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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del domingo, 22 de abril de 2007
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Puerto
y Ventana de San Lorenzo
(desiguales de presentación, en general sosos, escasos de fuerza; el 1º,
aplaudido en el arrastre; el 5º, devuelto por inválido para la lidia).
Diestros:
- Luis Vilches. De verde gay.
Pinchazo, más de media estocada (saludos desde el tercio); dos
pinchazos sin soltar, pinchazo hondo, aviso, descabello (saludos desde
el tercio).
- Eduardo Gallo. De coral y oro.
Estocada baja (silencio); media estocada desprendida (silencio).
- Pedro Gutiérrez "El
Capea". De verde oliva y oro. Tres pinchazos, estocada
(silencio); estocada (silencio).
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PUERTA
DE ARRASTRE
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Por Santiago
Sánchez Traver
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Qué tostón, qué pestiño y qué coñazo eran, por este orden, las expresiones más oídas a la salida de los toros de este domingo de preferia, cuyo cartel no auguraba nada bueno. Aún así fuimos, aunque faltaron muchos habituales, tal vez dando el último toque a las casetas. Los del Puerto de San Lorenzo –muy del gusto de los madriles- parecían bueyes. O primos hermanos de los cabestros -que salieron en el quinto- por su forma de andar por la plaza. O cuñaos, como el Risitas de Quintero. Cuñaoooos son también el tal Capea y Gallo. Y andan en lo mismo: en apretar poco, porque para eso pertenecen a “casas” importantes que les firman cincuenta corridas antes de empezar la temporada. Vilches, voluntarioso, se lo tiene que ganar. Como estaban obligados contractualmente mataron a los seis. Qué pena, se han perdido un par de yuntas buenas para las carretas del Rocío de este año.
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Imágenes del festejo
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LO
MEJOR Y LO PEOR
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Por Carlos
Javier Trejo
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En los toros, nunca dos y dos son cuatro, el famoso dicho de “corrida de expectación, tarde de decepción” se hace patente en las mejores tardes. Nunca un cartel del domingo de preferia había despertado tan poco atractivo, y para fastidio de los sufridores, se cumplieron todas las expectativas. Lo mejor de la tarde, el público de Sevilla, paciente, y respetuoso siempre con los toreros aunque estén de aquella manera. Muy bien Luis Vilches, que firmó una labor muy aseada en el 2º de su lote, un toro flojo, protestado, pero con nobleza y clase, lástima la particular cruz de este torero con la espada. Anduvo muy bien por el lado derecho, templando muy bien al toro. Poco más que destacar, en una tarde espesa como la de hoy.
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Lo peor de la tarde, imagino, que será soñar ser torero, estar en los carteles de la Feria de Abril, y que te salga un toro como el 2º bravo en el caballo y con calidad manifiesta por el pitón derecho y que agradecía las embestidas que se remataban por abajo. Muy mal Eduardo Gallo, rematando los pases por encima de la pala del pitón, con algunos enganchones y muy vulgar en general. De “El Capea” poco podemos decir, salvo que la próxima vez no reúna a sus partidarios en una misma grada, para que aplaudan y canten todo tipo de intentos, por si al menos hubiera sacado alguno limpio… Alabábamos la paciencia del público de Sevilla, pero censuramos el comportamiento de paisanaje de los seguidores de los toreros salmantinos. No crean que los toros salmantinos estuvieron bien, para nada, casi como sus paisanos.
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Imágenes del
festejo
Crónicas de la Prensa
El Mundo. CARLOS
CRIVELL. Todo sucedió según lo previsto
Todo sucedió según lo previsto. Hubiera sida bonito equivocarse para bien de la afición que acudió a la Maestranza, pero el guión estaba escrito de antemano y se cumplió al pie de la letra. La corrida fue soporífera. Estos días tan planos, la plaza está adormilada. No cabe ni la protesta. El toro es quien tiene la llave para abrir los triunfos, la alegría y el toreo. La única corrida anunciada del campo salmantino volvió a fracasar en Sevilla. Se repiten tanto estas hecatombes ganaderas que sería bueno prescindir de ellas de forma definitiva. La del Puerto de San Lorenzo sólo tuvo una virtud: careció de malas intenciones. En realidad, en la corrida todo fueron carencias. Faltaron la bravura, la casta, la alegría, las fuerzas y la codicia. Sobraron kilos, como es la norma del encaste. La nobleza no puede justificar el pésimo juego del lote salmantino.
El guión escrito ya había anunciado que el juego de la corrida sería malo. Y no falló. El guión tenía apuntadas otras cuestiones que también se cumplieron. Vilches saldría a triunfar a toda costa, mientras que de sus compañeros Gallo y Capea no podían esperarse grandes cosas. Todo se cumplió al pie de la letra.
Por calidad torera, por sus dotes artísticas y por su carrera sacrificada, Luis Vilches es un espada que merece más de lo que tiene. Esto mismo se cuenta de otros, pero nunca con tanta verdad como del utrerano. Su trayectoria está jalonada por faenas que no tuvieron el remate del estoque. Por esos fallos ha perdido triunfos sonoros; por eso mismo sigue siendo un buen torero que no acaba de dar el salto definitivo, cuando hay otros con menos calidad que han metido la cabeza en las ferias.
Este año se le había premiado con la del Puerto y Vilches salió a torear aunque los toros no embistieran. Su lote fue noble, soso, flojo, descastado y anodino. Como el resto de la corrida, mansos. El primero le permitió dar pases enrabietados y valientes en una faena muy correcta. El cuarto fue protestado por inválido. En la muleta alternó arrancadas a la defensiva con otras más largas, sobre todo por el pitón derecho. Vilches tenía más confianza en el izquierdo, de tal forma que insistió por ese lado para conseguir muletazos que el toro tomó sin clase. Era mejor el lado derecho. En la segunda parte del esa faena se presenció el único toreo bueno de la tarde. El derechazo fue largo y de buen gusto. La música trató al de Utrera como si fuera de Cantabria. Fueron buenos muletazos en una labor porfiona y tenaz para buscar el triunfo. Todo quedó borrado por la espada, como tantas veces. La ovación fue verdad.
Pero a Luis Vilches ya apenas le sirve una fuerte ovación. Llegaba a Sevilla a dar el salto y sigue en el mismo sitio. Pero sigue siendo muy buen torero y eso debe tener premio alguna vez.
El guión previo decía que eso de dos salmantinos juntos en el cartel era algo raro. Ninguno de los dos tenía el aval de una temporada anterior preñada de triunfos. Quizás Gallo llegaba algo más justificado.
Gallo pasó de puntillas. En la faena al segundo se dejó enganchar la muleta siempre. El tono ceremonioso del espada no tenía reflejo en los resultados de una profusión de muletazos indefinidos. El bajonazo fue espantoso. Lidió como quinto un sobrero de 610 kilos de carne mansa. Nuevamente muleteó sin convicción; de nuevo aparecieron los enganchones y, para no cambiar, de nuevo mató en el sótano. Antes, se dedicó a dar circulares sin causa justificada. Sólo pudo dar el primero. Gallo dio la impresión de estar dormido. La excusa será que no había toros. Si se conforma con esta justificación, mal asunto.
Si Gallo pasó casi inédito, Capea pasó de incógnito. Su lote fue malísimo, pero su imagen fue semejante a su lote. El tercero era del género mulo. Capea anduvo por allí sin dar la impresión de poder sobreponerse. Y en el sexto, otro animal infumable, más de lo mismo. Se puso algo pesado al final y la gente ya no le aguantó un desplante agarrando la mazorca del pitón.
Fue un domingo de transición. La Feria ha dejado ya imágenes inolvidables y lo que viene puede ser mejor. Quienes han triunfado hasta ahora volverán a la Maestranza. Era ésta del domingo una corrida muy previsible y así ocurrió. Sólo queda el recuerdo de la ilusión de Luis Vilches luchando contra la mansedumbre de las moles del Puerto.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Vilches destaca en una mansada
La única ganadería salmantina del abono dejó el pabellón bien alto para el campo charro. Puerto de San Lorenzo envió un encierro con seis mansos para una corrida-concurso, pero de bueyes para el Rocío. Sí, para eso. Mansedumbre a granel que echó por tierra las expectativas en un festejo de tarde primaveral y con una buena entrada. Saltaron toros de todo tipo e incluso en cuanto a volumen y peso. Desde el tercero, de 530 kilos, hasta el sobrero que saltó en quinto lugar, un camión de 610 kilos. Ante un muestrario tan extraordinario de sangre brava, el utrerano Luis Vilches fue quien mejor nota sacó, siendo ovacionado en su lote. Entre tanto, el público silencio las labores de los charros Eduardo Gallo y Pedro Gutiérrez El Capea.
La historia con escasa historia de la corrida tiene un punto álgido en el primer toro, cuando el banderillero Rafael Cuesta metió oportunamente su capote para hacer un quite salvador a su compañero, el picador Francisco Romero, que había caído al descubierto y veía como el toro le tenía a su merced. El animal había cumplido en un primer puyazo y cabeceó y derribó violentamente. Luis Vilches lo había recibido con buen aire a la verónica. Luego, consiguió algunos pases de calidad aprovechando las querencias hacia los adentros del toro, noble, y dibujó alguna trincherilla de buen corte. Pero no resolvió contundentemente con la espada.
Luis Vilches, que estuvo muy entregado toda la tarde, cumplió de nuevo ante el cuarto, al que recibió con buenas verónicas. El bicho buscó de inmediato toriles, se dejó pegar en el caballo y se dolió en banderillas. Aquí fue el propio matador quien también estuvo oportuno para hacer un quite a cuerpo limpio a Rafael Cuesta. Con un toro mugidor y de embestidas descompuestas, el sevillano brilló en varios pasajes, como en una serie con la diestra de muletazos largos, bien rematados con el de pecho, en otra buena por ese pitón. Y fundamentalmente, por estética, en un natural excelente y en algunos notables remates bellísimos. Parte del público llegó a entregarse. La banda de Tejera, en cualquier caso, no se decidió a tocar y eso quizás también fue decisivo. El balance quedó en una ovación al errar con los aceros.
El segundo toro estuvo a punto de meterse por su cuenta en toriles tras salir. El banderillero Álvaro Oliver lo recibió con magníficas verónicas, ovacionadas, mientras el matador, Eduardo Gallo, contemplaba la escena desde un burladero. Gallo, en los tercios, únicamente se centró en una tanda con la diestra y un bonito trincherazo ante un manso noble y con recorrido.
El quinto, devuelto al perder las manos, fue sustituido por una mole del mismo hierro. Un camión para hermosos filetes. Porque el animal no podía moverse. Gallo nos dio un susto en el capote al perder pie. Luego, labor porfiona que acabó en arrimón.
Con el tercero, el banderillero Zamorano resbaló y cuando el toro fue a quitarle la cabeza se hizo un oportunísimo quite desde la arena. El matador, Pedro Gutiérrez El Capea, comenzó toreramente. En las afueras inició la faena por el pitón derecho de manera correcta. Pero el toro se apagó como una vela ante los efectos de un huracán. Capea mató mal.
Con el sexto, muy alto, montado, le fue imposible el lucimiento. El animal era un mulo sin fuerza, en lugar de un toro con poder. El Capea debió pensar que estaba en otra plaza porque, tras un trasteo insulso, hizo un desplante inoportuno que increpó el público. Fue el aviso del respetable para señalar que todo estaba sentenciado y el salmantino finiquitó al astado de una acertada estocada que sirvió también para tumbar la tarde menos lucida de lo que llevamos de feria.
ABC.
ZABALA DE LA
SERNA. El peligro de los tranvías de Monteseirín
Monteseirín, a la sazón alcalde de Sevilla, no sabe la que se juega con la futurista apuesta por el tranvía en ciudad tan taurina. Sin ir más lejos, es muy posible que en tardes como la de ayer tres o cuatro espectadores, de todos esos que en el sexto toro, más que salir, huían de la Maestranza, se tiren a las vías del trolebús de cabeza, a matarlo o a matarse sin muleta, en plan Antonio José Galán. El género periodístico de suceso tranviario va a sufrir un auge importante si, cuando funcione a pleno rendimiento el visionario invento de don Alfredo, se dan a la par corridas tan soporíferas. Claro, que aquéllas en las que los aficionados salen toreando de la plaza tampoco estarán libres de riesgo, que ya se sabe que en feria no son pocos los que cumplen a rajatabla con el anuncio de Tío Pepe («¡ponte fino!»). Y vaya usted a saber si algún exaltado pretende pegarle una docena de lambreazos al tranvía tras ver a Talavante con la zocata, o si algún nostálgico quiere emular el cartucho de «pescao» pepeluisista. «¡Vente, bonito!», con el ABC plegado en la izquierda, que es precisamente donde nunca ha estado. Lo del tranvía me preocupa en serio. Después de ver a Eduardo Gallo, más. Se puede desatar una desgracia. Tan poca ilusión es contagiosa. Habrá quienes en el sopor echen los pies por alto y se lleven por delante la corrida de Puerto de San Lorenzo, que, sin ser un dechado de potencia y alegría, con la aguja del depósito de casta tocando la luz roja, dio el lote noblote de Gallo. El segundo -vaya puyazo le endilgaron- tuvo buen pitón derecho y el salmantino, no mal comienzo. Pero se encasquilló en el adocenamiento diestro y se escayoló la cintura en el izquierdo. El grandón sobrero que hizo quinto acabó parado en sus manos después de unos cuantos, no pocos, redondos insustanciales. El circular invertido y el arrimón fueron los recursos liberadores...
Menos mal que Luis Vilches nos trajo los destellos de un capote luminoso a la verónica y unos muletazos intermitentes con su sal y su cosa. Y es que el cuarto tuvo una frágil y quebradiza calidad, un trapío menor dentro del lustroso sexteto de los Fraile, que mejores se los hemos visto, pero también mucho peores. A Vilches, desgraciadamente, como casi siempre, le falló la espada para haber redondeado los templados momentos que protagonizó. El mansurrón primero se había rajado en el tercio de banderillas, y Luis Vilches terminó allá en el sol y sombra, en tablas, logrando extraer algunos notables naturales que le valieron para saludar y recoger la ovación de la parroquia.
El Capea quiso cuidar al tercero en el caballo y a la par lo pasó tres veces por el peto, lo cual no se explica muy bien. Duró poco o nada el toro, menos que lo justo, lo suficiente para ver que Capea sigue fiel a su estilo. Intentó lidiar él mismo el sexto, y es mejor que deje a la cuadrilla. Se rajó en un tris el toro, lo que no fue óbice para que insistiera hasta que le pidieron la hora. Lo dicho: menos mal que no hay tranvías aún.
Metro. IGNACIO
DE COSSÍO. Se veía venir
Corrida manejable y con mucho que torear más en Lisardo que Atanasio se lidió, mal que bien,
esta tarde en la Maestranza. Nada que ver con el temple, la clase y la despaciosidad de Manzanares; el arte de El Cid; el valor de Castella; y la izquierda de Talavante días anteriores. La corrida fue aburrida y larga. Por cierto, no hay derecho que los enganches, estropeen año tras año las corridas de por la tarde, así el ruedo se disfrazó de nuevo de pista de patinaje y dos veces besó el albero El Gallo por una de Zamorano. Vilches aseado en sus dos toros y matando tan mal como en todas sus corridas en Sevilla. Recordemos los pinchazos con la de Victorino y Cebada, preocúpate Luis lo antes posible si no quieres peder el tren. Serio y por encima de sus adverdarios estuvo el de Utrera ante un lote soso que debió exponer un poco más y jugársela del todo. Mucho oficio y demasiadas voces en la faena de muleta en su primero. Cuatro verónicas de mucho mérito acompañan al diestro sevillano en preámbulo del cuarto. El animalito era un toro inválido pero con calidad, Luis lo sabe y lo entiende. Algún derechazo y algún que otro natural pero nada más, y ahora el toreo pide algo más. Tarde aburrida sin emoción también cuando torean Gallo y Capea. Eduardo hace un esfuerzo con la diestra toreando muy despacio pero le falta también algo…Lo intenta con las sanjuaneras casi al final, tras otra serie templada, pero nada de nada, no hay nada que hacer en una Sevilla que ha visto a Manzanares. Los de Salamanca también llegaron tarde. Con el último toro Eduardo Gallo debió perderle un paso, darle más espacio, porque el toro se rebrincó en cada envite de su la muleta. Es la hora de apretar el acelerador y el torero se le olvida el reloj en casa toreando sin acople y decisión. Otro que tal baila. El Capea no liga al toro en su muleta. Es insoportable ver bailar a un torero. Su primero no tiene clase pero también deja hacer y el torero se pone y se quita, el toro se quita y se pone. Todo quedó en tablas, pero ¿dónde estamos? En el sexto pocas opciones hubo la verdad sea dicha, el toro el peor y eso que lo tenía todo: poca clase, mirón, esperaba y siempre al pecho. Lo que quieran pero a este Castella hace otra cosa y Talavante también. Pero claro El Capea es otro torero y espera mejor ocasión de jugarse los muslos. Mi pregunta queda en el aire ¿Madrid pondrá o refrendará el sitio y la disposición demostrado por estos toreros en Sevilla?
La Razón.
JUAN POSADA.
Toros flojos y toreros tristes; sopor
La corrida del Puerto de San Lorenzo resultó un bodrio. Animales de mucho peso y poca bravura que no ofrecieron demasiadas facilidades a los actuantes. Bien es cierto que estos no se salieron de las formas habituales. Nadie, excepto Vilches en el cuarto, apeló a la imaginación para intentar, al menos, aportar un poco de alegría a sus acciones. Existen técnicas para este tipo de toros, como citarles desde largo, animarlos con carreras hacia ellos, intentar el adorno corto y preciso, y otros detalles para agilizar la lidia. No obstante, es posible que todas esas mañas tampoco hubieran servido para un triunfo redondo; pero al menos habrían paliado el aburrimiento que se apoderó de La Maestranza. Con toros de esta condición poco más se puede hacer, aunque el público, que paga para divertirse, quiere éxitos como es lógico. Pero, como decía El Guerra: «Lo que no pué sé, no pué sé, y además es imposible».
Luis Vilches, en el primero, manso y topón pero sin peligro, realizó una faena en el tercio sobre la mano derecha. No intentó sacarlo a los medios por temor a que huyera hacia las tablas; pero debió hacerlo. Se mostró seguro, valiente y tranquilo; no se podía hacer más.
Lanceó bien al cuarto y aprovechó las únicas arrancadas seguidas que tuvo. La faena, ante un animal con muy poca fuerza, fue voluntariosa y, en algunos momentos, brillante gracias a que el torero animó las arrancadas. Pero por mucho que lo intentó, el toro embestía con un trote borriquero, exento de vivacidad y de emoción. Algunos muletazos por ambos pitones tuvieron templanza y compás. Aunque el esfuerzo del torero fue grande, no pudo lograr más lucimiento. A pesar de ello, se le ovacionó.
Gallo inició la faena del soso segundo con buenos pases con la diestra, dejando el engaño adelantado tras el muletazo y llevándolo muy bien; así hasta tres series en las que faltó alegría. Si el toro no la tiene, el torero debe procurar aportarla. Los naturales, muy separados como consecuencia de citar en línea, es decir, fuera de cacho, y sin emoción. Tampoco la tuvieron los pases por alto finales que el público contempló sin interés. Faena anodina en la que faltó que el torero ofreciera más contenido a su quehacer.
Con el sobrero quinto, de la misma ganadería, también flojo y soso, compuso una faena con tandas suaves por el pitón derecho y naturales quizá demasiado cerca del toro, por lo que lo ahogó un poco. Los últimos muletazos con la diestra, con el mismo defecto, como toda la faena, de no intentar alegrar las arrancadas del toro, pero por mucho que hiciera no hubiera conseguido más.
El Capea, con el tercero, flojo, al que, inexplicablemente, le dieron tres puyazos, comenzó la faena con muletazos por bajo, sin ninguna lógica, ya que el toro tenía las fuerzas justas. La primera serie diestra, sosita, como el toro, igual que la que siguió con la zurda. Se dejó tropezar mucho la muleta y la faena se derrumbó. No intentó citar desde lejos alegrándole las arrancadas, prestándole ímpetu a la situación para animar un poco la cosa. Por tanto, aburrió.
En el sexto de la tarde, más flojo, soso y manso, lo intentó por ambos pitones sin mayores resultados. En uno de los cites la res se salió de la suerte y huyó a tablas. Capea volvió a la carga pero con resultados negativos. Quiso adornarse al final de la labor y el público, ya cansado, se lo recriminó.
Otros
festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas
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