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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 26 de abril de 2007
Corrida de toros

Oreille de poids pour Castella. Reuters
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Juan Pedro Domecq (desiguales de presentación, flojos y chochones en general. Los mejores, 5º y 6º). 

Diestros:

  • Juan Serrano "Finito de Córdoba". De rioja y azabache. Dos pinchazos que escupen, estocada entera (saludos desde el tercio); estocada un poco trasera (palmitas).
  • Sebastián Castella. De azul y oro. Estocada casi entera y un poco atravesada (aplausos); estocada entera un poco caída (oreja).
  • José María Manzanares. de guinda y oro. Estocada desprendida (silencio); pinchazo que escupe, más de media estocada tendida y atravesada (saludos desde el tercio).
Banderilleros que saludaron: Curro Molina, de la cuadrilla de Castella, en el 5º; Curro Javier, de la cuadrilla de Manzanares, en el 6º.
 
PresidenteAntonio Pulido.

Tiempo: soleado.

Entrada: hasta la bandera.

Crónicas de la prensa: ABC, Diario de Sevilla, La Razón, El País, El Mundo, Marc Lavie.


PUERTA DE ARRASTRE


Por Santiago Sánchez Traver


Los juanpedro fueron flojos de solemnidad. Y si eran flojos los que salieron, cómo serían los que rechazaron. El caso es que, como viene siendo habitual esta feria, sólo nos divertimos en el quinto y el sexto. No hay quinto malo, ni sexto tampoco, habría que añadir. Decían en Pamplona que lo de aquel periódico”El pensamiento navarro” era una contradictio in terminis. Pues lo de Finito de Córdoba es un falsum in nominatione, si es que sirve el latinajo, pues no está finito y es de Sabadell. Está despidiéndose, diciendo adiós o hasta luego Lucas, pero se le nota mucho. Hubo bronca al presidente que esta vez estuvo bien y severo, como debe ser. Lo de Castella era de una oreja, sobre todo por la espada, pero el crédito sigue creciendo, qué valiente es el franco-gerenense. Manzanares volvió a apuntar, aunque sin la rotundidad del otro día y perdió la orejita en la suerte suprema.





Las imágenes del festejo

LO MEJOR  Y LO PEOR


Por Carlos Javier Trejo


L
o mejor de la tarde, sin duda, fue la disposición de los toreros. Incluso Finito estuvo queriendo toda la tarde, algo a lo que no nos tiene muy acostumbrados, suyos fueron los muletazos más artísticos de la tarde. Ejecutó los mejores lances a la verónica de la Feria, lástima que no tuvieran continuidad, hubo dos y alguna media, soberbios. Si hubiera matado al primero, le hubieran pedido la oreja. Sebastián Castella cortó la oreja del 5º, un animal al que cuidó en el caballo y que duró lo justo para realizar una faena templada, con un inicio espeluznante, con un cambiado por la espalda seguido de algunos remates por bajo que hicieron arrancar la música. Cuando el toro se paró vimos al Castella del arrimón y las distancias cortas, en figura. Anduvieron muy bien Rosa, Montiel, Trujillo, y sobretodo, los dos Curros, Molina y Javier.

Volvemos a encontrarnos con una decepcionante corrida, los de Juan Pedro no cumplieron con las expectativas creadas con los remiendos lidiados en la corrida de Victoriano del Río. Resultaron flojos, y sin fondo alguno. Con tal material, es imposible realizar grandes obras. Si los toros de Finito hubieran tenido algo más de fondo podríamos estar hablando de una tarde redonda de este torero. El 6º toro parecía desplazarse con emoción en banderillas, pero al tomar la muleta Manzanares, comenzó a desarrollar violencia, a tomar los engaños de manera rebrincada y apagarse en el momento en que se vio sometido, por lo que por momentos pudo llegar a confundir a la concurrencia, el toro no servía. Castella se prolongó en exceso en la lidia del 2º de la tarde, carente de emoción ya que el toro era soso y bobalicón.

 

LOS PROTAGONISTAS

Finito de Córdoba

A pesar de no tener material muy propicio el diestro cordobés mostraba su satisfacción al termino del festejo:” no he tenido ningún toro en condiciones que me aguantara veinte o veinticinco muletazos por abajo. A los dos los he tenido que cuidar en el caballo y lógicamente tampoco les podía bajar mucho la mano con la muleta”. Sin embargo Finito si dejaba claro que:”a pesar de estos contratiempos los toros no han tenido mal fondo y me han dejado estar a gusto con ellos. En algunos compases con la muleta me he sentido muy bien y Sevilla me ha respondido y también la afición se ha pronunciado con calor al torear con el capote”. Para finalizar sus declaraciones Juan Serrano ‘Finito de Córdoba’ explicó que:” venía a la Maestranza en un buen momento personal y profesional, con las ideas muy claras para esta tarde y para toda la temporada”.
Sebastián Castella

El francés afincado en Sevilla señalaba lo importante que es puntuar en cada tarde:” cortar las orejas en la Maestranza siempre es muy reconfortante y desde luego hacer el toreo que llevo dentro”. Sebastián analizaba sus toros:”el segundo de mi lote, ha dejado que me exprese en los medios y realizar una bella faena. El otro, ha sido un descastado y realmente no se desplazaba por ningún pitón”. Castella expresaba sus deseos de salir por la Puerta del Príncipe”: me produce mucha rabia no salir por esa Puerta tan soñada, pero lo que está claro, es que espero hacerlo algún día y ojalá no sea demasiado tarde. Si no se puede salir por ahí, lo importante es poder hacer las cosas bien y que la afición te lo reconozca”.
José María Manzanares

El alicantino no es encontraba demasiado satisfecho con sus dos oponentes de Juan Pedro: “esta claro que los dos astados que me han tocado en suerte, han sido los dos peores del encierro. Han sido muy complicados someterlos, ligarles, siempre se venían por dentro con las embestidas muy cortas y pegando tornillazos, con esta guisa es prácticamente imposible”. Manzanares razonaba su labor en el último tercio:”He intentado alargar el viaje en el inicio de cada faena, para que el fondo que tenga el toro si es bueno, lo vaya sacando. Me voy contento con mi labor para lo que tenía delante y creo que Sevilla ha sido muy importante para mi, ahora a pensar en san Isidro”. 

 

Realiza: Emilio Trigo

 

Crónicas de la Prensa


Diario de Sevilla
. LUIS NIETOCastella alegra la aburrida tarde con un arrimón

La corrida de ayer fue un exponente de lo que acontece en los días fuertes de la feria, cuando las figuras llegan con toros… bueno, toros… ya me entienden. Es curiosa la transformación de la Maestranza de los días de seriedad grave cuando se lidiaban toros de verdad en la preferia a las alegrías del tendido y sus peticiones de trofeos en la feria. Lo que hace una semana se examinaba con lupa tanto en lo ganadero como en lo artístico, ahora por arte de birlibirloque; o sea, de las alegrías de farolillos y un público diferente y menos exigente, se convierte en una plaza de escaso criterio, incluyendo los despistes presidenciales, como sucedió en la concesión de trofeos en jornadas anteriores.

En la tarde ayer, con un encierro a modo, descastado y sin poder alguno de Juan Pedro Domecq, en el que la suerte de varas fue un paripé en la mayoría de los casos, Sebastián Castella alegró la aburrida tarde en una faena al quinto toro marcada por un arrimón y que fue premiada con una oreja. Este quinto toro metió bien la cara en el capote. La suerte de varas fue casi un simulacro. Le propinaron una vara y el segundo encuentro sólo se le señaló. Perdió las manos al salir del caballo. Hubo protestas por parte del público. Curiosamente, la mayoría de espectadores que gritaban para que el toro fuese devuelto por su flojedad fueron los que pedían con mayor insistencia la oreja y hasta un segundo trofeo para el torero francés. El toro tuvo como virtud la nobleza y como defecto el que rebrincaba ligeramente por la falta de fuerzas. Castella, que había estado aseado a la verónica, apostó por lo que es su esencia: la vía estoica. En los medios se desgañitó llamando al toro que, en tablas, no le hacía ni caso. Incluso el torero, en un feo ademán, llegó a tirarle la montera para incitar al animal. Ni por esas. Después de insistir mucho, el juanpedro se arrancó y Castella, en el mismo platillo, se lo pasó en un pase por detrás que calentó al público, que estalló en una gran ovación. Fue incomprensible que en esta primera serie el diestro acortara la embestida del toro con recortes. Sonó de inmediato el pasodoble y el torero dibujó con la diestra la única serie ligada y con toreo de calidad de una faena que perdió gas en el momento en que el astado se quedó corto y le costaba pasar. Con la izquierda, se desvaneció todo, incluso la música de la banda de Tejera. Pero Castella apostó por un arrimón en el que los circulares por la espalda fueron el detonante para que el público volviera a calentarse. Un cambio de mano por la espalda fue deslumbrante. Y varios remates en forma de ayudados por bajo o pases del desprecio estuvieron impregnados de belleza. La traca fuerte llegó cuando Castella hizo de las suyas, con los pitones del toro a escasos centímetros, en desplantes y en circulares circulares invertidos. Ahí el público se volvió loco y dio por salvada una tarde que iba cuesta abajo. Una estocada algo caída fue la rúbrica para la concesión de una oreja, con muchos pañuelos volando en una exageradísima petición de la segunda. Porque lo cierto es que faltó toro y toreo fundamental.

En el segundo toro se aplaudió al picador por apenas picar. Después del simulacro, el animal acabó con la lengua fuera. Castella, en los medios, se hinchó de dar pases a media altura –que no dijeron nada–, a un toro noble, pero sin transmisión.

Finito saldó su única comparecencia con destellos y algunas verónicas buenas en su lote. Con el nobilísimo, pero flojísimo primero, consiguió algunos muletazos con arte, especialmente con la diestra. Pero no hubo faena porque cuando el cordobés bajaba la mano, el toro perdía las suyas. Los remates, como un pase del desprecio o una trincherilla, fueron preciosos. Pero todo supo a poco porque nuevamente no hubo toro. Tampoco tuvo Finito toro en el cuarto, un animal apagadísimo, al que sacó algún muletazo estimable suelto con la diestra.

Manzanares devolvió, en parte, las credenciales otorgadas en su primera tarde. Ayer estuvo mal con su primero, un animal distraído y sin entrega. Despegado en el capote, con la muleta en la mano derecha y fuera de cacho, los muletazos los vaciaba hacia fuera. Un pegapases. Con la izquierda se colocó bien; pero el toro, ¡¿el toro?!... no tenía nada dentro. Lo mejor, una notable estocada.

El que cerró plaza, estuvo a punto de derribar a Chocolate en un topetazo. El tercio se cambió de inmediato y el toro, tras banderillas, aguantó sólo una tanda. Manzanares estuvo entonado con la diestra al principio y luego alternó enganchones con algún muletazo con fibra. Aquello no llegó a despegar.
Sebastián Castella, que se jugaba mucho en su última comparecencia en la Feria de Abril, mantiene el crédito, pero sale algo tocado porque otro de los jóvenes leones que luchan por una mayor porción de la tarta, Alejandro Talavante, ya ha dado dos zarpazos más grandes y convincentes en Sevilla. San Isidro, en su caso, será decisivo.


El Mundo. CARLOS CRIVELLUna corrida de toritos flojos desaprovechados

La borregada de Juan Pedro Domecq fue desaprovechada por la terna. Ya que tuvieron la oportunidad de poder lidiar una corrida chica, floja, noble y descastada, lo menos que se les podía exigir a los toreros es que anduvieran con ella a gorrazos, pero no fueron capaces de ligar dos pases buenos seguidos. Finito de conformó con su estética, Castella con su estática y Manzanares con un recital de prisas muy alejadas de su toreo lento de la tarde anterior. 
El borrego de Juan Pedro pasó el reconocimiento veterinario, salió a la plaza sin despertar ninguna protesta, no se picó con el consentimiento del palco y llegó cansino y aborregado a la muleta. Eran toros de plaza de tercera que el público estaba dispuesto a admitir, por tanto era la oportunidad de hacer el toreo bueno, pero no fueron capaces, unos por su mala colocación, otros porque su concepción es rígida y mecánica y el otro porque debía tener metido el acelerador en el cuerpo. La gente se conformó con la oreja de Castella en el quinto, ya se sabe que la gente anhela, por lo menos, una oreja, porque de otra forma considera que el precio de su entrada no ha sido amortizado. Tuvieron su oreja los feriantes, incluso pedían otra, y se fueron tan contentos y felices en su tremendo desconocimiento de la tauromaquia. 

Lo de Juan Pedro es lo que se llamó en su día el toro artista. Este tipo de reses ha ganado el mercado del toro. Para que se dejaran torear en el último tercio, se hurtó la lidia por completo con la connivencia del tendido y del palco. Sólo hubo un quite de Castella por chicuelinas en toda la tarde. Los picadores marraron a conciencia los puyazos para no hacer daño. Y lo más grave es que el personal batía palmas, como admitiendo que estaba de acuerdo con ese tipo de lidia. Palmas a un picador por marrar en el tercio de varas, casi como si estuviéramos en una plaza de pueblo. A esto se ha llegado para escarnio de esta Fiesta que ha olvidado que lo primero es el toro. Sin el toro, el toreo tiene menos valor.

Finito de Córdoba fue fiel a sí mismo. Vestido de azabache, dibujó algunos lances buenos en sus dos toros, aunque el cuarto le rajó el capote. El primero era noble y flojo. Finito estuvo arrancado y expresivo, se dejó ver con una tanda de buen corte con la derecha y regaló a la plaza algunas trincherillas llenas de empaque. Fue una buena faena mal rematada con la espada.

Se llevó el lote bueno. El cuarto era noble pero más reservado. El toro aguantó pases sueltos de un torero que se colocó siempre al hilo del pitón. Todo pareció insuficiente con un toro digno de mejores cosas. Finito dejó su impronta de arte y su imagen conservadora.

El primero de Castella no se picó. El animal era flojo y de poca casta. Castella muleteó displicente. No creía nada en el de Domecq. El quinto fue un toro tan mal presentado como toda la corrida. Tampoco recibió el castigo normal en varas. Castella le hizo una faena en centro del ruedo con temple y firmeza. El francés se mostró valiente y se cansó de dar circulares al final. La faena llegó al tendido, probablemente porque la corrida se marchaba sin nada que recordar. Tampoco la faena de Castella fue para quitar el sueño. Lo mató en zonas bajas y se llevó la oreja, aunque algún feriante pedía hasta las dos. Sólo le concedieron una en la única decisión acertada del palco.

Había una frase muy utilizada en tiempos pasados que decía que, «fulanito había devuelto las orejas». No quiero llegar a tanto, pero nadie reconocería al Manzanares de ayer como el mismo torero de su primera tarde. Se parecía al espada dubitativo y destemplado del pasado. Poco que reprocharle en el tercero, aunque no se colocó nunca en el sitio de la verdad y manejó las telas con violencia en los toques. El toro, algo brusco a la defensiva, tampoco valía mucho.

Pero el sexto se le fue enterito. Ese toro sí embistió mejor y Manzanares tenía la obligación de torearlo con su calidad reconocida. La faena fue un concierto de muletazos vertiginosos al principio y carentes de temple y limpieza al final. El animal parecía tener otra faena. No fue el mismo Manzanares. Sí, se puede decir que devolvió parte del triunfo pasado.

La impresión que le quedó al buen aficionado al final es que una corrida tan descastada y lidiada como si Sevilla fuera una plaza de tercera no es de recibo. Que salga el toro para todos. 


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Oreja de oro y confianza para el templado valor de Sebastián Castella

A Sebastián Castella, RNE (Radio Nacional de España) le ha concedido la Oreja de Oro de la temporada 2006, y la Maestranza le entregó ayer la de su confianza. A Castella las circunstancias no le han sido favorables y no ha encontrado en su camino abrileño el toro con ese punto de transmisión que necesita para que su toreo trepe por los tendidos. Y sin embargo no ha dado ni medio paso atrás. La perfecta faena de su primera tarde cayó en mal momento -un toro sin chispa, el chisporroteo de la lluvia, la corrida arrancando, etcétera- y ayer le buscó las vueltas y revueltas a un juampedro que se le paraba después de rebrincarse. El tesoro lo halló a través del valor, entre los pitones metido, sin aspavientos, en circulares invertidos y otros muletazos de cercanía que perseguían la emoción. Como la persiguió y la encontró el principio de faena con el péndulo por la espalda, una trincherilla y un pase del desprecio que sostuvieron el tono templado de toda su actuación. Idéntica templanza que había desplegado como vela de velero de competición, desde la verónica mecida, con un segundo tan terciado y tan chochón que aquello causó una impresión de tentadero, de toro a puerta cerrada, sin eco.

La corrida de Juan Pedro Domecq fue muy bonita -muy monita en algún que otro toro- y tremendamente fácil. Pero, por encima de todos, destacaron los extremos: primero y sexto.

«Amargado» se llamaba el toro que rompió plaza. Pero de amargura no soltó ni una gota.Ni un mal puntazo. Finito de Córdoba aparentó más predisposición que otras tardes, lo cual no es muy difícil. Lo malo de Finito es la sensación de que ya, aunque quiera, tiene tan incrustados los vicios y los resorte técnicos que en muy pocas ocasiones se acerca a aquel novillero que maravilló por su pureza. Ni siquiera creo que lo que haga vaya acorde con su concepto. Porque el concepto del Fino es extraordinario, y la prueba está en algunos adornos de ayer, en las trincherillas o los trincherazos, los cambios de mano y en algún que otro muletazo en los que se enrosca más el toro. Excepciones que confirman la norma: toques hacia fuera y muñecazos forzados. Y encima pinchó a «Amargado».

Al cuarto de escasa cara le soltó dos verónicas cumbres antes de que lo desarmara haciéndole trizas el capote. Y dos medias luego. Salvo un soberbio muletazo por bajo genuflexo, lo demás consistió en tirar líneas tangentes: es imposible torear con verdad partiendo de una colocación perfilera, escondiendo la pierna de salida y ofreciéndole al toro la cacha en lugar del pecho. No es que fuese como «Amargado», pero completó un buen lote. Ahora sí lo mató a la primera.

A José María Manzanares le pesó, tal vez, su fenomenal tarde anterior, porque con el sexto anduvo acelerado, violento e intermitente, a veces bien y a veces mal. Manzanares debe olvidarse de tanta técnica para que fluya el toreo. La técnica es para que no se vea. Torea relativamente más puro cuando se enfrontila más que cuando se perfila. Ayer le sobraron telonazos, oblicuidades, cerebro. Hubo ráfagas que proyectaron lo que puede y debe ser. Sin esa fibra del último, el tercero se apagó pronto. Y, ante toro tan chico y parado, la muleta de Manzanares se me hizo enorme. No todos los días son fiesta. Pero la corrida de Juan Pedro mereció más caricias.


Metro. IGNACIO DE COSSÍO. Castella, a vueltas con la bestia

La tarde y el cartel parecían perfectos, pero al final los buenos toros de Juan Pedro salieron ayer, a excepción del gran sexto. Finito dejó la abulia en Córdoba y toreó con mucha torería con ayudados por bajo a su primero y desgranó algunas templadas verónicas con el compás adelantado en el cuarto de la tarde. Por cierto como contrastó el traje elegante de Juan con el pijama de su banderillero Padilla, lamentable el mal gusto. Fino se ayudó de su prodigiosa técnica para nunca exponer un alamar bajo ningún concepto, y pese a todo estuvo muy por encima de sus descastados oponentes. Sebastián Castella toreó con dignidad al soso y casi inválido segundo. En el quinto desplegó esa inteligencia prodigiosa que unido a su gran valor, nos hizo acreedores todos de la mejor inversión. Ni un solo enganchón todo fluido por ambas manos y luego el arrimón con las losantinas poniéndose el pitón en el pecho. El inteligente torero de Beziers cuida al flojo animal dándose paseos largos antes de citar de nuevo. Veinte muletazos ni uno más, faena medida y de arrimón final, que más se puede pedir. Faena importante la de Castella en una feria sin suerte con el ganado que le tocó lidiar. José María Manzanares hizo lo imposible con su primero, un toro brusco que le midió en todo momento. En el segundo de su lote no hubo acople, no lo entendió y pese a las series con la derecha no supo explotar el pitón izquierdo y mucho menos supo bajarle la mano al toro. Claro que para su toreo elegante le van las medias alturas y bajar la mano es siempre menos estético aunque eficaz con toros así. Demasiados enganchones en su última faena de Sevilla, pero ya se sabe, éste como le sucediera al maestro Ordóñez es de tarde en tarde y cuando el quiera revienta una feria como así lo hizo el viernes de preferia. Manzanares el de las faenas históricas para el recuerdo, hasta otra maestro.


La Razón. JUAN POSADA. Sólo Castella se sacudió la abulia

Los toros de Juan Pedro Domecq, ideales en general para hacerles el toreo moderno. De lenta y fija embestida, sólo tuvieron en contra su falta de transmisión. Para eso están los toreros, para aprovechar las buenas cualidades y apoyar con su genio, salero y arte sus carencias. Castella fue el único que lo hizo en su segundo; los demás, Finito y Manzanares, desaprovecharon una excelente ocasión de triunfar.

Finito, con el excelente primero, lances de salida y dos buenas medias verónicas. Realizó una faena compuesta, en especial, basada sobre el pitón derecho, llevando al toro muy largo, pero siempre en línea sin echárselo atrás. Los naturales, de correcta ejecución, aunque perdió demasiados pasos entre muletazos. Con el cuarto, más de lo mismo. Tras unos lances aceptables, en los que perdió el capote El toro embestía con fijeza y templanza y Finito, siempre fuera de cacho y sin llevárselo tras la cintura. Su actitud de esperar que el toro pusiera todo de su parte, aburrió, al no cruzarse.

Castella, con el segundo, terciado y muy suave, lances y media verónica sin eco. Tampoco lo tuvo la faena de muleta, correcta, sin más. Demasiada facilidad en los naturales que siguieron, que no tuvieron emoción. Más naturales y derechazos sin eco. En el quinto, justo de fuerza pero noble, realizó una faena que transmitió a los tendidos, toda ella en el centro del ruedo. La inició con un pase cambiado por la espalda, seguido de cuatro naturales y una trinchera. Las dos tandas diestras, llegaron a los tendidos, más los naturales que siguieron, rematados con una trinchera. El toro se vino abajo y el torero optó por el arrimón. Se situó cerca de los pitones y le instrumentó muletazos redondos por la espalda, ligados con el de pecho.

Manzanares, con el tercero, estuvo en su hora tonta. Realizó una faena de muchos muletazos, siempre sin cruzarse y con la muleta restrasada. Así, hasta el punto de que el público no se manifestó. El principio de la faena del sexto tuvo más fibras que la anterior. Los derechazos, con la muleta adelantada y el remate atrás, calentaron al personal. Igual, la primera tanda por naturales que culminó con un pase de pecho. Acortó distancias y el toro su recorrido. Las dos tandas diestras que siguieron, engaño tropezado. Los últimos naturales, fuera de cacho y sin el coraje anterior.


El País. JOSÉ SUÁREZ INCLÁN. Nada rompe del todo

Amargado metía la cabeza en verónicas -muchas y finas, como su apodo- que le dio el diestro. Pero acusó la poca vara aflojando las manos. Vibraban en el sol los abanicos y Finito, componiendo bien la figura en la boca de riego, lo embarcaba en redondos que Amargado seguía como su nombre: dócil y sin alegría. En los adornos desmayados y las trincheras de lujo hubo oles de aprobación. Cuando más entonado se hallaba, el toro dobló en reconocimiento de un Finito artista y lleno de sabor que estuvo muy bien. Con el mentón incrustado, los pies fijos y separados, la mano baja y el capote adentro, le dio al 4º dos verónicas de lujo, lo desarmó y volvió a la carga con dos medias de metal. Venía Finito a callar bocas y nos lo brindó. Tras doblarse con la anchurosa muleta, lo llevó a los medios y con la izquierda, precavido -rectificando a veces-, le administró naturales largos, de mano baja y buen sabor, que hubieran roto al público de haberlos ligado y concebido fuera del hilo del pitón.

Castella miró fijo a Copito cuando remató en su burladero. Y no lo dejó tocar. El capote iba ganando metros hacia fuera, cada vez más lento. Bufó el bicho en el caballo, sin recibir hierro -andaba justo- y, sin picar, siguió la corrida. Hasta se aplaudió a Doblado por sujetar la vara en el suelo. Unas chicuelinas sin historia, con remate a una mano, despertaron una sorprendente ovación. Sin duda había deseos de que triunfase. Y lo caló: esperó al toro lejos cual estatua; la tela detrás, mostrándose zalamera; pero no iba y hubo de acercarse, venir a tablas, tocarlo a media altura, andarle, encelarlo... pero su fina destreza no era recompensada con la embestida. Y se alargó hasta colocar, fácil, el estoque.

"¡Je, toro!" -bajaba la capa-. "¡Je, toro!" -otra vez-. Pero vimos el gas del animal. Para una OPA hostil. De nuevo sin picar y de nuevo por los suelos. Y de nuevo nos lo tragamos. Menos mal que C. Molina nos alegró la depre con un gran par y el francés, otra vez al centro, le volvió a llamar: que si quieres arroz. Le echó la montera: tú dirás. Saltó: a mí qué. Hasta que se arrancó y una serie de garbos y desprecios a base de un cambiado y trincherillas nos devolvieron la sangre a las venas. Luego tiró con la diestra, muy natural, y el de pecho, excelente. Cambió la tela de mano, en la cara, como un serafín, y con la zurda lo fue atando corto. Más derechazos, el de las flores, circular invertido, de pecho. Había aplausos, pero el toro, justo, daba escasas dosis de emoción y Sebastián la buscó entre los pitones, espeluznando, hasta que lo fulminó en el rincón.

El 3º, un torín colorao, fue gustoso al peto y con más alegría y geniecillo a la muleta. Manzanares quiso abrir el compás que marca el rumbo del toreo pero no bajaba la testuz y, entre cabeceos y semiarranques, perdió el fuelle. La afición no llegó a dormirse por lo estrecho de las localidades y por la estocada hasta la bola. El 6º fue el más hecho. Ciclón en varas, no perdió la estela de los banderilleros. Había toro. Con ansiedad, lo cogió en la franela; y detrás se iba del trapo que volaba más lento en la izquierda: lo miraba atento y lo seguía conforme. Hubo derechazos de alta escuela y naturales curvos, sorteando el punteo que apareció por agotamiento y que nos decía que la buena madera del torero no ardía hoy con toda la candela que el burel le proporcionaba.


Marc LavieOreille de poids pour Castella

Avec Castella est apparu dans le jargon taurin espagnol un nouveau terme : "pendulear". Car le pendule par lequel Castella ouvre ses faenas est désormais attendu avec un mélange d'effroi et de délectation par tous les publics, même le plus entendu comme celui de la Real Maestranza. Chose rare, les deux toros de Juan Pedro qui échurent à Castella refusèrent catégoriquement d'accourir à cet appel. Face au deuxième, qui ne bougea plus des raies où la lidia du deuxième tiers eut sans doute le tort de l'y placer, Castella renonça pour gagner le terrain de son adversaire et ouvrir sa faena par une bonne série doublée, méprisée par un murmure de déception, comme le reste du travail devant un animal fade et sans transmission. 

Le cinquième, le plus sérieux du lot en apparence, épais de tête et de poitrail, qui ôta la cape des mains de Manuel Molina et freina brusquement au deuxième tiers, ne se prêta pas davantage à la figure. Il tourna en rond, regarda ailleurs, avança de quelques pas avant de reculer. Mais Castella, toujours posté au centre de l'ellipse, ne renonça cette fois pas. Il lui lança sa montera, se rapprocha, sauta sur place, l'attendit un petit moment. Le toro avança, puis freina, mais le torero insista dans le "toque" et parvint à se le faire passer dans le dos et à commencer sa deuxième faena par quatre muletazos de cartel qui déclenchèrent la musique. Public et toro, réticents quelques secondes auparavant, étaient désormais dans la flanelle de Sébastien, qui exprima au maximum ce cinquième exemplaire, allongea son parcours, évita ses retours et, lorsqu'il n'y eut plus de solution d'inertie, enchaîna sur place, avec une incroyable quiétude, déclenchant l'admiration générale. Car réduire Castella à son époustouflant pendule serait d'une déplorable malhonnêteté. La faena nettement au-dessus des conditions du toro, irréprochable au niveau technique, terminée par de magnifiques trincheras et une entière malheureusement de côté, ce qui le priva de la deuxième oreille pourtant fortement demandée par le public. Oreille de poids, tour de piste et sifflets nourris au président.

Dans la corrida de Juan Pedro, il n'y eut pas de grand toro mais aussi pas mal de nuances. Le lot le plus suave, le plus noble, le plus adapté au style d'un torero artiste fut celui de Finito, qui toréa par moments très bien le premier, notamment par quelques trincherillas et aidées par le bas, formidables d'exécution, qui firent le bonheur des photographes. Il manqua un peu plus d'intensité aux séries, l'interprète optant pour la pureté de la passe, quitte à se replacer, et il y eut deux pinchazos de trop pour l'octroi d'un cartilage. Le Cordouan ordonna un châtiment barbare pour le quatrième, qui arriva exténué au dernier tiers.

Le troisième, sans trapío, n'eut ni classe ni transmission et n'offrit aucune option à Manzanares. Le sixième, par contre, fut brave sous le fer, désarma le picador et arriva presque entier dans la muleta du torero d'Alicante, lequel répondit à la violence du Juan Pedro par une certaine tension dans les gestes. Il sut le soumettre, par le bas, le tirer, l'embarquer, mais ne parvint pas à le tempérer. Ce n'était pas chose facile. Une fois soumis, ce dernier exemplaire baissa de ton, mais permit à Manzanares quelques beaux redressements, notamment sur la corne droite. Une mort en deux temps dilua le final. 



Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas