|
|
|
Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del jueves, 15 de junio de 2006
Corrida del Corpus
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros del Conde de la
Maza, el 4º como sobrero (de distinta presentación,
complicados, mansos y descastados).
Diestros:
Banderillero que saludó: Ramón Alvarado tras banderillear al 6º y realizó un buen quite
"Tomate de Jerez" en el 4º.
Tiempo: nubes y claros.
Entrada: más de media plaza.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino, Diario
de Sevilla
Crónicas del Festejo
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Auténtica
mansada
No pudo ser. Nos quedamos sin degustar el toreo de trazo bien medido con la serenidad y la facilidad con la que lo interpreta Punta. Nos quedamos sin gozar de ese otro toreo enriquecido con la fragancia de un sólido concepto, nada baladí, y la de unas formas, las de Vilches, que poseen la redondez de lo auténtico y el colorido que da esta tierra. Y nos quedamos sin gozar de la suculencia y la exquisitez del de Torrecera, aunque demostrado quedó, otra vez, el valor que hace falta para hacer aquello que se desea.
Daba gusto ver la firmeza del gaditano, y la de los sevillanos, por conseguir el sueño de La Maestranza. Sí, porque por otras plazas, chicas y silenciosas, por las de los tentaderos y faenas de campo, andan perdidos Punta y Jesuli a cuesta con su afición y para disfrute de minorías. Y no hay derecho. Porque mientras muchos están en ferias de tronío sólo por lo que fueron y no por lo que son, el gaditano, y quizás los sevillanos, siguen luchando por unos sueños aún sabiendo que el camino se muestra imposible.
Así es, y así fue la tarde: decepcionante. Decepcionante el comportamiento de unos toros sólo de exposición. Serios, bien armados con afilados puñales, pasados de años, blandos… Bonitos unos, grandullones y feos otros. Toros sin una gota de sangre brava e imposibles para el toreo. Auténtica mansada. La corrida de los Herederos del Conde de la Maza no sirvió, y con ella se estrellaron tres toreros con hambre de triunfo y que tienen verdadera desesperación por conseguirlo.
Sólo Jesuli de Torrecera estuvo cerca del alcanzar el objetivo. Fue con el sexto, un manso cercano a cumplir los seis años con un pitón derecho de miedo y que derribó al picador cayéndole encima todo el peso del caballo. El gaditano lo toreó de capa de forma notable y se entregó en los medios con vibrantes tandas con la diestra. Y hasta consiguió hilvanar tres templados muletazos a base de taparle la huida al noble manso. Mejor aún trazó el natural largo y ligado. El fallo con la espada le privó, quizá, de una premio seguro. Al complicado tercero logró algunos buenos muletazos entre la desigualdad del trasteo. No era toro para más.
A los correctos muletazos de Antonio M. Punta al noble y soso primero le faltó quizás algo más de fantasía. De todas formas, ni con la derecha ni con la izquierda logró el sevillano ilusionar a los tendidos. Tuvo algo de sabor lo hecho, pero poco de emoción. El mulo y peligroso sexto, lidiado como sobrero, huyó de los engaños como alma en pena. Ni un pase.
Y Vilches no encontró, ni con el complicado segundo, ni con el no menos peligroso quinto, una mínima opción de triunfo. Nada pudo hacer el utrerano más que demostrar firmeza y ganas. Mató a su primero de estocada y necesitó de dos descabellos y estocada para tumbar a su segundo.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Conde de la Maza, mazazo a la bravura
El público de la Maestranza, como quien firma esta crónica, se las vio y deseó para deleitarse en un festejo en el que la terna, compuesta por Antonio Manuel Punta, Luis Vilches y Jesuli de Torrecera, bastante hizo con pasaportar a un encierro tan descastado.
Mientras algunos espectadores bostezaban, otros, especialmente los aficionados, pudieron saborear algunos destellos de interés a cargo de varios hombres de las cuadrillas. Por ejemplo, buenos puyazos de José María Molina y Juan Javier Vallejo al cuarto y quinto, respectivamente; la buena brega en el que abrió plaza y dos pares arriesgadísimos al cuarto toro a cargo de Manuel Peña; otro buen puyazo de Antonio Montoliú al sexto, tras ser derribado, al que le prendió también buenos pares Ramón Alvarado. Y un quite proverbial de Tomate de Jerez.
Antonio Manuel Punta quedó prácticamente inédito. Con el deslucido primero, que embestía con la cara alta, consiguió algunos muletazos sueltos estimables. Con el mansísimo cuarto, un sobrero del mismo hierro, Punta se pasó el tiempo tras el huidizo animal.
Luis Vilches fue el que mejor medida dio en cuanto a oficio de la terna. Además de conocimientos aportó una seria predisposición. Todo ello con un lote imposible. Su primero daba topetazos en unas ocasiones y en otras se quedaba cortísimo. El torero se justificó en un trasteo adecuado por ambos pitones. El quinto ya se sintió el rey del mambo de salida cuando se entableró en chiqueros. Con anterioridad se había cruzado peligrosamente al banderillero Rafael Cuesta, al que se le tiró al pecho sin cogerle, afortunadamente. Luis Vilches se la jugó en los medios ante una auténtica porquería de astado, que se frenaba y medía constamente al torero, que lo lidió irreprochablemente.
Jesuli de Torrecera hizo un gran esfuerzo por agradar a la parroquia. No todo le salió bien. Pero no se le puede reprochar nada debido al material. Ante el tercero, un cornúpeta que se movía más que los precios, pero sin clase alguna, el torero, en los tercios, se peleó en un desigual y larguísimo trasteo que había brindado, montera en mano, al cielo. Lo más destacado lo consiguió con la zurda.
Con el sexto, otro animal manso, con movilidad, consiguió calentar el ambiente –algo casi increíble porque se vivía una auténtica pesadilla–. En las afueras consiguió dos entonadas tandas con la diestra que hicieron sonar la música por primera y única vez en el festejo. Por la izquierda no logró nada y la música y los ánimos de los espectadores se enfriaron de nuevo. Cerró con una serie de tono mayor con la diestra. Fue como un espejismo. En cualquier caso, el respetable estaba con el torero de Torrecera, que tardó un mundo en encontrar la muerte al toro, muy molesto y andarín en la suerte suprema. Precisó de dos pinchazos, una estocada corta y ocho descabellos y escuchó dos avisos.
Uno de los vecinos de localidad, que debió entrar en un sueño profundo, se evitó la pesadilla. Eran las diez de la noche y en una penumbra apenas despejada por los focos de la Maestranza, se despertó asustado.
–He tenido una pesadilla –dijo a los vecinos del tendido.
Otro de los espectadores le contestó con sorna.
–Los que hemos vivido una pesadilla hemos sido nosotros.
Esperemos que tras el juego de la ganadería, la empresa tome nota. Sinceramente, lo de Conde de la Maza, ayer, fue un mazazo a la bravura.
Otros
festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas
|
|