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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del viernes, 20 de abril de 2007
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Zalduendo
(de diferente presentación, buenos, con juego; el 3º escaso de fuerza;
5º y 6º aplaudidos en el arrastre).
Diestros:
- Morante de la Puebla.
De catafalco y oro. Media estocada trasera, caída y atravesada, aviso, descabello
(silencio); media estocada en su sitio, aviso (silencio).
- Julián López 'El
Juli'. De azul y oro. Municipal,
dos pinchazos que escupe, estocada, tres descabello (silencio);
estocada entera (oreja).
- José María Manzanares.
De azul marino y oro. Pinchazo que escupe, estocada entera (silencio); estocada entera (dos
orejas).
Incidencias: el banderillero Curro Javier recibió un baretazo en la axila banderilleando al tercero.
Banderilleros que saludaron: Curro Javier, de la
cuadrilla de Manzanares, en el 3º; José Antonio Carretero y Emilio
Fernández, de la cuadrilla de El Juli, en el 5º; Juan José Trujillo,
de la cuadrilla de Manzanares, en el 5º.
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PUERTA
DE ARRASTRE
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Por Santiago
Sánchez Traver
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La estadística es una ciencia casi exacta. Pero no sirve para los toros. Han salido trece “zalduendos” y sólo han servido los dos últimos. Poco porcentaje para una ganadería a la que indultaron cuatro toros el año pasado. En los toros sirven los refranes como ese de “no hay quinto malo”. Y a ese quinto –rajaíto- Juli le hizo la faena más inteligente de la Feria. Sin duda, es el torero más listo del escalafón. Pero en la fiesta lo que sí suele funcionar es la genética, otra ciencia más exacta. Pero no para los toros sólo, sino para los toreros. Ese es el caso de Manzanares. Las manos en la chicuelina, el trincherazo por debajo olían a su progenitor, que disfrutaba en el callejón. Es posible que éste tuviera más pellizco y más duende, mientras el hijo tiene más hondura, más profundidad. Desde hoy, el padre envidia a su hijo por haber hecho una faena que él soñó y no llegó a completar en la Maestranza.
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Las
imágenes
del festejo
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LO
MEJOR Y LO PEOR
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Por Carlos
Javier Trejo
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El “tempo” en el toreo es cuando se conjugan adjetivos tales como la elegancia, la cadencia, la despaciosidad, el temple, la lentitud, el gusto, … Pues de todo eso ha dado una soberbia lección José Mª Manzanares esta tarde en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Faena rotunda a un gran toro de Zalduendo. Qué elegancia al
sacar el toro a los medios, un trincherazo y un cambio de manos en el que se paró el reloj. “El Juli” cortó la oreja del 5º, el único junto con el 6º que se dejó. Tarde importante de las cuadrillas: Chocolate y Barroso a caballo. Carretero y Trujillo con las banderillas, y extraordinaria tarde la de Curro Javier, tras ser prendido en el primer par, cogió los palos sin mirarse y se fue a la cara del toro para clavar en todo lo alto. |
Lo peor de la tarde ha sido, sin duda, la presentación de los cuatro primeros toros, a mi juicio, indigna de una plaza de la categoría de Sevilla. Y eso que han rechazado cinco en el reconocimiento… ¿Cómo serían éstos? A Morante lo hemos visto triste, con esa sensación de querer agradar
pero que después las cosas no salían. Quizás se debería haber atacado más con su primero,
un feo de Zalduendo con un pitón destartalado, pero que tuvo algunas arrancadas, y con el que incluso llegó a ligar algún muletazo estimable. Con el segundo de su lote, masacrado en el caballo, nada pudo hacer. Con numerosas probaturas, parsimonioso y con una premiosidad nada aconsejable. Tendremos que esperar al próximo paseíllo para ver a ese Morante con el que muchos soñamos.
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LOS
PROTAGONISTAS
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Morante de la Puebla
El diestro de la Puebla del Río consideró oportuno no hacer declaraciones al término del festejo. |
El
Juli
El madrileño se mostraba contento por su vuelta a Sevilla y además hacerlo con un triunfo: “Estoy muy contento por cortar la oreja del quinto y por regresar a la Maestranza, en una tarde tan especial y estaba deseando que llegara pronto. Ese toro ha tenido algunas arrancadas importantes y se la he cogido con buen son. Ha transmitido pero ha tenido cositas para rajarse y realmente me ha servido para estar muy a gusto” Julián terminó valorando la corrida en conjunto “los dos toros que mejor han embestido han sido el quinto y el sexto que ha tenido calidad, los demás nada”. |
Manzanares
Manzanares mostraba su enorme satisfacción por el gran triunfo cosechado: “Pinché en Valencia, Madrid y gracias a Díos lo de Barcelona me dio más confianza y lo de hoy en Sevilla es inenarrable. El toro ha sido muy bueno dejando que me sintiera torero y he disfrutado toda la faena. Yo siento el toreo con mucho sentimiento y lo que me ha pasado hoy, es muy grande porque me faltaba entrar en Sevilla”. Continuó Manzanares hablando de lo especial que es la Maestranza “Estoy emocionado y cuesta mucho articular las palabras, porque detrás de este triunfo hay mucho trabajo, esfuerzo, preparación y ojalá los toros me respeten porque hay torero para largo”.
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Imágenes
del festejo
Crónicas de la Prensa
El Mundo. CARLOS
CRIVELL. Despacio, como todo lo bueno en la vida
Despacio, como todo en la vida, así es el toreo bueno. Así fue el toreo de José María Manzanares, ilustre continuador de un matador que hace un año dibujó sus muletazos finales en la Maestranza. Sabíamos que el palo había dado una buena astilla, sólo faltaba confirmarlo. Y el día señalado llegó, salió el toro Encendido, nombre ilustre en la ganadería de
Zalduendo, y se produjo el milagro maravilloso del toreo eterno. En el sexto firmó Manzanares una obra inolvidable.
Despacio lo hizo todo. Ya se atisbó que había toro y torero en los lances a la verónica del saludo. Mejor aún en las chicuelinas en recuerdo a su señor padre, contestadas por otras de Morante en una reedición clásica del quite del perdón. Y despacio fue toda la faena de muleta. Manzanares se fue al platillo de la plaza consciente de la calidad del toro. Florecieron muletazos limpios, de muleta tersa, de torero erguido acompañando con el pecho el camino del
astado, todo muy despacio, todo medido y sentido, gozando el placer de torear y haciéndolo sentir a todos los afortunados presentes en la Maestranza. Fue una faena de sabor a canela, para degustarla despacio, para recordarla siempre.
Cuando se echó la muleta a la izquierda, Manzanares dibujó la vieja estampa del torero clásico. Tomó la muleta por el centro del estaquillador y mantuvo la espada paralela a su pierna. El natural fue otro poema cantado con solemnidad. Antes, un cambio de mano fue la cumbre de la corrida y de muchas más. Fue la apoteosis de la lentitud y el comienzo del delirio. Y también fue una faena justa y medida en el tiempo, rematada de una estocada. Dos orejas. Lo de siempre, ¿se puede valorar en despojos una obra de arte?
Todo esto ocurrió en el sexto y llenó toda la corrida. Antes, se había deslizado peligrosamente por una pendiente que la pudo llevar a la nada. Fernando Domecq envió una corrida muy desigual. El tercero y el cuarto no debieron saltar al ruedo. El primero era muy feo, lo mismo que el muy embastecido segundo. Por fortuna el ganadero de Zalduendo alivió su feria con dos toros de nota: quinto y sexto.
Se impone un criterio más uniforme en la presentación del toro. Esta corrida no puede ser modelo para Sevilla, tanto por su desigualdad como por la poca presencia de algunas reses. La imagen del tercero, escurrío de atrás, el típico
culipollo, no es buena para que se difunda por todo el mundo.
Manzanares se había estrellado con el tercero, animal chico, flojo y descastado. Algo parecido le pasó a El Juli con el segundo, un toro que no resistió los intentos de pases profundos del madrileño.
En la plaza estaba Morante de la Puebla. A nadie deja indiferente. Bien vestido de torero, el artista tropezó primero con un toro corto de cuello, bizco del derecho y feo hasta decir basta. No fue mal toro, de hecho Morante le hizo dos quites con el capote y dibujó pases de gran belleza plástica. Pero faltó acoplamiento; o sobraron enganchones. El público, que espera el todo, no se conformó con medias tintas. Y las opiniones se dividieron, pero en el buen sentido de la palabra. Tampoco pudo ser con el cuarto. El torero anduvo ceremonioso y contemplativo, la realidad es que apenas le dio algunos pases sueltos. Muy poco para lo que la gente espera.
La tarde se vino arriba en el quinto. Este toro castaño de Zalduendo fue perfectamente lidiado por la cuadrilla de El
Juli. Se le cuidó en varas, algo que en el fondo no deja de ser lastimoso, pero que permitió que el animal llegara con viveza a la muleta. La brega de Escobar fue perfecta y el toro se dejó torear por El Juli que puso su máquina a funcionar en tandas sobre ambos pitones de corte excelente, temple infinito y dominio apabullante de la situación. Torero rotundo y en perfecto
estado de forma. Lo mató mejor que al segundo y se llevó una oreja.
A la tarde le quedaba todavía el último acto, el cierre final para el recuerdo, la faena a cámara lenta del hijo del maestro de Alicante. El padre puede estar satisfecho; la genética ha funcionado. El hijo debe sentirse poseedor de un gusto torero propio de privilegiados.
Todo esto y muchos buenos banderilleros le dieron contenido a una tarde que se salvó en dos toros, sobre todo el que cerró la ceremonia, que ha consagrado a un torero en la plaza donde le quitó hace un año el añadido a su padre.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Manzanares conquista la Maestranza
El joven José María Manzanares cautivó ayer a la afición
sevillana. Y lo hizo con un toreo de empaque, en el que los muletazos nacían ya templados como el Guadalquivir, y como el río fluían con suavidad, con una lentitud recia y soberana. Buena colocación, ritmo, sentido y acompañamiento con la cintura, toreando con todo el cuerpo, a compás, con sentimiento y gusto. Muletazos con sonidos internos, que no precisan de música, aunque el pasodoble atacó pronto, cuando la plaza, una plaza abarrotada, rugió tras una tanda inolvidable en la que hilvanó un par de pases con un cambio de mano deslumbrante unido al de pecho, con el que despidió la primera serie del buen zalduendo que cerraba plaza. Y en esa atmósfera electrizante ya, desde las gradas al callejón, con unas nubecillas que amenazaban el cielo sevillano, el alicantino empalmó por el mismo pitón otros tres muletazos auténticos, crujiendo luego una trincherilla de escándalo. Los oles secos que brotaban ahogaban el pasodoble que continuó amenizando una faena que no perdió altura al natural. Ahora afloraron cinco naturales como cinco soles, uno de ellos a cámara lenta. Y en otra serie dos bellos muletazos, con un remate arrebatado, aunque enganchado. El epílogo, como lo había sido el prólogo de la faena,
torerísimo. Y en los cierres de las series hubo excelentes pases de pecho y trincherillas de cartel. Con anterioridad, Manzanares se lució en la capa a la verónica y en un buen quite por
chicuelinas. Y como guinda se tiró de verdad en la suerte suprema. Gran estocada, ligeramente desprendida. Y dos merecidas orejas. No quiso salir a hombros.
Con el tercero también dejó una grata impresión. Se esforzó hasta conseguir una tanda templada con la diestra a un toro que entraba topando y se quedaba corto. Su banderillero, Curro Javier, de tabaco y plata, a punto estuvo de recibir, hablando en plata, un tabaco gordo, cuando quiso asomarse al balcón en un par de banderillas. Luego, prendió un notable par.
El Juli había tenido el mérito de levantar el espectáculo en el quinto, cuando transcurría cuesta abajo, cuando aquello parecía un funeral. Lo hizo con una gran faena a base de oficio y entrega con un toro con movilidad y exigente. Después de templar a la verónica en un quite, abrió faena combinando estatuarios con remates por bajo. En los medios extrajo una buena tanda con la derecha. Luego, muy firme, ganando terreno al animal, dibujó otra muy buena, con muletazos muy largos. Con la izquierda, pitón por el que el animal se entregaba menos, hubo enganchones. Cambió de mano y sacó un par de naturales y el de pecho, sin rectificar, con el público entregado. Volvió a la diestra. Tras una estocada desprendida y algo trasera le concedieron un merecido trofeo, solicitado por el público.
Con el deslucido segundo, El Juli se perdió entre enganchones en los medios y mató pésimamente, con un sablazo que hizo guardia, sacando la espada con reflejos felinos y un par de pinchazos, estocada y tres descabellos.
Morante estuvo desdibujado. Con el que abrió plaza tuvo destellos con el capote, principalmente en dos medias verónicas con sabor y en un delicioso quite por
chicuelinas. Con la franela, en los medios, labor con excesivos enganchones, con algún muletazo suelto de calidad o una preciosa trincherilla.
En el cuarto se juntó el hambre con las ganas de comer. Un toro sin transmisión y un torero que abusó de tiempos muertos, en una labor marcada por unipases hasta que el animal, que se quedaba corto, le lanzó un hachazo decisivo a Morante, que decidió despacharlo de inmediato.
La tarde fue de Manzanares, un Manzanares que tras romper el hielo que le había separado de su padre, ha crecido una barbaridad en lo profesional. De la mano del maestro, que ayer le acompañaba y alentaba desde el callejón, está sacando a flote ese arte que lleva en sus venas. Un arte que ayer desparramó por el albero de la Maestranza, con parsimonia y templanza, como ese río que fue testigo mudo de una faena con música interna.
ABC.
ZABALA DE LA
SERNA. El soberbio empaque de Manzanares cruje la Maestranza
Yo juro ante la tumba de mi padre que soy hombre de paz en las plazas y que raramente me manifiesto, quizá porque pocas veces me alcanza, invade y absorbe un toreo tan rotundo como el que ayer brotó del empaque de José María Manzanares. Toda la plaza crujimos como una sola voz en muletazos de una estética profunda, soberbia. Manzanares se lo creía esta vez, sabedor de sus innatas condiciones; estaba en torero crecido yendo a la cara del toro, saliendo de ella. Torear antes de torear. Torear sin toro, y no digamos con este pedazo de zalduendo que salvaba a Fernando Domecq de la pira que ya estábamos prendiendo con las plumas incendiarias. Sobre la mano derecha no se puede mecer el cuerpo con más plasticidad, con un embroque de majestad
ordoñista, rondeña, tremenda. Un trincherazo fue de hacer temblar el Misterio, el ole paralizó el vuelo de los vencejos. De repente se detuvo la realidad. Fuera ya no se oían los coches. Tras el trincherazo vino el silencio. El pasodoble y la parsimonia de un tío de azul marino y oro que caminaba hacia su futuro, con el pecho ofrecido. Una tanda partida en dos por una descolocación momentánea desembocó en un cambio de mano que, de nuevo, causó un terremoto en las gargantas. Los redondos habían sido de calidad superior certificada, otra trinchera revoloteaba por los tejados, y ahora tocaba la izquierda y sonaba la banda a gloria. José María Manzanares echó los vuelos y enganchó las embestidas, por delante -repito, por delante-, y las condujo en largo, muy largo, con la muleta siempre puesta al final de cada natural para ligar el otro. Y si no se hubiese quedado un tanto descruzado todavía la cosa hubiese subido con mayor intensidad. ¿Con mayor intensidad? Hombre, claro, a ver si se cree que por esto yo le voy a dejar de exigir a Manzanares. De otros, paso. De éste, no. La historia no ha hecho más que empezar. La faena tuvo su broche, la lidia tuvo un final, como había tenido un principio con el capote más que notable, y eso que no es su fuerte. No hubieran caído nada mal los ayudados a dos manos que el año pasado le pusieron la Maestranza a favor, pero hubo torería y, sobre todo, que es lo importante, una estocada perfecta, en el mismo el hoyo de las agujas. Las dos orejas fueron tan rotundas como su empaque. Torear con esas formas, con el pecho, la cintura, está al alcance de tan pocos... El anterior no le había dado opciones. El anterior que era un toro anovillado no apto para Sevilla. Y encima incómodo y sin continuidad, que se quedaba por abajo el pequeñajo (vaya pareado barato). La gente de su cuadrilla estuvo muy bien con los palos.
Y Carretero también con el quinto. Alto y más serio, proporcionó a El Juli la posibilidad de rehacer la tarde. ¿O fue al revés? Puede. Juli planteó una faena de mucha autoridad, de ligazón y terrenos valientes. Cabeza y técnica, mucha técnica. A veces se vio un poco de más, pero la oreja la arrancó con justicia y un espadazo inmediatamente después de que el toro cantara cual gallina. El segundo había sido muy basto, hasta de pitones. Vacío y basto. Falló a espadas entonces Julián López con bastante desatino.
Morante, aunque pudiese parecer otra cosa, anduvo queriendo, en torero. No terminó de acoplarse con un primero descarado y bizco, feo, que pegaba un tornillazo a cada lance, a cada muletazo. Hubo un quite a la verónica extraordinario y detalles. Toro y torero tuvieron distintas velocidades. Poco o ningún trapío aparentó el cuarto, que se metió mucho y siempre por dentro. Creo que fue al único al que le perdonaron un quite por
chicuelinas. Bendito Chicuelo, pero hasta él hubiese denunciado cuatro quites, cuatro, de la terna con su lance por falta de imaginación.
La Razón.
JUAN POSADA.
El Juli y Manzanares remontan la tarde
La corrida comenzó en el quinto toro. Antes Morante no estuvo a la altura del buen primero que, aunque embestía sin humillar, fue potable. El Juli aprovechó bien al buen quinto, que aguantó veinte muletazos con mucha trasmisión, pero que comenzó a añorar las tablas. Juli hizo lo correcto al abreviar y matar con prontitud y arriba. Manzanares estuvo voluntarioso con el tercero y realizó una bonita faena al excelente sexto en series cortas pero con muletazos de mucho sabor.
Morante recibió al primero con verónicas sin ajustar, pero lo hizo en las
chicuelinas. El principio de faena por alto, un tanto despegado, rematado con tres trincheras por naturales muy buenas. La tanda con la diestra, bien iniciada y mal terminada al dejar que le tropezara la muleta. Los naturales sin templanza y en la segunda tanda alternó muletazos buenos con otros más embarullados.
Al cuarto le realizó una faena con buenas intenciones y posturas pero sin verdadera decisión. Cierto que el toro se ceñía mucho en el segundo natural, no es menos verdad que Morante se situó siempre al hilo del pitón, por lo que los muletazos resultaron separados y sin gracia. Volvió con la diestra, también fuera de cacho, el toro lo vió y lo
achuchó, aunque sin demasiados bríos. Tuvo detalles, que están bien tras una buena faena pero que ni los más partidarios jalearon.
El Juli, con el segundo, soso y mansurrón, logró unos lances de recibo a pies juntos con voluntad. Comenzó con pases por bajo suaves, que el toro tomó con sensación de poca fuerza, para seguir con la derecha dejando que le corneara la muleta. Dos más con la diestra, sin cruzarse, al hilo del pitón, por lo que el silencio inundó La Maestranza. Los naturales tampoco tuvieron emoción, aunque el torero se colocó mejor.
Al quinto, tras lancearlo sin demasiado lucimiento, le hizo un bonito quite por
chicuelinas, que animaron a la plaza y al diestro. Los primeros pases por alto, ceñidos y rematados con una excelente trinchera. Los tres derechazos que siguieron, templados y largos, arrancaron a los músicos. El toro cedió un poco en su ímpetu y el torero hubo de acortar la distancia. Finalizó con redondos diestros a media altura y una buena estocada.
Manzanares recibió al terciado tercero con lances forzados. El toro, derrotón y rebrincado, no le permitió que las tandas diestras tuvieran más de dos pases seguidos. El torero insistió, bien situado y con la muleta adelantada, así consiguió algunos pases ligados pero sin arrebujarse con el toro.
Recibió al excelente sexto con unas chicuelinas garbosas a las que Morante respondió con otras, espectaculares. Desde los primeros muletazos se vio que el toro servía y el torero quería. Tres tandas con la derecha, no muy largas, pero lentas. Mejor con la zurda, en dos tiempos muy bien ligados con el de pecho. La última tanda con la izquierda, la mejor, por su lentitud y buena forma. Los ayudados por bajo terminaron una faena que no llegó a alcanzar la bondad del animal.
Marc
Lavie. Un noveau Manzanares sur le devant de la scène
Si José María Manzanares fils laissait entrevoir depuis des
années, et plus particulièrement depuis un an, d'immenses
possibilités, il lui manquait un triomphe sonore dans un endroit clé. C'est chose faite. Car le jeune torero d'Alicante a réalisé face au sixième toro de Zalduendo une faena
complète, comprenant des passages d'une rare profondeur, d'une pénétrante
esthétique, d'une exceptionnelle lenteur. Une grande faena qui permet à ce torero non seulement de rentrer dans le coeur de
Séville, mais surtout de se hisser d'un bon en première file de la torería.
Ce dernier toro de Fernando Domecq était bien fait, harmonieux, archétype du toro de
Séville. Toréant main reposée sur la cuisse, Manzanares fit avec la mante les premières ébauches d'un grand
tableau. Les recortes en tablier, ou à la ceinture, donnèrent une touche de Belmonte à l'école de Ronda. Le fauve fut bien piqué par José Antonio Barroso et Morante, par trois chicuelinas serrées et une demie pieds joints tenta un quite du
pardon. Le Zalduendo ne cessa de galoper aux banderilles, et afficha plus de bravoure et de fond que les autres
exemplaires. Le début de faena, en gagnant le centre en pas de géants en marchant admirablement avec les charges de
l'animal, provoqua le "rum rum" qui précède toujours les moments
d'éclat. Mais le toreo de Manzanares prit une dimension supérieure lors de la première série
droitière, car il parvint à se ralentir, notamment lors d'un changement de main d'une incroyable
délicatesse. En parvenant à reposer ses mouvements, à assoir ses gestes, à calmer son tempérament
électrique, José Marí ne perdit pas de profondeur mais gagna énormément en esthétique et en
coulé. Quand Manzanares ralentit sa gestuelle, il torée comme les
anges. Il n'y eut pas plus de quatre séries complètes de toreo fondamental : deux à
droite, deux à gauche, la deuxième terminée somptueusement par le bas. Seulement
quatre, mais parfaites, sans rien à ajouter ni à ôter. Et la faena se termina comme elle avait commencé : en marchant avec le toro, en gagnant des pas à chaque
passe, mais cette fois du centre vers les raies. Une magnifique estocade corrobora un triomphe qui vaut son pesant
d'or.
Cinq des toros prévus par Fernando Domecq pour cette corrida très attendue avaient été refusés par les vétérinaires pour différentes
raisons. Le lot fut donc disparate. Le premier, offensif d'armures, fut cependant un toro mobile et noble, avec une petite pointe de violence que ne parvint jamais à tempérer un Morante aussi décidé en intentions que désaccordé en
rythme. Dix fois le torero de La Puebla mit l'eau à la bouche par des débuts de figures
prometteurs, dix fois il se fit toucher le leurre et la flanelle se transforma en
chiffon. Le verdict fut sans appel : grande ovation à la dépouille du Zalduendo et silence respectueux pour la bonne volonté de Morante, qui tenta de se fâcher face au manso
quatrième, alors que les commentaires sur les gradins se faisaient de moins en moins
discrets.
Si le Juli ne sortit pas de la fadeur du deuxième, il fit remarquablement bien les choses face au
cinquième, un toro encasté, franc mais qu'il fallait consentir et
conduire. Julián commença sa faena par statuaires, tout en douceur, et la musique joua "Suspiros de España". Les deux premières séries à droite furent parfaitement liées sur place, puis à
gauche, Julián fit un bel effort pour allonger la charge et obtenir un bouquet de naturelles très
longues, tirées loin de devant et conduites loin derrière. Final par le
bas, L'entière fut légèrement tombée, mais l'oreille était
indiscutable.
Pour l'anecdote : même à Séville, avec l'ambiance extraordinaire qu'était celle de cette corrida de
preferia, il y a encore des gens pour réclamer au Juli de poser les
banderilles... Cela fait désormais partie du folklore.
 
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