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Festejo
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del viernes, 12 de octubre de 2007
Corrida de de la Cruz Roja 

Salvador Cortés salió por la Puerta del Príncipe

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Gerardo Ortega y de Parladé (2º y 4º). De diferente presentación y distinto juego.

Diestro:

  • Salvador Cortés, en solitario. De purísima y oro. Estocada caída (saludos desde el tercio); pinchazo, estocada (oreja); media estocada (saludos desde el tercio); bajonazo (silencio); estoconazo (2 orejas); estocada (oreja). Sale por la Puerta del Príncipe.

Banderilleros que saludaron: Curro Robles, en el 1º; Paco Peña, en el 3º y Luis Mariscal, en el 4º.

Presidente: Gabriel Fernández Rey.

Tiempo:  soleado con rachas de viento.

Entrada: menos de media plaza. 

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, ABC..

 

PUERTA DE ARRASTRE


Por Santiago Sánchez Traver

Se acabó la temporada en la Maestranza. Antiguamente, no: la cosa duraba hasta Navidad, con más corridas, novilladas y muchos festivales. En fin, que la última ha terminado relativamente bien, para como se preveía. El cartel de la Cruz Roja era forzado, forzadísimo, pero yo creo que lo salvó la duquesa de Alba con eso de ir al palco de convite invitada por los directivos de la entidad asistencial. Parece que le dio suerte a Salvador Cortés, que cortó cuatro orejas -muy justitas tres de ellas- para salir por la Puerta del Príncipe que ya conocía. Le sirve – qué duda cabe- para la temporada que viene, pues llegaba muy tocado a este final de temporada. Lo que pasa es que tendrá que cambiar de apoderado, porque el que tiene confiaba muy poquito en él. Ni siquiera lo ponía ya en sus plazas, como en la de Jaén, cuya feria está cerrando el ciclo andaluz.   

 

El País. ANTONIO LORCA.   Salvador Cortés, por la Puerta del Príncipe

El diestro sevillano Salvador Cortés cortó cuatro orejas y salió ayer a hombros por la Puerta del Príncipe saldando así con gran éxito su dificilísimo reto de encerrarse con seis toros en la plaza de la Real Maestranza.

No fue una tarde apoteósica, ésa es la verdad, pero la labor de conjunto del torero fue meritísima por varios motivos. El primero, quizá, porque fue capaz de sobreponerse en el quinto toro, cuando la tarde descendía hacia el desencanto, y aprovechar las condiciones de su oponente para realizar, de principio a fin, una faena con el capote, las banderillas, la muleta y la espada presidida por el dominio, la ambición, el poderío, el valor, el mando y el buen toreo. La estocada fue perfecta. Posiblemente, la estocada del año. Se perfiló con rectitud, se volcó de verdad sobre el morrillo del animal, enterró el estoque en el hoyo de las agujas, y el toro salió muerto de la suerte. Así fue.

Antes de ese instante culminante lo había recibido con una larga cambiada en la puerta de chiqueros y animosas verónicas que pusieron al público en pie. Hizo un quite por ajustadas chicuelinas, banderilleó con soltura y la faena de muleta, basada en la mano derecha, brilló con derechazos largos, templados y ligados. El toro sólo admitió un par de naturales y el torero terminó con unos ayudados que fueron el colofón a una inteligente y medida actuación.

Al noble segundo le cortó la primera oreja con un sosegado toreo en corto e intermitente, y cerró la tarde con otro apéndice en el sexto ante el que derrochó voluntad de triunfo.

¿Por qué no fue una tarde apoteósica? Porque Cortés no estuvo a la altura antes los tres sosos toros restantes, y porque no hubo toreo excelso, -ay la mano izquierda-. A este torero, todo pundonor y entrega, le falta calidad, y posee un pecado capital: torea hacia fuera, cuando el toreo auténtico es hacia los adentros.

¿Por qué, entonces, su triunfo fue grande? Porque superó con éxito el difícil gesto de encerrarse en solitario en la Maestranza; porque la corrida se había planteado como un cara o cruz sobre su futuro; porque es un hombre humilde, sin padrinos, que lo ha conseguido todo con enorme esfuerzo y sacrificio; y porque ha vuelto a demostrar -éste es su tercer gran triunfo en esta plaza- que, a pesar de su carencias, y a pesar de los olvidos sufridos -hasta su apoderado ha olvidado devolverle la última llamada-, ha sido capaz de romper todos los maleficios, triunfar de verdad y salir a hombros por la gloriosa Puerta del Príncipe.

Ahí es nada. Ése es un mérito reservado sólo a los grandes toreros.


ABC. FERNANDO CARRASCO.  Salvador Cortés se rebela contra el olvido y corta cuatro orejas

Desmadejado, sentado en el estribo, Salvador Cortés rompió a llorar desconsoladamente cuando supo que el presidente le había otorgado las dos orejas del quinto de la tarde. Era el momento culmen que tanto había esperado estos días atrás cuando, haciendo de tripas corazón, se tragaba todas sus preocupaciones y temores y esperaba, como podía, que llegase el día. Porque ayer Salvador Cortés, que cortó cuatro orejas en su actuación en solitario, se rebeló contra el olvido al que muchos quieren condenarle.

Había cortado una oreja en el segundo pero la tarde discurría más bien a medio gas. Por eso se fue a la puerta de chiqueros a recibir a «Clavellino», un precioso burraco de Gerardo Ortega. La larga cambiada a portagayola resultó limpia y emocionantes a más no poder los lances a pies juntos y las cuatro o cinco revoleras. La plaza hervía. Galleó llevando al astado al caballo y luego quitó por chicuelinas. Cuidó a su enemigo en el caballo y se permitió el lujo de poner banderillas. Acudía el astado. Brindó a la duquesa de Alba y comenzó la faena con dos pases cambiados muy ajustados para, sin moverse, dejar un trincherazo para el recuerdo. A partir de ese momento, estuvo inteligente, suave, templado, hasta el estoconazo final. Se rebelaba por completo Salvador, que rompió a llorar cuando vio los dos pañuelos. Y luego, la emoción a flor de piel en la sentida vuelta al ruedo, parte de ella con una bandera de España que le dieron desde el tendido. La tarde comenzó discreta. Poca gente y primer toro que repetía aunque cabeceaba algo. Entendió el torero al segundo, de Parladé, al que cortó una oreja. Los toros no terminaron de romper hasta el buen quinto, y con el sexto volvió a portagayola y con fe tras la espada. Cumplió su sueño Cortés.


PortalTaurino.com. EMILIO TRIGO. Triunfo inolvidable de Salvador Cortés

La primera impresión de la encerrona de Salvador Cortés es la poca afluencia de público en un día tan señalado para el torero. Cortés es el primer alumno de la escuela de Sevilla que realiza está gesta de matar seis toros en la Real Maestranza.

El que abrió plaza era un astado muy bien hecho de Gerardo Ortega, bajo, serio, pero no demasiado ofensivo de pitones, que hizo todo lo característico de su encaste, mansear de salida y venirse arriba en el último tercio. La lástima, es que le faltó un poquito de transmisión a la bondadosa embestida del toro. Salvador estuvo dispuesto con él, con un toreo asentado y estético, sacando series muy vistosas por ambos pitones. Faena corta de menos a más, que mereció la oreja tras una buena estocada. Con el segundo hubo lucimiento de capa con verónicas templadas. A este lo dosificó en le caballo con dos varitas para medirlo lo justo y llegar con buen ritmo a la muleta. El diestro se mostró mas enrazado que con el primero, con un torero más profundo sobre todo al natural. Le funcionó la cabeza, ante el mansito que se desplazaba con transmisión, cuajando una labor torera que refrendo con un espadazo, para cortar una oreja de ley sin paliativos. El tercero fue el más soso hasta el momento, defendiéndose siempre con unos molestos tornillazos por la falta de fuerzas. Cortés hizo las cosas correctas, presentando la muleta en el hocico y estando muy firme con él. No pudo sacar faena artística, pero si dejó ver la buena disposición, estando a la altura de la responsabilidad.

Con el ecuador de la corrida cumplido saltó al ruedo un ejemplar de Parladé, que resultó soso y manso, que no dio juego alguno. El de Mairena porfió intentando sacar agua de un pozo vacío, pero todo intento fue en vano, por la falta de colaboración. El quinto hizo bueno el dicho-no hay quinto malo- un gran toro que fue bravo hasta el final. Salvador lo recibió a portagayola formándole un gazpacho con el capote y poniendo al respetable en pie. Continuó realizando un vibrante tercio de banderillas el propio diestro, con más voluntad que acierto, pero lo bueno llegó en la gran faena que desarrolló. Le funcionó la cabeza en todo momento para ver las grandes cualidades del de Gerardo Ortega,-un toro que pedía estar a su altura por su bravura- algo que hizo Cortés, en todo momento. Le dio son, distancias, y alegría cuajándolo de principio a fin, con una muleta prodigiosa. Sus muletazos con la diestra resultaron profundos, ligados y muy templados, pero al natural aún supero su toreo, con hondura, plasticidad hasta abandonarse para delirio de los presentes. Antología de Salvador que será difícil de olvidar, hasta el enorme espadazo que rodó al toro sin puntilla. Con el último también se esforzó en irse a chiqueros y plantarse nuevamente de hinojos, para formar otro buen lío con el capote. A este encastado, que pedía hacer las cosas por abajo,-algo que hizo siempre-con sólo quince muletazos le arrancó la última oreja, que valía la Puerta del Príncipe.

La realidad de tarde es la solvencia, profesionalidad, inteligencia, superación y buen toreo que ha regalado Salvador Cortés,-al que no se le deben poner peros a un legítimo triunfo-, porque otra vez, ha demostrado que lo reúne todo para ser figura del toreo...si algunos lo dejan.


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