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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 15 de abril de 2007
Corrida de Rejones

Ventura salió por la puerta del Príncipe
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Fermín Bohórquez (correctos de presentación, parados en líneas generales, el 6º duró algo más aunque pegado a tablas).

Caballeros:

  • Fermín Bohórquez. Pinchazo sin soltar, pinchazo, se echa (silencio); pinchazo y medio rejón, numerosos descabellos, aviso (silencio).
  • Pablo Hermoso de Mendoza. Rejonazo (oreja con fuerte petición de la segunda); rejonazo (oreja con petición). 
  • Diego Ventura. Rejón bajo (oreja); pinchazo y rejonazo (dos orejas). Salió por la puerta del Príncipe.
PresidenteGabriel Fernández Rey.

Tiempo: soleado.

Entrada: hasta la bandera.

Crónicas de la prensa: La Razón, Diario de Sevilla, ABC, Diario Metro, El Mundo.

 

PUERTA DE ARRASTRE


Por Santiago Sánchez Traver

Los clásicos de Sevilla –los señoritos y los otros- ceden su asiento en las de rejones porque les aburren. Dejan estos festejos para los catetos, como dicen. O para los señoritos de Jerez, pero en Jerez. Esta vez, máximo interés por la vuelta de Hermoso de Mendoza, tras sus polémicas ausencias en la Maestranza. Puedo decir que lo ví debutar en Pamplona, siendo él un chaval que apenas dominaba sus monturas, en tarde regular. Lo normal es que a su vuelta hubiéramos dicho como el corrido mexicano “pero sigue siendo el rey”. Mas como ha tardado un poco en volver a Sevilla, se ha encontrado con que ahora tiene un delfín que quiere destronarle. Lo veremos esta temporada. De momento, Diego Ventura abrió la Puerta de mi derecha, la buena, aunque el “monarca” cortara dos orejas. Y todos contentos: los que fueron y los que dejaron su abono.



Las imágenes del festejo

LO MEJOR  Y LO PEOR


Por Carlos Javier Trejo

Tampoco soy yo en especialista en el arte del rejoneo, pero de todas mis experiencias me quedo con el magisterio de Hermoso de Mendoza y la espectacularidad de Diego Ventura. Hermoso formó un auténtico lío con Chenel, y no digamos con Sármata, soberbio par a dos manos, cómo se los deja llegar. Hermoso de Mendoza está arriba, en lo más alto, y cómo dice el anuncio de Mercedes, en las listas hay un primero, y después todo los demás. Diego Ventura está en un momento espléndido, cómo templa a los toros de costado, y soberbio en el 6º con ese par citando al toro, dejando que se arranque, reculando con la cabalgadura para quebrar y dejarlo en todo lo alto. Lo peor hoy, ha venido desde el palco, el señor Fernández Rey se ha erigido como protagonista de una tarde que podría haber sido histórica. A mi juicio, debió atender la petición de la mayoría de la plaza (como bien dice el reglamento) y conceder la 2ª oreja a Hermoso de Mendoza, así hubieran sido dos caballeros los que hubieran abandonado la Maestranza a hombros hacia la Gloria. Mal juego los ofrecidos por los astados de Fermín Bohórquez, muy parados, tan sólo castigados con un rejón de salida, han sido auténticos marmolillos en ocasiones.

 

LOS PROTAGONISTAS

Fermín Bohórquez

“Ha sido una pena no acertar con el rejón porque el único que se ha dejado con claridad ha sido el primero de la tarde. A este toro le he planteado una faena muy templada y estoy enfadado por no haber cortado la oreja”. El jerezano también mostraba su satisfacción personal por su quehacer “Me quedo con el reconocimiento de Sevilla y por eso estoy contento, han visto que las cosas las he realizado muy de verdad y me siento a gusto por ello” 
Pablo Hermoso de Mendoza

“Sevilla ha estado impresionante conmigo una vez más” de esta forma mostraba el navarro su alegría al termino de la corrida. “Ha sido en general un encierro noble, aunque le he faltado un poco de empuje sobre todo al primero de mi lote. Luego la gente ha pedido las orejas pero sinceramente el presidente ha estado correcto en darme una, Sevilla es mucha Sevilla, y ahí que exigir que todo sea muy redondo porque estamos en la Real Maestranza. Con el segundo de la tarde he estado muy compenetrado y además sacándole todo hasta el final, con todos mis caballos que están en un momento dulce”.
Diego Ventura

“No puedo explicar lo que siento en estos momentos, después de torear un toro así, es ver cumplido un sueño” Exultante estaba Ventura con la Puerta de Príncipe “Soy un torero que me la juego todos los días y además que es lo que tengo que hacer, porque quiero ser máxima figura del torero a caballo. Ya he salido otra vez por esa Puerta pero hoy era un día muy especial, ver como se entrega Sevilla con tanto respeto y categoría, es una cosa tan especial que de verdad, no se puede explicar con palabras. Lo he dicho con el dedo el en alto, la Maestranza es la número uno del torero a caballo”.


 

Realiza: Emilio Trigo


Crónicas de la prensa

El Mundo. CARLOS CRIVELLDiego Ventura se consagra en Sevilla

Los progresos de Diego Ventura, ya comprobados en la pasada temporada en actuaciones geniales, como la de Málaga, eran tan evidentes que se podía esperar de este joven un aldabonazo definitivo para instalarse en la cumbre del toreo a caballo. Sólo le hacía falta una tarde redonda, en una plaza importante, en un cartel con la gran estrella Hermoso de Mendoza. Todas esas circunstancias se reunieron en la primera corrida de rejones de la Feria. Diego Ventura ofreció una tarde redonda y salió por la Puerta del Príncipe con todo merecimiento. Este joven portugués y sevillano se ha instalado en la élite del toreo a caballo.

El rejoneo ha sufrido cambios notables. En estos tiempos no sólo hay que clavar arpones y banderillas en todo lo alto, mejor si se hace en el centro del ruedo, sino que se exigen una serie de habilidades con las cabalgaduras para lograr el impacto del tendido. La gama de recursos son variadas: carreras a dos pistas, recortes en un palmo de terreno, quiebros de todo tipo, giros y piruetas inverosímiles y saltos variados en los cites. Todo esto está bien, pero aún se debe exigir algo de toreo en la línea clásica. 

Lo mejor de Diego Ventura es que ha fundido el toreo a caballo y la espectacularidad para que las plazas vibren con sus actuaciones. Con el que lidió en tercer lugar se mostró correcto en arpones, banderillas y las cortas. Mató pronto y cortó una oreja sin gran clamor.

El golpe definitivo llegó en el sexto, un toro mansito al que acertó a fijar en sus caballos para lograr una faena de alto voltaje. El rejoneo bueno apareció al citar casi siempre en el centro de la plaza, al quebrar con limpieza y clavar en todo lo alto y al ofrecer siempre los pechos a los toros. Dos pares con quiebros en el centro fueron al mismo tiempo ortodoxos y espectaculares. Fue con el caballo tordo Distinto con el que armó el taco en estas banderillas. Ya sin rehiletes en las manos, citó en corto al toro y lo quebró en cinco metros. 

La plaza estalló de emoción. Antes, había hecho una lidia de escaso eco para sacar al toro de sus querencias. La plaza fue un júbilo con lo más accesorio, mientras el buen aficionado se sentía recompensado porque Diego había toreado a caballo. Mató a la segunda y las dos orejas fueron a sus manos y con ello su llegada a la cumbre del toreo.

En abierta competencia con Ventura, el gran caballero de los tiempos modernos, Hermoso de Mendoza. Ganó la partida Ventura, pero Hermoso estuvo bien en Sevilla. Muy vibrante en su primer astado con Chenel, aunque en una faena muy cerca de las tablas. Fue una labor de muchos alardes con el beneplácito popular. Mató de un mal rejón y, aunque la gente quería dos trofeos, fue justo el palco con una solitaria oreja. En su primer toro sólo utilizó tres cabalgaduras; en el quinto sacó al ruedo hasta cinco equinos. Fue con Fusilero y sus piruetas cuando logró más entusiasmo. Su faena fue más plana, de buen tono, pero sin llegar a los ecos de la anterior. Mató de un rejón fallido que el mismo caballero remachó desde el caballo en una acción nada torera.

Si se cuenta que Fermín Bohórquez escuchó dos silencios podría parecer que no estuvo bien. Todo lo contrario. Fermín hizo un toreo a caballo puro en todo momento, citando de frente y llevando al cornúpeta al platillo. De nuevo nos obsequió con muletazos con sus caballos y sólo la escasa fortuna con los rejones de muerte le privó de sacar mejor nota. El primero se aplomó y se puso complicado en la hora final. Con el cuarto clavó dos pares a dos manos soberbios, posiblemente el mejor rejoneo de toda la corrida, pero el eco en el tendido fue escaso. Se puso pesado nuevamente con los rejones de muerte y llegó a escuchar un aviso cuando trataba de atronar a un toro con la cara alta. Bohórquez es un clásico, distinto a Hermoso y Ventura, pero tiene todo el respeto del aficionado. Ventura salió encumbrado porque se adueñó de la tarde. 


Diario de Sevilla. LUIS NIETOPablo Hermoso y su delfín 

Diego Ventura nació un 4 de noviembre. Un cuatro del once. Pablo Hermoso de Mendoza, un 11 de abril. Un once del cuatro. Destinos. Dieciséis años mayor Pablo que Diego. Son toreros de generaciones distintas. Distintas pero no consecutivas. La norma en la historia de España es medir los tránsitos de generación de tres en tres lustros. La fórmula la sugirió en su día Ortega y Gasset. El número de años fue invento casual. Ortega es el protagonista de la célebre frase de "hay gente pa tó". Y tan pa tó . 
La primera de esta serie hilvanada de generaciones fue la llamada del 98, que no dio demasiadas alegrías a los toros: el respeto sincero pero equívoco de Machado, la atención aguda y certera de Azorín, el desprecio de Baroja, la distancia contrariada de Unamuno y la primera proclamación revulsiva de que en la fiesta había un componente bárbaro. De barbarie. Entre los regeneracionistas del 98 decir toros era decir atraso.

La segunda generación catalogada es la del 14: Azaña, Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Marañón, Cossío, Gutiérrez Solana, Villalón, Eugenio Noel. 1914: o sea, la Edad de Oro del toreo. Joselito y Belmonte. La cuestión taurina o antitaurina se radicalizó. Ortega fue intencionadamente patrocinador de la realidad de la fiesta. Su redescubridor desde una perspectiva rigurosa, tolerante, admirativa. El pensamiento de Ortega acabó siendo a lo largo de más de medio siglo el de más difusión e influencia en la vida intelectual española. Un Ortega europeísta, por cierto.

Ortega abrió al toreo una vía de salvación o supervivencia. Fue oxígeno para muchos lustros. Y hasta hoy, más de medio siglo después de acometerse la primera edición de Obras Completas de Ortega, donde los toros eran inciso menor pero relevante. ¿Por qué? Porque rompían con el esquema de fiesta bárbara del 98. La cautivadora personalidad de Juan Belmonte y el genio de su presencia pública significaron para los toros casi tanto como el propio placet de Ortega. La generación del 14 dio, de una parte, una figura como la de Cossío, alentado directamente por Ortega, que fue quien primero sugirió la idea de compilar el saber de toros en una enciclopedia. Y de otra, un Eugenio Noel, extravagante pero influyente en sus años de cruzada antitaurina y, de paso, antiflamenca. 

La tercera generación en esos saltos de más o menos quince en quince años vino a ser la del 27: Juan Ramón Jiménez, Lorca, Bergamín, Chaves Nogales, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, María Zambrano, Sánchez Mejías. La vía abierta al toreo vino a bifurcarse y multiplicarse. Y a durar hasta ahora. A esa generación pertenece Antonio Cañero, introductor en España de un nuevo toreo a caballo del que maldijeron hasta morir los tratadistas portugueses. Pero del 27 son también carne grandes dioses, pioneros y preceptores del toreo moderno surgido tras la implantación del peto de picar: Niño de la Palma, Lalanda, Domingo Ortega, Manolo Bienvenida, Cagancho, Curro Puya. Las generaciones de toreros a pie se miden por seis o siete años. Las de rejoneadores, no se sabe bien. 

Hermoso de Mendoza parece capaz de durar donde está el tiempo que se le antoje. Pero ayer tan solo tomó tierra con aire grande el llamado a sucederle. Hermoso ha provocado una transformación de tal calibre en el toreo a caballo -en su contenido, en su técnica y en su organización- que no admite parangón. El personaje, todavía más que el torero. La voz cantante de dos generaciones ha sido Hermoso. Y lo es. Pero ahora va a empezar a oírse con fuerza la música de Diego Ventura. Joven delfín.


Diario Metro. IGNACIO DE COSSÍO. Ventura, arte y majestad

Tres caballeros en plaza y una plaza entregada a tres caballeros. Diego Ventura, Pablo Hermoso de Mendoza y Fermín Bohórquez por este orden, lucieron esta  tarde una de sus mejores actuaciones en esta plaza. Cada uno a su manera triunfó en lo suyo. Ventura más completo en su conjunto, Pablo Hermoso genial en su segundo y el mejor Fermín en el cuarto, levantaron en sucesivas ocasiones aun público cada vez más festivo y menos aficionado. ¡Qué tres escuelas más distintas la de estos jinetes difícil de explicar en 25 líneas!, pero creanme todas sus acciones llenaron una tarde de toros nobles y escaso fuelle. Al son de Suspiros de España Bohórquez torea con gusto y clasicismo campero pese a no matar ni al primero ni mucho menos al segundo a la primera. Los tendidos se apretaron para recibir al maestro Pablo Hermoso injustamente premiado con una sola oreja presidencial. Faena grande la de su primero quizá la del recuerdo más fiel a su toreo lleno de quietud y temple académico a la sombra de Chenel. Ventura algo más reservado en el primero y sin dudarlo más explosivo en el que cerró plaza cortó las orejas con facilidad. Madurez y solidez en este nuevo Ventura acertadísimo en arpones y toreando más de verdad que nunca durante su mejor tarde maestrante. ¡Ventura Sevilla ha caído, todos estaremos en Madrid! Gran victoria frente a Hermoso en el primer asalto que te sitúa en lo alto del escalafón.¡Enhorabuena, torero!.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Valiente Puerta del Príncipe para un emotivo Diego Ventura

La satisfacción de la Puerta del Príncipe se la entregó la presidencia a un emotivo Diego Ventura en una decisión valiente: un solo pinchazo no se interpuso en el doble premio. Ventura había cuajado una gran faena al sexto y le puso, de principio a fin, vibración al dominio para desaquerenciar los amagos a tablas del toro de Bohórquez. El tercio de banderillas fue cumbre, muy de verdad, muy en corto, enfrontilado en los embroques para quebrar en los medios. La tardanza de la primera reunión probó los nervios de un soberbio caballo blanco, que provocaba una y otra vez la tarda embestida. Hasta que surgió y eclosionó la faena. La tercera cita, ya sin banderilla, como mero alarde, puso en pie al gentío que abarrotaba la Maestranza. El jinete de La Puebla mantuvo una conversación a tres bandas, de constante incitación:«¡Vente, torito, vente!» o «¡va por Sevilla!». Y el personal acababa arrancándose como el toro, entregado a su entrega, que desde el saludo a portagayola no cesó de buscar con temperamento la atardecida enmarcada por Triana.

Remató una gran tarde, pues su obra anterior fue de una limpieza excelsa, de milimétrica precisión a la hora de clavar todos los palos en una moneda de cincuenta pesetas (menos, es ya una exageración; y en euros, una devaluación). Desprendió importancia todo lo hecho con un toro importante. Quizá faltó la exaltación de carácter que tanto dispuso luego a los tendidos para haber cortado la segunda oreja.

A Hermoso de Mendoza le faltó un tris, y toro, para abrirle el camino de la Puerta del Príncipe a Ventura. O la determinación presidencial. Lo cierto es que al gran Hermoso le faltó, como ya está escrito, toro. Y aunque la faena al muy entablerado segundo desprendió todo el magisterio de su poder, emoción e inmejorable doma, la poquedad acobardada del murube de don Fermín en la madera debió pesar en el palco más que en el ánimo desatado de la plaza por la perfecta ejecución de la suerte suprema. Otra oreja cayó en su haber con un quinto flojito en una faena de cierto punto acelerado.

Si Fermín Bohórquez mata, se hubiese subido al carro del triunfo por derecho propio. Dibujó un faena de pura ortodoxia con un excelente cuarto, al que midió con un único hierro, suficiente para toda la corrida de la casa. Definición y un toreo muy de frente en el platillo. Clasicismo de una escuela en extinción. Pero, tras tropezar en hueso, se atacó con el descabello. Pasó sus apuros con el toro que abrió plaza, que se ponía por delante en los lances preliminares, y tal vez por ello optó por castigarlo con dos rejones que, a la postre, pararon totalmente el juego.

Caía el sol y Diego Ventura lo perseguía, entre los tejados trianeros, en una nube de ilusión.


La Razón. JUAN POSADA. Ventura abre la Puerta del Príncipe

El arte de rejonear se ha convertido en los últimos tiempos en el de torear a caballo, que es distinto. Ayer, el único que toreó a caballo fue Hermoso de Mendoza en sus dos reses. La lidia de su primero fue ortodoxa y realista, como lo hubiera hecho una figura del toreo. El animal pidió tablas desde el principio y allí le realizó la faena siempre mandando y recreándose en las acciones.

Torear así, a contracorriente, es la esencia y base del arte. Sin ninguna concesión a la galería, es decir, al público fácil, Hermoso se limitó a torear para sí que, al fin y al cabo, es para todos, en especial para los buenos aficionados.

En su segunda faena concedió algunas licencias para el respetable, siempre dentro de la ortodoxia, y dio muestras de su versatilidad y torería. Es decir: Hermoso es un torero a caballo.

Diego Ventura posee suficientes dotes como para no tener que necesitar abusar de los adornos, cabriolas, miradas al tendido y otras acciones con vistas al aplauso fácil. Su juventud, como es lógico, le inclinan a ello en su afán de lograr el triunfo.

El de ayer fue merecido aunque se excedieron en la segunda oreja. Sus indudables conocimientos hacen presagiar un hermoso futuro, pero debe calmar sus ansias orejeras y practicar un poco más la templanza en su toreo, como hizo el maestro Hermoso.

Bien está conceder trofeos a la gente joven para animarla pero, ya que es así, la injusticia que se cometió con el novillero Daniel Luque se hizo mucho más manifiesta ayer cuando la petición fue similar, en cuanto a pañuelos se refiere. La justicia debe ser para todos y mucho más en el ruedo, donde los hombres se juegan la vida. Delante del toro, como de Dios, somos todos iguales.

Fermín Bohórquez actuó como si estuviera en su finca, sin poner ese genio y nervio que imprime un profesional de este arte para conservar e incluso superar su estatus. Y eso se notó, y mucho.

Fermín Bohórquez, tras dos rejonazos de castigo, en los que quebrantó mucho al animal, realizó una labor un tanto atropellada en la que se dejó tropezar a su cabalgadura en demasiadas ocasiones y, en definitiva, aburrió. Al final, el novillo se echó, ya desangrado, tras un pinchazo. Mal.

Con el buen cuarto realizó una faena más compuesta y pulcra. La lució en especial con las banderillas a dos manos y las tres rosas finales. Pero le faltó una chispa de nervio, de gracia, de transmisión; falló con el descabello.

Pablo Hermoso de Mendoza, tras una pasada fallida, clavó un rejón de castigo al quiebro perfecto. A partir de entonces, el toro se rajó y se refugió en las tablas.

De allí, cual si un torero de a pies fuera, le hizo toda su labor siempre en el tercio, con mucho conocimiento y clavando al sesgo, es decir, de dentro a fuera, dominando la situación y adornándose con torería. Un par de las cortas fue de excepción, puesto que tuvo que llegarle muy cerca al animal. Gran actuación.

Comenzó un tanto frío en el quinto pero al segundo quiebro, a caballo parado y en el centro, se animó y el público, muy frío con él también. Los quiebros y revueltas del caballo ante la cara del toro, espectaculares y técnicos. Labor muy torera con absoluto dominio de la cabalgadura y perfecto conocimiento de los terrenos. Muy bien.

Diego Ventura estando más atento a la espectacularidad que al toreo, se ganó a la gente, a la de show, con sus adornos de monta y de doma. Luego, a la hora de la verdad, clavó siempre a la grupa, es decir, sin dejárselo llegar al estribo, que es lo ortodoxo. Demasiados adornos.

Ventura recibió al sexto dentro del callejón de chiqueros y colocó un rejón por dentro muy aplaudido. Su labor, un tanto teatral, pidiendo palmas constantemente, innecesarias para un profesional con sus cualidades.

Animó mucho al personal, que estaba con él desde el principio, y clavó siempre arriba pero con el defecto de volver a embrocar a la grupa del caballo. La concesión de la segunda oreja un tanto excesiva.

 


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