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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del viernes, 27 de abril de 2007
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de El Ventorrillo
(desiguales, descastados, justos de fuerza y mansos, pitados en el
arrastre. Excepto el 5º, bueno).
Diestros:
- Cesar Jiménez.
De negro y oro. Estocada, tres descabellos (silencio); pinchazo sin soltar, pinchazo
que escupe, estocada (silencio).
- Matías Tejela.
De grana, azabache y oro viejo. Estocada tendida (silencio); pinchazo, estocada desprendida (saludos
desde el tercio).
- Miguel Ángel Perera.
De azul y oro. Estocada caída (saludos desde el tercio); estocada tendida
(silencio).
Incidencias: Perera sufrió importante revolcón en el 6º.
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PUERTA
DE ARRASTRE
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Por Santiago
Sánchez Traver
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Yo conozco lo del Ventorrillo Canario, junto a la Itálica de Adriano, donde ponen carne con mojo picón. Y también el Ventorrillo del Chato, donde se come mucho mejor. Pero éste de los toros debe ser otro Ventorrillo. En el Ventorrillo Canario tocó el gordo de Navidad. Pero con éste Ventorrillo no tuvieron suerte los toreros de hoy. En especial, el extremeño Perera que ha tenido cuatro malos toros en una Feria a la que venía con ilusión y fuerza. Tiene clase y valor para ganar los trofeos otro año. El único bueno fue el quinto, como siempre. Y eso que ahora ya no hay razones objetivas para que se cumpla el dicho, como cuando no había sorteo. Pero Matías Tejela –no es el que era- lo aprovechó a medias y perdió la orejita con la espada. Este y César Jiménez tendrán que preocuparse de los que vienen empujando que puede que los arrollen. Mismamente, como el tranvía que viene.
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Las imágenes del festejo
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LO
MEJOR Y LO PEOR
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Por Carlos
Javier Trejo
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En tardes tan ayunas de contenido como hoy, quiero destacar la labor de un torero de plata, en este caso, un tercero, de la cuadrilla de César Jiménez, Jesús Arruga, torero maño que nos tiene acostumbrado año tras año a brillar con luz propia mientras sus compañeros pasan de puntillas. No sólo banderilleó bien a sus dos toros, sino que realizó un quite providencial a Álvaro Montes en el 6º, y al propio Miguel Ángel Perera cuando le arrollaba el manso corrido en último lugar. Excelente comienzo de faena de Perera en el 1º de su lote, con el que tragó lo suyo cuando el toro se apagó. Lo mejores muletazos de la tarde los dio Matías Tejela, al mejor toro de la corrida, un trasteo que no acabó de redondear, y que malogró al precipitarse entrando a matar sin estar ni siquiera cuadrado el toro.
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Cuando los toros no envisten de manera convencional, hay que saber sobreponerse a las circunstancias. César Jiménez ha estado francamente mal en su 1º, un astado que iba y venía sin transmisión y con una sosedad manifiesta, pero con el que ha estado fácil, sin darle importancia, sin atacarse, casi sin despeinarse. Los pases se sucedían, hasta más de 30, una y otra serie y ni una sola palma, razón de sobra convincente para poner remedio, enfadarse e intentar llagar a los tendidos. Jiménez esta tarde ha pegado lo pases más rápidos de la Feria. Perera se ha encontrado con
el 6º, un manso de solemnidad que ha sembrado el caos y la confusión tanto en el caballo como en banderillas. Metido en chiqueros allá se fue Miguel Ángel a torearlo de forma convencional, el toro huía, pero en la querencia se tragaba algunos. He visto cortar orejas a toros de similares características, e incluso peores.
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LOS
PROTAGONISTAS
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Cesar Jiménez
El primer espada del cartel tenía claro que sus dos toros no han servido para nada. César Jiménez valoró su lote de imposible:”con mis dos toros no tenía ninguna posibilidad de triunfo en la tarde de hoy”. Jiménez también resaltaba el comportamiento tan extraño que han tenido los toros en toda la tarde:”todos se han vencido mucho por dentro, con el capote de salida sus reacciones han sido muy frías, desplazadas hacía afuera y muy desrrazados”. César terminó comentando que la mansedumbre ha predominado en la corrida:”han desarrollado sentido con descaro, midiendo, mirando al torero y queriéndose rajar en todo momento, es lo natural una mansada”. Apuntilló el madrileño. |
Matías Tejela
No se encontraba demasiado satisfecho el otro madrileño de la terna. Matías Tejela explicó que al menos un toro de los seis se medio dejó algo:” el quinto ha sido el toro más potable de la corrida del Ventorrillo sin ser un astado fácil. Tuvo complicaciones durante la lidia pero después del caballo, le observé algunas opciones por eso lo brindé al público”. Tejela analizó la corrida en general: “con el capote han salido muy parados, haciendo guiños sin embestir por derecho. Es una pena venir a Sevilla y que te salga este material, con tantas esperanzas depositadas en la Maestranza”. Matías Tejela se lamentó del mal manejo de la espada con su segundo:” creo que si meto la espada en su sitio, me hubiesen dado la oreja. Pero últimamente en Sevilla siempre me pasa igual en mi segundo toro del lote, le hago una buena faena por naturales y después lo pincho arriba. Espero romper esa racha”. |
Miguel Ángel Perera
El extremeño Miguel Ángel Perera que cerraba cartel en la corrida del Ventorrillo, se mostró contrariado por las circunstancias de la tarde: “estoy jodido por no haberme embestido un toro con claridad, en este día tan importante para mi”. El enfado de Perera era palpable con unas declaraciones muy directas:”la paliza que me ha dado el toro es lo que menos duele, venir a Sevilla y que no te den opciones los toros duele más que una voltereta. Yo he venido a triunfar y me he estrellado con los dos toros que me han tocado en el lote, eso me duele más”. Miguel Ángel se refirió al manso que hizo sexto:” hay algunos mansos toman la muleta pero este, estaba cantado que no quería desde el principio con la querencia a chiqueros”.
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"Tejela vistió un horrible traje,
profusamente recargado de oro y que tenía aires de opereta"
Crónicas de la Prensa
El Mundo. CARLOS
CRIVELL. Perera se salva del naufragio de El Ventorrillo
De la borregada de Juan Pedro Domeq pasamos a la peligrosa y descastada de El Ventorrillo, una ganadería que tiene el mismo encaste. Para un aficionado a los toros es más interesante presenciar el juego de los toros de El Ventorrillo que las miserables embestidas moribundas del toro artista. Estos no han tenido nada de artistas. A sus lidiadores les han exigido capacidad, concentración y torería. Han sido toros carentes de casta, con algunos ejemplares mansos, pero con los que nos hubiera gustado ver a la terna fajarse de verdad.
El único que lo ha hecho ha sido Miguel Ángel Perera. En los casos de César Jiménez y Matías Tejela, su paso por Sevilla ha sido defraudante, aún entendiendo las dificultades de sus oponentes.
El toro de El Ventorrillo ha sido básicamente descastado. Junto a signos de masedumbre marcados, que en el sexto ya fueron definitivos, a la corrida le ha faltado clase para humillar, capacidad de entrega para llegar algo más lejos en sus embestidas y le ha sobrado el concierto de miradas pavorosas a los ternos de los toreros. En el caso de Tejela, es posible que los toros no hayan querido perderse el espectáculo de su terno, que podrá ser bonito, pero que es más adecuado para un corista de zarzuela y no es lo más atinado para torear en la Maestranza. Pero sea por lo que sea, ha sido una corrida que ha desparramado la vista. En el argot, el peligro sordo del encierro ha sido determinante.
Pero Jiménez y Tejela no se pueden escapar de rositas de este análisis. El primero tiene pocas disculpas con el que abrió plaza, que junto al quinto se ha salvado algo de naufragio torista. Los primeros toros son complicados. Jiménez ha toreado por la derecha con pases acelerados y citando fuera de cacho. El problema del toro era que derrotaba algo al final del muletazo. Después de tres tandas vulgares con la derecha, el intento de toreo al natural se frenó con un desarme absurdo. Todo pareció por debajo de las posibilidades del toro. Con el cuarto se le disculpa. Fue una bestia de toro en el más amplio sentido de la palabra. Le costó templarlo a Jiménez que apareció desfondado en la suerte suprema.
Al margen de su estrámbotico terno torero, Tejela tropezó con el mejor toro de la corrida. Si no fue capaz de cortarle la oreja a esta animal, mal asunto. De entrada, debió aprovechar antes el pitón izquierdo. Esa manía de torear por sistema con la diestra al comienzo tiene malas consecuencias. La faena tuvo momentos de buen toreo al natural, siempre en tandas cortas con un toro muy limitado de fuerzas. La mayor prueba de que la faena fue incompleta es que un simple pinchazo frenó la petición de oreja.
El primero de su lote no tenía calidad y recibió una lidia desastrosa. El toro fue malo sin reparos y Tejela apenas pudo limitarse a unos intentos sin posibilidades.
El único que se tapó de verdad en la corrida fue Perera. Tenía que justificarse el extremeño después de su primera tarde, que pasó sin el triunfo soñado. No tuvo suerte al tropezar con esta corrida de El Ventorrillo. El tercero fue muy cuidado en la lidia y ni por ello se corrigió su tendencia a frenarse. El comienzo con sus clásicas espaldinas fue fulgurante. Perera se puso en el sitio; el toro se fue a otra parte. El animal acabó desfondado con un torero muy seguro en las cercanías para demostrar su voluntad. La gente se lo
agradeció.
Todavía quedaba el número del sexto. El animal dio un volantín tremendo de salida. Tenía pocas fuerzas, pero su exagerada mansedumbre fue un claro obstáculo para lograr su devolución. El toro manso no se entrega. Se fue a las tablas cerca de la puerta de toriles y allí le plantó cara Miguel Ángel. Faena valiente con un error que le pudo costar caro. Le dio la espalda al manso y éste le cazó a traición. Si no pasó nada fue de milagro. El toro fue un marrajo y no merecia herir a un torero. Perera lo mató de una estocada y dejó su pabellón en buen lugar. No ha tenido mucha suerte en esta Feria, sobre todo en esta corrida toledana de El Ventorrillo.
Fue una corrida plana en tarde con buena entrada. Los abonados se quedaron en la Feria. Fue tan plana que apenas hay nada que destacar. La banda sólo amenizó la faena de Tejela y atacó tarde el pasodoble. Lo mejor es que duró poco tiempo. La gente salió defraudada del coso, aunque una corrida en Sevilla siempre sea un lujo.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Tejela no cuaja al único toro bueno y Perera se entrega
Cuando entramos en la recta final de una feria muy interesante en resultados artísticos, con llenazos diarios, el festejo de ayer fue como una tregua a la emoción. Poca, poquísima historia. La corrida de El Ventorrillo, bien presentada, adoleció de falta de casta y de bravura en su conjunto. Toros deslucidos, con un buen ejemplar que saltó en quinto lugar y que embistió bien por ambos pitones. Un astado que le tocó en suerte a Matías Tejela, quien tardó mucho en apostar. Después de varias probaturas, en un pase de pecho con la diestra, le tropezó el toro y perdió pie. Todo quedó en un susto. En los tercios, el torero madrileño consiguió una tanda al natural. Faltó ebullición. De nuevo la muleta en la izquierda y en esta ocasión hubo ligazón. Continuaba aquello sin hervir. Por fin, una serie notable y ligada, jugando la cintura y bajando la mano. Y luego otra, con menos intensidad y quedándose ya el toro corto. Con la derecha, en una loseta, dibujó buenos muletazos. Mató de pinchazo y estocada entera. Es difícil saber si el público hubiera pedido algún trofeo en caso de acertar con la espada a la primera. Pero lo que es cierto es que la faena no se respiró en tono alto. Dio la sensación de que el público vio más toro que torero. Y es que lo bueno de la faena, que no llegó a arrebatar, sucedió tarde. Así es que Tejela, que tuvo la oportunidad más clara del festejo, vio como volaba el triunfo en su única tarde en la feria abrileña en la que, por cierto, vistió un horrible traje, profusamente recargado de oro y que tenía aires de opereta.
Con su toro anterior, el segundo, que echó la cara arriba en banderillas y tuvo en jaque a su cuadrilla, Tejela no consiguió fruto alguno. La labor por ambos pitones fue en tono menor. El animal, áspero, no llegó a romper, a entregarse, intentando sorprender al torero, quien no pudo sacarle partido.
César Jiménez pasó sin nota. Como su paisano únicamente tenía una oportunidad. En el que abrió plaza, con un animal que se quedó corto, realizó una labor insulsa por ambos pitones. En las rayas, con la diestra, dio un par de muletazos con el compás abierto y desmayándose, que rememoraron a Joselito, quien se encontraba en el callejón. Jiménez aguantó una colada. En otra ocasión el toro le arrancó el engaño. No era un gran toro, pero César Jiménez aportó poco mordiente.
Con el incierto cuarto, abanto de salida, manso en el caballo y con genio en la muleta, César Jiménez estuvo porfión y cumplidor con la franela.
Por su parte, el que más partido sacó fue Miguel Ángel Perera, con el peor lote. El tercero, sin motor, tuvo el defecto de quedarse cortó por ambos pitones. El diestro apostó desde el inicio de la faena, aguantando de lejos para un par de falleros, ligados a muletazos templados. El torero no pudo bajar la mano. Corría el peligro de quedarse sin toro. Perera, a media altura, le sacó varias tandas. Pero aquello no tomaba vuelo. Entonces entró en corto y se ganó al público con un arrimón, con momentos muy aplaudidos y los muslos a escasos centímetros de los pitones.
Con el manso y peligroso, Perera vivió dos sustos. En el primero, Jesús Arruga le hizo un quite salvador cuando estaba a merced del toro. El segundo llegó en el epílogo de su esforzada labor, en un error suyo, en el que le perdió la cara al toro, que le persiguió y le dio un puntacito sin más consecuencias. El resto del trasteo fue un esfuerzo por parte del espada extremeño. Su banderillero Guillermo Barbero sufrió una lesión en un pie.
La historia, pobre historia, no quedara grabada para los aficionados. Dos ovaciones. Una para Matías Tejela, que debió conseguir más. Y otra a un Miguel Ángel Perera por su voluntad.
EFE. JUAN MIGUEL NÚÑEZ.
En 2008, pasillos en las gradas y 50 centímetros por asiento
Cada espectador en su asiento, sin molestar ni ser molestado. Porque muchos abonados prefirieron quedarse en la feria. Ocurre casi todos los años en viernes. Y al menos en lo que a comodidad se refiere es un alivio.Posiblemente el día anterior fue el penúltimo de la desfachatez de habilitar los pasillos como localidades de asiento. Porque la Junta de Andalucía, por fin, parece que se ha comprometido a acabar con este atropello y temeridad de la empresa y de la propiedad, La Maestranza.
Un riguroso informe técnico aconseja actuar cuanto antes en este tema, y no sólo en lo que se refiere a los pasillos que hay que dejar expeditos, si no también en adecuar las medidas de los asientos a la reglamentación vigente. Así, a ver si el año que viene cada localidad de La Maestranza mide 50 centímetros y no 45 o menos como hasta ahora.
Que sepan los maestrantes que con ahuecar el ala reivindicando el carácter histórico-monumental del recinto para que el Patrimonio Nacional no permita las obras pertinentes, están protegiendo una política empresarial de alto riesgo social. Y además, no se trata de quitar ni de poner nada. No hay que mover un sólo ladrillo. Que midan el espacio y lo repartan adecuadamente.
Si hay que vender cuarenta o doscientos billetes menos en taquilla, será en beneficio de la comodidad y, sobre todo, de la seguridad de los espectadores.
Toda esta historia viene al hilo de la falta de contenido en la tarde. Poco que contar de lo que ocurrió en el ruedo. Y como había que volver a la carga con lo de "los pasillos", pues ya está.La corrida, muy sería, con apabullante trapío en algunos toros. Pero detrás de esa fachada pudo sobre todo la mansedumbre en cuatro de ellos. Y los toreros, sobre todo los dos primeros, sin llegar a pegar un petardo, tampoco estuvieron a la altura de las circunstancias.
Por ejemplo, a César Jiménez se le vio demasiado acelerado en el que abrió plaza, al que toreó con cierta limpieza pero sin ningún reposo. Iban toro y torero cada uno por su lado. Le faltó engancharlo, someterlo y llevarlo. Porque el toro, hay que advertir, fue pronto y se desplazó largo aún sin humillar del todo.
El cuarto fue un astado incierto, frenándose debajo de los engaños. Y esta vez, el torero de Fuenlabrada se mostró lógicamente indeciso. Nunca había estado Jiménez tan mal.Tejela vino vestido con un terno de lo más raro, ¿oro viejo y azabache con exagerados remates en blanco sobre seda aterciopelada color rojo carruaje, que se decía antiguamente? Desde arriba parecía un traje de opereta.
Pues bien todo lo que llamó lo atención por su parte en la tarde fue eso. Desconfiado con el manso y desclasado segundo. Al quinto, uno de los pocos toros que "sirvió" en la tarde, con un notable pitón izquierdo, tardó mucho en verlo. Y al final lo toreó por ahí acelerado y con intermitencias.Perera cargó con el peor lote.
Infumables sus dos toros. Sin embargo, estuvo valiente y muy sincero en el que hizo tercero, metiéndose entre los pitones en busca de una faena imposible. En el sexto, por tratar de buscarle las vueltas a un manso peligroso que se hizo fuerte en la querencia, casi se lleve un disgusto gordo, pues salió por los aires al perderle la cara por un momento.
No pasó nada, menos mal.
La Razón.
JUAN POSADA.
Toros de regalo que encerraron peligro
Algunos aficionados y entendidos prefieren toros duros, a la antigua, con genio y peligrosidad. Lo malo es que cuando salen al ruedo, como ayer, también exigen que se los toree suave y templado, como a los buenos y nobles. En esta Feria se han cortado muchas orejas a reses que colaboraron, por lo menos al cincuenta por ciento, con los toreros. Ayer, ese mismo público que otros días se entusiasmaban con faenas preciosistas, contemplaron impávidos cómo los diestros exponían muy mucho sin apenas agradecérselo. Menos mal que reaccionaron, no lo que debieran, con la faena de Perera al tercero, en la que se jugó la vida sin trampa ni cartón. Hace años, los aficionados de entonces, le hubieran premiado al menos con la vuelta al ruedo. Tejela tardó mucho en encontrarle las bondades al quinto, el único potable, aunque consiguió algunos buenos muletazos, pero perdió una buena ocasión de afianzar su cartel. César Jiménez, envarado y circunspecto, no supo adaptarse a la fiereza y dificultades de sus enemigos: es decir, amoldarse a sus características y lidiarlos.
César Jiménez lanceó a pies juntos al primero, de mucho genio. Los muletazos iniciales por alto, no tuvieron eco en el público, un tanto frío. Tampoco la trinchera ni el pase de pecho. En el primer derechazo sufrió una colada y ya rectificó en los siguientes, adelantando la muleta. Le sucedió igual en el primer natural, por el mismo defecto. Prosiguió por ambos pitones, sin cruzarse y un tanto indolente. El público se dio cuenta de que el toro, al no estar dominado, mandaba en la situación. Pretendió torear en la línea recta creyendo que el animal era bonacible pero resultó que tenía genio y algo de nervio. No se encontró.
Con el cuarto, que desarrolló peligro, inició la faena muy confiado, rodilla en tierra, y sufrió una colada peligrosa. Los primeros derechazos, de tragantón. El toro lo veía y se cernía a su cuerpo. Rectificó la posición y más cruzado, y con el engaño adelantado, consiguió algunos derechazos aunque el toro embestía descompuesto. El torero, muy valiente, continuó con la derecha, más cruzado aún y atacando al toro para poder con él. Terminó con algunos naturales, siempre muy dispuestos ante la pasividad del personal, que no concedió mérito a su labor. Tejela, con el segundo, que tuvo más genio que bravura, y que trajo de cabeza a la cuadrilla en banderillas, realizó una faena valiente en la que aguantó arrancadas duras por el pitón derecho aunque sin templanza, lo que no era posible. En los naturales, aguantó las cortas embestidas del toro, que desarrolló sentido y genio. La faena, presenciada con indiferencia por el público, tuvo peligro porque el animal reponía mucho por ambos pitones. Lo mató bien.
Con el quinto, bravo y con transmisión, realizó una faena de menos a más en la que destacaron un par de tandas con la izquierda, muleta adelantada y bien cruzado; ahí respondió La Maestranza. Prosiguió con la derecha para finalizar en la misma posición, situado al pitón contrario, el engaño ante el hocico y los muletazos, muy ligados.
Antes, aunque puso valor y voluntad, no le salieron tan bien los pases porque no acabó de cruzarse con un toro que repetía las acometidas y exigía que lo torearan, es decir, que le dejaran el trapo ante la cara. En conjunto, la faena fue más que aceptable y de haber matado a la primera es posible que le hubieran concedido un trofeo. Perera, desde el principio, se la jugó con el tercero. Los primeros lances, con mucho aguante, dando un paso adelante y rematando muy bien. En el centro del ruedo, dos pases cambiados por la espalda y el de pecho. Dos tandas con la derecha, en las que aguantó impertérrito las miradas y las vacilaciones del animal. Con la izquierda, a pesar de que el toro se quedaba muy corto, expuso mucho y logró algunos muletazos muy ceñidos. Volvió con la derecha; porfió, exponiendo una barbaridad: valor de verdad. Faena seria, asentada, siempre en el centro del ruedo sin ceder un ápice.
Con el manso sexto, lo intentó por todo los medios incluso sacándolo fuera, pero al segundo derechazo el burel volvió a tablas. Allí, reincidió en los derechazos, siempre jugándose el pellejo ya que el toro no tenía fijeza y reaccionaba inopinadamente. Le perdió la cara, craso eror, en una ocasión a favor de la querencia y el toro lo persiguió y volteó con mucho peligro. Labor meritoria ya que el torero no cedió ni un ápice en su afán de sobresalir. Buena estocada y excelente actuación, por valiente.
 
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