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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 23 de abril de 2006
Corrida de toros

Se suspendió el festejo durante la lidia del 5º de la tarde. Foto Salvador
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Cinco toros de El Torreón (de diferente presentación, descastados).  

Diestros: 

  • Jesulín de Ubrique. Pinchazo, estocada caída y desprendida (palmas); más de media estocada, descabello (silencio).
  • El Fandi. Municipal y descabello (palmas); palmas en el 4º, que mató de estocada rápida al suspenderse el festejo entre fuerte granizada.
  • Serafín Marín. Media estocada (silencio). No pudo lidiar a su 2º.
Incidencias: la corrida se suspendió en la lidia del 5º por lluvia.

Tiempo: nublado, lluvia, granizos.

Entrada: lleno, con claros.

PresidenteGabriel Fernández Rey.


Crónicas de la prensa: PortalTaurino,  El País, ABC.

 

El Fandi bajo la granizada de Sevilla. Foto Salvador
El Fandi bajo la lluvia

 

LOS PROTAGONISTAS

Jesulín de Ubrique

El diestro de Ubrique se mostró indignado por las circunstancias ocurridas durante la lidia del quinto de la tarde en medio del aguacero. “Ha habido mucho inconsciente aquí esta tarde. El toro no tenía que haber salido al ruedo. Si sale hay que matarlo. El único que estaba en contra era el torero y no se puede ser así de irresponsable, porque la autoridad estaba de acuerdo. No sólo se trataba de él sino que había más personas jugándose la vida”, aseguró. Además de las inclemencias del tiempo, el gaditano manifestaba su descontento por la corrida de toros de El Torreón. “La corrida se ha venido a menos y no ha servido para nada”, apostilló.
El Fandi

El granadino, único que apostaba por la salida del toro al ruedo, quería completar la lidia y muerte del quinto de la tarde. “A mi me preguntaron y yo dije toro para afuera porque no estaba cayendo lo que ha caído. Han abierto la puerta y si el toro sale hay que terminar con la faena y darle muerte. Lo que no entiendo son los gritos y las voces que han dado los compañeros. ¿Cómo se va a quedar vivo un toro en Sevilla? ¿Estamos tontos o qué nos pasa?”, apostilló. El granadino, bastante exaltado, argumentaba su enfado. “Si al toro no se le pone banderillas o no se le hace faena de muleta hay que matarlo, es lo único que estaba diciendo. Es que hacer cualquier otra cosa no lo veo normal. La pena es como se ha puesto a llover”, puntualizó. 

Serafín Marín

El diestro catalán también se mostró contrariado por la mala fortuna. “Creo que habéis visto que ha sido imposible con mi primer toro que ha sido de lucimiento nulo y con el sexto nada porque no ha salido”, aseguraba. Marín compartía la opinión de Jesulín de Ubrique en referencia a la salida del quinto toro al ruedo. “No debía haber salido el toro al ruedo porque antes de eso ya estaban cayendo granizos al ruedo. Una vez que ha salido ya hay que matarlo como sea”, manifestó. “La corrida no se ha dejado nada, ha sido mansa por completo y no ha servido para nada”, concluyó.

Realiza: Emilio Trigo

Empresa Pagés

 

Crónicas del Festejo

PortalTaurinoMANUEL VIERAEl diluvio

El diluvio. Y ante la monumental cortina de agua y granizo, El Fandi, que se presta a torear. El ruedo de La Maestranza ya era un enorme lago. No le importaba. Quería a toda consta continuar la lidia a pesar de los intentos de convencimiento de Jesulín de Ubrique para que desistiera de tan enorme barbaridad. Con la montera calada, y calado también hasta los huesos, montó la espada y allí, casi en los medios de la enorme piscina, entró a matar muy decidido al último toro de la tarde, que no era el sexto sino el quinto. A partir de aquí el espectáculo fue suspendido.

Esta es la historia y no otra. Porque aunque la abundante agua acompañada de no menos abundante granizo provocó la suspensión de la corrida tras la muerte del citado quinto, los toros de César Rincón habían dado ya al traste con las ilusiones de los de abajo y los de arriba.

No es este el año del torero colombiano en La Maestranza. Ni le sirvieron los toros en sus anteriores actuaciones, ni sirvieron los suyos para la terna de hoy. Corrida de desigual presentación, mansa, sin una gota de casta, y además de embestidas cansinas y bobaliconas. Un desastre para el buen torero ganadero. Quedó el sexto en el chiquero ¿una incógnita?. Creo que no. Uno tras otro salían a la plaza con iguales características y comportamiento.

Y ante esto, Jesulín de Ubrique se limitó a trazarle despaciosos muletazos al noble y débil y grandullón primero antes de que se cayese. Tandas con las derecha, y algún intento con la izquierda, ligaditas y sin apreturas, obviamente, sin una pizca de emoción. Menos consiguió con el manso cuarto, que para colmo no transmitía a los tendidos el peligró que se le supone a la fiera. Un bajonazo y dos descabellos terminó con la vida del bobalicón animal.

El Fandi, ni siquiera con las banderillas provocó la pasión. Divirtió a la gente como siempre divierte con su espectacular tercio. Pero en esta ocasión le faltó toro y le sobraron facultades. El soso y descastado animal se asustó del poderío del granadino. Y en eso quedó la tarde de El Fandi, porque nada consiguió con los engaños y mal estuvo con la espada en este segundo. Con el quinto ya quedó dicho. Agua, mucha agua, las ganas del diestro de Granada por hacer algo épico y. suspensión. Mejor así.

Otro manso sin emoción en las embestidas fue el tercero, el único que mató Serafín Marín y con el que sólo hubo atisbo de calidad en unos trazos sin emoción. Otra vez será.


El País. ANTONIO LORCA.  Extraordinaria granizada 

¿Quién dijo lluvia? Ni los más viejos del lugar recuerdan una tormenta de granizo como la que ayer cayó en Sevilla durante la celebración de la corrida, que obligó a su suspensión a la muerte del quinto toro.

La verdad es que estaba suspendida desde el tercio de varas; el toro no fue banderilleado y El Fandi se limitó a pasarlo por la cara y matarlo a la primera. Para entonces, el ruedo se había convertido en un auténtico lodazal con una cuarta de agua, y el público esquivaba como podía los granizos del tamaño de un caramelo.

La extraordinaria tromba de agua comenzó a la salida del quinto toro y, rápidamente, el ruedo se volvió impracticable. El presidente hacía señales de su intención de suspender el festejo -el sistema es antediluviano-, mientras El Fandi insistía en continuar en contra de la opinión de Jesulín. Afortunadamente, no ocurrió percance alguno.

La corrida no tuvo otra historia. Los toros de El Torreón no permitieron el más mínimo lucimiento: muy sosos, blandos y sin sangre en las venas. Los diestros se mostraron voluntariosos, pero su empeño no encontró fruto alguno. Jesulín, técnico y muy frío; El Fandi banderilleó con facilidad a un torito con cara de corderito lechal, y Serafín Marín brindó al público el único que mató, que se rajó al primer muletazo.

Decididamente, la negra tormenta, con relámpagos, truenos y granizos, fue la gran protagonista de la octava de feria.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Una tromba de agua y granizo obligó a suspender la corrida en el quinto toro

Las nubes negras se desplomaron en una tromba de lluvia y granizo antes de que saliese el quinto toro. Caía el agua como una plaga del Antiguo Testamento. Agua de piedra. Ya llovía. Pero una cosa es llover y otra lo de ayer. Hubo tiempo para que se frenase la salida del toro... Si las comunicaciones en las plazas de toros funcionasen como deberían en el siglo XXI. O los reflejos de los hombres de hoy: el presidente no reaccionó. O reaccionó a destiempo. Después del tercio de varas ordenó la suspensión, a pesar de que Jesulín de Ubrique, como director de lidia, se lo solicitaba desde antes, mucho antes. Antes de que el toro saltase a la arena. Jesulín hacía aspavientos al palco, como enseñando con las manos la laguna del ruedo. ¿¡No hay forma de que las conexiones funcionen entre profesionales y autoridades de distinta manera!? ¿¡No existe un delegado en el callejón como emisario!? ¿¡No puede haber un puñetero walkie entre la presidencia y los torileros!? «Oiga, espere, no abra el portón, a ver si escampa». Así de sencillo. Una historia es que la fiesta de los toros sea ancestral, atávica, rito y ceremonia, y otra es que vivamos en el tercer mundo.

Total, que salió el toro, y, una vez que había salido, El Fandi quería matarlo contra todo argumento razonable, contra el director de lidia, contra el usía de efectos retardados. Contra toda razón, menos una: que estaba en su derecho de hacerlo. Una temeridad, cierto. Pero haberla evitado antes. Porque temeridad ya fue sacar el pañuelo blanco. ¿O no? Se picó al toro. Surgieron discusiones. Encabezonamiento de Fandila y responsabilidad de Jesulín. Dimes y diretes para que al final, como un árbitro, el presidente señalase con los brazos que allí no se seguía ni con la cuestión ni con la corrida. Fandi, montera calada y gesto contrariado, muleteó de aliño sin tercio de banderillas de por medio. Imposible era, salvo en barcaza o zodiac de contrabando. Abrevió, cazó la estocada y adiós muy buenas.

La tromba no paró. Fue la noticia. Un periodista sin noticia no es nada, y la tarde hasta entonces no había dado ni para un titular. Ya cuando llovía en el cuarto dos hombres la emprendieron a paraguazos, como en el trágico cuadro de Goya, la vieja y eterna España rompiéndose la madre, la España ya rota por los políticos, la política y la cobardía. Jesulín acabó sin despeinarse con un toro bajo de casta, que fue la tónica del sexteto de El Torreón. Tampoco se le escapó un mechón con el grandón primero. Grande y alto. Casi a su escala. Buen toro sin embargo. De justa duración, sí, pero para usar menos el pico y el muletón. Para ajustarse más pese al volumen.

Fandi deleitó a la parroquia con las banderillas, y la verdad es que anduvo lejos de sí mismo. El pasodoble de «Nerva» merecía más. El solo de clarinete, los vencejos, la veleta que marcaba que de Huelva venía el diluvio. Tres pares traseros coreados por público de domingo. Ni el cuarteo, ni la moviola ni el violín. Voluntad y facultades como buques insignias de su actuación. El toro jabonero de El Torreón se movió un poco, a su aire sobre la derecha de Fandila, una serie exactamente, y se desfondó a plomo. El espadazo asomó, de tan atravesado, por el costillar. Silencio profundo al terminar.

Serafín Marín quiso ponerse pronto a torear con el capote, como suele. No le dio opciones el manso toro, que se rajó desde el principio de faena. Entonces empezó a llover, a tronar, luego a granizar, dos a pelearse bajo los relámpagos encendidos... Y se extendió la noche como un manto de pedrisco sobre la ciudad vacía y navegable. La ficha técnica se ha borrado del cuaderno entre churretones de tinta, lágrimas azules que no traen, al fin y al cabo, ningún recuerdo. Sólo la lluvia en el papel.

 

 

 

 

 

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