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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del sábado, 16 de abril de 2005
Corrida de toros


FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Antonio Gavira. Bien presentados, faltos de raza. El 2º fue devuelto a corrales por fracturarse la articulación de la pezuña de la pata izquierda. 2º-bis, de Parladé, soso.

Diestros: 

  • Jesulín de Ubrique. Pinchazo que escupe, más de media estocada baja y trasera (silencio); pinchazo, estocada (palmas).
  • Miguel Abellán. Cuatro pinchazos, descabello (silencio); estocada atravesada (silencio).
  • El Fandi. Pinchazo sin soltar, estocada entera (oreja); estocada trasera, tendida y caída, dos descabellos (oreja).
PresidenteJuan Murillo.

Tiempo: soleado y agradable, fresco al final.

Entrada: hasta la bandera.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, ABC, Diario de Sevilla, El Mundo, La Razón.


Las imágenes del festejo

LOS PROTAGONISTAS

Jesulín de Ubrique
"Me ha gustado más el segundo toro, tenía mejor presencia y mejor condición pero ha ido siempre a menos. En conjunto, la corrida de Gavira esperaba mucho más de ella. El tercero ha sido un buen toro, ha tenido muy buenas condiciones aunque sin humillar, con calidad. En general esperaba más porque le ha faltado fuerza y raza. En Sevilla hay que someter mucho a los toros, hay que obligarlos y cortarle las orejas con pocos pases. Si los toros no colaboran desde el principio o intentas someterlos y no se prestan a ello, quieren facilidades es muy difícil poderles cortar las dos orejas. El brindis ha ido para el doctor Fernández Mancilla, el primero también iba para él pero no lo encontraba y ha habido un poco de desconcierto. Sin sus conocimientos y sin la obra de arte que hizo en mi columna, no habría podido cumplir muchos de los sueños que he logrado."
Miguel Abellán
"Creo que no ha servido ninguno mío. Sólo el primero de Fandi ha tenido más clase, pero hoy desgraciadamente los toros no han hecho honor al ganadero. Todos teníamos muchas esperanzas en esta corrida. El primero se partió la pata aunque tampoco tenía mucha opción. El sobrero de Parladé como decimos los toreros era un engaña bobos y el segundo cuando estaba la cosa que sí y que no, se echó a las primeras de cambio."
El Fandi
"Estoy muy contento porque he toreado muy a gusto, muy centrado con el primer toro. Ha habido muletazos buenos y en el segundo muletazos robados los poquitos que ha tenido se los he dado. Ha sido una pena que no me haya ayudado el último aunque estoy muy feliz. El primero ha tenido mucha calidad pero no podía no soplarle. He estado muy templazo con él y éste era el marco más propicio para hacerlo. He estado muy relajado y se ha visto la proyección que voy consiguiendo en la muleta."

 

 

Realiza: Emilio Trigo


Crónicas del Festejo

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, ABC, Diario de Sevilla, El Mundo, La Razón.

 

PortalTaurinoMANUEL VIERAEl Fandi, provocador de emociones

Visto el conjunto de la tarde se tiene la sensación de haber asistido a un espectáculo poco variado que, sin embargo, mantuvo una coherencia incuestionable con las características de los toros lidiados. Corrida seria la que apartó, en su día, para Sevilla el malogrado Antonio Gavira. Demostrado quedó. No obstante, la notable presentación –excepto la del sexto- y la nobleza de sus embestidas no casó con la escasez de casta y flojedad mostrada. Una lastima. 

De todas formas, y a pesar del escaso valor que están adquiriendo los trofeos concedidos estos últimos días, el premio, hoy, fue para el espectador, que gozó como nunca con el poderío de un granadino que domina a la perfección el tercio de banderillas. La mejor cualidad de El Fandi. Su eclecticismo, sus extraordinarias dotes atléticas, el conocimiento de los terrenos, su habilidad de convicción a la hora de recrear la suerte, le hacen ser su máximo exponente en el escalafón de matadores. En todo caso, El Fandi, tuvo sinceridad. Sinceridad con los palos y sinceridad en su toreo, que ya es tener.

Después del espectacular prólogo, con los palitroques, claro, David Fandila, obsequió a los entusiasmados tendidos con un trasteo de muleta adelantada, enlazando los pases, y con un ritmo de extremada sutileza. El granadino templó la escasa, pero noble, embestida del tercero mejor con la derecha que con la izquierda, El natural, aunque de trazo lento, y algún que otro bien rematado, no alcanzó alta cota. A pesar de ello, la faena fue bien planteada, mejor servida, y no bien rematada. El pinchazo que precedió a la estocada, no fue ningún obstáculo para pasear la oreja.

Con el cornalón, aunque anovillado y manso sexto, volvió a emocionar con las banderillas, de manera especial al clavar sin solución de continuidad los pares portados en cada una de sus manos. Todo un espectáculo con el que se ha ganado el justo reconocimiento del cual disfruta. El Fandi atacó por derecho con la diestra al manso en las proximidades de chiqueros. Muletazos de trazo lento rematados con los de pecho. Trasteo de contenido sin excesos, donde mezcló valor y ganas. El Fandi quiso demostrar que no sólo es provocador de emociones con los palos, sino también con capa y muleta. Y a pesar de necesitar el descabello, por partida doble, tras la estocada, oreja al canto. Pero ya se sabe. Desde hace dos días las orejas en La Maestranza están a la baja. Será por eso de unificar sus criterios los diferentes usias que suben al palco. 

No han sido muchas las oportunidades que los toros de Gavira le han dado hoy a Jesulín de Ubrique. Apostó el gaditano por torear en los medios al noble primero. El temple de su muleta quedó patente en el sutil trazo, que aunque dejaba el regusto no emocionaba. Tampoco el natural tuvo altura. Sí un cambio de mano con peculiar estilo. El flojo toro no dio para más. Tampoco Jesús Janeiro. Descastado e inválido fue el cuarto, al que el diestro de Ubrique intentó mantenerlo en pie como pudo. No pasó nada. 

El caso de Miguel Abellán es particularmente sorprendente. Hoy se le ha echado en falta decisión, garra, y sobre todo generosidad. El madrileño ha estado triste, sin ilusión y con un toreo muy distinto al demostrado otras veces en esta plaza. Es verdad que no tuvo el toro necesario para sus particulares formas, más épicas y de valor que elegantes y seductoras. El sobrero de Parladé, lidiado en segundo lugar tras inutilizarse en el ruedo el de Gavira, aunque de embestida sosa en la muleta, mereció algo más que las chicuelinas del quite y los anodinos pases, y pases, con la tela roja. Y para colmo de males se eternizó con la espada. Con el descastado quinto, que se echó a mediados de faena, estuvo desangelado.


El País. ANTONIO LORCALlanto por la Maestranza

Si aún queda algún aficionado auténtico seguirá hoy embargado por la pena, hundido en la decepción más profunda y preso de la rabia por la desoladora situación en que están dejando a una plaza que fue señera y que se llama Maestranza. Nunca como este año los tendidos habían sido invadidos por un público tan analfabeto como festivalero, ni el palco presidencial había demostrado tan preocupante incompetencia.

Ayer se cometió otra gravísima afrenta al prestigio de esta plaza. Triunfó El Fandi, pero sólo lo mereció a los ojos de espectadores triunfalistas y de un presidente que no merece ser llamado como tal.

Decadencia se llama eso y los culpables -que nadie se enga-ñe- están dentro de la propia fiesta. En este caso, la autoridad es responsable absoluta de un nuevo y grave error que nunca debió ocurrir en este coso.

El Fandi tuvo una tarde de entrega, divertido en banderillas y muy poco ortodoxo en varios pares, capoteó con más pena que gloria, y muleteó sin relieve a su primero, soso como todos, aunque se lució en una tanda por naturales. El segundo, distraído, manso y rajado, huyó de cada muletazo y el torero lo persiguió por todo el anillo. Tocó la música -también la banda ha perdido el norte-, y la labor no pasó de voluntariosa. A pesar de todo, salió a hombros. Ver para creer.

Afortunadamente, toda la corrida estuvo muy bien presentada, muy seria y astifina, aunque toda ella adoleció de escasa fuerza y, lo que es peor, de ausencia de casta. El cuarto y el quinto llegaron a acostarse en el albero durante las faenas de muleta, cofirmando su falta de bravura.

Jesulín vio silenciada su labor, pero el torero demostró que domina como nadie el sentido del temple, los terrenos y las distancias. Fue en todo momento un lidiador firme y seguro, aunque este público de feria ignoró por completo su condición de diestro maduro.

Al nobilísimo sobrero lo castigaron en exceso en el caballo, llegó hundido a la muleta, y Abellán lo pasó sin convicción y casi siempre mal colocado. Muy descastado el quinto y, una vez más, muy desigual el torero, a excepción de un buen quite por chicuelinas. La afición, sin consuelo...


ABCZABALA DE LA SERNATemplada tarde de El Fandi

El Fandi tuvo una tarde templada y buena después de ser ciclón con las banderillas. Fandila se templó sobre todo con el tercero, cuando se amainó de los vientos y las facultades que lo encumbraron en tres pares marcha atrás. Y el Madrid buscando un sustituto a Roberto Carlos. Pero con la muleta en la mano El Fandi se acopló a la altura, la distancia y la velocidad suavona del toro del difunto Antonio Gavira, que no humillaba apenas, coronado por una divisa luctuosa y melancólica. Bien el granadino, dispuesto siempre, en su ser más atemperado y más torero que le hayamos visto en tiempo. Cayó una oreja, tras pinchazo y estocada; oreja rigurosa de por sí, mucho más justa que la que le entregaron ante el manso y tremendamente astifino sexto. Fandi se arrodilló con el capote en una larga cambiada, jugó al toro por los adentros en un par, por los medios en un violinazo en una mano y en la apertura del par siguiente que ya llevaba preparado en la otra. Heterodoxia pura y poca pureza, con El Vito como contraste en el recuerdo, engrandecida la plata en su torería de oro viejo.

El toro, rajado y abanto, huidizo, se dejó poco a pesar de que David Fandila quiso siempre dejarle la muleta en la cara para evitar la fuga, inevitable a la postre. La estocada muy tendida y dos descabellos antecedieron a otro trofeo que responde al grado de amabilidad y risa que respira la Maestranza estos días de final de feria.

La corrida de Gavira en general se dejó, en general careció de poder y en general, de casta. El quinto se echó en las manos de Miguel Abellán, horrorosamente vestido con un azabache y teja o parecido color terracota. Abellán, al que han ninguneado en Madrid después de protagonizar una de las faenas luminosas del pasado San Isidro, se espesó como el chocolate de los calentitos que de madrugá serenan el estómago de los feriantes. El duelo en quites con El Fandi, éste por chicuelinas y tafalleras, y Miguel A. por chicuelinas -y Chicuelo sin monumento aún, arrastrado por la vulgaridad de los actuales intérpretes de su creación- no pasará a la historia. Abellán bregó con un sobrero sin cara de Parladé, pobre de veras si se compara, además, con las velas de los de Gavira. Se partió el titular una pata y fue atronado por el certero puntillero desde el burladero, cosa que evitó los trotes del cabestrero,discípulo afanoso de Florito. Embistió soso el de Juan Pedro y toreó sin sal Abellán.

Jesulín actuó en su línea lineal, que es pulcra, sin un enganchón, picuda y acigüeñada.

Se le ve el rabo, con perdón, a la feria. Suena mejor cola de toro, como dicen aquí. Con papas. Diecisiete tardes seguidas, por bien que se den, diecisiete crónicas consecutivas, pesan como quinientas noches.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETOEl Fandi corta dos orejas

De nuevo el prestigio de la plaza de la Maestranza, por los suelos. El público, enfervorecido, pidió para El Fandi una oreja del sexto toro por una faena populachera, tras una estocada y dos descabellos. Y el presidente, Juan Murillo, no tardó en otorgarla. Que conste que el torero no tiene la culpa del desaguisado. Si en el primero, su faena estuvo a la altura de una plaza de categoría; la labor del sexto, careció de entidad para un trofeo en una plaza de primera.

El Fandi cumplió a su aire. Ante el tercero, siempre en estado de levantado y sin descolgar en la muleta, sacó nota. Formó un lío en banderillas, con la plaza bocabajo, aunque con varios pares lejos de la ortodoxia. En el primer par, a la moviola, clavó lejos en el embroque. Jugó con el toro y los terrenos en un segundo par precioso. Y en el tercero, muy espectacular, le sobró ese salto descomunal que antes este torero no daba. Con anterioridad a este despliegue de facultades, el granadino había citado al cornúpeta de rodillas para una larga cambiada. El toro no le hizo caso. Y en un segundo intento se lo sacó con un lance de recurso. Con la muleta, El Fandi, con claridad de ideas, sacó todo el partido a su oponente, que jamás descolgó. De largo, logró dos tandas con la derecha a media altura. Con la izquierda, el animal se apagó prontamente. Lo mejor, fueron dos pases desmayados con la diestra. Y los resortes que empleó como recursos, como un circular y un circular invertido. También brilló en dos pases de pecho fabulosos. Entró con el corazón para pinchar. Luego, estocada eficaz y una oreja solicitada mayoritariamente.

En el sexto, la cosa fue liviana. Pero el público, enardecido, solicitó un trofeo a todas luces exagerado ¿Había mayoría? El presidente, Juan Murillo, la concedió. Y la Maestranza, nuevamente, contra las cuerdas, noqueada, en un prestigio que ha perdido en tres días. A ese sexto, mansísimo, El Fandi lo recibió con una larga cambiada, muy comprometida, junto a tablas. En banderillas, sorprendió al animal junto a tablas en el primer par. Luego hilvanó uno al violín con otro en los medios, en el que aprovechó el viaje del astado, clavando desde un lateral. El público, enfervorecido, aplaudió a rabiar todo ¡Pero todo...! El Fandi brindó a los hermanos Salvador y Juan Gavira, hijos de Antonio Gavira, el ganadero fallecido el pasado invierno. Tras un muletazo inicial de rodillas, la música dio la nota. Atacó con el pasodoble Dávila Miura en una labor en la que el diestro granadino perseguía al manso, noblón, o bien daba algún muletazo suelto aprovechando el viaje. Aquello ni tenía lucimiento, ni era una faena. Pero la Maestranza estallaba en una ovación detrás de otra, como si el torero estuviera sacando oro fino en cada pase. Al personal no le importó que además de la estocada, el espada precisara de dos descabellos más ¡Oido, cocina...! Oreja pedida, oreja concedida.

Jesulín de Ubrique, sin problemas, se tapó con oficio ante su lote. Con el nobilísimo primero realizó una faena con temple, pero carente de emoción, al no poder obligar al flojísimo animal.

El diestro de Ubrique, muy técnico, sacó algunos pases al descastado y flojísimo cuarto, que se echó tras un par de tandas. Brindó su labor al doctor Fernando Fernández Mansilla, el traumatólogo que le operó de la gravísima lesión de espalda, sufrida en un accidente de tráfico, en septiembre de 2002.

El segundo toro fue apuntillado en el ruedo, tras romperse una mano. El sobrero, con el hierro de Parladé, fue un toro noble, pero sosote, que únicamente iba por el pitón derecho. Abellán concretó su labor en un trasteo sin historia.

El quinto, descastado, tardo y manejable, acabó echándose a mitad de una labor en la que Abellán no estuvo fino en los primeros muletazos, en los que el animal le tropezó en exceso la muleta. El torero no llegó a acoplarse.

Nuevo puntillazo a la Maestranza ¿Alguien ha dado consignas para que el templo del toreo acabe en parroquia de pueblo?...


El Mundo. JAVIER VILLÁN¡No son los toros, estúpidos!; es España

Confieso que nunca he sido devoto de Jesulín de Ubrique, ni hermano en la cofradía de Miguel Abellán, ni cofrade de la religión deportiva y atlética de David Fandila El Fandi. Pero reconozco, de entrada, que ayer Jesulín de Ubrique toreó despacio a un toro; que Miguel Abellán, aunque atribulado, dio buenos naturales cogiendo el estaquillador por el centro; y que El Fandi corre hacia atrás más rápido que los toros hacia adelante. Y, puestos a reconocer, reconozcamos también que la oreja al sexto es otra oreja de tómbola de pueblo que sólo servirá para comerla con alubias. Así está la plaza. Así están los toros.

De igual manera, y al hilo de la concentración taurina que hoy se celebra en Barcelona, confieso que mi sentido de la centralidad del Estado nunca ha sido demasiado intenso. Mas ahora se trata de otra cosa. No es cosa de las corridas, tontos; es cosa de España. La cuestión está clara: se trata de desespañolizar Cataluña; y, al parecer, las corridas de toros son uno de los signos más perversos de españolidad. ¡Fuera con ellas! Pues, para rematar la faena, tendrán que acabar también con la estela de sudores y fatigas que fuimos dejando por allí castellanos, extremeños, gallegos, murcianus y andalusus.

Aquellas corrientes migratorias a la vez que oxigenaban el agro español, contribuyeron decisivamente al desarrollo industrial de Cataluña. Y a ver qué partido asume la responsabilidad más política que taurina de acabar con las corridas de toros con su consiguiente coste electoral. La penúltima tarde de la Feria de Abril transcurrió en un clima apacible, elevado a la histeria en el segundo de El Fandi. Toreó despacio a su primero que, tras las carreras en banderillas, apenas se tenía en pie.

En Cataluña, pues, está abierto un frente hostil contra las corridas y los aficionados. Pero ¿de qué extrañarnos? Existe una tendencia más que anticentralista xenófoba, a responsabilizar a los foráneos de los males de cada plaza; aunque no tenga ese cariz descaradamente secesionista que tiene el frente catalán.De qué extrañarnos si hay articulistas a la vera del Guadalquivir, crecidos y con todo derecho a la vera del Manzanares y a la sombra de los medios de comunicación nacionales, que quieren echar de Sevilla a aficionados y críticos de Madrid. A este paso, La Maestranza se quedará con los 4.000 espectadores que veíamos los pedrajas el lunes de resaca; y Las Ventas, con perdón, de seguir tendencias parecidas, se quedará con los 5.000 que en julio y en agosto transitan por el desierto de cemento; 5.000, incluidos japoneses, chinos y extraterrestres.

Y un extraterrestre despistado parecía ayer Jesulín deambulando al hilo de las tablas en busca del destinatario de su brindis; acabó encontrándolo. Mas lo que no encontró fue la verticalidad de sus toros, más tiempo derrumbados en el suelo que de pie.Toreó muy despacio Jesulín, aunque probablemente la lentitud la ponían los toros y no él. Con todo, hay que resaltar su temple.Despacito y buena letra, pide el refrán. Jesulín de Ubrique sólo cumplió la primera premisa porque buena letra, la verdad, no tiene. Jesulín de Ubrique, además, ha emborronado demasiado su caligrafía, para que ahora, cuando quiere enmendarse y ha dejado de hacer tonterías, la gente se lo tome en serio.

Se fue al platillo Miguel Abellán con el parladé que había salido de sobrero, confiado en la posible bondad del animal, y, ante la mirada doliente de un inocentísimo toro, fue Abellán y pegó un respingo.

Parecía más arrancado el quinto, aunque entre el derribo y el tercio de quites que perpetraron Fandi y Abellán, acabó agotado.Mejor las chicuelinas de Abellán que los telonazos de El Fandi.Pero era la tarde de Fandila, de su espectacularidad banderillera, de su forma de agotar a los toros; al cansino trote de su primer gavira El Fandi le endosó un par de series de redondos y una de naturales en los que el toro andaba por la Giralda y el torero en Triana.

Se enmendó al final y se ciñó más. El acabose vino con el manso rajado y astifino, sexto. El Fandi lo persiguió por toda la plaza y no logró darle un muletazo digno de tal nombre. Y, como lo del Fandi es correr y perseguir al toro, hasta agotarlo, pues le dieron otra oreja de casquería. Para mí, lo mejor de la tarde, el acierto con que Enrique Muñoz Lebrija tronó, desde un burladero, al infeliz gavira que se había roto una pata.


La Razón. JUAN POSADA. El Fandi corta dos orejas, una de ellas de regalo

Los toros de Gavira pidieron a los toreros colocación y, en especial, suavidad en sus acciones. Jesulín de Ubrique cumplió el compromiso a medias. Abellán, ni se enteró; y El Fandi respetó la norma tácita y sorprendió a todos con su sentido del temple con la muleta. Con las banderillas no fue sorpresa, ya que se acopla a la perfección a la carrera del toro, lo que hace que la suya luzca más. La segunda oreja que le concedieron, puro regalo. Él estuvo animoso, pero a causa de la mansedumbre del toro su labor, aunque meritoria, no era de premio.

Jesulín de Ubrique realizó una faena de muleta, muy centrada, bien pensada y de correcta ejecución. Los primeros derechazos, largos y suaves, aunque rematados hacia fuera. La segunda, más ajustada y lenta, ya que el toro embestía muy despacio. Los naturales, con el animal entrando al paso, lentos y faltos de emoción, porque la res no la inspiraba. Se le aprecia más cuajado y técnico; como novedad, un gran sentido de la distancia en los cites que, además, siempre los aderezó con el paso hacia adelante, lo que le dio la posibilidad de torear a un toro tan apagado.
   
Picador. Permitió que le asesinaran en el caballo al cuarto, flojo de por sí y de gran templanza. Como consecuencia, sólo logró varias tandas diestras, siempre en línea, en este caso justificado porque cuando lo forzara el animal se desplomaría, como así sucedió. Lo poco que hizo no satisfizo a nadie a causa de la falta de emotividad. Labor frustrada por un picador, que a pesar de las voces de la cuadrilla para que menguara el castigo no cejó: una bestialidad.

Abellán no se entendió con el capote, de salida, con el primero. Se empeñó en recibirlo muy en tablas, sin salirse hacia fuera. Con la muleta tampoco se llegó a acoplar con su suavidad, sobre todo al no cruzarse y estar siempre a la espera de las embestidas, cuando éstas eran lentas y nobles, pero que había que medir mucho con el engaño. Prosiguió en el centro con la diestra de la misma forma, al hilo del pitón, por lo que al pasárselo demasiado separado no llegó a emocionar al personal. Por consiguiente, su labor no caló en los tendidos; nada más que cuando el toro repitió las arrancadas, en raras ocasiones.

Recibió al quinto con lances retrocediendo hacia la barrera, al contrario de lo normal. Dirigió la lidia personalmente pero dio demasiados capotazos. Inició la faena con pases por bajo, incomprensible ya que al toro no le sobraban las fuerzas. Labor, siempre en línea y fuera de cacho, a la espera de que el toro, por sí solo, resolviera la situación. Esa forma de torear es plausible cuando la res acomete muchas veces y con fuerza, pero ante un animal tan falto de energías como este, que se echó en mitad de la faena, hay que incitarlo a embestir y, cuidar mucho el temple, sin dar tirones ni dejar que derrote en el engaño. Faena vulgar, sin ninguna emoción, con muchos pases fuera de cacho, sin el menos interés para el personal.
   
A más. El Fandi recibió al noble y flojo tercero con un lance arrodillado. Dejó los recursos para la suerte de banderillas donde se lució de verdad al ir a más, par tras par. El toro era propicio para ello al embestir con templanza y docilidad. Lo mejor de su faena, la forma de acoplarse a la suavidad del astado, difícil labor, ya que en ocasiones era casi excesiva. Inteligente en las primeras tandas por ambas manos, a media altura que es como embestía el toro, para bajar poco a poco el engaño. Los circulares, despaciosos, resultaron bellos y sirvieron para terminar de calentar a los tendidos. Faena de menos a más, hasta terminar tomándole el pulso al son del animal y disfrutar de él.

Con el manso sexto, que huía de su sombra, bien en los quites y excelente con las banderillas, muy acoplado al son del animal. Inició la faena de rodillas, un redondo muy templado y buen pase de pecho. El toro tenía tendencia a chiqueros y entre pase y huída instrumentó dos tandas con la derecha hasta que ya el animal huyó despavorido. En toriles pudo robarle algunos muletazos, siempre a favor de la derrota del animal. La estocada sello la voluntariosa labor.

 

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