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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del  lunes, 11 de abril de 2005
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Joaquín Núñez del Cuvillo. Bien presentados. Faltos de casta y raza, excepto el 6º, bravo.

Diestros: 

  • Morante de la Puebla. Dos pinchazos sin soltar, media estocada trasera (saludos desde el tercio); estocada baja, dos pinchazos sin soltar (saludos desde el tercio).
  • Matías Tejela. Estocada tendida (aplausos); pinchazo sin soltar, estocada entera caída (palmas)
  • Salvador Cortés, tomó la alternativa. Más de media estocada baja (aplausos de cortesía); estoconazo, un poco caído (dos orejas).
Banderilleros que saludaron: Curro Robles y José López Molina, de la cuadrilla de Salvador Cortés, en el 6º.
 
PresidenteAntonio Pulido.

Tiempo: soleado, agradable.

Entrada: hasta la bandera.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, El País, El Mundo, Diario de Sevilla, ABC.


Las imágenes del festejo


Orden de lidia de la corrida

LOS PROTAGONISTAS

Morante de la Puebla
"Mis toros han estado demasiado parados para hacer el toreo. Me voy contento aunque con una espinita que es la de no poder triunfar como quería. No han sido fáciles en la muleta pues iban punteando aunque en el capote se les haya visto pasar más, ya que vienen con la inercia de salida. Con el capote me he sentido muy a gusto y sin tener material me he sentido torero sobre todo con un público que ha sabido comprenderlo del que he sentido su apoyo y su cariño."
Matías Tejela
"Venía con muchas ganas para mi segunda tarde pero me he encontrado con un lote muy parado. En el segundo toro ha sido muy mirón y me ha exigido mucho aunque creo que he hecho un esfuerzo importante con él. Lo he brindado porque pensaba que podía sacarle mejor faena de la que ha tenido."
Salvador Cortés
"No me lo creo. Este triunfo en Sevilla el día de mi alternativa… cortar dos orejas es un sueño. Me llevo la cabeza del toro como recuerdo aunque ver a la Maestranza entregada es inolvidable. De verdad que es increíble, por eso quiero darle las gracias a todo el mundo por el apoyo que siempre he recibido."

 

Realiza: Emilio Trigo


Crónicas de Festejo

PortalTaurinoMANUEL VIERASalvador Cortés, todo un hallazgo

Hablemos de toreo. Del toreo de un artista de ideas peculiares enamorado del embrujo de La Maestranza, y que encuentra en el ruedo de esta plaza el sitio idóneo para mostrar toda la magia de su sentida capa. Hablemos del toreo de quien vino a simbolizar el propósito de juventud y esperanza de futuro. Porque fueron muchos los méritos demostrados en una faena técnicamente envidiable y por muchos momentos deslumbrante. Hablemos de Morante. Y hablemos de Salvador Cortés. Porque la fantasía de uno fue deliciosa, pero la realidad del otro fue absolutamente ejemplar. Todo un hallazgo.

El Capote de Morante, auténtico y estético, pasó a convertirse en estricto gozo plástico y emocionante. Absolutamente magistral fue la interpretación del toreo a la verónica. Bastó la monumentalidad de los lances ejecutados al segundo nuñezdelcuvillo, con una autenticidad sin comparaciones, para comprender que el toreo de Morante es de otro tiempo, de otra galaxia.

Hay que situarse en lo mágico, para sentir la majestuosidad de la capa y la tersura de la muleta. La elocuencia de un toreo que sólo se dio en el saludo a su primer toro, y en los inicios de faena al cuarto. Los muletazos con la diestra con la cadencia y la hondura de los elegidos, y el natural, aunque escaso, con toda la sinceridad de lo bien hecho. Fue sólo esto. Ambos toros, nobles y flojos como casi toda la corrida, pudieron ser mejor aprovechados, pero a José Antonio aún le falta confianza, seguridad, recrearse más en su propia creación. Mal con la espada, el generoso público le premió con ambas ovaciones. 

La corrida de Núñez del Cuvillo, de aceptable presentación, le faltó casta. Se paró demasiado pronto. Casi no se pudo picar. Sólo el sexto demostró de salida, además de la nobleza generalizada de los anteriores lidiados, un extraordinario galope en busca de los engaños.

Y fue “Gamberro” el extraordinario nuñezdelcuvillo, quien hizo que el nuevo matador de toros revelara, en una espléndida faena, todo el atractivo de un toreo largo, profundo, ligado, poderoso y emocionante. Salvador Cortés, que en el toro de su alternativa, de escasa fuerza y con tendencia a rajarse, poco destacado pudo hacer, al sexto lo lució citando desde los medios para hilvanarles con la autenticidad de los elegidos, series de excelsos muletazos tanto con la diestra como con la zurda. La versión del natural, con un ritmo apasionante y una sutileza deslumbrante, colmó todas las expectativas de este nuevo torero. Los adornos, muy sevillanos, precedieron a la contundente estocada, que aunque muy desprendida en su colocación, no le hizo perder el segundo trofeo.

Matías Tejela no pudo rematar su particular feria. Sólo unas lentas verónicas a destacar en la lidia del tercero. Un toro, sin fuerzas y escasa clase en sus embestidas. Lo intentó con sus características formas de templado torero, sin conseguir nada de especial. Igual le sucedió con el descastado y parado quinto. Inicio esperanzador citando desde los medios con pase cambiado por atrás. Algún buen trazo en el natural y nada más. 

Sin duda, la tarde tuvo final feliz.


El País. ANTONIO LORCATriunfo legítimo de Salvador Cortés

En el último de la tarde saltó la sorpresa. Después de cinco toros inválidos, descastados y sosos que no se picaron y no aguantaron ni un alamar, salió el sexto, de nombre Gamberro y 528 kilos de peso, que dio toda una lección de bravura, casta y nobleza, y permitió el triunfo emocionante y justo de un chaval que tomaba la alternativa y que estuvo a la altura de tan importante oponente.

Se pidió la vuelta al ruedo para el toro, pero el presidente, erróneamente, no lo permitió, quizá porque no hizo una vistosa pelea en varas, si bien es verdad que le midieron el castigo a la vista de la invalidez de sus hermanos. Acudió con alegría a los capotes, persiguió en banderillas y llegó a la muleta encastado y noble, incansable en sus embestidas, de largo recorrido y arando con el hocico el albero maestrante. Un toro de bandera que salvó en el último momento un fiasco de corrida moderna y comercial.

El toricantano Salvador Cortés tuvo la suerte de que le tocara un toro bravo, pero también la torería de responder sobradamente a la exigencia del toro, que es lo que hace grande su triunfo. No se amilanó el joven torero; por el contrario, lo citó de largo desde el centro del ruedo y consiguió tres tandas de redondos largos y hondos, muy cortas las tres, pero muy bien ligadas con el pase de pecho. Continuó por la izquierda, y, mientras el toro embestía una y otra vez, el torero dibujó naturales templados y largos que emocionaron a los tendidos. Se adornó por bajo con torería, montó la espada y se volcó materialmente en el morrillo del animal, cobrando una estocada de efectos fulminantes.

Antes se había lucido en unos lances a la verónica de salida, y había saludado Curro Robles por dos magníficos pares de banderillas.

Un triunfo legítimo de Cortés que hace presagiar los mejores augurios para su carrera. En su primero, sin fuelle, aprovechó las escasas energías del animal para trazar algunos naturales estimables. El día que este torero adelante la pierna contraria y cargue la suerte, se hablará de él mucho y mejor.

Claro que el protagonista de la tarde era Morante, que reaparecía tras su retirada momentánea de los ruedos. Todo quedó en dos cariñosas ovaciones, pero dejó la impresión de estar en el camino que le permita reverdecer laureles del pasado.

Unas verónicas ejecutadas con sumo gusto y un quite por chicuelinas a su primero invitaron a pensar que habría faena de altos vuelos. El comienzo de muleta fue espectacular: pases por bajo con templanza y galanura, un molinete y un pase de la firma, dibujados todos con mimo y embrujo. Pero ahí se acabó todo. El toro, muy parado, le enganchó la franela; el torero no acabó de cogerle el aire, se colocó mal y toda la ilusión se desvaneció.

Con gran decisión inició la faena al cuarto en un supremo esfuerzo por cuajar la labor que todos esperaban. Así, consiguió una extraordinaria tanda de redondos en un palmo de terreno, que fue todo un monumento al arte del toreo. Tomó la zurda, se hundió el toro y sólo pudo esbozar naturales y algunos adornos. Mató mal a los dos toros, con mucha inseguridad, pero dejó abierta la puerta de la recuperación.

Muy decidido toda la tarde se mostró Matías Tejela y se atrevió a brindar su primer toro a Curro Romero, pero el inválido animal no le permitió un pase. Algo más de movilidad tuvo el quinto, y el torero, que inició con dos pases cambiados por la espalda, lo toreó acelerado y destemplado; dio muchos pases y, como suele ocurrir, toreó muy poco.



El Mundo.
JAVIER VILLÁNRegreso de Morante y triunfo de Cortés

Se estrenó Salvador Cortés de matador con una buena tanda de naturales. Al poco, se le paró el toro irremediablemente y no hubo más. Pero el verdadero estreno, le vino a Salvador Cortés en el que cerraba plaza; fue el premio a una alternativa con el padrinazgo exquisito de Morante de la Puebla. Un gran toro el de Núñez del Cuvillo, un toro vibrante que se arrancaba de lejos y al primer toque: hambre de muleta y sin un mal gesto.Un toro en la línea del parladé de anteayer, ese toro salvífico y providencial que está saliendo, por fortuna, en esta Feria de Abril casi todas las tardes.

Salvador Cortés lo cuajó por los dos pitones en la mismísima boca de riego; le dio distancia y los muletazos surgieron con ligazón y mando. Mató de un bajonazo pero, ante el fervor popular, la presidencia no tuvo en cuenta ese detalle y le dio las orejas.Que sean para bien y que sirvan para apuntalar su incipiente carrera de matador. Con esa perspectiva, o con esa esperanza de futuro, me uno a la celebración con un júbilo razonable; con un júbilo sincero, aunque sin excesos.

Volvía Morante de la Puebla, el torero más sevillano de los últimos tiempos y quizá también el más atormentado. Volvía tras un largo viaje de un año a través de oscuros territorios llenos de espectros y fantasmas; un calvario por los túneles de una mente acongojada y herida. Volvía Morante de la Puebla y La Maestranza se puso a rebosar, no cabía ni un alfiler.

Teme Morante, dicen, a los horizontes infinitos, a los espacios grandes y abiertos. Acaso por eso, La Maestranza se abarrotó y en ese abarrotamiento se hizo más chica y recoleta, pasó de catedral suntuosa a ermita sin perder su grandeza. Y todo para que Morante se sintiera cobijado y a gusto, recogido en una especie de útero maternal. Volvía Morante de la Puebla y la verónica se vistió de luces: media docena de lances que alteraron el pulso de la plaza; y un quite por chicuelinas, barriendo el albero, y una serpentina airosa. Y una sonrisa y un brindis; metido en sí mismo, que es una manera de estar ausente de los demás. Y la plaza seguía con una fe religiosa, con una expectación sublime mientras Morante de la Puebla se llevaba al núñezdelcuvillo a la raya. Y La Maestranza se estremecía en un muletazo, iniciado como trinchera y resuelto en molinete abelmontado. No volvió a estremecerse tanto hasta una media verónica en el cuarto y hasta que Cortés consumó su triunfo.

Luces y sombras

La expectación, la fe y la esperanza empezaron a desvanecerse cuando los tendidos comprobaron que Morante no le hallaba al natural el punto exacto, ni tampoco al redondo. Sombras de viejos fantasmas volvían a revolotear por el albero, fantasmas ensartados, crucificados en la punta de un estoque ineficaz. Había empezado a fallar la esperanza y ojalá no fallara la caridad; ovación de cariño, gesto cómplice y aplazado de Morante y la sonrisa congelada: hielo puro en el oro caliente del albero. Aguantó un poco más el cuarto y surgió el redondo cadencioso y el natural aromático de Morante de la Puebla, y el adorno y los detalles fugaces y a la vez eternos de torería. Apenas una docena de muletazos de los que acaso sólo tres naturales fueran inefables. Inefable fue también, a la inversa, el bajonazo infame. E inexplicable citar a recibir con un toro, más que aplomado, difunto.

Matías Tejela entró a todos los quites y toreó muy bien a la verónica, fantaseando en momentos de improvisación. Brindó a Curro Romero, mito y luminaria de Sevilla, cuya sombra oscurece, dicen, la mirada y el ánimo de Morante de la Puebla. El toro llegó muerto a la muleta; pero a Matías Tejela no le importaba torear a un cadáver. A veces el muerto hacía un simulacro de embestida y Tejela improvisaba galas para el difunto.

Nadie ha escrito todavía una tauromaquia sobre cómo torear a un muerto. Si existen grados en la muerte, el quinto estaba un poco menos muerto. Y más áspero y rebrincao. Se apercibió el núñezdelcuvillo de que no procedía extremar su embestida, dada su condición cadavérica, y se paró definitivamente para desesperación de Tejela. Y luego, la apoteosis grande y brava del sexto toro, la firmeza de Cortés, las dos orejas y la salida a hombros por la Puerta de Cuadrillas.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETO. Cortés impacta en su alternativa

El torero sevillano Salvador Cortés triunfó a lo grande en su alternativa, que le dio Morante. El torero de Mairena del Aljarafe se encontró con un toro alegre, incansable en la repetición de sus embestidas, que galopó tras la montera. Un toro de los que descubre a los toreros faltos de ambición o que se afligen. Pero Salvador Cortés, como el toro, dio de sí todo lo que llevaba dentro, que fue mucho. Y lo hizo en su línea. En la que ya apuntó en esta plaza en sus triunfos novilleriles. Cuando un toro le da opciones opta por torear de largo, sometiendo sus embestidas con la muleta barriendo la arena.

Salvador Cortés cumplió en la capa. Cuidó en el caballo al astado, al que vio buenas condiciones. Y después de que su banderillero Curro Robles prendiera dos pares notables, brindó al público la faena. Una faena intensa y emotiva, en la que dio mucha distancia al toro, y en la que entre las virtudes fundamentales se encontraron la ligazón y la limpieza, con muletazos muy largos, en los que llevó sometido al bravo toro. La inició en los medios, a unos veinte metros, con la muleta en la mano derecha. Tanda vibrante por el galope del toro tras la tela encarnada, con cuatro muletazos abrochados con el de pecho. En la segunda, también a gran distancia, lo enganchó adelante y remató los muletazos más ajustados. Apuró con otra serie, relajado, que cerró con un improvisado molinete. Por la izquierda hubo cante grande en cuatro naturales en los que peinó la arena con la muleta. Dentro de las series, un natural o un pase de pecho largísimo fueron auténticos. El epílogo, con trincherillas y pases de la firma, fue también sabroso. Mató de estocada defectuosa. Como en otros casos, no fue óbice para que le concedieran las dos orejas.

Para los amantes de las efemérides, el toro que tomó la alternativa tuvo como nombre Embajador, negro, bragado, meano, de 505 kilos. Salvador Cortés brindó su primera faena de matador a su padre, el banderillero Luis Mariscal. El toro tuvo escasa cuerda, que se rompió tras las dos primeras tandas. En la primera, con la diestra, el toricantano sufrió un desarme. Con la zurda tampoco consiguió brillar. Y el astado, rajado, buscó las tablas en un cierre de faena que se concretó en un arrimón.

Morante de la Puebla, dispuesto en su reencuentro con la plaza sevillana, donde ayer le arroparon muchísimos correligionarios, logró sus momentos más esplendorosos en el toreo de capa en su primero y lo pasó mal con los aceros. Ante su primer toro, a menos y que acabó protestón, se estiró en un manojo de verónicas, con gracia. También deslumbró en un quite por chicuelinas, coreado, que remató con una airosa revolera aserpentinada. Pero con la muleta no hubo lucimiento. Faltó toro. Con el cuarto, un cornúpeta sin clase, estuvo muy dispuesto. En el trasteo, únicamente ligó en una tanda con la diestra. Le andó con apostura y gracia al toro. Un buen toque de atención por parte de Morante en la única plaza de primera que tiene previsto pisar este año.

Matías Tejela tampoco tuvo un lote propicio. El brindis en su primero a Curro Romero quedó en agua de borrajas. El madrileño se esforzó en una labor sin interés con un toro sin motor. Con el quinto, todo quedó en un prometedor inicio en los medios en un par de falleros. Ahí acabó todo. El toro no pasaba y los muletazos, de uno en uno, no calaron en el público.

La tarde tuvo un protagonista: Salvador Cortés. Un torero que se estrenó ayer en la Maestranza como matador de toros, saliendo a hombros. Un torero que, con agallas, arrojo y buen toreo, brilló a gran altura con un gran toro. ¡Un dulce comienzo de carrera!


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Las cosas buenas de Morante en el día grande de Salvador Cortés

Salvador Cortés remató el día grande de su alternativa por todo lo alto, a hombros por la puerta principal, con dos orejas que colman de gloria y felicidad la efeméride. Doctorado en la Feria de Abril, semana de los farolillos que encendieron anoche, en la tarde de su vida, de la mano de la bravura de un nuñezdelcuvillo espléndido para ser lucido, para estar lúcido y lucirlo con la generosidad con que lo hizo en la distancia larga. Era la fecha del regreso de Morante a la Maestranza, que con inmenso cariño recibió, trató y despidió a su hijo pródigo, de vuelta de la oscuridad de las tinieblas que nublaron su ayer.

Final feliz para una corrida que no terminó de romper hasta última hora.Salvador Cortés lo vio claro. Cuidó en varas al toro, con hechuras de embestir; la suerte al relance y escasa impidió que el juicio en el caballo se sumase a favor de los que solicitaron la vuelta al ruedo en el arrastre para tanta fijeza, tanto recorrido, tan alegre tranco y chispeante transmisión. En los medios, con muchos metros concedidos, el cite, y luego los derechazos ligados, acordes al son y el tempo del toro, vaciados por abajo. La izquierda corrió en trazos larguísimos, con la figura despatarrada, sin embraguetarse, en el mismo aire de emoción que ya había cautivado a toda una plaza entregada. Todo lo realizado contenía la verdad de quien no se reserva nada para sí. El epílogo desprendió una más lenta templanza, aunque templase de otra forma la obra entera. Porque templar es también adecuarse a la velocidad de la embestida. Se volcó en la suerte suprema y, pese a que la colocación fuera defectuosa, el aldabonazo se consumó. En dos abriles llevamos dos alternativas -la de Jesuli de Torrecera el último- de fuerte impacto. La llave de la Puerta del Príncipe no pudo llegar con el toro de la alternativa, que galopó siempre abriéndose mucho, sin perder las tablas de vista, en quince viajes antes de rajarse.

Morante cimbreó el capote a la verónica, se conjuntó en lances sublimes por el pitón izquierdo, uno por el derecho de ahondar el tiempo y una media arrebujada que estalló en un ole profundo. Había el runrún de los sucesos graves, como grave era el gesto de Morante. Graciosas chicuelinas de la escuela sevillana revolotearon, restándole solemnidad al ambiente. Respondió Tejela por gaoneras y le pitaron con terrible e injusto desprecio, como si la Maestranza sólo quisiese ver a «su» torero. El principio de faena al apretado toro -demasiados kilos para su corta caja- se desgranó en una trinchera, un molinete invertido y un pase del desprecio de aroma. Después José Antonio Morante no se sintió a gusto con el nuñezdelcuvillo, bruscote, con la cara alta, sin maldad pero sin el recorrido esperado: un año en el dique seco también se acusa.

Manseó el cuarto, que huyó de capotes y petos y esperó en banderillas, apretando hacia los adentros. Morante se lo sacó a los medios y allí el toro se entregó con franqueza a la muleta, que compuso derechazos, porque como Morante componen pocos; en los naturales se sucedió la misma emotividad estética que cala más allá de la profundidad del pase. No duró más el acto: el toro, después de que lo cambiase de terrenos, se acabó a plomo, y todo se quedó a medias con un remate torerísimo, pura inspiración, como un pase de las flores invertido y con la izquierda.

Pocas opciones ofreció un jabonero sucio de pobre fuelle y febles cuartos traseros a Matías Tejela, que, aun menos eléctrico que en su actuación anterior, obtuvo escaso eco. El espadazo acabó con el insustancial toro. Casi todo puso de su parte Tejela con el quinto, valiente en dos pases del péndulo y tenaz para exprimir las embestidas remisas y nobles hasta la gota última.

 

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