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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del lunes, 17 de abril de 2006
Corrida de toros

López Chaves cortó una oreja y dio una vuelta al ruedo tras una sólida actuación./J. M. SERRANO. Diario ABC

FICHA TÉCNICA

Ganadería:   Toros de Celestino Cuadri (bien presentados, buenos, con juego).

Diestros: 

  • Ruiz Manuel. Estocada entera, caída (silencio); media estocada caída (silencio). 
  • López Cháves. Estocada baja (vuelta al ruedo); estocada entera (oreja).
  • Antón Cortés. Municipal, descabello (palmas a la voluntad); Pinchazo atravesado que escupe, descabello (silencio).

Banderillero que saludó: Alberto Hernández, de la cuadrilla de López Chaves, por el quite provindencial efectuado en ayuda del banderillero Antonio Osuna, de la cuadrilla de Ruiz Manuel.

Tiempo: soleado.

Entrada: más de tres cuarto.

PresidenteGabriel Fernández Rey.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, ABC, El País, Diario de Sevilla, El Mundo, La Razón.

 

LOS PROTAGONISTAS

Ruiz Manuel
"La corrida ha tenido de todo un poco. Mi primer toro ha sido muy bruto aunque ha tenido alguna arrancada suelta. El último de mi lote ha tenido cierto son, pero sin continuidad alguna y esa sosería es muy difícil superarla. Me quedo con los momentos buenos, como es estar en la Feria de Abril y muy disgustado, porque los toros los esperaba de otra forma. A los de Cuadri, le ha faltado querer cogerla de verdad y romper para adelante."
López Chaves
"He intentado gozar toda la tarde desde que hice el paseíllo, porque estas tardes se presentan como muy pocas y es un privilegio estar en esta Feria. Imagínate lo que ha significado para mi cortar esa oreja, algo inenarrable lo que sentido. La pena que la espada en mi primero se fue algo baja, porque Sevilla ha reconocido mi esfuerzo y quizás el triunfo hubiera sido mayor. Ahora, en mi segundo tenía claro que no se me podía ir y lo he matado bien. Creo que lo importante de la tarde, es que la gente ha disfrutado, en dos faenas diferentes y creo que he dejado un buen sabor de boca. Toda la Maestranza ha visto que he venido muy dispuesto y es que aquí, hay que venir a jugártela y ha entregarte. Sevilla sabe más que nadie, el esfuerzo que se hace con los toros, como lo he hecho con el primero que le he tragado de lo lindo, queriendo en todo momento y si te quita alguien de esto, que sólo sea el toro. De todas formas pienso, que a la corrida le ha faltado algo de movilidad y más casta, aunque no me puedo quejar de mi lote."
Antón Cortés
"Mi primer astado ha sido muy parado y el último un Barrabás. El sexto ha desarrollado mucho peligro. Creo que han embestido tres toros de Celestino y no me he llevado ninguno. Esto es así, vienes muy preparado y mentalizado, pero cuando las cosas no están para ti…poco se puede hacer. Me voy muy apenado de la tarde porque venía a triunfar."

 


Realiza: Emilio Trigo


Crónicas del Festejo

López Chaves cortó una oreja y dio una vuelta al ruedo tras una sólida actuación./J. M. SERRANO. Diario ABCABC. ZABALA DE LA SERNA. Chaves se agiganta con los cuadriChaves se agiganta con los cuadri 

López Chaves, un chaparrito torero charro, se plantó en Sevilla con valor y cabeza. Chaves se agigantó con los cuadri, y en dos versiones opuestas de toro apostó por funcionar por la ruta de las ferias. Para eso se anuncia uno con una corrida de Cuadri, para apostar. Y si no, mejor en casa. Que tome nota quien quiera, principalmente sus compañeros de cartel, a los que Chaves sacó dos tallas por arriba en disposición. La disposición viene cuando el corazón bombea, y cuando el corazón riega, el cerebro se ordena, busca el ataque en su momento, las pausas en el suyo, la distancia, el sitio. López Chaves, ni una línea más sin decirlo, dio una vuelta al ruedo y cortó una oreja. Una y otra valen su peso en oro. En su situación especialmente. Así que pasen los años, las vueltas al ruedo en plazas como Madrid y Sevilla, Sevilla y Madrid, significan mucho cuando son de verdad.

Tensión y hombría 

En el caso del torero salmantino, irreprochable el paseo del anillo después de jugársela con un hondo toro que se lo pensaba, que miraba desde su negrura entre los muletazos. Chaves derrochó hombría y supo corregir unos instantes en los que permitió al toro pensar, y cuando el toro pensaba, desarrollaba al cuerpo. A partir de entonces, tomó la iniciativa y la ganó: ni un segundo sin que la bestia no viese muleta. A su altura además, que no crean que humillaba. La tensión se mantuvo durante toda la faena. Y si la espada no se le va tan lejos de la cruz, la pañolada hubiese cuajado para recompensar su entrega.

López Chaves construyó luego una faena a favor siempre del toro, que desde que salió descolgó con temple y justa potencia. De ahí que Chaves manejase el tempo de la obra con claridad. Espaciada, medida, templada, en cada muletazo permitía meter la cara al toro con su nobleza a cuestas, sin un tirón ni un mal toque violento. La violencia y la destemplanza suelen ser las chivatas del miedo. Al trazo nítido de lo que sucedía no le acompañó la música hasta la penúltima tanda: Chaves no contará con la clase de la que gusta el maestro Tristán, que cada año se me antoja más voluble, caprichoso y peor aficionado, pero es difícil estar mejor de lo que estuvo el chaval. Y además, como cobró una estocada, se le recompensó en justicia.

A partir de aquí suena la parte amarga: no se puede lidiar peor una corrida. Si los profesionales de plata tuvieran un carnet por puntos, ayer lo hubiesen perdido del tirón. Se salvó Alberto Hernández por un quite de ángel de la guarda a Antonio Osuna, que perdió pie al salir de un par. A una mano tiró el capote Hernández y a una mano evitó la cornada. Cómo estaría Osuna de desnortado, o aturdido por el lance, que al estallar la sonora ovación para agradecer a su salvador la colocación y el don de la oportunidad se destocó como si acabase de parear Magritas. La gente, que no, que no, que no eres tú, y a la segunda intentona volvió a desmonterarse el hombre, hasta que al final Hernández se asomó a por lo suyo. Mas lo peor, al margen de la anécdota, es que las cuadrillas padecieron el síndrome cuadri: capotazos a mansalva, mantazos, tirones, cruces a destiempo, sombras sin luces, carreras, carreritas, espantás...

La bodega del Titanic 

La corrida de don Fernando, que ahora cumple las bodas de oro de su ganadería, sostuvo el interés de la tarde: tres de pan duro, tres de pan tierno. Si el quinto, con el que Chaves se agigantó, destacó por su noble manera de descolgar, el cuarto ya lo había mejorado con más motor. Ruiz Manuel no se hizo con la situación, se amontonó y renunció a la oportunidad. A veces los vestidos de torear son un diván de sicólogo, y ese traje de viejo oro decía muchas cosas de ilusiones desgastadas. El inmenso primero, un tren con bodega de Titanic, no humilló; tampoco nadie lo obligó. Áspero y bronco se le intuyó. Para verlo hacía falta torero.

Antón Cortés le colocó dos puyazos de sangrar hasta la pezuña al tercero, que en los aires iniciales del capote se movió en el son del cuarto y el quinto. Se desfondó y se quedó corto. El garbanzo negro fue el sexto, un cabrón con pintas que cogió al Chino cuando se cruzó con él por delante. Y si no hubiesen retirado los polos amarillo pollito que los cocacoleros lucían el día de Resurrección, hubiera habido cornada. Un acierto rectificar. El mitin de las banderillas rubricó una tarde de espanto y plata. Cortés abrevió la tragedia.


PortalTaurinoMANUEL VIERAAtractivo y poderoso toreo de López Chaves

Visto su toreo con la perspectiva necesaria no cabe duda de que lo que ha hecho esta tarde López Chaves tiene calidad. Además hubo intención argumental y sobre todo valor. Mucho valor. El principal mérito del salmantino fue el empeño que le puso a sus dos faenas hasta convencer a todos de su atractivo y poderoso toreo. Desde los mandones derechazos al complicado segundo, hasta los lentos naturales al quinto.

Pero esto quizá no sea el asunto. López Chaves quiso y pudo, con lo cual provocó el goce de la gente con un toreo de calidad con una técnica flexible y poderosa, y sobre todo con bellos trazos llenos de autenticidad. A destacar la sentida emoción que provocó una tanda de naturales al buen toro que hizo quinto, hondos, largos, despaciosos, de notable calidad en el trazo y exactitud en el ensamblaje. Además resaltada por la importancia del pase de pecho. 

López Chaves, que hacia su presentación en esta plaza al igual que Ruiz Manuel, dio la vuelta al ruedo tras matar de un desafortunado bajonazo al segundo, después de un y firme trasteo de muletazos con la diestra. Al enrazado quinto, ya quedó dicho, lo mejor el despacioso natural y el largo derechazo de muleta adelantada. La estocada justificó la merecida oreja. 

Fue lo más destacado de una tarde de buenos y malos toros –complicados por encastados unos y parados y reservones otros-, de malas estocadas, de nefasta lidia de las cuadrillas, de peores tercios de banderillas y de auténtico despiste de quien saludó por dos veces montera en mano, cuando los honores iban dedicados al compañero Alberto Hernández que le libró de una segura cornada con un providencial quite. 

Ruiz Manuel anduvo sin ideas y pesándole quizás demasiado la responsabilidad de la importante tarde. Trazó muletazos sin demasiada convicción al descastado primero, y no estuvo bien con el noble cuarto. Bajonazos infame a uno y otro toro.

Y Antón Cortés, ya se sabe, no es torero de medias tintas. O arte o nada. Esta tarde tocó nada. 


El País. ANTONIO LORCA.  Oreja para la afición

La afición de Sevilla cortó ayer una merecida oreja. La paseó López Chaves, pero se la ganaron los aficionados, que dictaron al torero salmantino toda una lección de buen toreo. No es por quitarle méritos al joven diestro, que, además, se mostró como un buen alumno, pero lo cierto es que si no es por el aliento, las indicaciones y la rotundidad de los tendidos, López Chaves hubiera salido trasquilado de la Maestranza.

Algo parecido se intentó con Ruiz Manuel, pero todo resultó baldío. Sin duda, este hombre es mejor torero de lo que ayer demostró en Sevilla, cuya presentación se la ganó a pulso en exitosas comparecencias en la feria de Almería. Pero le traicionarían los nervios, la responsabilidad o vaya usted a saber, y lo cierto es que realizó un toreo impersonal hasta las más extrema vulgaridad.

Y con Cortés no hubo ocasión. El peor lote, dos auténticos bueyes le tocaron en suerte, y pasó inédito por esta plaza.

El primer toro de López Chaves era de dos orejas y el torero sólo pudo dar la vuelta al ruedo. Así de dura es esta vida de torero. Bien es verdad que su oponente no era el clásico toro bobalicón y artista, sino un buen mozo manso y encastado, serio y codicioso, que exigía un torero heroico, con los pies cimentados en la arena y hambriento de triunfos. Y ése no era el diestro salmantino, quien, por el contrario, se vio desbordado, a la defensiva, mal colocado casi siempre, despegado y sin sentido de la ligazón. El público le hizo ver que tenía delante un toro de cortijo, pero el animal lo miraba y el torero no se confió nunca. Fue una faena emocionante por el riesgo que imprimía el toro, y decepcionante porque el diestro no pudo o no quiso aprender la lección. La vuelta al ruedo fue a la voluntad, pero no hizo méritos para ello pues dejó pasar una oportunidad de oro para su paso a la gloria.

Muy distinto era el quinto, noble y repetidor, y, una vez más, la sabia afición se ofreció para enseñar al alumno el camino del éxito. No fue fácil, ciertamente. Las primeras tandas resultaron tediosas y vulgares, pero, a medida que el toro atemperó su embestida, los naturales brotaron largos, templados y hondos. Así hasta en dos ocasiones, llevado en volandas por los aficionados, que toreaban desde el tendido y enseñaban a torear al salmantino.

Ése y no otro ha sido el éxito de López Chaves: que Sevilla le ha enseñado a torear, y, si aprende la lección, demostrará que es hombre inteligente, cualidad fundamental para triunfar.

Por desgracia, no se puede afirmar lo mismo del almeriense Ruiz Manuel. Unas verónicas dibujadas con gusto es lo único destacable de su lastimosa actuación. Despachó a sus dos toros con dos feos bajonazos, lo cual no debe ser aceptado ni como casualidad. Y con la muleta dijo a todos que es un pegapases infumable. Y lo peor de todo, lo que más pena produce, es que se le ofrezca una oportunidad en Sevilla y la desaproveche de manera tan desastrosa.

Triste, apocado, desangelado, fuera de cacho, desilusionado y vencido se mostró ante su primero, un noble manso que exigía que el torero se la jugara con más interés por el triunfo. Pero no fue así. Su conformismo fue muy decepcionante.

No cambió el panorama en el cuarto, otro animal noble y con recorrido, que le puso el triunfo en bandeja. Pero Ruiz Manuel no encontró las distancias ni se encontró a sí mismo en una labor insulsa, deshilvanada, sin gracia ni hondura. En resumidas cuentas, una presentación para olvidar.

Poco material, queda dicho, tuvo Antón Cortés, que no derrochó condiciones, precisamente; pero su lote, muy mal lidiado, se paró y se negó a embestir. Toreó a la verónica con suavidad y se acabó la historia.

Lo que perdurará es la sapiencia de la verdadera afición sevillana, que cortó una merecida oreja y se la ofreció a López Chaves.


Diario de SevillaDiario de Sevilla. LUIS NIETO.  López Chaves pide paso 

La tarde de ayer tuvo su puntito. No acudieron los del clavel. Pero, qué le voy a decir... hubo toros y un torero. Corrida interesante de Cuadri y un diestro, Domingo López Chaves, que llegó a por todas, sin concesiones. Y eso, en estos tiempos, se agradece una barbaridad.

–¿Quién es este López Chaves?; dejaban flotar su pregunta algunos en el tendido, cuando el torero daba la vuelta al ruedo en su primer toro.

Pues mire, este salmantino, de 28 años, se ha forjado con corridas del Tío Picardías en tierras de Castilla; esas corridas que no las quiere nadie. Y aunque en sus comienzos le vimos buenas maneras, el torero no llegó a coger el tren, como se dice en el argot. Pero le cuento lo último: en las pocas ocasiones que ha pisado plazas de categoría en su última etapa ha logrado triunfos importantes. El año pasado dejó huella en Madrid. Y en esta temporada, sin irnos más lejos, ha abierto la puerta grande de Castellón en la pasada Feria de la Magdalena, triunfando con otra corrida de las denominadas duras, Cebada Gago. Ha apostado por él un apoderado que conoce el percal, Roberto Espinosa, anterior representante de Dávila Miura.

–Bien, pues no me cuente más y vaya al grano. ¿Qué hizo ayer ese López Chaves en Sevilla?

Algo tan sencillo como difícil: jugarse la vida en el ruedo sin trampa ni cartón. En su excelente debut el salmantino sorprendió al público de la Maestranza por su predisposición, oficio, valor y temple. ¡Como se lo digo!

El triunfador de la tarde cortó la primera oreja de la feria, que en realidad fue un premio, muy merecido, al conjunto de la tarde. Ante el segundo, un toro sin franqueza, al que le costaba definirse, arriesgó mucho al comienzo para hacerse con él. Hubo tandas de gran exposición, entre tanto el toro le radiografiaba por momentos y un escalofrío recorría los tendidos. La música, que parecía de vacaciones, se arrancó por fin ante el derroche de valor y el torero se explayó con muletazos de torero macho.

Casi nadie daba un euro por el quinto toro, que tuvo una salida algo renqueante. Sin embargo, el torero escarbó, con paciencia, en busca de las cualidades del toro, hasta encontrar la calidad que atesoraba. Eso fue de premio, por oficio. Primero lo sacó a los medios y lo intentó en la distancia larga. Luego, varias series por ambos pitones en las que sus mayores virtudes fueron el temple y la despaciosidad en largos muletazos. Únicamente tuvo un fallo, que estuvo a punto de pagar muy caro: le perdió la cara al cuadri al término de una tanda y el animal se acordó de su sangre santacolomeña y se lo quiso comer. Susto y de nuevo música con retraso para una serie ya entre los pitones, con el toro doblegado. En ambas faenas, los pases de pecho de pitón a rabo gustaron mucho. Y tras ambas faenas, se tiró con decisión a matar. Con el primero, la estocada quedó muy caída y por eso el premio quedó reducido a una vuelta al ruedo. Con el otro, el acero entró en lo alto y el alguacilillo le entregó el primer trofeo de esta Feria de Abril 2006. 

Ruiz Manuel, que también debutaba, no tuvo su día. Con el que abrió plaza, sin clase, faena de altibajos, en la que mezcló desde una buena tanda con la diestra a un cierre sin intensidad.

Con el noble quinto, Ruiz Manuel esbozó un par de buenas verónicas. Su labor con la franela no cuajó. Al hilo del pitón y con los pases de uno en uno y rectificación constante en la colocación, construyó una faena lineal y sin emotividad. En ambos casos mató mal.

El albacetense Antón Cortés, un torero de corte artístico, se estrelló con toros de un hierro que precisa lidiadores. Pasaportó al marmolillo tercero sin más. Y con el que cerró plaza, con movilidad, que se hizo el amo del ruedo tras coger feamente al banderillero Antonio Layú El Chino y se orientó, cortó por lo sano en un brevísimo trasteo, tras un herradero en banderillas a cargo de su cuadrilla.

En cuadrillas surgió un quite para enmarcar como anécdota histórica. En el cuarto toro, el banderillero Alberto Hernández salvó milagrosamente, con un quite al riesgo, a su compañero Antonio Osuna que, paradójicamente, saludó montera en mano ¡hasta en dos ocasiones!, creyendo que los aplausos eran para él, que a punto estuvo de ser cogido. Osuna, yacente en la arena, tras caer después de un par de banderillas, estuvo a punto de ser cogido.

Por cierto, por segunda vez consecutiva los toros saltaron al ruedo sin divisa; lo que tiene tres consecuencias: un distintivo menos para el público; ahorro económico y menos estrés para el toro. Si esto continúa así, se perderá, desde luego, una tradición centenaria.

El público disfrutó de lo lindo. No hubo claveles; pero sí aficionados de los cabales, con la exigencia que esto entraña. En el ruedo, toros cuajados de trapío, con variedad en su comportamiento, siempre interesante. Y lo dicho, un López Chaves pletórico, un torero sincero que pide paso. 


Domingo López Chaves torea con la mano izquierda al segundo toro de la tarde, ayer en Sevilla. / CONCHITINAEl Mundo. JAVIER VILLÁN. López Chaves: un respeto

Los toros son como las personas, con perdón: unas son luminosas y extrovertidas, otras son reservadas y replegadas sobre sí mismas. Esto no quiere decir nada o, por lo menos, no quiere decirlo todo; cada cual tiene su forma de expresión. Los toros luminosos y extrovertidos son de fácil comunicación, a poco que el torero ponga algo de su parte; llegan incluso a dictarle el pase al matador, y a marcarle los terrenos. Basta con seguir el hilo de su discurso y acompañar su alegría con sano espíritu dialogante. Ayer hubo dos toros de éstos: el cuarto y el quinto.A los toros reconcentrados en sí mismos, reservados (reservones que se dice en la jerga taurina), hay que estimularlos, comprenderlos y escucharlOs con más atención que a los demás. Por ejemplo, el tercero. Entonces surge el diálogo fluido y clarificador de malentendidos.

Está demostrado, en las más añejas tauromaquias, que el toreo es diálogo. Talmente el que ejecutó ayer en La Maestranza López Chaves sin trampa ni cartón. López Chaves entendió con autoridad y equilibrio ese sentido de diálogo que ha de tener el arte de torear. No era un toro fácil, el encastado segundo de Cuadri.Pero la colocación del salmantino, que está labrándose una carrera sólida a base de superar dificultades, se impuso. Lo reconoció así la banda de música, aunque tardó en arrancarse. En esto, como en todo, todavía hay clases y privilegios. Quiero decir que el homenaje de corcheas, fusas y semifusas que anteayer le costó a El Cid sólo dos derechazos, a López Chaves le costó tres tandas macizas y rotundas.

Naturales de oro

Cuando llegaron los naturales de oro de ley y la postrera tanda de redondos de parecidos quilates, la música ya seguía su curso sin posibilidad de enmienda. A veces, como en dos coladas al principio, la conversación resultó un poco tartamuda; pero en líneas generales hubo facilidad de palabra, reciprocidad y, sobre todo, argumentos por parte del toro y del torero.

Lo malo es que López Chaves concluyó el fecundo diálogo con un bajonazo que descorazonó a la gente cuando ya sacaba los pañuelos.Templanza, muletazo largo y coronación del pase de pecho marcaron la labor de López Chaves en el quinto, tan bueno como el segundo y un poco más suave. Una tanda de derecha, avanzada ya una faena intermitente, marcó el punto glorioso de inflexión. Anduvo cicatera, otra vez, la música, mas no tuvo otro remedio que rendirse ante una tanda de naturales de limpio trazo y firme resolución. Muy bien López Chaves, en especial por la firmeza y el sitio. Aquí el diálogo, como en las buenas negociaciones, fue a tres bandas; toro, torero y el maestro Tristán de intermediario.

Ruiz Manuel fue un torero mudo y, como el primero de Cuadri no era demasiado palabrero, todo se quedó en un silencio ominoso y amorfo. En el cuarto se mostró más propicio al entendimiento; elegante izquierda pero sin resonancias ni garra y convencimiento.El toro, noble y claro. Ruiz Manuel, noble también aunque sin claridad ni transmisión. Ruiz Manuel, como ídolo de La Maestranza, tiene menos porvenir que Rajoy como presidente del Gobierno; y no hay que olvidar que los dos, torero y político, son correctísimos.En este toro ocurrió algo insólito. La gente ovacionaba un quite providencial de Alberto Hernández, cuando Antonio Osuna estaba en el suelo y a merced del cuadri y quien salió a saludar era el salvado en vez del salvador. Seguía aplaudiendo el personal y volvía a saludar el rescatado. Por fin, las cosas se pusieron en su sitio desmonterándose Hernández.

Lo de Antón Cortés fue un diálogo de sordos. El cuadri tercero, encastillado en su mutismo, salía de él sólo con exabruptos.Le pegaron en varas, como a los demás, y yo creo que ahí se le quitaron las ganas de hablar. Se llamaba Noruego y, por moribundez, apatía o desdén, le dio por hacerse el sueco. Que el diálogo con el sexto iba a ser imposible se evidenció cuando a las primeras de cambio éste se echó a los lomos a Antonio Layú y lo mandó a la enfermería con una herida en la frente.

A partir de ahí, pánico en el ruedo y el peonaje poniendo las banderillas de una en una. Antón Cortés tiró por la calle de enmedio y apenas estuvo un minuto en la cara del toro; lo cual se le agradece.


Domingo López Chaves pasea la primera oreja, tras la lidia del quinto toro de la tarde La Razón. JUAN POSADA. Quite de oro de Alberto Hernández

El cuarto toro, bravo y acometedor, acosó con peligro al banderillero de la cuadrilla de Ruiz Manuel, Antonio Osuna, a la salida de un par. Parecía inminente la cornada porque el animal tenía celo y estaba a punto de prender al torero. Alberto Hernández, subalterno de López Chaves, muy bien situado en su puesto a la salida de la suerte, se cruzó entre el animal y su compañero caído con el capote a una mano y evitó que el astado prendiera a su colega. La ovación de La Maestranza, unánime; la belleza y eficacia de su intervención lo merecía. Ésa es una de las muchas razones por las que la Fiesta taurina tiene fuerza en la multitud. Incluso en los forasteros. Fue un momento bello y torerísimo.

Los herederos de Cuadri trajeron una señora corrida de toros, bien hecha, con trapío y con tres animales de los que pueden encumbrar a un torero. Ruiz Manuel no llegó a aprovechar al bravo y noble tercero y López Chaves, valiente donde los haya, arriesgó mucho con el violento segundo y aprovechó a medias al excelente quinto. Antón Cortés pechó con la más fea, aunque tampoco puso demasiado empeño. Una tarde de toros que hicieron honor al nombre, porque hubo reses con mucho respeto y algunas de ellas con auténtica calidad.

Voluntad. Ruiz Manuel con el primero, un «zamacuco» de 515 kilos, que se quedaba corto, realizó una faena voluntariosa, aunque en los primeros compases debió ganarle la acción y el terreno, que era lo que molestaba al toro. A partir de entonces, en lugar de embestir, topó, y el torero, siempre con mucha voluntad, lo intentó pero sin mayor lucimiento. El animal necesitaba mucha sapiencia.

Con el excelente cuarto no fue capaz de estar a su altura. El toro embestía con largura y suavidad, un pelín flojo, por lo que precisaba que al final de cada muletazo le diera un leve paso hacia adelante para ayudarlo a repetir. Ruiz Miguel se limitó a dar pases por ambos pitones sin gusto ni transmisión. Se le fue un animal excepcional, de los que ponen a los toreros o en la cumbre o en la picota.

Domingo López Chaves, con el segundo, un burel temperamental, que cumplió con el caballo aunque echó la cara arriba, estuvo valiente y por encima de todo. Quiso y pudo, en especial con la mano derecha, en los primeros compases cuando el toro repetía las arrancadas y había que esperarlo con la muleta bien situada. Así, hasta cuatro tandas, aunque en la última tuvo que recurrir al toque de muleta para que el animal se fijara en ella. Por la izquierda, ya el toro más avisado, no embistió igual. Sólo tenía quince pases. Faena valiente, arriesgada, emotiva y seria.

Con el bravo y noble quinto no sobresalió tanto a pesar de que le concedieron una oreja. Tardó mucho tiempo en encontrarle la distancia. Le perdía los pasos tras los primeros pases, por lo que no entraba en el público. A mitad de faena, le dejó la muleta en el morro al final de cada natural y, ahí sí, le ligó algunos muy buenos.

Retazos. La labor fue a más, aunque siempre a retazos. La técnica anterior de acosar al animal no le daba resultado y acababa siendo acosado él. Se situó tras cada pase y fue cuando los engarzó, consintió al toro, calentó a los tendidos y se gustó. Lo mató muy decidido y el público de La Maestranza premió con una oreja el esfuerzo del salmantino ante sus dos ejemplares de Cuadri.

Antón Cortés con el tercero, flojo de fuerza y de casta, intentó confeccionar una faena que empezó en corto, todo lo contrario de lo que había que hacerle a un toro tan parado, y en línea. Al no cruzarse y el animal no tener intención a la embestida, todo quedó en un forcejeo, por decir algo, del torero por lograr sacar algún muletazo. Fue imposible. El muermo con cuernos no se lo consintió.

Con el sexto, muy parado desde que salió y con el que su cuadrilla dio un espectáculo en la suerte de banderillas, no se confió. Tres o cuatro muletazos por la cara, quitándole las moscas.

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