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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Noche del jueves, 28 de julio de 2005
Final del ciclo Novilladas de Promoción
  
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Triana
(Debutaba en plaza. Propiedad del matador Emilio
Muñoz. Bien presentados, buenos y nobles, con mucho juego;
1º y 2º, aplaudidos en el arrastre, el 5º fue premiado con la vuelta
lenta al ruedo). Diestros:
- Miguel Raya
(Escuela Taurina de Écija). Estocada (oreja); estocada trasera,
aviso, vuelta tras petición de oreja).
- Salvador Barberán
(Escuela Taurina del Campo de Gibraltar). Tres pinchazos, media
estocada, aviso, descabello (silencio); pinchazo, estocada trasera,
descabello, aviso, dos descabellos (vuelta al ruedo).
- José Carlos
Venegas (Escuela Taurina de Benidorm). Estocada en la paletilla, media
en su sitio (ovación tras petición); pinchazo, estocada (oreja).
Banderilleros que saludaron: Antonio Pablo Ruiz, de la
cuadrilla de Miguel Raya, en el 1º de la tarde; Víctor Nieto, de la
cuadrilla de Salvador Barberán, en el 2º.
Premios Real Maestranza de Caballería:
- Traje de Luces: José Carlos Venegas.
- Capote de paseo: Salvador Barberán.
- Capote de brega: Miguel Raya.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
Diario de Sevilla
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Un ciclo más que
interesante
El sueño constante de estos que empiezan se les hizo realidad esta tarde-noche de julio con una convicción fuera de toda duda. Estaban en el final del ciclo de novilladas de promoción en La Maestranza por méritos contraídos en el ruedo jueves anteriores. Y todo esto suena a esperanza en la esencia de las formas de estos tres jóvenes finalistas. El que lleguen, o no, queda para los adivinos. Y yo no lo soy.
Por ahora, la juventud, las inmensas ganas y, sobre todo, el atisbo de un toreo a veces clásico, a veces emocionante, añade frescura y veracidad a un escalafón escaso de futuribles nombres. Aunque… no se preocupen, mientras haya un toro en la plaza y toreros que quieran torear, siempre habrá público dispuesto a presenciarlo. Y esta noche los hubo.
El ciclo celebrado reclamaba desde el mismo día de su presentación verlo y degustarlo pertrechado de argumentos y razones: La diversidad de representantes de las diferentes Escuelas Taurinas de Andalucía y otras Comunidades Autónomas, la exquisitez en la elección de las ganaderías, y la presentación y calidad de las reses lidiadas. Y esto ha dado lugar a unos espectáculos de interés para el aficionado, y de gran divertimento para el público seguidor del que abajo actuaba. Quizá esta noche el listón de la calidad del novillo subió demasiado para la inexperiencia de los que comienzan en tan bello, aunque duro, oficio. De todas formas, excelente rúbrica a un ciclo más que interesante.
Las reses de Toros de Triana, fuertes y con volumen, encastadas y bravas han propiciado el triunfo para la terna, algún que otro susto a las cuadrillas, y mínimas complicaciones, sólo las derivadas de la raza. Una buena novillada premiada además con la vuelta a ruedo del bravo quinto.
José Carlos Venegas, de Jaén, ha demostrado otra vez la calidad de su tauromaquia. Se queda quieto, tiene valor y ejecuta el toreo con la parsimonia de los elegidos. Todo lo quiere hacer despacio, auténtico, aunque alguna que otra vez pone en práctica el medio pase. Citó de tan ventajista manera en sus dos novillos. No obstante, sobresalió más lo auténtico que lo banal. Destacaron unos naturales despaciosos y de mano baja ejecutados al noble y bravo tercero, y sobre todo un lance acompasado al sexto, y un trasteo de derecha e izquierda con muletazos muy despacio, ligados y bien rematados. La buena estocada al que cerraba festejo le certificó la oreja y el premio del vestido de torear.
También Salvador Barberán, de la Escuela de Tauromaquia del Campo de Gibraltar, hace un toreo con gusto. Toreo de trazos largos, de muleta arrastra, y además muy despacio. Con el segundo no hubo acoplamiento con la zurda, pero sí algunos muletazos con la diestra de excelente trazo. Gustó y se gustó con el mejor novillo de la tarde, y quizá del ciclo, el sexto. El bravo animal no se cansó de galopar en busca de los engaños con una calidad extraordinaria en sus embestidas. Barberán estuvo a la altura de las circunstancias y ejecutó con ambas manos el toreo más emocionante de la tarde y de mayor transmisión a los tendidos. El fallo con los aceros le privó del premio de las dos orejas. Para el buen ejemplar de Emilio Muñoz los honores de la vuelta al ruedo. Para Salvador el capote de paseo.
Y para Miguel Raya fue el capote de brega. El alumno de la escuela taurina de Écija puso en práctica toda su sapiencia para estar a la altura del encastado novillo corrido en primer lugar. Al final de faena, cuando logró atemperar la embestida, trazó una notable serie al natural. Lo mejor. Mató de estocada y paseó una oreja. Más complicaciones le dio el cuarto. A pesar de todo logró hilvanarle una buena tanda de muletazos con la diestra rematada con los de pecho. Mató con facilidad y dio la vuelta al ruedo tras la petición de oreja.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Venegas, ¿un Ponce a pequeña escala?
En este mundo de locos en el que la mitad se dedica a pasar hambre para mantener el tipo, mientras la otra mitad se muere literalmente de hambruna, una paradoja más, en este caso en el planeta de los toros, no pasa de simple anécdota. Desde que era niño escuchaba que Utrera es la cuna del toro bravo. Y Triana, de toreros con arte. Ahora, hay más matadores de toros utreranos que trianeros. Incluso, el titular de la ganadería de ayer, Toros de Triana, el otrora artista Emilio Muñoz se ha metido a ganadero. El último eslabón del toreo belmontino, trianero, ha cambiado los vuelos de su capote, por el galope a campo abierto, el pulseo de su templada muleta por las anotaciones de sus reses y las verónicas acompasadas con sonido a yunque por la selección de su ganado.
Muñoz, quien cumpliera con el arte del toreo, triunfó ayer en su otra faceta, la ganadera, en su debut en la Maestranza sevillana. A partir de ahora es probable que Triana, el Arte con mayúsculas, se identifique también con la crianza del toro de lidia. Novillada muy encastada en su conjunto, en la que destacó un excelente ejemplar, por su bravura y nobleza, lidiado en quinto lugar. Y más paradojas, el torero que mejor manejó las telas, torero de cuerpo entero, José Carlos Venegas, ganó esta final y consiguió el traje de luces, ante el peor lote, el único lote malo del festejo.
Venegas llegó de Jaén, donde el valenciano Ponce echó los dientes como torero. Salvando las distancias entre un maestro que ya es historia y este principiante, hay que decir que Veneros es un novillero que posee cualidades de torero cuajado, como le sucedía en sus inicios al de Chiva. Inteligencia innata para el toreo, facilidad pasmosa para pensar delante del astado, mueve las telas con una suavidad proverbial y para redondear posee un valor natural de muchos quilates, frío y sin aspavientos –ahí quedó un quite que hizo al segundo novillo, con unas gaoneras en las que asustó al público, por lo extremadamente ceñidas–. ¿Estamos hablando de que puede ser un Ponce? No. Estamos hablando de que posee cualidades suficientes para alcanzar la borla de matador, un matador estilista, un torero con clase. Pero el tiempo, siempre será el tiempo, el que dirá si alcanza este milagro.
Venegas, con el protestón tercero, que se quedaba corto y cabeceaba constantemente, se peleó con estilo. Lo más brillante, una serie al natural, con muletazos lentísimos, que agonizó en un desarme. En varios pases, por ambos lados, los pitones le rozaron la taleguilla. El epílogo por bernadinas fue inverosímil, por su gran exposición. La estocada hizo guardia y por eso perdió los trofeos.
Ante el sexto, tardo, manejó con buen aire el capote a la verónica y en un quite por ajustadísimas chicuelinas. En el platillo se marcó por el pitón derecho una serie de muletazos y el de pecho sin enmendarse. Con ambas manos, siempre asentado, fue encelando al animal hasta imantarlo en algunos muletazos de finísimo trazo. Afloró en todo momento la clase de un estilista con suficiencia. Expuso mucho en las manoletinas que cerraron una faena muy interesante.
Barberán, el segundo clasificado, disfrutó del mejor lote. Con el encastado segundo no llegó a acoplarse totalmente en las embestidas de un codicioso animal. Ante el quinto, muy bravo y noble, realizó una faena variada, rica en matices, con algunas tandas de categoría y muletazos profundos. Mató mal y se le esfumó el premio.
Miguel Raya es torero que llega con facilidad a los tendidos. Derrocha alegría. Al encastado primero le hilvanó una faena valerosa, larga, con altibajos, en la que hubo desde una voltereta y un desarme hasta una bella serie al natural. Acertó a la primera y ganó una merecida oreja. Con el codicioso cuarto, después de ganar terreno a la verónica, brindó su faena a su maestro, Pepe Luis Vargas, profesor de la Escuela de Écija. Labor voluntariosa, salpicada de enganchones, en la que faltó mando. Lo mejor, una tanda con la diestra, de compás abierto. En la suerte suprema se atracó de toro y cambió una tremenda voltereta y un pisotón que le lastimó la mano derecha por una estocada. Aunque hubo petición de oreja, en este caso el presidente la denegó, con protestas de parte del respetable.
En este mundo de paradojas y también de transformaciones, Emilio Muñoz ha pasado de torero barroco a ganadero gótico, con ejemplares encastados y nobles. Y ayer en Sevilla, un chaval de tierra de olivos, Jaén, donde se crió el valenciano Ponce, jugó a ser figura. Se llama Juan Carlos Venegas y habrá que seguirlo con interés, como a la ganadería de Muñoz, Toros de Triana, que también debutó en la Maestranza a lo grande
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