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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del martes, 17 de abril de 2007
Corrida de toros

Curro Díaz. Reuters
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Cebada Gago (desigualmente presentados, difíciles, mansos y con peligro).

Diestros:

  • Curro Díaz. De tinto y oro. Estocada en su sitio (saludos desde el tercio); estocada (saludos desde el tercio)
  • Fernando Robleño. De rosa palo y oro. Dos pinchazos que escupe, estocada caída y atravesada (silencio); pinchazo que escupe, meteysaca (silencio).
  • Fernando Cruz. De grana y oro. Pinchazo que escupe, estocada caída y contraria (silencio); estocada entera, descabello (vuelta al ruedo).
PresidenteAntonio Pulido.

Tiempo: soleado, con viento.

Entrada: menos de tres cuartos.

Crónicas de la prensa: La Razón, ABC, Diario de Sevilla, El País, El Mundo, Metro, Marc Lavie.

 

PUERTA DE ARRASTRE


Por Santiago Sánchez Traver

Llegaban los cebaditas y estos sí que traían peligro y navajas en las puntas. Pero el problema es que apenas se dejaron un poquito el cuarto y el sexto. Los toreros bien, valientes, a lo suyo, que era matar una corrida astifina y peligrosa. Pero al menos que se hubieran dejado dar algún que otro pase para la paciente parroquia. El linarense Curro Díaz tiene arte y pellizco y al menos le vimos eso. Diez años después de su alternativa está dejando entrever las cositas que lleva dentro y las emociones que puede provocar. Ha tenido paciencia pero si hubiera sido por otros ya no estaría en esto. Y sería una pena haber perdido este torero. Además, qué dos estoconazos despachó a sus oponentes. Ya tenemos candidato para los premios de la espada. El ganado malo y bien que le pesa a ese ganadero íntegro y cabal. La tarde fue de uys más que de oles. Y menos mal que no fue de ays.

 


Las imágenes del festejo


SOL Y SOMBRA (LO MEJOR  Y LO PEOR)


Por Carlos Javier Trejo

Tras los malditos tiempos muertos de la corrida de ayer, lo mejor de hoy fue la rapidez, dos horas justas de corrida, se agradece. De lo mejor podemos destacar las dos estocadas de Curro Díaz. La segunda, si hubiera doblado antes, estaría entre las de premio. El de Linares fue el que ejecutó los mejores muletazos de la tarde, a un precioso sardo que parecía que iba a durar, pero al igual que en el caballo, nos engañó. Preciosos remates por bajo, pero nada más. Habrá que verle con mejor ganado. Fernando Cruz anduvo entonado con el toro que mejor se desplazaba del encierro, pero en el momento que se vio sometido, después de arrancar la música, el toro se rajó y cantó la gallina como todos sus hermanos. En el apartado negativo, como viene siendo habitual, y esperemos que no por mucho tiempo, el juego del ganado. Entre los de Cebada hubo dos discretos de presencia, 2º y 3º. Mansearon, salieron sueltos, cabecearon y protestaron en todo momento, por no hablar de los que se encerraron en tablas. Los peores, el 1º, violento, y el 5º, que se echó antes de que Robleño entrara a matar. Lo tuvo que levantar en varias ocasiones, para, al menos, hacer el amago. Muy mal Robleño con los aceros, se puede pinchar alguna vez, pero no cinco, y en esos lugares. Por último, hablar de las querencias, hay que torear en contra de éstas, al menos intentarlo.  



Más imágenes del festejo

 

LOS PROTAGONISTAS

Curro Díaz

“He podido saborear los olés de la Maestranza pero me saben a poco” Con claridad iniciaba su valoración el diestro jiennense: “Ha durado muy poco el segundo de mi lote, sólo dos tandas muy vibrantes en el inicio de faena por el pitón derecho. El toro de mitad de faena para a delante tenía que haber roto, y no lo ha hecho, y por el izquierdo no ha tenido ninguno pero me ha dejado matarlo muy a gusto. Con el primero he estado muy firme, al menos ha visto todo el mundo que era un toro muy malo. Hay que dar gracias a Díos y si te sale el malo que sea así de verdad, y si sale el bueno, que no sea a medias tintas”.
Fernando Robleño

El madrileño se mostraba afectado por el mal lote que le había correspondido: “Esto es así de duro, salen seis toros y me han tocado los dos sin opciones de ningún tipo. Aquí en Sevilla es un lujo torear y después de esto, te queda un mal sabor de boca. He intentado sacar algo de los dos, pero realmente la afición ha comprobado que no podía ser. Robleño también tuvo palabras para el público “Se que la gente me ha esperado con cariño y ha estado muy bien conmigo, pero sólo le he regalo un quite por chicuelinas en un toro que no era mío, porque el segundo y quinto no me han dejado hacer ni eso”. 
Fernando Cruz

Hacía alusión Fernando Cruz a su cornada de Valencia, al terminar de dar la vuelta al ruedo: “El primer toro no ha sido el más apto para reaparecer después de la grave cornada que sufrí en Fallas. En ningún momento me ha dejado estar relajado, porque sus intenciones no eran nada buenas. Después a medida que la corrida avanzaba me he relajado más y con el último, me he sentido con el capote. En la faena de muleta me ha dejado expresarme y la pena que ha querido rajarse en un par de ocasiones al torear al natural”. Para finalizar comento sobre los Cebadas “la verdad que la corrida estaba en tipo, pero ha sido mansa en general”.

Realiza: Emilio Trigo


Crónicas de la Prensa

Metro. IGNACIO DE COSSÍO. Sin pienso ni cebada 

La peor corrida de Cebada Gago que se recuerda lidiada en Sevilla, se mató ayer sin pena ni gloria. Y eso que Sevilla esta de dulce con tanto palmero suelto. El estoconazo de Curro Díaz en el tercero y un quite de Robleño por chicuelinas al sardo que corrió en cuarto lugar, fueron las únicas notas favorables de un festejo soporífero hasta decir basta. Los toros mal y los toreros también. Unos y otros se dejaron la casa sin barrer. Curro Díaz nada confiado en su primero, todo un barrabás hambriento de sesgarle la cabeza, abrevió muy pronto. En el cuarto hizo el esfuerzo el torero elegante de Linares, tras el quite del madrileño. ¿Quién descubrió al toro, Díaz o Robleño? Dos series por la derecha con mérito saltan por sí solas. Curro se viene arriba y el toro abajo. Llega la hora de la verdad y el jienense no falla ni mucho menos. Estocada de feria señores, hasta la bola. Robleño tampoco dio todo en su primero un toro complicado y manso como sus hermanos que debió torear por bajo. A los toros siempre hay que enseñarles quien esta delante. Con el quinto un toro serio y grande, el público se anima y aplaude con entusiasmo todo lo malo hasta en banderillas. Robleño aburre al toro descastado y éste le corresponde echándose hasta en dos ocasiones. Lo que faltaba…Fernando Cruz dio una vuelta al ruedo al final pero no se equivoquen en su primero, un toro sin fuerzas no ligó ni uno y es evidente que acusó la cornada fresca el diestro madrileño. Otro que no hizo el esfuerzo. En el sexto volvió la emoción con el menos malo de la corrida. En principio apuntaba siendo pronto y metiendo la cara pero luego no disparó. Un par de redondos y dos naturales sueltos insulsos tan solo apuntamos. El toro canta la gallina saliéndose suelto de cada envite y nuestro gozo en un pozo otra vez. Torpeza o desdén lo de Cruz con el mejor de la tarde. No dijo nada y encima se permitió el lujo de dar una vuelta en Sevilla, con lo que costaba esto hace años. Sevilla esta que chorrea almíbar, como diría Manolete. Vamos que se vende hasta el Giraldillo como esto siga así. Madrid se ha librado y Sevilla padeció una corrida vareada en peso de Cebada eso sí , pero nada que ver con los del año anterior.


El Mundo. CARLOS CRIVELLCebadas sin casta ni bravura

En el mundo del toro se sabe todo. La de Cebada en cualquier plaza es una corrida dura. La torean espadas del segundo circuito. Si una figura se anuncia con una Cebada Gago es un gesto. Si lo hace Fernando Robleño, es su obligación. La corrida de Cebada Gago puede resultar encastada. Si así ocurre, el aficionado disfruta en el tendido con el espectáculo de la movilidad. Si, por el contrario, el encierro del ganadero jerezano resulta descastado y peligroso, ni el que inventó el toreo puede ponerse delante. Por desgracia, la corrida de Cebada en Sevilla ha sido un fracaso por todo: ni casta ni bravura. Y no pasa nada porque no faltan cantautores que pregonan las maravillas de estas ganaderías. Hace mucho tiempo que esta divisa no suelta una corrida buena en la Maestranza, pero ahí sigue. Cría fama y échate a dormir. Esta ganadería duerme sus glorias del pasado, pero los pobres toreros que no tienen más remedio que enfrentarse a estos toros sufren porque se juegan su porvenir con un género infumable. Y la jugada se repetirá en los años venideros, porque es Cebada, no se olvide, y sigue teniendo quien le escriba o quien le cante.

El análisis de la corrida sexta del abono es la historia de una mansada, sin raza y sin clase. Por encima de todo, mansos. Se lidiaron en los terrenos de sol, no tuvieron fijeza, nunca humillaron ni repitieron dos arrancadas. El quinto se echó en la faena de Robleño. El sexto fue el único que regaló embestidas limpias, largas y nobles, pero dentro de la natural mansedumbre de toda la corrida. Para esto no hay que presumir de «cebadas». Para que la lidien tres modestos hambrientos de palmas, vale cualquier otra divida de menos prestigio. Cuentan que en Francia le pagan un dineral a este hierro por una corrida. A la vista del género ofrecido en la Maestranza no hay explicación para semejante dispendio.

Con esta corrida se anunció un torero de arte: Curro Díaz. Cumplió una actuación de un decoro enorme. El primero era un regalo por su brusquedad y mal estilo. Curro Díaz le aguantó algunos pases y lo mató de una estocada. Fue una estocada perfecta y propia de un valiente. La historia está llena de artistas que han sido cumbres con el estoque, como Cagancho.

El cuarto era un manso con todos los pronunciamientos. En el tendido se escucharon voces que pedían que lo dejaran lejos del caballo en la segunda vara, cuando el animalito se había ido suelto en la primera. La psicosis del hierro famoso por la casta llegó a un sector de la plaza. Naturalmente, el toro se fue de najas cuando sintió el hierro. Curro Díaz aprovechó algunos viajes del animal para dejar constancia de su clase torera. Fueron unos pocos pases con la derecha que logró enjaretar en los tendidos de sol. De nuevo ejecutó con brillantez la suerte suprema. Dos toros, dos estocadas, dos ovaciones. 

Para Robleño fue una tarde en blanco. Ni se acopló en los pases sobre la diestra con el segundo, ni tampoco logró nada positivo con el quinto, un toro muy mal lidiado, excesivamente castigado en la segunda vara, que se echó al final casi muerto, en parte por su falta de casta y también por el segundo puyazo excesivo que le propinaron. Además, marró con la espada.

Fernando Cruz es otro torero catalogado como de buen corte. Toreaba en la Maestranza después de una cornada grave. Se dejó ver en los lances de salida a sus dos toros, más en el sexto. El tercero era muy blando y manso. Se fue a toriles a morir. No tenía dentro nada bueno. El sexto fue el único toro de la corrida. Es sangriento escribir que Fernando Cruz no estuvo a la altura de su enemigo, pero es la realidad. Cuando un toro mete la cabeza con nobleza, en diez o quince pases hay que poner boca abajo la plaza. Fernando Cruz dibujó pases con la derecha de buen corte con mucho temple y marcada lentitud, pero todo fue insuficiente. Tenía un triunfo grande en sus manos y no acertó a cogerlo con fuerza. El comienzo de su labor y algunos derechazos tuvieron sabor, ya que por la izquierda el toro se le fue rajando. Era un toro de oreja en Sevilla y todo quedó en una vuelta. Es duro contar esto de un diestro que ha derramado su sangre en el ruedo y que no parece destinado a estas guerras, pero la realidad no tiene más que un camino. La historia de la tarde es que lo de Cebada fue un petardo como la copa de un pino y que para este viaje de toros mansos no hacen faltan hierros célebres. 


Diario de Sevilla. LUIS NIETOPésima corrida de Cebada Gago 

La mansedumbre de los toros de Cebada Gago marcó un festejo, que al menos se hizo menos soporífero que el día anterior gracias a la brevedad de los trasteos -unas dos horas- de unos diestros -Curro Díaz, Fernando Robleño y Fernando Cruz- que no tuvieron ninguna bicoca para lucirse artísticamente. Cómo sería la cosa -y no les exagero- que el quinto, sí, el quinto, de Cebada Gago, sí, de Cebada, se echó antes de la suerte suprema, entregado como el más vil de los mansos. Únicamente el sexto salvó de la catástrofe total a la divisa. Acudió con nobleza, aunque con tendencia a tablas y rajándose pronto. ¡Qué encierro más lamentable! 

Curro Díaz brilló en el manejo con la espada. No tuvo opción de lucimiento artístico alguno con un manso, peligroso, que le puso los pitones en la pechera en varias ocasiones. Se justificó sobradamente con la franela y mató arriba de una notable estocada. El torero de Linares consiguió algunos muletazos sueltos con fibra artística en una faena imposible de redondear con un toro que acudía a los cites, pero que embistió sin humillar y saliendo suelto en cada suerte. De nuevo, otra vez seguro en la suerte suprema. En el penúltimo estertor, el toro le dio un viaje y un susto tremendo al banderillero Valentín Rivas.

Fernando Robleño, con el peor lote, se las vio en primer lugar con un manso que en la muleta topaba. Imposible el toreo artístico, el trasteo fue insulso, con varios enganchones. El diestro madrileño se peleó como buenamente pudo con el deslucido quinto, un animal sin clase ni ritmo, que llegó a echarse antes de la suerte suprema.

Fernando Cruz reaparecía en la Maestranza tras una grave cornada en Valencia y estuvo a punto de conseguir el éxito si el cebada menos malo del encierro hubiera aguantado algo más. A Cruz se le notó recuperado perfectamente de aquel percance; incluso delante de un cornúpeta que fue una prueba de fuego en este sentido. Le resultó imposible sacar provecho del tercero, un toro manso y blando, que se refugió en tablas desde el tercio de banderillas. En la franela, el torero sufrió lo suyo con unas embestidas descompuestas y con genio. Para matar, tuvo que hacerlo al hilo de las tablas. El espada madrileño, en el sexto, consiguió hilvanar algunas verónicas, sin que el toro se entregara al pasar tras los vuelos del capote. En la muleta planteó la batalla en los tercios. El torero, confiado en lo que hacía, confió a su vez en un toro con nobleza casi bobalicona, que embestía con escaso celo, que buscó tablas y se rajó pronto. Consiguió una tanda por cada pitón con muletazos de buen corte.

La terna fue despedida con aplausos por la honradez y dignidad con la que despacharon la mansísima y pésima corrida de un encierro torista emblemático: Cebada Gago.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Cebada Gago y el matadero de Pepe Luis

 Jamás olvidaré la mañana del 17 de abril. En casa de Pepe Luis nos sentamos Emilio Muñoz, Joaquín Almero y yo. De Pepe Luis Vázquez, por si algún ágrafo de la historia de la tauromaquia se pierde. El maestro está ciego -la cornada de Santander pasó su factura-, pero sigue viendo el toreo como nadie. Nos sorprende su memoria, probablemente remasterizada en su soledad y en sus silencios. Habla del pasado con un sentido del humor envidiable. Recuerda que en su barrio de San Bernardo se hallaba la casa de Cúchares, que siempre se despedía de su mujer, cuando se iba a torear, con un hasta luego, «porque yo soy de los que vuelvo», advertía. Y también estaba el matadero en el que aprendió a torear con reses de media sangre, de medio pelo, donde debería haber acabado ayer la corrida infumable de Cebada Gago. En la mañana, Pepe Luis se distrajo mucho por México, con El Calesero, Silverio, Cantinflas -qué genio-, toreros que Almero le traía a la boca a punta de capote desde su tierra adoptiva, la tierra del picador Zacatecas, al que el Sócrates de San Bernardo le hizo un quite prodigioso: «Maestro, le debo a usted la vida». «La vida se la debe usted a Dios, a mí lo que me debe es el capote que ha rajado el toro». Y se reía Pepe Luis como si lo tuviera ante sus ojos, como si ayer fuera hoy y bajo su balcón del hotel Puerto Bahía se recrease todavía un Emilio Muñoz de doce años, desnudo en la playa de Valdelagrana con el bañador y los avíos: «¿Quién es ese chico?», preguntó en la recepción. «El hijo del Nazareno», le contestaron. Y tras hablarnos de Belmonte, Chicuelo y Marcial, por este orden, y partiendo desde el criterio del arte a la admiración por la técnica, progresivamente, le dijo al trianero en la despedida: «Tú eres de los míos, Emilio». De repente, bajo el mítico toro disecado de Castillo de Higares de Madrid, la historia se elevaba sobre la figura de un hombre sencillo que, por si los desmemoriados del arte prefieren, las cifras, digo, salió dieciséis veces a hombros en la Maestranza, toreó cerca de cincuenta tardes en Las Ventas, otras tantas en Barcelona, y ahora todavía habla de sí mismo con la misma naturalidad con la que mecía el capote a pies juntos, con idéntica sencillez con la que desplegaba el «cartucho de pescao», con la genuina humildad de los genios.

De cómo su aprendizaje en el matadero de San Bernardo le valió para desarrollar el oficio en la plaza, nos acordamos todos en la Maestranza con los cebadas de ídem. O sea, de matadero. Qué mansos y qué guasa de moruchos geniudos. Estoy convencido, porque vi la tarde con Lolo Vázquez Silva, que su padre se hubiese decantado por Fernando Cruz, que presenta el capote con verdad y la muleta con pureza. Y que dio, con permiso de Curro Díaz, los muletazos más templados y más largos, con más enjundia. Porque Díaz, que tiene el don del pellizco, palabreja cursi de los cursis, recorta mucha el trazo aunque tenga sabor. Cruz, por el contrario, lo alarga y lo ahonda, y si con el sexto, que durando poco fue el mejor, sigue con la mano derecha, en lugar de alternar la izquierda, le corta la oreja. Hay que ver con el gusto a punto a Fernando Cruz. Y a Díaz. Y si me apuran, y sin apurar, a un Robleño curtido en mil batallas, currado como aquellos chavales del matadero de Pepe Luis donde debió acabar la corrida de Cebada.


La Razón. JUAN POSADA. Los toros de Cebada estropean la tarde

Los toros de Cebada Gago defraudaron al personal y a los toreros con un comportamiento anómalo en esta ganadería, que siempre se ha distinguido por la acometividad de sus animales. Lo mejor de la tarde estuvo a cargo de Fernando Cruz, que sacó al sexto toro todo lo bueno que tenía, que no era demasiado. Su buen estilo, ortodoxo y poco dado a las florituras, posiblemente le impidiera cortar la oreja de su segundo con el que debió adornarse en los finales de faena, algo imprescindible con este tipo de reses con las que hay que completar la labor clásica con alegrías toreras. Curro Díaz abusó un tanto de los detalles con el cuarto, que admitió quince muletazos buenos que no llegó a ligar. Las filigranas están bien después de cuajar una buena faena pero no son válidas como base de la misma. Fernando Robleño puso todo el valor que posee, aunque se estrelló con las pésimas condiciones de sus enemigos.

Curro Díaz inició la faena del primero, a nuestro juicio, equivocadamente, en el centro del ruedo, donde el manso se sentía más fuerte. Los primeros muletazos con la derecha aguantó mucho, ya que el toro le lanzaba derrotes a la cara. Prosiguió con la zurda en las mismas circunstancias. Los naturales que siguieron, más desahogados, ya que el toro iba mejor, pero sin entregarse. Acabó de una excelente estocada. Faena valiente y arriesgada que el público agradeció.

Con el manso pero noble cuarto realizó una faena con muchas intermitencias: alternó muletazos muy estéticos con otros dejándose prender el engaño. Cierto que el toro no aguantaba más de dos o tres pases seguidos, pero si hubiera administrado mejor la distancia y la fuerza el animal, es posible que hubiese logrado más lucimiento. Los naturales bajaron de calidad al dejar la muleta retrasada y permitir que el toro medio lo atropellara en un par de ocasiones. Lo mejor, algunos derechazos, lentos y estilosos y varias trincheras por el pitón izquierdo, con sabor. Volvió a matar con decisión.

Robleño inició la faena al segundo, mansote y derrotón, por bajo, con eficacia. En los primeros derechazos, el toro echó la cara arriba, igual que había hecho en la suerte de picar que casi prende al picador por el pecho. Tornó a la mano izquierda, siempre con la amenaza de los derrotes de la res, que acortó las acometidas en los derechazos que siguieron. Labor voluntariosa y valiente, aunque sin lucimiento.

Con el quinto, manso en el caballo y muy brusco en la muleta, intentó torear desde el principio con la mano izquierda, pitón por el que el toro iba peor. Así hasta tres tandas jugándose la cara a consecuencia de los derrotes del animal. En los tres primeros derechazos fue el toro a duras penas; en los que siguieron, entró al paso y quedándose cada vez más corto. Al final, de un muletazo se echó y hubo que levantarlo a punta de capote. Volvió a echarse otra vez, y por ello lo apuntillaron al tercer pinchazo, que apenas le habían hecho daño.

Fernando Cruz saludó al tercero con lances valientes: el toro, castigado en el caballo, cojeó mucho, con lo que no se justifica el comienzo de faena con muletazos por bajo que lo quebrantaron aún más. Las dos primeras tandas con la derecha, sin acabar de encontrarle la medida al toro que, en honor a la verdad, era muy corta. En la primera tanda de naturales no se confió demasiado y, tras dilatar mucho el cite con la izquierda, comenzó a impacientar al público. Faena sin confiarse ante un toro flojo y de corta arrancada.

Por el contrario, se le vieron ganas y la decisión desde que se abrió de capa ante el sexto al que instrumentó cinco verónicas y media muy buenas, que levantaron el decaído ánimo de La Maestranza. El toro prometía aunque, conforme pasaba el tiempo, tardeaba y acortaba las arrancadas. Tras los muletazos por bajo de inicio, tres con la derecha, muy acompasado con el toro, rematado con un excelente pase de pecho. Los naturales que siguieron, menos compuestos porque el animal no era tan claro por ese pitón. Tornó a la diestra y logró dos tandas en las que algunos de los pases fueron a cámara lenta puesto que la res ya acometía al paso. En el último intento de natural, el toro se paró y Cruz optó, con buen sentido, por matar, lo que hizo de buena estocada y descabello.


El País, JOSÉ SUÁREZ-INCLÁN. Cebada galgos

En la variedad está el gusto. Venían los Cebada Gago. Expectación, toros para aficionados. Y venían astifinos y variados. De pelo y peso. Cárdeno, negro, castaño, sardo, bragado y salpicado. Con los kilos raspados como galgos prometían vibración y movimiento. Variedad de toros, variedad de toreros. Toreros de gracia y arte; de corazón y entrega; de clasicismo y hondura. Pero los tres marcados por un cuño torero que los honra: su enfrentamiento con todo encaste, lejos de ascos, remoloneos ni remilgos. Su afán de torear, lo que sea, cuando sea, donde sea... y bien. A las duras, a las maduras y a las durísimas. Quizá por eso Francia, que no es tonta, tiene a dos de ellos entre sus fijos. Hoy estaban en Sevilla.

Costó fijar al 1º, un cárdeno bien hecho que eligió caballo: el de Juan Sánchez. Luego Valle le dio barrena, y el bicho ni pío. Lo miraban atentos Curro y el público en banderillas y se aplaudió un par de Peña. De su querencia a las tablas del sol lo sacó Díaz al centro y allí aguantó miradas, derrotes y revueltas del bravucón que se paraba en cada hachazo. Perderle la cara era ir al hule, y la estocada, con fe, acabó con él mientras con justeza se le ovacionaba. El 4º era un sardo que causó la admiración y esto no le gustó. Era un toro humilde: se paró, miró al tendido y decidió volver por donde vino. Y eso quiso hacer toda la lidia, aunque al jamelgo de Juan Sánchez -que algo debe tener- entró con celo. La segunda vara se la tuvo que dar frente a sus queridos toriles. Cuando Curro se fue a brindar, volvió a arrancar el murmullo; luego, silencio; después "bieeen" al recibo por bajo; acto seguido oles en las trincheras lentas, desmayadas, del remate. En la primera serie se pidió música y ya lo embarcaba en derechazos largos, girando el torso, hasta que le dio un susto. Cambió a la izquierda y el sardo ya había aprendido el truco y no embistió. Lo mató de una buena estocada en toriles, y allí fue a echarse, donde siempre quiso estar.

A pies juntos saludaba Robleño a su 1º cuando le arrebató la capa con violencia Cabellito. Primer aviso. Al caballo de Marcial le saltó dos veces al pescuezo. Segundo. Cruz no pudo darle un pase en el quite. Tercero. Así que cuando Robleño empezó a someterle, la actitud era de aprobación, pero, con casta, derrotaba en los remates con más peligro a medida que el tiempo le desengañaba. El oficio del diestro no le dejó ganar. Pena la mala muerte que le dio. El 5º, más cuajado, saltarín y carita alta, de los que esperan, era de armas tomar. Y con ellas andaba el diestro cuando el astado empezó a echarse: antes de entrar a matar, tras el primer pinchazo y tras el segundo.

A Cruz no le arredró el cornalón de Valencia (y no es el único). Lidió primero a un castaño, de 475 kilos, que siguió con celeridad el capote y al que se reclamó más trapío. El toro chico, bien hecho y con trapío, lo que le faltó fue fuerza. No paró de revolcarse. En el primer cite de muleta ocurrió algo insólito: ¡Hey! -le llamó- y el morlaco se arrodilló como un perro amaestrado. Siempre se ve algo nuevo en los toros. Pero llegó el sexto y ya se nos iban las esperanzas cuando se fue Cruz al centro dando verónicas de gran pureza. La decepción de la tarde había puesto pereza en las gargantas. Le tocó bien y poco Sauco y sonó el clarín. Cuando brindó ya vimos que había toro. Y empezó a torear, hondo, lento, en el centro, la muñeca dirigiéndolo hacia dentro, clásico y templado, con el compás abierto. De verdad. Vio que no había izquierdo y siguió en la diestra. Cuando saltó la música acababa de dar el mejor derechazo de la feria; luego, redondos cumplidos y ayudados lo dejaron cuadrado para la estocada que llegó a la herradura. Dio una merecidísima vuelta al ruedo que a mí -e imagino que a él- me supo a poco.


Marc LavieLa caste absente

S'il y avait, la veille, division d'opinions sur la corrida de Cuadri - sans vrai toro brave mais avec de franches possibilités de succès - et si tout, en tauromachie, peut être remis en question, il faut convenir que les toros de Cebada Gago ont été bien en dessous de leur réputation. En présentation d'abord, où certains toros comme le troisième manquaient de trapío pour des arènes de première.. En comportement surtout, pour un lot dépourvu de la caste qui a si souvent habité cette ganadería.

Chaque torero eut cependant dans son lot un toro maniable. Curro Díaz fut très digne devant les difficultés du premier, s'exposant avec courage à des charges brusques et violentes. Le quatrième fut le seul à faire illusion sous la pique, poussant jusqu'aux planches lors de la première rencontre, avant de sortir seul. Il se déplaça avec noblesse au dernier tiers. À défaut de le conduire, le torero de Linares l'accompagna par moments avec beaucoup d'élégance, sans toutefois peser sur son adversaire. Il porta une formidable estocade - celle de la feria à ce jour - et salua sous l'ovation. 

Le deuxième, toro bien fait, sautant à la tête du cheval lors de ses rencontres avec le picador, chargeant sans style, se laissa cependant manoeuvrer, mais au moment où Robleño parvenait à se centrer avec la muleta, il fut découvert par une rafale de vent et la faena se noya dans l'océan des possibles. Le cinquième fut un toro manso, qui se renonça à combattre et se coucha plusieurs fois en fin de faena. Désespérant pour le torero comme pour le public.

Fernando Cruz ne put briller avec un troisième, petit, faible, sur la défensive et justement protesté. Le sixième, bien piqué par Rafael Saúco, fut un toro plus clair, avec lequel Fernando fit bien les choses, que ce soit avec cape comme avec muleta : naturelles bien tirées, avec un concept très pur de l'art de toréer qui exige pas mal d'efforts du fauve, lequel ne dura pas. Une bonne entière, un descabello et un tour de piste final. Ces toreros méritent d'autres opportunités.

 


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