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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del domingo, 1º de mayo de 2005
Novillada con caballos
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos
de Guadaíra.
Bien presentados, con juego. Bravos en el tercio final. Destacaron tercero, cuarto, quinto y sexto.
Diestros:
- Javier
Benjumea. Pinchazo y media perpendicular y caída
(silencio); pinchazo y casi entera caída (silencio).
- Ambel Posada.
Tres pinchazos y estocada (silencio); media muy perpendicular y caída, pinchazo y casi entera (silencio).
- Álvaro Justo.
Estocada muy caída (una oreja); pinchazo y media desprendida (silencio).
Presidente: Juan
Murillo.
Tiempo: tarde de agradable.
Entrada:
más de media entrada.
Crónicas de la prensa: ABC,
Diario de Sevilla.
  
Las imágenes del festejo
ABC.
FERNANDO
CARRASCO. Oreja, en la Maestranza, que no hizo honor a los novillos
Está visto que el toro, el novillo en este caso, encastado y repitiendo, no interesa a los taurinos. Y tampoco a los que se ponen delante de un animal de estas características. Si no, no se entiende que una novillada como la de Guadaira, ayer en la Maestranza, se vaya adentro con las orejas. Sólo se cortó una, algo que no salvó el honor de los novilleros que, por otra parte, son de los llamados punteros, esto es, que torean todas las tardes y están en los mejores carteles. Pero ni por esas. Una pena que salgan novillos bravos, embistiendo, pidiendo que se les ponga la muleta delante y se tire de ellos y, en cambio, nos encontremos con toreros dubitativos y que en cuanto no lo ven claro tiran las tres cartitas. Así de duro pero así de real.
Javier Benjumea, hijo del recordado Pedrín Benjumea, es torero perfilero que le cuesta un mundo adelantar la muelta. Al encastado primero, que le apretó de salida, no supo o no pudo llevarlo nunca. Había que poderle, adelantarle el engaño y llevarlo tapado. No hizo nada de eso el cordobés, que se perdió en una faena en la que abrevió enseguida. El novillo se lo comió literalmente.
Vulgar con el capote en el cuarto, estuvo Benjumea más perfilero que en el anterior. Siempre con la muleta retrasada, toreó muy despegado y dando salida hacia afuera a su oponente, que pasaba una y otra vez. Muchos gritos jaleándose el propio torero. Pero nada destacable. Bueno, sí, que mata rematadamente mal. A ambos los despachó mal que bien.
Ambel Posada no le tomó la distancia al segundo, un astado que se dio dos volteretas al salir del caballo y que sin embargo embistió. Había que darle algo de distancia y, sobre todo, ganarle un pasito entre muletazo y muletazo para así ligar. Sólo consiguió algunos el chaval. Estuvo mejor en lo accesorio que en lo fundamental.
Le dieron estopa de la buena al bravo y franco quinto, un novillo que desarrolló excelentes maneras. Quisieron cargárselo en los montados pero aún así llegó a la muleta repitiendo con bravura. Posada compuso una faena en la que se llevó más tiempo intentando encontrar el sitio que toreando. La colocación no propició la ligazón y abusó de la muleta retrasada.
La única oreja de la tarde la cortó el madrileño Alvaro Justo al tercero de la tarde, un novillo bravo y pronto que enganchó al subalterno Alberto Martínez y a punto estuvo de darle una cornada de caballo. Momentos angustiosos del banderillero en el suelo, donde nadie fue capaz de quitarle el burel del encima. Al final, menos mal, sólo un varetazo corrido en el muslo derecho y en el escroto y contusiones varias, una de ellas en la zona cervicodorsal, pendiente de estudio radiológico.
Justo calentó los tendidos con una faena más pinturera que profunda. Algo aceleradillo, le faltó quietud en el toreo fundamental pero dibujó remates y pases de pecho que llegaron a los tendidos. Estuvo dispuesto y con oficio. Algo es algo. Pero el bajonazo fue feísimo.
Los doblones por bajo al sexto, que repitió, fueron lo mejor de esta faena. Luego, cuando sacó al novillo, que también repetía, fuera de la raya de picadores, no terminó de acoplarse. Dio muchos pases pero dijo poco. Y lo peor, para él, es que el de Guadaira repetía una y otra vez. No se confió y, claro, se le fue viva la ocasión.
Pobre balance, una oreja, para una novillada brava y encastada de Guadaira que no fue aprovechada por quienes están arriba del escalafón.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Guadaira desborda a una terna frágil
La novillada de Guadaira –la ganadería sevillana resuena a río– fue precisamente ayer en la Maestranza eso: un río. Un río de bravura que se desbordó por casta y ahogó los sueños y las ilusiones de una frágil terna de novilleros. Ni siquiera Álvaro Justo, que cortó una oreja benevolente, arropado por una legión de partidarios llegados de Madrid, triunfó. Mucho menos Ambel Posada, que se las vio con un excelente novillo, el quinto, al que quisieron masacrar en varas y que llegó a la muleta con la boca cerrada y una nobleza que no aprovechó su matador. Por su parte, Javier Benjumea dio la impresión de que tampoco estaba preparado para un examen en Sevilla. Difícilmente contarán estos toreros con una oportunidad de estas características en una plaza de primera. Ninguno toreó bien de capa. Y manejando la muleta, en distintos grados, y la espada dejaron mucho que desear.
Javier Benjumea, hijo del inolvidable Pedrín, torero de la década de los sesenta con predicamento de valiente a carta cabal, no dio una a derechas. Con el que abrió plaza, un novillo difícil que acabó dando tornillazos en la muleta, anduvo a la deriva y al filo de la cornada. A su falta de oficio se unió la multitud de capotazos innecesarios que le dio al astado su cuadrilla en la brega. Ante el noble cuarto, Benjumea se perdió en una labor perfilera y con medios pases. Su manera de matar resultó curiosa. Una vez dirigida la espada, antes de meter la mano, realiza un giro sorprendente de muñeca. En cualquier caso, no consiguió eficacia.
Ambel Posada, sobrino del matador Antonio Posada y nieto de Juan Posada, naufragó ante el bravo quinto, después de echar raza ante el segundo. Con su primer oponente, protestón en la muleta, consiguió brillar en un inicio de faena vibrante y en una tanda con la diestra, dando distancia. También descolló en varios pases de pecho. Poco más.
El quinto fue un novillo excepcional. Se arrancó de largo, por su cuenta, al picador, que le quiso machacar en un puyazo larguísimo, haciendo la carioca. El ejemplar de Guadaira, muy bravo, empujó con fuerza y en la pelea el varilarguero llegó, castigándole, hasta los medios, en medio de una bronca fenomenal por parte del público. En el severo segundo puyazo también hubo protestas para el piquero. El toro salió del primer tercio con las carnes abiertas, pero la boca cerrada. Bravura excepcional. Luego, acudió con pies en banderillas. Ambel Posada, en su labor con la franela, cambió constantemente de terrenos. Fuera de cacho y abusando del pico, no dio nunca con la colocación ni la distancia adecuadas. Para colmo, mató muy mal a un novillo que, con una casta extraordinaria, se resistió a morir. Jaleo, que así se llamaba, era para formar un lío, un alboroto, para poner la Maestranza a sus pies. La gran ovación al ejemplar de Guadaira, para el que algunos pidieron la vuelta al ruedo, contrastó con el silencio a Ambel Posada; ese silencio de la Maestranza, que pesa como una enorme losa.
Álvaro Justo, muy arropado por una legión de fieles, no aprovechó su lote. Al tercero le cortó una oreja, después de un feo bajonazo y una faena endeble. En las afueras, únicamente brilló en una tanda con la derecha. La zurda la manejó tan sólo en una tanda aseada. Lo demás fueron detalles, como algún cambio de mano o un par de pases de pecho de bella factura. En este acto el valenciano Alberto Martínez fue cogido de fea manera tras un par de banderillas, en el que apenas cuarteó. Sus compañeros no lograron quitarle al novillo y cuando se levantó, el animal lo empitonó a la altura de los testículos. Sobrevoló la tragedia. Hace precisamente doce años murió corneado en este mismo ruedo su paisano Manuel Montoliú. Afortunadamente, todo quedó en lesiones leves. Justo, al noble y bravo sexto, le recortó los viajes en el comienzo de faena, con doblones innecesarios. En las afueras, con constantes cambios de terreno y pérdida de pasos, se perdió en un mar de muletazos, sin que hubiera unidad de faena.
Los novillos de Guadaria fueron los protagonistas: un río impetuoso de embestidas, de bravura y de casta que desbordó a la terna de novilleros.
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