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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del sábado, 21 de abril de 2007
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Torrealta
y un sobrero, 5º bis, de Zalduendo (de diferente presentación y variado
juego; los mejores, 1º y 6º; el 4º recibió pitos en el arrastre).
Diestros:
- Sebastián Castella. De
lila y oro. Estocada
en su sitio (oreja y petición de la 2º); estocada corta y caída
(palmas).
- Miguel Ángel Perera. De
verde y oro. Estocada
entera perpendicular (saludos desde el tercio); pinchazo hondo
(silencio).
- Alejandro
Talavante. De tabaco y oro. Pinchazo, aviso, estocada tendida y trasera, dos
descabellos (saludos desde el tercio); pinchazo que escupe, dos
pinchazos, aviso, estocada, dos descabellos (saludos desde los
medios).

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PUERTA
DE ARRASTRE
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Por Santiago
Sánchez Traver
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Aparte de lluvia fina, la cosa fue de autonomías y de competencias. Parecía el Día de Extremadura. Cuándo hubo dos toreros extremeños en el top ten del escalafón. Y por otro lado se lidiaron varios toros que iban a la feria de Bilbao –entre ellos el sexto, tan bueno -. A lo mejor hay un conflicto autonómico diplomático con el lendakari Ibarreche. Un valiente monosabio coleó dos eternos minutos a un toro. Sabremos su nombre, porque es torero. Castella ya había entrado en Sevilla. Pero Talavante –para qué hacen falta orejas con una faena
como ésa- lo ha hecho a lo grande En lo taurino la palabra es la competencia. Desde hace cincuenta años no había tanta en el toreo. A los que estaban –Ponce, Juli, El Cid– añadan los tres de hoy, Manzanares y Morante. Vamos que la Maestranza es ahora mismo el “tribunal de la competencia”. Mal que le pese a la Unión Europea.
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LO
MEJOR Y LO PEOR
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Por Carlos
Javier Trejo
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Hoy tendríamos que empezar hablando de tres toreros “machos”, llevaba lloviendo unas horas y sin visos a que la tarde mejorase, y sin demoras, los tres diestros, sin dudarlo tiraron “pa´lante” con la corrida: olé. Castella confirmó el dulce momento que atraviesa, jugó las manos con el capote con cadencia y lentitud, y tras un comienzo de faena espectacular pasándose el toro por la espalda casi sin espacio, realizó una buena faena hasta que el toro se paró. Faenón de Talavante al sexto, un excelente astado de Torrealta que galopaba y embestía con nobleza. Alejandro ligó alguna trincherilla con algún natural de forma sublime. Levantó hasta en tres ocasiones al público de sus asientos, lástima lo de la espada, hubieran sido dos orejas indiscutibles. En las cuadrillas destaco la brega de Curro Molina al 1º de la tarde y Álvaro Montes, muy entonado toda la tarde.
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Lo peor de la tarde, y lo más molesto, ha sido sin duda la meteorología. Tarde de paraguas y chubasqueros, pero que en la Maestranza no cabía un alfiler. Del ganado, que en general me ha gustado, hay que matizar que el 4º ha sido un “regalito”, brusco, que esperaba, derrotaba y se acostaba por ambos pitones, con el que Castella no ha podido hacer nada. Esta tarde ha faltado temple en algunos toros, a Miguel Ángel Perera le han tropezado los engaños en repetidas ocasiones, al igual que Alejandro Talavante en el 3º, tanto con la muleta como con el capote. Perera nada pudo hacer con el 5º, un sobrero de Zalduendo justito de raza y de fuerza, que tenía una embestida extremadamente sosa para el lucimiento. Mal Talavante con los aceros, y las faenas como la del 6º hay que rubricarlas con la espada.
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LOS
PROTAGONISTAS
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Sebastián Castella
El matador francés expreso su deseo de abrir la Puerta del Príncipe: “Se viene a salir por esa puerta soñada pero los toros tienen mucho que decir en todo esto. Pienso que si la faena del primero la realizo en el cuarto la repercusión hubiese diferente. La gente ha estado muy metida en mi labor, pero el frío y la tarde desangelada también cuentan. Me he sentido muy a gusto con el toro aunque le faltaba algo más de transmisión, pero he percibido el cariño de la Maestranza y la espada no cayó en el sitio más idóneo”. Castella hizo alusión al último toro de la tarde y también a su compañero Talavante “la faena de Alejandro también ha sido muy importante y creo que ese ha sido el toro de la tarde”. |
Miguel Ángel Perera
El extremeño calificaba su lote de la siguiente forma: “Mi dos toros han resultado dispares, el primero ha sido muy complicado y el otro se acabo pronto en la muleta después de la primera tanta” Miguel Ángel Perera profundizó en la condición de su primer oponente “creo que ha sido un toro más para el público que para el torero, era pronto en el cite pero luego a medida que embestía punteaba demasiado y cuando le sacaba la muleta por abajo el de Torrealta la perdía. Además imponía bastante por la miradas que me echaba y creo que en Sevilla no vale sólo con estar firme y no dudarle nunca, aquí hay que torear bien pero no me ha dejado nunca” |
Alejandro
Talavante
El joven matador mostraba el semblante serio a la finalización del festejo: “Esto ha sido un sueño, era mi presentación en la Feria de Abril y no lo olvidaré nunca. A pesar de mi labor al que cerró plaza tengo que decir de verdad, que me encuentro apenado por culpa de la espada” de esta forma comenzaba sus declaraciones Alejandro Talavante. “Esta faena creo que va ha quedar guardada para los grandes aficionados de Sevilla. Me ha demostrado la Maestranza que se ha rendido conmigo en el sexto y el sentimiento que tengo ahora no lo puedo explicar” Talavante prosiguió de la siguiente forma “aún me queda otra tarde y espero poder torear mejor todavía”.
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Crónicas de la Prensa
ABC.
ZABALA DE LA
SERNA. Talavante ataca directamente el corazón de Sevilla al natural
La tarde se dormía en brazos de la desilusión, entumecida por la lluvia y esa humedad del Guadalquivir que oxida los huesos. La faena de Sebastián Castella quedaba por entonces como un lejano recuerdo de perfección. Faena perfecta en mal momento, al principio de la corrida, con el gentío aún en fase de ubicación y concentración. Y Castella que protagonizó una lidia medida, justa, tan pulcra de temple y formas que tal vez no trepó lo debido por los tendidos. Toreó con los vuelos, sin una sola violencia, como con el capote a la verónica -soberbia la media-, como en todo momento. La facilidad que desarrolló Castella y el punto de chispa que le faltó al toro también sumaron para que la cosa se quedara en una oreja y la petición de la segunda no cuajase. En otro momento... El mal estilo del feo cuarto no le permitió redondear.
Aquello, a las nueve menos cuarto, valía para el titular: «Perfecta faena de Castella en mal momento». Pero saltó al ruedo «Soleá», un toro castaño, serio, cornidelantero, astifino, hecho hacia delante, para embestir. Y planeó en el capote de Alejandro Talavante, que mejora día a día en su uso y según los días. Talavante apostó pegándole lo mínimo en el caballo, y una vez más desarrolló su mejor toreo cuando se olvidó del corsé de José Tomás, del papel que quiere interpretar, que, además, no responde a las líneas del primigenio y original ni a su versión más auténtica. Y así en la primera parte de la faena, en los medios, ligó derechazos, sobrio, recto, envarado pero emotivo. Hasta que se echó la muleta a la izquierda y cambió de registro: Talavante fue entonces Talavante para bordar el toreo al natural. Rota la cintura, la pata «p´alante», el concepto del toreo largo, larguísimo, sensacional. Cómo sería, que antes de cuajar una docena de históricos naturales, condensados en dos series que atacaron directamente el corazón de Sevilla, uno solo de ellos por allí perdido provocó tal admiración y tal rugido que quedó en el ambiente un sonido de bravo mar de fondo. Nada para la concatenación posterior de oles. No se oía ni la música, sólo se escuchaba el toreo. El arrebato generalizado enmudeció con las bernadinas o talavantinas, porque las da distinto a todos, cambiándole el viaje al toro en segundos de tragedia que huelen a napalm. Las dos orejas estaban arrancadas. Pero con la espada fue un desastre. Un puñetero desastre.
A.T. le había dado la vuelta a la tortilla en su debú, había convencido a propios y a extraños que en su primer toro le midieron con el silencio examinador de «a ver si es verdad lo que dicen de éste que ha triunfado en Madrid». Y le costó un mundo calentar con un toro cargado de genio. Se tragó el ricino de un volteretón de espanto, coladas aviesas, atropellando la razón, atropellado de banderazos y enganchones. Valor a puro huevo. El personal lo terminó por valorar, y no digamos en el toreo al natural con «Soleá», ¡qué torazo!
Perera se espesó ayer como unos callos en la nevera. Su primero se desplazaba pero punteaba con un tornillazo constantemente los engaños. Rara vez sacó la muleta limpia por debajo de la pala del pitón. Le devolvieron un quinto que parecía descoordinado, y al sobrero cinqueño de Zalduendo lo trató brutamente en un comienzo de faena que se cargó los veinte muletazos que el domecq podía aguantar en su decreciente bondad.
El Mundo. CARLOS
CRIVELL. Un natural para la historia de la Maestranza
Pasó algo en la Maestranza que no recuerdan los más viejos del lugar. El público ovacionó un natural suelto. Fue tan sonoro el aplauso que el torero autor del muletazo interrumpió su faena para gozar con el homenaje del tendido. El natural fue el primero de unos cuantos que llevaron la firma de Alejandro Talavante. A partir de ese momento, el toro de nombre Soleá y el extremeño se conjuntaron para regalar a la plaza algunos de los momentos mágicos de esta Feria.
El natural en cuestión surgió casi de forma inesperada. Talavante había toreado de entrada al excelente burel de Torrealta sobre la mano derecha. La faena tenía buen eco, aunque los pases tenían el defecto de ser despegados. La primera tanda sobre la izquierda fue simplemente correcta. El toque desplazó al toro y al natural le faltaba profundidad. Al comienzo de una tanda, Talavante instrumentó una trincherilla y ligó el natural, el ya famoso natural eterno, de mano muy baja, casi circular, en el que Soleá siguió con el hocico por el albero los vuelos de la muleta. La plaza se conmocionó y estalló la ovación. Un natural para la historia de la Maestranza.
A partir de entonces fueron surgiendo muletazos sobre la misma mano con la virtud de llevar ahora el toro detrás de la cadera con la mano muy baja. El toro respondió a un toreo tan exigente. La faena cobró una nueva dimensión en dos tandas de naturales. Intercaló un circular que fue como echarle gaseosa a un vino de reserva y acabó con sus bernardinas, que tampoco le salieron perfectas.
Pero la plaza era un clamor cuando Alejandro se fue por la espada. Tres pinchazos, tres, helaron la sangre del tendido. De nuevo el maleficio de un torero que no remata en la suerte suprema una faena con trazos geniales. Al final, lo mató. El torero estaba extenuado, lo mismo que la plaza. A la salida, un aficionado sufrió una contractura al explicarle a otro cómo había sido el natural de Talavante.
La corrida se celebró a pesar de la lluvia. Estos festejos nacen ya artefactados. Toros y toreros modifican su comportamiento con el ruedo en mal estado. Pero en el cartel se anunciaban tres gallos de pelea que querían medirse en el ruedo. Para ellos, una corrida de Torrealta, bien presentada y con dos toros de nota: primero y sexto. De hecho, el festejo tuvo un buen principio y un estremecedor final. La parte central no sobró porque sobre el ruedo se masticaba la competencia entre los tres gallos. Pero los toros jugados en segundo, tercero y cuarto, del hierro titular, y el sobrero de Zalduendo, sin que fueran malos, no dieron el paso adelante o no fueron bien lidiados.
Sebastián Castella le cortó la oreja al primero, un toro muy noble, por una faena de trazo limpio, temple perfecto y la quietud propia de su autor. Siendo una faena tan redonda se quedó en una oreja, en parte porque el primer toro pesa mucho y porque el espadazo cayó bajo. Castella fue fiel a su personalidad. Comenzó con los pases por la espalda, siguió con toreo fundamental, acabó metido entre los pitones con valor sereno y puso la guinda con las sempiternas manoletinas. Nada nuevo. El cuarto fue un toro descastado que embistió violento al principio y se paró al final. Castella hizo un gesto de contrariedad y le arreó un bajonazo.
Para Perera la tarde no fue la esperada. Al primero de su lote le hizo una faena larga con fases buenas, pero el toro punteó el engaño y se quedó algo corto. Tal vez faltó adelantar más la franela. El quinto fue un sobrero de Zalduendo muy mal presentado, como algunos del viernes. El toro murió en dos puyazos mortíferos de Manuel Jesús Ruiz Román. Se le fue la vida y Perera se quedó sin toro y sin tarde. El animal había derribado en su primer encuentro y ya se sabe que luego llega la venganza de los del castoreño. Pues se vengó y dejó sin toro a su matador.
Talavante había sorteado un toro bizco y corniabierto como tercero. El animal no tuvo clase y Talavante le dio muchos pases, la mayoría enganchados. Pero lo que pasó después sirvió para aclarar conceptos. Talavante no tiene nada que ver con Tomás. Su toreo al natural tan profundo rompió todas las trabas de quienes dudaban sobre su tauromaquia. Y entre tantos muletazos, un natural eterno que pasa a la historia maestrante porque levantó por sí mismo una clamorosa ovación. Lo nunca visto.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Talavante arrebata con el toreo al natural y Castella con su temple
Era el cartel donde se esperaba una lucha a muerte. Tres jóvenes toreros que quieren quedarse con una ración grande de la tarta. Habían consumido mucho combustible en el hotel, muchas horas quitándose el maldito miedo en una tarde que se cerró en agua. Una lluvia que no evitó ni el cartel de no hay billetes ni el que la terna decidiera que los clarines y timbales dieran paso a esa lucha. Luego, el toro puso las cosas en su sitio. El toro y los toreros. Porque se echaron en falta batallas auténticas en quites por parte de los tres toreros -Sebastián Castella, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante-. Dicho esto, vimos a un Talavante, en su presentación como matador de toros, con dos caras: estoico en el primero y gran toreo en el sexto ante un gran toro al que cuajó por un pitón, el izquierdo. Toreo al natural de alto voltaje. Naturales que eran descargas eléctricas en el tendido. Algunos de esos muletazos fueron como rayos que dejaron a los espectadores sin respiración. Pero luego, el torero hizo de las suyas y falló con la espada, perdiendo posiblemente dos orejas.
La corrida se abrió con una faena preciosa y medida de Sebastián Castella, en la que imperó la suavidad del francés a la hora de mover la muleta delante de un toro muy noble. Una faena que fue premiada con una oreja. Pero vayamos con este guión, que bien se puede decir que estuvo empapado en agua, con una lluvia persistente y fina, que no molestó salvo al comienzo y que tampoco fue decisiva en el estado del piso de plaza, practicable.
Un guión que comienza por el final, con una plaza enloquecida. El sexto toro, que había cumplido en varas, dio un juego más que notable. Alejandro Talavante ganó terreno en buenas verónicas. Se echó la muleta a la diestra. Y fuera de cacho, vaciando los viajes hacia fuera, el toreo fue despegado, aunque con la ligazón suficiente para que el público comenzara a calentar motores. Por ese pitón, únicamente brilló en una tanda recia y ligada. Pero con la izquierda, la faena llegó a la cumbre. En la primera serie, el diestro llevó embarcado al toro, tirando perfectamente para rematar hacia dentro. La plaza rugió en un natural tras un ayudado y ahí el torero se hizo el dueño de la situación. En otra serie, bajando la mano y jugando la cintura, nacieron muletazos largos y auténticamente bellos. Y hubo naturales sueltos de una calidad excepcional, jugando la muñeca, rota, para adormecer al toro en los vuelos de la tela y despertar una emoción desatada, con gritos de "¡torero, torero!". En las bernadinas finales continuó el alto voltaje. Los remates, como las trincherillas, tuvieron sabor. Pero Talavante desafinó con la espada. Un gorgorito, otro y otro; o sea, tres pinchazos. Y luego un espadazo. Pero…¿qué pasó? Que hay que ejecutar bien la suerte suprema. Y no lo hizo. El año pasado emborronó varias faenas cumbres por ello. El pasado invierno le operaron del codo derecho. Pero la causa en el fallo, al menos ayer, parece que no está en el miedo o la preocupación psicológica.
La faena al complicado tercero se la brindó a Paco Camino. Talavante peleó y se peleó en una faena pespunteada de enganchones. Al final, impresionó por la vía estoica; siendo zarandeado como un pelele en uno de los muletazos, cerrando con unas manoletinas vulgares. Tampoco estuvo acertado con la espada.
Sebastián Castella gustó y se gustó con el nobilísimo que abrió plaza. Un toro de los que descubren a los toreros malos. El torero francés toreó muy bien a la verónica y se marcó un buen quite por chicuelinas. En la muleta citó desde los medios al toro para empalmarle varios muletazos por la espalda ligados alternativamente con derechazos. Una ligazón que continuó en una serie con naturales muy templados y suaves. De nuevo, con la izquierda, dibujó otros naturales excelentes. Cuando pasó a la diestra se enroscó al toro. El animal se quedaba corto y Castella supo resolver con un cambio de mano. Los pases de pecho fueron superiores; alguno con majestuosidad manoletista. Cerró con manoletinas. La estocada, caída, enfrió la más que templada faena. Y todo quedó en una oreja con petición de la segunda.
Miguel Ángel Perera, con el peor lote, no consiguió sacar partido al noble segundo, un animal que tenía el problema de que entraba con las manos y salía con la cara alta. Antes se marcó un gran quite por chicuelinas. Su otro oponente, el quinto, fue devuelto incomprensiblemente por el presidente, sin que el público lo pidiera, tras derribar al picador. En su lugar, saltó como sobrero un zalduendo noble, pero sin gas, al que le sacó una tanda con la diestra limpia. La labor, con algunos otros pases estimables por ese pitón, acabó en un desarme.
La lluvia no pudo con el festejo, un festejo interesante en el que los naturales de oro de Talavante y el temple de Castella quedaron grabados en el albero de la Maestranza.
La Razón.
JUAN POSADA.
Castella y Talavante provocan los olés
Saber aprovechar los toros buenos es privilegio de los grandes toreros. Ahí se aprecian los conocimientos, el valor y la calidad. El francés Castella, otrora torero valiente simplemente, demostró el avance técnico que ha experimentado. Su primer toro recibió sobrada réplica del torero que disfrutó e hizo gozar al público. Con su segundo, recordó al torero valiente de antaño. Talavante es un torero arrojado y con una forma muy personal de interpretar su arte. Con su primero acusó un defecto que debe subsanar para mejorar su calidad: no cruzarse al pitón contrario con los toros que lo necesitan. No lo hizo con el sexto ni era necesario; el animal repetía con nobleza y el torero sólo tuvo que recrearse con él. Pereda estuvo valeroso en sus dos toros pero un tanto torpe, tampoco se cruza con los toros, lo que desluce sus faenas.
Castella resolvió bien con el capote al buen primero con el que se lució en una faena valiente, reposada y con buen temple. La inició en el centro del ruedo y citó desde mucha distancia para pasárselo por detrás en dos ocasiones. Dieron dos tandas de naturales con el toro muy embebido en el engaño y el torero, asentado en la arena. Las tres series que siguieron con la derecha, muy ligadas y acompasadas al buen son del animal. Las manoletinas finales bien ejecutadas.
Con el cuarto, mansote y violento, montó una faena valiente, cruzado y muleta adelantada. Las tres tandas diestras, bien cruzado con el toro y la muleta baja para domeñar el defecto de derrotar hacia arriba. El toro reponía mucho, es decir, no concluía una arrancada cuando iniciaba la otra, con violencia. Se le vio puesto, seguro y con disposición.
Pereda, con el segundo, un toro que iba pero con brusquedad, tras competir con su paisano Talavante en cites, comenzó la faena por bajo para seguir con dos tandas por la derecha, dejándose tropezar el engaño. En el primer cite con la izquierda sufrió una colada peligrosa y, valiente, prosiguió con la zurda. Las dos series que siguieron con la derecha, más limpias pero sin llegar a calentar; es posible que fuera consecuencia de no haberse cruzado un poco más con el toro para, a la vez que lo dominaba, imprimir más emoción al trasteo.
Con el noblote sobrero de Zalduendo, realizó una faena porfiona sin llegar a acoplarse con el toro. La inició con dos pases cambiados en el centro del ruedo seguido de derechazos un tanto violentos. En la segunda tanda diestra tampoco logró atemperarse a la embestida del Zalduendo. Los naturales, en línea, no tuvieron acople al resultar muy separados como consecuencia de no cruzarse y vaciar el pase hacia afuera. Volvió a insitir por ambos pitones sin llegar a los tendidos. El defecto de no pasar al pitón contrario le restó lucimiento a la faena.
Talavante inició por bajo la faena al tercero para continuar con derechazos largos en línea por lo que el toro, un tanto violento, lo veía y achuchaba con peligro. Se cruzó más en los primeros naturales y resultaron más compuestos; pero la segunda serie, al hilo del pitón, un tanto a merced del animal, que lo medía haciéndole pasar mal rato hasta que fue volteado sin consecuencias. Continuó con la derecha, con la muleta retrasada. Faena valiente, un tanto embarullada y descolocado del toro por lo que el animal dominó la situación. Las manoletinas finales ceñidas.
Saludó al excelente sexto con lances muy ceñidos y se quedó con el personal. Los primeros muletazos, por alto, seguidos de unos naturales valientes pero destemplados. Se centró más en la segunda tanda y, acoplado con la velocidad del animal, dos naturales excelentes, seguido de un buen pase de pecho y de varios naturales más, ya con el público metido en su faena. Supo aprovechar las alegres, suaves y largas arrancadas del toro para recrearse en algunos muletazos, en especial, una tanda con la derecha, en la que bajó mucho el engaño con una técnica muy superior a la mostrada en el toro anterior. La pena, que lo estropeó con la espada.
Marc
Lavie. Maestría de Castella, faenón de Talavante
De la corrida de Torrealta, elle aussi recomposée - entrèrent dans ce lot trois toros qui étaient prévus pour Bilbao - on se souviendra du début et de la fin.
Le premier était un toro bien fait, qui se révéla de grande classe sans durer excessivement. Il faut dire que Castella fut parfait. Tout ce que fit le torero de Béziers fut limpide, sans le moindre geste brusque pouvant exciter le fauve. Car si les grands toreros savent s'adapter aux conditions des toros, ces derniers, eux aussi, adaptent le rythme de leur charge à des gestes plus ou moins doux, plus ou moins secs, comme les spectateurs de cette corrida ont eu l'occasion de le voir par la suite. Pour ce qui est de Castella face à ce premier, il y eut de douces véroniques en réception, puis un quite par trois chicuelinas aussi impassibles que suaves, et un début de faena, montera en main après s'être replacé, par deux changements dans le dos d'une incroyable lenteur qui déclenchèrent les premières notes de musique. La faena fut d'une parfaite harmonie, avec des naturelles liées sur place, au ralenti, puis des droitières se transformant peu à peu en cercles, en réduisant progressivement les distances, sans abur de la proximité ni des attaques et en maniant admirablement les "toques". Bref, une faena de maestro déjà consommé. Castella porta, également au ralenti, une estocade entière, légèrement tombée, et la position de l'épée fut sans doute l'obstacle à la non concession d'une deuxième oreille, demandée par une partie du public, qui serait tombée sans grande discussion si cette même faena avait eu lieu en quatrième position. "Oreille et demie", comme disaient quelques aficionados sévillans, pour Castella qui ne put reprendre son récital avec le pire exemplaire du lot, un quatrième très finement armé, violent, brusque et franchement dangereux sur le côté gauche. Les tentatives ne purent être que méritoires et l'estocade fut basse, ce qui ne changea pas grand-chose au résultat final.
Mais le grand toro de cette corrida de Torrealta fut le sixième. Un toro châtain, élancé, qui fut peu châtié en deux piques mais qui garda jusqu'au bout une grande mobilité, une charge claire, longue, ample. Un toro de note égale, sinon supérieure, à celle du Victorino du jeudi. Alejandro Talavante ne laissa pas passer l'occasion. Il le reçut par de profondes véroniques vers le centre. Il fit jouer la musique - en l'occurrence "Martín Agüero", qui sonna à merveille dans la nuit andalouse - en deux séries droitières parfaitement liées. Puis, Talavante prit la main gauche et il éleva un monument à la naturelle. Il y eut au moins trois séries, qui furent toutes trois sensationnelles. La première naturelle qui ouvrit la deuxième fut d'une telle ampleur, d'un tel tracé, d'une telle profondeur qu'elle mit le public debout et déclencha à elle seule une longue ovation. Oubliant la verticalité, cassant son corps au rythme de la charge de son brave opposant, toréant du soulier aux doigts, Talavante lia sur le sable de la Maestranza les plus belles naturelles vues depuis de nombreuses années. Lorsqu'il termina la dernière série à gauche, le public de la Maestranza, qui avait supporté plus de deux heures de spectacle sous la pluie, se retrouva debout, à scander "torero, torero !". Mais Talavante ne sait toujours pas tuer: trois pinchazos, une entière contraire, deux descabellos... S'il avait enfoncé l'épée au premier essai, le public aurait sans doute réclamé le "rabo" et le tour de piste posthume au brave Torrealta. Mais les trophées se diluèrent avec les pinchazos. Les trophées, le résultat numérique, les léments comptables, mais pas l'impact de ce toreo à la naturelle qui restera longtemps gravé dans les mémoires.
Face au troisième, encasté mais violent, Talavante ne mit que sa seule quiétude en atout, oubliant la technique, et se retrouvant, en laissant un espace entre lui et le leurre, constamment à la merci de son adversaire qui le prit sans gravité.
Entre ces deux plats de premier choix, il y eut Miguel Angel Perera, qui fit beaucoup de passes mais toréa très peu.
Il pleuvait sur Séville mais la Maestranza était comble, le public profitant, au début et à la fin, de l'ivresse intérieure que procure le toreo interprété dans sa plus belle
expression.

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