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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del domingo, 19 de junio de 2005
Novillada con caballos

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos
de Marqués de Albaserrada,
el primero como sobrero (de distinta presentación, faltos de casta
y raza. Algunos con peligro)
Diestros:
- Antonio José
Blanco. Estocada desprendida y dos descabellos (silencio). En el tercero -de Ferreira-, estocada (silencio). En el quinto -se corrió turno-, media caída y trasera (silencio).
- Rafael
Ronquillo. Media tendida y descabello (ovación). En el cuarto -quinto en el orden de salida original-, media atravesada y descabello (silencio). En el sexto, estocada (ovación).
- Antonio
Joao Ferreira, que debutaba en plaza. Resultó cogido en su
primero.
Incidencias: Antonio
Joao Ferreira resultó cogido. Parte médico:
"herida inciso-contusa en cara interna de tercio inferior de muslo derecho, que atraviesa
aponeurosis y músculo vasto interno, saliendo por la cara anterior del tercio inferior del muslo, en una trayectoria de 12
centímetros. Se procede a friedreich, sutura y drenaje. Pronóstico: menos
grave. Le impide continuar la lidia. Firmado Dr. Ramón Vila".
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
Crónicas del Festejo
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. No fue fácil la
tarde
No fue fácil la tarde. Porque están todavía ahí las complicadas embestidas del manso de turno. Uno tras otro demostraban iguales comportamientos. Novillada para mandar de nuevo a su casa a los que de su casa vienen ayunos de contratos y soñando triunfos. Otra novillada –léase corrida de toros- para sufrir con el ¡uy! y olvidarse del
¡óle!. Mansos, complicados, peligrosos… así se comportaron los serios y cornalones “albaserradas”. Ya digo, para hacer sufrir un calvario sin recompensa a los de abajo y sudar más aún la gota gorda a los de arriba. Porque esa fue otra…que calor ¡joder!.
Y claro, llegó la cogida cuando toreaba de capa al tercero, Antonio Joao Ferreira. El novillero portugués se gustaba y gustaba en los laces, muy despacio, a la verónica, cuando fue empitonado por la pierna derecha de mala manera y llevado colgado del cuerno hasta las proximidades de las tablas. Se temió lo peor. Y aunque el astifino y complicado animal le atravesó el tercio inferior del muslo derecho en una trayectoria de doce centímetros, el pronóstico sólo quedó en “menos grave”. Menos mal. A partir de aquí la tarde quedó en un “mano a mano” entre Blanco y Ronquillo. Y se puede considerar un éxito para ambos salir andando por la puerta de cuadrillas tras la finalización del festejo. Expusieron de lo lindo. Y sobre todo le echó ganas y valor Rafael Ronquillo.
Pero ya se sabe, el toreo es cosa de dos, y esta vez el sevillano no encontró ni una pizca de colaboración en las embestidas de sus tres novillos. Lanceó bien de capa al segundo, y fue con este, el menos malo, con el que consiguió trasmitir su toreo. Lo cierto es que le costó superar su temor a dejarle la muleta adelantada, pero cuando lo hizo, Rafael Ronquillo, ejecutó en menos de dos minutos los mejores muletazos con la diestra de toda la tarde. El resultado fue un conjunto de pases, muy bien trazados, hilvanados y rematados, que en tan breve instante resumió las formas y posibilidades futuras de este novillero. Después la faena no tuvo continuidad con la izquierda, aunque brotó aislado algún que otro buen natural. Con el manso cuarto lo intentó todo sin conseguir nada. Y con el peligroso sexto, todo un toro, quiso de nuevo reivindicar un puesto más digno en el escalafón. Dos largas cambiadas desde el tercio y… a aguantar después con la muleta feas tarascadas, peligrosos parones e inciertas embestidas. No hubo lucimiento, pero si unas inmensas ganas de agradar. Con la espada, breve y seguro toda la tarde.
Demasiado anodino el intento de toreo de Antonio José Blanco con el sobrero lidiado en primer lugar. De todas formas, el genio demostrado por el manso en sus complicadas embestidas fue una dificultad difícil de resolver por este veterano novillero sanluqueño. Al tercero, que estoqueó por cogida de Ferreira, otro novillo manso, complicado y molesto, ahí estuvo sin conseguir nada. Con el peligroso quinto, lo mató con brevedad tras leve intentona con la muleta.
ABC.
FERNANDO
CARRASCO. Ferreira no pudo zafarse de los astifinos y peligrosos pitones de los «albaserradas»
Otra, la del Marqués de Domecq, corrida de toros por presencia y hechuras. Y astifina a más no poder. Toros -dejemos la calificación de novillos para mejor ocasión-que además desarrollaron peligro por cuanto medían en sus embestidas; no humillaban y en cualquier momento podían hacer presa. Y la hicieron, desgraciadamente, en las carnes del portuguesito Antonio Joao Ferreira, un joven que se presentaba en la Maestranza y que tan sólo, al tercero de la tarde, primero de su lote, pudo dejarle algunas verónicas de buen gusto y una media desmayada. Porque cuando iniciaba la segunda, «Hilandero», de pitones astifinos hasta decir basta lo prendió por encima de la rodilla derecha. Hundió el pitón con saña y levantó en tarascadas dramáticas al chaval, llevándolo hasta las tablas. Allí lo soltó y, por fortuna, no siguió con él porque hubiese resultado fatal.
Se levantó no obstante Ferreira, pidió un capote y se fue para el toro para rematar lo comenzado. Mas cuando llegó al burladero se derrumbó y tuvieron que llevarlo en volandas hasta la enfermería. Dentro de la tragedia hay que escribir de buena suerte porque el pitón no afectó a arterias. Cornada de 12 centímetros de las consideradas «limpias». Habrá que esperar a septiembre, torero, que la empresa te tendrá en cuenta.
El festejo, claro está, quedó en un mano a mano improvisado entre Blanco y Ronquillo. La peligrosidad de los toros del Marqués de Albaserrada tuvo su «oasis» en el segundo, primero de Rafael Ronquillo, que tuvo un pitón izquierdo por el que se desplazó bien aunque sin humillar. Había dejado su impronta el sevillano con el capote. Un toro muy abierto de cuerna y con el que tuvo un inicio de faena pinturero y torero. Más descompuesto por el derecho, a izquierdas tomó la muleta cuando se la puso Ronquillo. La clave estaba en no dejarle pensar y dejársela siempre puesta. Dos series tuvieron empaque y largura en muchos de sus muletazos. Luego, de frente y a pies juntos, hubo enjundia pero yendo a menos por algún que otro enganchón. Las formas del chaval tuvieron respuesta en los tendidos, lo mismo que detalles como trincherazos y ayudados por bajo. Labor encomiable a tenor de lo que tenía delante. Dos molinetes abelmontados prologaron la media tendida y el descabello. No hubiese cometido ningún delito dando la vuelta al ruedo que se había ganado.
Se corrió turno por la cogida de Ferreira y mató su segundo en cuarto lugar. Un toro con 536 kilos y aviesas intenciones. Se vencía e iba con la cara por las nubes. Muy en corto, Ronquillo le robó algunos muletazos de mucho mérito en una faena afanosa pero carente de calidad por lo deslucido de su enemigo.
Al sexto lo recibió con dos largas cambiadas y se tuvo que emplear a fondo ante un albaserrada que medía siempre en cada embestida. Pasaba y el ¡ay! se instalaba en las gargantas. Faena larga y de fatiguitas para los que estábamos en los tendidos. Anduvo con oficio y resolvió la papeleta con dignidad, que no es poco.
Entre silencios pasó el gaditano Antonio José Blanco. Al que abrió plaza, que se venía cruzado, se lo quitó como pudo de encima cuando se le coló de manera pavorosa. Así transcurrió el trasteo. Al que cogió a Ferreira, tela de astifino y que no humillaba nunca, consiguió sacarle muletazos correctos pero sin que el astado dijese nada. Lo mejor en este toro, la estocada.
Le apretó de salida su segundo -que salió en quinto lugar al correrse turno- y que le pegó una voltereta a Ronquillo al hacer un quite. Un toro -repito que no empleo el calificativo de novillo en una novillada- con peligro a raudales, que amagaba más que un futbolista brasileño a la hora de tirar un penalti y que recortaba y se quedaba debajo. Demasiado hizo con pasaportarlo con suficiencia.
Parte facultativo de Antonio Joao Ferreira: «Herida inciso-contusa en cara interna del tercio inferior del muslo derecho, que atraviesa aponeurosis y músculo vasto interno, saliendo por la cara anterior de tercio inferior del muslo en una trayectoria de 12 centímetros. Pronóstico menos grave».
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Herido el portugués Ferreira y grata impresión de Ronquillo
En el cierre de las novilladas de abono hubo sangre de un debutante, dureza en el juego de los albaserradas, capacidad del novillero sevillano Rafael Ronquillo y más voluntad que otra cosa por parte del gaditano Antonio José Blanco. El mazazo de la tarde llegó en el ecuador, cuando ya habíamos comprobado el juego poco apto para el lucimiento de un par de novillos. El novillero portugués Antonio Joao Ferreira caía herido en su debut en la Maestranza después de abrochar un manojo de bellas verónicas de manos bajas, en las que echó la pierna adelante. El novillo, inesperadamente se le coló y le empitonó por el tercio inferior del muslo derecho. El espigado torero portugués luchó por mantenerse en el ruedo, con un boquete en la pierna que delataba la cuchillada del astifino novillo. Al poco, las asistencias se hicieron con el torero que trasladaron por el callejón camino de la enfermería. La cogida impresionó fuertemente al público y el festejo quedó en un mano a mano entre el gaditano Antonio José Blanco y el sevillano Rafael Ronquillo. La novillada de Marqués de Albaserrada, muy seria en su presentación, también lo fue en su juego, por su dureza y malas ideas.
Antonio José Blanco, con más pundonor que otras cualidades, salvó como pudo su difícil papeleta. Con el primero bis, violento, del mismo hierro, que sustituyó a un titular inválido, no pudo lucirse. Con el tercero, que hirió a Ferreira, un ejemplar serio, pero manejable, no llegó a centrarse. Y ante el quinto, que fue todo un regalito y se orientó de inmediato, bastante hizo con salir por su pie.
Rafael Ronquillo dejó una grata impresión. Se mostró valiente y muy centrado toda la tarde, derrochando ganas y quietud en quites, como sucedió en el tercero, en el que plasmó unas gaoneras muy ceñidas o en el quinto, en el que fue enganchado sin consecuencias. Entendió bien al segundo, que, aunque tardo, tenía un buen pitón izquierdo. En el comienzo de faena dibujó algunos muletazos de bella factura, como una espléndida trincherilla. Y hasta que se rajó el animal logró dos series al natural en las que adelantó el engaño y tiró muy bien del novillo en muletazos largos y templados. El añadido de un descabello a una estocada corta hizo que el balance quedara en una fuerte ovación con saludos.
Ante el cuarto, un auténtico toro en hechuras, al que picó muy bien José María Expósito, padre, Ronquillo volvió a mostrarse con desenvoltura. El novillo, que se quedaba muy corto por el pitón derecho, tenía guasa por el izquierdo. La faena comenzó con unos estatuarios. En las afueras, el torero se justificó sobradamente; puesto que era imposible el lucimiento. A la labor le sobró metraje.
Ronquillo, con oficio, dio una buena imagen ante el áspero sexto. Lo recibió de manera arriesgada con dos largas cambiadas de rodillas en las rayas. Con la muleta le buscó las vueltas para robar pases, algunos de ellos de buen trazo.
El cierre de las novilladas quedó marcado por la sangre del debutante Antonio Joao Ferreira, que bordó el toreo a la verónica, y la capacidad del sevillano Rafael Ronquillo.
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