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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 11 de septiembre de 2005
Novilladas con caballos

Alejandro Morilla


FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Cuatro novillos de Villamarta y dos de Rocío de La Cámara (juego desigual)

Diestros: 

Tiempo: tarde agradable.

Entrada: un tercio de plaza.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, Diario de Sevilla


PortalTaurinoMANUEL VIERAInteresante toreo de Alejandro Morilla

Mientras hacemos tiempo y esperamos el veinticuatro de septiembre –que será cuando de nuevo El Cid  recale en  Sevilla- degustemos el interesante toreo de los que empiezan. Aunque para que así sea hace falta algo más que las buenas intenciones de estos jóvenes que vuelven a esta plaza por méritos ya demostrados. Una buena dosis de casta no le hubiese venido mal a  los cuatro toretes de Villamarta y los dos de Rocío de la Cámara. Los seis lucieron presencia y astifinas defensas, pero los seis mansearon en mayor o menor grado, le fallaron las fuerzas y caminaron hacia tablas en busca de refugio. Malos sin paliativos. Sólo el tercero destacó por nobleza, y el quinto hasta que se rajó, que fue muy pronto.

Nadie pone en duda que el toreo de Alejandro Morilla encierra calidades extraordinarias. Y esta tarde volvió a mostrar con el tercer novillo una breve, aunque significativa, selección  de su exquisito repertorio, donde la hondura y el sentimiento de sus formas alcanzaron por momentos un interesante y atractivo toreo. Morilla manejó la capa con soltura, aunque con la seriedad de unos lances ajustados, parsimoniosos y  excelentemente rematados con  una media de cartel. El torero de El Puerto de Santa María  realizó con la muleta una estimable versión del mejor toreo. Hilvanó con la diestra largos muletazos, y con la zurda logró enlazar hondos naturales cargados  de autenticidad. Su toreo a pies juntos y con la figura desmayada tuvo chispa y verdad. Todo se lo hizo a un novillo noble, sin demasiada fuerza y de escasa transmisión en sus embestidas. No obstante, en lo hecho con capa y muleta hubo un fondo de verdad que dio sentido y emoción a lo realizado. La oreja, tras la estocada, de mérito. 

El manso e inválido sexto permaneció en el ruedo a pesar de las protestas del público. Al descompuesto novillo –quizá lesionado tras la larga cambiada de rodillas en el tercio- nada de interés le pudo realizar el gaditano. No más que mostrar su gran voluntad por agradar. 

Después de un inicio esperanzador en la faena al quinto con la muleta en la diestra, Marco Antonio Gómez, terminó su tarde por derroteros muy distintos a los deseados. Ni siquiera pudimos ver lo que de interés y novedoso tiene el toreo al natural del sevillano. Sólo una tanda de largos y templados muletazos le pudo trazar al manso quinto. La segunda estuvo llena de intermitencias, y con la zurda no encontró una sola posibilidad para trazar el natural. El toro que se va a  tablas y el alcalareño, tras el medio espadazo, no duda en pasear el ruedo, imagino que para saludar a sus paisanos. Antes, al descastado segundo, le dibujó buenos muletazos dejando entrever sus notables cualidades y un ánimo por conseguir lo imposible encomiable. De todas formas el crédito del alcalareño quedó intacto.

Ferreira  no tiene suerte en Sevilla. Fue cogido en su anterior comparecencia, y hoy vino a lidiar novillos de Villamarta y tuvo que matar los  de Roció de la Cámara –el cuarto como sobrero- Dos mansos y descastados animales que no le dieron ninguna opción al triunfo. Sólo en banderillas pudo mostrar su oficio sin aspavientos innecesarios.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETO. Alejandro Morilla y una bella faena con musicalidad

El novillero Alejandro Morilla se alzó como triunfador del festejo. Morilla comienza a fraguar en torero de calidad. Desde que pisó la Maestranza por primera vez sus fundamentos técnicos se han consolidado. Y al valor y arrojo iniciales ha unido ahora el gusto artístico. En su actuación de ayer se dieron la mano la precisión y la estética. El fondo de su primera faena tuvo musicalidad. Sí, musicalidad en el sentido de ritmo y temple, en lo que resultó una bella composición, que caló en los tendidos de la Maestranza. Que nadie se equivoque; no fue una sinfonía barroca al estilo Morante, sino una melodía sutil. Lástima que el presidente, en plan Katrina, empapó la pólvora de un sexto derrengado, al que mantuvo en el ruedo entre las lógicas protestas del público y con ello arrasó la opción de un triunfo grande del torero y ahogó las ilusiones del público por otra buena faena.

El encierro fue un gazpacho compuesto por cuatro novillos titulares, de Villamarta, y dos de Rocío de la Cámara; un gazpacho que resultó agrio en su conjunto y con el que se justificó con creces la terna.

El portugués Antonio Joao Ferreira se la jugó con el pésimo lote que tuvo en desgracia. Al que abrió plaza, su cuadrilla le endilgó una barbaridad de capotazos, la mayoría innecesarios, y el novillo se fue orientado. Embestía con genio y, alternativamente, cabeceaba o se colaba, hasta que a la velocidad de rayo llegó lo que temíamos: una voltereta espeluznante, que no tuvo consecuencias. Fue el punto y final de un trasteo arriesgado antes de la suerte suprema.

Al burraco y voluminoso cuarto lo sustituyó un sobrero manso y blando, que se refugió de inmediato en tablas. Ferreira se dio un serio arrimón.

El sevillano Marco Antonio Gómez, con oficio, solventó bien la papeleta con un lote deslucido. Su primer novillo, muy astifino, resultó mansísimo y flojísimo. El chaval tenía un problema técnico difícil de solventar. Si le bajaba la mano, el animal se caía. A media altura, topaba. El novillero alcalareño arrancó una meritoria tanda por el pitón derecho en una labor porfiona, en la que se empleó a fondo.

El quinto novillo, mansote, pero sin malas ideas, cantó la gallina de inmediato. Con más amor a la madera que el mejor de los ebanistas, se entableró tras una gran serie inicial con la diestra, en la que el torero arrastró las bambas de la muleta en dominio absoluto. El cornúpeta se rajó y no hubo más. Después de un pinchazo y una estocada, Marco Antonio Gómez, que había brindado su labor al maestro Curro Romero, se marcó una vuelta al ruedo por su cuenta, que en modo alguno está en consonancia con la categoría de una plaza de primera, como es la Maestranza.

Alejandro Morilla se estiró muy bien en los lances de recibo a la verónica ante el tercero, que se vencía en exceso. Luego, realizó una faena medida y con gusto. Destacó en una serie con la izquierda, de buen pulseo y naturales de calidad y en el toreo en redondo con la diestra, con muletazos de suavidad exquisita. Tras un epílogo con unas manoletinas, entró como una vela para una buena estocada. Ganó, merecidamente, el único premio del festejo.

El sexto, a todas luces –ya artificiales porque era noche cerrada– renqueaba y presentaba una descoordinación motriz importante. ¿Tan poca luz había que el presidente no se enteró de ello? Las protestas fueron de órdago. Pero aún así, el usía se empeñó en mantener al animal y cercenar la posibilidad de un triunfo grande a Alejandro Morilla. El joven torero lo había recibido con una larga cambiada de rodillas en los tercios. La faena, desde el punto de vista artístico, fue imposible con el tullido animal. Y para colmo mató mal.

Los espectadores se quedaron con una espina clavada al no contar Alejandro Morilla con una segunda oportunidad clara para un éxito total. Pero en el rubio albero de la Maestranza quedó una bella faena, con musicalidad, y la puerta entreabierta para un torero que comienza a cuajarse.

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