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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del miércoles, 6 de abril de 2005
Corrida de Toros

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Herederos
de Celestino Cuadri.
Bien presentados. Díficiles y complicados para la lidia. Broncos y
parados. Con peligro. El 1º fue pitado en el arrastre. Los mejores, 2º y 5º.
Diestros:
- Curro Díaz.
Dos pinchazos que escupe, golletazo (silencio); dos pinchazos que
escupe, estocada tendida (aplausos).
- Leandro Marcos.
Pinchazo sin soltar, estocada caída y atravesada (silencio); pinchazo
que escupe, pinchazo sin soltar, estocada tendida, aviso, cinco
descabellos (silencio).
- Sergio
Aguilar. Dos pinchazos que escupe, meteysaca, media estocada, tres
descabellos (silencio); cuatro pinchazos, descabello (silencio).
Incidencias: Leandro Marcos sufrió una voltereta sin
consecuencias en su primero.
Banderillero que saludó: Alberto Solé, de la cuadrilla de
Curro Díaz, en el 4º (música).
  
Las imágenes del festejo
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
ABC, El País, El
Mundo, Diario de Sevilla, Siglo
XXI.
Crónicas de Festejo
El
País. ANTONIO
LORCA. Ilusiones vanas
En la corrida de Cuadri estaba depositada toda la confianza, y toda
ella se desvaneció. No rompió ningún toro; sólo se rompieron las
ilusiones después de un comienzo de feria con pinceladas para el
recuerdo. Será que no puede ser verdad tanta dicha, y, tras la
exquisitez, llegó el sopor acompañado de la desesperanza y la decadencia
del toro bravo.
Pero tampoco rompieron los toreros, que quede constancia de ello. De
tres hombres jóvenes que buscan la gloria, con pocos contratos en la
agenda, quizá se deba esperar una actitud de más entrega y de menos
tristeza. Lo cierto es que, por unos y otros, la esperanza se desvaneció,
aunque siempre quedará la duda de lo que hubiera ocurrido con toreros más
dispuestos y más decididos al triunfo, con otro sentido de la colocación
y las distancias.
Guapos, eso sí, algunos excesivamente gordos, los toros de Cuadri
salieron al ruedo amodorrados y amorfos, medio inválidos. Todos se
frenaron en los capotes y ninguno tuvo una embestida franca y larga. Todos
mansearon en los caballos, salieron sueltos o se repucharon en cuanto
sintieron el castigo. Ninguno hizo honor al prestigio de la divisa. Se
pararon y esperaron en banderillas y llegaron a la muleta sin fuelle, sin
recorrido ni codicia.
Curro Díaz se presentaba en la Maestranza después de casi ocho años
de alternativa, y quedó inédito por las malas condiciones de su lote y
su propia inexperiencia. Su primero se defendía a cabezazos y no permitió
un pase. El segundo, sin embargo, lo dejó en evidencia. Le quiso quitar
la muleta y desarrolló sentido, pero el torero se colocó mal, se quedó
al descubierto y demostró que esa difícil empresa le venía un poco
grande. La verdad es que Curro, fino y elegante según se vio en el pasado
San Isidro, no es torero para este tipo de guerra.
También lo intentó a su manera Leandro Marcos -concepción fina y de
buena factura-, pero tampoco consiguió el triunfo deseado. Precavido ante
su primero, sin confianza ni en el sitio adecuado, tampoco remontó el
vuelo en el quinto, con recorrido en las primeras embestidas, en el que se
ganó una espeluznante voltereta sin consecuencias y lo mató muy mal.
Valiente es Aguilar, pero torero moderno, también. No se lo pusieron fácil
ni demostró nada.
El momento emocionante de la tarde lo protagonizó Alberto M. Sole
Castro, de la cuadrilla de Curro Díaz, que colocó un magnífico par de
banderillas al cuarto de la tarde. Y pare de contar.
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Infumable corrida de
Cuadri
Todo indicaba, pues, una tarde importante. Y, sin embargo acabó en bostezos. Los toros de Cuadri se encargaron de ello. Toros ayunos de casta, violentos, reservones, distraídos, mirones. Toros no aptos para toreros como los de hoy, y sí para lidiadores como los de antes. Los toros llegados de Trigueros lucieron además feas hechuras. Grandullones, algunos con exageradas defensas, cinqueños y con muchos kilos. Si además la lidia que hoy se le da a este tipo de toros no es la adecuada, se pican mal y se banderillean a la defensiva, ya se sabe lo que uno quiere: que el tiempo pase de prisa y aquello termine pronto sin que nadie tenga que pasar a manos de los galenos. Porque como alguien alguna vez dijo “lo más importante que ocurre es nada”.
Es cierto, no resulta justo que toreros de este corte, de pellizco y de improvisación, de temple y finas maneras, se enfrenten con este tipo de toros. Se estrellan en la impotencia, además del banal intento y el demostrado esfuerzo. Por paradójico que parezca, cuando esto ocurre, no solo falla el toro, sino también curiosamente el torero.
Fue encomiable el esfuerzo de Curro Díaz para meter en el engaño la incierta y complicada embestida del manso primero. Ni con la derecha ni con la izquierda. Las tremendas tarascadas del cuadri con la cara por las nubes, hizo desistir al diestro de Linares. El cuarto buscaba al torero de mala manera. Sin aparente recorrido, esperaba paciente para después atacar a su presa. Curro Díaz quiso intentar el pase muy dispuesto. Incluso lo dibujó con la izquierda, aguantando el peligroso parón, para enlazar después con el de pecho. A ambos los mató mal.
El precioso estilo en el trazo del muletazo, es uno de los encantos del toreo de Leandro Marcos, pero el vallisoletano no ha podido esta tarde demostrar su capacidad creadora, ni capaz de trazar sus improvisados y diferentes pases. El segundo, violento y a la defensiva, lo intentó someter en los inicios de faena con mandones muletazos. Intentos de agradar con la izquierda, pero sin posibilidad de conseguirlo. Con el quinto enseguida se echó el engaño a la izquierda y citó presto en los medios en un afán por conseguir el natural. Sólo pudo esbozar el primero, al intento del segundo, el peligroso cuadri se lo echó a los lomos de mala manera y lo buscó abajo sin mayores consecuencias. Y poco más. Con la espada no estuvo bien.
Tampoco reveló todo el atractivo de su toreo Sergio Aguilar. El manso tercero se paró a la mitad del primer muletazo. Allá que se fue a los medios en busca del deseado triunfo. Todo fue en vano. Aislados pases con la izquierda y a matar. Peores ideas traía el sexto. Se giraba sólo para buscar las piernas del madrileño. También quiso dibujar el ajustado natural, pero sólo pudo esquivar las asesinas coladas del serio toro. Todo un “tío”.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Infumables 'cuadris'
rompen la buena racha de preferia
El personal entró con una sonrisa de oreja a oreja. No era para
menos. Desde el Domingo de Resurrección al día de ayer todas,
absolutamente todas las tardes, había disfrutado de cosas importante.
Cuando no un gran toro, llegaba una gran faena. O bien ambas cosas. El
caso es que los resultados eran maravillosos. Incluso la temperatura había
sido ideal. Ayer, al ocupar el tendido, primer mosqueo de los vecinos de
localidad por cierto bochorno y por el exceso de kilos de algunos cuadris.
El caso es que los toros de la ganadería onubense, bien presentados y que
tenían caja suficiente para su volumen, no dieron la talla. Exceso de
mansedumbre. Complicaciones a raudales. Vamos, precisaban lidia a la vieja
usanza, que no la hubo. Pero también hay que reconocer las deficiencias
en los tres tercios durante sus lidias, tanto por parte de los matadores
como de sus cuadrillas. La mayoría de subalternos no tuvieron su día. La
brega fue casi siempre nefasta. Hubo puyazos malos, malísimos
–traseros, caídos...–. Y en banderillas las pasadas en falso fueron
moneda corriente; cuando no algún palo casi en el cuello o algunos otros
rehiletes muy traseros e incluso en alguna ocasión se sembró el ruedo de
banderillas, como sucedió en el quinto toro. ¡Qué horror! Pero lo más
horroroso es que el personal aplaudía a rabiar la mansedumbre. Increíblemente,
en el arrastre se ovacionó al cuarto y se aplaudió al quinto y también
levemente al segundo. Y en otros muchos lances de la lidia confundía la
velocidad con el tocino. Hasta el punto de que en el cuarto toro, después
de una ovación a Alberto Sole por un par con agallas, de órdago, el público
se volvió loco con otra ovación mayor cuando el torero prendió otro par
del que cayó además una banderilla. La música estalló. Hubo muchos más
detalles de empanada mental. Pero que nadie se engañe. La cosa está así.
No hay que darle más vueltas al asunto. Hoy en día, el aficionado, como
el lince ibérico, está en extinción.
La corrida de Cuadri decepcionó prácticamente en su totalidad. La
terna tampoco levantó cabeza ante los problemas que se planteaban. Al
menos, ninguno brilló en la lidia y para colmo tampoco estuvieron finos
con los aceros.
Curro Díaz, cuando comprobó las dificultades del que abrió plaza,
tiró por la calle de en medio. Sin embargo, hizo frente al peligroso
cuarto con mucha firmeza.
Leandro Marcos anduvo entre dos aguas. O mejor dicho, casi se ahoga con
el lote menos malo. Hubo arrojo en el inicio de su faena al segundo.
Luego, estudio del toro, al que le costaba un mundo embestir. A veces, se
quedaba corto; otras, se revolvía con prontitud. Y el torero pasó
desapercibido en su labor.
Con el quinto, un torazo de 618 kilos, pero bien conformado, el menos
malo, Marcos pasó muchos apuros y se libró de la enfermería por los
pelos. Después de una tanda por el pitón izquierdo, por el que sólo
tragaba en los dos primeros pases, el diestro se pasó la muleta a la mano
derecha. En el primer cite, el astado, que cazaba moscas, le enganchó de
fea manera. A partir de ahí, no hubo más.
Sergio Aguilar fue una sombra del torero que vimos aquí el año
pasado. En los medios, aunque se cruzaba, los pases afloraban de uno en
uno, mientras el tiempo se eternizaba. Con el que cerró plaza –el de
mayor peso del encierro: 636 kilos–, que se quedaba corto, no consiguió
ligar dos pases seguidos con brillantez. Terminó con un arrimón sin
fruto alguno.
Muchos espectadores, aburridos, desesperados, se marcharon antes de que
se arrastrara al último toro de Cuadri, que envió un encierro que resultó
infumable y rompió con la buena racha que habíamos vivido hasta el
momento en la preferia.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA.
La negra condición de los cuadri
Los toros de Cuadri, negros zainos, negros de cuerna, negros de alma,
mansedumbre negra, desprendían una luz oscura y tenebrosa. Kilos y kilos de
negras intenciones: el terror. Mal rato para la terna, trago de ricino en
grandes dosis, tan grande como sus enemigos, hondos como minas de carbón. Qué
lejos de aquellos dos toros que el pasado y marchito abril metieron la cara con
dulzura en la muleta de Leandro Marcos; qué lejano aquél que el último mayo
propició que Curro Díaz crease el más bello principio de faena de toda la
feria isidril. Lo de ayer es un bombazo al prestigio de Fernando Cuadri, una
carga de titadine, descastamiento y goma 2.
Desde que tomaban el capote de salida, los cuadri se quedaban por debajo, sin
tranco, sin galope, con listeza aguda, con sentido grave. El único que sirvió
un poquito -aunque los inmensos cuadri no admiten diminutivos- fue el segundo
por el pitón izquierdo, pero siempre exigente. Le costaba repetir la embestida
y a Leandro Marcos, ponerse en el sitio donde repiten los toros. Nada fácil. La
composición de la figura del acelerado principio de faena dio paso a unas
series por la derecha en las que el morlaco humillaba nada. O menos que por el
pitón contrario. Algunos naturales se liberaron de la negrura de la tarde.
En el quinto, que portaba una badana como un luctuoso telón, no se escapó de
una voltereta de altura. Afortunadamente el arreón traicionero no se convirtió
en cornada y sólo se rompió la seda del vestido. Marcos hizo de tripas corazón
para seguir ahí y justificarse a contraestilo de su concepto.
La estética acabó triturada. La del pucelano y la de Curro Díaz, que soportó,
con las únicas armas de la quietud y una pequeña muleta, todas las veces que
se le vencía la mole de carne del cuarto. De aviso, el cuadri le envió tres
recados en los primeros pases. Hasta que uno de los leñazos le arrancó la
muleta de las manos. Intentó tragar de nuevo, y otro violento desarme sucedió.
Apretó desde entonces los dientes y los machos que se anudan a la boca del estómago,
y que fuese lo que Dios quisiera. Con tan poca técnica, el milagro de salir por
su propio pie de la plaza no se puede explicar más que por la intervención de
los ángeles que patrullan los ruedos de Iberia, ángeles que torearon los
negros cuervos que revoloteaban sobre los toreros. Díaz se anotó dos oportunísimos
quites a la salida de sendos pares de los subalternos en el segundo y quinto
toro. Al que estrenó su lote, un marrajo sin ni siquiera fuerza, lo pasaportó
con una puñalada que evitó más pinchazos. No se merecía otra muerte.
La espada también fue la cruz de Sergio Aguilar. Cuesta entender que después
de estar valiente en los medios con las dos prendas de su sorteo, encarase tan
periféricamente el volapié. En su haber figura la voluntad de irse con ambos
toros a los medios. Al manso tercero, que hoyó repetidas veces el albero, pésimamente
lidiado para más inri, le presentaba una y otra vez la izquierda, y siempre
acababa el pase en la misma tónica, con el toro con la cara alta y la tela
tropezada. Otra vez sobre la boca de riego en el sexto, otra vez citando al
miedo. Coladas y «mascás»: el cuadri quería herir hasta con los cuartos
traseros, con todo. Unas chicuelinas atomasadas en un quite al quinto abrieron
una ventana de oxígeno artístico. Aunque el arte abandonó la Maestranza
molido a palos por las abruptas bestias onubenses, más necesitadas de técnica
que de pellizcos, pero técnica para sobrevivir, técnica decimonónica.
La música sólo sonó ayer para el paseíllo y para la arriesgada exposición
de Sole Castro con las banderillas. Buen primer par y apurado y fallido el
siguiente, con una banderilla en el morrillo y otra en el suelo. Así que la
banda del maestro Tejera todavía se podía haber ahorrado trabajo.
El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Parte de guerra:
sin bajas en el frente
Alguien tendrá que hacer algo en La Maestranza, tan amante del
silencio ritual, para evitar la desbandada de los tendidos mientras el último
matador se la juega ante el toro: la huida, una falta de ética y de estética.
Y en tardes procelosas como la de ayer, peor. Lo más torero de ayer en
Sevilla, a salvo del heroismo de los matadores, fue la presentación, en
la Caja Rural de Andalucía, del Anuario de la Asociación de Críticos
Independientes; siete cronistas andaluces y el capitán que los manda:
Carlos Crivell. A ver qué dice el próximo Anuario del mal sueño de los
toros de Cuadri.
Esperábamos la renovación del milagro, aquel milagro inesperado de
Curro Díaz que el año pasado incendió Las Ventas con un resplandor
imprevisto; fue un fogonazo en penumbra, una penumbra llena de esa luz
especial que es el ámbito donde se producen las revelaciones.Ayer, nada
de nada, salvo la decisión diamantina de jugarse la cornada. No se puede
invocar la luz cuando los toros llevan dentro la oscuridad de las
cavernas; el sonido bronco de la prehistoria en la que todo era instinto
primario. Los toros de Fernando Cuadri, malos sin artificio ni remisión:
mansedumbre en estado puro.
A no ser que se tomara como indicios irrefutables la costalada que le
pegó al picador, nadie pudo ver algo que justificara el brindis al público
de Leandro Marcos. Pocas virtudes atesoraba el cuadri. Más que ver
virtudes en el cuadri, el torero de Valladolid debió de suponerlas. Las
supuso y las exprimió en la medida en que podía exprimirse aquel limón
amargo que era el toro; una estupenda tanda de derechazos, algún muletazo
suelto. Y al final del pase, el bicho le ponía los cuernos en el corbatín
y se revolvía. Peor fue lo del quinto, que le pegó a Leandro una
voltereta espeluznante y, entre derrotes y pisotones, le dio una paliza
imponente. Todos los cuadri se revolvían a mitad del muletazo y, al
final, oscuridad y silencio. Tres toreros con arte y con valor,
estrellados contra la bronquedad de seis toros ilidiables.
Los toros de Cuadri empezaban a pesar como una pesadilla amenazante; a
las siete y diez de la tarde habían salido dos toros, dos bostezos
inmisericordes, dos amenazas sordas, dos mansedumbres armadas de puñales.
Y eso que los cuartos traseros eran pura ruina. Hay momentos en que se
perciben la desesperación y el peligro inminente; no es un don ni una
profecía, es un presentimiento delicadísimo que avisa: prepárense
ustedes para el desastre, las luces del conocimiento y las luminarias del
júbilo están veladas esta tarde.Maldito presentimiento.
Peligro constante
Salió el tercero y aún era peor, un toro siniestro y casi 600
kilos de carne de matadero. Toro áspero que más que embestir topaba, se
paraba, se distraía. Pareció que iba a romper en los primeros muletazos
de Sergio Aguilar, valiente y seguro: vana ilusión. Había en el animal
un espíritu solidario con sus infames compañeros de camada, un espíritu
de clase inconmovible y resabiado.A las 7.30 de la tarde, tres toros como
tres truenos redondos, inmensos y retumbantes. Y un único relámpago, a
las 7.33: un derrote seco y rastrero dirigido a la pierna de Sergio
Aguilar que se salvó de milagro, es decir por azar. Porque Sergio Aguilar
ni estaba apercibido para librarse de la agresión, ni el milagro existe
en toros: existe la revelación con apariencia de misterio que es a lo que
llamamos milagro. Y existe, sobre todo, el azar benévolo o maldito.
Si nos decidimos a usar términos tan abstractos y metafísicos, lo
verdaderamente milagroso es que Curro Díaz no se llevara la cornada. En
los momentos más apacibles, el toro de Cuadri, avisado y maligno, se
tragaba el primer muletazo; al segundo, amagaba la cornada y entre el
segundo y el tercero tiraba el tornillazo asesino. Loor a un torero
valiente, un torero de verdad, que el año pasado dibujó los más
gloriosos naturales de San Isidro y que ayer lo estrellaron contra una
corrida infumable. Sólo por el seco valor que demostró, un valor sin
fisuras, Curro Díaz merece otra oportunidad. Y muchas oportunidades. Y un
desagravio.Y también a Leandro Marcos se le debe una reparación y a
Sergio Aguilar. Los dos últimos toros fueron, si cabe, peores todavía.Cada
clarinazo anunciando el cambio de tercio, era como un toque a degüello.
Borrón de Fernando Cuadri que tendrá que limpiar pronto de su divisa.
Siglo
XXI. IGNACIO
DE COSSIO. Moruchada de matadero
La bonita corrida de Cuadri no pasó del escaparate. ¡Qué petardo de corrida! Ni la disposición y la decisión de un Curro Díaz con el peor lote de la tarde, levantaron nuestro sopor. El primer Barrabás no aceptó ni un pase y el segundo, pese al buen par de Alberto Solé, jamás cedió terreno por el pitón derecho. ¡Vaya corrida mirona y
probona, parecía conocer el escenario del drama!
Con Leandro Marcos llegó incluso el susto de la cogida en el quinto malo. Y eso que le tocó lo mejor del encierro onubense. El segundo medio se dejó y Marcos le receta un comienzo muy torero a base de trincherazos apaulados combinados con largos de pecho y poco más. Pese a la debacle ganadera Leandro le costó echarle la muleta al hocico y bajar más la mano para torear de uno en uno.
Falto de valor también estuvo un frío y soso Sergio Aguilar, sombra de lo que fue el pasado año en este mismo coso ayer convertido en improvisado matadero. ¿Dónde estuvo la nobleza, la calidad y el motor? Esta seguro que gusta en el 7 y la tachan de interesante.
Otros
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