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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del lunes, 16 de abril de 2007
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros
Celestino Cuadri
(de magnífica presentación, flojos, parados).
Diestros:
- Fernández
Pineda. De rosa y oro con cabos blancos. Pinchazo sin soltar, aviso, estocada baja (saludos desde el tercio);
aviso, pinchazo que escupe, estocada desprendida y atravesada, dos
descabellos, aviso, descabello (saludos).
- Serafín Marín.
De verde manzana y oro. Pinchazo hondo, dos descabellos (silencio); aviso, estocada
(silencio).
- Manuel Escribano.
De rosa palo y plata. Pinchazo hondo, media estocada tendida (saludos); estocada baja
(saludos).
Banderillero que saludó: Manuel Escribano saludó en banderillas en sus dos toros. .

Las imágenes del festejo
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PUERTA
DE ARRASTRE
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Por Santiago
Sánchez Traver
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Qué ganas de ser torero tiene ese chaval de Gerena al que hemos visto desde sus comienzos. Le puso valor, ganas de agradar y todo lo que tiene. En banderillas está cuajando en un espectáculo, que es lo que se paga. No menos ganas, no exentas de calidad, le puso a la cosa Fernández Pineda. Ambos brindaron a sus representantes o amigos, sobre todo por conseguir que les pongan en el cartel de la Feria de Sevilla. Se merecen ambos más oportunidades y otras corridas. La de Cuadri, como siempre fue muy seria. Son toros que si te ven por la calle no te saludan, aunque se hayan criado contigo en la finca. Son toros tardos en los tres tercios. Por eso nos fuimos a las casi tres horas de festejo, sin que pasara nada especial. El más potable fue el primero, que tenía un nombre de ferretería o carpintería: Bisagra. O el apellido de un partido político, según se vea. |
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LOS
PROTAGONISTAS
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Fernández
Pineda
El joven diestro de la Puebla del Río estaba desilusionado al final de la tarde “la corrida de toros se ha parado mucho, sobre todo el lote mío. Si el que abrió plaza llega a tener algo más dentro, le hubiera instrumentado algunos muletazos más, pero no se podía hacer nada más. Con mi segundo pensaba que se iba a mover más, pero otra vez lo mismo que con el anterior y sólo he podido estar firme y decidido con el. Se viene a cortar las orejas pero cuando el toro no te ayuda es imposible. Al menos la afición ha visto que cuando medio se han dejado, le he pegado muletazos con sentimiento y me los han reconocido”. |
Serafín Marín
“La verdad que ha resultado todo lo contrario a lo que esperábamos” Con estas palabras dejaba claro su malestar por el poco juego del ganado. “El primero era muy violento y tardo, siempre me estaba midiendo. El quinto tenía las embestidas cambiantes y cuando me regalaba alguna buena, se lo pegaba. Estaba ansioso por un triunfo en Sevilla pero la realidad es que ninguno ha metido la cara. Era la única carta que tenía en la Feria de Abril, y venía con las ideas muy claras para de triunfar”. |
Manuel Escribano
“Creo que todo el mundo ha visto que he venido a dejarme la vida en el ruedo. Los de Cuadri no han servido nada, ha salido muy descastá y parada” El Sevillano explicaba que “al menos en banderillas he disfrutado y me he entregado en todos los terrenos. Además he realizado un esfuerzo grande como Sevilla se merece y en dos ocasiones me he ido a Chiqueros, sabiendo que iban a salir andando. Era un día de aguantar oleadas, tarascadas y desde luego no he escatimado esfuerzo alguno en buscar el triunfo”
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LO
MEJOR Y LO PEOR
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Por Carlos
Javier Trejo
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Soberbia presentación de los toros de Cuadri. Corrida pareja, con cuajo y honda, lástima que se apagara en el último tercio, el primero, aunque tardo, el mejor. Buena disposición la demostrada por los tres Matadores, más aun, cuando algunos de ellos torean tan poco. Fernández Pineda quiso toda la tarde, suyos fuero los muletazos mejores de la tarde, por el izquierdo. Serafín Marín toreó muy bien a la verónica al 2º de su lote, e incluso logró muletazos estimables, pero sin redondear. Escribano puso emoción en banderillas, con un par al quiebro sensacional, y lo que tragó a portagayola… Bien el Presidente al cambiar algunos tercios de banderillas dadas las dificultades de los astados onubenses. |
Lo peor de la tarde…fuero los tiempos muertos. Han de evitarse en el toreo. Crean sopor, aburrimiento, y distraen la atención del público. Bien es verdad que gran parte de la culpa es de los toros, muy tardos y parados en el último tercio, pero dadas las circunstancias, los profesionales han de intentar poner remedio, y no pueden dejar pasar los segundos para poner aquí o allá al burel, han de abreviar. Hemos escuchado algunos avisos, incluso alguno antes de entrar a matar, tal y como iba la tarde…para qué decir más. Hubo muchos altibajos en las faenas, los toreros, por momentos, deberían haber atacado más, había que dejar la muleta en la cara, citar con fuerza y aguantar…sólo ahí vimos a algún Cuadri desplazarse con profundidad.
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Crónicas de la Prensa
El Mundo. CARLOS
CRIVELL. Corrida eterna con toros serios
Todos los comentarios recordarán la duración excesiva de la corrida de Cuadri. Una corrida larga que no deja imágenes para el recuerdo se convierte en insoportable. Para el buen aficionado, sólo la presencia de los afamados toros de Trigueros eran un motivo para prestar mucha atención. La corrida fue demasiado larga, pero los motivos no están muy claros.
De una parte, los toreros exprimieron las embestidas de las reses en faenas de muchos pases. Eso ocurrió porque los de Cuadri se dejaron torear sin presentar problemas mayores. No tuvieron malas intenciones. Sin embargo, vendieron caras sus arrancadas. Se paraban entre los pases y la corrida se detenía como si le hubieran echado el freno. Por tanto, toros sin malas intenciones, pero reservones, y toreros voluntariosos que buscaban la última palma en su única oportunidad en la Feria.
Si hubieran desarrollado aviesas intenciones, nunca podían haberse escuchado avisos antes de que los diestros buscaran la espada. La lidia, además, fue muy premiosa. La causa fue que los toreros mostraron un respeto excesivo por los astados, algo que se puede entender como lógico, pero que dio paso a tercios de varas eternos, preparaciones para banderillas interminables y toda la lidia con un ritmo cansino. Sólo la presencia de un toro serio en la plaza mantuvo el interés de la afición.
Eran tres toreros distintos en su única oportunidad en la Maestranza. Como el toro les dejó estar, alargaron los trasteos más allá de lo permisible. En raras ocasiones le público les mostró su recriminación, por mucho que en Sevilla no gusten las faenas largas cuando ya no hay más que añadir.
Se comprende que Fernández Pineda se eternizara con el cuarto, un toro reservón con alguna calidad. Algunos naturales largos y llenos de buen gusto no tenían continuidad. Igual pasó con la derecha. La dignidad fue evidente; sus pases fueron de buena clase. Faltó continuidad y buscando la tanda ligada y rotunda escuchó el aviso antes de entrar a matar.
El primero de la tarde fue el mayor calidad en la muleta, aunque también se lo pensó antes de embestir. Cuando fue a la muleta, lo hizo con el hocico por el albero. Fernández Pineda toreó bien a rachas, pero en conjunto pareció insuficiente ante la calidad del toro.
Otra faena larga y cansina fue la de Serafín Marín al quinto, otro toro con clase intermitente. Marín no está en su menor momento, eso salta a la vista. Ese toro quinto le dejó instrumetar algunos pases sueltos con buen sello, pero no remató ni una tanda completa. También sonó el aviso antes de ir por la espalda y aún se permitió el detalle de darle unas manoletinas.
Menos opciones le dio el segundo, un toro con la cara alta y viaje corto. Marín no fue capaz de resolver ni un solo problema del astado. Su imagen transmitió una notable inseguridad. El detalle de la lidia del quinto fue muy expresivo: la dejó en manos de su banderillero César Pérez y se inhibió por completo. Paso atrás del catalán.
Los momentos más vibrantes de la tarde los firmó Manuel Escribano. Se fue a la puerta de toriles en sus dos toros. El sexto se le paró a cuatro metros y tuvo arrestos para aguantarlo y darle una larga que resultó atropellada. Puso banderillas con voluntad, con especial mérito de los que quebró al hilo de las tablas. El del sexto, par de Calaña, fue emocionante. Le echó valor a sus dos toros, el primero con muy poco gas y aplomado, y el sexto, un animal de embestidas descompuestas sin ninguna clase. No se le puede reprochar al chaval de Gerena falta de entrega. Tropezó con el lote menos potable y mantuvo una línea de dignidad absoluta.
Así las cosas, no es fácil explicar las causas de una festejo tan largo sin que hubiera toros devueltos. La afición, a pesar de todo, se mantuvo atenta, porque los de Cuadri, por encima de todo, son toros serios y eso siempre se valora.
Este tipo de festejos sólo se pueden celebrar en plazas como Sevilla. El público fue muy respetuoso con los lidiadores, a pesar de la ausencia de brillantez en la lidia. Era el toro, imponente de fachada, de Cuadri quien le dio sentido al festejo. Se palpaba que el toro era el rey.
La oportunidad pasó para la terna y no se puede decir que la aprovecharan. En realidad, lo que pasó era lo que estaba previsto. Hay oportunidades que son verdaderos callejones sin salida.
Metro. IGNACIO
DE COSSÍO. Cuadri, un pozo sin fondo
La corrida de Cuadri no sirvió y los tres espadas se las vieron y desearon para sacar provecho. Esta vez se volvió a quedar en Trigueros la bravura y la movilidad que hicieron famosos a los toros de Don Celestino. Antonio Fernández Pineda torea con gusto y cadencia al primero de la tarde. Un toro a menos pero que por el pitón izquierdo, le permitió al de la Puebla arañar una buena serie al natural. Con el segundo de su lote el sevillano se viene arriba y torea por bajo. Dos redondos saltan con temple y buen aire. El aire de la Puebla del Río, claro. Antonio sigue al natural y el toro naturalmente se viene abajo como sus hermanos. Este torero hizo lo mejor frente a un público tan frío como la banda de música que sin su Tristán, siguen de luto. Serafín fue un visto y no visto en su primero, el peor de la camada. Un toro mirón y con mala clase que siempre buscó en la taleguilla del valiente catalán su meta. Mucho genio tuvo este segundo que más que embestir topaba al llegar a la muleta. En el quinto tras una gran labor con la brega, destacando una media de manos bajas, Serafín se lo lleva al centro. Los naturales nacen de uno en uno en un palmo de terreno. Bernardinas de postre sirven de traca final al descastado burel del Cuadri. Manuel Escribano estuvo muy dispuesto toda la tarde. El toreo de Gerena levantó en sucesivas ocasiones al respetable de sus asientos tras sus inesperadas portagayolas y un no menos arriesgadísimo par en banderillas. Con el primero, otro buey parado, ni por la izquierda ni por la derecha pasa. Parece que se quiere echar el manso, lamentable. En el sexto Manolo no rehuye a recibirlo en chiqueros. Que susto, este ya casi ni le embiste. Otro par al quiebro espeluznante y esta vez a una mano, el no va más. El toro se apaga y con el la tarde, una de las peores de esta casa ganadera en la Maestranza, pese a las palamas de sus paisanos No se preocupen el año que viene volverá sino lo remedia alguien. Ya esta bien de tanta fama torista con tres años de sequía baratillera a nuestras espaldas.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Decepcionante corrida de Cuadri
Comenzamos ayer el tramo torista con una gran decepción. La corrida de Cuadri, con trapío y seria, dio mal juego. No es que se comiese a nadie; muy al contrario, sorprendió por una nobleza insulsa. A todos los toros, en mayor o menor medida, les faltó casta y motor y les sobró tardanza y sosería a la hora de embestir. Con estos mimbres no hubo ni una sola vuelta al ruedo en un espectáculo con escasa emoción, que alcanzó casi las tres horas.
En el maratón taurino de ayer, ya con los riñones desechos, poco podíamos anotar en el haber de las satisfacciones. Lo primero que anotamos fueron las buenas maneras de Fernández Pineda, con muletazos templados. También hubo algunos pasajes interesantes de Serafín Marín en el toreo al natural al quinto. Y Manuel Escribano llegó al público fundamentalmente en el tercio de banderillas y jugándose el pellejo en sendas largas cambiadas de rodillas a portagayola; la segunda de infarto.
Antonio Fernández Pineda tuvo en el que abrió plaza al toro más completo del encierro, muy noble, pero que tardeaba desesperadamente y no repetía, lo que convertía los cites en una sesión de tortura. Por ello apenas consiguió la ligazón. Fernández Pineda lo recibió con buen aire a la verónica. Y realizó una faena francamente limpia. Dio muletazos, por ambos pitones, de gran calidad y bajando la mano. Increíblemente el público se animó más en la última tanda, la menos profunda, de una seria faena.
Ante el cuarto, sin entrega y tardo, Fernández Pineda comenzó su faena con un toreo por bajo de alto voltaje. Hubo muletazos con clase en la primera serie. Y consiguió buenos naturales en dos tandas marcadas por la falta de entrega del animal.
Serafín Marín tuvo como primer astado a uno de los animales más deslucidos y con dificultades, con el que se lució en un par de verónicas y con el que no llegó a centrarse.
Marín se las vio en segundo lugar con un toro que tardeaba y a la vez repetía de manera discontinua. La faena, tras ganar terreno a la verónica, tampoco pudo tener continuidad y en la misma destacó en un par de tandas con la izquierda, que cerró con unas manoletinas ceñidas.
Escribano fue todo pundonor. En ambos toros se jugó el pellejo en largas cambiadas de rodillas a portagayola. En la segunda ocasión tuvo que esperar mucho a un animal que le midió. El torero tuvo que tirarse cuerpo a tierra para no ser machacado por su oponente. En el tercero se lució en banderillas, con un tercer par al quiebro, muy comprometido, que fue el más ovacionado. Luego, brindó su labor al crítico Emilio Parejo y sólo pudo dar una tanda, pues el animal se rajó de inmediato.
Escribano tampoco tuvo un buen pergamino en el sexto, que embestía topando. Y el de Gerena, sin poder aplicar caligrafía lucida con la franela, consiguió lo mejor en un par de banderillas, el tercero, por los adentros, al quiebro y clavando al violín.
La corrida no tuvo más historia. Fue un guión largo, larguísimo y aburrido, con la duración de las películas de nuestra época, en la que sobraron muchísimos minutos de metraje debido a la falta de transmisión, de chispa y de casta de una desclasada corrida de
Cuadri.
El País, JOSÉ SUÁREZ-INCLÁN.
Toros interminables
La última vez que vimos a Pineda fue en Las Ventas, el pasado octubre. Tuvo que estoquear un cinqueño que cogió a Marco de gravedad. Acto seguido, Pineda recibió al segundo, lo veroniqueó compuesto y garboso, brindó y se fue al centro, le cambió por detrás, dio una trinchera y se puso a torear. Luego el toro se rajó, pero el detalle quedó. Y detalles toreros tuvo ayer. Pero los toros, plúmbeos, no le dejaron más. Bien sus cuatro verónicas y la media al primero que, ya en el piquero, se resistía. Y eso que Reyes se dejaba ver, le llamaba bien, le ponía los pechos del equino y le dio en lo alto, sin saña, por lo que recibió justos aplausos. Al toro, parado, mirando a todos, lo recibió doblándose, y luego con derechazos, algunos con mando. Hubo dos largos y templados con la izquierda, curvando el recorrido del astado noble e indolente. El cuarto llegó a banderillas con sólo un hecho a reseñar: su persistencia en hacer el pino: cuatro veces ancló la armadura en el piso: dos con voltereta, dos supinas. Entre Lipi y Curro Vega encerraron al bicho en un triángulo esotérico de rehiletes hábilmente dispuestos en la arena. Dos naturales de mano baja le sacó Antonio al plomo, y el resto fue empeño imposible, hasta que le avisó, implacable, el clarín.
Serafín también estrelló sus ganas contra un muro. El segundo, rebrincado en el capote, se lo pensaba tanto para ir a cualquier sitio, que con una vara y tres palos mal puestos, ya era casi la hora de irse. Pero Serafín, incomprensiblemente lo brindó y, comprensiblemente, no le sacó un pase, sólo solventar amagos, cabeceos y derrotes. Algún incauto culpaba al viento. El quinto fue algo menos despreciativo. Sin llegar a la codicia, le pudo ganar pasos en verónicas y le dio dos medias dormidas. Luego, compás abierto, como le gusta, le puso la tela en la cara -que no se fuera- y así hilvanó derechazos embraguetados y dos o tres naturales de interés; uno lento y largo, como la tarde (eran ya las 9.00 del día siguiente). Se premiaron con un aviso y aún se atrevió con manoletinas muy prescindibles.
El de Gerena está verde. Con ganas de ser torero, pero verde. A sus dos toros los recibió igual: frente al túnel, bastante lejos y de rodillas. Y le costó lo suyo darles la larga: el 3º no se decidía a pasar y el 6º, directamente se dio media vuelta. Pero en cuanto consiguió que pasaran, se irguió y les dio dos capotazos a cada uno -mejores al 6º- que se premiaron con esas palmas que luego van al saco del olvido. Lo mejor lo hizo con los palos, donde enardeció al respetable. Y otra vez se repitió la historia: en cada uno de sus oponentes clavó un par por dentro de escalofrío, sobre todo al 3º, al que esperó hasta la exasperación sentado en el estribo. En el resto de los pares le traicionó la excesiva agilidad. Igual se precipitó porque la banda tocaba con irresistible compás. En el último, oírla nos alzaba a las estrellas porque de noche los sonidos son más claros. Con muchas ganas -y necesitado- venía Escribano, pero hubo poco más. Y eso que el último fue el más toreable de los seis. En el platillo, voluntarioso, le buscaba el sitio sin encontrarlo y daba pases hasta hacerle derrotar en la célebre madrugá sevillana.
La Razón.
JUAN POSADA. El esfuerzo de Serafín cae en saco roto
Los toros de Cuadri exigieron conocimiento y estado de ánimo para poder con ellos y, lo más difícil, triunfar. El único que estuvo en ese son fue el catalán Serafín Marín que, en especial en el quinto toro, áspero, mirón y con peligro, se jugó la vida a cara de perro. Además, a fuerza de cruzarse, exponer, aguantar las miradas del animal de grandes pitones, consiguió que éste sacara a relucir lo bueno y terminó embistiendo con calidad. Lo lamentable fue que el esfuerzo no calara como debiera en los tendidos, porque no fue una faena preciosista, de toreo cadencioso, estilista, propia del toro babosa; resultó una labor ante un animal fiero al que dominó por arriesgar y torear con la ortodoxia que la circunstancia requería. Por si fuera poco, arrancó a matar y ejecutó a la perfección la suerte suprema.
Fernández Pineda instrumentó algunos muletazos sueltos y Manuel Escribano arriesgó pero no estuvo a la altura de las circunstancias.
Fernández Pineda recibió con buenos lances al primero, un toro tardo de arrancada pero con mucha clase. Inició la faena con dos muletazos por bajo y una tanda con la derecha dejándole la muleta en el hocico, que calentó al personal. La siguiente, también diestra, de la misma factura. La faena iba hacia arriba cuando tomó la muleta por la zurda y al segundo pase bajó el tono, ya que no se situó en la distancia anterior, la corta, que es la que necesitaba el toro. Comenzó a dar vueltas alrededor de él fuera del espacio y aburrió. Tornó a la diestra atacando al toro, es decir, situándose muy cerca y los derechazos que surgieron, valientes.
Comenzó la faena al cuarto con buenos muletazos por bajo, en los que el toro respondió con largura. Los derechazos, bien los dos primeros y peor el tercero, al esperar a que el animal continuara embistiendo por sí, y había que incitarlo para que repitiera. Dos tandas más con la diestra, de parecida ejecución, sin llegar a cruzarse en el momento crucial. Tres tandas por la izquierda con muletazos buenos pero intermitentes. Perdió una buena ocasión.
Serafín Marín lanceó con voluntad al segundo, que se arrancaba con dificultades. En los dos primeros derechazos sufrió dos atragantones como consecuencia de llevar la muleta atrás; rectificó y los tres que siguieron, buenos y arriesgados. Muy centrado logró otros tantos con la diestra en los que el toro se le paró en el último. Lo intentó con la izquierda, con el defecto anterior, y el toro le vio y le acosó. No cejó el torero y muy valiente consiguió naturales cortos, porque así embestía el animal. Faena firme ante un toro que esperaba y exigía mucho al diestro.
Marín, con el quinto, tardo y que se lo pensaba antes de arrancarse largo, realizó una labor muy torera, en la que poco a poco se acopló a las condiciones del toro a fuerza de arriesgar, utilizar una excelente técnica y demostrar que es un auténtico profesional. Faena en la que tuvo que buscarle la medida a la res en cada momento y no descuidarse jamás. Labor seria y arriesgada.
Manuel Escribano recibió al tercero con un farol a portagayola y lances movidos. Banderilleó con facilidad y comenzó la faena con derechazos largos y templados. Al segundo intento, el animal embestía con la cara alta, pero lo aguantó muy bien. Los naturales, más complicados, sobre todo los primeros en los que el toro se ceñía y el torero se mostró muy firme. Faena valiente, apropiada a las condiciones del toro, que tenía bastantes dificultades.
No entendió al sexto, al que también recibió a portagayola y banderilleó con voluntad. El toro embestía recto pero había que mandarlo. Escribano codilleó mucho por lo que el toro se quedó corto. Faena anodina, en la que, si hubiera estado más diestro, habría conseguido mejor resultado.
Marc
Lavie. Quand Cuadri rime avec
ennui
D'un élevage prestigieux comme celui de Cuadri, on attend toujours la sortie d'un ou deux toros très braves, comme cela fut souvent le cas dans ces arènes de la Maestranza. Mais le lot du jour, pourtant impeccablement sélectionné, sans excès de poids ni de taille, manqua de race et ôta tout relief à une course qui s'éternisa dans la monotonie pendant trois heures moins un quart. Toros calculateurs, réservés, mesurant leurs attaques, semblant s'amoindrir au contact du fer pour récupérer en violence, de charges courtes, irrégulières et sans durée. Une corrida très exigeante, devant laquelle les trois furent très dignes.
Fernández Pineda causa une agréable surprise. Alors qu'il est très rarement programmé, il se montra centré, mentalisé, toréa bien avec la cape le premier, tirant ensuite deux séries droitières et quelques naturelles allongées et limpides, avec le petit défaut d'abuser de la proximité et de ne pas laisser respirer un adversaire, déjà peu enclin à l'offensive. Faena également méritoire face au quatrième, qui se déplaça sans classe et dont le neveu des Peralta s'efforça d'allonger le parcours, obtenant de bonnes séquences isolées sans liaison ni intensité possibles. Il se montra peu adroit avec les aciers. Notons également qu'il soigna la lidia et les premiers tiers de ses toros. Un torero dont on parle peu mais qui en vaut bien d'autres.
Serafín Marín insista lourdement face à la charge courte du deuxième, et fit une faena patiente au cinquième, parvenant à tirer au compte-gouttes des naturelles de bon tracé et portant une quasi entière avec sincérité.
Manuel Escribano alla attendre ses deux adversaires à genoux face au toril, ce qui est toujours une gageure avec la largeur du couloir de ce toril maestrante, qui a occasionné tant d'accidents. Escribano fut sur le point d'être cueilli par le sixième, qui se retourna plusieurs fois dans le couloir, avant de freiner et de faire volte-face devant le torero, lequel ne se dégonfla pas et parvint à tirer une larga, d'une esquive, sans le moindre recul. Un des rares moments d'émotion de la soirée. Escribano posa les banderilles avec audace et montra de la volonté par la suite.
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