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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del lunes, 1º de mayo de 2006
Corrida mixta

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Dos toros
para rejones de Fermín
Bohórquez, dos toros de Alcurrucén
y dos novillos de Zalduendo
(de diferente presentación y distinto juego).
Caballero rejoneador:
- Hermoso de
Mendoza. Rejón de muerte (palmas); pinchazo y rejón de muerte
(saludos desde el tercio).
Diestro:
Novillero:
- Cayetano
(debutó en plaza). Estocada atravesada (oreja); media tendida,
descabello (oreja).
Incidencias:
El matador de toros José María Manzanares se cortó la coleta (se la
cortó su hijo). En
reconocimiento a su maestría al final del espectáculo dio la vuelta al
ruedo a hombros de Espartaco, Juan
José Padilla, El Cid, Enrique
Ponce y Manzanares hijo,
y se le abrió la Puerta del Príncipe.
Tiempo: soleado.
Entrada: Lleno.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, Marc LAVIE, Diario
de Sevilla, ABC, La Razón.
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LOS
PROTAGONISTAS
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Hermoso de
Mendoza
El navarro se mostró muy sorprendido por todas las circunstancias
que han rodeado la tarde. “La corrida ha sido muy especial por
todo, por el cartel que ya lo era. Quizás yo he sido el menos
favorecido. José Mari ha tenido mala suerte con su lote pero ha
sido muy emotiva la despedida”, manifestó. Hermoso de Mendoza
lamentó que su lote no le hubiese ayudado para triunfar. “Mi
primero ha sido una bola de carne, un buey que embestía sin meter
nunca la cara. El segundo todo lo contrario, con mucha clase pero
con poquita fuerza,
con lo que no he podido nunca romper con él”, sentenció.
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José María Manzanares
El maestro, preguntado por sus sentimientos tras cortarse la coleta, declaró que sentía “alegría y tristeza por la manera en la que ha tenido que ser, ya que me han empujado”. En este sentido, preguntado por si tenía pensado el momento de su retirada, el alicantino señaló que no estaba planeado. “Los toreros somos toreros y tenemos que demostrarlo siempre y las circunstancias así lo han hecho. No tenía pensado nada y podía haber seguido disfrutando como era mi intención pero no hay derecho”. Con estas últimas palabras, Manzanares dejó entrever que su retirada ha sido provocada por “presiones externas”. A la pregunta de si esperaba que su apoderado trajera otros toros para Sevilla, Manzanares, respondió con un: “Qué voy a decir yo”.
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Cayetano
El novillero, que hacia su debut en la Maestranza, no fue muy extenso en palabras para calificar su actuación. “Ha sido una tarde inigualabe, muy especial por todo lo que se ha vivido. No encuentro palabras para comentar lo que he sentido. Estoy muy contento, muy emocionado”, aseguró.
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Crónicas del Festejo
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Adiós a un
maestro
El hábito de la evocación, legítimo y acaso indispensable en la Fiesta, no pudo desempeñarlo esta tarde quien siempre mostró un toreo donde cada detalle, por sevillano y auténtico, se disolvió hoy en el horizonte nostálgico. Se fue Manzanares sin el regusto de un último triunfo. Se fue en La Maestranza. Aquí, pisando tierra amarilla de albero, dijo adiós. Y Sevilla se le entregó. Siempre Sevilla.
La Fiesta es emoción, gozo, disfrute, recuerdos… Y gozó y se emocionó la Maestranza, llena hasta reventar, con el cúmulo de circunstancias que provocaron la emotividad de la tarde. El toreo es pasión, nadie lo duda, aunque se desatara eufórica saltándose las reglas del juego.
Pocas tardes tan emocionantes como esta para celebrar el adiós de un
torero. Las ajustadas verónicas, las chicuelinas de manos bajas, los hondos y lentos muletazos, los improvisados remates del toreo emocionante y seductor de Manzanares, cobraron vida en el recuerdo mientras su hijo le cortaba la coleta entre la ovación de la gente puesta en pie. Fue su tarde. Adiós a un maestro.
Aunque también la de Cayetano, que le cortó las orejas a dos escogidos “bombones” en esta tarde de su presentación.
La carrera de Cayetano avanza dictada por la inteligencia y la prudencia. En su segundo año de novillero ha alcanzado cotas poco habituales en el respectivo escalafón. Cayetano luce un toreo de una intensidad emocionante matizado con una lentitud y ajuste en el trazo exquisita. Todo es natural en el toreo de este otro Rivera Ordóñez.
La faena al su segundo novillo, un bravo ejemplar de Zalduendo, representó toda una muestra fiel a su estilo. Impecable el trazo del muletazo, refinado, profundo y con aroma de toreo grande en los remates y detalles. Todo, con unas bellas formas que concentraron el interés de los tendidos y gradas. Faena equilibrada con una fascinante interpretación del pase. Ora con la derecha.. Ora con la izquierda. Hilvanados y rematados. No alcanzó cima por la intermitencia de las respectivas tandas. Pero hay en su toreo algo de idealización de una de las épocas más intensas de la Fiesta. Quizá por eso llame tanto la atención sus clásicas maneras. Con el noble y bravo primer novillo, quizás por la presión de la tarde, anduvo más desigual dentro de la calidad que imprimió a las templadas y ligadas tandas. Precisamente con la izquierda, y en la forma con la que remató el natural, dejó prueba evidente de su gusto por el detalle. Mató bien al primero y necesitó el descabello para terminar con el segundo.
Pablo Hermoso no pudo lucir su perfecto rejoneo. Aunque dejó muestra del sensacional temple con el que torean sus cabalgaduras Su perfecta monta y no menos exquisita técnica quedó tapada por la falta de fondo y casta de los toros de Bohórquez.
Manzanares no toreó. No pudo. Con el noble primero de Alcurrucén no estuvo más de un minuto en la cara. Algo más entregado anduvo con el segundo. Dibujó el trazo con algún que otro detalle en los de pecho y trincheras que invitaban a soñar. No hubo más.
A José María Manzanares lo sacaron a hombros por la Puerta del Príncipe sus compañeros de profesión. Espartaco, Morante, Ponce, El Litri, Padilla, El Cid, Rivera Ordóñez… pasearon al torero alicantino por el ruedo y empujaron el portón de la gloria para cruzarlo con el maestro. La pasión, según Sevilla.
El
País. ANTONIO
LORCA. Emotivo adiós a José María Manzanares
Cayetano cortó una oreja en cada novillo y gustó a esta Sevilla tan sensiblera, pero el gran protagonista de la tarde fue José Manzanares, quien a la muerte del quinto, tras una actuación bastante deficiente, llamó a su hijo torero al tercio y le pidió que le cortara la coleta. La Maestranza, puesta en pie, vibró entonces como en las grandes tardes. Con lágrimas en los ojos y obligado por los tendidos, Manzanares dio una apoteósica vuelta al ruedo para recoger el sincero cariño de la afición sevillana.
Pero el adiós no acabó ahí. Cuando Cayetano iniciaba la vuelta al ruedo en el sexto de la tarde fue invitado por éste a que le acompañara. En ese momento, numerosos toreros que presenciaban la corrida saltaron al ruedo y cogieron a hombros al diestro alicantino y al joven novillero. Juan José Padilla, Morante, El Cid, Ponce y otros más se turnaron para pasear al torero que se despedía. La plaza, como no podía ser de otra manera, estalló de emoción, y, al final, los compañeros sacaron a hombros por la Puerta del Príncipe a Manzanares en un gesto de reconocimiento, de respeto y de admiración hacia un torero muy querido en esta ciudad, un artista exquisito al que la falta de ambición le ha impedido desarrollar la auténtica dimensión de su toreo.
La brillante despedida de Manzanares nubló la presentación de Cayetano, que iba por buen camino hasta que el maestro, enojado por su mala suerte con el ganado, decidió cortar por lo sano. Y de manera imprevista, por lo visto, pues se despedía de Sevilla, pero no del toreo. Lo cierto es que su lote no le ofreció facilidades, y Manzanares no está a estas alturas para esfuerzos extraordinarios. Se supone que vino a Sevilla a deleitar y no a pelearse con un manso de corto recorrido, como su primero. Inhibido y desconfiado, abrevió, y el público se lo recriminó. Mostró mejor disposición en el quinto, y dejó gotas de sabor añejo en pases sueltos y en un hondo trincherazo. Pero ahí acabó todo.
¿Y Cayetano? Apunta excelentes cualidades: naturalidad, clase, prestancia, hondura, compostura y plasticidad. Le falta experiencia, normal, y dotes de mando.
Le salió bien todo lo que tenía previsto: un cartel de gala, una expectación inusitada, un público facilón, unos partidarios embelesados, y dos novillos, -ay, cómo eran los dos novillos, Dios mío de mi alma-. Como si hubieran sido elegidos en un casting para la ocasión: chiquitos, con los pitones muy bonitos, es decir, gachos, con las fuerzas justitas y nobilísimos. Eran corderitos suaves y cariñosos, como para llevárselos a casa y criarlos con biberón.
Gustó mucho Cayetano con estos novillitos, pero no emocionó, porque a todo su buen trazo torero le faltó la emoción del toro, lo cual deja algunas incógnitas para el futuro.
No lució con el capote -prefirió ponerse bonito antes que fijar la embestida-, pero corrió la mano con hondura en ambos novillos, mejor, quizá, en el sexto, pero siempre con muletazos largos y ligados perfectamente con el de pecho. Muy bonito, pero poco emocionante. Le salió mal lo que no tenía previsto: la despedida de Manzanares, que le aguó la fiesta.
A Hermoso, sin embargo, se la aguaron los dos toros parados que le cayeron en desgracia. Demostró que es un consumado maestro y que posee una excepcional cuadra de caballos. Sevilla, una vez más, le presentó sus respetos. Como a Manzanares, al que pasearon en una nube por la soñada puerta de la gloria.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Emotivo adiós de Manzanares en el buen debut de Cayetano
La tarde fue histórica. Con sacudidas de emoción que fueron como auténticos maremotos. Comenzó con máxima expectación para ver el debut de Cayetano –nieto de Ordóñez, hijo de Paquirri, hermano de Rivera Ordóñez...–. Aficionados veteranos nos recordaban a la entrada de la plaza faenas del maestro Ordóñez en la Maestranza. Y cuando el último Rivera Ordóñez cortó la primera oreja se emocionaron como niños, recordando seguramente su juventud. Pero la tarde iba a más. Y otro cataclismo de emociones se avecinaba. El epicentro: la retirada de Manzanares en Sevilla. El maestro alicantino frenó el veredicto del público tras despachar a su segunto toro. Miró a su hijo Josemari, en el callejón, y éste salió al ruedo con paso firme y tijeras en la mano para cortarle de modo simbólico la coleta. El público, en pie, tributó una de las mayores ovaciones que uno recuerda en una plaza de toros. Fue estremecedora, una ovación que acompañó al maestro alicantino mientras recorría el anillo maestrante aguantando las lágrimas. Pero aquello todavía iría a más. Juan José Padilla, desde el tendido, con su móvil (¡¿quien se lo iba a decir a los toreros, los últimos héroes románticos de esta sociedad?!) llamó a Antonio Barrera y fueron arrastrando a otros toreros repartidos por los tendidos y el callejón. Y cuando cayó el último astado, el propio Padilla se convirtió en capitalista e izó al maestro alicantino. Junto al torero que se retiraba le siguieron en procesión Espartaco, Enrique Ponce, Rivera, El Tato, Morante, Litri, Antonio Barrera, El Cid... De los tendidos, nadie se marchó. Nadie quiso perderse esa instantánea histórica. La ovación continuó hasta que Morante, que se situó como mascarón de proa de aquella procesión de figuras venerando a uno de sus maestros, obligó a abrir el portón que da a la Puerta del Príncipe, pese a que en principio se opuso la autoridad, y por donde sacaron a Manzanares, aunque no consiguiera trofeos en su tarde del adiós. Algunos aficionados se rasgaron por ello las vestiduras. Otros lo vieron como el premio a la carrera de un torero que tuvo el respeto de la afición sevillana y que ha llevado siempre a gala el amor por la Maestranza, a la que considera una de sus plazas. El grito estentóreo de un espectador envolvió ese honor: –¡Viva el toreo!
En el festejo mixto, el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza se las vio con un lote de Fermín Bohórquez, noblote, pero al que le faltó brío. El navarro realizó una faena a más en su primero, destacando en banderillas y en el cuarto brilló en varios pasajes con Chenel, toreando de maravilla a dos pistas, dando auténticos muletazos. Fue ovacionado en su lote.
Manzanares, padre, no quiso ver a su primer toro, mansote, y cortó por lo sano en medio de una bronca. En el quinto, el alicantino tuvo detalles sueltos, como alguna trincherilla o un pase magnífico de pecho. Pero tampoco armó faena.
Por su parte, Cayetano tuvo una buena actuación en su debut en Sevilla. Quiere ser torero. No arrebató; pero estuvo bien. Esa decisión la vimos, fundamentalmente, a la hora de matar. Independientemente de que no acertara siempre, hizo las cosas con gusto. Los novillos de Zalduendo, auténticos, dijes, cómodos de cabeza, dieron muy buen juego en los engaños.
Cayetano quedó inédito en el toreo de capa ante el primero, que le desarmó. Con la muleta tuvo un buen comienzo de faena. Ya en los medios, con el toro en las rayas, insistió a un animal que tardeaba. Acortó la distancia y con la diestra ligó en una serie muy emotiva. La siguiente fue más corta. Con la izquierda el novillo entró algo rebrincado y todo quedó en un esbozo. Volvió a la diestra, echándose en este caso el toro hacia afuera. El final fue precioso, toreando con ambas manos, con un cambio de mano entre las dos series. No faltó alguna trincherilla deslumbrante y pases de pecho macizos. Se tiró con gran decisión en la suerte suprema, hasta el punto de que el acero quedó algo contrario. Ganó su primer trofeo.
Con el que cerró plaza, con movilidad y nobleza, Cayetano volvió a sufrir un desarme de la capa. Hubo alguna verónica con buen son y se marcó un quite variado, con tafalleras y rematado con un afarolado. El debutante brindó su segunda faena a Manzanares. Con la muleta volvió a brillar en muletazos por ambos pitones, especialmente al natural. La mayor virtud fue la despaciosidad y el contrapunto es que en un par de series dibujó los muletazos desceñido. De nuevo alguna trincherilla preciosa y un pase de pecho, mayestático, de pitón a rabo. Volvió a tirarse con firmeza en la suerte suprema para un pinchazo en lo alto. Precisó de un descabello para ganar otro trofeo.
Cayetano invitó a Manzanares en la vuelta al ruedo. Remate precioso, coronado por ese paso improvisado de los toreros venerando a un Manzanares que encarnaba el pasado reciente de la torería, acompañado por el futuro, representado en este caso por el novillero Cayetano, que gustó en su esperado debut y salió a hombros por la puerta de cuadrillas.
ABC.
ZABALA DE LA
SERNA. Arrebatado adiós de Manzanares en el buen debut de Cayetano Rivera Ordóñez
Se llama Cayetano y se apellida Rivera Ordóñez. Cayetano Rivera Ordóñez, ahí es nada la reata, debutaba en la Maestranza. O sea que era un día clave en su carrera. Como una especie de fuerte examen ante la alternativa en ciernes. Coronaban el cartel Pablo Hermoso de Mendoza y el maestro José María Manzanares. La vida es un caos de geometrías y líneas cruzadas, y la que debía ser su tarde terminó siendo la tarde del adiós de Manzanares. Un adiós arrebatado y compulsivo. Tras hacer un esfuerzo con un toro manso, frenado y sin humillar de Alcurrucén, el gentío andaba con las opiniones divididas. Manzanares salió a la raya del tercio y los pitidos se inflamaron como llamaradas. Reclamó la presencia de su hijo, su delfín que ahora despierta después de un letargo de tres temporadas, para que le cortase la coleta.
Ante el gesto de despedida definitiva, la Maestranza estalló en una ovación, puesta en pie. España y yo somos así, señora. Los que se desgañitaban chillando se deshacían en aclamaciones, le animaban a dar la vuelta al ruedo, que fue apoteósica, con treinta y cinco años de clase y categoría a rastras, como una sombra alargada tras de sí. José María Manzanares había reaparecido hace unos años para dar ejemplo a su vástago primogénito, y tal vez pensase ayer que ya era el momento de dejarle paso, una vez que las manos con las que siempre soñó que lo apoderasen, las de los Lozano, se han encargado de su carrera esta temporada. La catarsis se precipitó cuando Cayetano le invitó con generosidad a compartir su gloria tras cortarle una oreja al sexto. Manzanares y Cayetano pasearon el anillo, y, al llegar a su punto final, la torería andante, personificada en Enrique Ponce, Litri, Padilla, Rivera Ordóñez, El Cid, Antonio Barrera, Morante, lo izó a hombros. La vida, el mundo, la muerte, es un caos de geometrías y líneas cruzadas: Cayetano, tras cortar dos orejas, una a cada novillo de Zalduendo, se quedaba de acompañante hasta la Puerta del Príncipe, y en su umbral se quedó mientras el maestro Manzanares veía la atardecida desde una procesión particular y subjetiva. Cayetano tal vez pudo acompañarle de haber cortado una oreja más, objetivo nada despreciable dada la distinción de su ser y estar, dada su elegancia, su nítido concepto -hay que enfibrarse algo más-; dada también la bravura repetidora de los utreros de Fernando Domecq. Pero más allá de su buen debut, de su contundencia estoqueadora, hay historias que no deberían ser así: arrebato o no, el día le pertenecía a Cayetano, salvo que Manzanares lo hubiese borrado del mapa con la muleta en la mano. Admiro al maestro tremendamente, y lo seguiré admirando. La fecha no era suya, y de irse, al llegar al hotel, una ducha, un pitillo, una copa, y goodbye, señores, que yo me voy. Uno, pienso, no puede comprometerse a doctorar, por ejemplo, a una promesa de una proyección acongojante y a la vez robarle el protagonismo y los titulares con una decisión emotiva y precipitada. José María Dolls Abellán, un torerazo de pies a cabeza, tal vez no sea responsable de todo el lío posterior. Pero a mí no me gustó ni el antes ni el después.
Los toros de Alcurrucén no embistieron, los novillos de Zalduendo sí -incluso el último con una punta de genio- y los toros de rejones a medio gas, que fue como estuvo Pablo Hermoso de Mendoza. El resto ya está contado, ya es historia. Una historia emocionante, rara y cabreante.
Marc Lavie. Adiós,
maestro
Sans l'avoir annoncé, ni même prévu, José Marí Manzanares a décidé d'arrêter définitivement sa carrière professionnelle à la mort de son deuxième toro. Avec la présentation de Cayetano, cela a constitué le dernier événement de cette grande feria.
Cela ne s'était pas bien passé pour le maestro d'Alicante. Tout d'abord, ses apoderados avaient choisi de leur élevage deux toros qui n'inspiraient guère confiance. Cette confiance semblait avoir totalement abandonné Manzanares. Il fut cruellement absent lors du premier combat, laissant toute la lidia aux mains maladroites d'une cuadrilla de second ordre, et ne voulut pas faire la moindre faena.
Absent lors des deux premiers tiers, Manzanares a eu des détails de classe lors de sa deuxième faena, sans toutefois parvenir à conclure. Il tua en deux temps. Au moment où il allait saluer en piste, les opinions se divisèrent. Manzanares fit venir son fils qui lui coupa la coleta et la plaza se métamorphosa en une ovation unanime et obligea Manzanares, en larmes, à effectuer le dernier tour de piste de sa carrière. Cayetano eut le geste de lui dédier le sixième et l'ovation tonitruante, cette fois au son de la musique, se répéta. À la fin de la course, tous les toreros présents en spectateurs - Ponce, Cid, Rivera, Padilla, Morante, Litri, Espartaco, vaya cartel... - se propulsèrent en piste et portèrent en triomphe Manzanares, obligeant ensuite le portier à ouvrir la Porte du Prince. Comme l'a indiqué ensuite le président de la course, cette sortie en triomphe salue un torero d'époque qui, au moment où il l'a franchie, n'était plus matador puisqu'il s'était déjà coupé la coleta. Un formidable torero, un torero des toreros, qui a marqué notre époque et notre vie, tire sa révérence. Adios maestro !
Dernière corrida de feria, et corrida événement avec la présentation à la Maestranza de Cayetano, sous les yeux de la duchesse d'Albe. Avec un premier novillo idéal, Cayetano toréa avec décision, parcimonie, sérénité, même s'il ne put ralentir le geste que lors des deux dernières séries. Il fut toujours soutenu par le public qui, après une grande entière, demanda et obtint une oreille. Face au sixième, après un joli quite par tafalleras, dont on relèvera surtout la qualité de la demi véronique, Cayetano se montra plus centré, plus calme, plus posé et coupa une autre oreille après avoir tué d'un tiers de lame et d'un descabello. Heureuse présentation de Cayetano à la Maestranza.
Pablo fit deux lidias rapides. La première, commencée sur "Villa", fut efficace et de moindre brio. La deuxième, avec "Curro" mais surtout "Chenel" et un nouveau cheval "Berlin", un palomino qui fait des pirouettes, fut plus brillante mais le rejón de mort fut défectueux. Il tua ses deux toros avec un nouveau cheval aztèque.
La Razón.
FRANCISCO MORENO. Manzanares padre se corta la coleta
Tarde histórica la de ayer en La Maestranza. José María Manzanares dijo adiós a la profesión. Su hijo, presente en el callejón, fue el encargado de cortarle la coleta. No se podía palpar mayor emoción en el ambiente. Si la tarde parecía marcada, en un principio, por la presentación de un novillero de alta dinastía: Cayetano, fue Manzanares el único protagonista del festejo. El debutante quiso participar de su adiós y le brindó el último novillo de su lote, para luego invitarlo a dar la vuelta al ruedo con él.
El toreo es así. Y la afición de Sevilla, también, y acompañó con una cerrada ovación la despedida de quien tantos momentos de torería desparramó por este albero. Sus compañeros de escalafón presentes en el festejo: Morante, El Cid, Enrique Ponce, Juan José Padilla, Espartaco, Rivera Ordóñez o banderilleros como El Mangui y Ecijano, entre otros, saltaron de los tendidos al ruedo y lo sacaron a hombros en su última vuelta al ruedo y su posterior salida por la Puerta del Príncipe como reconocimiento a su trayectoria y a la página que deja gravada en la historia del toreo. Tarde emotiva e histórica para el maestro y para la afición sevillana que le acompañó en su adiós.
La decisión del alicantino sorprendió a todos los presentes, incluido a su hijo, encargado de cortarle la coleta, que reconoció en el callejón de la plaza su sorpresa ante esta decisión.
Manzanares quedó inédito con el primer toro de su lote, un animal falto de raza y de clase que sacó algo de genio y ante el que no estuvo ni a gusto ni decidido el torero. Optó por matarlo pronto ante las protestas del público.
Más entonado se mostró el diestro de Alicante ante su segundo enemigo: un toro deslucido que tuvo nobleza y que a la postre resultaría el de su despedida del toreo. Estuvo animoso con el capote y luego instrumentó una faena corta, como corta era la colaboración de su oponente. Se sucedieron las tandas sobre ambas manos, siempre con gusto y torería. Le faltó la chispa que no puso su deslucido aunque noble oponente. Tras el pinchazo y la media estocada, José María Manzanares sacó a su hijo al tercio y éste le cortó la coleta. Momento muy emotivo, ante el que respondió de manera soberana la afición de Sevilla, que ovacionó con fuerza a un emocionadísimo torero que ha cuajado tantas tardes de gloria en este ruedoe y que en ese momento decía su adiós. Le obligaron a dar la vuelta al ruedo y así se despidió del público maestrante. Hasta pronto, torero.
Cayetano comenzó con buen pie su presentación en Sevilla, ya que cortó la oreja de su primer novillo con el que estuvo algo falto de oficio con el capote, aunque voluntarioso. Trazó una faena entonada con algunos altibajos. Comenzó el trasteo con ayudados a dos manos, rodilla en tierra, con mucho gusto, por lo que recibió las ovaciones más fuertes del momento. Decayó la labor, que fue remontada, de nuevo, en el tramo final de la lidia. Su toreo tiene buen gusto y alcanzó mayor profundidad cuando bajó la mano. Todo ello ante un gran novillo, bonito de hechuras, noble y muy repetidor que se dejó hacer. El público, entregado.
Gustó. También colaboró el lidiado en sexto lugar por nobleza y movilidad. Se lució el novillero en un quite por tafallera, muy bien rematado con medias verónicas. El trasteo sobre ambas manos contó con momentos de mucho gusto y otros, ya al final, de menor son. No obstante, gustó su actuación y el público también estuvo entusiasta con él.
En una tarde tan emotiva, el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza se mostró muy animoso y en buen tono con un lote de toros dispares de juego, aunque no alcanzó el triunfo. El navarro saludó tras la labor que realizó a su primer ejemplar, un toro de Fermín Bohórquez con el que el lucimiento fue difícil debido a que acabó parándose.
Más manejable resultó el toro de su segunda faena, donde brilló a lomos de «Chenel» y «Merlín». Fue una labor más completa, donde le llegó mucho al toro y lució en la maestría y vistosidad ya conocidas del rejoneador de Estella, que al final se adornó con las rosas montando a «Sármata», con quien además realizó la suerte de matar. El rejón de muerte cayó descolocado y por ello quedó sin el trofeo. No obstante, estuvo por encima de sus oponentes.
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