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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del domingo, 8 de abril de 2007
Domingo de Resurrección
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Zalduendo
(justos de fuerza; resultaron deslucidos con matices; el 3º fue devuelto a corrales por debilidad
manifiesta). De correcta presentación. Se salvó el 2º, con un buen pitón izquierdo.
Fue ovacionado en el arrastre.
Diestros:
- Erique
Ponce. De gris plomo y oro. Pinchazo que escupe, pinchazo sin soltar, media estocada
tendida (silencio); estocada entera tras aviso (saludos desde el
tercio).
- Manuel Jesús " El Cid". De
grana y oro. Estocada al encuentro, trasera (oreja); pinchazo sin soltar, estocada desprendida
(silencio).
- Sebastián Castella. De
rojo sangre y oro. Estocada
caída (silencio); estocada, descabello (silencio).
Banderillero que saludó: José Manuel Fernández Alcalareño
(le tocó la música) y Julio López,
de la cuadrilla de El Cid, en el 2º.
Incidencias: se guardó un minuto de silencio en memoria de Joaquín
Zulueta Trigo, alguacil fallecido el pasado invierno. Al terminar el
paseíllo se le tributó una ovación al director de la Banda de Música, Pepín Tristán, en la que
ha sido su última corrida como tal.
Presidente: Juan
Murillo Pedrote.
Tiempo: soleado y fresco.
Entrada: hasta la bandera.
Crónicas y de la prensa:
ABC, El Mundo,
Metro, Diario
de Sevilla, El País.
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PUERTA
DE ARRASTRE
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Por Santiago Sánchez
Traver
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Cada Domingo de Resurrección cuando me siento en la plaza de la Real Maestranza de Sevilla tengo la sensación, la percepción, incluso la certeza, de estar en el único sitio del mundo en que tengo que estar en ese momento. Esta certidumbre no la tengo en ningún otro momento del año ni en otra plaza o lugar alguno. Aquí, entre el 5 y el 7, pegado a la Puerta de Arrastre, he empezado este ciclo ferial maestrante de 2007, sobre este balconcillo de Internet, nuevo para mí. Que Dios reparta suerte. Por cierto, la corrida de hoy se celebró con más decepción que otra cosa, como casi siempre estos días. La culpa la tuvieron los toros, o así, que entre todos –incluidas las figuras- eligieron para el festejo, impresentables para esta fecha. El segundo fue bueno y El Cid cortó la primera oreja del año. Los toreros cumplieron en la plaza, pero no antes. No se puede decir más. |
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Las imágenes del festejo
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LOS
PROTAGONISTAS
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Erique
Ponce
El maestro se mostraba muy contrariado por el mal lote que le había correspondido. “Los dos toros han sido muy peligrosos, pero especialmente el cuarto. Ese toro se tragaba el primer muletazo, pero al segundo se venía al cuerpo y con el he realizado un gran esfuerzo. Sevilla ha reconocido que me la he jugado y eso me alegra porque la afición ha comprobado mis intenciones. Ponce afirmaba que “no ha podido ser una tarde de triunfo por el escaso juego del ganado, ya que todos teníamos más esperanzas en los de
Zalduendo”. |
Manuel
Jesús " El Cid"
“La verdad que era una tarde muy importante para mi y con mucha responsabilidad por el cartel”. Así comenzaba sus declaraciones el diestro de salteras al finalizar el festejo de ayer. “Me he encontrado muy bien con los dos toros y eso que han sido muy complicados. El primero era más engañoso de lo que parecía sin terminar de definirse. No ha sido nada fácil cortar la oreja, se desplazaba metiéndose para dentro, después me buscaba, y además se quedaba debajo. El segundo manso y con mucho peligro sordo. La corrida ha pecado de transmisión y realmente ha tenido mucho peligro, aunque me voy contento por cortar una oreja en una tarde tan importante”. |
Sebastián
Castella
El matador francés señala que “no era la corrida que esperaba”. Sebastián se mostraba apenado por no poder triunfar en una tarde tan especial “son muchas las ilusiones que tenía depositadas en mi primer Domingo de Resurrección en Sevilla y la realmente los toros no me han dado opción alguna. La corrida no ha tenido clase, ni raza y le ha faltado de todo. Seguramente el primero que lamenta lo sucedido es Fernando
Domecq”.
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LO
MEJOR Y LO PEOR
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Por Carlos
Trejo
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Lo
mejor… sin duda fue el resucitar de la Fiesta en Sevilla. Mañana de Pregón Taurino con Enrique Múgica y ambientazo y expectación por la tarde. Lo mejor de la tarde el extraordinario tercio de quites que protagonizaron Sebastián Castella y Manuel Jesús “El Cid” en el segundo. Excelente par de banderillas el que puso para cerrar tercio a este toro
“Alcalareño”, con música incluida. Los mejores muletazos fueron los que dio “El Cid”, bien de verdad por el izquierdo, en el único toro que se dejó con franqueza de los de Zalduendo. |
Lo peor de la tarde fue el juego de los
toros. Los astados de Zalduendo dieron al traste con todas las expectativas creadas. En algunos casos por su falta de
fuerza. El 3º fue devuelto, aunque particularmente discrepo de la prontitud con que fue tomada la decisión. Debido a la poca fuerza, muchos desarrollaron
peligro y se defendieron, otros, debido a la poca pujanza, se desplazaron una y otra vez carentes de emoción, y sin
emoción, señores, estamos perdidos. |
Crónicas de la Prensa

El
País. ANTONIO
LORCA. Con la miel en los labios.
Aclaremos: el segundo no fue un toro, sino un novillo nobilísimo, bondadoso y con largo recorrido, al que no le hicieron ni sangre en los caballos, y permitió el lucimiento de banderilleros y toreros; y El Cid no fue el torero portentoso y excelso de otras tardes, sino un diestro dubitativo que no supo o no pudo sacarle todo el jugo que el buen novillo le ofreció. Y no es que El Cid no mereciera el trofeo, pero no estuvo a la altura que se espera de una figura de su categoría.
Es verdad, no obstante, que lo recibió con verónicas de buen trazo, y que, tras el primer paseo en balde del picador, volvió a jugar los brazos con ceñimiento. Le respondió Castella en un quite por ajustadas chicuelinas, y volvió a quitar El Cid para lucirse de nuevo a la verónica. Se vino arriba el novillo en banderillas, y El Alcalareño colocó dos soberbios pares de perfecta ejecución, tras los cuales sonó la música en su honor.
Brindó el torero al respetable, y, desde el centro del anillo, citó a su oponente, que acudió largo, alegre y con fijeza. Fueron tres tandas de derechazos acelerados, anodinos, sin mando ni temple. Es curioso, pero este Cid con la muleta en la mano derecha se parece mucho a un pegapases insufrible. Por fin, subsanó su error, tomó la zurda y apareció el artista transfigurado y solemne. Lo que son las cosas...
Así fue, al menos, en la primera tanda de naturales largos y hondos, en los que llevó embebida la embestida en los vuelos de la muleta. Hubo dos más, pero ya nada fue igual. Quizá, porque al torero le faltó la fe necesaria para reventar la plaza con un bombón como el que le había tocado en suerte. Pero ayer El Cid sólo fue excelso por unos instantes. Así son los artistas...
Ciertamente, ese segundo toro/novillo fue el único que se dejó torear según los cánones de hoy. A los demás, todos mal presentados, les faltó fuerza, raza, casta y movilidad. Una corrida cuajada de defectos, impropia de esta plaza en cuanto a presentación, que imposibilitó el lucimiento de los toreros, que son los que exigen estos toros cómodos de hechuras y comportamiento.
Ponce es un prodigio de técnica taurina en la misma proporción en que es un pesado de tomo y lomo con el toro inservible. Un aviso le tocaron cuando aún pasaba de muleta al cuarto, en un intento desmedido de demostrar lo evidente: que el toro era un caricatura de sí mismo y que él es un torero experimentado. Pero ahí siguió una y otra vez Ponce hasta cansar a los tendidos. Olvidado queda ya el trasteo a su primero, rajado y sin clase alguna.
Tampoco pudo triunfar Castella, tan esperado y tan valiente, pero, también, tan figura exigente con divisas comerciales sosas y descastadas que suponen, de entrada, un fraude al espectador. Se dio un arrimón en ambos toros y ahí quedó todo.
Y El Cid intentó lo imposible: arreglar ante el rajado quinto lo que no había solucionado en el potable segundo. Y no pudo ser. Elegante y aseado, su toreo porfión careció de calidad.
La corrida comenzó con dos momentos emotivos: un minuto de silencio en memoria de Joaquín Zulueta, alguacilillo de esta plaza durante muchos años, y una fuerte ovación de despedida a Pepín Tristán, director de la banda de música, que se jubila.
Y la mañana, radiante y luminosa como merece un Domingo de Resurrección en Sevilla, se abrió con el pregón taurino, que pronunció Enrique Múgica. El pregonero hizo un enciclopédico recorrido histórico sobre el protagonismo del público en la fiesta de los toros, al que calificó como factor determinante de la realidad taurina por su presencia y actitud.
ABC.
FERNANDO
CARRASCO. Gris Domingo de Resurrección
Porque será allí,
en la Gloria, querido Manuel Ramírez, donde habrás visto la tarde
inaugural de esta temporada, que acabó para ti antes de empezar en
Talavera de la Reina -hasta para eso has sido torero, Manolo-, y
seguro que convendrás conmigo que fue tarde gris, este Domingo de
Resurrección, a pesar de la oreja que El Cid. Pero supo a poco esa
oreja. Porque el conjunto estuvo marcado por el soso juego que
dieron los de Zalduendo. Ganadería triunfadora la temporada pasada,
pero que ayer no siguió ese compás, a excepción del segundo, el
primero del saltereño, un astado bonancible que repitió, que fue
con fijeza y que duró lo suficiente para que se le cortarse la
oreja que, repito, supo a poco.
La corrida, y seguro que lo anotaste, resultó
deslucida. Y con ese material, como tú solías decir, demasiado
hicieron los toreros.
Coincidirás conmigo, querido Manolo, que Ponce se
las vio y se las deseó con su primero, un toro complicado que le
punteó el capote y que derribó a Manolo Quinta. De allí se fue
suelto y aunque el valenciano, curtido en estas lides, intentó
ahormarlo por bajo en el inicio de faena, tuvo que luchar contra los
cabezazos y la cara alta en las embestidas. Verías que le avisó en
un par de ocasiones y que nunca se entregó. Anduvo por encima
Enrique.
Apuntarías que al cuarto le dieron tela porque sentía
el hierro y huía despavorido. Y de nuevo verías a Ponce doblarse
con el zalduendo, someterlo y ganarle la partida, poco a poco, haciéndole
embestir. Sé que le habrás dicho al padre Leonardo que el toro en
otras manos duraba un suspiro.
Te vendrías arriba viendo las verónicas de Manuel
Jesús al mejor de la tarde, y el quite de Castella por chicuelinas
y la réplica del saltereño. Y cogerías de nuevo los prismáticos
para ver el inicio de faena, en la que no probó al toro y lo citó
de largo. Dirías que algo aceleradillo estuvo al principio pero que
lo bordó con la zurda, en naturales largos y templados, de mano
baja. Y el de Zalduendo que repetía y el torero creciéndose. Más
breve después pero a más en su quehacer. Te gustarían los remates
por bajo y las trincherillas. Y dirías aquello de «¡qué
barbaridad!» cuando viste cómo enterraba el acero después de unos
ayudados por alto. Pero seguro que también te supo a poco la oreja
porque sabes que este Cid es capaz de más.
Te gustó menos, seguro, el quinto, un toro muy
descompuesto que nunca se entregó en la muleta y que, al final, se
fue a tablas porque no quería saber nada de la plaza ni del Cid.
Y te habrás sentido decepcionado porque Castella no
tuviese material y que tras ver cómo le devolvían a su primero se
encontraba con un tercero bis feo pero que embestía con todo, que
topaba más que otra cosa y con el que el francés sólo pudo
pegarse un arrimón al final.
De nuevo tomarías los prismáticos para verle dar
el pase cambiado por la espalda al sexto, ya con la noche encima y
luego llevarlo muy templado en los primeros compases, pero que fue
un suspiro porque el zalduendo se coló y luego dijo que se apagaba,
que se acababa la emoción en las embestidas y que prefería rajarse
y así acabar con una tarde demasiado gris para que, querido Manolo,
haya llegado hasta la Gloria, donde tú la presenciaste.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. El Cid corta la primera oreja de la temporada
Expectación, lleno hasta la bandera, un tiempo soleado que rompía la inestabilidad de la Semana Santa. Todo a favor. Y sin embargo, como suele suceder en la corrida del Domingo de Resurrección, la decepción fue ganando terreno y se apoderó de la tarde. Una decepción a la que contribuyó en gran medida, el mal juego de los toros de Zalduendo, hierro que debutaba en fecha tan emblemática. Únicamente se salvó el segundo toro, bravo, al que El Cid cortó la primera oreja de la temporada sevillana. Ése es el dato periodístico a secas. En cuanto a lo demás, el espectáculo tuvo escasa historia.
Los toreros y el presidente acordaron un minuto de silencio por el alguacilillo Joaquín Zulueta Trigo. En ese minuto nosotros también nos emocionamos con el recuerdo de nuestro compañero Manuel Ramírez y del maestro Miguel Márquez. Tarde también con una despedida en la que sonó el pasodoble La Giralda, en lugar del tradicional Plaza de la Maestranza, en homenaje a José Tristán, que se cortaba la coleta en la Maestranza, después de 36 años al frente de la Banda Tejera. Y en tarde de despedida, se estrenaban burladeros –uno para los médicos, con nueva enfermería y otro para los reporteros gráficos–.
Pero vayamos a lo acontecido en el albero maestrante. El Cid tuvo en Insulso el único toro potable. El torero sevillano consiguió los mejores momentos en el toreo al natural. La faena no fue redonda. Desde el platillo citó al toro, junto a tablas. Esa primera tanda con la diestra tuvo emoción, aunque los muletazos fueron muy rápidos. Acabó centrándose en una tercera, más ajustada. Con la izquierda, su mano –es zurdo–, voló mejor la muleta. Algunos muletazos de mano baja tuvieron sabor y en la segunda tanda dio un natural larguísimo y de gran belleza. Con el toro ya parado, perdió intensidad la faena, a la que le sobró una tanda con la diestra con algunos enganchones. Mató de estocada y el público pidió en su mayoría el trofeo. En este toro, con anterioridad, se vió el momento más intenso y de mayor pasión de la corrida. Castella quitó por gaoneras y El Cid, que había toreado muy bien a la verónica, con una media bellísima, en un quite y había llevado al toro al caballo a una mano, respondió con otro quite, arrebatador, por delantales. Ese prometedor comienzo se diluyó por culpa del ganado. El Cid brindó su segunda faena a José Tristán, quien amenizó –suponemos que por agradecimiento– una faena sin consistencia. Tras un comienzo brillante con cambios de mano y trincherillas, el torero no pudo sacar partido de un toro rajado, imposible para el lucimiento.
Enrique Ponce recibió con limpias verónicas al que abrió plaza, un toro de tan buenas hechuras como pésima clase. Fue una labor persistente, sin frutos. El toro derribó con peligro a Manuel Quinta. Con el cuarto, un animal manejable, pero sin entrega, que huyó en el caballo, el valenciano realizó una labor porfiona y desigual en la que lo único brillante artísticamente estuvo en un comienzo por bajo, con preciosos cambios de mano. Ponce insistió tanto que escuchó un aviso antes de entrar a matar.
A Sebastián Castella le devolvieron su primer oponente, que parecía burriciego. El sobrero, del mismo hierro, no tuvo fondo ni clase. Castella lo recibió con lentas verónicas. En los medios, asentó las zapatillas. Pero el animal embestía a topetazos y lograr algo artístico resultó una quimera. Cuando la luna asomó brillante en el cielo sevillano, Malaluna cerró plaza con su oscuro juego, de embestidas sin entrega, andando y con la cara alta tras la muleta de Castella, que se esforzó en los medios, con un temerario pase por la espalda y continuó con otro fallero. Capeína, muletazos por ambos pitones... Pero todo era en vano. El toro despreciaba la pelea.
La decepción envolvió una tarde que comenzó prometedora, con una faena al segundo por la que El Cid conseguía el primer trofeo de la temporada sevillana. Luego, poco más. Esfuerzo de los tres toreros en más de dos horas y media de un festejo marcado por el mal juego del ganado.
El
Mundo. CARLOS
CRIVELL. Zalduendo acaba con la Fiesta
La ganadería de moda pinchó en hueso. Zalduendo lidia dos corridas en Sevilla en este ciclo abrileño. Todos se apuntaron a los toros de Fernando Domecq, pero en la primera el fracaso ha sido sonoro. Es la miseria de la Fiesta. Tres toreros animosos y entregados que tropezaron con un género manso y, fundamentalmente, descastado. Se salvó un toro, el segundo, que en manos de El Cid lució un excelente pitón izquierdo, aunque el torero de Salteras tapó sus problemas por el derecho. Lo malo de un toro es que no provoque ninguna emoción. Así fueron los de
Zalduendo.
El Cid cortó una oreja al segundo en una faena de dos tandas de torero largo y templado con la izquierda. El torero desplegó su muleta en amplio vuelo y remató los viajes con la franela por debajo del pitón. Toreo excelso que remató con forzados de pecho. Los comienzos de la faena, sobre el pitón derecho, tuvieron menos vistosidad, pero El Cid aguantó a un toro muy exigente y lo consintió para acabar a lo grande por naturales. Los circulares del final y la estocada dieron paso a una petición de oreja muy justa que el presidente atendió. En la vuelta al ruedo faltó clamor.
El cuarto se lo brindó a Pepín Tristán en la tarde de su despedida. El comienzo fue vibrante, la banda le regaló el pasodoble antes de tiempo, el toro sacó su mala casta y su mansedumbre y todo cesó: la música y el toreo. En el recuerdo, los naturales al tercero.
El resto del festejo es la historia de un desencanto. Los de Zalduendo embistieron con la cara alta, acortaron los viajes y buscaron pronto los terrenos de nadie. Ni Ponce ni Castella enjaretaron dos pases ligados. Si no hay ligazón, falta la emoción.
A Ponce le mandaron un aviso en el cuarto cuando aún trataba de darle muletazos. En esta ocasión hay que justificar al diestro, que fue labrando una faena de muchos pases tratando de encontrar a un toro que, aunque tenía bondad, estaba carente de celo. La faena fue tesonera, repetitiva, parecía que ya estaba finalizada y Ponce volvía a la cara del toro con mucha voluntad, para enjaretar algunos pases enrabietados que sirvieron para demostrar que no había llegado a Sevilla a cubrir el expediente. Sonó el aviso cuando intentaba bajar la mano para romper las malas tendencias del Zalduendo.
Al flojo animal que abrió la temporada sevillana lo muleteó con seguridad y sin posibilidades de brillantez. El animal miraba al tendido en cada muletazo, su fuelle era mínimo, como una pompa de jabón, y la nobleza bobalicona que demostraba no fue suficiente para permitir una faena lucida. Muchos pases sin posibilidades de levantar algún clamor.
En esta temporada de tantas esperanzas, Castella es uno de los toreros más esperados. Cuando el toro no quiere ni el más valiente de los espadas es capaz de torear bien. El tercero fue devuelto no se sabe muy los motivos. Mitad por manso, mitad por flojo. El presidente sacó un sobrero feo, bizco del izquierdo y que desentonaba del conjunto de la corrida. Ese sobrero no mejoró el nivel del encierro. Dobló las manos y, aunque Curro Molina lidió de forma exquisita, el astado se apagó pronto en embestidas con la cara alta. Castella estuvo valiente, faltaría más; muy cerca de los pitones, como suele; destemplado, de forma sorprendente.
El desaliento llegó en el sexto. Castella se fue al centro, le brindó a la plaza, llamó desde el platillo y recetó sus clásicas espaldinas. Parecía que habría faena, pero el toro duró nada; en realidad, el toro no existió. Con perseverancia quiso sacar agua del toro de Zalduendo, pero no había más que barro.
Además de todo esto, se vivió el lujo de siempre. Se llenó la plaza con un ambiente por todo lo alto. Se guardó un minuto de silencio al final de paseíllo en memoria de Quini, escuchó música Alcalareño, había ganas de toros, el palco anduvo generoso y fue una corrida defraudante de principio a fin.
Diario
Metro. IGNACIO
DE COSSÍO. Sevilla ya sueña con Talavante
Mientras en la Maestranza asistíamos a una pésima corrida de Zalduendo, Talavante se consagraba en Madrid tras una faena escalofriante al último manso de El Puerto de San Lorenzo. ¿Pero qué sucedió en Sevilla para que ni Ponce ni Castella dieran una vuelta al ruedo? Pues muy sencillo que los toros se pararon desde el minuto cero. Esto es lo único que no debió ocurrir y ocurrió sin remediarlo nadie.
El honor de este glorioso día sevillano lo salvó uno de los nuestros llamado Manuel Jesús El Cid. Pero creánme ni El Cid con su portentosa diestra con dos series largas y profundas, al mejor de la tarde y también con algún natural suelto, nos libró de estupor de la tarde. Fernando Domecq Solís, nos regaló desde Moheda de Zalduendo una corrida infumable carente de clase y no menos de casta, pues muchos de sus toros renegaron de los caballos y más todavía del tesón del valenciano que a punto estuvo de ser abroncado por no abreviar en su última faena.
Pero vayamos por partes. Enrique Ponce al primero un toro tan escaso de movilidad como de clase lo torea como puede a media altura. Pincha en espadas siguiendo la tradición en este escenario. En el segundo de su lote, un manso de libro que se defiende pegando coces lo ahorma con doblones toreros por bajo. Enrique exprime, rasca y estruja al toro hasta sacar de él petróleo iraní. Dos circulares por la espalda arañan in extremis la embestida, casi suspiro casi agonía, del burel acobardado en tablas. El Cid no perdona y al toro de nombre Insulso que precisamente tuvo de todo menos el nombre que no le hizo justicia, le realiza una faena medida y acompasada desde el capote.
Por cierto Castella, más conservador en esta tarde que en otras anteriores, es precisamente con este toro de El Cid cuando realiza un tercio de quites por chicuelinas ajustadísimo hasta decir basta. Replica El Cid de manera aseada con delantales. Pronto llegan dos y tres series con la diestra muy ligadas e inacabables. El toro se viene abajo y el torero también. Reseño por último tres naturales de cartel que se unen a las anteriores de manera intermitente. Fin de la faena y oreja otorgada desde el cariño a un torero que debió cortar las dos. Con el quinto un toraco de pelo astracanado y escaso de casta nada que hacer salvo alagar el sentido brindis del torero al maestro Tejera en su jubilación. De Castella apuntar, repito, que estuvo demasiado conservador a pesar de los dos mulos que le tocaron en suerte. Con el primero bis, parado como el resto de sus hermanos y siempre echando la cara arriba, nos ofreció el de Beziers un recital de muletazos sueltos como insípidos que nada nos ayudó atisbar el fatal desenlace.
Finalmente llegó el último, coincidiendo con las noticias calientes desde Las Ventas. Talavante salía a hombros y el francés hizo oídos sordos. Madrid venció a Sevilla en el Domingo de Resurrección. Sebastián realizó dos pases cambiados por la espalda y bajó la guardia hasta nueva ocasión. Este toro como la tarde fue venido a menos y nada tuvo el próximo sábado no habrá excusas y tendrá a Talavante delante.
 
Las imágenes del festejo
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