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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del miércoles, 25 de abril de 2007
Corrida de toros

El Cid en el aguacero. Reuters
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Victoriano del Río. Toros de Corte y el 6º, de Juan Pedro Domecq (de distinta presentación, blandos y justos de fuerza, sin clase). 

Diestros:

  • Miguel Abellán. De blanco y azabache. Estocada caída (silencio); tres pinchazos, dos estocadas, aviso (silencio).
  • Julián López 'El Juli'. De sangre de pichón y oro. Dos pinchazos, pinchazo hondo, descabello (silencio); dos pinchazos, estocada (saludos desde el tercio).
  • Manuel Jesús " El Cid". De tabaco y oro. Pinchazo sin soltar, estocada, dos descabellos, aviso, descabello (silencio; dos pinchazos, estocada baja, aviso, descabello (silencio).
Banderilleros que saludaron:  Vicente Yagüe Chano y Pascual Medina, de la cuadrilla de Abellán, en el 1º.
 
PresidenteJuan Murillo.

Tiempo: nublado y lluvia. En el 5º toro comenzó a llover insistentemente, durante la lidia del 6º la plaza era un lodazal.

Entrada: hasta la bandera.

Crónicas de la prensa:  Metro, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla, La Razón, El País, Marc Lavie.

 

 

PUERTA DE ARRASTRE


Por Santiago Sánchez Traver


A
l final pasó lo que todos temíamos, que vino la lluvia, tal como habían pronosticado los meteorólogos, que a veces no se equivocan. Y los dos últimos toros fueron bajo el diluvio. En español no hay palabras para definir ese espectáculo. Los ingleses lo arreglarían rápido: waterbull. Abellán ha entrado en los carteles por los típicos cambios de cromos. Era un torero vulgar. Y ahora que sale en las revistas de cine y del corazón es más vulgar. Nada más hay que ver como se viste. El Juli y El Cid venían dispuestos a cambiar el sino del triunfo de la feria, pero no fue posible. Primero, los toros de una corrida remendada y después el agua acabaron con sus expectativas. La feria sigue y la gente ya es consciente de que es una de las mejores de los últimos tiempos. Por cierto, los monosabios de Peña sigue dando la nota. Qué valientes y qué toreros que son.



Imágenes del festejo

LO MEJOR  Y LO PEOR


Por Carlos Javier Trejo


H
ay tardes en que las figuras han de demostrar su estatus por circunstancias relacionadas con alguno de los elementos de la Fiesta, otras como hoy, las circunstancias las ha impuesto la meteorología. Pero el agua y los truenos, se han encontrado con dos figuras del toreo que no han dudado ni un ápice en justificar su estatus. Tremendo arrimón el del Juli en el 5º, toro flojo, al que mientras caían los rayos sobre la Maestranza ha templado maravillosamente y al que le ha expuesto lo muslos sin contemplación alguna. Y no digamos El Cid en el 6º, cuando la plaza se había convertido en un auténtico lodazal, sin dudarle se fue a los medios para torear en redondo con las dificultades del aguacero. La muleta embarrada y pases a derechas e izquierda con un toro que sin la lluvia hubiera sido de lío. Si ambos toreros hubieran matado a la primera hubieran tocado pelo, sin duda.

L
o peor de la tarde, aparte del aguacero, lo enumeraremos por orden: en primer lugar, los toros de Victoriano del Río, pensábamos que lo bailes de corrales habían pasado a la historia. Nos encontramos con dos remiendos de Juan Pedro Domecq, a la postre, los mejores del encierro. A Miguel Abellán le correspondió uno de los de Domecq, jabonero, de embestida un tanto rebrincada al que le pegó 40 pases sin decir nada, tropezando los engaños repetidamente, y con el que no pudo acabar peor con la espada. Los toros de la ganadería titular, fueron flojos, mansearon y algunos se rajaron pronto. El público salió en estampida de los tendidos con la lluvia del 5º, poco respeto con un hombre que en esos momentos se estaba jugando la vida. Una pena que el esfuerzo de las figuras, por culpa de la espada, no tuviera su recompensa.

 

LOS PROTAGONISTAS

Miguel Abellán

La tristeza predominaba en el matador madrileño Miguel Abellán: “esto ha sido la peor de la pesadillas. Sueñas con estar en la Feria de Abril con este cartel y te pegas un pechugazo contra la inclemencias del tiempo y los toros”. Abellán explicó las razones por la que se fue a Chiqueros a portagayola: “he intentado hacer un esfuerzo en ambos toros y después del balance de los dos, los de chiqueros se ha quedado en una mera anécdota”. Para finalizar su intervención analizó el comportamiento de su lote: “cada uno en su línea han sido imposibles. El primero de la tarde porque ha sido muy malo, nada más salir del caballo se vino al pecho de los toreros y el cuarto sin clase, defendiéndose, tirando cabezazos y quedándose corto en el viaje. Realmente imposible” apuntilló Abellán.
Julián López 'El Juli'

Julián López ‘El Juli’ también se mostraba apenado por no tener la oportunidad de lucirse con un toro con clase: “el segundo de la tarde no ha tenido fuerza ninguna, estaba derrumbado, creo que se ha hecho daño al salir del caballo y no ha tenido ninguna opción. Con el otro he realizado un esfuerzo importante, he salido a jugármela para irme con más orejas en mi haber y con un triunfo redondo”. Julián continuó hablando de su toreo de cercanías:”me ha pegado un arrimón importante porque he apostado a triunfar y agradezco el cariño de la afición de Sevilla que me ha respetado. No me ha embestido un toro con claridad, en ninguna de las dos tardes que he toreado este año. Julián terminó diciendo que:”al menos he tocado pelo en mi vuelta a Sevilla y eso siempre es positivo”.
Manuel Jesús " El Cid"

El sevillano Manuel Jesús ‘El Cid’ que cerraba su particular Feria se lamentaba de las adversidades del día: “ha sido una malajá que la tarde se ponga de tan fea. Con un cartel de no hay billetes y con las ilusiones que teníamos los tres, llegan las nubes para fastidiar y para colmo los toros que no dan opciones”. ‘El Cid’ dejaba patente que el ruedo se había puesto impracticable en el sexto:”he realizo un gran esfuerzo con el último en una faena muy intensa y la pena ha sido el ruedo que no podía ni agarrarme al albero, para poder entrar a matar con ciertas garantías. Al rajado tercero, le he pegado naturales muy profundos pero el toro se rajo pronto para chiqueros”. Manuel Jesús ‘El Cid’ valoró su paso por la Maestranza para terminar sus explicaciones:”Me voy contento por volver a triunfar, pero yo quería repetir otro triunfo grande. Me estimula la responsabilidad de torear en mi plaza y con mi gente”. 

Realiza: Emilio Trigo


Crónicas de la Prensa

El País. JOSÉ SUÁREZ INCLÁN. Pena de agua-acero

Abellán se fue cargando de fuerza al final de la temporada pasada, entró en América con paso firme, y así ha vuelto. Igual de firme salió a por Distante, de rodillas, frente al túnel, y allí le sacó dos buenas verónicas. Cebado con el penco a cabezazos, desmontó al piquero, luego le quitó la vara: un toro travieso. Pero el Chano lo dejó inmóvil en el tercer par y, según se destocaba, ya estaba Abellán esperándole en tablas. Se venía por el derecho y comenzó en el medio, con la izquierda, a sacarle buenos pases hasta que le avisó con un derrote. Volvió a la diestra y aun tiró un gañafón en el de pecho. Valiente Miguel Abellán, con aquel plato amargo a tragar, al que no perdió la cara.

Qué bien ganaba terreno El Juli al segundo en verónicas, cada vez más toreadas y más dormidas. Lo vio flojete, no le quiso dar pica, y enseguida cantó debilitas extremitatis, fragmento lírico que no quiso escuchar el presidente. Continuó la pieza desde el segundo muletazo, ya por los suelos, acompañado sabiamente de palmas de tango que, de haber roto antes, nos hubieran ahorrado el bochorno.

El Cid. Murmullo. Un castaño albardao con más hechuras y Manuel Jesús corriendo con él para atrás, tanteándole despacio, hasta verlo apropiado para el lance: y entonces tres verónicas muy lentas, variando el rumbo, y los olés en el aire; y dos y media en el quite de nota alta, con réplica de Abellán por gaoneras.

Había estado relajado El Cid en banderillas, destensada una pierna, y se fue a brindar. Le vio cierta brusquedad en el derecho, y para el centro, donde su izquierda, cada vez más templada barría la arena, firmando adornos con la muñeca elástica. Se quería ir el bicho y hubo de acompañarlo a las tablas donde no quiso más.

"Éste tiene ganas", decían unos y otros, cuando el madrileño volvió a arrodillarse frente a toriles. Y el jabonero de Juan Pedro a poco lo lleva por delante, en este y en otro, mas luego se hizo con él y dejó el capote en el suelo dándole la media por respuesta. Se dobló mucho y bien con él en las rayas y le llamó desde el centro. En la primera serie, echándole encima la cintura, le iba marcando el viaje; después... se oyó un trueno y siguieron tandas con desparpajo; luego empezó a quedarse y tornó, con el segundo trueno, la embestida en topetazo.

Bajo la tormenta fijó El Juli al quinto; bajo el aguacero se fue decidido al anillo, brindó y las palmas soltaron los paraguas. Quieto, empezó por alto, se fue al platillo, entre rayos y truenos, como los Rolling en el Calderón. Qué pena que el bicho era flojo y atendía sin codicia a la muleta codiciosa que El Juli le mostraba y de la que sacó, exponiendo, naturales limpios y templados. Un resbalón nos puso el grito en el cielo que, inmisericorde, encharcaba el albero. Terminó entre los mismos pitones, sacando al toro tardo, pases imposibles.

Con el ruedo impracticable y las gradas diezmadas salió Onírico y jugó El Cid de maravilla los brazos en la verónica, y así en el quite con peligro de resbalarse en la media. Pidió con acierto un solo par y al cambiar el tercio se fue a un gran charco central a recibirlo, desde el que escuchó los olés más rotundos de la tarde. Sin ser una ganga, era el mejor toro del lote y no lo iba a dejar. Tras las primeras series, cambió la plomiza muleta embarrada y siguió dando redondos y pasándolo por el de pecho como quien lava. Le hizo un feo, aflojaban las gotas y la banda lo celebraba. Ahora un farol, ahora trincheras... y el público y el campo agradecidos. Pena de pinchazos.


El Mundo. CARLOS CRIVELL

Estas corridas son las que ponen a prueba al crítico. Son esas fechas en las que, tirando de frases hechas y cursilerías, se podría hablar del cielo de Sevilla, de la lluvia maravillosa o de la nebulosa que envuelve a la Giralda contemplada desde el tendido cinco del coso maestrante. Pero no es el caso, estas corridas necesitan una buena dosis de reflexión y un análisis sosegado para entender lo que pasó en el ruedo. Ni siquiera se puede hablar de los vencejos, que en tardes de lluvia desaparecen del tejadillo de la plaza. La llegada de la lluvia en el quinto de la tarde tergiversó los resultados. Precisamente en el quinto y el sexto se vivieron los momentos más toreros de la corrida, cuando el ruedo se había converrtido en un fangal peligroso.

Se puede aseverar que la lluvia en Sevilla es aficionada a los toros. Cuando llueve en la Feria de Abril, siempre es con una fuerza desmedida. No es momento de hacer un repaso a los días de mojadas memorables; basta recordar lo que ocurrió hace un año. Lo que cayó del cielo en el quinto y el sexto fue mucha agua. A la lluvia le gusta ver toros en Sevilla.

Otra consecuncia es que la misma lluvia le privó a los aficionados de poder contemplar a dos toreros en triunfo: El Juli y El Cid. Ambos cumplieron sobradamente con estos astados, pero es fácil presumir que en condiciones normales se podían haber realizado dos faenas de alto voltaje. Y otra certeza de la corrida es que, gracias a la lluvia, la minicorrida de Victoriano del Río se fue de rositas y parece como olvidada. Para que así no suceda, quede constancia de que los cuatro toros del ganadero madrileño fueron chicos, flojos y descastados. Si sólo pudo lidiar cuatro, algunos de exigua presencia como segundo y quinto, mejor no imaginarse cómo serían los desechados. Además de mal presentados, carecieron de fuerzas y de casta. Al final de la corrida, con todo el personal empapado de agua, la lluvia tapó las reses. Los dos remiendos de Juan Pedro tenían aspecto de toros al lado de las raspas de Victoriano del Río, y además embistieron más y mejor. Es lamentable, pero se acuerda uno de aquella famosa frase de algún cronista: «Llegaron las figuras y desapereció el toro». Pues algo así ha pasado, por desgracia.

Decíamos que El Juli se justificó con el quinto, toro de Victoriano del Río que se lidió, por decir algo, de forma rápida y ahorrativa (ni se picó en serio ni se banderilleó bien). El toro se mantenía en pie de puro milagro. El Juli toreó con garra y se lució en dos tandas de naturales de mano baja. Esos pases acabaron con la mínima vitalidad de animalito y ya al diestro sólo le quedó el recurso de arrimarse mucho para demotrar que venía a triunfar. Falló con la espada y es posible que perdiera algún premio.

Con el primero de su lote no pudo hacer absolutamente nada. La manga ancha presidencial dejó al toro en el ruedo cuando estaba claro que no podía aguantar una lidia normal. Ese toro debería ser descontado del precio de las entradas. 

Si El Juli se justificó con el quinto, El Cid lo hizo con el sexto, el mejor toro de la corrida, de Juan Pedro, que se lidió sin lidiarse. Se medio picó y sólo recibió un par de banderillas del Boni. Si el ruedo estaba peligroso, ¿por qué se dejó parear a Bonifacio para cambiar después el tercio? El Cid se fue al trocico seco y toreó bien sobre la derecha, aunque lo más brillante fueron los remates de pecho y las trincherillas. Fue una faena contemplada por una legión de héroes calados hasta la médula. También perdió un trofeo porque la espada tropezó en hueso. Ese toro y ese torero hubieran brillado más sin tanta agua sobre el albero.

El tercero se rajó a mitad de faena. El Cid intentó templarlo, llegó un desarme muy descarado, el toro se rajó y aquello no remontó.
El espada que abrió la terna, Miguel Abellán, le echó voluntad al asunto, pero sólo voluntad. Se fue en sus dos toros a portagayola, quitó por gaoneras y le dio muchos pases a sus toros. Los del primero, mayormente sin temple, aunque el toro derrotó siempre por alto. El cuarto, jabonero de Juan Pedro, se dejó dar mejores muletazos, pero todos fueron algo violentos. En la mitad de su labor tronó el cielo. No se sabe si estaba disgustado al ver los pases de Abellán. Lo mató mal y llegó el diluvio. Lástima que su visita inoportuna impidiera ver en su plenitud la lidia de dos toros que podían haberle dado algo de luz a la tarde. 


Metro. IGNACIO DE COSSÍO. La capa del Cid se arrastra en la Maestranza

La capa del El Cid es inmensa cuando se abre en la Maestranza. Nada sobresale más que sus verónicas bajas, de brazos dormidos tocado las piernas, mecidas, acompañadas y tan toreras que pudimos contemplar durante la lidia de sus dos toros ayer tarde. En el primero se presume de un gran pitón izquierdo, Manolo lo lancea con majestuosidad. Tres verónicas y la media, muy despacio casi en cámara lenta nacen, como por obra de arte y magia, en las muñecas del saltereño. Manolo, nunca te he visto así de bien con el capote. ¿Dónde has estado todo este invierno? Vuelve en el quite de los caballos también a la verónica para dejar en evidencia las enganchadas gaoneras del compañero en su desquite posterior. El toro no tiene fuelle ni clase y hasta mansea metido en corrales. Se ven y se oyen los lamentos y los rebrincos del animal. Todos desde nuestro tendido atónitos y perplejos contemplamos su nuevo y elevadísimo toreo de capa. Nada no hay que hacer es un toro que pide cercanías y no las merece, el estoque si y hasta dos pinchazos también. En el sexto la plaza era un estanque de agua parda. El toro parece bueno pero también esta lloviendo y en otras circunstancias el cuento tendría otro final. Bravo su comportamiento, el del toro y el de Manuel Jesús. Uno por su alegría y otro por sus verónicas, posiblemente de las más mecidas de esta gran feria. El Juli, el presidente y el ganadero nos regalan un inválido que nadie lo quiere devolver salvo el respetable que haciendo honor a su apelativo se convierte en más amable aún todavía. Un capote por bajo Juli y a romperle del todo el cuello, esto a ti tampoco te conviene, como se ha puesto farolillos esta temporada. Largos fueron los naturales a su segundo, con la que está cayendo, Julián. Esta claro que por algo es una figura indiscutible, le recuerdo especialmente al natural en una serie muy asentada y firme. Pero claro con el menú de días pasados todo me sabe a poco, lo reconozco estuvo bien pero a mí solo levanta…dejémoslo. Miguel Abellán se lleno de ambición y casta y se situó desde el primer momento en la puerta de los sustos para recibir con largas cambias y por triplicado a todos sus oponentes. Eso sí y la estocada a su primero magistral, pero otro toro flojo sin casta, soso hasta decir basta. Había que hacerle muy bien las cosas porque el no regalaba nada y Miguel no las encontró. Por cierto en el segundo de su lote, un jabonero sucio muy potable aunque sin humillar, debió perderle un paso, darle más distancia y ligar de manera rectilínea el toreo. Debió hacerlo rápido porque el animal solo tiene 20 viajes, mira eso lo hace muy bien también El Cid, un torero que no se anda con probaturas. Llegan los truenos y la lluvia, para entonces Miguel acariciaba su acero esperando mejor ocasión. ¿Y me pregunto yo, a cuál se referirá el maestro?


Diario de Sevilla. LUIS NIETOEl Juli, El Cid y... un diluvio 

La expectación fue enorme. El cartel de No hay billetes se colocó media hora antes del inicio de la corrida. El plato fuerte eran El Juli y El Cid, a quienes abría cartel Miguel Abellán. El cielo cubierto contrastaba con el amarillo albero del piso de plaza. El ambiente era formidable ¿Todo?... No, todo, no. 
En los corrales había habido un maremoto. Al final de mucho lío en la trastienda, la corrida de Victoriano del Río era remendada con dos toros de Juan Pedro Domecq. Y uno, al ver la lamentable presentación de lo que salió por chiqueros, se pregunta cómo serían los toros desechados. ¿Quién trajo esa corrida?... ¿El Cid, que el otro día mató la de Victorino Martín?... ¿Miguel Abellán, que únicamente venía a esta corrida, abriendo cartel?... ¿O El Juli, amigo del ganadero Victoriano del Río? El madrileño, primera figura del toreo, no debe anunciarse con estos toros. Lo de ayer en la Maestranza, hasta que cayó un diluvio que hizo protagonista al agua, que todo lo purificó, fue un desastre. Que nadie lo olvide. El Juli y El Cid, con el ruedo impracticable, cambiaron el semblante del festejo. Pero el tercio de varas se escamoteó en varios ejemplares.

El primer toro, aunque alto y largo, estaba anovillado. Dio un topetazo en el caballo en un primer encuentro y en el segundo empujó. En la muleta, incómodo, echó la cara arriba y buscó tablas en chiqueros a la hora de morir. Miguel Abellán, que lo había recibido con una larga cambiada de rodillas a portagayola, realizó un trasteo sin lucimiento en las afueras.

Abellán tuvo en suerte como segundo cartucho a un jabonero al que midieron el castigo con dos puyacetes en su sitio. El madrileño se la jugó a portagayola de rodillas en una larga cambiada que empalmó con otra del mismo modo en los tercios. Comenzó la faena, por bajo, con muletazos de buen corte. Pero, en los medios, no llegó a romper una labor a la que le faltó limpieza en los muletazos con un animal al que le faltó franqueza.

El Juli tuvo como primer oponente a un inválido que fue protestado constantemente hasta el que el torero, tras una tanda en la que el animalito aterrizó, lo mató malamente. Bronca del público que suponemos dedicó al presidente, Juan Murillo, por aguantar en el ruedo a una porquería de toro.

El quinto, otra delicia de animal encastado, coceó al sentir un capote detrás suyo, mientras recibía el primer puyazo y salió suelto como un rayo. En la otra vara no se entregó. Se desató un diluvio y comenzó una nueva corrida en la que el agua, que cayó fuerte, hizo olvidar a los espectadores todo lo anterior. 

El Juli se entregó en una faena extensa, con el piso de plaza embarrado. El diestro, como si fuera un patinador, se deslizó por el albero para caer peligrosamente delante del toro, que no hizo por él. La faena, que acabó en un arrimón, llegó al público por la raza de El Juli. Una labor entonada que no remató bien con la espada.

El otro protagonista en medio del diluvio fue El Cid. El diestro sevillano y su cuadrilla también se la jugaron en un ruedo ya impracticable. Recibió al toro con buen aire a la verónica. Luego, faena voluntariosa, con meritorias series y buenos muletazos, especialmente por el pitón derecho –el mejor– con un toro manejable, que echaba en ocasiones la cara arriba. El Cid, que remató tandas con buenos trincherazos y pases de pecho, e incluso con algún afarolado, hubiera cortado una oreja por ese afán de agradar en medio del barrizal. Pero anduvo mal con los aceros.

Con el voluminoso tercero, al que se le cambió en la suerte de varas tras un picotazo y un puyacito, y que fue un animal mansote, pero sin malas ideas, El Cid destacó en una buena serie con la zurda.
La expectación de la tarde se disolvió con la facilidad con la que se disuelve un azucarillo en agua. Pero en este caso no fue por el agua. Todo lo contrario. Se desintegró por una corrida impresentable. Y al final, por su entrega, quedaron como protagonistas en el ruedo El Juli y El Cid en medio de un diluvio.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Esfuerzo de El Juli bajo el diluvio

Recuerdo aquel programa de educación vial de televisión española que advertía que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en las misma piedra, y aparecía en la imagen un Seat 1200 que una vez se estrellaba con un pedruscón en mitad de la calzada y en la siguiente secuencia de la moviola lo esquivaba. No quiero decir que El Juli después de aquella infame y lejana tarde de Castellón no volviese a matar una corrida de Victoriano del Río, una vez rehabilitado en la pasada Feria de San Isidro como triunfador. Desconozco los dimes y diretes para que don Victoriano haya sido, hasta el momento, el único ganadero al que no le han dejado lidiar la corrida completa en Sevilla. Como desconozco las causas por las que El Juli -en ésta y en la anterior de Zalduendo- y Enrique Ponce -con Torrestrella- han estado comandando las corridas peor presentadas de una feria en la que, por cierto, por los factores que sean, han pasado de puntillitas como primeras figuras de la tauromaquia. Y eso que Julián López hizo un esfuerzo cuando la tormenta atronaba el cielo de Sevilla. Diluviaba. La historia se repite también en otros registros: hace no sé cuántos años Juli estuvo hecho un tío bajo el diluvio sobre un albero en infinitamente peor estado que el de ayer. El quinto, el toro más serio de los cuatro de Victoriano del Río, parecía que iba a durar y no duró, por lo que al torero de Madrid el único recurso que le quedó fue meterse entre los pitones y dar la cara, tremendamente valiente. Pero, después de darla, estuvo con la espada hecho un desastre. Como en su primero, un toro menos que terciado que acusó un mal puyazo, para mal de males. El personal, ante las continuas claudicaciones, le increpó y le invitó a que abreviase, sin ningún por favor de por medio.

Y El Cid, criatura, cómo se le ha puesto la feria, debió estar más crecido en su corral. Con el capote, a la verónica, lo bordó en los dos toros; ha aprendido a volar el lance con temple, y no digamos la media. Bien de verdad. Pero el sexto, con todos los condicionantes que se quieran -un diez para el presidente que cambió el tercio de banderillas con un solo par para evitar una tragedia de los banderilleros sobre las Tablas de Damiel en las que se había convertido el coso del Baratillo-, tuvo más, pese a que remataba los muletazos siempre por arriba. En dos tandas, Cid le sacó la muleta limpia por debajo de la pala del pitón; en otras le enganchó demasiado, sin fibra en la muñeca ni en el pulso. Lo mejor fue un trío de naturales dejándole la tela puesta; lo peor, al margen de la espada, es que dio la impresión de que se ha creído con la batalla ganada (la feria), que se la van a «robar» por todos los lados. Fue éste el segundo remiendo de Juan Pedro a la corrida (sic) de Victoriano del Río. En su anterior, de la ganadería anunciada, rajadito y noble, tuvo momentos, como una trincherilla y un trincherazo. Poco para rematar esa Puerta del Príncipe que nadie discute, pero que se ha quedado como muy lejana...

Hubiera sido un milagro que Miguel Abellán, con ese vestido de moscas de azabache sobre un blanco Ariel, pudiese estar bien. Premio al terno más horripilante de abril. Se fue meritoriamente dos veces a portagayola, con el primero de Del Río, un cinqueño alto y feo sin ningún trapío, y un jabonero de diseño de trapo de Juan Pedro. Ambos se dejaron, especialmente el cuarto, un buen toro. Y Abellán se dispuso a demostrar que a pegapases no hay quien le gane. Cuando el tren se va...


La Razón. JUAN POSADA. Dos valientes contra los elementos

Está demostrado que cuando los toreros llegan a figura es por algo. Tienen una reserva mental que sacan a relucir en los momentos precisos y más duros. Sucedió ayer con El Juli en su segundo toro y El Cid en el sexto. El primero se la jugó tras brindar al público con un toro que tenía mucho que pelar. Iniciada la lluvia y con el albero resbaladizo se mostró muy firme sin importarle el riesgo y sacándole partido a un animal que lo tenía muy escondido. Lució su mejor técnica y presencia de ánimo. Sacó naturales donde apenas los había y en todo momento se mostró valiente, seguro y cabreado, como debe ser en una figura. El Cid, en las peores condiciones climáticas, se jugó el físico con el sexto, que era bueno pero, agarrado al barro, dudaba en algunas ocasiones. Convenció a los inconformistas porque, en estas circunstancias tan adversas es cuando se ve quién vale y quién no. Abellán recibió al primero a portagayola seguido de lances rápidos porque así embestía el toro. Inició la faena por bajo para dominar a la res, brusca e incierta. Los primeros derechazos, tragones porque el toro no acudía fijo. Los naturales, largos unos y cortos otros, como así se manifestaba el animal. La siguiente tanda con la diestra, muy cruzado al pitón contrario para no dejarse sorprender por las súbitas arrancadas. En definitiva, una faena un tanto violenta en la que Abellán estuvo muy dispuesto ante un animal que arreaba mucho, a veces, con peligro. Al cuarto de Juan Pedro Domecq también lo recibió a portagayola y repitió una segunda larga en el tercio. Los lances que siguieron, menos lucidos. Los primeros muletazos por bajo, largos y mandones. Citó desde el centro del ruedo con la derecha y estos primeros pases resultaron un tanto violentos, como la embestida del toro. La segunda tanda, también rápida, no levantó pasiones. Insistió con la diestra sin lograr acoplarse a la velocidad del animal y dejándose prender el trapo. Igual sucedió con los naturales que siguieron en los que dejó que le engancharan la muleta en demasía. A partir de entonces, su labor se vino abajo y se comprobó que no le había encontrado el temple al toro. Cierto que el animal embestía fuerte pero, no lo es menos, que la muleta está para intentar adaptarse a su velocidad. Faena voluntariosa, crispada y sin llegar al personal. Le faltó templanza. El Juli lanceó sin estridencias al segundo, que acusó falta de fuerza desde el comienzo. Los primeros muletazos, a media altura, para que el animal no claudicara, no valieron de nada porque, en el momento que quiso torearlo ya en serio, el toro se fue al suelo. En la segunda tanda diestra, volvió a doblar las manos para derrumbarse estrepitosamente en el primer natural. El Juli optó por matar ante las circunstancias y su actuación fue silenciada. Con el quinto, que parecía que sería mejor, se la jugó. Inició por alto y, enseguida, bajó la mano por el pitón derecho alargando el pase pero cuidando de que el toro no doblara las manos. Corregido el defecto, prosiguió con la diestra, cruzado y muleta muy baja pasándoselo con firmeza. Con la izquierda, engaño adelantado y llevándolo medido sin permitir que le enganchara. Otra tanda zurda, la muleta puesta y aguantándole la lentitud de la embestida; en uno de los muletazos, el toro no le obedeció y se le quedó por debajo con mucho peligro. Faena concienzuda, valiente y técnica. Demostró que es una figura del toreo. Toro viciado El Cid, buenos lances al tercero, rematados con excelente media; también capeó con lucimiento en el quite, al igual que su compañero Abellán, por gaoneras. El toro acusó cierta tendencia a tablas por lo que el torero comenzó su faena en el centro del ruedo. Parecía que corregía el vicio en los primeros derechazos, en los que el animal fue con nobleza. Pero al coger la izquierda, en el segundo pase la res huyó descaradamente hacia los adentros, no lo permitió el torero y los siguientes pases los tomó a duras penas porque El Cid le dejó la muleta frente al hocico y no tuvo otra opción. Retornó con la izquierda y cuando ya parecía que tenía convencido al animal, sufrió un desarme lo que aprovechó el toro para atrincherarse en tablas, su feudo natural. Prosiguió con la derecha, pero ya los lances no resultaron; el toro se había salido con la suya. Recibió al sexto, de Domecq, en medio de un diluvio con buenas verónicas y excelentes medias. Principió la faena bajo un tremendo chaparrón y el ruedo hecho un lodazal. No esperó a nada y desde el principio se plantó con la derecha, adelantando siempre la muleta y acompañando las arrancadas, con ritmo. La siguiente tanda diestra, mejor aún, y el pase de pecho, extraordinario. Ya pesaba la muleta a causa del agua y el barro, y el toro dejó de humillar, pero el diestro no se arredró y consiguió que, al bajar mucho el engaño, el toro lo hiciera con la cabeza. Faena de mucho valor y de más mérito, puesto que, aparte del peligro natural, estaba presente la pésima condición del piso.


Marc LavieDeux faenas sous le déluge

Après une première partie ennuyeuse mais au sec, la pluie venant de Huelva fit son apparition lors du quatrième combat et la corrida prit du relief. Pas seulement par les conditions climatiques, qui tournèrent vite au déluge universel, mais aussi le changement de ganadería, avec la sortie en quatrième d'un toro notable de Juan Pedro Domecq, savonneux de robe, qui mit les reins en poussant lors de deux piques, gardant ensuite de la mobilité offensive. Abellán commença sa faena en le doublement sèchement et en lui touchant les côtés, ce qui rend les toros méfiants et les incite à se replier sur la défensive. La faena fut intermittente, avec quelques séries claires, et d'autres bousculées et accrochées. Avec l'épée, le Madrilène ne fut guère inspiré, tuant d'une épée de gendarme au troisième essai.

Lorsque Juli affronta le cinquième, de Victoriano del Rio, ce fut le déluge universel, la fuite des tendidos vers les gradas ou les galeries. Sur une piste inondée, le torero fit front avec un cran admirable et composa à l'arrachée, passe après passe, une faena de grande valeur, basée sur un aguante réfléchi face à des charges incertaines. Très mal la musique laquelle, pourtant à l'abri, ne joua pas la moindre note. On se demande si le fils n'est pas encore pire que le père... Deux pinchazos, une entière et grande ovation de spectateurs mouillés jusqu'au slip.


La piste était une immense marécage lorsque le Cid ordonna la sortie du sixième, un bon toro de Juan Pedro, qui se déplaça avec suavité, sans cependant s'employer totalement dans les leurres. El Cid, qui s'était confié avec assurance face au troisième et tant que ce toro chargea, mania la cape avec délicatesse vers le centre. Le torero se centra dans la boue, toréa par moments très bien, malgré une muleta qui pesait une tonne. Il y eut notamment quelques naturelles basses bien liées à la ceinture et une passe de poitrine à encadrer. Mais, comme ce fut le cas pour El Juli, il est très difficile de tuer sans appuis solides et sur un sol glissant : trois pinchazos, une estocade et deux descabellos, et tonitruante ovation à la sortie pour un Cid qui a réalisé, lui aussi, une superbe feria, ayant retrouvé une totale confiance.


Imágenes del festejo



Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas