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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del miércoles, 26 de abril de 2006
Corrida de toros

Más Tejela que Jiménez. ABC
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Torrealta (bien presentados, nobles, con movilidad pero faltos de casta; los mejores, 2º y 6º).

Diestros: 

  • César Rincón. Estocada (silencio); media estocada que escupe (silencio).
  • César Jiménez. Estocada entera (oreja); pinchazo que escupe, pinchazo hondo (saludos desde el tercio).
  • Matías Tejela. Dos pinchazos que escupe (silencio); pinchazo que escupe, pinchazo hondo, media estocada (saludos desde el tercio).

Tiempo: soleado.

Entrada: hasta la bandera.

PresidenteGabriel Fernández Rey.

 

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, El País, Marc LAVIE, Diario de Sevilla, ABC, La Razón.

 

Crónicas del Festejo

Diario de Sevilla. LUIS NIETO.  Jiménez, Tejela... y la espada

¿Qué hubiera sucedido si César Jiménez hubiera matado a su segundo toro?...¿Y si lo hace Tejela en el sexto?...Los dos toreros madrileños se marcharon con la conciencia tranquila por el deber cumplido. Ambos dieron la talla. Pero cuando uno torea en una plaza de primerísima categoría, debe rematar con el estoque lo que hace con capote y muleta. No hay vuelta de hoja. Eso, muchas veces, es lo que separa a los grandes del resto.

César Rincón pasó por su tercera y última comparecencia con más pena que gloria. Su primero no descolgó, pero tenía gran nobleza. El veterano diestro no pasó de un trasteo sin emoción. La estocada entera en lo alto le redimió en parte de la pobre imagen.

Con el cuarto, un manso sin clase, se perdió en una labor anodina, trazando la mayoría de muletazos hacia afuera. Lo mejor en la lidia de este toro fueron los capotazos precisos y largos de Manuel Montoya, en una brillante brega.

César Jiménez quiso dejar claro desde el primer momento su disposición. Y lo hizo en primer lugar, de manera muy brillante, en el quite que le correspondía en el que abrió plaza. Un quite de exquisitas chicuelinas.

Jiménez tuvo en suerte el mejor toro de la tarde, el segundo, que fue ovacionado en el arrastre. Jiménez esbozó buenas verónicas, aunque toreó muy rápido. En los medios, de largo y con la diestra ligó en las dos primeras tandas –más ceñida la segunda–. Con la izquierda las series fueron muy cortas. Tuvo mucho sabor otra, al natural, con ayudados en la que jugó la cintura como un junco. Y otra más, con la diestra, en redondo, descolgando los hombros, muy a lo Joselito, el torero que le instruye en estos momentos. Mató de estocada un pelín desprendida para ganar el único trofeo de la tarde.

En el quinto, su labor fue más importante. En torero dominador. Sometió en un par de tandas a un toro que entraba rebrincado. En una tercera tragó mucho. Y luego, en redondo, sacó muletazos estimables, con el astado con la cara por alto. Acabó metido entre los pitones, asustando al personal. El fallo a espadas dejó el veredicto en una fuerte ovación.

Matías Tejela, porfión, cumplió con su primer oponente, flojo e incierto. Lo mejor lo consiguió por el pitón izquierdo, robando una tanda de muletazos en los que tapó al toro la cara.

Con el sexto hizo la faena de la tarde. Sin duda, la más vibrante. El toro, tarde, tenía pimienta en sus embestidas. El madrileño apostó muy fuerte. Con la diestra, le obligó mucho en una primera tanda mandona y le tapó la cara en otra en la que llevó embebido al animal. Por el pitón derecho se embraguetó en una serie vibrante, muy ovacionada, en la que se marcó un inesperado pase por la espalda con el que asustó lo suyo. La faena, a más, acabó con un toreo por bajo de máxima calidad. Con la figura genuflexa, se estiró en dos larguísimos muletazos que fueron dos carteles de toros. Como mínimo tenía un trofeo, pero pinchó hasta en tres ocasiones.

El espectáculo resultó más que entretenido. Pero le faltó traspasar la barrera hacia un éxito rotundo. Un éxito clamoroso que no consiguieron ni Jiménez ni Tejela...por la espada.


César Jiménez pasea la oreja que cortó al segundo toro de la tarde La Razón. JUAN POSADALa ambiciosa juventud pide paso... y un sitio

A la Fiesta le hacen falta jóvenes decididos ya cuajados, con afición y hambre de ser millonarios. Fue el caso de César Jiménez y de Matías Tejela que, aparte de estar muy bien con sus respectivos toros, dieron sensación de querer y, más tarde, de poder. El público se percató de ello y los despidió con una fuerte ovación. Hay que hacer constar la ambición de Tejela con el sexto ejemplar de la tarde, de difícil manejo, y la de Jiménez con su segundo, al que había que desengañar a fuerza de arrojo. Fueron dos animales que, sin poderlos definir como malos, tampoco se podría decir que resultaron buenos o aborregados. Toros para hombres jóvenes que apostaron fuerte y ganaron.

César Rincón lanceó bien al primero de salida y en el quite con los pies juntos. Inició la faena por alto para proseguir de largo y templarse a la buena arrancada del animal. Más con la derecha, fuera de cacho, exagerándolo en los cites al natural hasta el punto de que ya el público protestó. Volvió con la derecha, siempre en la pala del pitón, por lo que los tendidos volvieron a reprocharle. Faena mediocre a un toro que se mereció mejor tratamiento.

Con el mansote y soso cuarto, al que castigó en exceso en los primeros muletazos por bajo, faena desganada y sin conectar con el público, porque no se creía lo que hacía. Las tandas con la derecha, fuera de cacho, sin imprimir emoción ni credibilidad a sus acciones y, como es lógico, ante la indiferencia de la gente que, cuando quiso torear al natural de la misma forma, lo rechazó.

César Jiménez, que ya había hecho un buen quite por chicuelinas en el primero, recibió con lucidos lances al segundo de la tarde. El principio de la faena, en el centro del ruedo y desde largo, predispuso al personal porque recibió bien al toro, con la muleta muy puesta pero sin conjuntar su ritmo con el de la res. En la segunda tanda con la derecha, a la que el ejemplar acudía templado y dócil, tampoco le encontró el tiempo justo; se pasó de rápido, pero siempre cruzado y con el engaño adelantado. Mejoró la templanza con la izquierda, aunque sin llegar al acople perfecto con el burel. La última tanda zurda, más relajada, calentó al personal, un tanto defraudado. Ejecutó a la perfección la suerte de matar, lo que fue motivo más que suficiente para que le pidieran y concedieran una oreja. Faena muy voluntariosa, un tanto rápida y precipitada.

La del quinto, un animal de brusco carácter, tuvo mucho más mérito, porque el torero le presentó cara desde el inicio, aunque un tanto nerviosillo. Cuando el astado repitió las arrancadas en la segunda serie, los muletazos tuvieron vibración, ya que el animal embestía con violencia; así como en la tercera, en la que transmitió mucha emoción. Los naturales, valientes y con aguante. Ya el toro dejó de humillar, aunque nunca lo había hecho en exceso y el espada insistió con la derecha; le aguantó un parón con los pitones entre las ingles y, muy cruzado, le sacó muletazos si no estéticos, sí emotivos. Fue una pelea de toma y daca que ganó el madrileño, que fue el que puso todo de su parte para que así fuera. Buena actuación, aunque falló a espadas.

Matías Tejela con el tercero, el más flojo y de corta arrancada, realizó una faena sobria y seria. Entregado, la inició con muletazos diestros; en el tercero, por estar fuera de cacho, el toro lo vio y sufrió una peligrosa colada. Más tapado ya, con la muleta adelantada, prosiguió sin que el animal volviera a repetir el gesto. Los naturales, bien ejecutados, aunque el público, un tanto frío, no los considerara demasiado. En la segunda serie, más cruzado, sí llegó al tendido porque el diestro, en las tablas, donde el toro se refugió, se mostró muy firme y decidido.

Con el sexto, un enemigo bravo con el caballo, brusco y algo desagradable en el principio del trasteo, se mostró firme y decidido. Los primeros muletazos por bajo, perfectos de ejecución y los derechazos que siguieron, de mucho aguante porque el toro acometía con violencia. En la tercera tanda bajó más la mano y lo obligó a humillar. El astado, un tanto sorprendido, cedió en sus ímpetus en los naturales que siguieron.

Ligazón. Ligó otros tres, con la muleta muy adelantada siempre y arrastrándola por la arena a pesar de que el ejemplar ya dudaba de un pase a otro. Al final, muy centrado con la mano derecha y cruzado, le sacó los últimos pases que tenía; en una ocasión, estaba tan situado en el pitón contrario que un cite normal lo resolvió por la espalda, jugándosela. Con unos naturales arrodillados y a dos manos remató una faena que fue a más. Se precipitó al entrar a matar. Actuación valerosa, inteligente y muy torera. Pero, no hay que olvidar que la espada es la triunfadora.


El País. ANTONIO LORCA.  Figuras o figuritas

El problema de algunos toreros jóvenes que ocupan puestos señeros en el escalafón es que no se sabe nunca si aspiran a ser figuras o prefieren quedarse siempre en figuritas. El problema es que no dejan de ser nunca una promesa hasta que el paso del tiempo y las circunstancias los colocan en un sitio que nada tiene que ver con el que un día soñaron ellos y todos los de su entorno.

No es que éste sea el problema de César Jiménez y ojalá que nunca lo sea. Pero la reflexión parece adecuada en el análisis de su actuación en el segundo de la tarde, el único de verdad de encastada nobleza y calidad en su embestida.

Era un toro de dos orejas y Jiménez sólo cortó una y con poco peso. Y lo cierto es que toreó por ambas manos con aseo, el público jaleó su labor, y el torero miraba a los tendidos con la íntima satisfacción del artista realizado.

Pero la faena no llegó a romper en ningún momento; no hubo conmoción ni arrebato como exigían la codiciosa y repetidora embestida del toro. La faena, dígase de una vez, estuvo muy por debajo de las condiciones de su oponente.

¿Y por qué? Porque Jiménez torea con aceleración y escaso reposo; porque no embarca las embestidas y lleva el toro toreado, sino que prefiere acompañar el viaje mientras él se pone bonito. Porque su toreo está falto de mando. Por eso no enardeció a la afición sevillana; quizá, porque prefirió quedarse en figurita antes que convertirse en un héroe artista y poner boca abajo la Maestranza. Pero, cuidado, porque tardes como las de ayer, antes o después, pasan factura. Afrontó con gallardía la bronquedad del quinto, pero le faltó enfadarse más.

Mejor imagen ofreció Tejela -otro que tampoco acaba de romper- ante el violento sexto, al que llegó a someter en algunos pasajes con naturales largos y hondos, lo que le agradeció la afición. Serio y muy decidido, le ganó la partida a su oponente, pero tampoco conmocionó a nadie. Valentón se mostró con el descastado tercero, que le ofreció pocas opciones.

Lo que sí demostró Rincón es que no parece muy preocupado por su paso anodino por la feria. Seis toros y seis silencios. No es normal en una figura como él. Da la impresión de que le ha abandonado la voluntad de pelea, y ha optado por el conformismo. No es torero para toros tan sosos como los de ayer. Su toreo largo, poderoso y vibrante sólo es posible con el toro encastado. Pero los de Torrealta son más cómodos, sin duda. Su actitud es tan comprensible como censurable.


PortalTaurinoMANUEL VIERAEl toreo de izquierda de Matías Tejela.

Versión excelente del natural. Notable actuación de Matías Tejela que realizó una faena al sexto toro de la tarde con un virtuosismo extraordinario. Faena de menos a más en la que el toreo de izquierda alcanzó altas cotas. Tejela a demostrado esta tarde ser un brillante torero, pero un mal matador. Ni al tercero ni al sexto le metió la espada. Una lástima, porque la falta de rúbrica a la emotiva faena le privó del merecido trofeo.

De todas formas, Tejela, ha confirmó en La Maestranza su buena técnica, su valor y sus excelentes maneras del entender el toreo. La naturalidad y cadencia del natural quedó demostrada por este zurdo de muñeca prodigiosa en la faena al complicado sexto. La profundidad de los muletazos, la sinceridad en el trazo y el sentimiento, representaron los más bellos y emocionantes momentos de la tarde.

Matías Tejela entendió a la perfección las característica de la embestida del toro de Torrealta, que desde los primeros tercios demostró un ir y venir incierto y descompuesto, aunque con un interesante tranco. Conseguir templar la complicada forma de tomar el engaño, fue el principal mérito del madrileño. Hilvanó pases con la diestra de auténtica calidad, y le sobró pulso para trazar un lento e interminable circular. Luego surgieron las tandas con la izquierda de largo recorrido, lentas y bien rematadas. 

Originales y excepcionales detalles que emocionaron por todo lo enorme que hay en el toreo de Tejela. Ya quedó dicho, una lastima que el triunfo se quedara sólo en una fuerte ovación por culpa del acero. Al tercero, un manso distraído, lo toreó a derechas sin emotividad. Mejor con la izquierda, pero demasiado tarde para levantar una faena que tuvo poca intensidad.

Fue lo mejor, pues aunque César Jiménez paseó un apéndice del segundo, la desigualdad del trasteo y la falta de continuidad le restó emoción. No obstante, el madrileño, menos ceremonioso que en otras ocasiones en la forma de comportarse en el ruedo, y más centrado en lo esencial -sin demasiado énfasis en las posturas- aprovechó la bondad de las embestidas del torrealta para trazar templados muletazos con la derecha, ligados y con el remate de buenos pases de pecho. Tras la estética que Jiménez le imprime a su toreo hubo poco más. Aunque supo utilizar con habilidad su peculiar lenguaje plástico y relajado para transmitir a los tendidos un toreo a modo de sentimiento y verdad. Mejor con la derecha, con algún que otro natural de buena nota. Ya digo, faena interesante sin alcanzar, ni mucho menos, las alturas y que firmó con una estocada de muy buena ejecución. Con el complicado sexto le faltó acople. Faena de muletazos vibrantes en el prólogo y desigual después.

Algo que no se le puede negar a César Rincón son sus ganas de estar bien. No quería de ninguna manera dejar pasar su feria en blanco. Pero una cosa es querer y otra el poder. Quiso, el maestro colombiano desde que saludó de capa al primero, un noble animal con calidad en sus embestidas pero con la fuerza justa para llegar al último tercio. Rincón le realizó un trasteo templado sin demasiadas apreturas y sin emoción. Con el descastado cuarto poco, o nada, pudo hacer, dibujó el trazo del muletazo hasta que el manso toro decidió emprender el camino de las tablas . Con la media estocada terminó la feria del colombiano. En blanco como torero y también como ganadero.


Marc Lavie. Jiménez revendique. Après ses triomphes de Valencia et de Madrid, César Jiménez a revendiqué à Séville un poste en première file. Avec sérieux, fermeté, maturité. Dès le premier toro de Rincón, il sortit au quite pour trois chicuelinas templées. Il reçut le deuxième Torrealta, le meilleur du lot, pieds joints avec la cape. Le toro, bien piqué par Juan Bernal, se grandit au cours du combat et termina avec une caste vive, qui rendit vibrant le début de faena du Madrilène sur des séries liées et templées à droite, déclenchant la musique. Les naturelles furent basses, de moindre calibre, plus lentes, dans un remarquable effort technique, et l'oreille tomba après une belle estocade. Face au âpre cinquième, César se joua le physique, en gardant toujours les idées claires, mais ne put triompher.

Mis à rude épreuve par un troisième rapidement avisé, Matías Tejela fit un effort remarquable face au dernier. La faena, au son d'España Cañí, allia courage et charisme, car Matías ne manque pas d'allure et sait bien toréer, comme les remarquables doblones qui terminèrent un travail bien mené. Mais il se précipita épée en main et rata la mise à mort, ce qui le priva d'oreille.

Rincón repart de Séville au plus bas. Incapable de calmer ses pieds un seul instant. Mauvaise feria pour Rincón, comme pour les autres toreros engagés généreusement trois fois (El Cid et Morante), au détriment des véritables figures du moment. Ce soir, l'absence d'El Juli est encore plus inexplicable.


MILLÁN HERCE Matías Tejela tuvo una actuación vibrante y firme con el sexto. ABCABC. ZABALA DE LA SERNA. Más Tejela que Jiménez


Al final de la tarde, con una sombra de galerna en el horizonte, el sol eclipsado y la corrida muerta, la gente hablaba más de Matías Tejela que de César Jiménez. No porque Tejela hubiese toreado el último y la oreja pronta de Jiménez hubiera quedado lejana, sino porque realmente lo suyo caló con mayor importancia. Por el toro y por su disposición. Decisión con un torrealta de genio y bufidos, de arreones en el caballo. Y al arrojo se sumó el planteamiento de dejarle siempre la muleta en la cara. La colocación cabal también. El conjunto de todo transmitió emoción. Cada primera arrancada se iniciaba con nervio y temperamento. Después, como el torero podía, el fondo del toro, que no era malo, afloraba. Pero había que tragar como tragó Matías Tejela para llegar a él. Su izquierda surgió de nuevo, y los momentos al natural fueron coreados con fuerza. La diferencia de los oles en la Maestranza dice mucho. No es lo mismo el bieeen superfluo que el ole de compromiso que el ole comprometido, precisamente el que trepó por las gargantas de los tendidos. La plaza se calentó de verdad, el broche de faena rodilla en tierra subió el fuego por estética y profundidad. Ahora, que es pecado estar tan centrado y atacarse con la espada. Los nervios le precipitaron.

Oreja de relativo peso

Aun así el calado de su faena obtuvo mucha más repercusión que la oreja de relativo peso que cortó César Jiménez al mejor toro con diferencia del sexteto de Torrealta, un conjunto de línea descastada, rajada y cobardona. «Trajesucio» se llamaba aquel toro corto de manos, ancho de pecho, apretado morrillo, musculadas hechuras y abrochada encornadura. Difícil fallar con ese cuerpo. Y de hecho no falló. Buen tranco en la distancia generosa que le ofreció Jiménez, que con la inercia cosió tandas de redondos sin cintura. Terso el muletazo y envarada la figura. Entre las series, pausas paseadas con reposo. Antes de coger la zurda. Muy abierta la embestida para que «Trajesucio» no ensuciase el vestido celeste impoluto de Jiménez. Bajó el tono alegre de ambos. Los pies juntos, los riñones metidos, la compostura ajoselitada y también la estocada.

Entre ambos toros se abrió un socavón como el que el Metro de Sevilla ha causado en la plaza de Cubas. Realmente Sevilla es un socavón tremendo. Parece Madrid. El socavón en el espectáculo lo acarreó la condición rajada de tercero, cuarto y quinto.

A César Rincón le habrá sido esquiva la suerte en abril, pero Rincón no acaba de estar. Ni firme ni seguro. Sus dos toros, uno tontón y otro sin humillar, se desfondaron pidiendo árnica y tablas antes de la hora. Unas verónicas de salutación y poco más, aunque tampoco había para más. Tres tardes en la Maestranza y nada que recordar.

El otro César quiso, con voluntad pero siempre a la pala, con un toro que parecía salir rebotado de su muleta por arriba. Toro topón que no encontró nunca el trapo por delante. Ni por detrás. Torcido y hueco material. En cuanto se sintió sometido en unos muletazos de más largo trazo que el habitual de Jiménez se acobardó, sin ser tan león como se dio a entender.

Feo fue el tercero. Altón y desgarbado. Cornicorto. Y feo fue su comportamiento, sin fijeza ninguna, peor, por mirón y tardo, por el pitón derecho que por el izquierdo. Se lo pensó mucho en la muleta de un Tejela que nunca le volvió la cara. Sin oreja también se puede triunfar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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