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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del domingo, 5 de junio de 2005
Novillada con caballos
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Cinco novillos de
Montealto (bien presentados
y juego desigual) y un sobrero (6º) de
Conde de la Maza (manso y
deslucido).
Diestros:
- Manuel
Carbonell. Cuatro pinchazos y media estocada
(silencio); pinchazo, casi entera caída y seis descabellos (silencio tras aviso).
- Andrés
Palacios. Estocada contraria (silencio); casi entera (silencio).
- Fernando López Currito, se presenta en
plaza. Pinchazo, estocada tendida y descabello (vuelta al
ruedo); dos pinchazos y estocada caída (silencio).
Presidente: Juan
Murillo.
Banderillero que saludó: Julio Campano, en el 2º , de la
cuadrilla de Andrés Palacios y Roque Vega, en el 4º, de la cuadrilla
de Manuel Carbonell.
Tiempo: tarde calurosa.
Entrada:
más de media entrada.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino, ABC,
Diario
de Sevilla,
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Poco toreo y… mucho calor.
La alta temperatura se sufrió en los tendidos. Abajo, en el ruedo, frío. Frío inmenso en un escalón, el de novilleros, que parece no tener a nadie que haga subir los grados del interés. Poco, muy poco toreo y… eso sí, mucha calor. Insoportable tarde de toros. Sopor en la Maestranza durante las más de dos horas que duró el espectáculo. Sólo el debutante Currito, con toda la ingenuidad del que empieza, logró en ocasiones con un toreo encantador librarnos del bostezo.
Fernando López “Currito” realiza un toreo con una ejemplar transparencia y un notable interés emocional. El trazo del muletazo es elegante y rítmico. Su sensibilidad quedó demostrada en las tandas con la diestra al tercer novillo, un ejemplar noble y de escasas fuerzas que le permitió, antes, torear con gusto con la capa
proporcionando el mayor disfrute de la gente en la aburrida tarde. El cordobés gustó más con la derecha que con la izquierda. Aunque el trazo del natural fue sugerente sólo tuvo un relativo interés para los más exigentes. No acertó con la espada, pero le obligaron a dar una vuelta al ruedo con prisas. Con el manso y complicado sexto, de los Herederos del Conde de la Maza, lidiado como sobrero, desistió tras vanos intentos por agradar.
Fue lo único. Porque la novillada de Montealto se paró sin casta y sin fuerza. Y el que la tuvo, el segundo, se lo llevaron arrastras al desolladero sin que Andrés Palacios le pudiera con capa y muleta.
Transmitía emoción el novillo y no lo hacía el novillero. Así es esto. Palacios sólo dibujó sueltos derechazos de buen gusto con estilismo y maneras de artista, pero su pretendido toreo se diluyó en un querer y no poder. Con el quinto, paradito y noble, como gustan, destacó en una única tanda con la derecha. Cuando intentó la segunda el novillo ya no pasó. Con la espada sacó buena nota.
Quien no termina de limar sus formas es Manuel Carbonell. El algabeño agota oportunidades sin aprovecharlas como debiera. Sigue en su afán de abrirse camino en esto sea como sea. Demasiada voluntad para tan poca fortuna. Quiso agradar, nadie lo duda, expuso a su manera, pero su toreo no llega, ni con la capa, ni con la muleta. Al primero tras vanos intentos poco le pudo hacer. Con el cuarto quiso demostrar sus ansias de triunfo, sin embargo, agotó turno con un trasteo abstracto y decadente.
ABC.
FERNANDO
CARRASCO. Vuelta para Currito en medio del fiasco.
Otro fiasco de novillada. Y van... sin duda alguna, los festejos menores del abono no han seguido la línea triunfal de la pasada Feria de Abril y tan sólo en contadas ocasiones se ha podido disfrutar: unas veces porque los novilleros no estuvieron a la altura de los novillos y otras por justo lo contrario. Ayer fue ése el caso. La novillada de Montealto se dejó en el campo la raza y la acometividad y trajo sosería, mansedumbre en el tercio final y falta de casta. Tan sólo el que hizo tercero tuvo un mejor son y fue con el que el debutante Fernando López «Currito» dejó lo más destacado de la tarde.
Abría plaza el algabeño Manuel Carbonell, que anduvo vulgar y espeso con su lotes. Dos faroles de rodillas prologaron un toreo de capa insulso. Este primer novillo fue un auténtico marmolillo que sólo se desplazó en el inicio de trasteo. Ahí se acabó. Carbonell se puso una y vez sin conseguir nada.
El cuarto era soso para reventar aunque iba y venía. Pero esa sosería se la contagió al torero, que dio infinidad de pases que no conducían a nada. Vulgar en su
quehacer, la faena tuvo escaso relieve. Alargó su labor con unas postreras
manoletinas intentando subir el listón que, desgraciadamente, no era muy alto. A ambos los despenó con más pena que gloria, escuchando un aviso en el segundo.
Oficio tiene el albaceteño Andrés Palacios. Y buen porte también. Pero si material es complicado poder sacar provecho. Suelto salió del caballo el segundo, primero de su lote. Comenzó la faena con unos estatuarios pero el susto por una colada espeluznante por el pitón derecho. No fue la única, ya que el de Montealto se vencía una enormidad. Consiguió Palacios medio llevarlo al natural aunque sabía siempre el burel lo que se dejaba detrás. Cuando tomó la muleta con la diestra el peligro fue a más. Para colmo se rajó el astado y todo esfuerzo resultó baldío.
Detalles con el capote pudieron verse ante el quinto, que se arrancó de largo en el primer puyazo y que apretó en banderillas. Un poco tardo al principio de faena, se tragó una primera serie diestra en la que hubo ligazón y mando. Volvió a insistir Palacios sobre esa mano y ya le costó más trabajo repetir al novillo, que se fue apagando a medida que transcurría la faena, acortando embestidas y quedándose debajo del chaval. Mató pronto, como a su primero, pero el silencio presidió sus dos actuaciones.
Entonado
Se presentaba en el coso del Baratillo el cordobés Fernando López «Currito», un chaval menudo que tiene buena concepción del toreo. Se llevó el único novillo potable del encierro, el tercero, al que le recetó buenas verónicas y varias medias muy ajustadas. Comenzó la faena doblándose con torería y buen gusto para luego correr la mano con temple. Busca la ligazón y se queda quieto. Sin embargo, pecó de torear algo despegado al natural y de echar hacia afuera las embestidas, algo que queda muy feo. Tiene recursos el del Fernán Núñez y sabe salir con torería y pinturería de la cara de su enemigo. Destellos que agradaron al personal, que no puso reparos a la vuelta al ruedo a pesar del fallo a espadas.
Casi se desnuca el sexto en el burladero del 7. No sucedió pero quedó totalmente mermado. Vuelta a los corrales -ayer el número de los cabestros, con el calor que hacía, se hizo insoportable- para que saliera un astifino novillo -520 kilos-del Conde de la Maza que tuvo guasa para dar y regalar. Recortaba y apretaba cuando el chaval le ponía la muleta. Buscaba hacer presa el animal. No se complicó la vida Currito, que estuvo sólo lo justo en la cara del condeso para despacharlo lo más rápidamente posible. En fin, otro fiasco más.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Soltura de Currito y buenas maneras de Andrés Palacios.
El cemento de la Maestranza hervía a las siete y media de la tarde, cuando el sevillano Manuel Carbonell, el madrileño Andrés Palacios y el cordobés Fernando López Currito rompieron el paseíllo. Pese a la fogata de la tarde y una legión de mosquitos que se hizo fuerte en los tendidos, el público respondió y llenó casi en su totalidad las localidades de sombra. ¡A ver quien era el valiente de sentarse ayer al sol!...
El público vibró poco en lo acontecido durante un espectáculo que alcanzó las dos horas y media. En buena medida porque la novillada de Montealto dio un juego pobre en su conjunto. Destacó el debutante Currito, que llegó con facilidad al público por su soltura y también manejó bien las telas Andrés Palacios, que lanceó con gusto al quinto, con el que desgranó algunos buenos muletazos.
Currito recibió con buen son, a la verónica, a ese tercer astado. En la muleta, tras un comienzo muy torero, con doblones y un cambio de mano, realizó una faena por ambos pitones en la que destacaron algunos muletazos muy largos por el pitón
derecho, pero en la que faltó algo más de profundidad. Llegó con facilidad al tendido, con un gran número de partidarios que le corearon lo que realizó. Tras un pinchazo, una estocada y un descabello, la vuelta al ruedo que dio fue excesiva para las exigencias de una plaza de la categoría de la Maestranza. El sexto, tras estrellarse de salida en los burladeros en un par de ocasiones, quedó casi inutilizado. Fue sustituido por un sobrero de Conde de la Maza, con cuajo de toro, mansísimo. Currito no se dio coba y lo despachó tras un breve trasteo.
Manuel Carbonell saludó al que abrió plaza con un par de faroles. Con la muleta, misión imposible ante un novillo manso, que se quedó más parado que el caballo de un retratista. El algabeño, ante el manejable cuarto, de corto recorrido, realizó una labor voluntariosa, que abrió con un par de falleros, continuó con constantes cambios de terreno y cerró con unas manoletinas. Como en su primer astado, estuvo desacertado en la suerte suprema.
Andrés Palacios tuvo un hueso duro que roer en primer lugar y consiguió algunos destellos artísticos de altura con el quinto. Con el segundo, mansote, complicado, que estuvo a punto de cogerle en unos estatuarios iniciales, que cabeceaba en exceso, se esforzó en un trasteo meritorio. En el otro, manejable, que acabó rajado, consiguió momentos muy bellos, como en un par de suaves verónicas, en una tanda con la diestra, en la que hubo ligazón, y en un precioso pase de pecho.
Cuando cayó el último novillo, junto a un calor sofocante que no dejó de apretar, la noche comenzaba a emplazarse en Sevilla... Dos horas y media para un espectáculo en el que destacaron la soltura del debutante Currito, que tuvo en suerte el mejor novillo de la tarde y las buenas maneras de Andrés Palacios.
El País. ANTONIO
LORCA. Sorprendió el debutante Currito.
Sorprendió el más joven, el que se presentaba como novillero en la Maestranza, Fernando López Currito, cordobés de Fernán Núñez, que toreaba su quinta novillada con caballos. Y sorprendió quien, por encima de todo, tiene personalidad, hechuras de torero y sentimiento. Lo demostró cuando se abrió de capa para recibir a su primero y lo veroniqueó con las manos muy bajas, gustándose en cada lance, y cerró con una media y una larga muy vistosas. Muleta en mano, comenzó por bajo y, con la rodilla contraria flexionada, dibujó un ayudado larguísimo por el pitón izquierdo y, ya de pie, remató con un recorte que fue en sí mismo un cartel de toros. Toreó, después, por redondos y lo hizo como mandan los cánones: bien colocado, alargando el brazo y rematando los pases en la cintura. El novillo duró muy poco y a la faena le faltó la consistencia que su oponente no tuvo. Pero el toreo dejó una buena carta de presentación.
Le devolvieron el sexto, que quedó conmocionado tras dos topetazos contra los burladeros y, en su lugar, salió un sobrero de 520 kilos del Conde de la Maza. Una auténtica mala suerte porque, como era previsible, fue un manso que huía de su sombra, violento, áspero y deslucido, que echó por tierra todas las aspiraciones del chaval.
Incomprensible la estrecha relación entre la empresa Pagés y esta ganadería, que fracasa año tras año y vuelve cada temporada -está anunciada el próximo domingo- como si no hubiera pasado nada. Una ilusión más perdida a causa del inexplicable empecinamiento de la empresa sevillana con esta ganadería que no ha hecho mérito alguno para lidiar en esta plaza. Lo que pudo ser un triunfo quedó en una profunda decepción que pagó quien menos culpa tiene: un novillero con cualidades, con empaque y personalidad.
Tampoco le faltan condiciones a su compañero Andrés Palacios, pero tuvo peor suerte. Para él fueron los dos novilleros menos lucidos. El primero embestía con la cara alta y con un molesto cabeceo, que hizo muy difícil el lucimiento del torero. El otro, rajado y parado, se negó a embestir. No obstante, Palacios tiene maneras y sello de torero artista, Toreó muy bien a la verónica y no se desesperó ante la impotencia de su lote.
En primer lugar actuó Manuel Carbonell, un joven ya mayor y novillero veterano, próximo a la alternativa. No le faltó voluntad, lo intentó una y otra vez, pero no dijo nunca nada. Torea muy despegado, con la muleta retrasada y el cuerpo encorvado, y así no es fácil emocionar. Su primero, muy rajado, era imposible, pero el cuarto se dejó torear y Manuel Carbonell evidenció que alguien puede estar enganándolo.
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