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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del sábado, 29 de abril de 2006
Corrida de toros

Foto de MILLÁN HERCE Espectacular volatín del primer toro de Miguel Abellán. ABC

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Cinco de Valdefresno (correctamente presentados, de diferente juego, descastados en general; manso el 1º; el 5º fue devuelto a corrales por debilidad; los mejores, 2º, 3º y 6º) y uno, 5º-bis, de El Serrano (pitado en el arrastre).

Diestros: 

  • Miguel AbellánMunicipal y descabello (palmas); estocada entera, tres descabellos (palmas).
  • Antonio Barrera. Pinchazo y estocada caída (vuelta al ruedo); más de media estocada caída (silencio).
  • Luis Bolívar. Pinchazo sin soltar, dos descabellos, aviso, descabello (palmas); media estocada atravesada, dos descabellos (silencio).
Picador destado: Ismael Halcón, de la cuadrilla de Luis Bolívar, el el 3º. Saludó con el castoreño, le tocó la música. 

Banderilleo que saludó: Vicente Yangue Chano, de la cuadrilla de Abellán, en el 1º.

Tiempo: soleado.

Entrada: casi lleno.

PresidenteGabriel Fernández Rey.


Crónicas de la prensa: PortalTaurino, El País, Marc LAVIE, Diario de Sevilla, ABC, La Razón, El Mundo.

 

LOS PROTAGONISTAS

Miguel Abellán
El diestro madrileño calificaba de decepcionante el debut ganadero de Valdefresno en Sevilla. “La corrida ha sido una decepción para todo el mundo. Ha habido pocas opciones para el triunfo y ha sido una pena. Creo que los ganaderos han traído una corrida entripada y con muchas hechuras s de embestir pero no ha salido así”. Abellán lamentaba haber pechado con el peor lote. “Mis toros, de los malos los peores, el primero rajado y el segundo ha sido un toro con mucha clase, con muy buen son pero sin nada dentro, sin fondo alguno y así es imposible”. El torero destacó la realización de la suerte suprema en el cuarto. “Lo he matado bien , despacito, he entrado a matar bien y he cobrado una buena estocada”.
Antonio Barrera
El sevillano se mostró contento pero a su vez algo apenado por no haber podido redondear su faena con la espada en el segundo de la tarde. “Da mucha rabia, porque me hace mucha falta un triunfo en una plaza con la importancia de Sevilla. Es cierto que le he podido pegar veinte muletazos muy a gusto y sintiéndome con la Maestranza entregada. En fin, la pena que se me ha atravesado la espada”. Barrera definía así su labor en el primero de su lote: “Me llevo la satisfacción de que los buenos aficionados han sabido valorar mi esfuerzo. La faena ha sido muy medida, intentando hacer las cosas bien desde el principio, porque el toro siempre ha tendido a rajarse.” El diestro continuaba valorando su actuación comentando que “le ha dado los espacios y los tiempos necesarios y al final me ha hecho con la embestida del toro. Pienso que ha sido bien construida y que no era fácil, pero debía haberlo matado a la primera”. Sobre el quinto, lidiado como sobrero declaró que “era muy bruto y tenía sentido, un toro muy complicado que pasaba por allí y parecía que no tuviera maldad, pero la verdad que la llevaba en sus embestidas”.
Luis Bolívar
El jovén torero que cerraba cartel afrimó que “creo que todo el mundo ha podido ver que mis toros no me han dado opciones de ningún tipo. Le hemos ayudado todo lo que hemos podido pero el esfuerzo ha sido en vano”. De esta forma analizaba el colombiano su tarde en Sevilla.”He puesto todo de mi parte pero cuando el ganado no colabora, no se puede hacer más. Siempre he querido y en todo momento porque es mi obligación y aquí hay que venir a triunfar como sea. Desafortunadamente la cosa no ha acompañado para hacer realidad el sueño del triunfo pero creo que he dado la cara y eso es importante”. Para terminar el colombiano comentó que “al igual que mis compañeros me esperaba otra cosa de la corrida”.

 


Realiza: Emilio Trigo


Crónicas del Festejo

Diario de Sevilla. LUIS NIETO.  Barrera roza el triunfo

La tarde, preciosa y primaveral. Sol. Los tendidos, a reventar. Algún que otro político se dejó asomar, como Mariano Rajoy en una barrera. Jaime de Marichalar en un burladero del callejón...

–Oiga, disculpe. A mí me habla de toros.

–Usted perdone. Es que hubo tan poco.

Para que se haga una idea, y no precisamente aproximada, le diré que en tiempos en los que se ha prohibido el tabaco en este país nos fumamos una infumable corrida de Valdefresno, fea de hechuras y más mansa que las vacas lecheras que anuncia cierta marca de chocolates.

–¿Y de los toreros?

–Pues mire, únicamente el sevillano Antonio Barrera, con el toro más potable, consiguió pergeñar una faena bastante entonada que no rubricó adecuadamente con la tizona. Miguel Abellán y Luis Bolívar estuvieron voluntariosos. También hubo cosas sueltas por parte de la caballería y de la infantería que fueron muy ovacionadas. Como un par de El Chano al primer toro o un puyazo de Ismael Alcón al cuarto, con música incluida.

Antonio Barrera, en esa faena en la que rozó el premio de un trofeo, se las vio con un animal manso, que en la muleta metió bien la cara. ¿El secreto para esa buena faena?... Torear en los medios y empapar de muleta al animal en los momentos clave. Comenzó muy toreramente, alargando las embestidas. En el platillo, con la muleta en la diestra, ligó en una primera serie que calentó al personal. La segunda fue más corta, aunque con muletazos muy largos. Envuelto ya en los sones de un pasodoble, embebió al animal en otra tanda. Con la izquierda brilló en algunos naturales sueltos de bella factura, con el toro empecinado en buscar las tablas. Un pase de desprecio, garboso, abrochó todo aquello, que tuvo como epílogo definitivo unas ajustadas manoletinas. Barrera pinchó en lo alto y se esfumó posiblemente un trofeo que quedó en vuelta al ruedo tras una estocada al encuentro casi entera y desprendida. 

Su segundo se derrengó en los primeros compases de la lidia y como sobrero saltó un toro de El Serrano, manso, topón, con más peligro por el pitón izquierdo, con el que Barrera estuvo porfión en busca de un lucimiento que resultaba imposible.

Miguel Abellán, que abría cartel, no pasó de correcto con un mal lote. Con el manso que abrió plaza no estuvo precisamente muy templado. Ante el cuarto, manso, pero noblón en la muleta, trabajó de lo lindo en una labor muy extensa y sin chispa. Mal en el manejo de los aceros.

Luis Bolívar, al igual que sus compañeros, machacó y machacó en una tarde sin toros para el lucimiento. 

Al tercer astado, Bolívar le robó una tanda interesante con la diestra y poco más. En este toro se dio la circunstancia de que, aunque había manseado de salida y buscado tablas, el diestro colombiano lo colocó de largo en el caballo. Al animal le costó acudir. Lo hizo desde unos veinte metros e Ismael Alcón se agarró muy bien en un puyazo que supuso una convulsión para el público, que le tributó una ovación estruendosa, con la música de fondo. Fue el instante emocional más potente de la feria en el tercio de varas. La mayoría del público no tuvo en cuenta las condiciones del ejemplar de Valdefresno y se volvieron locos. Pensarían que aquello era la mayor explosión de bravura vivida en una plaza de toros. Pero al toro, que acudió luego en banderillas dando hachazos, que se refugió en tablas, escarbó constantemente y en la muleta se rajó, se le trató con deferencia de bravo. Incluso algunos llegaron a aplaudirlo en el arrastre.

El sexto también buscó tablas en el tramo final de la lidia y Bolívar, que cambió de terrenos –primero los medios y luego lo cerró en las rayas–, se perdió en una labor desigual, en la que junto a algunos muletazos limpios se sucedieron enganchones e incluso un desarme. Tampoco estuvo muy fino con los aceros en su lote. 


PortalTaurinoMANUEL VIERAAburrimiento, sin más

Haciendo balance, lo mejor con diferencia de la soporífera tarde de toros ha sido el sensacional tercio de varas que ejecutó Ismael Halcón, de la cuadrilla de Luis Bolívar, al toro de Valdefresno corrido en tercer lugar. Auténtico toreo a caballo el del gran varilarguero que dio toda una lección de buen caballista y mejor picador. Y es que cuando esta bella suerte se realiza con la ortodoxia de la perfección trasmite igual o más emoción que cualquier otra.

Ya digo, lo mejor, porque todo lo demás que se hizo durante la pesada y aburrida tarde tuvo poca importancia y fue insustancial. Algo tuvo que ver con esto la descastada y mansa, floja y sosa, aunque noble, corrida de Valdefresno. Tan noble, que los tres diestros se pasaron de metraje dando pases y pases -más para ellos que para el público que llenaba la plaza- Anodino y cansino, trivial o banal tanto trazo dibujado sin una pizca de emoción.

Sólo Antonio Barrera supo y pudo aprovechar la calidad de las embestidas del manso segundo. El sevillano, muy técnico y con interesante toreo, planteó una faena con todas las posibilidades de agradar que le permitía el noble animal. Mandó en su embestida ofreciéndole el engaño muy adelantado para así taparle las posibles huidas hacia las tablas. Barrera consiguió tandas de muletazos diestros, templados e hilvanados, para superarse en dos naturales de manos baja con mejor firma. La faena, muy correcta y técnicamente impecable, le faltó quizá algo de ritmo. No obstante, si Antonio Barrera acierta a meter la espada hubiese conseguido mejor premio que la ovacionada vuelta a ruedo. Otra cosa fue lo hecho al descastado 
quinto, un sobrero de El Serrano sustituto del titular devuelto por falta de fuerzas. Barrera inició faena con un esperanzador toreo genuflexo para llevar a la fiera lejos de querencias, y en los medios se esforzó por conseguir algo emotivo. No pudo ser, demasiados enganchones, algún que otro desarme y vanos intentos por agradar. Con media estocada mandó al toro al desolladero.

Todo lo demás fue baladí. Ni Miguel Abellán, ni el colombiano Bolívar consiguieron librar a tanta gente de la pesadez de la tarde. El madrileño sólo consiguió trazar sueltos muletazos en terrenos de chiqueros al manso primero. Trasteo largo y aburrido por los muchos intentos y el escaso resultado conseguido. Y para colmó, atravesó al toro con un mal espadazo. El mismo guión tuvo la lidia del cuarto. Abellán, que poco se lució con la capa, tampoco lo hizo con la muleta. Aprovechó los viajes del descastado animal para dibujar a derechas algún que otro pase templado y rematado. Todo bajo el sopor de una gente que empezó a marcharse durante los primeros tercios de la lidia al sexto. Esta vez, Abellán, dejó el estoque en lo alto.

Se presentaba esta tarde en esta plaza cómo matador de toros Luis Bolívar, y no dejó más recuerdos que el de sus interés por demostrar sus formas. El noble y manso tercero le duró muy poco. En el inicio del trasteo se le marchó para tablas. Y a partir de ahí voluntad, mucha voluntad y poco acople. Con el sexto las pretensiones fueron las mismas, pero el resultado aún más banal. Acudió el noble animal a la cita del engaño en una primera tanda ligada pero demasiado despegada. Otra en parecidas circunstancias y con igual resultado. Lo mismo al natural, que fue largo pero sin ajuste. Lo dicho, tarde de nobles y mansos toros y de toreros a medio gas. 

Aburrimiento, sin más.


El País. ANTONIO LORCA.  Emocionante tercio de varas

La faena de la tarde, valiente, conjuntada y maciza, la protagonizó Antonio Barrera en el segundo, un manso al que enseñó a embestir, pero el momento de más intensidad se vivió en el tercio de varas del tercero, cuando el picador Ismael Alcón se encontró con un manso que desarrolló genio en el primer encuentro y derribó al caballo. Sin una explicación lógica, colocaron al toro en los medios, muy cerca de la boca de riego, y allá lejos, en la primera raya del tercio, se engrandeció un torero a caballo que dictó una lección magistral; manejó la montura con conocimiento, se dejó ver, llamó al toro levantando la vara y elevándose él mismo sobre los estribos. Consiguió atraer la atención del animal, y, sobre todo, que embistiera largo, a galope, hacia el caballo. Le echó la vara como mandan los cánones y clavó la puya en todo lo alto del morrillo. Sólo fue un picotazo, en atención a la falta de fuerzas del toro, pero el espectáculo del denostado tercio de varas había brillado en todo su esplendor gracias a un torero tocado con un castoreño. La plaza estalló en una cerrada ovación y el picador se vio obligado a saludar.

No es fácil asistir al tercio de varas en toda su grandeza. De ahí la importancia de lo visto ayer, aunque el hecho se produjera por un error del matador, que posibilitó el triunfo de un subalterno con un manso con el que no pudo lucir el propio Luis Bolívar.

Pero la faena de la tarde corrió a cargo de Antonio Barrera en su primero, un manso como todos los demás y muy distraído, ante el que se plantó en los medios, firme y seguro, para encelar la embestida, correr la mano con maestría y enseñar al toro el camino correcto. El animal aceptó el dominio del torero y permitió tandas de redondos magistralmente ejecutados, ceñidos, largos y perfectamente ligados con el de pecho. Siguió después con naturales muy sentidos, gustándose de verdad el torero en una brega inteligente y muy valiente. Cerró la faena con unas emocionantes manoletinas, las primeras que se ven en la feria, y pinchó en todo lo alto antes de cobrar una estocada baja. La labor de Barrera no fue suficientemente valorada por el público feriante, pero quedó constancia de la madurez artística de un torero que se jugó el tipo y acertó con un planteamiento de faena cuajado de sapiencia.

No pudo confirmar su tarde en el quinto, un sobrero de El Serrano, manso, muy bronco y deslucido, con el que se peleó bravamente, sin más recompensa que la del deber cumplido.

Acabaron así los momentos intensos del sábado de feria. Todo lo demás fue largo y tedioso. A Miguel Abellán, por ejemplo, le tocó el peor lote de la muy descastada corrida de Valdefresno, y mostró tan buena disposición como un incontenible sentido de la pesadez. Hay toreros con una acertada medida del tiempo, y los hay pesados, como ayer Abellán, en sus dos toros. Descastados, mansos y con tendencia a la huida fueron los dos, y el torero insistía una y otra vez como si nadie hubiera captado los defectos de sus oponentes y su buena voluntad. Y así dos faenas largas e insufribles. Quede claro, pues: Miguel Abellán estuvo voluntarioso, pero que muy voluntarioso...

Y Bolívar se equivocó, aunque sus toros tampoco merecieron nota. Erró con su manso primero, el del buen tercio de varas, al que se empeñó en torear en tablas y no se acopló en ningún momento. Mal planteamiento y mala colocación casi siempre del torero. Y tampoco acertó con el sexto, de la misma calaña, en el que su labor resultó desvaída, deshilvanada y muy movida.


MILLÁN HERCE Espectacular volatín del primer toro de Miguel AbellánABC. ZABALA DE LA SERNA. Antonio Barrera alivió la aridez

Decimocuarta corrida de feria. Decimocuarta crónica consecutiva. Pesa cuando las tardes se hacen áridas. La corrida de Valdefresno fue mansota y fácil. Sin más problemas que algunos toros rajados en extremo. Uno o dos. Pero sólo Antonio Barrera estuvo en son. Lástima que pinchase una faena templada y ajustada. Sin altibajos. Buen toro también. Barrera toreó reunido. Enganchó las embestidas con pulso, sereno y asentado. Se dobló por bajo, se enderezó sobre la mano derecha y construyó series de armonía y limpio trazo. Conjuntadas. Faltó, quizá, un muletazo más por tanda para hervir el ambiente, que se calentó a fuego lento.

La zurda surgió un tanto tardía, ya con el toro venciéndose hacia tablas. Mas contuvo su aquél. Las manoletinas remataron al alza la cosa. La oreja asomaba bajo el pitón. Hasta que un pinchazo la deshizo en una vuelta al ruedo. Marcó la diferencia con la corrida el sobrero de El Serrano que sumó cuarto tras la devolución del titular. Fue áspero y violento, muy agarrado al piso, sobre todo cuando había que obligarlo en los pases de pecho. Antonio Barrera se atascó en dos desarmes. Quiso. Aunque no siempre querer es poder.

El otro toro de la tarde fue el sexto. El otro junto al segundo, primero de Barrera. No halló, sin embargo, torero. Luis Bolívar ni está ni se le espera. Pretende torear con un hueco excesivo. Abre demasiado las embestidas, las despega. Y encima se deja mucho ver. Bolívar en nada se parece al novillero que apuntaba alto. A pesar de que alegró el cotarro con una larga cambiada y un ilusionante principio de obra. Pero la obra se le cayó a plomo de las manos. No hay entente entre su cuerpo y el toro. Ni entre su cuerpo y las excesivas voces que salen del mismo. Y probablemente tampoco entre el corazón y la mente.

Gran puyazo

Lo mejor de su actuación estuvo en su cuadrilla. Concretamente en un picador, que los de a pie dieron un sainete. Ismael Halcón lo bordó a caballo. Especialmente en un segundo puyazo con el toro colocado en largo. Montó soberanamente y tiró el palo por delante. Provocó la arrancada y las ovaciones luego. Tantas que se destocó del castoreño. No era para menos. Metió la cuerdas en todo lo alto. Ni delantera ni trasera la vara. En su sitio. Una gozada. Lástima de suerte, tan denostada habitualmente. El toro no dio mucho de sí. Ya lo había apuntado escarbando mucho. Y se rajó pronto y volvió grupas. Era el tercero y todavía había esperanzas para Luis Bolívar, que ya entonces se pasó de gritar. Demasiado.

No se sabe qué hilo común une el toreo de Bolívar con el de Miguel Abellán. O viceversa. Su colocación y embroque se imitan o se asemejan muchísimo.Y su forma de embarcar un tanto tumbados. Abellán se topó con un primer toro franco y abanto que se pegó un espectacular volatín cuan largo era. Y es que la corrida de Valdefresno fue larga tela. Y alta. El latigazo de rabadilla no mermó fuerzas y la movilidad no se resintió. Pero la movilidad basculó mucho hacia tablas, y Abellán se dejó llevar por la derivas del toro, que era tan manso como noble. Acabó la historia en tablas. Literalmente.

Más centrado se encontró M.A. con el cuarto, entre las rayas, bajo el tendido del «3». Las embestidas fueron constantemente hacia un tono menor, apagándose, cluecas. Lo que duraron fueron cuatro tandas de derechazos monocordes. No hubo luz. Sí taquígrafos. Para eso estamos.


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Música de gloria para un picador
Al picador Ismael Halcón le tocaron la música tras un segundo puyazo de antología al tercer toro de Valdefresno. La música de La Maestranza, y hasta una sinfonía, la novena de Beethoven, por ejemplo, podían haber tocado en su honor y en honor del toro salmantino; éste estuvo a punto de derribar en la primera entrada, estrellando a caballo y a caballero contra las tablas.

Apuntalado en el estribo y descabalgado a medias, Ismael Halcón sujetó al toro a fuerza de brazo y recobró la posición. Después, en la segunda vara, citó al toro dándole el pecho del jamelgo; y animándole con la voz largó vara y picó arriba pero justo, lo imprescindible. Tanto la embestida del toro como la ejecución de la suerte resultaron de una enorme emotividad. Puede que sea la vara de la Feria, pero Garabito no será el mejor toro.

En realidad, fue un toro mentiroso que sólo dijo la verdad, su media verdad, en el caballo. En banderillas estuvo a la defensiva, esperó y puso los pitones en la pechera de los subalternos. En la muleta fue un fugitivo sin destino ni fijeza. Un calvario para Luis Bolívar perseguirlo ruedo a través a expensas, además, de ser víctima de un gañafón asesino. No hubo en verdad un toro completo y el toro ideal podría haber sido el resultante del tercero en varas y el segundo en la muleta. Primero y cuarto carecieron de cualquier posible encaje, recorte o recomposición.

Ni siquiera refundiéndolos en una futura reencarnación podría salir de ellos nada recomendable. El primero, manso integral; y el cuarto manso intermitente. Aquél dio un recital de mansedumbre descastada; éste se aplomó en la muleta lo que permitió a Miguel Abellán algunas tandas de redondos, muy cerca de las tablas, dándole todas las ventajas al bicho y a base de taparlo constantemente y sin quitarle la muleta de la cara. Fue una labor sorda y oscura, que no caló en el público e insuficientemente valorada.

Tan poco valorada como el infructuoso trajín de Luis Bolívar en el manso, torpón y sosísimo sexto. No fue la tarde de Luis Bolívar, ni siquiera en el ya reseñado tercero cuyas glorias se las llevó todas el picador Ismael Halcón.

Oreja perdida

Pudo ser en cambio la tarde de Antonio Barrera o, por lo menos, haber tocado pelo, si hubiese matado al segundo a la primera.Bronco, huidizo y receloso en varas, el de Valdefresno se entregó en la muleta gracias a la firmeza y al buen son de Barrera. Salvo un par de conatos de huida hacia las tablas, el animal tuvo fijeza y recorrido. Barrera lo entendió muy bien, lo fijó en los medios sin atacarlo ni forzarlo demasiado, dándole la distancia precisa y dejándole la muleta en el hocico. Tres tandas de redondos y dos de naturales y unas ceñidas manoletinas para cerrar faena, le ponían la oreja en las manos; pero Barrera pinchó. La autoridad que el sevillano había exhibido con la muleta, la perdió con el estoque.

Los doblones que tan eficaces habían sido para dulcificar la mansedumbre de su primer toro, resultaron improcedentes con el sobrero, pues lo quebrantaron más de lo que estaba y le pusieron a la defensiva. Cabezazo tras cabezazo, el toro de El Serrano desbarató todos los planes de Barrera. Este se colocó en el sitio, adelantó siempre la muleta y trató de recuperar el esplendor que había tenido antes su muleta. En vano.

Su momento había pasado y la gloria de una oreja se le había escapado por la punta de su estoque. Por algo más, sin duda; pero fundamentalmente por el pinchazo y la mala estocada. A su segundo, sin embargo, en el que nada tenía que ganar, lo mató a la primera. Así son las cosas; si de dos toros pudo haberse hecho uno bueno, de esta estocada y su primera faena de muleta, Barrera hubiera podido llevarse un trofeo.


Antonio Barrera finaliza la faena al segundo ejemplar de la tarde con una tanda de malonetinas. La RazónLa Razón. JUAN POSADALa voluntad de Antonio Barrera

La calurosa tarde en Sevilla acogía todavía ecos en los aficionados del triunfo de Salvador Cortés el día anterior. No se pudo volver a repetir el éxito en La Maestranza. Lo que ha quedado claro en esta Feria de Abril es que la afición en la capital hispalense se mantiene en forma y buena prueba de ello son las excelentes entradas que han registrado los tendidos.

El buen ambiente en el coso tenía un motivo claro, comprobar el juego de los toros de Valdefresno, no habituales en este ruedo. Y ver cómo se desenvolvía una terna de toreros a los que siempre se le presume ansias de triunfo. No pudo conseguirlo Miguel Abellán con los dos ejemplares de su lote; tampoco Antonio Barrera, que a punto estuvo de cortar una oreja con su primera actuación, marrada con los aceros. A pesar de su afanosa voluntad por lucirse ante el quinto, el juego del sobrero de El Serrano no se lo permitió. Por su parte, el colombiano Luis Bolívar poco más que voluntad pudo mostrar.

Miguel Abellán no tuvo suerte con el primero de su lote: un toro manso que tomó la muleta de forma rebrincada y que, además, buscaba siempre salida a tablas. El torero madrileño porfió con decisión y valor en una faena que labró sobre ambas manos. Intentó el lucimiento, sí, pero tal condición era muy difícil de alcanzar. No pudo hacer más cosa que llegar lejos en su voluntad por agradar. Anduvo firme y seguro, con el mérito de no aburrirse ante las condiciones ya comentadas del de Valdefresno.

Nobleza. Tampoco colaboró en la medida de lo esperado el cuarto de la tarde, un animal que tuvo nobleza de sobra, pero muy poquita casta, por lo que sus embestidas carecieron de la emoción necesaria para hacer vibrar a los tendidos. Para colmo, buscó terrenos de tablas. De nuevo, Abellán anduvo animoso y le plantó cara junto a las rayas de picar en una faena aseada, bien trenzada, pero de difícil conexión con el público. Predominaron las tandas sobre la diestra e intentó siempre tapar cualquier posibilidad de que el animal se saliera de las series desistiendo de la pelea presentada.

El segundo de la tarde, de Antonio Barrera, se mostró dócil de mansedumbre en el primer tercio, pero luego se dejó torear en la muleta, bien ayudado por la técnica y colocación del diestro. Fue una faena lucida que comenzó con ayudados muy vibrantes. Probó por ambos pitones a su enemigo hasta someterlo y salirse al centro del ruedo con él. Allí se sucedieron las tandas diestras. Se gustó en los naturales, templados y suaves que siguieron. El pinchazo previo a la estocada le privó del trofeo.

Deslucido resultó el quinto bis, un astado lidiado como sobrero de El Serrano. El diestro sevillano, animoso y decidido, se lució en los ayudados con los que inició el trasteo, rodilla en tierra. Poco a poco, el toro se puso a la defensiva y tiraba derrotes en sus acometidas. Acabó parado. En definitiva, un enemigo molesto para el torero y que apenas le dio opciones de triunfo. No obstante, Barrera hizo el esfuerzo y le plantó cara, aunque sin recompensa.

Luis Bolívar, que se presentaba en La Maestranza, toreó con buen gusto con el capote a su primer oponente, un animal que manseó ante la muleta, pero que fue de largo al caballo. Un tercio de varas cubierto de manera extraordinaria por el varilarguero Ismael Alcón, que se llevó una gran ovación y escuchó la música hasta saludar a los tendidos. El burel sacó complicaciones en el tercio de banderillas y ante la muleta desistió pronto en su pelea para buscar terrenos de tablas. Comenzó bien Luis Bolívar el trasteo y lo llevó con suavidad, aunque quizás le faltó sacarlo pronto a los medios. No fue así y el ejemplar se rajó en la cercanías de los tableros. Al colombiano no le quedó otra opción que desarrollar allí un trasteo basado en la mano derecha.

Continuó animoso Bolívar con el toro que cerraba plaza. Su saludo capoteril lo inició con una larga cambiada de rodillas junto al tercio, para cumplir en los lances posteriores. La misma ilusión puso con la muleta. Desarrolló en el tercio una labor falta en ocasiones de emoción. Se lució más sobre el pitón derecho, ya que por el izquierdo el astado derrotaba.

 

 

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