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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del miércoles, 19 de abril de 2006
Corrida de toros

Vilches et son talon. Excelsos momentos de virtuosismo torero fueron los hondos naturales...
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Cebada Gago (bien presentados, desrazados, algunos mostraron mansedumbre). 

Diestros: 

  • Curro Díaz. Estocada tendida y caída, dos descabellos (saludos desde el tercio); bajonazo (palmas).
  • Fernando Robleño. Dos pinchazos que escupe, aviso, pinchazo que escupe, media estocada, descabello (silencio); pinchazo que escupe, media estocada, cinco descabellos (silencio).
  • Luis Vilches. Estocada entera (saludos desde los medios); cinco pinchazos sin soltar, aviso, estocada atravesada, descabello (saludos desde los medios).
Incidencias: Luis Vilches sufrió un revolcón en el quite del 2º toro de la tarde; fue atendido en la enfermería, pendiente de estudio radiológico. Continuó la lidia.

Tiempo: soleado.

Entrada: menos de tres cuartos.

PresidenteJuan Murillo.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, El Mundo, El País, Marc LAVIE, Diario de Sevilla, ABC, La Razón.

 

LOS PROTAGONISTAS

Curro Díaz
“A mis dos toros le he plantado mucha cara y he estado muy firme con ellos. Creo que he dado algún muletazo cuando nadie apostaba nada por ellos. Ojalá hubieran salido todos como el sexto de la tarde y todos seguro que disfrutamos. Continuaba Curro “ El primero descastado, soso y lo peor el peligro sordo que ha tenido, aunque le he dado fiesta tragándole tela y la pena que no tuviera eco en los tendidos. Si sale malo, que se vea para que todo el mundo lo palpe arriba. El cuarto muy agarrado al suelo y cuando embestía te quería comer, era rajado y parecía lastimado de los cuartos. La faena ha sido donde el toro ha querido, pero si hubiera roto es de esos que te dan moral, la pena es que no ha aguantado ni tres muletazos seguidos por que se paraba”. Par terminar comentaba que “la corrida en general con poca casta y con peligro, nada que ver con la que vimos en Castellón”
Fernando Robleño
“Estoy contrariado por el juego de los toros que han dado pocas opciones”. Así definía el madrileño su participación en la Maestranza después de terminar el festejo de Cebada Gago. “Mi primer toro, ha sido más complicado de lo que la gente ha podido ver . Cada vez que embestía se metía por dentro una enormidad, por ambos pitones y más visiblemente por el pitón derecho. Con el quinto de la tarde Robleño señalaba que “ lo había intentado todo y he puesto toda la voluntad que está plaza se merece. La pena ha sido no matarlo con la espada como se merece, aunque el toro se ha puesto muy molesto escarbando continuamente. Me duele venir a Sevilla y no poder triunfar en mi única tarde en la Feria de Abril”.
Luis Vilches
“Llevo varias corridas andando muy bien con los aceros, como se ha visto con el primero de mi lote. Este último era el que no debía haber fallado y la fíjate lo que ha pasado. Creo que si la espada entra el triunfo era rotundo, y la afición de Sevilla ha visto como estaba de entregado” Vilches también comentó que “ Al sexto había que tragarle y no dudarle nunca, porque sino te come, pero al final el toro ha sido agradecido y ha roto para adelante. He estado en torero y me he roto la cintura toreando al natural disfrutando mucho, pero nadie me quita el enfado que tengo ahora. Así de contundente eran las declaraciones de Luis Vilches al termino del festejo. “ La Maestranza lo ha sabido reconocer y he sentido una cosa muy bonita” El utrerano visiblemente enfadado por el fallo a espadas en el sexto afirmaba que “ llevo varias corridas andando muy bien con los aceros, como se ha visto con el primero de mi lote. Este último era el que no debía haber fallado y la fíjate lo que ha pasado. Creo que si la espada entra el triunfo era rotundo, y la afición de Sevilla ha visto como estaba de entregado”.  Vilches también comentó que “ Al sexto había que tragarle y no dudarle nunca, porque sino te come, pero al final el toro ha sido agradecido y ha roto para adelante. He estado en torero y me he roto la cintura toreando al natural disfrutando mucho, pero nadie me quita el enfado que tengo ahora. Así de contundente eran las declaraciones de Luis Vilches al termino del festejo. “ La Maestranza lo ha sabido reconocer y he sentido una cosa muy bonita” 
Realiza: Emilio Trigo


Lástima de naturales de Luis Vilches. Crónica de Vicente Zabala
Crónicas del Festejo


El País. ANTONIO LORCA.  
La elegancia frustrada de Luis Vilches

Frustradísima, pero muy elegante, también, la torería, la hondura y el aroma que ayer desprendió Luis Vilches en La Maestranza.

Frustradísima porque lo que debió ser un triunfo de ley en el sexto de la tarde quedó en unas palmas de consuelo. Y con la falta que le hace un éxito a este torero después del maltrato que ha recibido de la empresa sevillana al colocarlo en los dos carteles más duros del abono... Todo quedó en unas palmas de consuelo porque Vilches mató mal, muy mal, a un toro al que toreó como los ángeles con la mano zurda, y engrandeció el toreo verdadero con pases largos, lentos, hondos y ligados. Embebió al toro en la franela, enganchó la embestida y se lo pasó por la cintura con la verdad del toreo más auténtico. Fueron sólo dos tandas al natural, pero supieron a algo muy grande y solemne de la mano de un artista que, muleta en mano, reivindicó un mejor trato.

Momentos antes había dejado muestras de su categoría con la mano derecha y dibujó un toreo de trazo excelente, ligado y hondo. Porque Vilches es un torero con un gran sentido de la elegancia, del tiempo y los terrenos. Qué pena que su obra de arte quedara inacabada con esos cinco pinchazos que se le habrán clavado en lo más hondo de su alma. Pero Vilches tiene mimbres suficientes para ser torero y ojalá le acompañe la suerte.

Ese mismo toro persiguió con saña al subalterno Tomás Loreto a la salida de un par de banderillas, y a duras penas consiguió llegar al burladero, aunque se llevó un golpe de época del que tardará en recuperarse.

No acabó de entenderse, sin embargo, Vilches con su primero, un toro de muchos pies en los primeros compases de la faena, y al que pasó con rapidez y escaso acoplamiento.

Quedó, no obstante, la tarde libre de tanto disgusto como proporcionó la corrida de Cebada Gago, una completa decepción por su juego deslucido, manso, descastado, insípido, de feo estilo y corto recorrido. Una corrida infame para tres diestros que, al menos, mostraron una voluntariosa decisión para afrontar las dificultades.

Así le ocurrió a Curro Díaz, un torero fino que no pudo triunfar pero acabó con su difícil lote, con enorme gallardía y pundonor, y sorprendió a todos por su entrega y arrojo en ambos toros.

Cargado de defectos llegó el primero, y no se amilanó el torero, quien, por el contrario, aguantó coladas de miedo y, bien colocado siempre, exprimió la corta embestida del toro. Pronto se rajó el cuarto, aunque le permitió demostrar que es un torero a tener en cuenta y que puede dar mucho de sí si los toros lo respetan. Ayer no tuvo suerte, aunque estuvo muy por encima de su lote.

También salió airoso Fernando Robleño; valiente en todo momento y muy decidido, se peleó con el segundo, un toro con el recorrido muy corto y una enorme falta de casta, con el que se justificó sobradamente.

Con un pase cambiado por la espalda inició la faena de muleta en el quinto y los pitones le rozaron la taleguilla. El animal, muy deslucido, no permitió la continuidad deseada y, a pesar del interés del torero, no consiguió enardecer a nadie. Por cierto, Robleño mató muy mal a sus dos toros, con una preocupante falta de tino.

Eso fue lo que le faltó al triunfador moral de la tarde, Luis Vilches, un torero de Utrera que lamentará mucho tiempo su falta de puntería. Pero otras tardes vendrán para seguir regando el ruedo con la fina elegancia de su alma de artista.


El Mundo. CARLOS CRIVELL. La mala espada de Luis Vilches

Con la salida del sexto, la corrida tomó una dimensión distinta. El de Cebada, cárdeno o burraco, tenía casi seis años, se movió en los primeros tercios con alegría aunque buscando siempre los adentros. En la muleta se conjuntaron el fondo de nobleza del animal y un torero con firmeza y mucha torería. 

Luis Vilches toreó en redondo en dos tandas simplemente buenas.Cuando se echó la muleta a la izquierda el toro rompió a bueno y surgieron naturales de gran hondura, mucha ligazón y quietud, que acertó a rematar de forma perfecta en pases de pecho muy sentidos. Tenía que matarlo bien, pero como ya es una dolorosa costumbre en el torero de Utrera pinchó hasta cinco veces.

Los toros de Cebada eran explosivos en los primeros tercios pero llegaban descafeinados a la muleta. Pasaron del genio a la más absoluta inoperancia. Curro Díaz, espada de corte agitanado, se enfrentó al manso que abrió la corrida con buen ánimo. Los doblones de apertura fueron muy toreros. No hubo nada más. El espada estuvo digno. También manseó el cuarto. Curro Díaz le dio dos derechazos de buena factura pero el de Cebada se aplomó y acabó acobardado sin querer embestir.

Fernando Robleño es un lidiador curtido en todas las batallas taurinas del mundo. El segundo era una animal brusco y antipático.Tampoco el madrileño ayudó mucho con una faena movida. Se ayudó siempre con el estoque y fue una labor de suspense y de escaso aplomo. El quinto también fue un derroche de genio. Robleño dio muchos pases voluntariosos sin que su labor tuviera eco en el tendido.

Los de Cebada volvían después de un año de descanso. Su juego fue decepcionante. Fueron reses de engaño. La corrida tenía mucho que torear; por tanto, un respeto para quienes se pusieron delante.

El ejemplo más claro de estos toros se resume en el tercero.Fue un toro de embestidas alocadas en banderillas, se podía esperar un galope vibrante en la muleta, pero la plaza se quedó desconcertada al ver cómo el animal reducía el viaje y acababa parado y en la reserva. Luis Vilches estuvo sobrado y suficiente en algunas tandas con la derecha.

El capítulo final de la corrida fue la bocanada de aire fresco de esta cuarta de abono. Vilches toreó por naturales, pero ello no es suficiente cuando no se rubrica tanta elegancia con la espada. Pero, a pesar de este lamentable fallo, el diestro dejó su pabellón alto y justificó que se merecía un contrato mejor en la Feria.


PortalTaurinoMANUEL VIERAVilches y el natural

Sobre Vilches, a que negarlo, pesan dos cosas, y no de ahora. Una es la rigidez de su toreo en los inicios, de capa o de muleta, da igual; y otra su limitada espada. No encuentra el sitio en el momento clave. La mano no obedece a la mente. Marra una y otra vez, una y otra tarde, cuando el triunfo ahí está. Y pasan las ferias de tronío, y las temporadas, y el buen torero de Utrera no acaba de alcanzar la cima. La que le corresponde a su  toreo, a su demostrada clase. Vilches se queda muy cerca de la meta, pero no la alcanza. Y es una pena.

El toreo de Luís Vilches no debe de ocupar un lugar secundario. Sus formas elegantes, ajustadas , convincentes, confirman una vez más una calidad  extrema, pero no le garantizan el triunfo en días claves. Y hoy fue uno de ellos.

La magnifica serie de naturales que Luís Vilches le trazó al mejor toro de la descastada corrida de Cebada Gago, el sexto, marcó la tarde, y pudo marcar el futuro más inmediato del utrerano. Porque al margen de lo que fue lo más interesante del trasteo, con momentos de un toreo al natural hondo y sugerente, la faena no alcanzó ese inmenso interés de la alta calidad.

El serio y astifino cebadagago ya demostró diferentes cualidades a las antes vistas a sus hermanos de camada en los lances de capa de Luis, que lo toreó con parsimonia pero con ese punto de rigidez ya escrito. En banderillas acusó su raza, y la muleta siempre quiso alcanzarla con clase. Tras unas inconclusas tandas de derechazos en los inicios del trasteo, surgió el toreo con esa emoción que provoca el dialogo desde abajo con los de arriba. Excelsos momentos de virtuosismo torero fueron los hondos naturales. No sólo por el asombroso temple con el que dominó la embestida, sino por la despaciosidad rítmica del largo y bien rematado trazo. Faena de triunfo malograda, una vez más, con un auténtico mitin con la espada. A su favor: el mal estado físico causado por la posible rotura de una costilla tras la cogida sufrida mientras quitaba en el primer toro de Robleño.

Con el encastado tercero, toro de oreja, anduvo Luis en buena línea. Notables muletazos de calidad con la diestra durante un trasteo intermitente que no llegó a alcanzar altas cotas. Sin embargo la estocada, esta vez sí, entró en el agujero de la muerte.

A la corrida de Salvador G. Cebada les faltó la casta pero no la presencia y la seriedad de las defensas. Mejor calidad tuvo el tercero, y el sexto fue un gran toro.

Curro Díaz sólo dibujó muletazos con la compostura de su soñado toreo. No hubo más . Ni con el manso primero, ni con el más potable cuarto alcanzó una mínima pizca de emoción . Tampoco Fernando Robleño estuvo como nos tiene acostumbrado. Es decir, el amo del ruedo con ese toreo de valor y de ganas. Anduvo más dispuesto con el quinto que con el segundo, pero sin llegar con ambos a nada destacable. Un remate de capa a una mano al primero, lo único 
para recordar. Con la espada fatal.


Marc LAVIE. Vilches et son talon

Une nouvelle fois, Luis Vilches a perdu un triomphe avec l'épée. Car il a exprimé à merveille le sixième toro de Cebada Gago, un toro gris original et de grand tempérament, lors d'une faena rythmée, suave, notamment dans trois dernières séries à gauche parfaitement exécutées. Hélas, l'épée, talon d'Achille de ce bon torero, fut une nouvelle fois un calvaire : quatre pinchazos avant d'enfoncer une entière, et deux descabellos, et adieu triomphe... En sa faveur, Vilches était diminué physiquement car le premier toro de Robleño le prit lors d'une véronique citée de face après la deuxième pique et lui fractura une côte. Le troisième galopa avec classe mais cessa de répéter sa charge lorsque le torero d'Utrera, bruyant et précipité, abusa des attaques.

Curro Díaz fut correct avec le pire lot : un premier totalement décasté qu'il tua d'une bonne estocade et un quatrième qui sembla souffrir des vertèbres.

Robleño a connu une amère journée. La meilleure volonté du monde mais... 

Dans les cuadrillas, à détacher une nouvelle fois l'excellent travail de cape de Rafael Cuesta, un jeune banderillero promis à un grand avenir.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO.  El doctor Vilches borda el toreo, pero falla con 'el bisturí'

Al salir de la Maestranza me venía de nuevo la canción de Alejandro Sanz: "No es lo mismo ser que estar/ No es lo mismo estar que quedarse, que va/ tampoco quedarse es igual que parar... No es lo mismo... es distinto". Y uno, sin apenas oído para la música, al salir de la plaza le ponía la misma musiquilla, tras la gran faena al natural de Luis Vilches, que bordó el toreo, pero que empañó con un sin fin de pinchazos. Y pensaba: "No es lo mismo pinchar que estoquear bien... No es lo mismo... es distinto". Y eso tiene unas consecuencias trascendentales. A El Cid, hasta hace un par de temporadas le sucedía lo mismo. Empañaba faenas de escándalo, pero no mataba. Y ahí estaba, que no lo conocía más que la prensa especializada. 

Luis Vilches, que el año pasado ya pinchó tras una gran faena a un victorino y pagó sus consecuencias, debe ponerse las pilas, para no desaprovechar éxitos mayúsculos.

Porque Vilches dio una lección de toreo. Estuvo sembrado ante el sexto, el único toro potable de un pésimo encierro de Cebada Gago. Un toro manejable que, aunque escarbador, llegó a meter la cara y seguir bien los engaños. Ojo, un toro, pasado de edad, cinqueño para seis años. El utrerano voló bien la capa en las verónicas de recibo. Su banderillero Tomás Loreto fue perseguido por el toro, a velocidad de rayo, y a velocidad de rayo alcanzó el peón un burladero salvador cuando la cogida estaba cantada. Vilches abrió de manera torerísima la faena para llevarse el toro a las afueras. Con la derecha, los pies atornillados y en corto, ligó tres muletazos que supusieron una convulsión para el público. Luego, otra serie de cuatro y el de pecho ratificó la buena colocación y temple del torero. La música se arrancó tarde. Y a partir de ahí, no sólo continuó la faena de manera sobresaliente, sino que el doctor en tauromaquia Luis Vilches nos deleitó por el otro pitón con muletazos de cante grande ¡Cómo toreó al natural! Se valió de las querencias del toro para rematar largos pases y engarzar la salida del astado para ligar. También hubo naturales a pies juntos. Uno de los muletazos fue de escándalo, un auténtico cartel de toros, al que añadió como guinda del pastel un garboso pase del desprecio. El público estaba enloquecido. El torero no se midió y, en su ambición, se perdió en otra tanda más por ese lado, en la que el toro le tropezó el engaño. Sea porque se pasó de faena o más bien porque no consiguió que el toro humillara en el embroque, los reiterados pinchazos –hasta cinco– anegaron una gran obra artística.

Con el tercero, que rebrincaba por el pitón izquierdo y no humilló claramente por el derecho, mantuvo un pugilato, en el que se impuso. Dos de las tandas, por el pitón derecho, tuvieron una gran intensidad. Se tiró con agallas, pero mató de bajonazo. En el quite que le correspondía en el segundo toro, fue cogido de manera aparatosa cuando se estiraba a la verónica.

Los otros cinco toros de Cebada Gago tuvieron el denominador común de la mansedumbre y tanto Curro Díaz como Fernando Robleño cumplieron con creces.

Curro Díaz, con el que abrió plaza, estuvo muy seguro en una faena seria y de destellos estéticos, en la que destacaron algunos pases de calidad con la diestra. Se tiró como un león a la hora de matar. Con el otro toro de su lote, manso e incierto, que lo mismo metía la cara o se quedaba cortó y acabó en tablas, el linarense, con donaire, robó algunos muletazos estimables y mató al encuentro.

El madrileño Fernando Robleño estuvo en lo que se esperaba, en guerrillero. Con el segundo, que se rajó tras el primer tercio y embistió a arreones, cumplió en el manejo de la capa y cuajó una faena meritoria, con el denominador común del pundonor. Ante otro de los mansos, el quinto, impresionó en el comienzo de faena, en la que intentó, de lejos, un pase cambiado por la espada. Como el animal no acudía, Robleño se la jugó de cerca en ese pase, con una colada de la que se libró milagrosamente por reflejos. Se pasó de tiempo en una labor peleona, que puso al toro imposible para matar, cabeceando y esperando.

Al doctor Vilches –no al de la tele, sino al torero–, con un diagnóstico al natural de escándalo, no le funcionó el bisturí. Lo mismo, el lector se pregunta: ¿Pero si hizo una faena extraordinaria, con arte, por qué no le premiaron?... Ya se lo he dicho, amigo. Y lo dice Alejandro Sanz: "Que no, que no es lo mismo...". El doctor Vilches borda el toreo, pero falla con 'el bisturí'

Al salir de la Maestranza me venía de nuevo la canción de Alejandro Sanz: "No es lo mismo ser que estar/ No es lo mismo estar que quedarse, que va/ tampoco quedarse es igual que parar... No es lo mismo... es distinto". Y uno, sin apenas oído para la música, al salir de la plaza le ponía la misma musiquilla, tras la gran faena al natural de Luis Vilches, que bordó el toreo, pero que empañó con un sin fin de pinchazos. Y pensaba: "No es lo mismo pinchar que estoquear bien... No es lo mismo... es distinto". Y eso tiene unas consecuencias trascendentales. A El Cid, hasta hace un par de temporadas le sucedía lo mismo. Empañaba faenas de escándalo, pero no mataba. Y ahí estaba, que no lo conocía más que la prensa especializada. 

Luis Vilches, que el año pasado ya pinchó tras una gran faena a un victorino y pagó sus consecuencias, debe ponerse las pilas, para no desaprovechar éxitos mayúsculos.

Porque Vilches dio una lección de toreo. Estuvo sembrado ante el sexto, el único toro potable de un pésimo encierro de Cebada Gago. Un toro manejable que, aunque escarbador, llegó a meter la cara y seguir bien los engaños. Ojo, un toro, pasado de edad, cinqueño para seis años. El utrerano voló bien la capa en las verónicas de recibo. Su banderillero Tomás Loreto fue perseguido por el toro, a velocidad de rayo, y a velocidad de rayo alcanzó el peón un burladero salvador cuando la cogida estaba cantada. Vilches abrió de manera torerísima la faena para llevarse el toro a las afueras. Con la derecha, los pies atornillados y en corto, ligó tres muletazos que supusieron una convulsión para el público. Luego, otra serie de cuatro y el de pecho ratificó la buena colocación y temple del torero. La música se arrancó tarde. Y a partir de ahí, no sólo continuó la faena de manera sobresaliente, sino que el doctor en tauromaquia Luis Vilches nos deleitó por el otro pitón con muletazos de cante grande ¡Cómo toreó al natural! Se valió de las querencias del toro para rematar largos pases y engarzar la salida del astado para ligar. También hubo naturales a pies juntos. Uno de los muletazos fue de escándalo, un auténtico cartel de toros, al que añadió como guinda del pastel un garboso pase del desprecio. El público estaba enloquecido. El torero no se midió y, en su ambición, se perdió en otra tanda más por ese lado, en la que el toro le tropezó el engaño. Sea porque se pasó de faena o más bien porque no consiguió que el toro humillara en el embroque, los reiterados pinchazos –hasta cinco– anegaron una gran obra artística.

Con el tercero, que rebrincaba por el pitón izquierdo y no humilló claramente por el derecho, mantuvo un pugilato, en el que se impuso. Dos de las tandas, por el pitón derecho, tuvieron una gran intensidad. Se tiró con agallas, pero mató de bajonazo. En el quite que le correspondía en el segundo toro, fue cogido de manera aparatosa cuando se estiraba a la verónica.

Los otros cinco toros de Cebada Gago tuvieron el denominador común de la mansedumbre y tanto Curro Díaz como Fernando Robleño cumplieron con creces.

Curro Díaz, con el que abrió plaza, estuvo muy seguro en una faena seria y de destellos estéticos, en la que destacaron algunos pases de calidad con la diestra. Se tiró como un león a la hora de matar. Con el otro toro de su lote, manso e incierto, que lo mismo metía la cara o se quedaba cortó y acabó en tablas, el linarense, con donaire, robó algunos muletazos estimables y mató al encuentro.

El madrileño Fernando Robleño estuvo en lo que se esperaba, en guerrillero. Con el segundo, que se rajó tras el primer tercio y embistió a arreones, cumplió en el manejo de la capa y cuajó una faena meritoria, con el denominador común del pundonor. Ante otro de los mansos, el quinto, impresionó en el comienzo de faena, en la que intentó, de lejos, un pase cambiado por la espada. Como el animal no acudía, Robleño se la jugó de cerca en ese pase, con una colada de la que se libró milagrosamente por reflejos. Se pasó de tiempo en una labor peleona, que puso al toro imposible para matar, cabeceando y esperando.

Al doctor Vilches –no al de la tele, sino al torero–, con un diagnóstico al natural de escándalo, no le funcionó el bisturí. Lo mismo, el lector se pregunta: ¿Pero si hizo una faena extraordinaria, con arte, por qué no le premiaron?... Ya se lo he dicho, amigo. Y lo dice Alejandro Sanz: "Que no, que no es lo mismo...". 


Foto de ABC. Impresionante volapié de Curro Díaz en el mismo hoyo de las agujas al primer cebada de la tarde./J. M. SERRANOABC. ZABALA DE LA SERNA. Lástima de naturales de Luis Vilches

Lástima de naturales de Luis Vilches. Lástima que murieran sin la corona de la estocada, como pétalos de prematura caída. Lástima, porque era el día de Vilches, y la hora. El día D y la hora H. El día para que te salga un toro de la calidad del de Cebada Gago; la hora para que te saques las espinas del camino amargo del toreo. Le queda, nos queda, el regusto de su izquierda. Pero al morral había que echar las orejas para que el camino se abra, limpiarlo de amarguras, de las espinosas zarzas que lo invaden cerrando el paso. La espada, tan necesaria para desbrozar la senda hacia lugares más tranquilos, falló una, dos, tres, hasta cinco veces. Y los oles se secaron, la plaza enmudeció, los naturales quedaron atrás.

Tandas esplendorosas 

La alegría para cantar en grande falta en estos momentos, y quizá faltó también grandeza para, consumadas dos tandas esplendorosas, no irse a por la espada y romper un ritmo hasta entonces creciente. Faltaba una más, la de la ambición, la del paso de la oreja a las dos. Ya con el acero en la mano Luis Vilches y el toro no se volvieron a conjuntar. Tal vez Vilches acudiera pensando en acabar, y el toro, en no morir: los dos se descentraron en el parón. La cuestión es que la serie salió embarullada y luego los pinchazos se sucedieron.

«Rociero», que así se llamaba el burraquito cebada, estrecho de sienes, de pitones delanteros, embistió de dulce en manos de la cuadrilla que abusaba de capotazos; de dulce en las verónicas de saludo de Vilches, cuando ya marcó el viaje eterno de un pitón izquierdo de lujo; embistió de dulce cuando la muleta le llamaba a rastras, aunque escarbase entre las series... Luis Vilches se lo fue creyendo poco a poco. Los inicios sobre la derecha tersa, los pases de pecho como orlas, un cambio de mano. Todo cada vez más hilvanado. Hasta que su zurda de muñeca privilegiada barrió el albero, abriendo las embestidas que casi se abrían solas. El resto de la historia ya es agua pasada y contada.

«Rociero» fue la estrella golosa de una corrida de Cebada Gago de buenas hechuras, que no terminaba de romper hacia delante, pero que aprobaba suficientemente el examen hasta que saltó a la arena «Sabihondo», que fue el quinto y empezó a subir la nota del conjunto con creces.

Este «Sabihondo» cayó en manos de Fernando Robleño, y tuvo un buen lado derecho para que Robleño hubiese estado mucho mejor. F.R. prologó con un ajustadísimo cambio por la espalda para después perderse en un mar de derechazos. Nada fue lo adecuado. Ni el principio ni el amontonado desarrollo. A izquierdas el cebada era otro. O el mismo pero más cabrón. Para colmo Robleño se atascó con la tizona. Como en el segundo, que le propinó un volteretón a Luis Vilches al vencerse en un quite. No fue ni el malo, malo, de Cebada ni tampoco el bueno, bueno. Un toro tal vez para batallar o apostar más. A Robleño se le ha visto sobreponerse en Madrid a toros infinitamente peores, por terribles, en tiempos no tan lejanos.

Acobardado 

Curro Díaz sorteó el peor lote. Uno que abrió plaza muy cuajado, recortado y enmorrillado, castaño, manso y sin humillar, con el que el hombre estuvo digno, un tanto a la pala, y valiente y honrado a la hora de tirarse tras la espada. Le puso fe, se atracó de toro y hundió hasta los gavilanes por el hoyo de las agujas. Por ello le ovacionaron. El otro, el cuarto, se acobardó mucho desde que apareció. Y en el caballo, más. Y le flaqueaban los cuartos traseros, de forma especialmente acusada desde el tercio de banderillas. Así se dejó con sosa y tímida bondad decadente y desfondada en la muleta.

Y Vilches lo había intentado, con desigual resultado, con un tercero desigual. Unas veces obedecía por abajo, y otras, las más, echaba la cara arriba. Tuvo casta y movilidad. Siempre con el defecto señalado de la desigualdad en las alturas. Vilches se justificó, entre excesivas voces, antes de sembrar el ruedo de pétalos zurdos en el sexto.


La Razón. JUAN POSADAAdiós a un toro de cortijo

Toda la plaza comentaba, ya casi al final de la faena de Vilches al sexto, que por fin el chaval lograría meter la cabeza entre los que más cobran. Pero a la hora decisiva, la de la verdad, no quiso ser millonario y falló con la espada. Había toreado con la mano izquierda gustándose y gustando a todo el personal; se había recreado en tres tandas excelentes. Cerciorándose de que el toreo cuando se ejecuta pensado con el cerebro y accionado con el corazón puede ser una obra de arte que satisface más al creador que al observador. Curro Díaz tiene fama de artista, pero en esto del toreo al arte también hay que ponerle más decisión. Fernando Robleño la aportó en sus dos faenas, pero le faltó acoplarse, sobre todo en la distancia. Curro Díaz, demasiados trapazos con el capote, él y su cuadrilla. El toro, manso, tomó bien la muleta siempre que se la pusieran en el sitio y el torero se situara en su lugar: cruzado. Todo fue un toma y daca de muletazos sin sentido, a los que les faltó, aparte de los defectos técnicos, más energía, más transmisión. Con el cuarto, que mostró tendencia a tablas desde el principio, equivocó las distancias y no intentó, al menos, sacarlo a los medios ya que cuando metía la cabeza, lo hacía bien. Pero al intuir el refugio de los tableros, remoloneaba. Aun así, logró algunos derechazos muy estimables y varios naturales. Faena con buenos detalles, de un diestro que concibe bien el toreo, pero que pecó de encimista en algunos momentos. 

Robleño lanceó bien de salida al segundo, que, en un quite, volteó de forma aparatosa a Vilches. Inició la faena por bajo para enseguida citar con la izquierda, muy valiente a pesar de los hachazos del toro. Volvió con la zurda, siempre adelantada, y aguantó las irregulares embestidas del animal. Las series que vinieron con la derecha, en corto y ganando terreno. Quizá se pasó de faena, que, no obstante, tuvo buen aire y valor. Con la espada, mal. Inició la faena con un muletazo por la espalda, excesivamente en corto, ya que el toro se había afincado en los terrenos de dentro. Y allí desarrolló la faena cuando debió intentar aliviarlo sacándolo más hacia fuera. La labor, muy valiente, no fue realizada en la distancia adecuada. Robleño, al segundo pase de cada serie, derivaba hacia la cercanía de los pitones, ahogando unas arrancadas que ya eran cortas de por sí. No obstante, se mostró valiente y tesonero, empeñado en ligarle los muletazos, cuando las condiciones del toro exigían perderle un paso o dos para darle desahogo y espacio. Volvió a fallar con la espada. 

Luis Vilches citó desde el centro al buen tercero con la mano derecha. El animal repetía las arrancadas con un punto de violencia cuando no lo acompañaba en la embestida. La segunda tanda diestra, mejor, puesto que se colocó en el sitio adecuado y dejó la muleta en la cara. A partir de entonces, aquello se vino a menos aunque el torero se empeñó por naturales, pero por ese pitón había que llevarlo muy toreado. Cuando lo hizo remató bien los pases, al no efectuarlo, le tiraba derrotes a la cara. Faena voluntariosa, quizá falta de chispa. Entendimiento. Al excelente sexto le encontró pronto la medida, que era dejarle la muleta en el morro al rematar cada pase. En los primeros con la derecha, el toro repitió y el diestro aguantó. Ahí estuvo la clave, ya que desengañó al animal, que había embestido un tanto violento y comenzó a templar la arrancada. Vilches se acopló muy bien y en algunos momentos, sobre todo en los naturales, le puso ritmo y recreo. La pena fue que lo estropeara todo con la espada; entró hasta cinco veces con el brazo suelto y sin decisión de rematar la obra. Lástima.

 

Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas