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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del viernes, 1º de abril de 2005
Novillada con caballos

Foto de Matito. Pulsar para aumentar
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Novillos de Torrealta (bien presentados, nobles, con juego; 4º y 6º los mejores). El 3º fue devuelto a corrales por lesionarse antes de entrar al caballo.

Diestros: 

  • Salvador Cortés, que se despidió de novillero. Estocada (saludos desde el tercio; estocada caída, aviso (silencio).
  • Antonio Chacón. Dos pinchazos, aviso, media, descabello, aviso, cinco descabellos (palmas); pinchazo, estocada baja y caída, descabello (silencio).
  • Alejandro Morilla. Estocada un poco atravesada (oreja); pinchazo, media tendida y trasera, descabello (saludos desde el tercio).

Detalle: Morilla recibió a portagayola a los de su lote. 

PresidenteFrancisco Teja.

 


Las imágenes del festejo


Crónicas de la prensa: PortalTaurino, ABC, El País, Diario de Sevilla


Crónicas de Festejo

PortalTaurinoMANUEL VIERAAlejandro Morilla, juega a ganar y gana

Simplemente esto es así. Quien no arriesga no gana, y ganó el que más arriesgó. Tres veces se fue a portagayola, aguantó impávido la salida del tercero, lanceó vibrante con verdad y buen gusto, y se la jugó en los medios, no sólo con sus novillos, sino con el molesto viento que durante toda la tarde sopló en La Maestranza. En todo momento Alejandro Morilla se mostró como novillero con ansias de triunfo, como debe ser. Con imaginación, con chispa y buen gusto. De todo ello surgió una faena al sobrero lidiado en tercer lugar muy cuidada, razonada, y sobre todo emocionante.

No fue un trasteo modélico, pero sí expresivo, de detalles y buen gusto. Hubo tandas con la derecha que llegaron con autenticidad a los tendidos, y aunque el molesto viento no le dio continuidad al natural, este resultó profundo y largo en ocasiones. La notable ejecución de la estocada, algo desprendida, le aseguró la oreja concedida.

La faena al sexto tuvo parecidas características. De nuevo en los medios le dio ventaja al noble novillo. Hilvanó muletazos con la diestra y consiguió con la izquierda una primera tanda de largos naturales, que después no fueron de igual guisa en las siguientes, más embarulladas Faena de altibajos que hubiese lucido mucho más sin el obligado ondear de los engaños que tanto perjudicó a la terna. Esta vez la espada fue la causante de no pasear un segundo trofeo.

A Salvador Cortés le ha podido la responsabilidad de su eminente alternativa en esta misma plaza. Salvador no ha estado fino. El viento ha sido una batalla a ganar, nadie lo duda, pero su demostrada firmeza y seguridad no ha casado esta tarde con la calidad. La sosería del primer torrealta le contagió. Sólo el buen trazo de algunos derechazos y la buena estocada justificaron la ovación. Con el cuarto destacó en una primera tanda con la derecha aprovechando el buen tranco del novillo. Después los enganchones restaron calidad a un trasteo que fue a menos demasiado pronto, y que tampoco tuvo buena rubrica con la espada.

Antonio Chacón dejó, una vez más, leves atisbos de un preciosista estilo al dibujar el muletazo. Nada más. La monotonía en los pases y esa preferencia de citar con la muleta oblicua y atrasada le resta veracidad a lo que hace. Poco hizo con la embestida complicada y con genio del segundo. Con el quinto le costó un mundo quedarse, aguantar, presentarle el engaño por delante. Algunos buenos pases de pecho y algún que otro natural bien trazado destacaron en los intentos de faena al noble quinto. Inseguro también a la hora de matar, Chacón, pasó la tarde entre silencios.

La novillada de Torrealta ha lucido muy buena presencia. Noble y con buen son no ha sido lo suficientemente aprovechada. Quizá por esa climatología que tanto molestó en el ruedo. Conviene resaltarlo.


El País. ANTONIO LORCA. Los fundamentos del toreo

Es verdad que Alejandro Morilla se salvó de la quema por entrega, por valentía y hambre de triunfo. Se la jugó de verdad, y aunque aún le queda mucho camino por recorrer, su pundonor llegó con rapidez a los tendidos.

A pesar de ello, se puede admitir una pregunta sin ánimo de molestar: ¿dónde aprenden los novilleros a torear?, ¿quién los enseña?, ¿qué vídeos visionan? El toreo es un misterio que tiene mucho que ver con la profesionalidad y los entresijos del arte, pero existen reglas incuestionables que deben ser aprendidas por quien quiera ser alguien en esta profesión.

La actuación de los novilleros de ayer mueve a una preocupante reflexión. Dieron la impresión, especialmente los dos primeros, de no tener aprendidos y, mucho menos, aprehendidos los fundamentos básicos del toreo. ¿Les habrán enseñado lo que es parar, templar y mandar? ¿Les sonará que hay que cruzarse al pitón contrario y torear en redondo? ¿Sabrán lo que es cargar la suerte para mandar en el toro? ¿Habrán visto torear a Paco Camino, Antoñete o Emilio Muñoz, por ejemplo?

Parece que no. Lamentable, pero cierto. El viento los molestó sobremanera, pero la inclemencia no les exime de una actuación de tan escasa consistencia.

Resulta muy sorprendente que Salvador Cortés tome la alternativa en esta misma plaza dentro de unos días, y que se mostrara como un torero apagado, sin ideas, y sin el conocimiento adecuado del manejo de la muleta. Se justificó sin apreturas en las verónicas de recibo a su primero, muy quieto y ganando terreno en cada lance, y cobró una buena estocada en ese novillo. Pero, muleta en mano, es un pegapases de incierto futuro. En ninguno de su lote, ambos oponentes con las fuerzas justas y nobles, adelantó nunca la pierna contraria, no se cruzó nunca, toreó siempre despegado, al hilo del pitón, sin orden ni concierto. Y su faena, en pura lógica, resultó triste y deshilvanada. Para aprender siempre se está a tiempo...

No le anduvo a la zaga su compañero Antonio Chacón.También le molestó el viento y mucho, pero no estuvo a la altura de las circunstancias. Su primer novillo tuvo casta y lo desbordó en todos los frentes. Muy precavido, quizá porque no podía dominar la muleta, no fue capaz de domeñar a su oponente. Para colmo de males, tampoco sus maestros le han enseñado bien y adolece de los mismos defectos que Cortés. Alargó la faena en un intento infructuoso de que sonara la flauta, y a punto estuvo de que le devolvieran el toro al corral. No mejoró en el quinto, al que le dio muchos pases y ninguno válido.

Dicho queda que Morilla ha tenido mejores maestros o es que ha visto los vídeos con más atención. Tiene una ilusión desbordante, es valiente y se entrega desde el primer momento. A sus tres novillos, incluido el devuelto, los recibió de rodillas en la puerta de chiqueros y los veroniqueó con rapidez, pero con buenas maneras. Tampoco acudió a la escuela el día que explicaron lo de cruzarse y cargar la suerte, pero destaca por su valor, por su decisión y porque quiere triunfar a toda costa.

Le queda mucho camino, que deberá aprovechar para aprobar las asignaturas que se le han atragantado, pero la suya, ayer, fue una brisa de aire fresco en un ambiente triste, desangelado y ventoso.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Alejandro Morilla, garra novilleril

La tarde tuvo dos protagonistas: Alejandro Morilla y el viento. El torero gaditano, con la garra que debe caracterizar a un novillero, doblegó por momentos los inquietantes soplos de Eolo, que estuvieron a punto de cargarse el festejo. Pero Morilla, muy motivado, se jugó el pellejo constantemente. Tanto en las tres largas cambiadas a portagayola –la segunda fue ante el sobrero que lidió– como en el capote. Y en medio de un vendaval no le importó citar a veinte metros, convertida su muleta en una bandera sin control, para emocionar al público sevillano, al que se metió en el bolsillo. Cortó una oreja en su primer asalto, tras una estocada con arrojo. Pudo conseguir otra del sexto, si no se precipita en la suerte suprema. Y, en definitiva, rozó la salida a hombros en una actuación con escasos aditamentos. En novillero de otros tiempos, fue todo corazón. De hecho, siempre en los medios, no se alarmó ante el viento. Y, además, su pizquita de sal en algunos pasajes de su faena hizo que algunos muletazos llegaran a tener empaque. También desplegó variedad con el capote –verónicas, medias, largas cambiadas, chicuelinas, tafalleras...– y con la muleta –molinetes, manoletinas, ayudados, pases del desprecio..., sumado al toreo fundamental–.

En la primera larga cambiada al tercero, muy ceñida, en la que perdió una zapatilla, se ganó al público. De pie, tras unos lances muy vibrantes, las palmas echaron humo. Pero un puyazo desacertado lesionó al animal que fue cambiado. Morilla, lejos de afligirse, volvió frente al portón de los sustos para jugarse la vida otra vez. Otra larga cambiada, a portagayola, hizo bombear fuerte los corazones. En este caso toreó templado a la verónica. Con la muleta, en los medios, un fallero –muletazo por la espalda– centró la atención del personal, que se emocionó en la primera tanda con la diestra, muy arriesgada por las jugarretas del viento. En la siguiente, corta y con gracia, por el mismo pitón, el torero burló al viento y al novillo. Con la izquierda hubo garbo. En el epílogo, serias manoletinas, algunas de ellas muy ceñidas. En la estocada se tiró de verdad para enterrar el acero y ganar una merecida oreja.

Morilla también saludó al sexto con una larga cambiada de rodillas. En la faena apostó muy fuerte. De largo, desde los medios, enceló al novillo, que galopó desde tablas tras la tela encarnada. Valiosa tanda con la derecha. Con la izquierda logró una serie con gracia, que levantó una gran ovación. Otra serie corta, abrochada con un molinete y un precioso pase del desprecio, fue aclamada. Todo el toreo fundamental estuvo aderezado por detalles de gusto, rematando las series de manera muy torera. Pero, tras unos hermosos ayudados, el novillero pareció precipitarse en la suerte suprema. El novillo no estaba cuadrado. Se tiró a ley. Pero pinchó. Y se le esfumó el premio y, con toda seguridad, la salida a hombros. Pero dio la talla y dejó claro sus ansias de triunfo.

Salvador Cortés, en su despedida como novillero en la Maestranza, donde Morante le dará la alternativa dentro de diez días, no alcanzó el éxito. Tuvo que emplearse a fondo con su incierto primero, que lo arrolló de mala manera en los lances de recibo. Con la muleta, faena con la diestra en la que fue sometiendo al animal. Se justificó por el otro pitón, imposible para el lucimiento. Con el quinto astado, el panorama cambió. Lo mejor, una tanda con la derecha, en una labor en la que hubo exceso de enganchones.

Antonio Chacón se peleó más con el viento que con su primer novillo, que no tenía mala condición, en un trasteo larguísimo, en el que no consiguió frutos. Con los aceros perdió los nervios. Con el quinto novillo tampoco levantó cabeza en una labor porfiona.

De los dos protagonistas de la tarde, Alejandro Morilla y el viento, el torero fue quien se impuso. Triunfó a ley; en novillero.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. A Morilla no se lo llevó el viento

El viento arrasaba todo. Menos la férrea voluntad de triunfo de Alejandro Morilla. No falla: cuando hay un torero dispuesto, incluso el aire parece amainarse. Recuerdo una crónica de Ángel González Abad sobre José Tomás en El Puerto de Santa María, bajo un levante de órdago. Toreó en un continuo desafío a Eolo, que se inclinó ante su estatua. Ayer para los demás había un vendaval imposible; para Morilla no había nada imposible. Marcó la diferencia con la buena novillada de Torrealta, de lujo. Bonita, bonita. Y los picadores como si enfrente se encontrasen auténticos hijos de Barrabás. ¡Qué forma de picar! Al jabonero tercero, un tacazo de utrero, le partieron el espinazo de un lanzazo por no correr el palo. Fue devuelto. Así que Morilla volvió a la puerta de toriles, otra vez, con un par. Ni aire ni gaitas, hambre de gloria. Y además lanceó a la verónica con corte clásico, con afán de reunirse y hacer olvidar su larga estatura. En la muleta, los mismos planteamientos se repitieron: firmeza y fe. El pase del péndulo en los medios abrió tandas de derechazos de mano baja y recorrido, con la panza de la muleta por delante. La lucha se multiplicó con la izquierda. La tela se hacía un gurruño, trataba de ayudarse con la espada, queriendo templar más las embestidas del viento que las del torete, que se quedaba por ahí más corto. Las manoletinas y la estocada convocaron la pañolada y la oreja. De las que abren puertas.

Otra vez en la boca de lobo de chiqueros buscó doblar el triunfo. Triplicarlo a poder ser. Manseó el torrealta, suelto, en los primeros tercios. Pero se puso el espigado novillero de Cádiz en los medios e imantó las arrancadas desde una distancia generosa y amplia. Se sucedieron los derechazos con largura. Valiente, muy valiente, y con ganas de que nada descompusiera lo suyo, ni las condiciones climáticas ni la falta de armonía en la que se puede caer con facilidad con extremidades de tantos centímetros. Otra vez fue difícil el toreo al natural. Habrá que verlo sin aire, para comprobar si es eso lo que falla con la zurda. Codilleó como se debe codillear en los ayudados por alto y, de tanto querer, se precipitó con el acero, que diluyó un aldabonazo importantísimo, aunque no una fantástica impresión.

El contraste con sus compañeros resultó abismal. Salvador Cortés se alegró y le echó más fibra con el fenomenal cuarto. Se concienció de que su alternativa se encuentra a la vuelta de la esquina en este mismo albero. La faena, sin embargo, decayó desde los redondos más ilusionantes del principio a una desértica planicie. Al menos, mejoró la imagen que había dejado con el que abrió plaza, que le propinó de salida un volteretón. La inquietante embestida a izquierdas la mantuvo el novillete como contrapeso a su dulce lado derecho.

Antonio Chacón se curó en salud en el caballo con su lote. Y aun así el temperamental segundo no cesó de embestir, brutote, con la carita arriba de mitad de muletazo en adelante. Nada indomeñable. La prueba es que la obra se prolongó con exceso de pases. El quinto se vino abajo, previamente castigado con saña. Lo de la suerte de varas es una desgracia que un día habrá que sancionar como merece. Ahora digamos que fue el viento, que se llevó todo. Menos a Morilla.


 

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