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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del miércoles, 6 de abril de 2005
Corrida de Toros

Banderillero que saludó: Alberto Solé, de la cuadrilla de Curro Díaz, en el 4º (música).
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Herederos de Celestino Cuadri. Bien presentados. Díficiles y complicados para la lidia. Broncos y parados. Con peligro. El 1º fue pitado en el arrastre. Los mejores, 2º y 5º.

Diestros: 

  • Curro Díaz. Dos pinchazos que escupe, golletazo (silencio); dos pinchazos que escupe, estocada tendida (aplausos).
  • Leandro Marcos. Pinchazo sin soltar, estocada caída y atravesada (silencio); pinchazo que escupe, pinchazo sin soltar, estocada tendida, aviso, cinco descabellos (silencio).
  • Sergio Aguilar. Dos pinchazos que escupe, meteysaca, media estocada, tres descabellos (silencio); cuatro pinchazos, descabello (silencio).

Incidencias: Leandro Marcos sufrió una voltereta sin consecuencias en su primero.

Banderillero que saludó: Alberto Solé, de la cuadrilla de Curro Díaz, en el 4º (música).
 
PresidenteGabriel Fernández Rey.

Tiempo: nublado con bochorno.

Entrada: más de tres cuartos de plaza.


Las imágenes del festejo

 

LOS PROTAGONISTAS

Curro Díaz
"La corrida ha sido muy dura y además cuando te arrimabas los toros se rajaban. El primero de mi lote no ha dado ninguna opción y el otro, al que le he dejado los muslos en los pitones, igual. De todas formas creo que me la he jugado, sobre todo en el cuarto. Estamos en Sevilla y aquí se viene a darlo todo. Ha sido una pena y a lo más mínimo que me hubieran dado facilidades…pero no ha podido ser."
Leandro Marcos
"Gracias a Dios no llevo nada más que una voltereta y el porrazo. La corrida ha sido muy difícil y muy dura. Ha sido una pena porque el año pasado saltaron algunos toros y tenía la confianza de que hoy también iban a servir algunos. He sufrido mucho delante de los toros porque estaban siempre pendiente de uno, mirando al pecho y ha sido complicado. He podido dejar poco de mi toreo porque a esta plaza vienes a disfrutar y a sentir el toreo y no ha pasar fatigas. "
Sergio Aguilar
"
Las malas ideas que tenían los toros no las ha visto todo el público ya que creo que ha sido difícil ver el peligro sordo que tenían los de Cuadri. Sobre todo, lo malo de la corrida es que no ha durado mucho porque con el capote apretaban todos para dentro pero en la muleta algunos se han dejado al principio y se han parado. Han medido y han probado mucho pero como no se venían, no ha habido resultado."

Realiza: Emilio Trigo


Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, ABC, El País, El Mundo, Diario de Sevilla, Siglo XXI.


Crónicas de Festejo

El País. ANTONIO LORCA. Ilusiones vanas

En la corrida de Cuadri estaba depositada toda la confianza, y toda ella se desvaneció. No rompió ningún toro; sólo se rompieron las ilusiones después de un comienzo de feria con pinceladas para el recuerdo. Será que no puede ser verdad tanta dicha, y, tras la exquisitez, llegó el sopor acompañado de la desesperanza y la decadencia del toro bravo.

Pero tampoco rompieron los toreros, que quede constancia de ello. De tres hombres jóvenes que buscan la gloria, con pocos contratos en la agenda, quizá se deba esperar una actitud de más entrega y de menos tristeza. Lo cierto es que, por unos y otros, la esperanza se desvaneció, aunque siempre quedará la duda de lo que hubiera ocurrido con toreros más dispuestos y más decididos al triunfo, con otro sentido de la colocación y las distancias.

Guapos, eso sí, algunos excesivamente gordos, los toros de Cuadri salieron al ruedo amodorrados y amorfos, medio inválidos. Todos se frenaron en los capotes y ninguno tuvo una embestida franca y larga. Todos mansearon en los caballos, salieron sueltos o se repucharon en cuanto sintieron el castigo. Ninguno hizo honor al prestigio de la divisa. Se pararon y esperaron en banderillas y llegaron a la muleta sin fuelle, sin recorrido ni codicia.

Curro Díaz se presentaba en la Maestranza después de casi ocho años de alternativa, y quedó inédito por las malas condiciones de su lote y su propia inexperiencia. Su primero se defendía a cabezazos y no permitió un pase. El segundo, sin embargo, lo dejó en evidencia. Le quiso quitar la muleta y desarrolló sentido, pero el torero se colocó mal, se quedó al descubierto y demostró que esa difícil empresa le venía un poco grande. La verdad es que Curro, fino y elegante según se vio en el pasado San Isidro, no es torero para este tipo de guerra.

También lo intentó a su manera Leandro Marcos -concepción fina y de buena factura-, pero tampoco consiguió el triunfo deseado. Precavido ante su primero, sin confianza ni en el sitio adecuado, tampoco remontó el vuelo en el quinto, con recorrido en las primeras embestidas, en el que se ganó una espeluznante voltereta sin consecuencias y lo mató muy mal.

Valiente es Aguilar, pero torero moderno, también. No se lo pusieron fácil ni demostró nada.

El momento emocionante de la tarde lo protagonizó Alberto M. Sole Castro, de la cuadrilla de Curro Díaz, que colocó un magnífico par de banderillas al cuarto de la tarde. Y pare de contar.


PortalTaurinoMANUEL VIERAInfumable corrida de Cuadri

Todo indicaba, pues, una tarde importante. Y, sin embargo acabó en bostezos. Los toros de Cuadri se encargaron de ello. Toros ayunos de casta, violentos, reservones, distraídos, mirones. Toros no aptos para toreros como los de hoy, y sí para lidiadores como los de antes. Los toros llegados de Trigueros lucieron además feas hechuras. Grandullones, algunos con exageradas defensas, cinqueños y con muchos kilos. Si además la lidia que hoy se le da a este tipo de toros no es la adecuada, se pican mal y se banderillean a la defensiva, ya se sabe lo que uno quiere: que el tiempo pase de prisa y aquello termine pronto sin que nadie tenga que pasar a manos de los galenos. Porque como alguien alguna vez dijo “lo más importante que ocurre es nada”.

Es cierto, no resulta justo que toreros de este corte, de pellizco y de improvisación, de temple y finas maneras, se enfrenten con este tipo de toros. Se estrellan en la impotencia, además del banal intento y el demostrado esfuerzo. Por paradójico que parezca, cuando esto ocurre, no solo falla el toro, sino también curiosamente el torero. 

Fue encomiable el esfuerzo de Curro Díaz para meter en el engaño la incierta y complicada embestida del manso primero. Ni con la derecha ni con la izquierda. Las tremendas tarascadas del cuadri con la cara por las nubes, hizo desistir al diestro de Linares. El cuarto buscaba al torero de mala manera. Sin aparente recorrido, esperaba paciente para después atacar a su presa. Curro Díaz quiso intentar el pase muy dispuesto. Incluso lo dibujó con la izquierda, aguantando el peligroso parón, para enlazar después con el de pecho. A ambos los mató mal.

El precioso estilo en el trazo del muletazo, es uno de los encantos del toreo de Leandro Marcos, pero el vallisoletano no ha podido esta tarde demostrar su capacidad creadora, ni capaz de trazar sus improvisados y diferentes pases. El segundo, violento y a la defensiva, lo intentó someter en los inicios de faena con mandones muletazos. Intentos de agradar con la izquierda, pero sin posibilidad de conseguirlo. Con el quinto enseguida se echó el engaño a la izquierda y citó presto en los medios en un afán por conseguir el natural. Sólo pudo esbozar el primero, al intento del segundo, el peligroso cuadri se lo echó a los lomos de mala manera y lo buscó abajo sin mayores consecuencias. Y poco más. Con la espada no estuvo bien.

Tampoco reveló todo el atractivo de su toreo Sergio Aguilar. El manso tercero se paró a la mitad del primer muletazo. Allá que se fue a los medios en busca del deseado triunfo. Todo fue en vano. Aislados pases con la izquierda y a matar. Peores ideas traía el sexto. Se giraba sólo para buscar las piernas del madrileño. También quiso dibujar el ajustado natural, pero sólo pudo esquivar las asesinas coladas del serio toro. Todo un “tío”.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Infumables 'cuadris' rompen la buena racha de preferia

El personal entró con una sonrisa de oreja a oreja. No era para menos. Desde el Domingo de Resurrección al día de ayer todas, absolutamente todas las tardes, había disfrutado de cosas importante. Cuando no un gran toro, llegaba una gran faena. O bien ambas cosas. El caso es que los resultados eran maravillosos. Incluso la temperatura había sido ideal. Ayer, al ocupar el tendido, primer mosqueo de los vecinos de localidad por cierto bochorno y por el exceso de kilos de algunos cuadris. El caso es que los toros de la ganadería onubense, bien presentados y que tenían caja suficiente para su volumen, no dieron la talla. Exceso de mansedumbre. Complicaciones a raudales. Vamos, precisaban lidia a la vieja usanza, que no la hubo. Pero también hay que reconocer las deficiencias en los tres tercios durante sus lidias, tanto por parte de los matadores como de sus cuadrillas. La mayoría de subalternos no tuvieron su día. La brega fue casi siempre nefasta. Hubo puyazos malos, malísimos –traseros, caídos...–. Y en banderillas las pasadas en falso fueron moneda corriente; cuando no algún palo casi en el cuello o algunos otros rehiletes muy traseros e incluso en alguna ocasión se sembró el ruedo de banderillas, como sucedió en el quinto toro. ¡Qué horror! Pero lo más horroroso es que el personal aplaudía a rabiar la mansedumbre. Increíblemente, en el arrastre se ovacionó al cuarto y se aplaudió al quinto y también levemente al segundo. Y en otros muchos lances de la lidia confundía la velocidad con el tocino. Hasta el punto de que en el cuarto toro, después de una ovación a Alberto Sole por un par con agallas, de órdago, el público se volvió loco con otra ovación mayor cuando el torero prendió otro par del que cayó además una banderilla. La música estalló. Hubo muchos más detalles de empanada mental. Pero que nadie se engañe. La cosa está así. No hay que darle más vueltas al asunto. Hoy en día, el aficionado, como el lince ibérico, está en extinción.

La corrida de Cuadri decepcionó prácticamente en su totalidad. La terna tampoco levantó cabeza ante los problemas que se planteaban. Al menos, ninguno brilló en la lidia y para colmo tampoco estuvieron finos con los aceros.

Curro Díaz, cuando comprobó las dificultades del que abrió plaza, tiró por la calle de en medio. Sin embargo, hizo frente al peligroso cuarto con mucha firmeza.

Leandro Marcos anduvo entre dos aguas. O mejor dicho, casi se ahoga con el lote menos malo. Hubo arrojo en el inicio de su faena al segundo. Luego, estudio del toro, al que le costaba un mundo embestir. A veces, se quedaba corto; otras, se revolvía con prontitud. Y el torero pasó desapercibido en su labor.

Con el quinto, un torazo de 618 kilos, pero bien conformado, el menos malo, Marcos pasó muchos apuros y se libró de la enfermería por los pelos. Después de una tanda por el pitón izquierdo, por el que sólo tragaba en los dos primeros pases, el diestro se pasó la muleta a la mano derecha. En el primer cite, el astado, que cazaba moscas, le enganchó de fea manera. A partir de ahí, no hubo más.

Sergio Aguilar fue una sombra del torero que vimos aquí el año pasado. En los medios, aunque se cruzaba, los pases afloraban de uno en uno, mientras el tiempo se eternizaba. Con el que cerró plaza –el de mayor peso del encierro: 636 kilos–, que se quedaba corto, no consiguió ligar dos pases seguidos con brillantez. Terminó con un arrimón sin fruto alguno.

Muchos espectadores, aburridos, desesperados, se marcharon antes de que se arrastrara al último toro de Cuadri, que envió un encierro que resultó infumable y rompió con la buena racha que habíamos vivido hasta el momento en la preferia.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. La negra condición de los cuadri

Los toros de Cuadri, negros zainos, negros de cuerna, negros de alma, mansedumbre negra, desprendían una luz oscura y tenebrosa. Kilos y kilos de negras intenciones: el terror. Mal rato para la terna, trago de ricino en grandes dosis, tan grande como sus enemigos, hondos como minas de carbón. Qué lejos de aquellos dos toros que el pasado y marchito abril metieron la cara con dulzura en la muleta de Leandro Marcos; qué lejano aquél que el último mayo propició que Curro Díaz crease el más bello principio de faena de toda la feria isidril. Lo de ayer es un bombazo al prestigio de Fernando Cuadri, una carga de titadine, descastamiento y goma 2.

Desde que tomaban el capote de salida, los cuadri se quedaban por debajo, sin tranco, sin galope, con listeza aguda, con sentido grave. El único que sirvió un poquito -aunque los inmensos cuadri no admiten diminutivos- fue el segundo por el pitón izquierdo, pero siempre exigente. Le costaba repetir la embestida y a Leandro Marcos, ponerse en el sitio donde repiten los toros. Nada fácil. La composición de la figura del acelerado principio de faena dio paso a unas series por la derecha en las que el morlaco humillaba nada. O menos que por el pitón contrario. Algunos naturales se liberaron de la negrura de la tarde.

En el quinto, que portaba una badana como un luctuoso telón, no se escapó de una voltereta de altura. Afortunadamente el arreón traicionero no se convirtió en cornada y sólo se rompió la seda del vestido. Marcos hizo de tripas corazón para seguir ahí y justificarse a contraestilo de su concepto.

La estética acabó triturada. La del pucelano y la de Curro Díaz, que soportó, con las únicas armas de la quietud y una pequeña muleta, todas las veces que se le vencía la mole de carne del cuarto. De aviso, el cuadri le envió tres recados en los primeros pases. Hasta que uno de los leñazos le arrancó la muleta de las manos. Intentó tragar de nuevo, y otro violento desarme sucedió. Apretó desde entonces los dientes y los machos que se anudan a la boca del estómago, y que fuese lo que Dios quisiera. Con tan poca técnica, el milagro de salir por su propio pie de la plaza no se puede explicar más que por la intervención de los ángeles que patrullan los ruedos de Iberia, ángeles que torearon los negros cuervos que revoloteaban sobre los toreros. Díaz se anotó dos oportunísimos quites a la salida de sendos pares de los subalternos en el segundo y quinto toro. Al que estrenó su lote, un marrajo sin ni siquiera fuerza, lo pasaportó con una puñalada que evitó más pinchazos. No se merecía otra muerte.

La espada también fue la cruz de Sergio Aguilar. Cuesta entender que después de estar valiente en los medios con las dos prendas de su sorteo, encarase tan periféricamente el volapié. En su haber figura la voluntad de irse con ambos toros a los medios. Al manso tercero, que hoyó repetidas veces el albero, pésimamente lidiado para más inri, le presentaba una y otra vez la izquierda, y siempre acababa el pase en la misma tónica, con el toro con la cara alta y la tela tropezada. Otra vez sobre la boca de riego en el sexto, otra vez citando al miedo. Coladas y «mascás»: el cuadri quería herir hasta con los cuartos traseros, con todo. Unas chicuelinas atomasadas en un quite al quinto abrieron una ventana de oxígeno artístico. Aunque el arte abandonó la Maestranza molido a palos por las abruptas bestias onubenses, más necesitadas de técnica que de pellizcos, pero técnica para sobrevivir, técnica decimonónica.

La música sólo sonó ayer para el paseíllo y para la arriesgada exposición de Sole Castro con las banderillas. Buen primer par y apurado y fallido el siguiente, con una banderilla en el morrillo y otra en el suelo. Así que la banda del maestro Tejera todavía se podía haber ahorrado trabajo.


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Parte de guerra: sin bajas en el frente

Alguien tendrá que hacer algo en La Maestranza, tan amante del silencio ritual, para evitar la desbandada de los tendidos mientras el último matador se la juega ante el toro: la huida, una falta de ética y de estética. Y en tardes procelosas como la de ayer, peor. Lo más torero de ayer en Sevilla, a salvo del heroismo de los matadores, fue la presentación, en la Caja Rural de Andalucía, del Anuario de la Asociación de Críticos Independientes; siete cronistas andaluces y el capitán que los manda: Carlos Crivell. A ver qué dice el próximo Anuario del mal sueño de los toros de Cuadri.

Esperábamos la renovación del milagro, aquel milagro inesperado de Curro Díaz que el año pasado incendió Las Ventas con un resplandor imprevisto; fue un fogonazo en penumbra, una penumbra llena de esa luz especial que es el ámbito donde se producen las revelaciones.Ayer, nada de nada, salvo la decisión diamantina de jugarse la cornada. No se puede invocar la luz cuando los toros llevan dentro la oscuridad de las cavernas; el sonido bronco de la prehistoria en la que todo era instinto primario. Los toros de Fernando Cuadri, malos sin artificio ni remisión: mansedumbre en estado puro.

A no ser que se tomara como indicios irrefutables la costalada que le pegó al picador, nadie pudo ver algo que justificara el brindis al público de Leandro Marcos. Pocas virtudes atesoraba el cuadri. Más que ver virtudes en el cuadri, el torero de Valladolid debió de suponerlas. Las supuso y las exprimió en la medida en que podía exprimirse aquel limón amargo que era el toro; una estupenda tanda de derechazos, algún muletazo suelto. Y al final del pase, el bicho le ponía los cuernos en el corbatín y se revolvía. Peor fue lo del quinto, que le pegó a Leandro una voltereta espeluznante y, entre derrotes y pisotones, le dio una paliza imponente. Todos los cuadri se revolvían a mitad del muletazo y, al final, oscuridad y silencio. Tres toreros con arte y con valor, estrellados contra la bronquedad de seis toros ilidiables.

Los toros de Cuadri empezaban a pesar como una pesadilla amenazante; a las siete y diez de la tarde habían salido dos toros, dos bostezos inmisericordes, dos amenazas sordas, dos mansedumbres armadas de puñales. Y eso que los cuartos traseros eran pura ruina. Hay momentos en que se perciben la desesperación y el peligro inminente; no es un don ni una profecía, es un presentimiento delicadísimo que avisa: prepárense ustedes para el desastre, las luces del conocimiento y las luminarias del júbilo están veladas esta tarde.Maldito presentimiento.

Peligro constante

Salió el tercero y aún era peor, un toro siniestro y casi 600 kilos de carne de matadero. Toro áspero que más que embestir topaba, se paraba, se distraía. Pareció que iba a romper en los primeros muletazos de Sergio Aguilar, valiente y seguro: vana ilusión. Había en el animal un espíritu solidario con sus infames compañeros de camada, un espíritu de clase inconmovible y resabiado.A las 7.30 de la tarde, tres toros como tres truenos redondos, inmensos y retumbantes. Y un único relámpago, a las 7.33: un derrote seco y rastrero dirigido a la pierna de Sergio Aguilar que se salvó de milagro, es decir por azar. Porque Sergio Aguilar ni estaba apercibido para librarse de la agresión, ni el milagro existe en toros: existe la revelación con apariencia de misterio que es a lo que llamamos milagro. Y existe, sobre todo, el azar benévolo o maldito.

Si nos decidimos a usar términos tan abstractos y metafísicos, lo verdaderamente milagroso es que Curro Díaz no se llevara la cornada. En los momentos más apacibles, el toro de Cuadri, avisado y maligno, se tragaba el primer muletazo; al segundo, amagaba la cornada y entre el segundo y el tercero tiraba el tornillazo asesino. Loor a un torero valiente, un torero de verdad, que el año pasado dibujó los más gloriosos naturales de San Isidro y que ayer lo estrellaron contra una corrida infumable. Sólo por el seco valor que demostró, un valor sin fisuras, Curro Díaz merece otra oportunidad. Y muchas oportunidades. Y un desagravio.Y también a Leandro Marcos se le debe una reparación y a Sergio Aguilar. Los dos últimos toros fueron, si cabe, peores todavía.Cada clarinazo anunciando el cambio de tercio, era como un toque a degüello. Borrón de Fernando Cuadri que tendrá que limpiar pronto de su divisa.


Siglo XXI. IGNACIO DE COSSIO Moruchada de matadero 

La bonita corrida de Cuadri no pasó del escaparate. ¡Qué petardo de corrida! Ni la disposición y la decisión de un Curro Díaz con el peor lote de la tarde, levantaron nuestro sopor. El primer Barrabás no aceptó ni un pase y el segundo, pese al buen par de Alberto Solé, jamás cedió terreno por el pitón derecho. ¡Vaya corrida mirona y probona, parecía conocer el escenario del drama! 


Con Leandro Marcos llegó incluso el susto de la cogida en el quinto malo. Y eso que le tocó lo mejor del encierro onubense. El segundo medio se dejó y Marcos le receta un comienzo muy torero a base de trincherazos apaulados combinados con largos de pecho y poco más. Pese a la debacle ganadera Leandro le costó echarle la muleta al hocico y bajar más la mano para torear de uno en uno.

Falto de valor también estuvo un frío y soso Sergio Aguilar, sombra de lo que fue el pasado año en este mismo coso ayer convertido en improvisado matadero. ¿Dónde estuvo la nobleza, la calidad y el motor? Esta seguro que gusta en el 7 y la tachan de interesante.

 

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