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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 22 de mayo de 2005
Novillada con caballos

Canito. Foto ABC

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Cinco novillos de Marqués de Domecq y uno (el 3º) de Casa Domecq. Bien presentados y de diferente juego.

Diestros: 

  • Gabriel Ruiz Canito Pinchazo y media estocada (ovación); estocada algo caída (vuelta al ruedo).
  • Sánchez Mora. Pinchazo y estocada trasera (vuelta al ruedo); dos pinchazos y bajonazo (silencio tras aviso).
  • Sergio Marín. Dos pinchazos y estocada (silencio tras aviso); pinchazo, media estocada y cuatro descabellos (silencio tras aviso).
PresidenteGabriel Fernández.

Tiempo: tarde con buena temperatura.

Entrada: media entrada de plaza.

Crónicas de la prensa:  Diario de Sevilla, ABC, PortalTaurino.com.


PortalTaurinoMANUEL VIERA Difícil tarea, ésta de ser novillero

En ocasiones, sorprende gratamente comprobar la vitalidad y las ganas de estos que empiezan. Y a pesar de los muchos vaivenes que sacuden el escalafón de los novilleros, algunos, siguen demostrando una afición a prueba de bombas y una dedicación plena para alcanzar su objetivo. A Canito no se le puede negar la constante lucha por llegar a tan difícil meta.

Para el sevillano no sólo era la tarde la que estaba en juego, sino conseguir penetrar, con lo hecho en el ruedo, en las agendas de los más importantes empresarios taurinos. Difícil tarea ésta. Sin embargo, Gabriel Ruiz no dudó en plantarse, una vez más, delante de la puerta de chiqueros. Participó en todos los tercios de quites, clavó banderillas sin aliviarse, y se negó rotundamente a seguir los consejos de los médicos que tras reconocerlo en la enfermería de la plaza, tras el percance sufrido con el primer novillo, le recomendaron no continuar la lidia y hacerle un estudio radiológico por supuesta lesión del cúbito derecho. El sevillano, que hizo caso omiso a los consejos de los galenos, intentó de nuevo buscar el triunfo en una segunda oportunidad. 

Pues ni con el primero ni con el cuarto pudo ser. La pinturería en las singulares formas de Canito fue el escaso detalle de un toreo que no llegó a romper. Los lances a pies juntos a ambos novillos, y algunos naturales con ritmo y buen trazo al cuarto, fue lo más destacado del quehacer del sevillano, al que se le ve con agrado porque su toreo fluye, a veces, con demostrada naturalidad. Como mató, a este último, de estocada, la democracia de los tendidos exigió la benevolencia del palco para la concesión de la oreja. Esta vez, el señor Fernández Rey no la concedió. Ironías de la vida.

Sánchez Mora hizo gala de sobradas condiciones para el toreo de capa. Ritmo en el lance y expresividad en el remate. Fue lo mejor. Después la faena al segundo contuvo un estilo de buen gusto, con un toreo de trazo despacioso, sin demasiadas apreturas e intermitente. No obstante, el trasteo nunca llegó a remontar el vuelo. La vuelta al ruedo fue el premio tras el pinchazo y la estocada. Con el quinto, al que quitó por chicuelinas, llegó a cansar en una faena larga y de poco contenido.

Tampoco Sergio Marín logró su objetivo. Al toreo del madrileño no le falta la corrección, ni la exactitud en el trazo… pero le sobra metraje, sobre todo, cuando lo que se hace abajo no llega arriba. Alguien de los que aconsejan a estos que empiezan le debe dar el aviso antes que se lo de el que preside. Y más cuando el trasteo se hace anodino, banal, insoportable. Así fue la faena al tercero. Al sexto lo quitó por chicuelinas de lento trazo, quedando después en el aire, o como entre dos luces, o mejor decir, entre dudas lo que puede dar aún de sí la capacidad del joven Marín. 

La novillada del Marqués de Domecq, de muy buena presentación, le faltó casta y lo sobró sosería, que la tuvo a raudales. 


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Pinturería a cargo de Canito y entrega de Sánchez Mora.

El resultado artístico de ayer en la Maestranza se saldó positivamente. 
El sevillano Gabriel Ruiz Canito y el gaditano Sánchez Mora dieron sendas vueltas al ruedo. El segundo de ellos, de matar a la primera, quién sabe si hubiera conseguido un trofeo. Hubo novillos que fueron válidos para el éxito, en una novillada desigual en presentación y juego. Y aunque el balance no sea para tirar cohetes, tampoco es menudencia, máxime teniendo en cuenta cómo anda en su conjunto la novillería. Lo más destacable fueron los destellos de pinturería de Canito, muy dispuesto toda la tarde, y la entrega de Sánchez Mora, que apuntó buen corte en varios muletazos y en el manejo del capote. Por contra, el madrileño Sergio Marín dio una pobre imagen, muy lejos de aquel novillero de máxima quietud antes de la tremenda cornada que sufrió el año pasado. En cuadrillas, destacaron con los palos El Lipi, Rafael Guerrero y Carmelo. Y seguro que a ningún aficionado se le pasó 
por alto la buena colocación del joven peón El Lipi, que en el novillo que abrió plaza le hizo un par de quites oportunísimos a su jefe de filas, Canito, cuando salía apurado en banderillas porque el novillo le hacía hilo.

Canito ya dejó patente sus deseos de triunfo cuando recibió a portagayola, de rodillas, al primer novillo. Tuvo que tirarse cuerpo a tierra para no ser cogido. Con la muleta, en los medios, expuso mucho ante un animal con genio, con mucha guasa, que al cerrarlo junto a tablas, casi al término de la faena, le lanzó un hachazo terrible por el pitón izquierdo con olor a cloroformo. El novillero quedó medio noqueado, pero no fue herido. Mató como pudo al barrabás.

Con el cuarto, Canito meció con buen aire el capote a la verónica, ganando terreno hasta llegar a la boca de riego. Comenzó su faena con el cartuchito de pescao –tuvo como profesor en la Escuela de Sevilla a Pepe Luis, hijo– y a lo largo de un trasteo intermitente fue dejando retazos del toreo pinturero que atesora. Ejecutó muy bien la suerte suprema y mató de estocada decidida para dar una merecidísima vuelta al 
ruedo tras petición de oreja.

Sánchez Mora también dejó patentes buenas maneras en el manejo de la capa y la franela. Al segundo lo toreó con verónicas acompasadas y se marcó un quite por chicuelinas rematado con una tejadilla. La faena, en las afueras, estuvo muy bien estructurada, logrando un par de tandas por cada pitón, en las que afloraron algunos muletazos de buen corte. También en el cierre hubo detalles toreros, como un precioso kikirikí. Pero falló con la espada y todo quedó en una merecida vuelta al ruedo.

Con el quinto, con genio y que cabeceó mucho en la muleta, el gaditano se mostró bullidor y peleón.

Sergio Marín tuvo en suerte un astado manejable y otro manso. Con el primero de ellos se mostró muy frío y desangelado y dejó indiferente al público. 

Ante el que cerró plaza, tampoco estuvo acertado Marín. No jugó bien los brazos en los lances de recibo, deslucidos. Con la muleta, se perdió en un trasteo estéril, en el que no pudo sujetar a un manso que se hizo fuerte en tablas, especialmente en la suerte suprema.

Digamos que, en un análisis frío, Canito y Sánchez Mora cumplieron sin arrebatar. Pero tal como anda la novillería –véase la mayoría de casos anteriores en la Maestranza y en otras plazas– hubo cositas destacables. Algo es algo.


ABC FERNANDO CARRASCONovillada en la Maestranza: Dos horas y media... y sólo detalles

Para ser exactos, dos horas y veinticinco minutos. Ese fue el tiempo que duró la novillada de ayer en el coso del Baratillo. Hubo dos vueltas al ruedo tras petición de oreja, cuatro subalternos saludaron montera en mano tras banderillear... y sólo quedan en el recuerdo detalles que se pierden en una tarde insulsa y sosa que a punto estuvo de acabar en tragedia cuando quedó prendido por el vientre el sevillano Canito al dar un pase de pecho al primero de la tarde. Incluso puede que tenga fractura del codo derecho al ser zarandeado de mala manera. Menos mal que todo quedó en el susto. Fueron él y el gaditano Sánchez Mora quienes dejaron esos detalles a los que aludimos tanto en el título como en el principio de la crónica. Pero muy esparcidos y, por lo tanto, perdidos en el largo tiempo por el que se fue desarrollando el festejo.

Los novillos del Marqués de Domecq, uno de ellos de Casa Domecq, no dieron el juego deseado. Entre la sosería y las complicaciones fueron saliendo uno tras otro sin dejar mucho para el recuerdo. Sí es verdad que los lidiados en segundo y cuarto lugares ofrecieron mayor nobleza y posibilitaron que se vieran los únicos momentos destacados del anodino festejo.

El sevillano Canito se fue a portagayola a recibir al que abrió plaza y tuvo que echar cuerpo a tierra para no ser arrollado. Suelto y sin fijeza en los primeros compases, le dejó dos medias verónicas pintureras. No pasó de voluntarioso con las banderillas -debería dejar los palitroques, que siempre está en la mente del público El Fandi y, claro, las comparaciones...- y brindó al público un novillo que cabeceaba y que no terminaba de humillar. Buen gusto con la diestra pero sin continuidad entre pase y pase. Lo mismo al natural, con un astado quedándose cada vez más corto hasta que en el inicio de un pase de pecho lo prendió de forma espeluznante. El susto fue mayúsculo.

A pies juntos estuvo mejor a la verónica ante el cuarto, un novillo que se desplazó más. Imagen de otro tiempo cuando Canito plegó la muleta sobre la izquierda y evocó el «cartucho de pescao» de Pepe Luis. Iba por ese pitón el del Marqués de Domecq. La faena tuvo de nuevo buen gusto y torería, imprimiendo alegría el sevillano en los remates de trincherilla airosos. Pero faltó la ligazón en las series. Mejor al natural. Estuvo pinturero y se le pidió la oreja. No consideró oportuno el señor Fernández Rey conceder el trofeo a Canito.

Sánchez Mora maneja con soltura y cierto barroquismo el capote, por cierto muy grande. Buenas las verónicas a su primero rematadas con tres medias enroscándose el percal en la cintura. Lo mismo que el quite por chicuelinas. Este segundo astado también se movió con mayor nobleza y el gaditano mostró sus buenas maneras tirando de su oponente. Sentidos algunos muletazos con la zurda. Por encima el chaval, que pinchó antes de cobrar la estocada definitiva. Hubo petición aunque no mayoritaria.

Entonado otra vez con el capote ante el quinto, que desarrolló genio y cabeceó cada vez que tomaba la muleta. Dispuesto Sánchez Mora pero sin acabar de acoplarse por las condiciones de su enemigo. Buscó luego el toreo de cercanías para fajarse con el astado. Salieron sólo medios pases.

Oficio tiene Sergio Marín, pero también frialdad en su quehacer. Su primero fue un novillo soso a más no poder que contagió al chaval. Maneras que no pasaron sólo de deseos. Faena larga, muy larga, perdida en un marasmo de pases inconexos.

Prácticamente se repitió el guión ante el sexto, con la plaza ya vencida por la duración del festejo. Para colmo, el del Marqués se rajó y Marín dio pases sin ton ni son cambiando constantemente de terrenos. Todo muy deslavazado. Tanto es así que el novillo se echó de puro manso. Mal con los aceros.

Parte facultativo de Canito: «Contusión del codo derecho con dolor en olecrano que tras exploración se aprecia movilidad anormal a nivel del proximal del cúbito derecho. Pronóstico reservado que le impide continuar la lidia». A pesar de ello el torero salió, bajo su responsabilidad, a estoquear al cuarto de la tarde.

 

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