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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 30 de abril de 2006
Corrida de toros

Derroche de coraje y valor ante los Miura
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Miura (encastados, con peligro; 2º devuelto por invalidez manifiesta; 5º, noble). 

Diestros: 

  • El Fundi. Media estocada caída (ovación); estocada entera en su sitio (oreja). En el 6º: pinchazo sin soltar, pinchazo que escupe, media en su sitio (saludos desde el tercio).
  • Juan José Padilla. Pinchazo que escupe, más de media estocada (ovación). Estocada entera (oreja).
  • Javier Valverde. Pinchazo que escupe, estocada entera en su sitio (oreja).
Incidencias: Javier Valverde resultó corneado en la pierna derecha al entrar a matar a su primero, tuvo que abandonar la lidia, fue operado en la enfermería e ingresado en centro hospitalario. Pronóstico reservado.

Tiempo: caluroso.

Entrada: hasta la bandera.

PresidenteJuan Murillo.

 

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, El País, Diario de Sevilla, ABC, La Razón, El Mundo.

 

LOS PROTAGONISTAS

El Fundi
El madrileño al terminar la corrida mostraba su satisfacción por el triunfo obtenido “No sólo yo, nos hemos jugado la vida los tres. Realmente en todas las corridas se la juega uno, pero en la de hoy más que nunca”. Así de contundente era El Fundi en sus declaraciones: “Venir a Sevilla supone estar entregado al cien por cien y ahora después de todo, estoy muy contento por cortar esa oreja. Creo que hemos dado otro pasito para adelante. La corrida ha salido de las legendarias, muy dura y había que comérsela y triunfar con ella”. Por último, al igual que Padilla, agradecía a la afición su entrega. “Este público tiene una sensibilidad especial y lo ha demostrado una vez más con nosotros”.
Juan José Padilla
El torero jerezano calificaba la tarde de “emotiva” en sus primeras declaraciones. “La tarde es de aficionados, de expectación, quizás no ha habido tandas redondas porque con este tipo de toros más que torear se defiende uno. Pero también se han visto cosas de torero por parte de los tres y muchísima entrega”. Juan José Padilla continuaba sus declaraciones señalando que “cortar tres orejas a esta corrida es por la gran disposición de todos. Valverde ha expuesto apostando mucho porque venía a farolillos y ganaba mucho. Fundi con toda su carrera no se ha dejado ganar la pelea nunca y se he entregado. Y yo tenía que ir a chiqueros a toda costa, estaba en el filo de la navaja y he ido a dejarme matar”. También Padilla tuvo palabras de agradecimiento para el gran público maestrante “Me voy muy contento porque a Sevilla hay que venir entregado y la plaza así lo ha reconocido. He estado a gusto con el quinto a pesar de sus características tan duras, porque no podemos olvidar la tauromaquia que hay que emplear. Le he puesto mucha ilusión y me he sentido”. 
Javier Valverde
El doctor Vila explicó la intervención realizada en la enfermería al diestro Javier Valverde. “Javier tenía una cornada cerrada en la cara anterior del muslo izquierdo, a consecuencia del varetazo que le dio el tercero, en la primera vez que lo volteó. Resulta que se le apreciaba una hernia muscular con un edema importante, con gran dolor y cuando hacia esfuerzo el músculo se ponía en tensión. Se le ha operado con anestesia epidural porque no tenía otro tratamiento”. Según el doctor, el torero quería salir a toda costa pero no podía ser “Tal vez, con un vendaje excesivamente apretado podría haber aguantado un par de minutos, pero hubiese resultado infructuoso. Se le ha puesto un pequeño drenaje después de limpiar toda la herida y si todo va bien en menos de una semana estará toreando”. 


Realiza: Emilio Trigo


Crónicas del Festejo


PortalTaurino
MANUEL VIERA El triunfo de la convicción

La emoción, legítima y acaso indispensable de esta Fiesta nuestra, la dieron esta tarde quienes mostraron un toreo donde el muletazo, más épico que artístico, provocaba el miedo más que el gozo. Y es que en el toreo, con todo lo auténtico, hay emoción.

El Fundi, Padilla y Valverde demostraron ser toreros de los pies a la cabeza. Por sinceridad y por ambición. Por el rigor de sus faenas. Por la capacidad de superación. Por rivalidad. Por su valerosa técnica y auténtica verdad. Fue el triunfo de la convicción, lo buscaron y lo consiguieron sin importales jugarse la vida en cada pase. No sé si esto será decir algo o no decir nada, pero los tres "jabatos" dieron lo mejor de sí mismo: el corazón en esencia.

Hoy la fantasía no interesaba, sí la emoción que provoca el valor, el peligro, el afán de ganar la particular batalla de El Fundi, Padilla y Valverde. Pocas tardes tan emotivas como esta para celebrar el triunfo sobre el peligro. La intensidad emocional conseguida con épicas faenas tuvo mucho que ver con la complicadas y peligrosas embestidas de los toros de Miura. Verdaderos tanques que arrollaban sin piedad a todo lo que encontraban en su camino. Toros más que cinqueños con casi setecientos 
kilos en su anatomía. Altos, largos, zancudos . feos como ellos solos. Mansos, aquerenciados, listos . Y con estos animalitos se entregaron sin piedad. El Fundi, Padilla y Valverde.

Se mire por donde se mire , lo ocurrido en la tarde de Miuras resultó sorprendente. Nada más salir el primero, grande, desgarbado, manso, complicado . tuvo que emplearse con toda sabiduría el diestro de Fuenlabrada. Primero con la capa, después durante un tercio de banderillas que compartió con el jerezano, y por último con la muleta, con la que El Fundí derrochó valor y demostró toda su sapiencia para doblegar a la fiera. Aguantó tarascadas, coladas y sobre todo las aviesas intenciones del miura. El Fundi incluso le trazó muletazos con la diestra, saliendo trompicado 
después tras la media estocada. Con la peligrosa fiera corrida en cuarto lugar quiso rizar el rizo. Y allá que se fue a la puerta de chiqueros para saludarlo. Impávido, durante la tensa espera, aguantó sin inmutarse el escalofriante desafío del morlaco parado en la primera raya de picadores. Lo citó, el toro hizo caso omiso al capote, y lo arrolló, como un tren arrolla todo lo encuentra a su paso. Lances vibrantes. Sobrado en banderillas. Y se permite después templar con la diestra la complicada embestida de la bestia. Quiere hacer lo mismo al natural, pero el toro se le para y le busca con mirada asesina. Se la juega sin cuento en un arrimón escalofriante y se 
cuelga de los pitones en la estocada para ganarle la oreja.

Al sexto, al que tuvo que lidiar y matar por cogida de Valverde, lo banderilleó desigual destacando en el segundo par. En la muleta no le pasó. Manso, el miura, y de embestida descompuesta y a la defensiva, se marchó al abrigo de las tablas a la puerta de chiqueros.

No fue menos Padilla con el quinto, que también se fue a toriles y allí se clavó de hinojos para aguantar la salida del bicho. Larga cambiada y vibrante lancear en los terrenos de chiqueros. Fácil y seguro en banderillas con un emotivo tercer par al violín. Espectacular comienzo de faena sentado en el estribo. Muletazos de rodillas, y ya en los medios intenta mandar en la más noble de las embestidas miureñas. El toro que no humilla y Padilla que se bate con la derecha y con la izquierda para arrancarle la oreja que tras la estocada le fue concedida. Con el manso segundo batalló todo lo que pudo para sacarle un sólo pase.

Valiente como nadie es este salmantino de nombre Javier y apellido Valverde. Se queda quieto con un valor desmedido. Se quedó con el complicado tercero para dibujarle unos templados lances de recibo. Y se quedó muy quieto en los medios para citar y trazar tandas de muletazos con la derecha y con la izquierda sin dejar que el manso toro emprendiera el camino de las tablas. Se entregó en la estocada. Le cogió el miura, lo buscó en la tierra, y le infirió una cornada envainada en el muslo que le impidió después continuar la lidia. La oreja, de ley.


El País. ANTONIO LORCA.  Tres auténticas figuras del toreo 

Si los toros de Miura gozan de un prestigio que traspasa fronteras, no se entiende que los toreros especialistas en este hierro no sean considerados auténticas figuras y gocen del reconocimiento de todos. Porque ni El Fundi, ni Padilla, ni Valverde tienen la autoridad que les corresponde por su heroísmo. Estos tres hombres se comportaron ayer como figurones del toreo, y se jugaron limpiamente la vida ante seis ejemplares cinqueños, por encima todos de los 600 kilos, y con las aviesas intenciones del animal fiero y poderoso que los ha hecho famosos. Honor y gloria para estos tres toreros con mayúsculas que ayer escribieron una página histórica. Honor y gloria para quienes protagonizaron una inolvidable tarde de toros.

Qué momento más impresionante cuando El Fundi se plantó de rodillas en toriles para recibir al cuarto de la tarde. Qué silencio de respeto de la Maestranza. Por tres veces se frenó el toro antes de llegar a la jurisdicción de torero. Dobló las manos, descolocó al madrileño, lo arrolló y volteó sin consecuencias. Se levantó el torero como un rayo y lo lanceó a la verónica con un arrojo extraordinario.

A chiqueros se marchó también Padilla para recibir al quinto con una larga cambiada de rodillas y verónicas encendidas de pasión.

Qué valor el de Valverde en el primero de su lote, el único que mató, al que lanceó con gusto a la verónica y resultó prendido y herido en un quite por tafalleras. Sin mirarse el vestido le presentó pelea con la muleta con una decisión inaudita y lo mató volcándose encima del morrillo y saliendo volteado nuevamente.

La pelea de El Fundi con el cuarto fue de héroe. Es un maestro de la técnica, conoce a estos toros como nadie y los lidia con aparente facilidad. También recibió una voltereta a la hora de matar sin consecuencias. Habilísimo estuvo con el áspero primero, una alimaña que embestía a oleadas, al que lidió con autoridad.Se deshizo, finalmente, del sexto, el más deslucido de todos.

Padilla tuvo un comportamiento de figura. Le ganó la partida al bronco segundo, que también llegó a prenderlo, y toreó muy bien al quinto, el más templado de la tarde.

Ninguno de los tres son unos exquisitos del arte, pero ni falta que les hace a estos tres héroes, que ayer recibieron el respeto de una sobrecogida afición.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO.  'Miuras' de antaño para gladiadores de hoy

–¡Estos tíos están locos!; soltó un espectador cercano.

No son locos; pero ciertamente lo parecían. Parecían atravesar alguna enfermedad con síntomas de inclinación al suicidio. De lo contrario no se entiende como El Fundi, a punto de superar una década como matador de toros: Padilla que ya la ha superado y Javier Valverde, con un lustro de doctorado, se jugaron la vida de una manera épica ante unos miuras que hicieron honor a su leyenda de peligrosidad.

El público, enardecido, no paró de ovacionarles a cada paso. Y los tres toreros triunfaron en un escenario, la Maestranza, que por momentos parecía la arena de un coliseo romano en el que tres gladiadores, se crecían, lidiaban y estoqueaban a unas fieras que vendieron muy caras sus vidas. Cada uno cortó una oreja. Trofeos ganados a ley.

Los miuras eran imponentes, con un par de espadas en lugar astas y un volumen tremendo –en peso oscilaron entre los 670 kilos del primer ejemplar hasta los 601 del tercero, que apenas aparentaban, fieles a su morfología alta y agalgada. En su juego, la mayoría ágiles de cuello, desarrollaron sentido. En fin, vendieron muy caras sus vidas, con varias cogidas que pudieron acabar en tragedias. En una de esas cogidas, el tercer toro hirió en el muslo izquierdo a Javier Valverde.

El salmantino Javier Valverde, con menos bagaje que sus compañeros en estas lides, no sólo no se arredró, sino que calentó a sus contrincantes. El toro, peligroso, midió mucho en banderillas. Valverde, muy dispuesto, marcó un lance por tafalleras, quedando al descubierto. Su error lo pagó con una cornada en el muslo izquierdo que, afortunadamente, no fue muy profunda. El torero, con firmeza, continuó la lidia. Voluntarioso, con un mérito extraordinario, se fajó con el peligroso animal. No conforme con ello, cuando llegó la suerte suprema, gritó:

–¡Míralo, está muerto!. Y como un rayo se tiró a matar de manera casi suicida. El diestro salió lanzado por los aires, entre tanto el toro, con un espadazo arriba, cayó casi de inmediato. Sin duda, por un valor sin tachadura alguna, ganó la primera oreja de la tarde. Pasó luego a la enfermería y no pudo matar su otro toro. 

El Fundi compartió banderillas con Padilla ante el primer toro, clavando ambos con facilidad. Con la muleta, el de Fuenlabrada, peleón, se justificó con un animalito de 670 kilos. Zapatero transmutó su talante inicial en el capote por falta de entrega en banderillas; con la boca cerrada. acabó lanzando hachazos por doquier hasta rajarse y acabar en tablas, acobardado y echándose. Lo mejor de El Fundi fue la seguridad en un trasteo sobrio y eficaz, como con sobriedad toreó a la verónica en los lances de recibo.

El cuarto toro se paró de salida y en la muleta no tragó jamás más de un par de pases. El Fundi lo recibió a portagayola. Hubo una espera de unos segundos que se hicieron horas, ya que el toro salió andando y midió antes de acudir a un torero que, como un kamikaze, insistió de manera casi suicida, quedándose a merced de la fiera, que le perdonó la vida cuando lo tenía debajo de sus pitones. Lanceó de pie a la verónica –con una zapatilla menos, que perdió en la refriega– con el público emocionado y coreando oles. El torero estuvo bien en banderillas, clavando un tercer par en la misma cara. En la muleta se justificó sobradamente en una faena larga, en la que se evidenció el peligro del miura. El toro, que siempre le buscó tras la muleta, le esperó en la suerte suprema. El Fundi entró en corto y por derecho y el toro le atrapó, aunque el torero se pudo zafar y enterrar el acero para que la fiera rodara de inmediato y le premiaran con una oreja.

Al sexto lo estoqueó El Fundi, por su compañero Javier Valverde, herido. El madrileño volvió a estar a la altura de las circunstancias. Toro con tendencia a tablas, que esperó mucho y lanzó tornillazos por doquier. El diestro destacó en un par a la moviola en banderillas y cumplió en un trasteo decidido.

Juan José Padilla, vestido con un curioso terno malva y oro y tocado con una montera de la época de Paquiro, estuvo más espectacular que ajustado en banderillas. En su primer oponente, muy centrado en la muleta, robó como pudo pases por ambos pitones a un toro con gran agilidad de cuello y que por el pitón derecho estuvo a punto de cortarle la yugular en un hachazo.

Ante el quinto salió a por todas. Larga de rodillas a portagayola arriesgadísima, tercio de banderillas muy espectacular, con un tercer par al violín que hizo estallar una ovación de órdago. Y una primera tanda con la diestra de rodillas que asustó al miedo, iniciada en el estribo. Luego, faena en la que el jerezano se esforzó lo suyo con un toro mirón, que embestía a media altura. Labor aclamada por del público, que pidió mayoritariamente la oreja.

La tarde, épica, se recordará porque tres toreros en mayúsculas se jugaron la vida, como auténticos gladiadores, ante unos miuras que hicieron honor a su leyenda de peligrosidad. 


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Épica torera en la batalla de los miuras
La batalla de los miuras encogió el corazón de la Maestranza. La batalla épica que sostuvieron los toreros. La montera decimonónica de Juan José Padilla presagió la lucha antigua. La vieja lidia. Ni El Fundi ni Javier Valverde se vistieron de El Espartero y se comportaron como tal. No hacía falta. Escribieron hazañas bélicas. Ninguno de los dos escapó de las astas miureñas. Los dos a la hora de matar. Matar o morir. Valverde ya voló por los aires en un quite por tafalleras. Lo había cantado el toro por el pitón derecho. Pero tragó y cobró. Siguió embravecido. Un poco cabezón al empeñarse en continuar la faena de muleta por ese lado. El miedo se respiraba. Casi se mascaba. No se arredró nunca el valiente salmantino. Acortó distancias. Se tiró a matar pero pinchó. Después de tanto esfuerzo no se me puede ir esto, se dijo para sí. Y se volcó sobre los pitones enterrando el acero arriba. Terrible la voltereta. Dramática la caída.Revuelo de capotes, y Javier Valverde intacto. O al menos eso parecía. La oreja fue de irrefutable contenido. La Fiesta es así. O era así. Como la guerra. Dura y cruenta. A veces se olvida con tanta dulzura. Valverde se metió en la enfermería y no regresó: llevaba una cornada envainada, quizá desde la primera cogida. Y ahí aguantó.

El Fundi también protagonizó un terrorífico episodio. También a la hora de matar. Matar o morir. El suyo fue todavía más violento, como un brutal puñetazo al pecho que lo tiró de espaldas. Como si lo hubiera atravesado. Hasta que no se levantó nadie apostábamos por El Fundi. Por su integridad física. La gente se enardeció de pañuelos, como se había enardecido cuando a portagayola se le frenó el miura, y El Fundi que no se rajaba, que no se incorporaba. Hasta que metió la cara el toro y... patinó, resbaló. Casi lo aplasta. Fundi reaccionó. Fueron segundos eternos. Continuó a la verónica como si tal cosa, con aquella bestia ensillada y enmorrillada con el balón del Mundial de Alemania. Facultades y facultades para ganarle la cara con los palos al de Miura. Muchos pies. Y mucha guasa. Una tanda de derechazos tardó en enterarse. Después ya todo rozó la tragedia.

Había aparecido el primer miura como un acorazado, con sus casi 700 kilos y un metro de pitón a pitón. Imponente mole. Fue el de más cara de toda la miurada. Un cuadro. Recuperó fuelle después de perder las manos varias veces. El piso de plaza acusaba la corrida matinal de rejones. La recuperación del miureño se produjo en banderillas, en collera Fundi y Padilla. Y después vino el lío. Las embestidas rebañando. Cada vez con más sentido. Valentísimo el torero, curtido en miles de combates a sangre y fuego. También se hizo cargo del sexto. Otro que no bajó de los 600 kilos. Ninguno lo hizo. Manseó lo suyo y se rajó. Nunca a lo tonto. Cubrió el expediente el héroe de Fuenlabrada.

Padilla no perdió comba y también se marchó a portagayola con el quinto. Otro atragantón. La corrida no era apta para cardíacos. La faena fue relativamente tranquila. Como el toro, que se desplazó noblote y sin humillar. Le cortó otra oreja con el gentío ya embarcado en la nave de la emotividad. La pelea fuerte la sufrió con el sobrero segundo bis, también de Zahariche. Encajó cabezazos por doquier. El paseíllo sin liar, la montera de El Espartero, las patillas, un traje a mitad de camino entre el siglo XIX y el XXII quedaron atrás entre el oficio muletero y la entrega banderillera. Pero son difíciles de olvidar.


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Orejas de fuego y Valverde al hule

Los miuras, ayer en La Maestranza, estuvieron a punto de resucitar su vieja leyenda de terror. Los tres diestros las pasaron putas y Valverde acabó en la enfermería. Vivimos, y morimos, de leyendas. Los miuras forman parte de ese mito que alimenta la Tauromaquia. La leyenda se viene cuarteando hace tiempo aunque tardes como la de ayer, y pese a la blandura de remos de algunos toros, amenace con recobrar su historia.

Puede que al vestirse a la vieja usanza Padilla quisiera rememorar viejas historias; y algo de eso hubo, sobre todo en el quinto, en el que el torero jerezano puso toda la carne en el asador y se llevó una oreja. Al igual que las lidias anteriores de Valverde y Fundi, la labor de Padilla fue un toma y daca a caraperro.Se fue a toriles, a portagayola; se lió a verónicas contundentes que hicieron crujir al animal. Tras brindar al público inició la faena de rodillas y, ya de pie, incluso llegó a correr la mano en algunos muletazos.

El Fundi derrochó oficio de lidiador: alma de torero y corazón de gladiador. Su primero blandeaba de remos, lo cual apenas disminuyó el peligro. El segundo por poco le parte la madre al recibirlo a portagayola y al matarlo de una certera estocada: voluntad de hierro para sobreponerse a los revolcones. El sexto, que mató por Valverde, tenía los pitones destrozados, como si se los hubiesen cortado a hachazos. Fundi volvió a estar eficaz y lidiador.

Los miuras tienen divisa verde y grana en todas las plazas de esta piel de toro, que son el foco volcánico donde liberamos muchos de nuestros rencores y violencias. Alguien escribió, don Jacinto Benavente me parece, que, de no matar toros en los ruedos, seguiríamos tostando herejes en la plaza pública. Algo queda en este país irritante y convulso de ese afán inquisitorial; por los campos de España, taurina o antitaurina, sigue vagando la sombra errante de Caín.

La divisa verde y grana de los miuras, bonitas cintas que ya no se prenden en La Maestranza, en Madrid es verde y negra por culpa, supongo, del toro que mató a El Espartero. La primera vez que oí hablar, con más asombro que miedo, de estos toros fue de niño: un miura había matado a Manolete: Islero. Mucho después conocí lo de El Espartero, su fama de valiente y las coplas que lo enaltecían. Y más después leí que el ganadero, el gran patriarca de la finca de Zahariche, lloró de amarga incredulidad cuando le dijeron que Belmonte le había cogido el pitón a uno de sus toros. Ayer, al sexto no es que le hubieran tocado los cuernos; se los habían volado hasta la ceja.

Yo no quiero que los miuras maten a un torero, ni siquiera que lo corneen y puedo prescindir perfectamente de su leyenda negra; pero me gustaría que desmoches como el del sexto y la flojera de algunos otros no ocurriesen. Para ablandar a los toros y someterlos están los toreros machos como Fundi, Padilla y Javier Valverde.Justo cuando estaba recordando estas turbulentas historias, con dos ojos en el toro y la mente en los viejos tiempos, el tercer miura se echó a los lomos a Javier Valverde en un quite por tafalleras en el que el diestro se quedó incautamente al descubierto; luego, el taimado animal lo recogió del suelo y lo volteó de forma espeluznante.A Javier Valverde se le mudó la color, pero no perdió el ánimo.El miura, sin descubrir nunca su intención, miraba a Valverde, lo medía, calculaba por dónde podía romper su fortaleza.

Valverde estuvo hecho un jabato, arriesgando continuamente el pellejo. Tanto arriesgó que, al irse tras la espada como un kamikaze, fue cogido. Esa fue la tónica de la tarde para los tres toreros.Dos de ellos, El Fundi y Padilla, salieron por su propio pie; el otro, Valverde, salió por la enfermería. Tres valientes.


Javier Valverde, en un momento de peligro con el único toro que estoqueóLa Razón. JUAN POSADADerroche de coraje y valor ante los Miura

Tarde de Miura en la Feria de Abril y cierre de la llamada Semana de Farolillos. No hubo lugar para el aburrimiento en La Maestranza, los complicados toros de Miura no lo permitieron. Los tres toreros mostraron mucha disposición y no se arrugaron ante las adversidades que presentaron los animales.

El Fundi anduvo firme y seguro con un toro de 670 kilos de aceptable son de salida ante el capote, pero que sacó muchas complicaciones. Con él, el diestro de Madrid mostró buenas maneras con el toreo de capa y alcanzó una faena meritoria en el centro del ruedo, aguantando las medias arrancadas y al paso por el pitón derecho. Pudo sacarle algún natural estimable, siempre con sensación de peligro.

Aguante. Heroico estuvo ante el cuarto de la tarde. Se fue a portagayola y aguantó la tardanza y los parones del miura. Lo esperó y fue arrollado en una embestida corta. Se repuso pronto y cuajó excelentes verónicas en medio de una gran ovación. Se la volvió a jugar en la faena de muleta en tandas muy meritorias sobre ambas manos con un toro difícil, corto de embestida, que le puso los pitones en el pecho sin que se viniera abajo el diestro. Rubricó con una gran estocada de la que salió prendido de mala manera. Oreja de ley por su esfuerzo y torería.

Tuvo que matar al sexto mientras operaban a Valverde en la enfermería de una cornada envainada. De nuevo, dispuesto en una faena vibrante a un toro complicado que embistió dando cabezazos y sin dejar estar a gusto en ningún momento al torero, como ya había sucedido con sus hermanos de camada durante toda la tarde. Su decisión fue reconocida con una fuerte ovación.

Juan José Padilla, que vistió un terno parecido a los de finales del siglo XIX, estuvo muy centrado con las dificultades de su primer oponente, al que realizó faena primero sobre la diestra y luego con tandas sobre la mano izquierda, en las que gustó su buena técnica ante este tipo de toros. El animal, de recorrido corto y que además cabeceó con brusquedad, tanto que en uno de los muletazos llegó a prenderlo por la axila.

Pero la tarde iba de infarto y Padilla se fue a portagayola a recibir al segundo de su lote. Salió airoso del encuentro y se lució en vibrantes verónicas, que siguieron al complicado recibimiento del toro. Se lució en banderillas, de nuevo, y construyó una faena con oficio y torería. Siempre por encima de las condiciones de su toro. Lo cierto es que convenció.

Javier Valverde llegó muy dispuesto a esta cita comprometida con la afición de Sevilla. Tan motivado estuvo que se llevó dos tremendas volteretas, una en un quite, lucido, por tafalleras y otra cuando se entregó a la hora de matar a su enemigo. El torero se gustó en los lances de recibo y en el quite que realizó para trenzar una faena llena de decisión y valentía. Muletazos meritorios y de buen son, tanto en los derechazos como en los naturales con un toro que no le dio ninguna facilidad y que anduvo falto de raza. Tras la muerte de su enemigo, pasó a la enfermería y fue operado de una cornada cerrada en el muslo izquierdo de pronóstico reservado.

 

 

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