GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
Almería
Cádiz
Córdoba
Granada
Huelva
Jaén
Málaga
Sevilla

 

Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del lunes, 23 de abril de 2007
Corrida de toros

A la salida del quinto se fue a portagayola. Lo nunca visto. Un artista recibiendo un toro en la puerta de toriles. Reuters
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Núñez del Cuvillo (de distinta presentación y diferente juego, escasos de fuerzas y flojos en general; el 3º fue devuelto a corrales por descoordinarse al derrotar contra el burladero). 

Diestros:

  • Jesulín de Ubrique (se despide de plaza). De azul pavo y oro. Estocada baja (silencio); meteysaca, descabello (silencio). 
  • Morante de la Puebla. De caña y oro. Media estocada caída (bronca); Estocada caída (dos orejas).
  • Alejandro Talavante. De lila y oro. Estocada casi entera, un poco atravesada y trasera, descabello (oreja); estocada entera (dos orejas). Salió por la Puerta del Príncipe.
PresidenteAntonio Pulido.

Tiempo: solado y calor.

Entrada: hasta la bandera.

Crónicas de la prensa: ABC, El País, Diario de Sevilla, La Razón, Metro, El Mundo, Marc Lavie.

 

PUERTA DE ARRASTRE


Por Santiago Sánchez Traver


C
on esta corrida de lunes de preferia se han resuelto, de una tacada, varias de las incógnitas del ciclo. Es difícil que se le escape el trofeo de triunfador a Talavante. Sirvieron cuatro toros de Cuvillo, por lo que se llevará premios de la corrida. Hasta los picadores anduvieron bien. Morante se llevará trofeos a mogollón. Y todos tan contentos. La verdad es que la tarde valió la pena. Casi nadie se acordará de que Jesulín se despidió de la Maestranza, a la que vino como siempre: sin ser él mismo. El presidente, y sin embargo amigo, estuvo fácil, pero tampoco lo recordaremos más allá de unos pocos. ¿Tal vez será el máximo recuerdo que Talavante salió por vez primera por la Puerta del Príncipe? Va salir muchas más, aviso. Yo creo que no, sino que siempre nos acordaremos de cuando Morante se fue a portagayola y después derramó su inspiración por el albero.



Imágenes del festejo

LO MEJOR  Y LO PEOR


Por Carlos Javier Trejo

Tardes como la de hoy crean afición. Doy gracias a Dios por haberme hecho aficionado y poder experimentar ese cúmulo de sensaciones que sólo la Fiesta de los Toros es capaz de despertar en mi interior. Cuándo se conjugan valor y arte en un toreo, la excepcionalidad es sublime. Valor el de Morante de la Puebla, para que hablan de los toreros de arte…recibió a portagayola al 5º de la tarde, un morantista como el que os habla es la 1ª vez que se lo ve. Pegó dos delantales antológicos, y destapó el tarro de las esencias en una faena, con un toro reservón al que le echaba la muleta y le ponía la barriga de manera sin igual. Gracia y torería de este Morante que esta vez sí pudimos ver. Lo de Talavante, no tiene parangón, ni un año de alternativa, y viene de descerrajar las puertas grandes de Valencia, Madrid y, hoy, camino de la gloria por la del Príncipe. Muñecas y naturalidad, ¡vayan a verle! Triste despedida la de Jesulín de Ubrique de la Real Maestranza, plaza que siempre lo midió, pero que también en ocasiones supo valorar su temple y pulcritud en el manejo de los trastos. Se encontró con un toro flojito, en primer lugar, con el que estuvo muy templado, pero carente de transmisión. Con el 4º de la tarde, 2º de su lote, poco pudo hacer, junto con el 1º de Morante, fueron los menos colaboradores del encierro de Cuvillo. Lo peor sin duda, las estocadas, bajonazo en el 1º y feo metisaca en el costillar en el 4º. No me gustó la predisposición del público con Alejandro Talavante, en su primer toro, un astado colaborador con el que estuvo fácil y natural, se sucedieron algunos enganchones. Por el derecho, terminaba los muletazos por encima de la pala del pitón, y la estocada fue defectuosa, fue una oreja fácil, si la medimos con la de Castella del sábado (por ejemplo). Tampoco me gustó el público cuando censuró a Morante en el quite al 2º toro de Jesulín.

 

LOS PROTAGONISTAS

Jesulín de Ubrique

El matador gaditano esperaba que su despedida de Sevilla, no hubiese sido tan desangelada: “La última tarde que toreaba en la Maestranza no ha salido como yo pensaba y desde luego, mis deseos eran salir por la Puerta de Príncipe. La corrida ha tenido toros de gran calidad, pero no fueron los dos de mi lote. El primero de la tarde se ha venido muy a menos y el cuarto se ha defendido, y los dos miraban a la taleguilla descaradamente”. Jesulín comentó que estuvo a gusto con el capote: “A mis toros los he recibido con gran suavidad y pulcritud, porque ellos se han desplazado bien en sus inicios”.
Morante de la Puebla

José Antonio terminó el festejo con semblante serio: “Estoy un poco vacío porque lo he entregado absolutamente todo, aunque satisfecho con lo realizado en el ruedo”. Morante tuvo palabras para ese sector del público, que crítico desaforadamente su actuación en el segundo de la tarde: “Tengo un punto de tristeza en mi interior, porque creo que no me merecía ese trato tan severo”. Para finalizar su intervención el de La Puebla, habló de su puertagallola al quinto: “Es la primera vez que me voy allí en Sevilla y creo que también es la primera de mi vida como matador, porque de novillero lo he realizado un par de veces, una de ellas en Cali. Lo he realizado por arrebato de torero y no, por un momento de inspiración.”
Alejandro Talavante


El tercer espada del cartel se mostró tranquilo a pesar de Abrir la Puerta del Príncipe: ”Llevo sólo diez meses de matador de toros y pretendo dar un toque de atención a todo el mundo. En plazas de primera son donde hay que dar aldabonazos y aquí en Sevilla, creo que acabo de pegar uno muy fuerte”. Talavante hizo alusión a su anterior comparencia: “El viernes comenté que iba a torear mejor y hoy otra vez, me han vuelto a ovacionar con un natural. Todo el mundo ha visto mi forma de torear y creo que he dejado muy clara, cuales son mis intenciones no sólo en Sevilla, también en Madrid y Valencia”. En referencia a la Puerta de Príncipe comentó: “Esto es un sueño inenarrable” 

Realiza: Emilio Trigo



Más imágenes del festejo


Crónicas de la Prensa

El Mundo. CARLOS CRIVELLCinco orejas son muchas orejas

La corrida ofreció momentos intensos de toreo, pero el palco se desmadró con los trofeos y metió la pata con las dos de Morante y ya no pudo aguantar la petición a Talavante en el sexto. En ambos toros sacó los dos pañuelos al mismo tiempo. Una exageración. Vaya esto por delante del análisis de una corrida con momentos inolvidables por la estética del torero de La Puebla y la personalidad del extremeño.

Se cortaron cinco orejas a una corrida de Núñez del Cuvillo muy noble y muy floja. Estamos en Sevilla y la lidia debe ser más exigente con las reses. Todo fue bajo mínimos. Se les cuidó en el capote, los espadas no rivalizaron en quites y por el caballo pasaron de forma simbólica. El juicio debe recordar que los toros tenían muy poca casta. A los taurinos les importa poco este juicio, más después de las cinco orejas. Pero se debe dejar constancia de que fueron orejas cortadas a toros aborregados y que el palco perdió el norte con los pañuelos.

Dicho esto, la corrida tiene un apartado fundamental dedicado a Morante. No le gustó el segundo y lo mató pronto. El toro no valía nada. La gente le abroncó con saña.

Cuando quiso entrar en quites en el cuarto se reprodujo la bronca. Se supone que sería de malos aficionados. Morante estaba en su turno y toreó bien con el capote.

A la salida del quinto se fue a portagayola. Lo nunca visto. Un artista recibiendo un toro en la puerta de toriles. Fue una larga apurada que tuvo continuidad en unos lances preciosos. El toro pregonó su bondad en banderillas y la plaza estaba contagiada de la magia especial de este tipo de toreros.

Fue una faena de trazos geniales. Al principio, sobre la derecha en tandas profundas rematadas con los de pecho. Le dio tiempo al toro, que poco a poco iba perdiendo vida. Los naturales fueron monumemtos a la gracia, pero los remates llenaron la plaza del sabor eterno del toreo sevillano. Faena de pausas y de chispazos. El público estaba entregado. La espada cayó muy baja. Con ese espadazo no se pueden cortar dos orejas en Sevilla. Si se baja este listón, el prestigio del coso se derrumba con estrépito. ¿Morante? Genial. ¿Dos orejas? No, con una hubiera bastado. 

Talavante le debe la Puerta del Príncipe a Morante. Si el palco no le da las dos orejas al sevillano, nunca se las hubiera concedido al de Badajoz. En su primer toro, Talavante cortó una oreja por una faena realizada en el centro a un buen toro sobrero. La faena fue templada, ligada y con fases de mucho aguante. Lo mató de forma imperfecta y la oreja llegó cogida con alfileres. Talavante tiene el santo de cara en la Maestranza.

Tras el clamor de la faena de Morante y su doble trofeo, el sexto fue otro toro de bondad suprema sin codicia ni fuelle. Para los toreros deben ser toros maravillosos, pero deben exigirse reses con más empuje. Talavante mimó al astado en varas, no se le hicieron quites y planteó una faena en el centro sobre la derecha. Las primeras tandas fueron lineales y despegadas. La faena tomó vuelo cuando el toro embestía ya casi al paso y Talavante lo templó en muletazos largos sobre la izquierda. El ritmo de cada pase, perfectamente acoplado a la bondad del animal, la capacidad para aguantar algunos parones y retomar el muletazo, junto al sitio en el que se colocó el torero fueron la base de una faena con algunos pases de muy bella factura. Mató mejor de lo que acostumbra de una estocada levemente desprendida y al presidente no le quedó más remedio que sacar otra vez los dos pañuelos. Con uno hubiera bastado, pero antes se había excedido y ahora no podía hacer otra cosa. Algunos dicen que esto es bueno para la Fiesta. No es seguro. Para la Maestranza es malo. Lo ha visto mucha gente y el coso pierde aún más categoría. Lamentable.

Jesulín de Ubrique toreó por últioma vez en Sevilla. No tuvo mucha suerte. El primero de la tarde fue noble y flojo. Le dio muchos pases templados sin apenas eco en el tendido. El cuarto fue un animal sin recorrido, inválido y descastado. Mala suerte para despedirse de la Maestranza. Para colmo, lo mató de un metisaca muy feo. Un torero tan bueno como el de Ubrique merecía mejor despedida de esta plaza, donde ha cuajado toros importantes. Al final, la gente contenta, un torero por la Puerta del Príncipe y un artista por la principal. Lástima de excesos.


Metro. IGNACIO DE COSSÍO. Talavante sobreado de talento y Morante falto de cariño

Madre la que se ha armado en la Maestranza. Jesulín pasó desapercibido en el día de su despedida sevillana, mientras Morante resurgió de sus propias cenizas en el quinto; y Talavante se glorificaba con un natural eterno en el último de la corrida. Jesús, fácil muy fácil con el capote y soso como el toro en su primero. El torero de Ubrique toreó aseado en el cuarto con el capote y no menos en algún derechazo. Olé su temple prodigioso pero nada más, el toro es muy blando y acaba por ahogar la despedida. Morante se desentiende del peor de la tarde y Sevilla le castiga hasta en el quite de Jesulín. Llega el tiempo del desquite, Morante no lo duda y se marcha a portagayola. Cinco verónicas y una media apoteósica hacen mil partidarios. Repite por delantales el toreo de Chicuelo. Acaricia la muleta y zas. Tricherazos, pases por alto y dos series en redondo le hacen subir a lo más alto. La plaza es un clamor cuando torea al natural. Qué pena, el toro no humilla y no rompe por bajo. Otra serie con la diestra más templada, un molinete invertido muy gallista, y un remate nos regala el de la Puebla. Llega la vuelta por Toledo y se saca el toro por fuera. Con la espada no pasa de la estocada desprendida. La faena esta hecha y el presidente le concede los trofeos porque es antes aficionado que presidente. Muy bien Sr. Pulido. Lo de Talavante no tiene nombre. Con el capote no dice nada pero con la muleta lo dice todo. Alejandro tiene una zurda que es de goma, borra todo lo anterior. Dos series al natural calientan los tendidos y entreabre la puerta magna. Qué ligazón con el de pecho en una de estas tandas, parece ni soñado. La estocada trasera y tendida da paso al certero descabello. En el sexto, la apoteosis. El toro no le merece y poco a poco aguanta, resiste y con paciencia y no con menos torería va cosiendo una faena al natural, que se culmina con el más largo jamás contado. Si mi tío bautizó la verónica de Gitanillo de Triana como un minuto de silencio yo lo hago con el natural de Talavante como el del siglo. Muerto en el aire, solo, abandonado, largo, eterno, como el mar. Dos con la diestra y dos con la zurda consumaron la epopeya. Natural de Puerta del Príncipe y de consagración talavantina. Nadie ni siquiera él sabrá mañana lo que ha hecho, es más nadie que estuvo allí lo podrá contar como fue. Imagínense, tan inmenso como el mar.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO Morante y Talavante cautivan 

Morante y Talavante cautivaron a una plaza enloquecida y a un presidente, Antonio Pulido, que sacaba los pañuelos de dos en dos. A Morante le concedió dos trofeos en el quinto. Con un trofeo hubiera sido suficiente. Y a Talavante, le concedió una oreja en el tercero y, sorprendentemente, otras dos en el sexto, de manera exagerada la segunda, pues en este caso faltó toro. Eso no quiere decir que no viéramos buen toreo en un festejo que encabezó Jesulín en su adiós en Sevilla y que tuvo en suerte al mejor toro del encierro, el primero, un animal noble con el que estuvo técnicamente impecable, pero sin emocionar lo más mínimo. Jesulín templó a la verónica. Sin embargo, Morante se ganó una ovación mayor con un quite con tres verónicas más sentidas y una media con enjundia. En los tercios, la faena del torero de Ubrique fue perfecta, con muletazos limpios y suaves por ambos pitones, pero que no llegaron a calar en el respetable. 

Al cuarto, al que en el tercio de varas le dieron un par de picotazos –no le hicieron sangre ni para un análisis– Jesulín anduvo sin aprietos y sin oponente, con un toro que no podía ni con el rabo. En este toro, en el que cumplió a la verónica, le replicó en un quite Morante, un quite que resultó deslucido y al que el público se oponía con protestas, ¡increíble!, porque el de La Puebla se había inhibido en su primero. Jesulín se despidió de la Maestranza con un feo metisaca y un descabello.

Lo de Talavante tiene mérito. Es un torero nuevo, que sin un año de alternativa y sin haber alcanzado las cuarenta corridas de toros tiene agallas y capacidad suficientes para conmover cuando y como quiere. Es torero de primera; sí, de primera categoría en todos los sentidos. Le gusta la presión. A comienzos de temporada le vi en Écija y Morón y ese fue otro Talavante. Y es que hay artistas que precisan de la máxima presión y responsabilidad para sacar todo lo que llevan dentro. Me lo contaba un día Paco Ojeda: “Yo he salido por la Puerta del Príncipe y al otro día tienes que torear en un pueblo y parece que te han bajado del cielo y te han hecho aterrizar violentamente en la tierra”. A Talavante no lo hizo ayer aterrizar ni esa presión ni un Morante artista que envolvió con fuego los tendidos en el quinto. 

El extremeño compuso en el tercero una faena desigual, salpicada de magníficos muletazos y a la que faltó limpieza. Con la derecha se centró en la segunda tanda. Por la izquierda, su mano fuerte, rompió en una buena serie que hizo saltar la banca y la música. Con el público en el bolsillo, se gustó en naturales en dos series entonadas. El cante grande llegó en un cambio de mano en el mismo platillo y, muy vertical el torero, en unos naturales amanoletados, mientras sonaba el pasodoble Manolete. Le concedieron una merecida oreja.

Con el sexto, un toro noble, con escasa entrega y sin poder alguno, se inventó una faena. Un mérito que debió ser premiado con un trofeo. Sin embargo, el presidente sacó dos pañuelos a la vez para que el extremeño abriese por primera vez en su carrera la Puerta del Príncipe. La faena la comenzó en los medios citando a un astado que acudió con galope cansino. En el platillo destacó en una serie con la izquierda. Con la derecha lo llevó empapado. En esta ocasión, la gran explosión llegó en un cambio de mano maravilloso, rompiéndose. El resto de faena transcurrió metido entre los pitones. Brilló en algunos remates, como un excelso trincherazo. Mató de una estocada fulgurante, cayendo la espada caída.

Morante se ganó una bronca a pulso en su incierto primero, al que no quiso ver. En el quinto, ¡increíble!, el diestro de La Puebla para reconciliarse con el público se fue frente a toriles. La primera vez en su vida. Al menos que yo le haya visto.

–¡¿Cómo?!; se frotaba los ojos un espectador a mi derecha. ¡¿Morante a portagayola?!... Sí. Morante de rodillas para recibir al toro a portagayola. El torero tuvo que tirarse cuerpo a tierra. Ya de pie, verónicas vibrantes, pero despegadas. Las palmas echaron humo y la banda tocando. La faena de muleta fue a golpes porque el toro no llegó en modo alguno a entregarse. Golpes en los que rezumó torería añeja, con el añadido de algunas genialidades. El animal lo mismo escarbaba que tardeaba. Y Morante estuvo francamente bien. En las afueras, se marcó una serie corta y aflamencada en muletazos diestros. Con la izquierda estuvo entonado en una primera tanda que remató con un buen pase de pecho. Hubo un remate increíble que puso a parte del público de pie. Otra serie fue tan cortita como sabrosa, aliñada con una salada trincherilla. Un muletazo de remate por la cara nos recordó a Joselito el Gallo, como un par de kikirikíes. Y luego brilló de frente, a pies juntos, en algunos naturales. Mató de una estocada casi entera caída. El presidente sacó de inmediato dos pañuelos. La faena, por la estocada caída, hubiera estado suficientemente premiada con un trofeo. Pero lo que nadie puede negar es que Morante es un artista, un mago del toreo. Capaz de recibir una bronca con la misma naturalidad y torería con la que se marca un natural o deslumbra con un kikirikí.

La tarde fue imborrable, con el público volcado al máximo. Repito, no fue imborrable por el número de trofeos concedidos, que fueron excesivos, pero sí por la transmisión con la que Talavante y Morante llegaron a los tendidos gracias al buen toreo que realizaron.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Morante tiene la llave y Talavante, el candado de la Puerta del Príncipe

Sobre la turbamulta pasaba Alejandro Talavante por el túnel sagrado de la Puerta del Príncipe. De mano en mano, de hombro en hombro. El sol se había ocultado ardiendo. Las llamas de la Maestranza lo habían prendido de naranja y fuego. Pasión crepuscular, Morante encendido, arrebatado, gesto de torero, a portagayola, quemando el último cartucho. «¡Tú tienes la llave!», le gritaron. Pero Talavante tenía el candado del cerrojo. Qué tarde de toros.

Que Morante es dueño de unas formas, un encaje y una torería distintas, no supone nada nuevo. La novedad es que se decidiera a sacarlas como espada del fundón en una plaza que, como la llave, ya debería ser suya. La feria se le iba entre penumbras, como la temporada anterior. Y no se qué le entró por dentro, el orgullo, la raza, los gatos que maúllan en las noches de luna como lobos solitarios, que agarró el capote y marchó con él a rastras hacia el portón inmenso de toriles. ¡Morante! De la oscuridad de los chiqueros se le vino cruzado el toro, como salen habitualmente por esa bocana del miedo, de tres metros y pico de ancho, con holgura sobrada para que la bala zigzague en su trayectoria. Morante tiró la larga al aire y el cuerpo, a tierra. Y se levantó arreado, a la verónica, barroco, crujiéndose con el toro que se le escapaba abanto; el rebujo de la media agarró al maestro de la banda: tócala otra vez. Le arreó el toro sin que nadie echara un capote hasta sacarle todo el aire. Hay que ponerse en forma, torero. El pase de la firma del arranque de faena fue un cartelazo, un monumento, una bestialidad. Y el de pecho. Tanta fibra traía el de La Puebla en esta tarde última suya de abril que, aún bien acinturado, toreaba con exceso de arrebato, con veloz trazo, como en un quite anterior por delantales. Era el orgullo quien toreaba, la prisa por coger el último tren, pero tan bien compuesto que el gentío se olvidaba de que Morante sabe torear más templado y más puro, con la pierna sobre la vía. Los adornos, los embroques, el embrujo. Con la espada dentro el toro, manso con su castita, o mansito con casta, buscó la querencia que, por cierto, Morante nunca le había dejado alcanzar. De tanto arrebato, el presidente se contagió y sacó los dos pañuelos a la vez, como John Wayne las pistolas: bang, bang, a la diana de la seriedad. La bronca a la brevedad morantista con el complicado segundo se desechó al olvido.

Alejandro Talavante venía con la aureola de los doce naturales, doce, que tocaron hace dos días el corazón de la Maestranza para conquistarla. Y, por aquel recuerdo tan bárbaro, la primera faena al primer toro de Núñez del Cuvillo -un sobrero con dos leños que había sustituido a un toro que se descoordinó en un topetazo con un burladero- se quedó en un sí pero no. Allí en los medios, de cada serie de natural se acercaban a la excelencia del otro día uno o dos. ¿Qué faltaba? Arrastrar un cuarto de muleta por abajo, amigo. ¿Lo hubiera aguantado el toro? Probablemente sí. La oreja fue justa, medida, sin apasionamientos y razonada, porque el final a pies juntos, muleta al segundo muslo, había apurado la obra por encima de la estocada atravesada.

Todo temple fue el corpulento y engatillado y astifino sexto, que completó su redondo lote y la notable corrida de Cuvillo. Y temple derrochó Talavante. Otra vez ligado en la boca de riego, generoso en la distancia al principio; de nuevo en un palmo de terreno con la zocata, como en la faena anterior, quieto y jugando ahora los vuelos de la muleta, cada vez a más. Respiraba con absoluta tranquilidad ante la cada vez más parada embestida, sin aspavientos, librando pases de pecho a cámara lenta o alguna trincherilla de clamor. Pero fue un cambio de mano (lo que ahora escriben como cambio de manos), de la derecha a la izquierda, por detrás, sin moverse, lo que desembocó en un natural que duró la eternidad entera. La plaza se puso en pie, y Talavante se descaró agradecido, como tras la estocada por arriba, como por la Puerta del Príncipe.

Jesulín venía a despedirse de Sevilla, pero Jesulín hace tiempo que se ha ido.


El País. JOSÉ SUÁREZ INCLÁN. Dos toreros enloquecen Sevilla

Toros para figuras. Y figuras de toros, ayer por los campos de Vejer, en este abril frondoso; toros que son hijos de aquel icono que coronaba montes en todas las carreteras de España.

Desde que se estiró Jesulín con el capote se vio que no venía a despedirse sin dejar claro que era un torero de mando y temple y que veleidades, concesiones y frivolidades pasadas no iban a ensombrecer su condición de pertenecer a la profesión heroica. Bien lo puso al caballo y bien le picó Eugenio García, y ya estaba pidiendo silencio la afición para el quite de Morante, que se cimbreó con gracia en tres verónicas y una luminosa media, mientras el humo del veguero de Rafael de Paula filigraneaba en el callejón por su sombrero cordobés. En la muleta, el recibo pausado y las series templadas hablándole, bien puesta la tela a la noble embestida del animal, pero sin el ardor, que por otra parte, proporcionaba el sol. Había confundido el de Ubrique el toreo pausado con el apagado. Mejores verónicas dio en el 4º, lentas y ganando pasos, que era tan flojo que Jesulín gritaba "¡Vale, vale, Manué!" a Cid antes de que lo picara. Estaba la gente tan enfadada que no quisieron aceptar dos hermosos lances con los que el de La Puebla lo quitó. No hubo más: cabeceos, tirones y el cielo azul de abril.

Morante, de caña y oro con cabos negros, venía a por su segunda oportunidad. Salió Compañero, celoso con el capote, no rehuyó al caballo y persiguió en banderillas. Toro pegajoso, para lidiar. Y José Antonio inseguro, con el corazón bajo, le tocó dos veces las orejas y, sin llegar a espantarle las moscas, lo despachó como pudo. Rememoraba a grandes maestros del arte sin haber consolidado aún tal condición. Y el sereno público sevillano lo pitó.

Talavante venía a abrir la puerta de Príncipe que le cerró el estoque hace dos días. Se lo había puesto fácil Morante al extremeño en su primero, cuando salió un bicho inestable con notorios síntomas de borrachera -¿habría tomado algo?-. Y lo mandaron a dormir la mona, no que sin antes jugueteara corneando a los cabestros. El sobrero recibió las verónicas con las gradas en silencio y los picotazos con una genuflexión. En el centro, donde lo citó con la derecha, repitió este defectillo y Talavante, que ve los toros muy rápido, con el paño algo más alto, en un ladrillo, empezó a hacer lo suyo, bien embarcado con la derecha y mejor y más largo con la otra, que en la segunda tanda, pese a algún enganchón, llegaron hondos como medias lunas mientras sonaba "Manolete".

En Sevilla nada es casualidad. Luego la trincherilla y el cambio de manos en el platillo para volver a la izquierda; acto seguido el farol y el de pecho ahogan la música y levantan, tras los gritos, el runrún de admiración. Finalizó con ayudados de enjundia, un desmayado y a matar. Se pidió silencio y cayó media desprendida y un descabello que no impidió un trofeo.

Había estado Morante, durante el 4º toro haciendo gimnasia en el callejón. A mí me gustó. Al toque del clarín para sacar al 5º, inesperadamente, se fue despacio hacia el túnel de toriles, extendió el capote, y convirtió la plaza en una confusión de gritos, palmas y silencios. No salía el toro, lo llamó una toalla, al fin acudió a la larga del diestro, que cayó al suelo, se levantó y lo crujió de cuatro verónicas y media de arrebol. Cuando lo desarmó el burel, la plaza estaba en pie. Después, en el caballo, le gritaba enloquecido a Quinta que no le diera cera y le lanceó con dos delantales y otra media como la gracia santificante. ¡Ya era hora de que Morante se enrabietara! Muy flamenco, abombado el pecho, jugando la cintura, le citó en tablas. Luego se fue al tercio, lo llamó de lejos y, abierto el compás, le dio dos derechazos y uno de pecho que tembló el misterio. Siguió a pies juntos, con mucha distancia -veía escarbar al toro y hubo de acercarse- y se puso, como si nada, a dibujar carteles. Pasó a la izquierda, y bailoteando entre olés, le remató con uno de pecho del siglo XVII. Aún volvió a crujirle con redondos, cambió de manos, le bailó trincherillas, reanudó el natural, le escondió la muleta... jugaba al toro y no quería irse hasta que le dejó el acero en el rincón... y subimos al cielo mientras sonaban palmas por bulerías.

Salió el 6º, Jergoso I que no se empleó en el capote pero acudió bien al penco; y cuando el pacense se fue a brindárnoslo al tercio y lo recibió al galope desde 40 metros, no sabíamos hasta dónde podría aquello llegar. Entonces empezó la sinfonía de la izquierda, variando el trayecto a un toro con poco celo y casta, un toro que no era fácil para lucirse y al que faltaba un punto para romper. Le aguantó mucho: primero en la derecha y le abrochó uno de pecho interminable, un cambio de mano en los mismos pitones y una trinchera como un latigazo enfermo. Y allí la mágica muñeca izquierda obró el milagro de llevarse detrás al toro tardo que no quería pasar. Uno de los naturales, redondo como un anillo, fue un sobrenatural que puso la plaza en pie. "Pa romperse la ropa", exclamaba un agricultor. Cuando se adornaba, la gente pedía, nerviosa, que lo matase ya, las golondrinas chillaban y, tras la estocada, el toro rodó. La puerta del Príncipe ya estaba franca en este inolvidable 23 de abril.


La Razón. JUAN POSADA. Talavante, valor; Morante, «jipío»

Fue una tarde torera y de contrastes. Talavante explicó lo que es el dominio de la distancia en su primero al que le dio mucho espacio para poder torearle como lo hizo. Y lo acortó con el segundo para ligarle espléndidos muletazos. Todo ello, basado en un valor sereno y consciente. Además, imprime a su toreo una personalidad un tanto trágica que adorna el conjunto con un halo misterioso. Morante de la Puebla, tras la «machada» de recibir al quinto de rodillas a porta gallola y bordar cinco lances y media verónica a la antigua, con la ortodoxia de lo bien hecho y el sabor del arte puro, creó una faena mágica. Aparte de la precisión en muchos de sus muletazos,toreó sin mover la muleta y sin toro: es decir, fue una pura esencia de un torero que siente y se emborracha con sus sensaciones incluso sin torear. Tras los naturales y derechazos perfectos, adornos de imaginación que embelesaron al personal y a él lo llenaron de placer: se le notó. Además, estuvo valiente de verdad, porque para torear así hay que dejarse llegar al toro cerca de las ingles, con lo que eso supone. Jesulín, apático, ya de retirada.

Jesulín lanceó al excelente primero de salida con lentitud pero sin nervios. Morante le hizo un quite precioso de tres lances y media verónica. La faena se inició con muletazos suaves por bajo, innecesarios, porque el toro tenía las fuerzas justas. Los primeros derechazos, en línea y rematando hacia fuera. Igual en los naturales, con lo que el público no jaleó en ninguna ocasión. Más derechazos de la misma catadura, con facilidad, eso sí, pero sin emoción. Faena inocua a un gran toro que se le fue. La estocada, baja.

Con el cuarto, justito de fuerza, suave y bondadoso, muletazos despegados y al hilo del pitón, por lo que el embroque resultó desangelado y separado. Igual sucedió con los naturales, al hilo del pitón y sin ajuste. Labor desganada y sin vibración.

Morante no hizo nada con el capote y menos con la muleta. Se limitó a varios pases por bajo sin fijeza ni intención de quedarse quieto. Ante los murmullos de desaprobación, optó por dar otros mantazos sin orden ni concierto. El toro no era una malva pero sí tenía posibles frutos si se les hubiera buscado. Pitos.

El diestro, tras el alarde de recibida al quinto, de rodillas a porta gallola y crear cinco lances y media verónica que levantaron la plaza, realizó un quite a pies juntos, recordando a Pepe Luis. Faena valiente, técnica y, por encima de todo, artística. Las tres tandas iniciales en la perpendicular del toro, muleta adelantada llevando la embestida a milímetros de la tela, fueron tres cinturas. Otro trío de derechazos finalizados con una trinchera y un kikirikí, que sólo es posible en Sevilla. Los naturales que siguieron y el pase de pecho, extraordinarios, y el molinete, abelmontado, precioso. Vinieron más derechazos y unos naturales de frente, que hasta los cites tuvieron gracia.

Talavante, al sobrero de Cuvillo, de buena condición, le realizó una faena, iniciada en el centro del ruedo, con cites largos para que el toro cobrara velocidad para ir acortándolo poco a poco y al rematar los muletazos, volver a darle distancia: una excelente técnica. Los primeros derechazos un tanto rápidos para templarse en la segunda tanda y bajar mucho la muleta, sin dejar que el toro doblara las manos. Los naturales, de largo trazado, un tanto separados. Volvió con la diestra, más valiente que técnico al dejarse tropezar la franela, y terminar la faena con unos naturales a pies juntos, muy cruzados y emotivos. Buena actuación.

Con el sexto, muy suave y de lenta embestida pero repitiendo. En el principio de la faena, instrumentó muletazos con la derecha muy lentos y armoniosos. Volvió con la izquierda, no fueron tan perfectos pero continuó con la derecha, ya más cerca ganándole la acción. Uno de los naturales que siguieron, en redondo y eterno por la longitud y el tiempo. Faena con regusto que entusiasmó al personal.


Marc LavieMorante génial, Talavante sublime!

Une corrida pour les annales de la Real Maestranza. La feria de Séville 2007 marque, pour de multiples raisons depuis jeudi, un avant et un après dans l'histoire du toreo moderne.

Le public avait pris en grippe Morante. Il faut dire qu'il s'était débarrassé sans scrupules en moins d'une minute d'un premier adversaire violent et brusque. Bronca de gala. Il sortit pour un quite au deuxième toro de Jesulín et se fit couper la cape en deux par la corne de l'animal. Sifflets nourris. On sentait pourtant le torero de La Puebla, qui voyait une nouvelle fois une feria de Séville lui échapper, impatient d'affronter le cinquième. Pendant toute la deuxième faena de Jesulín, on vit Morante sautiller sur place dans le callejón, chose aussi curieuse qu'inhabituelle. Et puis la surprise : Morante traverse la piste et s'agenouille face à l'énorme toril de la Maestranza. Le Cuvillo sort au pas de course et Morante lance une larga dont il sort déséquilibré, avant d'enchaîner avec rage des véroniques de caractère. Le toro pousse fixement deux fois, et entre les deux rencontres, le torero de la Puebla signera un nouveau quite en tablier, cette fois parfaitement ciselé parmi une demie pieds joints. Et ensuite, le lío. Faena géniale, inspirée à chaque instant, impossible à décrire, car Morante ainsi transcendé n'entre dans aucun modèle, n'obéit à aucune contrainte. Tout y est imprévisible : des pechos d'ouverture en sortant la ceinture, des droitières profondes en toréant de tout son corps, des terminaisons impériales, des naturelles au ralenti, citées de trois quarts ou de face, des trincherillas, des kikirikis, olé, olé, olé... Olé, l'artiste ! Quand on voit toréer Morante, on imagine ainsi ce qu'aurait pû être Chicuelo ayant vu toréé Pepe Luis. Baroque dans l'âme, mais puisant son répertoire dans les différents styles de l'école sévillane. Quand on voit Morante en plénitude dans cette Maestranza, beaucoup d'aficionados, dont votre serviteur, ont quelques difficultés à contenir leur émotion. Le toreo atteint un tel degré de magie qu'il quitte le cadre du rituel et de la lithurgie. L'étincelle peut en jaillir à chaque instant. Une entière desprendida, et deux mouchoirs sortis simultanément par le président Pulido.

Et passons à Talavante, autre couleur de notre arc-en-ciel de toreros qui comblent leur public, l'erreur étant dans la comparaison. N'allez pas me demander si Talavante est meilleur Castella, ou si Morante est meilleur que Talavante, ou si Manzanares est meilleur qu'El Juli. Je n'aime pas la critique borgne qui porte aux nues un torero pour en écraser un autre. Si Gregorio Corrochano assistait à cette feria de Séville 2007, il nous rappellerait que le meilleur aficionado est celui qui est réceptif au plus grand nombre de toreros. Que chaque grand torero a sa propre technique et sa propre personnalité. Comme chaque toro a sa lidia, et comme chaque toro mérite d'être regardé comme si on en était le ganadero, comme si on le destinait aux vaches... En regardant les corridas des deux yeux, on s'ennuie rarement aux arènes.

Aujourd'hui comme hier ou avant-hier, il n'y a pas eu un torero meilleur que l'autre. Il y a eu Morante, génial, et Talavante, sublime.

Talavante affronta d'abord un toro sérieux, dont la principale vertu fut la promptitude et devant lequel il joua du poignet, lors d'une faena de qualité croissante qui fit sonner "Manolete". Il fallait consentir ce toro noble et franc, et ne pas douter un seul instant de ses regards. Les séries furent liées sur place, avec cran et impassibilité, et on retiendra surtout quelques naturelles d'affichiste, notamment les trois dernières enchaînées la main basse et le corps dressé. L'estocade contraire nécessita un descabello et l'oreille ne se discuta pas.

Le sixième fut le meilleur toro de la course. Talavante a eu aussi la chance de toucher dans cette feria deux très grands toros : samedi le sixième de Torrealta et aujourd'hui le sixième Cuvillo. Mais il a donné toute sa dimension de nouvelle figure en étant largement à leur hauteur, ce qui n'est pas une mince performance. Il a aussi trouvé, ou retrouvé, un style propre, en rien comparable à des toreros existant ou ayant existé. Brisé mais souple. Ferme mais doux. Téméraire et somnolent. Le sixième galopa, mit la tête loin et bas, et permit au torero de Badajoz un nouveau récital de toreo au ralenti, les bras endormis, en se fondant par moments avec son adversaire dans de longues étreintes. De plus en plus près. De plus en plus doucement. Certaines passes, dont une naturelle quasiment circulaire qui mit la plaza en folie, semblèrent durer dix minutes. Talavante termina son récital classique par trincheras basses, relâchées, décontractées. Une entière sans puntilla, deux oreilles, la Porte du Prince et la gloire pour un torero qui, en moins d'un an, est passé de l'anonymat au premier rang de la torería.

Jesulín de Ubrique faisait ses adieux à la Maestranza. Il le fit discrètement, en se montrant froid et appliqué devant le noble premier et en restant effacé face aux difficultés du quatrième, qu'il tua d'une lame dans le gilet. Difficile d'être et d'avoir été. Jesulín ne fut, en ce jour, que le témoin d'une corrida historique. 

 



Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas