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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del sábado, 16 de abril de 2005
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Antonio
Gavira. Bien presentados, faltos de raza. El 2º fue devuelto
a corrales por fracturarse la articulación de la pezuña de la pata
izquierda. 2º-bis, de Parladé,
soso.
Diestros:
- Jesulín
de Ubrique. Pinchazo que escupe, más de media estocada baja
y trasera (silencio); pinchazo, estocada (palmas).
- Miguel
Abellán. Cuatro pinchazos, descabello (silencio); estocada
atravesada (silencio).
- El
Fandi. Pinchazo sin soltar, estocada entera (oreja); estocada
trasera, tendida y caída, dos descabellos (oreja).
Presidente: Juan
Murillo.
Tiempo: soleado y agradable, fresco al final.
Entrada:
hasta la bandera.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC, Diario de Sevilla,
El Mundo, La Razón.
  
Las imágenes del festejo
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LOS PROTAGONISTAS
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Jesulín
de Ubrique
"Me ha gustado más el segundo toro, tenía mejor presencia y mejor condición pero ha ido siempre a menos. En conjunto, la corrida de Gavira esperaba mucho más de ella. El tercero ha sido un buen toro, ha tenido muy buenas condiciones aunque sin humillar, con calidad. En general esperaba más porque le ha faltado fuerza y raza. En Sevilla hay que someter mucho a los toros, hay que obligarlos y cortarle las orejas con pocos pases. Si los toros no colaboran desde el principio o intentas someterlos y no se prestan a ello, quieren facilidades es muy difícil poderles cortar las dos orejas. El brindis ha ido para el doctor Fernández Mancilla, el primero también iba para él pero no lo encontraba y ha habido un poco de desconcierto. Sin sus conocimientos y sin la obra de arte que hizo en mi columna, no habría podido cumplir muchos de los sueños que he logrado." |
Miguel
Abellán
"Creo que no ha servido ninguno mío. Sólo el primero de Fandi ha tenido más clase, pero hoy desgraciadamente los toros no han hecho honor al ganadero. Todos teníamos muchas esperanzas en esta corrida. El primero se partió la pata aunque tampoco tenía mucha opción. El sobrero de Parladé como decimos los toreros era un engaña bobos y el segundo cuando estaba la cosa que sí y que no, se echó a las primeras de cambio." |
El
Fandi
"Estoy muy contento porque he toreado muy a gusto, muy centrado con el primer toro. Ha habido muletazos buenos y en el segundo muletazos robados los poquitos que ha tenido se los he dado. Ha sido una pena que no me haya ayudado el último aunque estoy muy feliz. El primero ha tenido mucha calidad pero no podía no soplarle. He estado muy templazo con él y éste era el marco más propicio para hacerlo. He estado muy relajado y se ha visto la proyección que voy consiguiendo en la muleta."
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Crónicas del Festejo
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, ABC, Diario de Sevilla,
El Mundo, La Razón.
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. El Fandi, provocador de
emociones
Visto el conjunto de la tarde se tiene la sensación de haber asistido a un espectáculo poco variado que, sin embargo, mantuvo una coherencia incuestionable con las características de los toros lidiados. Corrida seria la que apartó, en su día, para Sevilla el malogrado Antonio Gavira. Demostrado quedó. No obstante, la notable presentación –excepto la del sexto- y la nobleza de sus embestidas no casó con la escasez de casta y flojedad mostrada. Una lastima.
De todas formas, y a pesar del escaso valor que están adquiriendo los trofeos concedidos estos últimos días, el premio, hoy, fue para el espectador, que gozó como nunca con el poderío de un granadino que domina a la perfección el tercio de banderillas. La mejor cualidad de El Fandi. Su eclecticismo, sus extraordinarias dotes atléticas, el conocimiento de los terrenos, su habilidad de convicción a la hora de recrear la suerte, le hacen ser su máximo exponente en el escalafón de matadores. En todo caso, El Fandi, tuvo sinceridad. Sinceridad con los palos y sinceridad en su toreo, que ya es tener.
Después del espectacular prólogo, con los palitroques, claro, David Fandila, obsequió a los entusiasmados tendidos con un trasteo de muleta adelantada, enlazando los pases, y con un ritmo de extremada sutileza. El granadino templó la escasa, pero noble, embestida del tercero mejor con la derecha que con la izquierda, El natural, aunque de trazo lento, y algún que otro bien rematado, no alcanzó alta cota. A pesar de ello, la faena fue bien planteada, mejor servida, y no bien rematada. El pinchazo que precedió a la estocada, no fue ningún obstáculo para pasear la oreja.
Con el cornalón, aunque anovillado y manso sexto, volvió a emocionar con las banderillas, de manera especial al clavar sin solución de continuidad los pares portados en cada una de sus manos. Todo un espectáculo con el que se ha ganado el justo reconocimiento del cual disfruta. El Fandi atacó por derecho con la diestra al manso en las proximidades de chiqueros. Muletazos de trazo lento rematados con los de pecho. Trasteo de contenido sin excesos, donde mezcló valor y ganas. El Fandi quiso demostrar que no sólo es provocador de emociones con los palos, sino también con capa y muleta. Y a pesar de necesitar el descabello, por partida doble, tras la estocada, oreja al canto. Pero ya se sabe. Desde hace dos días las orejas en La Maestranza están a la baja. Será por eso de unificar sus criterios los diferentes usias que suben al palco.
No han sido muchas las oportunidades que los toros de Gavira le han dado hoy a Jesulín de Ubrique. Apostó el gaditano por torear en los medios al noble primero. El temple de su muleta quedó patente en el sutil trazo, que aunque dejaba el regusto no emocionaba. Tampoco el natural tuvo altura. Sí un cambio de mano con peculiar estilo. El flojo toro no dio para más. Tampoco Jesús Janeiro. Descastado e inválido fue el cuarto, al que el diestro de Ubrique intentó mantenerlo en pie como pudo. No pasó nada.
El caso de Miguel Abellán es particularmente sorprendente. Hoy se le ha echado en falta decisión, garra, y sobre todo generosidad. El madrileño ha estado triste, sin ilusión y con un toreo muy distinto al demostrado otras veces en esta plaza. Es
verdad que no tuvo el toro necesario para sus particulares formas, más épicas y de valor que elegantes y seductoras. El sobrero de Parladé, lidiado en segundo lugar tras inutilizarse en el ruedo el de Gavira, aunque de embestida sosa en la muleta, mereció algo más que las chicuelinas del quite y los anodinos pases, y pases, con la tela roja. Y para colmo de males se eternizó con la espada. Con el descastado quinto, que se echó a mediados de faena, estuvo desangelado.
El
País. ANTONIO
LORCA. Llanto por la
Maestranza
Si aún queda algún aficionado auténtico seguirá hoy embargado por
la pena, hundido en la decepción más profunda y preso de la rabia por la
desoladora situación en que están dejando a una plaza que fue señera y
que se llama Maestranza. Nunca como este año los tendidos habían sido
invadidos por un público tan analfabeto como festivalero, ni el palco
presidencial había demostrado tan preocupante incompetencia.
Ayer se cometió otra gravísima afrenta al prestigio de esta plaza.
Triunfó El Fandi, pero sólo lo mereció a los ojos de espectadores
triunfalistas y de un presidente que no merece ser llamado como tal.
Decadencia se llama eso y los culpables -que nadie se enga-ñe- están
dentro de la propia fiesta. En este caso, la autoridad es responsable
absoluta de un nuevo y grave error que nunca debió ocurrir en este coso.
El Fandi tuvo una tarde de entrega, divertido en banderillas y muy poco
ortodoxo en varios pares, capoteó con más pena que gloria, y muleteó
sin relieve a su primero, soso como todos, aunque se lució en una tanda
por naturales. El segundo, distraído, manso y rajado, huyó de cada
muletazo y el torero lo persiguió por todo el anillo. Tocó la música
-también la banda ha perdido el norte-, y la labor no pasó de
voluntariosa. A pesar de todo, salió a hombros. Ver para creer.
Afortunadamente, toda la corrida estuvo muy bien presentada, muy seria
y astifina, aunque toda ella adoleció de escasa fuerza y, lo que es peor,
de ausencia de casta. El cuarto y el quinto llegaron a acostarse en el
albero durante las faenas de muleta, cofirmando su falta de bravura.
Jesulín vio silenciada su labor, pero el torero demostró que domina
como nadie el sentido del temple, los terrenos y las distancias. Fue en
todo momento un lidiador firme y seguro, aunque este público de feria
ignoró por completo su condición de diestro maduro.
Al nobilísimo sobrero lo castigaron en exceso en el caballo, llegó
hundido a la muleta, y Abellán lo pasó sin convicción y casi siempre
mal colocado. Muy descastado el quinto y, una vez más, muy desigual el
torero, a excepción de un buen quite por chicuelinas. La afición, sin
consuelo...
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Templada
tarde de El Fandi
El Fandi tuvo una tarde templada y buena después de ser ciclón con
las banderillas. Fandila se templó sobre todo con el tercero, cuando se
amainó de los vientos y las facultades que lo encumbraron en tres pares
marcha atrás. Y el Madrid buscando un sustituto a Roberto Carlos. Pero
con la muleta en la mano El Fandi se acopló a la altura, la distancia y
la velocidad suavona del toro del difunto Antonio Gavira, que no humillaba
apenas, coronado por una divisa luctuosa y melancólica. Bien el
granadino, dispuesto siempre, en su ser más atemperado y más torero que
le hayamos visto en tiempo. Cayó una oreja, tras pinchazo y estocada;
oreja rigurosa de por sí, mucho más justa que la que le entregaron ante
el manso y tremendamente astifino sexto. Fandi se arrodilló con el capote
en una larga cambiada, jugó al toro por los adentros en un par, por los
medios en un violinazo en una mano y en la apertura del par siguiente que
ya llevaba preparado en la otra. Heterodoxia pura y poca pureza, con El
Vito como contraste en el recuerdo, engrandecida la plata en su torería
de oro viejo.
El toro, rajado y abanto, huidizo, se dejó poco a pesar de que David
Fandila quiso siempre dejarle la muleta en la cara para evitar la fuga,
inevitable a la postre. La estocada muy tendida y dos descabellos
antecedieron a otro trofeo que responde al grado de amabilidad y risa que
respira la Maestranza estos días de final de feria.
La corrida de Gavira en general se dejó, en general careció de poder y
en general, de casta. El quinto se echó en las manos de Miguel Abellán,
horrorosamente vestido con un azabache y teja o parecido color terracota.
Abellán, al que han ninguneado en Madrid después de protagonizar una de
las faenas luminosas del pasado San Isidro, se espesó como el chocolate
de los calentitos que de madrugá serenan el estómago de los feriantes.
El duelo en quites con El Fandi, éste por chicuelinas y tafalleras, y
Miguel A. por chicuelinas -y Chicuelo sin monumento aún, arrastrado por
la vulgaridad de los actuales intérpretes de su creación- no pasará a
la historia. Abellán bregó con un sobrero sin cara de Parladé, pobre de
veras si se compara, además, con las velas de los de Gavira. Se partió
el titular una pata y fue atronado por el certero puntillero desde el
burladero, cosa que evitó los trotes del cabestrero,discípulo afanoso de
Florito. Embistió soso el de Juan Pedro y toreó sin sal Abellán.
Jesulín actuó en su línea lineal, que es pulcra, sin un enganchón,
picuda y acigüeñada.
Se le ve el rabo, con perdón, a la feria. Suena mejor cola de toro, como
dicen aquí. Con papas. Diecisiete tardes seguidas, por bien que se den,
diecisiete crónicas consecutivas, pesan como quinientas noches.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. El
Fandi corta dos orejas
De nuevo el prestigio de la plaza de la Maestranza, por los suelos. El
público, enfervorecido, pidió para El Fandi una oreja del sexto toro por
una faena populachera, tras una estocada y dos descabellos. Y el
presidente, Juan Murillo, no tardó en otorgarla. Que conste que el torero
no tiene la culpa del desaguisado. Si en el primero, su faena estuvo a la
altura de una plaza de categoría; la labor del sexto, careció de entidad
para un trofeo en una plaza de primera.
El Fandi cumplió a su aire. Ante el tercero, siempre en estado de
levantado y sin descolgar en la muleta, sacó nota. Formó un lío en
banderillas, con la plaza bocabajo, aunque con varios pares lejos de la
ortodoxia. En el primer par, a la moviola, clavó lejos en el embroque.
Jugó con el toro y los terrenos en un segundo par precioso. Y en el
tercero, muy espectacular, le sobró ese salto descomunal que antes este
torero no daba. Con anterioridad a este despliegue de facultades, el
granadino había citado al cornúpeta de rodillas para una larga cambiada.
El toro no le hizo caso. Y en un segundo intento se lo sacó con un lance
de recurso. Con la muleta, El Fandi, con claridad de ideas, sacó todo el
partido a su oponente, que jamás descolgó. De largo, logró dos tandas
con la derecha a media altura. Con la izquierda, el animal se apagó
prontamente. Lo mejor, fueron dos pases desmayados con la diestra. Y los
resortes que empleó como recursos, como un circular y un circular
invertido. También brilló en dos pases de pecho fabulosos. Entró con el
corazón para pinchar. Luego, estocada eficaz y una oreja solicitada
mayoritariamente.
En el sexto, la cosa fue liviana. Pero el público, enardecido, solicitó
un trofeo a todas luces exagerado ¿Había mayoría? El presidente, Juan
Murillo, la concedió. Y la Maestranza, nuevamente, contra las cuerdas,
noqueada, en un prestigio que ha perdido en tres días. A ese sexto, mansísimo,
El Fandi lo recibió con una larga cambiada, muy comprometida, junto a
tablas. En banderillas, sorprendió al animal junto a tablas en el primer
par. Luego hilvanó uno al violín con otro en los medios, en el que
aprovechó el viaje del astado, clavando desde un lateral. El público,
enfervorecido, aplaudió a rabiar todo ¡Pero todo...! El Fandi brindó a
los hermanos Salvador y Juan Gavira, hijos de Antonio Gavira, el ganadero
fallecido el pasado invierno. Tras un muletazo inicial de rodillas, la música
dio la nota. Atacó con el pasodoble Dávila Miura en una labor en
la que el diestro granadino perseguía al manso, noblón, o bien daba algún
muletazo suelto aprovechando el viaje. Aquello ni tenía lucimiento, ni
era una faena. Pero la Maestranza estallaba en una ovación detrás de
otra, como si el torero estuviera sacando oro fino en cada pase. Al
personal no le importó que además de la estocada, el espada precisara de
dos descabellos más ¡Oido, cocina...! Oreja pedida, oreja concedida.
Jesulín de Ubrique, sin problemas, se tapó con oficio ante su lote.
Con el nobilísimo primero realizó una faena con temple, pero carente de
emoción, al no poder obligar al flojísimo animal.
El diestro de Ubrique, muy técnico, sacó algunos pases al descastado
y flojísimo cuarto, que se echó tras un par de tandas. Brindó su labor
al doctor Fernando Fernández Mansilla, el traumatólogo que le operó de
la gravísima lesión de espalda, sufrida en un accidente de tráfico, en
septiembre de 2002.
El segundo toro fue apuntillado en el ruedo, tras romperse una mano. El
sobrero, con el hierro de Parladé, fue un toro noble, pero sosote, que únicamente
iba por el pitón derecho. Abellán concretó su labor en un trasteo sin
historia.
El quinto, descastado, tardo y manejable, acabó echándose a mitad de
una labor en la que Abellán no estuvo fino en los primeros muletazos, en
los que el animal le tropezó en exceso la muleta. El torero no llegó a
acoplarse.
Nuevo puntillazo a la Maestranza ¿Alguien ha dado consignas para que
el templo del toreo acabe en parroquia de pueblo?...
El Mundo. JAVIER
VILLÁN. ¡No son los
toros, estúpidos!; es España
Confieso que nunca he sido devoto de Jesulín de Ubrique, ni hermano en
la cofradía de Miguel Abellán, ni cofrade de la religión deportiva y
atlética de David Fandila El Fandi. Pero reconozco, de entrada, que ayer
Jesulín de Ubrique toreó despacio a un toro; que Miguel Abellán, aunque
atribulado, dio buenos naturales cogiendo el estaquillador por el centro;
y que El Fandi corre hacia atrás más rápido que los toros hacia
adelante. Y, puestos a reconocer, reconozcamos también que la oreja al
sexto es otra oreja de tómbola de pueblo que sólo servirá para comerla
con alubias. Así está la plaza. Así están los toros.
De igual manera, y al hilo de la concentración taurina que hoy se
celebra en Barcelona, confieso que mi sentido de la centralidad del Estado
nunca ha sido demasiado intenso. Mas ahora se trata de otra cosa. No es
cosa de las corridas, tontos; es cosa de España. La cuestión está
clara: se trata de desespañolizar Cataluña; y, al parecer, las corridas
de toros son uno de los signos más perversos de españolidad. ¡Fuera con
ellas! Pues, para rematar la faena, tendrán que acabar también con la
estela de sudores y fatigas que fuimos dejando por allí castellanos,
extremeños, gallegos, murcianus y andalusus.
Aquellas corrientes migratorias a la vez que oxigenaban el agro español,
contribuyeron decisivamente al desarrollo industrial de Cataluña. Y a ver
qué partido asume la responsabilidad más política que taurina de acabar
con las corridas de toros con su consiguiente coste electoral. La penúltima
tarde de la Feria de Abril transcurrió en un clima apacible, elevado a la
histeria en el segundo de El Fandi. Toreó despacio a su primero que, tras
las carreras en banderillas, apenas se tenía en pie.
En Cataluña, pues, está abierto un frente hostil contra las corridas
y los aficionados. Pero ¿de qué extrañarnos? Existe una tendencia más
que anticentralista xenófoba, a responsabilizar a los foráneos de los
males de cada plaza; aunque no tenga ese cariz descaradamente secesionista
que tiene el frente catalán.De qué extrañarnos si hay articulistas a la
vera del Guadalquivir, crecidos y con todo derecho a la vera del
Manzanares y a la sombra de los medios de comunicación nacionales, que
quieren echar de Sevilla a aficionados y críticos de Madrid. A este paso,
La Maestranza se quedará con los 4.000 espectadores que veíamos los
pedrajas el lunes de resaca; y Las Ventas, con perdón, de seguir
tendencias parecidas, se quedará con los 5.000 que en julio y en agosto
transitan por el desierto de cemento; 5.000, incluidos japoneses, chinos y
extraterrestres.
Y un extraterrestre despistado parecía ayer Jesulín deambulando al
hilo de las tablas en busca del destinatario de su brindis; acabó encontrándolo.
Mas lo que no encontró fue la verticalidad de sus toros, más tiempo
derrumbados en el suelo que de pie.Toreó muy despacio Jesulín, aunque
probablemente la lentitud la ponían los toros y no él. Con todo, hay que
resaltar su temple.Despacito y buena letra, pide el refrán. Jesulín de
Ubrique sólo cumplió la primera premisa porque buena letra, la verdad,
no tiene. Jesulín de Ubrique, además, ha emborronado demasiado su
caligrafía, para que ahora, cuando quiere enmendarse y ha dejado de hacer
tonterías, la gente se lo tome en serio.
Se fue al platillo Miguel Abellán con el parladé que había salido de
sobrero, confiado en la posible bondad del animal, y, ante la mirada
doliente de un inocentísimo toro, fue Abellán y pegó un respingo.
Parecía más arrancado el quinto, aunque entre el derribo y el tercio
de quites que perpetraron Fandi y Abellán, acabó agotado.Mejor las
chicuelinas de Abellán que los telonazos de El Fandi.Pero era la tarde de
Fandila, de su espectacularidad banderillera, de su forma de agotar a los
toros; al cansino trote de su primer gavira El Fandi le endosó un par de
series de redondos y una de naturales en los que el toro andaba por la
Giralda y el torero en Triana.
Se enmendó al final y se ciñó más. El acabose vino con el manso
rajado y astifino, sexto. El Fandi lo persiguió por toda la plaza y no
logró darle un muletazo digno de tal nombre. Y, como lo del Fandi es
correr y perseguir al toro, hasta agotarlo, pues le dieron otra oreja de
casquería. Para mí, lo mejor de la tarde, el acierto con que Enrique Muñoz
Lebrija tronó, desde un burladero, al infeliz gavira que se había roto
una pata.
La Razón.
JUAN POSADA. El Fandi corta dos
orejas, una de ellas de regalo
Los toros de Gavira pidieron a los toreros colocación y, en especial,
suavidad en sus acciones. Jesulín de Ubrique cumplió el compromiso a
medias. Abellán, ni se enteró; y El Fandi respetó la norma tácita y
sorprendió a todos con su sentido del temple con la muleta. Con las
banderillas no fue sorpresa, ya que se acopla a la perfección a la
carrera del toro, lo que hace que la suya luzca más. La segunda oreja que
le concedieron, puro regalo. Él estuvo animoso, pero a causa de la
mansedumbre del toro su labor, aunque meritoria, no era de premio.
Jesulín de Ubrique realizó una faena de muleta, muy centrada, bien
pensada y de correcta ejecución. Los primeros derechazos, largos y
suaves, aunque rematados hacia fuera. La segunda, más ajustada y lenta,
ya que el toro embestía muy despacio. Los naturales, con el animal
entrando al paso, lentos y faltos de emoción, porque la res no la
inspiraba. Se le aprecia más cuajado y técnico; como novedad, un gran
sentido de la distancia en los cites que, además, siempre los aderezó
con el paso hacia adelante, lo que le dio la posibilidad de torear a un
toro tan apagado.
Picador. Permitió que le asesinaran en el caballo al cuarto, flojo
de por sí y de gran templanza. Como consecuencia, sólo logró varias
tandas diestras, siempre en línea, en este caso justificado porque cuando
lo forzara el animal se desplomaría, como así sucedió. Lo poco que hizo
no satisfizo a nadie a causa de la falta de emotividad. Labor frustrada
por un picador, que a pesar de las voces de la cuadrilla para que menguara
el castigo no cejó: una bestialidad.
Abellán no se entendió con el capote, de salida, con el primero. Se empeñó
en recibirlo muy en tablas, sin salirse hacia fuera. Con la muleta tampoco
se llegó a acoplar con su suavidad, sobre todo al no cruzarse y estar
siempre a la espera de las embestidas, cuando éstas eran lentas y nobles,
pero que había que medir mucho con el engaño. Prosiguió en el centro
con la diestra de la misma forma, al hilo del pitón, por lo que al pasárselo
demasiado separado no llegó a emocionar al personal. Por consiguiente, su
labor no caló en los tendidos; nada más que cuando el toro repitió las
arrancadas, en raras ocasiones.
Recibió al quinto con lances retrocediendo hacia la barrera, al contrario
de lo normal. Dirigió la lidia personalmente pero dio demasiados
capotazos. Inició la faena con pases por bajo, incomprensible ya que al
toro no le sobraban las fuerzas. Labor, siempre en línea y fuera de
cacho, a la espera de que el toro, por sí solo, resolviera la situación.
Esa forma de torear es plausible cuando la res acomete muchas veces y con
fuerza, pero ante un animal tan falto de energías como este, que se echó
en mitad de la faena, hay que incitarlo a embestir y, cuidar mucho el
temple, sin dar tirones ni dejar que derrote en el engaño. Faena vulgar,
sin ninguna emoción, con muchos pases fuera de cacho, sin el menos interés
para el personal.
A más. El Fandi recibió al noble y flojo tercero con un lance
arrodillado. Dejó los recursos para la suerte de banderillas donde se
lució de verdad al ir a más, par tras par. El toro era propicio para
ello al embestir con templanza y docilidad. Lo mejor de su faena, la forma
de acoplarse a la suavidad del astado, difícil labor, ya que en ocasiones
era casi excesiva. Inteligente en las primeras tandas por ambas manos, a
media altura que es como embestía el toro, para bajar poco a poco el engaño.
Los circulares, despaciosos, resultaron bellos y sirvieron para terminar
de calentar a los tendidos. Faena de menos a más, hasta terminar tomándole
el pulso al son del animal y disfrutar de él.
Con el manso sexto, que huía de su sombra, bien en los quites y excelente
con las banderillas, muy acoplado al son del animal. Inició la faena de
rodillas, un redondo muy templado y buen pase de pecho. El toro tenía
tendencia a chiqueros y entre pase y huída instrumentó dos tandas con la
derecha hasta que ya el animal huyó despavorido. En toriles pudo robarle
algunos muletazos, siempre a favor de la derrota del animal. La estocada
sello la voluntariosa labor.
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