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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del viernes, 8 de abril de 2005
Corrida de toros


FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de El Ventorrillo. Desiguales de presentación. Mansos y descastados. Algunos con peligro y pitados en el arrastre. El 6º fue devuelto a corrales por debilidad manifiesta. 6º bis, de Fermín Bohórquez, también manso.

Diestros: 

  • César Rincón. Media atravesada, media estocada (silencio); meteysaca, estocada caída (silencio).
  • El Juli. Estocada en su sitio (saludos desde el tercio); media estocada trasera y caída (saludos desde el tercio).
  • Matías Tejela. Estocada en su sitio (oreja); estocada tendida y caída (salidos desde el tercio).
Banderilleros que saludaron: Gustavo Adolfo García, de la cuadrilla de Rincón, en el 4º; José Antonio Carretero, de la cuadrilla de El Juli, en el 5º (música).
 
PresidenteJuan Murillo.

Tiempo: soleado y agradable.

Entrada: lleno.


Las imágenes del festejo

 

LOS PROTAGONISTAS

César Rincón
"La corrida ha sido muy descastada, con muy poquita fijeza y no han dado opciones. Los toros, para que tengan una poquita de raza deben tener fijeza y saber que están en la muleta. Los dos míos no la han tenido, han sido demasiado mansos y el cuarto, con mucho peligro, sin humillar y con muy poquitas ganas de embestir, muchas veces con peligro porque no sabías si venían a la muleta o al cuerpo."
El Juli
"Todos esperábamos mucho más de la corrida, sobre todo después de los triunfos de los años anteriores y nos ha dejado un poco desilusionados. Estoy contento porque la verdad es que hoy he estado más suelto y más a gusto, sobre todo con el primer toro, con el que he hecho un gran esfuerzo ya que era muy complicado. Y a mi segundo toro, que tenía cierta nobleza, en lo que ha durado le he pegado pases a gusto.Todos esperábamos mucho más de la corrida, sobre todo después de los triunfos de los años anteriores y nos ha dejado un poco desilusionados. Estoy contento porque la verdad es que hoy he estado más suelto y más a gusto, sobre todo con el primer toro, con el que he hecho un gran esfuerzo ya que era muy complicado. Y a mi segundo toro, que tenía cierta nobleza, en lo que ha durado le he pegado pases a gusto."
Matías Tejela
"Ha habido momentos en los que me he sentido muy a gusto y ciertamente es indescriptible el saborear estos olés de nuevo muy bonito. La pena es que el último no ha servido, no ha roto aunque todo el público de la Maestranza se ha dado cuenta de las ganas que traía. Todavía me queda otra tarde y estoy muy ilusionado porque quiero mucho a esta gente con la que me siento muy identificado."

 

Realiza: Emilio Trigo

 

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, ABC, El País, El Mundo, Diario de Sevilla.


Crónicas de Festejo

PortalTaurinoMANUEL VIERAMomentos de Matías Tejela

La valía de una faena viene dada por la autenticidad y la ligazón de sus trazos. Ambas cosas van unidas. Y esta tarde las cuidadas series de muletazos, de cuatro y cinco pases, sobre todo las ejecutadas con la mano diestra de Matías Tejela al segundo toro, aunque ligadas, templadas y perfectamente rematadas con los de pecho, le han faltado ajuste. La memoria visual conserva para su evocación imágenes ya contempladas que las aporta cuando la requerimos. Hoy, quizá, quisimos ver lo ya visto en otras ocasiones al torero madrileño. Pura imaginación.

Sin embargo, el toreo de Matías Tejela ha tenido su encanto, esta vez con la derecha. Y tras el expectante comienzo a pies juntos, pasando por los desmayados muletazos y cambios de manos, los ajustadísimos, estos sí, remates de pecho, y los naturales… que aunque escasos y sin continuidad no decepcionan a nadie, la faena completada ha sido buena, pero no extraordinaria. También conviene decir que el noble mansote no terminó de humillar, y sólo repitió en el engaño cuando Tejela citaba con la diestra. Algunos adornos precedieron a una estocada de oreja.

Con el sexto, un manso de Bohórquez lidiado como sobrero, de inmediato se echó la muleta a la zurda con la intención de rematar la tarde. No pudo ser. El descastado animal se le quedaba en los inicios del pase sin humillar. Intentos, ahora con la diestra, para conseguir mandar en la discontinua embestida. Cambio a la izquierda para obtener el natural aislado. Y así, una y otra vez, hasta apura al toro y la paciencia de los tendidos. 

Lo realizado por Matías Tejela fue lo más interesante -junto con el excelente y emotivo par de banderillas de José Antonio Carretero al quinto toro de El Juli- de esta tarde de resaca tras la borrachera de toreo de ayer. Y es que, aunque El Juli derrochó ganas, y quiso poner a prueba toda su sabiduría y oficio, cintando con el engaño adelantado y mano baja, estirando embestidas como si de un elástico se tratara, sólo consiguió buenos muletazos que no llegaron nunca a emocionar. 

Distinto fue lo ocurrido en el serio y astifino quinto, el toro más claro de la descastada corrida de El Ventorrillo. Un animal noble que acudía a la muleta sin demasiadas complicaciones. El Juli, que lanceó afanoso de salida, prologó faena con hilvanados muletazos con la diestra. Tandas de cuatro y el de pecho que provocaron el optimismo. Hubo después buenos naturales, pero sin calar demasiado en los tendidos. Dejando al margen la calidad del trazo, faltó encanto, más autenticidad. Más hacia adentro y menos hacia fuera. En suma, instantes de buen toreo, pero no transcendentales. Tras media estocada que bastó, al toro se lo llevaron camino del desolladero con sus dos orejas intactas.

César Rincón poco, o nada, pudo hacer con el manso y parado primero. Gustó en los laces de capa al complicado cuarto, y pasó un mal rato con la peligrosa embestida del orientado toro. Lo mató como pudo.


El País. ANTONIO LORCALa tristeza del maestro César Rincón

El toreo fino y elegante lo puso el joven Tejela; el esfuerzo, El Juli, y el desencanto corrió a cargo de César Rincón, en quien estaban depositadas todas las confianzas tras su triunfo del pasado año en esta misma plaza.

Pero está visto que no todos los días se tiene el cuerpo para intentar una heroicidad o una obra de arte, que ambas gestas están reservadas para los elegidos sólo en contadas ocasiones.

Y César Rincón, maestro reconocido en tauromaquia, hizo ayer el paseíllo con la tristeza en el semblante, y lo demostró a lo largo de toda la tarde. Es maestro, pero se guardó para sí sus enseñanzas; es maestro, pero su comportamiento fue el de un torero de vuelta de casi todo, agobiado, encorsetado y con un deseo enorme de que pasara cuanto antes el cáliz amargo de El Ventorrillo. No es que tenga justificación alguna, pero es humano, qué quieren que les diga. Quien ha visto al Rincón poderoso y dominador en tantas tardes y lo contempló ayer dubitativo y huidizo, a la defensiva y sin recursos, piensa, como mínimo, que la comida le ha sentado mal, que ha discutido con alguien o vaya usted a saber.

Lo cierto es que el colombiano no vio nada claro lo que tenía que ver. Triste y sin ganas, fue desbordado por su soso primero, al que no le encontró la distancia en ningún momento. Peor fue lo del cuarto, a merced siempre de un animal distraído, con la cara alta y que rápidamente desertó de la pelea.

Decididamente, nadie es perfecto. Tampoco lo es , en verdad, El Juli, pero intentó la perfección en todo momento, aunque quedara siempre lejos de su loable objetivo. Claro, que es más joven que Rincón y tiene toda una vida por delante para la desidia.

Hizo El Juli un esfuerzo encomiable para reivindicar, se supone, su condición de figura ante esta afición, que aún ayer seguía conmocionada con el suceso estético del jueves.

No alcanzó el éxito porque no le acompañaron los toros, pero tampoco se le puede negar su aprendido oficio, su depurada técnica y, especialmente, su empeño en torear mejor de como lo hace habitualmente. Claro que alguien deberá explicarle con detenimiento el significado de cargar la suerte, por ejemplo. Se la jugó de verdad en su primero, en una labor de menos a más, en la que aguantó tarascadas hasta meterlo en la muleta, aunque su toreo careció de hondura. Se plantó bien ante el quinto, que se paró pronto. A pesar de su esfuerzo, volvió a quedar claro que es torero de ventajas, lo que desluce su quehacer.

Dicho queda que lo más elegante de la tarde lo protagonizó Matías Tejela, que se gustó de verdad ante el noble tercero con el toreo en redondo. Es un torero muy joven, de buenas maneras, que ya ha dejado constancia de sus condiciones en esta plaza, y ayer volvió a confirmar su progresión como diestro artista y valiente, que trata de hacer el toreo clásico de acuerdo con las normas de obligado cumplimiento. Así, surgieron tandas de redondos reposados y hondos; se entregó de verdad y algunos derechazos se convirtieron en circulares de gran plasticidad, ligados con largos y muy lentos pases de pecho. El premio se redujo a una oreja porque no fue posible el toreo al natural. Devolvieron el sexto por inválido y resultó una faena. Salió un feo mulo, manso y soso como tal animal, ante el que sólo se puso mostrar voluntarioso.

La tristeza del maestro César Rincón

El toreo fino y elegante lo puso el joven Tejela; el esfuerzo, El Juli, y el desencanto corrió a cargo de César Rincón, en quien estaban depositadas todas las confianzas tras su triunfo del pasado año en esta misma plaza.

Pero está visto que no todos los días se tiene el cuerpo para intentar una heroicidad o una obra de arte, que ambas gestas están reservadas para los elegidos sólo en contadas ocasiones.

Y César Rincón, maestro reconocido en tauromaquia, hizo ayer el paseíllo con la tristeza en el semblante, y lo demostró a lo largo de toda la tarde. Es maestro, pero se guardó para sí sus enseñanzas; es maestro, pero su comportamiento fue el de un torero de vuelta de casi todo, agobiado, encorsetado y con un deseo enorme de que pasara cuanto antes el cáliz amargo de El Ventorrillo. No es que tenga justificación alguna, pero es humano, qué quieren que les diga. Quien ha visto al Rincón poderoso y dominador en tantas tardes y lo contempló ayer dubitativo y huidizo, a la defensiva y sin recursos, piensa, como mínimo, que la comida le ha sentado mal, que ha discutido con alguien o vaya usted a saber.

Lo cierto es que el colombiano no vio nada claro lo que tenía que ver. Triste y sin ganas, fue desbordado por su soso primero, al que no le encontró la distancia en ningún momento. Peor fue lo del cuarto, a merced siempre de un animal distraído, con la cara alta y que rápidamente desertó de la pelea.

Decididamente, nadie es perfecto. Tampoco lo es , en verdad, El Juli, pero intentó la perfección en todo momento, aunque quedara siempre lejos de su loable objetivo. Claro, que es más joven que Rincón y tiene toda una vida por delante para la desidia.

Hizo El Juli un esfuerzo encomiable para reivindicar, se supone, su condición de figura ante esta afición, que aún ayer seguía conmocionada con el suceso estético del jueves.

No alcanzó el éxito porque no le acompañaron los toros, pero tampoco se le puede negar su aprendido oficio, su depurada técnica y, especialmente, su empeño en torear mejor de como lo hace habitualmente. Claro que alguien deberá explicarle con detenimiento el significado de cargar la suerte, por ejemplo. Se la jugó de verdad en su primero, en una labor de menos a más, en la que aguantó tarascadas hasta meterlo en la muleta, aunque su toreo careció de hondura. Se plantó bien ante el quinto, que se paró pronto. A pesar de su esfuerzo, volvió a quedar claro que es torero de ventajas, lo que desluce su quehacer.

Dicho queda que lo más elegante de la tarde lo protagonizó Matías Tejela, que se gustó de verdad ante el noble tercero con el toreo en redondo. Es un torero muy joven, de buenas maneras, que ya ha dejado constancia de sus condiciones en esta plaza, y ayer volvió a confirmar su progresión como diestro artista y valiente, que trata de hacer el toreo clásico de acuerdo con las normas de obligado cumplimiento. Así, surgieron tandas de redondos reposados y hondos; se entregó de verdad y algunos derechazos se convirtieron en circulares de gran plasticidad, ligados con largos y muy lentos pases de pecho. El premio se redujo a una oreja porque no fue posible el toreo al natural. Devolvieron el sexto por inválido y resultó una faena. Salió un feo mulo, manso y soso como tal animal, ante el que sólo se puso mostrar voluntarioso.


ABC FERNANDO CARRASCO. La mina de Matías Tejela

La mañana encapotada, bajo los techos de la Maestranza. Se presentaba el libro del centenario de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, una joya de ejemplar. Cien años, cien, y una historia hecha a pulso. Para bien o para mal, un camino andado en soledad, un desierto sembrado de minas y trampas bomba por una Administración volcada en una supuesta cultura de cineastas de pancarta y pásalo y cómicos de teatrillo.

La mañana se volvió noche en la tarde con una corrida de las que rompen los esquemas de la responsabilidad en momentos tan delicados. Se esperaba que la feria se dividiera en dos a partir de ayer; el escalón ha sido demasiado brusco, como si se tratase de dos ferias distintas y en las antípodas. ¿Qué relación hay entre las corridas de Palha, Conde de la Corte y Cuadri con la de ayer? Nada, absolutamente nada. Unas por arriba respecto al toro de Sevilla, y ésta por abajo. Ni tanto ni tan calvo. Pero sumar en una misma semana corridas de Pamplona, Bilbao y Madrid con una de grado muy inferior, y las que quedan por venir -no quiero mentar por no herir-, es un contradiós, sin equilibrio alguno. Error, grave error. Lo uno y lo otro.

Los ventorrillos se tapaban por la cara. Corrida mal enlotada. Mal medida. Rincón se llevó el lote más basto, más manso; Tejela, el más amable; y El Juli, entre Pinto y Valdemoro. En cualquier caso, ridículas hechuras anovilladas. Tejela regresó a sus tiempos novilleriles. O peor. Porque Tejela toreaba muchísimo mejor de novillero. Ayer se compuso en el tercio por el pitón derecho del salpicado tercero, muy periférico y ligero, superficial, en línea, distante y frío. Lo mejor fue la estocada por arriba. La oreja, por tanto, tampoco tuvo peso.

El sobrero de Fermín Bohórquez, cabezón sin trapío, se dejó mucho en su sosota mansedumbre, como para hacer algo más puro que el continuo muleteo picudo con que machacó una faena vulgar y ventajista sin necesidad, porque el pico, ojo, es recurso legal y técnico en determinadas situaciones. Fuera de ellas se convierte uno en minero, y Tejela, en su día mina de oro, camino lleva de hacerse picador, allá en la mina de Víctor Manuel.

Otro ventorrillo que sirvió, o el otro, resultó el quinto, muy armado para camuflar otras carencias físicas: ni culata, ni pechos ni nada. Fue a menos en una dispuesta muleta de El Juli, ligados los derechazos en firme para desaparecer en el fondo de una actuación por encima del material; ante el jabonero segundo se justificó, sobrado, hasta la reiteración y la pesadez.

César Rincón se descolocó con unos toros mansos que ni le aportan, ni le salvan, en su maestría, ayer tibia y de trámite.

Nota: la música de la Maestranza ha de ser para la excelencia, y los poderosos pares de Carretero no se acercaron a ella; esto se va a convertir en un viva la banda si don Tristán no se modera en sus ímpetus de gloria.


Diario de Sevilla.  LUIS NIETOTejela renueva su crédito en Sevilla

Tejela, que consiguió por méritos propios el único trofeo del espectáculo, se convirtió en triunfador. El madrileño volvió a demostrar su capacidad y buenas cualidades en la plaza de Sevilla, donde renovó crédito. Un crédito difícil de mantener por cuanto los espectadores revivían y comparaban cada momento, cada instante, con las explosiones de emoción del día anterior, con ese estallido Cid-Victorino. Y eso pesó a todo el mundo. Está claro que se conoce al espectáculo como la fiesta de los toros y el mundo de los toros. Vamos, que cuando no hay toros, toros buenos, cuando la materia prima no tiene importancia como sucedió ayer, difícilmente se convence al público. 

Matías Tejela, acertado y medido en su primero, consiguió el éxito gracias a una faena con ritmo, buena colocación y temple, además de chispazos estéticos, como una trincherilla de cartel, en una faena interesante en la que exprimió al toro por su pitón bueno, el derecho, y no pudo explayarse con la izquierda, su mano privilegiada. En cualquier caso, el torero de Alcalá de Henares, que el año pasado y el anterior bordó el toreo al natural en el rubio albero maestrante, convenció a todos.

El tercero fue un animal sin celo de salida, que se dejó pegar en varas, pero que embistió con la cara alta por el pitón izquierdo y se entregó por el derecho. Tejela inició su faena alternando bellos pases por alto y por bajo. En las rayas, citó de largo. Con la muleta en la diestra se marcó cuatro muletazos como cuatro soles, que remató con un sensacional pase de pecho. Otra segunda serie por ese pitón tuvo enjundia. En la tercera, con la distancia adecuada, se recreó en una tanda corta que remató con un pase de pecho larguísimo. Con la zurda resultó imposible mantener ese listón. Lo sabía el torero, que dejó ver al público la mala condición del astado. Se apretó en un epílogo por bernadinas. Tras su preciosa faena se perfiló bien, entró a matar con fe y enterró el acero en todo lo alto en un excelente volapié. Una oreja ganada con toda justicia.

El sexto, que flojeó de salida, fue devuelto ante las protestas del público. Dato importantísimo: es el primer toro devuelto de toda la feria. Únicamente un novillo fue retirado a los corrales. Esto quiere decir que el trabajo de los veedores ha sido –a fecha de hoy– muy bueno. Debido a la lengua azul, los veterinarios de los equipos presidenciales vieron los toros en el campo. Si todo continúa así, parece que esta fórmula está dando buenos resultados. Saltó como sobrero un bohórquez, mansísimo. Tejela se metió con el astado, sin que la faena, correcta y aseada, calara en los tendidos.

César Rincón, triunfador de la pasada feria, que abría cartel, tuvo un mal lote. No consiguió nada con el rajado y mirón primero, que en cuanto encontraba ventaja se tiraba a su cuerpo. Con el cuarto, siempre con la cara arriba o en busca del bulto, realizó un trasteo en el que resultó imposible el lucimiento. En este toro destacó con las banderillas su banderillero Gustavo García El Jeringa.

El Juli se marchó de la feria como llegó: de vacío. Estuvo valiente con el brusco segundo, que ni humillaba ni se entregaba. En las afueras, con distancia, lo fue dominando. El viento motivó que lo cerrara en rayas. Después de sobarlo mucho, consiguió un par de tandas meritorias. Su banderillero, Escobar, sufrió un puntazo en la frente al clavar un par. Por centímetros no se alcanzó la tragedia. 

El Juli realizó una faena entonada al quinto, al que toreó por delantales y le dibujó una lentísima verónica en un quite. El toro y, en consecuencia, la faena fueron a menos. Comenzó con unos muletazos mandones. En los medios, dos tandas de muletazos de buen trazo, bien rematados con sendos pases de pecho. Pero al toro le faltó gas. Y el torero apostó por una tanda en cercanías, con el animal con la cara alta, sin obedecer. Ahí acabó todo. Bueno, todo no. Porque lo mejor de la tarde sucedió en este toro. José Antonio Carretero, peón de El Juli, cosechó las ovaciones más estruendosas de la tarde. La primera, tras clavar un buen par de banderillas, en el que el toro le puso los pitones muy cerca de la barriga. La segunda, tras un monumental par en el que entró dejándose ver, sintiéndose, clavando arriba, saliendo airoso.

Los pares de banderillas de Carretero fueron pura poesía. Como poesía, por su ritmo, tuvo la preciosa faena de Matías Tejela, el triunfador de la tarde, que continúa con crédito en Sevilla. 



El Mundo.
JAVIER VILLÁNLa Maestranza y otros templos

Cuando se inició el paseíllo, la plaza de La Maestranza flotaba todavía en el éxtasis del día anterior, en la emoción convulsa de los toros de Victorino y el toreo de El Cid. Las asperezas sin contrapartida, la mansedumbre gratuita de los dos primeros toros de El Ventorrillo, la bajaron del cielo a la tierra miserable y humana. O sea, fuimos arrojados del reino de la ilusión y la fantasía a la realidad más grosera. 

Sólo la mano derecha de Matías Tejela y un torillo inocente y recental, nos volvió a ciertos niveles de belleza y torería; aunque faltara la emoción del toro encanallado y bravo. Pero no estuvo mal la cosa y Matías Tejela, que tiene en La Maestranza una especie de benéfico talismán, hizo muy bien el toreo por la derecha con algunos pases de esos que se llaman de cartel y otros llenos de temple y de buen gusto. Tuvo algunos momentos, más por estética que por emoción, de esos que sueña un pintor de toros: una tanda de derechazos de mano baja, un circular planetario seguido de un pase de pecho que de tan curvo y de tan largo, también parecía un circular. Descendió el tono por la izquierda y volvió a ascender con un soberbio volapié. 

El mansurrón sobrero se tragó sin ninguna convicción los muletazos de un Tejela con la voluntad a tope; decidido el torero y deslucido el berreón manso que acabó desarmando a aquél. Tarde sin clamores, a no ser los dos pares de banderillas de un Carretero magnífico; se desmonteró, igual que Gustavo A. García, de la cuadrilla de Rincón. Dos momentos cumbres pero, en todo caso, insuficientes para continuar la gloria de anteayer. Y mucho menos en estos días de gran ceremonial y de exequias vividas con especial atención.

Cinco años en un seminario me metieron en el escalafón eclesiástico; yo iba para Papa pero me quedé en crítico taurino, que tampoco está mal y menos da una piedra. Como todo es cuestión de ritos, entre el templo de La Maestranza y los funerales de Roma, ando estos días en un sinvivir. Parece que el Papa Wojtyla diseñó de su puño y letra la ceremonia de su funeral: exaltación y gloria de una liturgia milenaria. Juan Pablo II ha hecho en sus funerales una síntesis del auto sacramental, del gran teatro polaco y del sentido y ceremonial de la Iglesia romana. Si le hubieran traído aquí, a La Maestranza, cuando hace unos años visitó Sevilla, hubiese incorporado a esta dramatización la tragedia de los toros, con independencia de la perra suerte que algunas tardes tienen los toreros, verbigracia El Juli y Rincón ayer. 

Cierto es que Rincón, en otros tiempos no se habría afligido con las coladas del primer ventorrillo ni con las dificultades, casi insuperables, del cuarto. ¿Qué querían los silbadores cuando el colombiano esquivó un par hachazos que buscaban partirlo en dos? Distancia, sentido de los terrenos y firmeza en la muleta; gracias a eso pudo Rincón solventar con dignidad el trance. 

El primer toro de El Juli era de los que tienen peligro sin ofrecer nada a cambio; nada, salvo la cornada, claro. Peligro a secas sin grandeza y sin posibilidades de triunfo. En esas circunstancias es cuando se calibra la raza de un torero, ya que la casta del toro está desechada. En esas circunstancias, con el toro distraído o fijándose en los alamares en vez de en la muleta, es cuando hay que valorar en su justa medida la capacidad lidiadora de El Juli. 

Dos series de derechazos poderosos y definitivos debieron tener más eco en los tendidos. Intentar el toreo por la izquierda era empresa condenada al fracaso. O a la cogida. La estocada, letal.Y la forma de llevarse el segundo a los medios, también. El toro del Ventorrillo se quemó en dos tandas de derecha y todo lo demás fue trabajo e invención de El Juli que mató de estocada corta con su habitual salto y a capón. 

Por lo demás, lo previsto, incluido el ligero toque de atención que me manda un lector; tomo nota. Ha bastado que el otro día citara a la Asociación de Críticos Independientes de Sevilla para que saltaran las alarmas. Toque de un amable lector: «En Andalucía todos los críticos son independientes». Yo no he dicho lo contrario, así que por mi parte encantado. Mas, ya que el estricto comunicante me da ocasión, diré que considero a «el capitán que los manda» Crivell, un crítico solvente con el que conforta coincidir; al igual que con Lorca y algún otro, pese a las naturales discrepancias. 

Otros festejos de la temporada. Carteles, resultados y crónicas