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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del viernes, 28 de abril de 2006
Corrida de toros

Salvador Cortés por la Puerta del Príncipe. Serrano. ABC
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Cinco toros de Parladé (bien presentados, buenos en general, con juego y recorrido; 1º y 5º faltos de casta; 2º devuelto a corrales por dañarse la mano derecha al salir del primer puyazo), y un sobrero, 2º-bis, de La Dehesilla (muy bien presentado, con peligro).

Diestros: 

  • Javier Conde. Dos pinchazos sin soltar, pinchazo que escupe, pinchazo sin soltar, pinchazo hondo atravesado, aviso (bronca); media caída (bronca).
  • El Fandi. Pinchazo hondo, descabello (saludos desde el tercio); estocada entera (saludos desde el tercio).
  • Salvador Cortés. Estoconazo en su sitio (dos orejas); estoconazo en su sitio (dos orejas).
Incidencias: Salvador Cortés recibió un fuerte puntazo en la zona izquierda de la cadera al enterar a matar a su 2º. Salió por la Puerta del Príncipe.

Tiempo: soleado.

Entrada: hasta la bandera.

PresidenteJuan Murillo.


Crónicas de la prensa: PortalTaurino, El País, Marc LAVIE, Diario de Sevilla, ABC, La Razón, El Mundo.

 

LOS PROTAGONISTAS

Javier Conde
El malagueño se congratulaba por el rotundo triunfo del sevillano Salvador Cortés sin querer hacer referencia a su actuación. “Hoy es el día de Salvador y me alegro mucho por él porque es una familia que se lo merece y ha estado cumbre el tío. Yo tengo poco que contar de mi actuación lo único que puedo repetir es que me alegro por Salvador de verdad y también por la afición que lleva muchos días llenando la plaza”, aseguró.

Con respecto al juego del ganado, Javier Conde, calificó la corrida como “un poquito baja de raza”.
El Fandi
El diestro, contrariado por sus pocas opciones en la corrida, lamentó la devolución del primero de su lote. “El primer toro tenía buen aire y creo que ha sido una pena que me lo echaran para atrás porque considero que se podía recuperar. Al salir del caballo es normal que pierda las manos porque tiene que acostumbrarse y nos hemos quedado con la incógnita”, sentenció. Para el granadino, el sobrero fue un toro “muy bruto que no ha colaborado nada conmigo y me ha molestado mucho el aire y era un toro para estar muy firme”. Sobre segundo de su lote manifestó que ha sido “un toro con mucha clase, con buen fondo pero se ha rajado enseguida, cuando se ha echado ya ha sido imposible”.

De su actuación destacó de nuevo en banderillas. “Los tercios han sido muy diferentes pues el primero ha sido muy bonito banderillearlo tan cerca, en los terrenos del toro y clavando en toda la cara”.
Salvador Cortés
El toreo sevillano no encontraba palabras para explicar su emoción “no sé que decir en estos momentos. Tengo tanta alegría que sólo pienso en mi familia en salir por esa Puerta de Príncipe”. Esas fueron sus primeras declaraciones “Me hace mucha falta para ser figura que es lo que quiero” Su banderillero Raúl Corralejos le confirmaba en ese momento la gran noticia de las dos orejas al último “ Esto es un sueño que he querido compartir con mi gente y mi cuadrilla”. Y Cortés rompió a llorar de emoción. “Uno siempre sueña con salir por ahí, pero cortar cuatro orejas en Sevilla es casi imposible. Era mi única tarde, no lo que yo hubiera querido para este año y  tenía que ganarme la Feria del próximo. Había que esperar y a ver si el año que viene se portan mejor. Me lo ha ganado a ley”. Así de rotundo se mostró Salvador Cortés antes de salir por tan deseada Puerta.


Realiza: Emilio Trigo

 

Crónicas del Festejo


PortalTaurino
MANUEL VIERASalvador Cortés descerrajó la Puerta del Príncipe.

“Ser o no ser, esa es la cuestión”, lo dijo Hamlet, y, en el toreo en esa estamos. No valen medias tintas. Por esto Salvador Cortés se entregó a la causa como un tío para descerrajar la Puerta del Príncipe. Y la abrió. 

En el recuerdo de las grandes tardes debe estar esta del diestro sevillano. El toreo de Cortés transmitió algo más que el gozo de verlo.. Transmitió entrega y verdad, y sobre todo una emoción fascinante que permitió comprender la fuente principal de esta Fiesta nuestra.

Sabíamos que Cortés se entrega y nos emociona con sus formas haciéndonos descubrir la atracción del toreo. Y esta tarde vació en el ruedo maestrante la verdad de su muleta haciéndonos también olvidar alguna que otra banalidad en sus faenas, que las hubo, pero la pureza del infinito trazo de muleta arrastra, hondo y auténtico, y la contundencia de su espada les hizo alcanzar su sueño. 

El toreo de Salvador Cortés demostrado esta tarde debe haber conseguido más de un puesto seguro para ciclos venideros en esta plaza. Y en otras grandes ferias. Sus formas, de una entrega absoluta y una verdad envidiable, llegan de inmediato al más purista que ocupe tendidos y gradas. A pesar del triunfalismo de tarde de farolillos. A pesar de la excesiva petición de orejas, el triunfo de Cortés en La Maestranza es indiscutible.

Apenas comenzado el trazo del primer muletazo al buen toro de Parladé, lidiado en tercer lugar, todo era ya un no pestañear. Luego surgieron las tandas con la derecha de largo recorrido, templadas, ligadas y rematadas. Trazos de muleta adelantada, imantada para hilvanar. Con alguna que otra intermitencia, pero las conseguidas fueron de alta nota. Y lo mejor, una tanda con la zurda sensacional.. Tanto fue, que los que la entendieron se emocionaron con todo lo que de enorme hay en el toreo del sevillano. Tras los sentidos, aunque extensos adornos, atinó a meter la espada en todo lo alto. Tumbó al toro patas arriba y las dos orejas de inmediato fueron a sus manos. 

Con la Puerta del Príncipe casi abierta la expectación se mantenía de manera excepcional a la salida del sexto. La cosa empieza de la siguiente manera: entre un silencio cortante, Cortés, atraviesa decidido el ruedo maestrante camino de chiqueros. En la primera raya del tercio se arrodilla y extiende, dándole vuelo, la capa. La tensa espera paraliza los pulsos. Larga cambiada. Vibrantes lances en la puerta de chiqueros… y la gente que baten y baten palmas hasta que las manos protestaron por el dolor. Después, manda no picar al buen toro de Parladé para añadir algo de atractivo a la debilidad de la fiera en su embestida. Y a torear. Temple, mando, ligazón. Luce al toro citándolo de largo. Emoción, mucha emoción, a pesar de algún que otro muletazo punteado. Emotiva faena por la verdad de sus formas, por ganas, por ambición, por querer llegar.. Por torero !joder!. Con otro contundente espadazo, dejándose la vida entre los cuernos, fulmina al toro. Dos orejas y la gloria para Salvador Cortés. 

El Fandi no tuvo toros, ni siquiera para lucir en banderillas. El segundo le fue devuelto por poca fuerza. Al sobrero de La Dehesilla, manso, complicado y sin clase le buscó las coquillas con los palitroques, y le clavó un segundo par espectacular. . La faena de muleta sólo tuvo la expectación del peligro. No hubo más. Al manso y parado quinto le banderilleó de forma sorprendente, y a favor de querencia por los adentros. A toro parado y de manera inverosímil clavó en lo alto de forma espectacular. Fue lo único que pudo hacer El Fandi esta tarde y esta feria. Con la muleta imposible robarle más de un pase.

Javier Conde sigue estando en eso de ser artista del toreo en polémica constante con el público. Pocas veces consigue trasmitir a los tendidos esa satisfacción inmensa que dice experimentar en su cuerpo cuando torea. ¿Y cuando torea? . Coreografía extensa y lenta para intentar el pase. Excesiva y pesada originalidad pocas veces auténtica. Mas falsa que verdad. Esa es la realidad. Al primero de la tarde, un toro flojo, pero de claras arrancadas, ni un pase. Al cuarto ni verlo. ¿Y con la espada?. Mejor no escribirlo.


El País. ANTONIO LORCA.  Salvador Cortés, por la Puerta del Príncipe 

El diestro sevillano Salvador Cortés consiguió ayer el triunfo de su vida al cortar cuatro orejas y salir a hombros por la Puerta del Príncipe. Enardeció al público de la Maestranza, que pidió mayoritariamente los trofeos para el joven diestro, que dio toda una lección de pundonor, de torería y de desbordante ilusión.

Con lágrimas en los ojos, el torero atravesó la soñada puerta sevillana después de alcanzar un éxito histórico que lo convierte en una de las novedades más sobresalientes para la presente temporada.

La clave de la gloria alcanzada por Cortés reside en su búsqueda constante del triunfo, en que llegó a la Maestranza a por todas y a superar cualquier dificultad para que no se le escapara la única tarde que, de manera injusta, le había impuesto la empresa tras cortar otras dos orejas en la feria pasada.

Especialmente emocionante fue el comienzo de su lidia al sexto, al que esperó de rodillas en la puerta de chiqueros y recibió con una larga cambiada y una tanda de apretadas y vistosas verónicas que hicieron sonar la música mientras el público le rendía honores puesto de pie. No permitió que lo picaran, al igual que hizo en el tercero, lo que facilitó que el toro llegara alegre en banderillas y con cierto brío al tercio final.

Cortés brindó a su familia, citó de largo desde los medios, y, asentadas las zapatillas, firme y seguro, trazó dos tandas de redondos que fueron ganando en largura e intensidad. La tercera fue de tono menor por el agotamiento de su oponente, y se justificó simplemente con unos estimables naturales. Se perfiló para matar, se volcó sobre el morrillo y salió trompicado después de dejar una estocada en todo lo alto.

No hubo toreo de capote en el tercero, brindó al público y exprimió la noble embestida del toro con tres tandas de derechazos despegados, acelerados y carentes de hondura, y otras dos magníficas de naturales hondos, ligados y bellísimos, muy bien rematados con el de pecho. Entró a matar con fe, la estocada se hundió en todo lo alto y produjo una muerte fulminante.

¿Mereció o no Cortés las cuatro orejas? Técnicamente, ninguna de las dos faenas fue merecedora del premio, pero no se puede negar la extraordinaria disposición de un torero transfigurado.

Ha de tenerse en cuenta, no obstante, que los viernes de feria hay ofertas a cargo de un público triunfalista y aplaudidor, y ayer, de un festivalero presidente que cedió rápidamente a la presión de los tendidos

La tarde gloriosa de Cortés ocultó de alguna manera la imagen patética que ofreció Conde. Medroso, frágil, muy torpe, sin recursos y menos ánimo, se ganó a pulso dos sonoras broncas. Y El Fandi emocionó con las banderillas y bajó muchos enteros con capote y muleta. A su primero, desabrido y violento, le dio muchos pases insulsos, y el quinto se desplomó en el albero cuando intentaba pasarlo de muleta.


Marc Lavie. La surprise de Salvador Cortés

Une nouvelle surprise dans une feria palpitante : celle de Salvador Cortés, qui a mangé du lion, s'est donné à deux cents pour cent et a coupé quatre oreilles à Séville, ce qui n'est pas rien.

Il compte pour ce triomphe déterminant pour sa carrière sur deux très bons toros de Parladé, le premier excellent qu'il sut exprimer dans une faena aérée, abondante, comprenant des séries bien tracées sur les deux côtés. Avec l'épée, le torero de Mairena ne laissa pas échapper le triomphe : l'estocade de la feria, formidable "volapié" faisant rouler le toro à ses pieds dans l'enthousiasme général. 

Avec le sixième, Salvador Cortés se rendit à genoux face au toril et signa une émouvante larga à genoux, suivies de véroniques vibrantes et élégantes qui firent dresser le public et jouer la musique. La lidia de ce sixième, âgé de cinq ans et demi, fut soutenue par le public de la Maestranza, désireux de voir ouvrir la porte du Prince, car le Parladé fut très faible et ne fut pratiquement pas piqué : le picador Carbonell simula le châtiment (et fut applaudi !!!) et le toro récupéra et galopa avec classe et transmission au dernier tiers. Ce qui permit à Salvador de toréer avec décision, d'exprimer dans sa totalité la charge suave du Parladé, d'allonger les passes au maximum, lors d'une faena vibrante, au son du magnifique paso-doble "Dávila Miura". L'oreille était acquise. La deuxième fut le fruit de l'émotion de l'estocade, le torero sortant accroché en enfonçant entièrement l'épée et en saluant meurtri alors que le toro s'écroulait. Enthousiasme, un peu de triomphalisme, mais un succès décisif pour ce torero qui va beaucoup toréer cette année.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO.  Salvador Cortés, el vengador 

El año pasado este Salvador Cortés, que ayer atravesaba la Puerta del Príncipe, salió a hombros en la Feria de Abril en la tarde de su alternativa. No le volvieron a dar oportunidades. Se coló en algunas sustituciones y acabó la temporada pasada con éxitos llamativos en varias plazas de máxima categoría, como Pamplona, Barcelona o Málaga. Cuando salieron los carteles de Sevilla este año su premio era una sóla corrida. Le ofrecían otra más que no le gustaba. No era un buen pago para alguien que se había ganado un mejor trato en el ruedo.

Otra historia paralela ha vivido en su familia. Hijo de un gran banderillero, Luis Mariscal; sobrino de otro valiente con los palos, Pedro Santiponce, y hermano de Luis Mariscal, quien tuvo un gran ambiente como novillero, Salvador apostó por anunciarse con el apellido materno, Cortés. Padre y tío, machacados por lesiones y cornadas y su hermano, casi en el ostracismo a la espera de tiempos mejores.

Ayer, cuando cortó las dos orejas al primer toro, Salvador Cortés era Salvador el vengador; reivindicando su sitio en el ruedo. Y cuando cayó el sexto, tras brindar la faena a su hermano Luis, también se sentía vengador de la mala suerte que había acompañado a sus familiares toreros. Fue una venganza doble que muy pocos conocen. Inviernos en los que ejerció de camarero a la espera de oportunidades. O entrega diaria en la finca de Peñajara, viviendo de manera casi salvaje, para penetrar en las reacciones del toro, para sentirse atado a su pasión. Ayer liberó muchos de esos gatos que tenía en la barriga –como se dice en el argot–. Ayer liberó mucha bilis, mucha angustia, muchos sinsabores.

Y lo hizo como debe hacerlo un torero: con el capote, con la muleta y con la espada.

Salvador Cortés conquistó al público con una actuación completa en la que apostó al máximo –desde recibir al primero de rodillas a portagayola hasta entrar a matar sin reservas; colgado de un pitón en el sexto–, inteligencia para medir ambas faenas y ligazón para reventar la plaza.

Con el tercer toro, que no se entregó precisamente con facilidad, se impuso en una faena que tuvo ritmo, en la que enganchó al personal desde el comienzo. Un público que vio cómo se iba a los medios sin probaturas, citando a un toro que no acudía, por lo que fue acortando distancia. Con la derecha trazó una primera serie buena. En la siguiente se superó y obligó al animal en muletazos mandones. Con la zurda, se pasó los pitones muy cerca en una serie emotiva. Más redonda fue la posterior, que remató con un molinete y un pase de pecho, todo ello coreado por el público, totalmente entregado. La estocada hasta la bola en la que se tiró a morir era por sí misma de premio. Nadie protestó las dos orejas solicitadas y concedidas.

El sexto fue un toro al que cuidó en varas, tras recibirlo de rodillas, a portagayola. Los cuchillos de Vinazo debieron pasar cerca. El torero debió escuchar el silbido de aquellas dos navajas. Se puso en pie y lanceó ganando terreno en unos lances vibrantes. La explosión de palmas apenas dejó escuchar los sones de la música, que premió esta fase de la lidia. Un entusiasmo que mantendría en la faena que brindó a su hermano Luis. De nuevo, en los medios y de largo, tanda vibrante con la diestra. En la siguiente los muletazos nacieron y murieron más ceñidos, con el toro dominado. Con la izquierda dibujó algún natural de bella factura y larguísimo. En la suerte suprema volvió a entrar con el corazón por delante. El toro le colgó de uno de los pitones de manera espeluznante, antes de rodar del espadazo. Sueño cumplido. Dos orejas a ley, la Puerta del Príncipe que se descerrojaba por primera vez en esta feria y las lágrimas que le rodaban a este torero de 24 años, al que hasta el momento le han frenado lo suyo en los despachos.

Javier Conde dio una imagen tristísima. Se ganó a pulso dos pitadas. Se le fue el toro de la corrida, el primero, uno de los mejores de la feria. Toro noble, con un magnífico tranco, que metía bien la cara. El malagueño, mal colocado, sin sitio, se perdió en posturitas y tiempos muertos. Con la espada, de pena. Con el mansote cuarto, Conde continuó con un lío mental tremendo, hasta que el propio público le recriminó para que finiquitara con sus dudas.

El Fandi estuvo entonado y dio espectáculo en banderillas. Ante el segundo, sobrero de La Dehesilla que no llegó a entregarse, le faltó mayor precisión a la hora de cuadrar en banderillas. Con la muleta consiguió una tanda muy meritoria por el pitón derecho en los medios. Por el izquierdo, poco pudo hacer con un animal que se quedaba cortísimo.

Con el descastado quinto, flojo y sin recorrido, El Fandi estuvo mejor con los palos, especialmente con un gran segundo par por los adentros y uno al violín, en el que corriendo hacia atrás llegó a parar al toro hasta llegar a un desplante increíble, recibiendo una ovación apoteósica. El toro se echó tras una tanda. Y el granadino lo despachó de una notable estocada.

La tarde fue de Salvador Cortés. Un torero con historia, pero sin historias novelescas. Historia de sufrimientos y cortapisas. La historia de Salvador el vengador. 



J. M. SERRANO Salvador Cortés sale feliz por la Puerta del Príncipe después de cortar cuatro orejas. ABCABC. ZABALA DE LA SERNA. Salvador Cortés se come la Puerta del Príncipe

Salió a comerse el mundo y se comió la Puerta del Príncipe. La Puerta del Príncipe viene a ser el mundo. Y en abril, el universo. Hambre de gloria, ganas de ser torero. En resumen, ése fue el planteamiento de Salvador Cortés en la única tarde de la que disponía en la Maestranza después de haber cortado el año pasado dos orejas a un gran toro de Núñez del Cuvillo. Pues si fueron dos entonces, cuatro sumó ayer. Por si acaso. Cuando la gente ve a un tío tan dispuesto, tan atado al suelo, con la muleta por delante, tirándose a matar como si la vida se acabara hoy, se embala. Normal después de tanto conservadurismo y tantas medias tintas. Cortés agarró la estocada de la feria al tercero de la tarde, que rodó como una pelota sin puntilla; y se encunó entre las puntas del sexto para descerrajar a ley la Puerta del Príncipe.

Salvador Cortés no es un esteta ni un estilista. Es un torero poderoso con mucha verdad en su muleta. Y así cuajó una faena de tirar mucho del toro, de echar la tela por delante, de correr la mano por abajo. Ligando y mandando. Templando. Cuando a la tercera tanda al toro le costaba más, cambió de mano acertadamente. Naturales hilvanados, con peso específico, al de pecho o a un molinete zurdo. Llegada la hora, la rectitud del volapié fue descomunal. Su ejecución y la colocación de la estocada, en todo lo alto, en el mismo hoyo de las agujas. El acero apuntalaba la segunda oreja. Y su efectividad no digamos.

No contento ni satisfecho se fue a portagayola para abrasar su último cartucho. Hambre, hambre. La larga cambiada se la tiró por el pitón derecho. El toro se rebotó. La emoción a flor de piel. Los lances a pies juntos. Los tendidos en pie. Apuesta tras apuesta, Salvador Cortés se dejó el toro entero, un cinqueño de preciosas hechuras, serio y bajo. En banderillas ya tomaba el capote con amplitud y desplazamiento holgado, con un tranco de bandera. La distancia y la medida se las cogió Cortés pronto. No tanto el temple en algunos muletazos pelín enganchados. Tres tandas diestras, con un trincherazo, entre tanto, de categoría. La izquierda debió aparecer antes, que cuando surgió estaba el toro apurando su fondo. ¡Qué acierto no picarlo! Se colgó Salvador Cortés de las puntas, y con la taleguilla rota, sin mirarse, abandonó la suerte con el gesto victorioso de haber hundido el acero hasta la bola. Otra vez el acero clave. Otra vez el hambre del querer. Otra vez el gentío entregado respetando la entrega de quien quiere ser, que otros se anunciaron como candidatos al título y se pusieron la banda antes de ser coronados... Mejores toros se han visto que los buenos que le tocaron a Cortés.

Buena corrida, por cierto, de Parladé. Lástima del lote que cayó en manos de Javier Conde, que ejerció de paseante. Su primero tuvo prontitud en la arrancada, fijeza, y el juicio sobre su capacidad para humillar se hace imposible ante tanto alivio por arriba. Dos y el de pecho. Dos y el de pecho. ¡Y qué dos! Quiso torear al personal más que al toro. Y el cuarto que se desplazaba por el pitón izquierdo, y Conde de aparcacoches, de aquí para allá, pase usted, déjelo ahí que yo le cojo las llaves.

El Fandi se vistió como esos muñecos que se venden a los turistas y se colocan encima del Telefunken, sólo que El Fandi tiene peores hechuras. Un terno negro azabache con golpes y bocamangas de oro desbancó por rotundidad hortera el funesto traje de Morante en Resurrección. El espectáculo, como siempre, se concentró en banderillas, con un sobrero de Pereda de mucha movilidad, a veces descompuesta, con el que no se centró por el derecho, y con un quinto que se desplomó fundido.


La Razón. JUAN POSADALa rabia torera abre la Puerta del Príncipe

Salvador Cortés, harto de que lo dejaran atrás en las ferias importantes y el último en la cola del banco, sacó a relucir su rabia torera y destrozó los formalismos e intereses creados con limpieza, torería y un valor rabioso pero sereno. Jugó su desesperada baza en La Maestranza y dijo: ¡Ya basta!

Cortés, un torero capidisminuido por los intereses comerciales y sus asquerosas intrigas, ha salido a fuerza de jugarse la vida a hombros, entre palmas, por bulerías, por el túnel sagrado de la torería que desemboca en la Puerta del Príncipe maestrante. Le tocaron dos toros buenos, pero él los aprovechó y quiso hacerlo desde el principio. Dio muestras de su valor al irse a la puerta de chiqueros al recibir al sexo y a lancearlo con la pata adelante, para que el toro saltara por encima de ellas. Y así, la música sonó, no por casualidad, y el personal se encabritó, con razón.

Lo mejor es que no sólo demostró valor espartano, sino que dejó ver excelentes conocimientos técnicos al manejar la muleta con mucha corrección: adelantada y llevada en todo momento al temple que el toro tenía. Se nota que es de familia de toreros y que en su casa se habla de toros. Ahora tiene muchos más motivos para ello, para pensar y aprovechar la ocasión. Se ha puesto de los primeros en la ventanilla de la pasta. Que lo disfrute, porque en este mundo hay gente «pa tó».

Silba general. Javier Conde, nada con el capote. Los primeros muletazos por la derecha, de «pasatoro», sin rematarlos. Prosiguió con la diestra de la misma manera pero, además, con la muleta demasiado alta, lo que provocó una sólida pitada. Tres muletazos más de la misma forma y, a matar. Fue a por la espada acompañado de la silba general. Y a la hora de matar, para qué contar.

Con el cuarto, también bueno, bacilón con la muleta. Naturales con la mano muy alta y al recibir pitos la bajó con los pies juntos pero en dos ocasiones; después, un remate «saleroso». Más intentos de juerga entre el jolgorio de las gradas que no le admitían que con un toro tan bueno se comportara de semejante forma. Lo consideraban una falta de respeto a ellos y, como es natural, a la plaza.

El Fandi banderilleó al segundo bis como es habitual en él pero sin demasiadas florituras, más en estilo clásico. La faena de muleta tuvo muchos altibajos técnicos. La mayoría por dejar la tela muy retrasada y el toro «nerviudo» se lo comía. Cuando se la puso adelantada, mandó el torero pero sin templarse a las repetidas embestidas del animal. Bajó el tono en los naturales y en los derechazos que siguieron.

Con el quinto, muy noble y suave, quizás demasiado, realizó un bonito tercio de banderillas que acabó con las fuerzas del animalito. Los primeros derechazos, buenos y despaciosos, como la segunda tanda, muy acoplado y con buenos visos. Se preveía la gran faena pero el toro se echó y, ya tras varios minutos, al levantarlo fue imposible seguir con el mismo son. Mala suerte.

Bravo. Salvador Cortés con el tercero, un toro bravo y noble, realizó una excelente faena, muy templada y con empaque. No se dobló con él desde el principio, como es costumbre, y comenzó toreando derecho con la diestra, muleta adelantada y girando la cintura. El toro fue a más, repitió las arrancadas y el torero no dejó de llevarle prendido en el engaño. Siempre a ras del suelo. Dos tandas más con la izquierda, de la misma catadura y un excelente pase de pecho. Bonitos muletazos finales completaron una excelente labor rematada con una gran estocada.

Recibió a portagayola al sexto para instrumentar luego media docena de excelentes lances. La plaza en pie y la música en marcha. Inició la faena en el centro del ruedo con la derecha, aprovechando muy bien las vivas arrancadas del toro con tres derechazos y pase de pecho. Prosiguió con la diestra templado y siempre en el sitio, la media distancia. Las tandas de naturales, templadas, con la muleta adelantada y bonitas. Todo ello hecho con rabia que se le adivinaba en el gesto y en toda su actitud durante la tarde. Además, se dejó matar a la hora de entrar con la espada y salió prendido; él por un lado y el toro por otro. La Maestranza vibró y el toreo también. ¡Ya era hora!


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Salvoconducto para un torero modesto

El roto de la taleguilla que lucía Salvador Cortés en la apoteosis de su triunfo era como una condecoración. Se había tirado a matar como si de esa estocada dependiera su vida y su destino; salió renqueante, dolorido y con el vestido roto.De no haber matado así lo que habría quedado roto hubiera sido su alma y sus aspiraciones de torero que quiere ascender al Olimpo.Méritos está haciendo. De las cuatro orejas que cortó ayer puede que le sobren algunas; pero palabra que he visto Puertas del Príncipe abiertas con menos argumentos.

En cualquier caso estas cuatro orejas, irreversibles, debieran ser un salvoconducto para este torero modesto. Pero las cosas, en esto de los toros, no resultan tan matemáticas y tan exactas.Salvador Cortés triunfó el año pasado, hizo una campaña notable y anda a verlas venir; o sea, con pocos ajustes en su calendario.

Ha vuelto a triunfar y veremos qué le depara el porvenir. Ha tenido que jugárselo todo a una carta en esta Feria de Abril, la carta de los parladés de Juan Pedro Domecq que han sido mejores que los juanpedros del mismo propietario. Ni siquiera los grandes tahúres se lo juegan todo a una carta; siempre llevan un as en el bolsillo del chaleco. En el chaleco de su vestido Salvador Cortés no llevaba nada más que las ganas de ser torero y de reparar la injusticia de sentirse maltratado.

Cortés, sobrio al natural

No estaba en su mano marcar jugada. Lo que sí estaba en ella es una espada letal que fulminó a sus toros; dos estocadas que, por su rectitud y entrega, será difícil borrar de la mente en esta Feria de Abril. Salvador Cortés es un torero sobrio, sin mistificaciones; clava las zapatillas en la arena, yergue la figura con naturalidad y, con naturalidad, embarca la embestida y corre la mano ora por la derecha ora por la izquierda.

No se centró con la capa en su primero, le salió un poco atropellada la primera tanda de redondos y eso puede servir de argumento a algunos para matizar el sentido absoluto de las dos orejas.Hechas estas salvedades y cierta aceleración en su segundo, Salvador Cortés toreó muy asentado con la muleta girando la cintura y jugando la muñeca, por redondos y por naturales. Los remates para cuadrar al toro, perfectos: trincherillas, naturales, pases de pecho; todo muy despacioso, muy ligado y muy torero.

El clamor cuando se lió a verónicas en el sexto, tras haberlo recibido con una larga de rodillas, frente a toriles presagiaba Puerta del Príncipe; y el runrún contenido que acompañó el inicio de la faena de muleta, también. Faena un poco acelerada, de triunfador que no quería que el toro se le fuera, citando de lejos y trayéndoselo embarcado en la panza de la muleta; faena corta y vibrante; quizás el toro se mereciese más; pero se trataba de asegurar la puerta más sagrada de todas las puertas. Y Salvador Cortés tenía prisa.Puede que a Salvador Cortés le cueste despertar pasiones y arrastrar multitudes, pero yo creo que hay torero de sólido armazón y con fundamentos. Y ojalá siga matando como mató ayer: de sendas estocadas hasta los gavilanes de las que salieron rodados los toros.

El Fandi dio espectáculo en banderillas, como siempre. Y utilizó la muleta como una tralla, a latigazo limpio, también como casi siempre. Falto de casta, o cansado por las banderillas, el quinto se echó en la arena agotado.

Respecto a Javier Conde, de vez en cuando tenía la tentación de pasarse el toro de cerca; pero se arrepentía en seguida. Y entonces la muleta ya no era una prolongación sensible de la mano, sino excrecencia de un cuerpo hecho garabato. Su primer toro estaba aplomado y el segundo manseó demasiado. Sonaban vientos de fronda, pero todo quedó en leves protestas. Si un día leen ustedes que aquí ha habido una bronca de verdad, es que ha estallado la revolución; o que los caballeros del campo andaluz han empezado a rejonear en burro, como profetizaba Alfonso Guerra al principio de la democracia. Mas tengan la seguridad de que la bronca, ese día, habrá sido para el burro.

 

 

 

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