades que nos toca vivir.
Cuando la muy impropia presidenta concedió la muy injusta oreja a Vega, se habían producido ya algunas fechorías.
Por ejemplo, el mejor toro de la tarde le tocó en primer lugar a Aparicio, un torero frágil, medroso, inseguro y desconfiado, que no merece la suerte de torear en la feria de San Miguel. Pero así de injusta es esta profesión. Castigó con mucha severidad al toro en el caballo, al que el animal empujó en dos varas con codicia y entrega, Llegó a la muleta con nobleza y recorrido, pero Aparicio lo toreó siempre al hilo del pitón, fuera de cacho y mal colocado. Desaprovechó el torero la oportunidad y el buen toro. Su pobre imagen se desdibujó aún más en el cuarto, de menos calidad, pero toreable al fin y al cabo. Aparicio se descompuso, se mostró desfigurado y desconfiado, y su labor acabó en un mitin.
No se le puede negar a El Cid su madurez y su torería. Anda por la plaza como un auténtico maestro. No permitió que picaran a sus toros, pero el primero llegó agotado al tercio final, y el torero apuró las pocas fuerzas mostrando el pico de la muleta. Mejoró sensiblemente en el quinto, más codicioso, y el público pareció volverse loco mientras muleteaba con celeridad y escaso reposo. Hubo fases de altura, pero no mereció la oreja que la fácil presidenta le concedió.
Y Salvador Vega triunfó sin comerlo ni beberlo. Es torero elegante, pero está a años luz de aquel joven que ilusionó hace tiempo a los buenos aficionados. Torea muy despegado, parece preocuparle más la postura aflamencada que la profundidad y torea siempre hacia fuera y no hacia dentro, que es como debe ser. Su toreo en ambos nobles toros fue de escasísimo peso.
SevillaToro. CARLOS
CRIVELL. Dos orejas se cortaron en la primera de San Miguel y ambas fueron producto de la generosidad del público maestrante, que primero se la otorgó al joven Vega por una labor de escaso fuste, para luego hacer lo mismo con El Cid por una faena más rotunda, aunque la oreja también fue producto de esa furia de trofeos que se ha apoderado de la plazas de toros.
La plaza sevillana estaba preciosa. Se habla mucho del Domingo de Resurrección, pero en otoño es más hermosa. Se dice que Sevilla es más seria en septiembre, pero todo ha cambiado. Ahora la seriedad apenas existe. Se canta lo trivial y se ha perdido el fino sentido torero que adornó de siempre a esta afición. Algo queda, como esa forma de entender que un toro ha merecido otro torero, caso del que abrió plaza, o para aplaudir con fuerzas a un banderillero como ocurrió con Alcalareño cuando se asomó al balcón en el segundo.
La oreja de El Cid en el quinto tuvo algún fundamento. El de Salteras toreó de forma admirable con el capote a sus dos toros. La verónica limpia y templada, ganando terreno hacia el centro, surgió del percal del torero. Ese quinto tenía dos pitones de impresión, fue alegre en los primeros tercios y se fue de largo cuando Manuel Jesús lo citó con la derecha. Así logró ligar tres tandas con temple y mando. El toreo en su mayor expresión de pureza con remates de pecho obligados de verdad. La plaza era un clamor, pero el tono bajó con la izquierda. El toro se quedó más corto y rebañó al final de cada pase. No pudo rematar su buena faena, como tampoco la espada entró con rotundidad. La oreja, justa de méritos, llegó a sus manos por simple comparación con la que había cortado Vega en el tercero. Al margen de ello, El Cid se mostró torero, decidido y con un sitio privilegiado ahora que la temporada se acaba.
Con el segundo, un toro descastado y con la cara alta, El Cid logró algunos naturales meritorios. Ayudó el diestro al toro, no le obligó nunca, pero no quiso el animal mucha pelea. Se frustró todo lucimiento para el saltereño.
Salvador Vega tropezó con un toro manso en primer lugar. El toro, noble y con poca raza, le permitió realizar una labor voluntariosa, siempre citando fuera de cacho y pasándose el toro a considerable distancia. El final de la faena fue más vistoso, más cerca de los pitones y con una buena dosis de pinturería. A pesar de una estocada defectuosa y un descabello, paseó una oreja que tampoco parecía pedida por mayoría. La presidencia, muy blanda, se la regaló. A veces es mejor una vuelta de clamor que una oreja sin justificación.
Con el sexto tenía la posibilidad de rematar la tarde. El toro, noble y soso, merecía algo más. Vega volvió a situarse mal en la cara del animal y se lo pasó muy lejos. El traje blanco y plata se lo puede poner sin lavarlo. Cuando se intenta volver a los buenos carteles hay que exponer mucho más. Así de dura es esta profesión.
Abría cartel Julio Aparicio. Sorteó de salida el toro ideal para un veterano sin la debida condición física. El picador intentó matarlo en varas, pero el de Parladé tenía casta. Julio se conformó con tres líneas de buen corte, pero no se puso de verdad para armarle un lío gordo. La plaza se percató de la clase del animal, que aún con dos puyazos terroríficos embistió de dulce. Tan bueno fue que algún pase de Julio tuvo empaque y donaire.
El cuarto fue muy soso. Aparicio lo masacró de nuevo en varas. Es una pena que dos picadores tan buenos como Vicente González y Juan Francisco Peña salgan a matar los toros. Fue sosito y Aparicio lo mató de mala manera tras andarle mucho por la cara. Mala imagen la ofrecida por el torero, tanto en lo físico como en lo artístico. Para estar de esta forma no merece la pena vestirse de luces. Al final, dos orejas y poco toreo del bueno. Sevilla se ha vuelto muy generosa en otoño.
ABC.
ZABALA DE LA
SERNA. Dos orejas sin paladear de Parladé.
Boni Aldaya, que es seguidor de pro de El Cid, le prometió a la Virgen de Begoña que si su torero salía ileso de la victorinada de Bilbao peregrinaría en moto desde San Sebastián hasta Sevilla por San Miguel. Y aquí estaba Boni, con su casco, su Harley, su chica de paquete y el cuerpo hecho trizas para cumplir su promesa. Regresaba El Cid a su tierra con las murallas conquistadas de Vista Alegre, el cinturón de hierro como blasón de campeón del mundo de los pesos pesados de los Altos Hornos, como único superviviente de un cartel desmoronado de bajas. Pero el lleno lo sostuvo con sus nuevos compañeros, Julito Aparicio y Salvador Vega.
La corrida de Parladé y él quedaban en pie del cartel originario. Y fueron precisamente los toros de Juan Pedro Domecq noble material para que los toreros triunfasen, aunque fueran triunfos sin paladear o sin paladar.
El Cid sorteó un bravo quinto de más pitones que caja, de ligeras carnes y alegre embestida. Manuel Jesús Cid, genuflexo, lo lanceó con estilo de buen capotero y se lo dejó entero y crudo, al punto menos. Luego, el motor del juampedro de Parladé impuso su ritmo y sus repeticiones en una faena de encaje diestro. Derechazos muy largos en tandas más bien cortas, pero firmes en la proposición de ligar los viajes humillados y rápidos. Dos de pecho por serie libraban las ovaciones. Por la izquierda no era igual pitón, así que el remate fue por donde más y mejor embistió «Alimaña», de nombre opuesto a la condición de su ser. Murió de pinchazo y media estocada de lento efecto. La oreja cayó como las hojas caen en Otoño. Se saboreó poco el premio. Como la faena.
Un amigo me preguntó por la mañana qué otros cuatro hitos de la temporada, además de la gesta de El Cid en Bilbao, quería yo indicar subliminalmente en la previa de ayer. Fácil respuesta: los que te tocan el corazón. La tarde de Beneficencia de Morante, la faena de El Juli en San Isidro, la reaparición de José Tomás en Barcelona y la despedida de César Rincón en la misma Ciudad Condal.
La cosa no se redondeó ayer para el torero de Salteras porque su guapo primero, muy chato y bien hecho, no humilló nunca y se apagó pronto a pesar de que El Cid se lo había dejado entero, que es virtud suya apostar por la viveza de los toros. En el son de este 2007, su capote evidenció su evolución a la verónica.
En el plano contrario se situó Julio Aparicio: ¡qué dos puyazos le endilgaron al que abrió plaza! Y qué pena, porque bueno era. Aparicio apuntó cosas, simplemente las apuntó. Era un examen para apuntalar lo que en plazas de tono menor había reivindicado, su juventud, la de aquel rubio príncipe que se perdió una mañana en el templo del toreo de la Maestranza... Mal lo miró el cuarto, que no fue toro de comerse a nadie pero tampoco de triunfar. Y el examen quedó visto.
Salvador Vega pelea por salir del pozo del olvido, y ayer tuvo ocasión de hacerlo. Si la oreja que le cortó al liviano tercero le vale para reclamar la atención, bienvenida sea. Porque estuvo firme con un toro de desigual fijeza, muy despatarrado sobre una mano derecha de trazo encajado y valiente en el consentimiento de las dudas. El acucharado y grandón sexto, chorreado, colorao con un chorro de embestidas moldeables a derechas, se arrastró completo. Vega volvió a matar en esa mancomunidad de propietarios que es el rincón de Ordóñez.
SevillaTaurina. MANUEL
VIERA. Dos orejas de poco peso.
El Cid toreó con brillantez y especial firmeza con la diestra al buen toro quinto. Vega aportó fuerza y carácter en la faena al manso sexto. Y Aparicio, a la postre, anduvo con escasa voluntad ensoñadora en una tarde que no fue la suya.
Manuel Jesús El Cid es uno de los más puros intérpretes del toreo de izquierda. Su zurda revela a un torero sincero y emotivo, maestro en sus clásicas formas y excelente representante del natural. Sin embargo, no consiguió hilvanar el pase zurdo profundo y emocionante trazado al parado y soso primer toro de la tarde. Intentos vanos, en un trasteo sólo de izquierdas, por alcanzar ligar los inmensos naturales de muleta adelantada, mano baja, largo recorrido y perfecto remate. Hubo atisbo de toreo diestro cuando el descastado animal se negó a andar. Tras pinchar y descabellar escuchó algunas palmas.
Pero el sevillano de Salteras construyó una muy bien acabada, intensa y emocionante faena con la diestra al buen toro quinto. El portentoso oficio de Jesús le permitió torear a placer en las primeras tandas a derecha. Los muletazos resultaron excelentes, trazado con cadente ritmo, con elegancia y empaque, y con la rúbrica del colosal pase de pecho.
El Cid está que se sale. De un lado el virtuosismo y la verdad que demuestra en su toreo, del otro la perfecta técnica apoyada sobre la sentida intención de sus clásicas formas. Fueron los muletazos diestros un deleite para la gente que jaleaba la amable y complaciente conjunción de pases a derecha. Fue lo mejor de una faena que bajó en calidad en el epílogo, pese a algún que otro buen natural suelto antes de pinchar dos veces y sonar el aviso. A El Cid, que también se lució en los genuflexos y lentos lances de capa, le pidieron la oreja que la amable presidenta concedió.
En la faena de Salvador Vega al tercer toro, manso, rajado y buscando siempre las tablas, mezcló las chispas preciosistas de los adornos con la profundidad de un toreo diestro para admirar y disfrutar pese a la escasa ligazón y la aparente falta de continuidad del trasteo. Fueron momentos donde tomó especial protagonismo en la tarde el toreo en redondo. Hubo ajuste en el trazo, y una despaciosidad en el recorrido que llamó la atención. Vega toreó con gusto y mesura, con suficiencia, muy por encima de las escasas calidades del toro, y sobre todo con enorme valor. Pese al espadazo caído y el descabello le pidieron la oreja, que con buena carga de benevolencia la presidencia concedió.
Al noble y descastado sexto lo toreó de capa muy despacio y con gusto, al igual que con la muleta, pero sin la necesaria comunicación con los tendidos. Los sueltos muletazos trazados con ambas manos carecieron de emotividad. Tras la estocada le despidieron con una ovación.
No se lo puso fácil el cuarto a Julio Aparicio, un toro de embestida desviada y recorrido irregular al que le pegaron en varas sin piedad. Se hacía imprescindible cierto valor y sitio para tolerar y asimilar las complicaciones del astado de Parladé, y no actuar, por tanto, con las deformaciones técnicas de sus triviales formas. Le pitaron con razón. Igual lo hicieron tras finiquitar de media estocada y un sin fin de descabellos al primero, un toro muy noble, un poco tardo, aunque con calidad en sus embestidas. Aparicio dejó escasos detalles de un toreo soñado pero no ejecutado, encontrándose muy a gusto en lo accesorio y sin fuelle en lo fundamental.
La Razón.
PACO MORENO. Gran tarde de El Cid y Salvador Vega.
Feria de San Miguel un tanto rara por los cambios de toreros que hubo de solventar la empresa Pagés, pero que apenas afectaron a las taquillas, bien porque se acertó en dichas sustituciones o también porque había ganas de toros en Sevilla. El caso es que se llenó la plaza y comenzó bien este miniciclo de septiembre.
Julio Aparicio anduvo correcto en el manejo del capote ante el primero. Su faena no acabó de levantar el vuelo, tuvo momentos de brillantez, más en los recortes artísticos que en el toreo fundamental. Este toro tuvo nobleza y se entregó aunque le faltó algo de fuerza y transmisión, pero se dejó hacer.
Menos le gustó el cuarto, tanto que permitió un fuerte castigo en varas y que mermó a este astado. No se confió el torero, sobre todo después de un parón. A partir de ahí todo fueron probaturas, por lo que arreciaron las protestas. Ayer, Aparicio desplegó muy pocas de las posibilidades de torero artista que posee.
El Cid dejó buenas verónicas ante el segundo, que fue bien picado en varas y al que realizaron un excelente tercio de banderillas Alcalareño en los palos y El Boni en la brega. Con la muleta destacaron las dos primeras tandas sobre la izquierda, corriendo la mano y provocando a la perdida embestida el toro, que tendía a distraerse. Este animal se apagó pronto y no le permitió al de Salteras alcanzar mayores logros.
Sí que lo logró y a un nivel extraordinario ante el quinto, al que toreó bien con el capote y al que realizó una gran faena sobre todo con la diestra a base de firmeza y mucho temple. Este animal tuvo unas encastadas embestidas, por lo que la labor de El Cid tuvo mayor transmisión y de no ser por un pinchazo previo y que se amorcillara el toro le hubiese cortado las dos orejas. Una lástima.
Salvador Vega cumplió con el capote y construyó una faena de gran mérito, ante un toro falto de raza, que no se entregó y que le costó embestir. Rentabilizó el diestro el poco juego del toro para hilvanar tandas de muletazos muy estimables, algunos soportando medias embestidas y ayudando al animal a rematarlas. Mejor sobre la derecha. Hasta conseguir el premio deseado.
Muy dispuesto también ante el sexto de la tarde, un animal soso de embestida y que apenas transmitía en el viaje. Salvador Vega demostró que está en buen momento y dejó muletazos estimables, aunque no pudiera redondear su labor. Remató bien con la espada.
Metro.
IGNACIO DE
COSSÍO. Las rebajas de otoño.
Julio Aparicio llegaba a la Maestranza con aires de grandeza del Escorial y salió por la puerta de atrás. A muy poco supieron las escasas verónicas templadas y los intermitentes muletazos en redondo llenos de empaque que recetó en el toro de recibo. Muy pronto manda descuartizar a su lote en el caballo y nos regala dos espantás sonoras. Con el acero llega el mitin y atesora cuatro pinchazos y seis descabellos. Desaprovechó el sevillano una oportunidad de oro para revalorizar su toreo.
Manuel Jesús El Cid y su cuadrilla hicieron lo mejor de la tarde. Con el primero no hubo muchas opciones, destacamos el tercer par del Alcalareño saltando la música por los aires y algún natural notable en un toro sin clase ni fuerza. En el quinto ante un gran toro el mejor de la corrida de nombre “Alimaña”, nos ofreció un excelente juego con el capote reseñando dos medias de cartel y un recital en redondo midiendo con mucho embrague y no poco freno tres series de cinco muletazos seguidos. El no va más, como el par de El Boni, que estuvo simplemente magistral. Falló con la espada un premio mayor o ciertamente mejor merecido.
Salvador Vega sumó puntos en el primero e hizo tablas en el sexto. Firme y decidido toreó al flojo tercero que tuvo atemorizado a toda su cuadrilla. Una buena y compacta serie en redondo muy ligada y otra más entregada valen por si solas su incorporación en el abono abrileño. En el sexto no se confía no liga, no se arrima y se le marcha el toro aburrido. Al final Vega con el traje inmaculado y El Cid con su desafortunada espada dejaron en evidencia al palco presidencial animoso en calentar una feria, arrasada por las rebajas de otoño.
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