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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 17 de abril de 2005
Corrida de toros


FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Miura. De distinta presentación y juego complicado. Los mejores, 1º y 4º (aplaudido en el arrastre). El 2º fue devuelto a corrales por lesionarse los cuartos traseros. 2º-bis, de Conde de la Maza (difícil para la lidia, con peligro).

Diestros: 

  • El Fundi. Tres pinchazos, aviso, descabello (silencio); dos pinchazos sin soltar, media estocada, aviso, dos descabellos (saludos desde el tercio).
  • Juan José Padilla. Media tendida que escupe (silencio); meteysaca, más de media estocada (silencio).
  • Jesús Millán. Media atravesada que escupe (silencio); más de media estocada en su sitio (palmas).
PresidenteGabriel Fernández Rey.

Tiempo: soleado, agradable.

Entrada: hasta la bandera.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, ABC, Diario de Sevilla, El Mundo, La Razón.


Las imágenes del festejo

 

LOS PROTAGONISTAS

El Fundi
"Ha sido una lástima lo de la espada. Aunque también estoy contento, pero no al completo del todo. Mi segundo ha sido el único que se ha dejado más que sus hermanos, pero pienso que los he aprovechado los dos al completo. Lo que han durado y poco más, he disfrutado con ellos, la pena es no haberlos remado con la suerte suprema, en general contento a medias. A la corrida le ha faltado raza y en definitiva… una más de Miura."
Juan José Padilla
"Me ha tocado un lote que no me ha dado opción alguna. El sobrero del Conde de la Maza, ha desarrollado mucho sentido y violencia. Creo que sin lugar a dudas lo ha podido ver todo el mundo. El quinto entre las protestas del público, lo que se ha caído, lo que ha protestado, tirando la cara arriba, defendiéndose siempre, en definitiva un toro muy incomodo. Con eso es imposible el acoplarse. La corrida no tenía raza y salvo un toro aislado, ha sido una miurada muy dificultosa."
Jesús Millán
"
No nos ha dado opciones a ninguno de los tres. Personalmente mi lote absolutamente nada. Creo que he hecho todo lo que he podido, he venido muy entregado y ha darlo todo. Lo que pasa es que no me ha embestido ninguno de lo dos. El primero ha tenido mucha guasa y el último menos pero también ha buscado. Ha terminado poniéndome los pitones en varias ocasiones en el pecho. Sosos, con peligro y sin transmitir, no ha tenido nada que ver con la de hace dos años."
Realiza: Emilio Trigo

 

Crónicas del Festejo


PortalTaurino
MANUEL VIERAFinal de sopor

Esta ha sido, de todas las vistas, la tarde más desnuda y más anodina del ciclo sevillano. A diferencia de otras, la de hoy, además ha sido plana. Incluso de bostezo para los que ocupan el palco. Demostrado quedó en la actitud del presidente, que se olvidó de avisar a los clarineros para el cambio de tercio de banderillas en el quinto toro. 

No ha merecido Sevilla el final de una feria con resultado histórico. Y no por la actitud benevolente de un palco sin criterios, y a veces caprichoso y chapucero, que ha podido restar credibilidad a tan primerísima plaza, no, sino porque el toro ha vuelto a ser bravo, que ya es decir. Seis, al menos, de los lidiados durante el ciclo han hecho historia y han merecido más honores que los que le han concedido tras su muerte. Seis, y algún que otro más, han propiciado el toreo, el triunfo de los que lo demostraron con auténtica verdad. Aunque también hubo quien desaprovechó las nobles y encastadas embestidas y se aprovechó, después, de un público, ignorante, triunfalista y festero, y de un presidente complaciente y a la deriva. 

Se compartan, o no, la actitud de quien desde arriba manda, alguien debe tomar decisiones urgentes para devolver a Sevilla lo que siempre fue de Sevilla: el crédito de su templo del toreo.

Ya quedó dicho, hasta hoy no se produjo el sopor de manera tan clara. Se trataba, sin duda, de otra ilusionante tarde de miuras. Sin embargo, la casta de esta legendaria divisa está en horas bajas. Los, antaño, míticos toros de Zahariche, hoy, no han dado ni miedo. Ni por su habitual comportamiento ni por sus cuernos, que no sé por que rara enfermedad –dicen- florecen como amapolas nada más rozar las tablas de los burladeros. Mansos, flojos, desfondados, se defendían de los engaños en busca de la libre salida. Sólo el condeso lidiado como sobrero en segundo lugar lució finos puñales, y se hizo dueño de la peligrosidad miureña. 

Nunca se sabe como puede acabar la cosa. Y hoy acabó con un Fundi, curtido por la dureza de aquellos comienzos con iguales y parecidos encastes, que se esforzó por sacarle limpios muletazos al manso, aunque noble y rajado, primero. La voluntad primó ante la calidad. Con el cuarto, el de más recorrido de la floja corrida, consiguió hilar con la diestra templados pases que remató después con otros de pecho. Humilló algo más el miura con el lento y ligado natural, lo más destacado del trasteo del madrileño. Con la espada, muy mal en ambos toros.

Acabó la tarde con las ilusiones de Juan José Padilla, que sin demasiado acierto en los tercios de banderillas, le tocó un complicado toro del El Conde de la Maza lidiado como sobrero en segundo lugar. Trabajó a destajo el jerezano por meter en la muleta las peligrosas embestidas del condeso sin resultado positivo. Con el manso e inválido quinto, muy protestado, nada pudo hacer, más que mandarlo al desolladero de un metisaca en los bajos. 

Y terminó la feria con un Jesús Millán que se marchó de Sevilla sin salirle el miura que le propiciara un nuevo triunfo en esta plaza. Ni con el flojo tercero, ni con el noble y descastado sexto, pudo hacer otra cosa que justificar sus ganas y voluntad de agradar.

Y así, los tres, se fueron por el camino de la melancolía en busca de su soledad.


El País. ANTONIO LORCAUna tarde sin orejas

Después del festival orejil que ha caracterizado a esta triunfalista y devaluada Feria de Sevilla, la gran noticia es que ayer por la tarde, en la corrida de Miura, no se cortaron orejas. Y se dice bien, porque, por la mañana, en el festejo se pasearon tres y hubo puerta del Príncipe festivalera.

Nada menos que 29 apéndices se han concedido en este ciclo; tanto es así, que ni los más viejos del lugar recuerdan un abono con premios a tan bajo precio.

La decadente situación que atraviesa esta fiesta desde hace años ha expulsado a los aficionados de las plazas, que han sido invadidas por un público desconocedor de las más elementales normas y que, sin exigencia alguna, entiende que la diversión consiste en sacar el pañuelo; y la autoridad, antes que defender la pureza del espectáculo, se acomoda a los nuevos tiempos y, con la excusa de evitar una alteración del orden público -exclusiva preocupación de los presidentes-, acceden a las peticiones más descabelladas. Sólo así se puede entender que el prestigio de esta plaza, santo y seña que fue del toreo, se haya derrumbado con estrépito y nadie se haga responsable de ello. Pero existe un responsable y es la Junta de Andalucía, que ha renunciado a mantener la categoría de la Maestranza, que nunca debió ser ofendida de la manera tan alevosa como lo ha sido durante la feria que acaba de terminar.

Ayer no hubo orejas porque la corrida de Miura constituyó un fracaso de bravura, de fuerza y de casta. Bien presentados los toros, el primero salió con los pitones escobillados, pero inválidos, sosos y muy descastados, y sólo el cuarto desarrolló nobleza, y permitió a El Fundi demostrar, una vez más, en Sevilla que sigue siendo un lidiador seguro que merece todo el respeto.

Aprovechó muy bien el torero madrileño las escasas embestidas del animal para torear en redondo con ligazón y conocimiento de las distancias. Lo intentó con entrega por la izquierda y trazó dos tandas en las que sobresalieron naturales de mucha enjundia. Se gustó de verdad El Fundi en los ayudados finales, pero mató mal, y todo se redujo a una fuerte ovación. Tanto en este toro como en su primero banderilleó con eficacia y ajuste, aunque la falta de casta del que abrió plaza sólo le permitió lucir su depurada técnica con la muleta.

No le acompañó la suerte a Padilla. Lo mejor de su actuación fue un par de banderillas en el primer toro de El Fundi, de poder a poder, asomándose al balcón y dejándose llegar los pitones hasta la misma taleguilla. Se enfrentó a la defensiva con el peligroso sobrero del conde de la Maza, que desarrolló sentido y lo midió con malas intenciones durante toda la lidia; y se justificó con el deslucido e inválido quinto, para que el que se pidió la devolución a los corrales.

Se la jugó sin cuento Jesús Millán en su lote, nada fácil, con escaso recorrido y sin ofrecer facilidades. Justificó sobradamente su inclusión en la feria por entrega, valentía y gallardía.

Rejoneo matutino

Por la mañana se celebró el tradicional festejo de rejoneo, en el que se lidiaron toros cómodos de la ganadería de Bohórquez. Cortó dos orejas Andy Cartagena tras matar de un rejón traserísimo, y salió por la puerta del Príncipe. Una oreja cada uno consiguieron Diego Ventura y Moura Caetano. Dieron una vuelta al ruedo Antonio Domecq y José Luis Cañaveral, y recibió una ovación Fermín Bohórquez, que fue el mejor.


ABCZABALA DE LA SERNALa madurez de El Fundi y una desilusionante miurada

A estas alturas de la Feria, otros años, deseábamos con fervor que la corrida de Miura nos sacase de la cueva del aburrimiento y el fracaso. Sin embargo, la sensación positiva de la presente edición aparcó el abatimiento pesimista. Ha embestido un número altísimo de toros, que han posibilitado notables triunfos, algunas derrotas y, en los últimos días, un éxtasis triunfalista que no debe confundir: la Feria ha sido buena por sí misma aunque la mano se haya abierto con excesiva generosidad en los últimos asaltos para abultar y redondear el balance definitivo.

A mitad de la miurada, las buenas vibraciones del reciente pasado se nublaban en la decepción. Habían devuelto al inválido segundo y el manso tercero se defendía sin fuerza ni poder. Sólo el que abrió plaza, largo, alto y noble, había permitido el lucimiento de El Fundi con el capote a la verónica y un trasteo templado que se midió con cierta frialdad. La cosa acabó con el toro rajado, momento que tuvo que haber aprovechado antes el veterano torero de Fuenlabrada en lugar de insistir: quizá se hubiese evitado los problemas posteriores para cuadrar al miureño.

Padilla reventó por bajo al violento y manso sustituto del Conde, que, derrotado, se paró y cesó de embestir. Por su parte, Jesús Millán muleteó con voluntad opaca al desfondado y desbravado miura que lidió como primero de su lote.

La tonalidad grisácea de la tarde cambió en manos de El Fundi con el hondo y salpicado cuarto, al que banderilleó con valentía y no pocos apuros, con recursos de madurez más que brillantez. Bien de verdad anduvo Fundi con la muleta para hallar el eco en los tendidos que no encontró antes. Entendió a la perfección al miura y trazó derechazos muy largos, con el engaño siempre un tanto retrasado para no atacar. Los naturales siguieron el mismo curso, y la variedad en adornos y remates elevó la temperatura ambiente. Esta vez sí que no se alargó cuando el toro pidió árnica y tablas. La oreja se presentía con justicia. Pero pinchó y se diluyó. La ovación que recogió en el tercio premió su cabeza torera y una estética madura más depurada de lo habitual. Sin terminar de descolgar y pese a rendirse, fue el toro que más nota sumó.

Juan José Padilla, tan eléctrico como su terno naranja butano y plata con cabos negros y chaleco azabache ¡!, perdió ayer tino en su especialidad banderillera. Apechó con un toro blando muy protestado. El personal se enfadó con argumentos. Hasta ahí la razón. Desde ahí las voces siguieron en el tercio de muerte ya de forma absurda. El jerezano no pasó de afanoso.

El vibrante arranque de rodillas de la faena de Jesús Millán al sexto, un tráiler, se perdió con el defensivo comportamiento del morlaco en un metraje demasiado prolongado.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETOLa 'miurada' no funciona

La miurada defraudó. Fue un fiasco. No funcionó. Acostumbrados en las últimas temporadas a que saltara más de un toro interesante, el juego de los miuras de ayer no cautivó ni a toreros ni al público. No hubo ninguno claro para el lucimiento. Eso sí, como es habitual en este hierro, fueron fieles a su genética. Toros con mucha romana y caja suficiente para llevar los kilos sin problemas. Casi todos agalgados e incluso el tercero, el de menos peso –570 kilos–, escurrido. Y también, como es denominador común en los encierros miureños, pintas variadas: colorado, negro mulato, castaño, berrendo en cárdeno, sardo y cárdeno oscuro. El segundo de la deslucida corrida, que arrastraba una pata, fue devuelto y sustituido por un astado de Conde de la Maza, muy peligroso.

El Fundi y Juan José Padilla, que triunfaron con la corrida de Miura lidiada el año pasado en el ruedo maestrante, no tuvieron opciones para ello y dieron la talla, como a su aire también la dio Jesús Millán, un torero que se entrega totalmente, pero al que le cuesta más que a sus compañeros solventar las complicaciones que los miuras ofrecen en sus lidias.

El Fundi y Padilla cumplieron sin más en el tercio de banderillas del toro que abrió plaza. El Fundi , que tuvo en suerte el mejor lote, le sacó el jugo que pudo a este colorado en la muleta. El toro sólo tragaba un par de muletazos, para buscar en el tercero. El madrileño, que lanceó con anterioridad bien a la verónica y se lució en un quite por chicuelinas, consiguió una tanda estimable por el pitón derecho, el único potable. Con la muleta en la zurda, le resultó imposible dar ni un muletazo con fundamento. El miura se rajó de inmediato.

El cuarto, en su conjunto, fue el menos malo. En varas le recetaron un primero puyazo larguísimo y otro en toda regla. Y en banderillas le cortó a El Fundi de manera descarada. A pesar de ello, el torero se jugó la barriga en un par de ocasiones por el pitón derecho. Faena en los medios, con inteligencia y mando. Sacó un par de tandas con solvencia. Por la izquierda, brilló en un par de naturales. Por ese pitón, ya rajado el animal, le lanzó un hachazo al torero que casi le arranca la cabeza. El de Fuenlabrada se marcó algunos muletazos en los remates con entidad torera, como molinetes y trincherillas. Tuvo que matar en chiqueros, con el toro a la espera. Y eso le costó un trofeo, que hubiera conseguido a ley.

El segundo toro arrastraba una pata y fue devuelto y sustituido por un sobrero de Conde de la Maza. Juan José Padilla, con un traje que daba grima, butano y plata, cumplió en este toro en banderillas, que compartió con El Fundi, que clavó un buen par en la cara. Con anterioridad, Millán se jugó la vida en un quite por gaoneras. En la muleta, el toro estuvo a punto de arrancarle a Padilla el brazo derecho en el primer muletazo. Los avisos fueron tan serios que no había dudas: imposible el lucimiento.

Al quinto, protestado de salida, lo mantuvo el presidente en el ruedo entre protestas. Por cierto, el usía fue pitado por el público cuando se olvidó de sacar el pañuelo para cambiar el tercio de banderillas al de muleta. Padilla había prendido con anterioridad los palos, con su habitual espectacularidad, con el personal en contra. El respetable tampoco le hizo caso cuando se esforzó ante un toro claudicante, que se defendía por carencia de fuerzas.

Jesús Millán se justificó con creces ante el tercero, que alargaba el cuello por ambos pitones como si fuera una acordeón. El maño anduvo como un soldado en un campo de minas. Afortunadamente, ninguna explosionó. Con el que cerró plaza, que embestía a media altura, el torero, muy dispuesto, comenzó la faena de rodillas, en los medios, y puso un nudo en las gargantas de los espectadores. Esa emoción se fue diluyendo en muletazos en los que no obligó al miura. Ahí acabó todo. Incluida la Feria. Una gran feria, a pesar de los bajonazos del palco en su epílogo.


El Mundo. JAVIER VILLÁN. El palco, lo peor de la Feria

Acaba de concluir la Feria de Abril y ya está uno echándola de menos, esperando la del próximo año. A lo mejor la Maestranza es esto: una infinita capacidad de seducción. Hay tardes en que el optimismo se abate y la melancolía crece; son cosas de la vida. Pero 20 festejos más, incluida la infame miurada de ayer, aguantaría uno con tal de estar en la Maestranza y perderse luego por Triana. Pese a la incompetencia del palco y del desmadre de los tendidos, la Feria ha sido buena. Y, si de incompetencias se trata, el palco alcanzó ayer otra cumbre y ya han sido tantas en esta Feria que es difícil señalar el desaguisado mayor; el nefasto señor Fernández Rey ha resultado tan protector de Rivera Ordóñez y Jandilla el otro día, como hoy de los toros de Miura; las cabezas, impresentables; y la debilidad, también; y la invalidez absoluta, afeitada y despitonada del quinto miura, de juzgado de guardia. Y el señor Fernández Rey lo mantuvo en el ruedo.

Con todos estos atentados contra la ética y la estética, ha habido en esta Feria toros sueltos excelentes y corridas también excelentes: Victorino Martín, Pahla, Parladé, Núñez del Cuvillo, Torrestrella, Jandilla y otros que seguramente olvido. Y han ocurrido cosas importantes: lo que pudiera ser la resurrección de Morante de la Puebla, lo de Cepeda, la consolidación de El Cid, lo de Pepín Liria y Salvador Cortés... Buena Feria que yo firmaría gustoso para otros años con tal de que el señor Fernández Rey desapareciera del palco y los otros presidentes también. La última crónica de cada Feria, suele ser la que más pesa, la que más cuesta. No por acumulación, sino porque es un final, un corte. Al día siguiente nada será igual; hay que cambiar el chip y reorganizar los mecanismos de la vida cotidiana. Somos animales de costumbres y algunos, simplemente, animales. La miurada en Sevilla y en otras ferias nos anuncia que algo está acabando; y los cambios, aunque previsibles, llevan una carga de incertidumbre. Tras un largo ciclo, a la tarde siguiente, instalados ya confortablemente en el hogar, lo mejor es dormir: una tarde en blanco, terapia infalible.

La miurada y el broche. Curiosas trampas del lenguaje. El broche de los pitones, el veneno y más, es lo que les faltaba a los miuras. Es penoso, digan ustedes lo que digan, ver a toros tan arrogantes, con los pitones agraviados y las fuerzas humilladas: flor de cactus en las astas y remos de algodón y trapo. La miurada, más que difícil, suele ser una corrida imposible. Otra trampa del lenguaje; es una oportunidad con la cual algunos toreros tienen que solucionar y levantar la temporada y acostumbra a convertirse en una tumba.

Ante un toro que parecía aceptable, el primero, El Fundi se mostró adocenado y pegapases. El toro mintió al principio y acabó rajado. Quizá tenía las embestidas contadas, pero El Fundi no se apercibió de esa escasez hasta que el miura dijo hasta aquí hemos llegado. En cambio, la firmeza de la muleta de El Fundi fijó al cuarto que, cuando no se distraía, lo medía. Seguro y mandón en tres tandas de redondos y muy torero en los naturales. El toro, como el primero, empezó a rajarse y acabó en tablas y se puso imposible para la estocada.

La violencia en la embestida del sobrero de Conde de la Maza desarmó a Padilla en el primer muletazo y lo descolocó para los restos. Manso y violento en los primeros tercios y lo mismo en el último, pese a las dobladas de castigo. El quinto debió volver a los corrales, aunque el presidente se empeñara en mantenerlo en el ruedo y aunque no faltará quien diga que también debieron volver otros; o, acaso mejor, no haber salido.

Jesús Millán o la voluntad, la necesidad de triunfo a toda costa. Se ajustó mucho en un quite por gaoneras, se jugó la faja y lo que tapa la faja, el torero maño afincado en Colmenar Viejo.Jesús Millán es un torero aguerrido, alma aragonesa curtida por los vientos de la sierra madrileña. Curtido está también por las adversidades; y adversidad fue que le tocara ese tercer toro que se le iba al pecho antes que a la muleta; y adversidad también, el sexto tan manso y descastado como los otros, aunque con un poco más de fuerza. Lo buen torero que es y puede ser Jesús Millán, lo demostró, en La Maestranza, hace pocos años con otros miuras de mejor condición; y con un cuadri en Castellón, etcétera. Ayer no pudo demostrar nada, a pesar de intentarlo todo: quites, muletazos de rodillas, molinetes, afarolados. Un derroche infructuoso y gris.


La Razón. JUAN POSADA. Miuras modernos, sueños de antaño, en Sevilla

Los miuras defraudaron. Ni tuvieron aspecto terrorífico, ni se portaron como esos toros de antaño que asustaban al personal y al torero; tampoco permitieron hacer el toreo que gusta ahora. En definitiva, una miurada sosa y, por si fuera poco, algunos toros, inválidos. Al Fundi le tocaron los dos más potables y los aprovechó en lo que pudo, excepto con la espada. Al cuarto le hizo una bonita faena que debió rematar con el estoque, pero... Padilla poco pudo hacer con los dos muermos que le tocaron. Y Jesús Millán, todo voluntad y valor, se fajó con el tercero, que no fue poco.

El Fundi recibió al primer miura, noblote y sosón, con lances tranquilos rematados con una media. Banderilleó junto a Padilla, sin apreturas. La faena de muleta, decidida y entendida. Le encontró fácil la medida a base de cruzarse bien desde la media distancia, adelantar la pierna y acompañar mucho la arrancada. Con la zurda, igual. Faltó un tanto de guindilla.

Con el cuarto, manso con el caballo y noble y suavón en la muleta, aunque se rajó al final, banderilleó de forma lucida. Con la muleta realizó una buena faena a base de cruzarse mucho y dejar el engaño en el sitio exacto, ya que el toro así lo pedía. No fue una faena bonita en el sentido literal de la palabra, pero sí meritoria y muy valerosa.

Padilla no intervino con el capote, y sí, y muy bien, con las banderillas junto a El Fundi. Con la muleta inició por bajo acortándole las embestidas, de por sí ya muy restringidas. Citó con la diestra y el toro embestía repitiendo pero reponiendo, es decir, sin terminar la primera arrancada ya iniciaba la segunda, lo que dificultaba el lucimiento. Otro intento diestro, respondido con mucho más peligro por el toro. Faena de aliño, un tostón para la lidia actual.

Ocurrió lo mismo con el quinto, que, además, fue protestado por inválido, y con razón. Intentó banderillerar con el disgusto del público. Con la muleta, poco pudo hacer, puso mucha voluntad pero si bajaba la mano el toro se caía y si no, derrotaba hacia arriba. Imposible lucirse con él. No obstante, Padilla insistió a base de gritos, pisotones, etcétera, que de nada sirvieron.

Jesús Millán, con el manso y flojo miura, que no permitía toreo de quietud, lo intentó por todos los sitios. Pero si bajaba la muleta el toro se caía, si la subía, derrotaba. ¿Qué hacer? Pues estar digno ante él, mantener el engaño a media altura y mostrar valentía y eficacia. Con el sexto, un mansurrón topón, inició con muletazos de rodillas para continuar con la derecha a media altura. Lo metió en la muleta con la izquierda con valor y deseos. Faena valiente con un mulo al que le costaba seguir el engaño.

 

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