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REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del domingo, 18 de junio de 2006
Novillada
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de El
Serrano (bien presentados y juego desigual, destacando el 3º).
Novilleros:
Tiempo: buen tiempo, tarde calurosa.
Entrada: media plaza.
Presidente: Gabriel
Fernández Rey.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
Diario
de Sevilla.
Crónicas del Festejo
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Una estocada de
premio
Resulta loable la complacencia de esta plaza con los que aquí se visten de torero. Y sobre todo en estas fechas donde el visitante ocupa tendidos de abonados y gradas de los reventa. Sean unos o sean otros, da igual, la gente tiene una paciencia infinita, una benevolencia y un aguante sin límite, aunque la pesadez, el bostezo y el cansancio sea la nota predominante de la tarde de toros.
No hubo, ay, ni un sólo pase que transmitiera importancia al espectador. Y se dieron pases para dar y tomar durante las dos horas de espectáculo. Pases hasta cansar al más paciente de los aficionados. Lo dieron Emilio de Justo y Ambel Posada, porque Jesús Herrera lo poco que hizo fue, además, demasiado trivial.
Emilio de Justo y Santiago Ambel Posada llevan algunas temporadas lidiando utreros. Y ahí siguen, en una lucha sin lucha. Como si el objetivo estuviera alcanzado. Se gustan. Le jalean lo insustancial desde las troneras de burladeros. Y siguen, porque alguien aún le dice que hay que luchar por los sueños. Pero alguien también le debería hacer saber que cuando el camino se muestra imposible, es mejor intentar buscar otro.
Se mire por donde se mire, no hay excusas para que E. de Justo no le cortará las orejas al cuarto. Maquilló su actuación con la perfecta estocada con la que tumbó al noble y sosote novillo de El Serrano, pero no lo toreó. Sus maneras de artistas se pierden en la búsqueda de la compuesta figura, pero le falta autenticidad. Todo resultó demasiado banal. Unos entonados muletazos con la diestra y un natural de trazo largo, pero despegado, fue lo único destacable de las excesivas e interminables tandas de pases sin importancia. Eso sí, ya quedó escrito, la estocada de premio. Con el inválido primero, que se echó en la segunda tanda de muletazos, sólo esbozó el pase de salón. Con la espada atinó también en lo alto.
Y si E. de Justó muleteó incansable, Ambel Posada le ganó la partida con el quinto. Pocas faenas pueden ofrecer tal cantidad de muletazos con tan poca importancia. Se los dio al citado quinto, un noble y manso novillo que embestía, sin embargo, sin molestar. Y se los dio en línea, para afuera, y sin exponer un alamar. Largo trasteo de izquierda, con algún que otro natural y adorno bien dibujado. No hubo más. Con el flojo y rajado segundo no tuvo continuidad una faena de escasa emotividad. Con la espada anduvo entonado.
Dicen que sólo los fuertes vencen y sobreviven. Ojala Jesús Herrera sobreviva y esté mucho tiempo en esto. Alguien, también, le ha de decir la verdad. Hoy apostó por el debut en Sevilla y no ganó. No estuvo ni bien ni mal. Simplemente no estuvo. Ni con el tercero, el mejor junto con el cuarto, de la blanda y sosa novillada de El Serrano, al que banderilleó muy bien Álvaro Núñez, ni con el sexto, al que E. de Justo hizo lo más interesante en un quite por chicuelinas.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO.
Emilio de Justo, estocada de premio y verónica belmontina
En el festejo de ayer en la Maestranza, demasiado hueco y vacío en lo artístico, monótono y hasta un punto aburrido, lo más destacable fueron dos suertes puntuales a cargo de un mismo torero: una gran estocada y una media excelsa, de escándalo, con aires belmontinos, del cacereño Emilio de Justo. Con una novillada de El Serrano, dispar en sus hechuras, aunque con trapío más que suficiente, y de juego desigual, la terna se marchó de vacío. Una terna de novilleros compuesta por De Justo, Santiago Ambel Posada y Jesús Herrera. Los dos últimos no dejaron huella alguna en su toreo.
Emilio de Justo, el más destacado, por cuanto dio la única vuelta al ruedo, únicamente tuvo un cartucho aprovechable: el cuarto novillo. Se enfrentó al peor lote. Su primer oponente, nobilísimo, pero flojísimo, se echó tras un par de tandas. El torero esbozó algunos pases con un animal que era prácticamente un fantasma, un alma en pena, al que despachó de una eficaz estocada.
El cuarto novillo, abanto de salida, atacó al picador de puerta y al de turno, en una pelea desigual, para llegar a la muleta mansote y deslucido. Emilio de Justo, con oficio, realizó una faena muy entonada, aunque discontinua, en la que logró algunos muletazos de bella factura. En el epílogo, por codillear en exceso, se echó encima el novillo, que le despidió en una aparatosa voltereta, de la que salió afortunadamente ileso. La gran estocada que propinó en la suerte suprema, por ejecución y colocación, era de premio. Al menos, los aficionados de antaño así lo tenían en cuenta. Claro, que cada día quedan menos aficionados. El público solicitó el trofeo más a gritos que con los pañuelos y tras la petición, que no alcanzó la mayoría, el novillero extremeño dio una más que merecida vuelta al ruedo.
Santiago Ambel Posada, que tomará la alternativa el próximo mes en la plaza de Pamplona, dio una pobre impresión. Su segundo cartucho, un jabonero precioso, fue el astado de mayor nobleza del encierro. Mal colocado, sin cruzarse, los pases surgieron sin ligazón; en algunas ocasiones medios pases y en otras deslucidos por los enganchones. Faltó temple y le sobraron precauciones. Demasiado preocupado por la estética, desaprovechó una buena baza para triunfar en la Maestranza.
En su primera oportunidad, en su primer acto, Posada concretó una faena aseada y de escasa ambición con un novillo manso y noble, que fue siempre a su aire.
El debutante Jesús Herrera evidenció falta de oficio y rodaje. En las afueras y en la distancia corta, el novillero algecireño no llegó a acoplarse en ningún momento con un animal que podía haber dado mucho de sí y al que no le encontró la tecla.
Jesús Herrera realizó un trasteo sin brillo alguno y sin conseguir nada positivo con el novillo que cerró plaza, un animal mansote, con tendencia a tablas, pero manejable, con el que no llegó a estar convencido para metas mayores. Fue con este animal, con el que Emilio de Justo, en su quite correspondiente, remató unas chicuelinas con una media antológica, en la que se enroscó literalmente al novillo al cerrar el capote. Un chispazo artístico de altura.
Con la salvedad apuntada y, en consecuencia, la grata impresión que dejó Emilio de Justo, el espectáculo estuvo bajo mínimos. Con una novillada deslucida en su conjunto, pero que no se comía a nadie, quizás les faltó a los novilleros eso...hambre.
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