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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del jueves, 29 de abril de 2004
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LAS IMÁGENES DEL
FESTEJO
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Más |
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Sánchez
Arjona y el 6º de Jandilla
(mansos, algunos manejables. El 5º devuelto por debilidad en los cuartos
traseros; 5º bis, de Guadalest,
incierto, con peligro)
Diestros:
- Finito
de Córdoba (cuatro pinchazos, estocada caída, aviso. Silencio; pinchazo sin
soltar, media estocada trasera. Silencio)
- Rivera
Ordóñez (pinchazo sin soltar, estocada en su sitio. Saludos desde el
tercio; estocada casi entera caída, descabello. Silencio)
- César
Jiménez (estocada caída. Oreja; estocada casi entera. Saludos desde el
tercio)
Incidencias:
Banderilleros que saludaron: Joselito Gutiérrez y Juan
García, de la cuadrilla de Rivera Ordóñez, en el 2º; Vicente Yangüe
El Chano, de la cuadrilla de César Jiménez, en el 3º, y Curro
Molina, de la cuadrilla de Finito de Córdoba, en el 4º)
Presidente: Francisco Teja
Tiempo: soleado
Entrada: hasta la bandera
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla,
TorosComunicación
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LOS PROTAGONISTAS
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Finito
de Córdoba
"Con estos toros era imposible. Más bien parece el antitoreo. Yo entiendo el toreo de otra manera. No he tenido nada de suerte, no he podido dar ni un lance en toda la feria. De primera hora nada más salir al ruedo están huyendo y de mala condición. El primero rajao y el segundo queriendo coger por el pitón contrario y tirando cabezazos. Con esto la gente tampoco lo agradece porque saben que clase de torero soy y esperan otra cosa de mí. La pena es que luego se agarren o no con esa clase de toros para hacer comentarios y como artista y como persona es imposible defenderse con eso." |
Rivera
Ordóñez
"Ha sido muy triste porque tantos sueños y tantas ilusiones para encontrarte con esto la verdad es que es una desilusión muy grande. El primero se ha acabado antes de empezar y el segundo ha sido un hijo de su madre gordo. El de quinto ha desarrollado mucho peligro, lo que ha hecho de salida, amagaba y luego ha probado, ha medido… en definitiva ha sido muy malo y con muy malas intenciones" |
César
Jiménez
No quiso hacer declaraciones
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LO MEJOR Y LO
PEOR
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Por Ricardo
Ríos. PortalTaurino.com
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Malo, malo, malo. Cuando el espectador llega a la Maestranza, suenan los clarines, sale el primero y sigue entreteniendose con los variados programas de mano que ambientan el festejo: malo, malo, malo. Y es que ya hasta se comen pipas en tendidos y gradas como si de un cine verbenero se tratara, sólo faltan las palomitas. Sigue la racha. Se aplaude más a los subalternos por su lucimiento en banderillas, caso de Curro Molina, Joselito Gutiérrez, Juan Garcia, o "Chano", que a los matadores.
Cuando un torero viene a lo que viene, a buscar el triunfo, pues eso, se ve venir. Cesar Jimenez, veinte añitos recien cumplidos, quiere ser gente en el mundo del toro. Lo ha vuelto a demostrar en Sevilla. El hizo LO MEJOR de la tarde con diferencia. Lanceó bien de capa al tercero, se lució en el quite y le cuajó la faena en el mismisimo anillo del ruedo, empezando de rodillas en albero, tras brindar al público y sin temor a que la montera cayera boca arriba para recoger la oreja. Así sucedió. Se le vió decidido, superando las dificultades del toro y mató bien. Oreja de ley para el madrileño que también lo intentó en el sexto aunque se encontró con un Jandilla imposible.
Ni andaluces, ni extremeños, ni salmantinos como los de Sánchez-Arjona. Estos toros que salen al ruedo maestrante, ¿son toros? Por la pinta, sí; por lo demás, no. Otra vez LO PEOR de la corrida, el ganado. Volvieron a sonar palmas de tango entre un público algo más comedido, que traga y traga. El quinto fue devuelto por falta de trapio. Menos mal que Fran Rivera se lo llevó a puertas de chiqueros y no hicieron falta los cabestros. Dentro de lo peor fue lo mejor, y el torero demostró la casta de su siempre recordado padre.
Una menos, se decía al final: malo, malo malo. Cada día se hace más costoso dejar el Real de la Feria para ir a la Real Maestranza. Malo, malo, malo.
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Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. Una oreja de pueblo para Jiménez
Las reacciones del público de la Maestranza durante la presente feria dan para un tratado de sociología. De lo contrario no se entiende cómo se han ido abaratando los trofeos. La oreja que consiguió ayer César Jiménez, por una faena pueblerina, es un bofetón al toreo al natural que bordó Matías Tejela. Y, sin embargo, la petición fue mayoritaria ¡Cosas veredes, amigo Nicomedes!
Me siento incapaz de afirmar que la Maestranza no tiene o incluso ha perdido su personalidad; sencillamente porque hoy en día todos los cosos taurinos están en manos de la masa, con un porcentaje ínfimo de aficionados. Ya lo dijo Jesulín: "Yo toreo para el público, porque los aficionados no llenan más de un autobús". Parece que las figuras le han tomado la palabra y los Ponce, Juli y compañía, que entran en ese catálogo, han caminado a sus anchas por el albero de la Maestranza, en la que ayer nuevamente se convirtió el tercio de varas en un simulacro, con el beneplácito de la autoridad competente. Al primero, segundo y cuarto toros no se les picó.
El primer torito de la corrida de Sánchez Arjona, aderezada por un gigantón jandilla corraleado y un sobrero de Guadalest, no se tenía en pie y fue protestado hasta la saciedad. El presidente Francisco Teja hizo oídos sordos y nos merendamos a un inválido al que le dieron dos picotazos. Finito -otra figura para incluir en el lote ya citado-, parsimonioso, quiso vender lo invendible. Pero como dos no pelean si uno no quiere, y el toro se fue a tablas de inmediato, el trasteo grandilocuente quedó en una entonada tanda por el pitón derecho y un mitin con la espada.
Con el manejable cuarto, el diestro cordobés se dilató en un trasteo larguísimo y aburrido, basado en la mano derecha, en pases sueltos.
Rivera Ordóñez, con el peor lote, brindó su primera faena a su mozo de espadas Nacho, que ha sufrido la reciente pérdida de sus padres. En los tercios se aguó una faena con un toro con más horchata que sangre brava en las venas.
El quinto no le gustó a Rivera y le ayudó a perder definitivamente las manos en el tercio de varas. Hubo devolución. Se jugó el tipo al meterlo en toriles. El sobrero, de Guadalest, no le dio opciones, salvo de salida, momento en que el diestro se estiró bien a la verónica. Rivera cortó por lo sano cuando comprobó que por el izquierdo se quedaba cortísimo y por el derecho no tenía ni un pase.
Y vayamos con la gran faena de César Jiménez al tercero, el único con algo de motor en la muleta. El madrileño lo recibió con verónicas a pies juntos, en las que faltó prestancia y perdió el engaño en su remate. Lo mejor lo logró en un quite en el que intercaló chicuelinas y tafalleras. En los medios, abrió faena de rodillas con la diestra, echando el toro fuera en cada muletazo. Ya de pie, de largo, consiguió por ese lado una tanda prometedora, que arrancó una fuerte ovación. Sonó la música. Pero en la siguiente, el toro fue a su aire. Por la izquierda, muy desceñido, empleó el pico, con tirones hacia fuera. No faltaron varios enganchones. Parte del público creyó ver en esa labor inconexa y desceñida, sin pureza alguna, una obra de arte. Y cuando el torero metió la espada de manera decidida y el toro rodó de forma espectacular, la parroquia perdió los papeles solicitando el trofeo. ¡Cómo anda la Maestranza!
El sexto, de Jandilla, un toro corraleado, que llevaba una semana como sobrero en los chiqueros, derribó, atacó a los piqueros -al de turno, de improviso, y al que hacía puerta-, dio una voltereta tremenda y no paró de correr de aquí para allá en los dos primeros tercios. Vamos, necesitaba un valium. Jiménez lo llevó a media altura en una primera tanda con la derecha. El gigantón animal -593 kilos- se rajó de inmediato y se refugió en tablas. Así acabó la corrida.
PortalTaurino. MANUEL
VIERA. El espectáculo del
absurdo
Cada día que pasa me hago más pesimista. No llego aún a las fantasías de Cernuda, que en algún momento imaginó que la humanidad era una cucaracha, para así aplastarla, pero me voy acercando. Estoy casi convencido de que esto del toro tiene poca solución. Quizás ninguna. Igual da su procedencia, quién los críe… porque una y otra tarde, y sin que nadie lo pretenda, se convierte en el espectáculo del absurdo. En el absurdo del toro como el que hoy, ayer y anteayer… salió al ruedo de una plaza con la importancia de La Maestranza.
Es absurdo pretender transmitir emociones con un toreo sin expresión y lleno de vulgaridad con unos animalitos sin fuerzas, que no admiten la noble pelea porque le eliminaron su fiereza y bravura. Alguien exigió el toro de hoy para el toreo de hoy, y está cargándose al toro, y al toreo. Hay cosas como las sucedidas esta tarde, y las que han sucedido muchos días de esta feria, que sólo merecen lágrimas. Lágrimas negras, que diría el bolero. Y sin que nadie tome cartas en el asunto.
Mansos como ellos solos, desrazados, como bueyes en el ruedo, se comportaron tres toros de Sánchez Arjona, el sobrero, que hacía quinto, de Guadalest, y el sexto de Jandilla. Igual procedencia aunque distintos criadores. Y que más da. Sólo el tercero tuvo atisbos de calidad, pero también se apagó.
Y a consecuencia de tanta vulgaridad, en el toro y en el toreo, nos estamos quedando sin emociones. Aunque a veces se prefiere algún que otro trazo de toreo distinto, por maneras, escenificación, y eso que llaman “arte”, a volverse uno histérico por tanto pase banal y simulacro de toros.
César Jiménez, con ciertas dosis de buena voluntad, y no menos arrojo, intentó exprimir la pronta embestida del tercero. Fue tan esperanzador el principio del trasteo, que la música tocó ¿? con los primeros muletazos lentos con la diestra y algún que otro natural sin demasiado ajuste. Y siguió tocando ¿? cuando fue posible detectar algunos altibajos de inseguridad en la faena. Toreo efímero, tanto es así, que la faena la realizó en función de detalles y no de contenidos, que nunca existieron. La estocada levantó aún más los alicaídos ánimos de un público festero, que hasta le pidieron, y le concedieron la oreja. Con el manso sexto entusiasmó en el inicio de faena en los medios. Don circulares largos y ajustados sobresalió de la intentona. Y el toro, a tablas que se fue en busca de paz y sosiego.
Finito se puso pesado con el noble, soso y descastado cuarto, tanto que le incitaron a abandonar tan banal intento, y con el manso en inválido primero trazó sin terminar algún muletazo con gusto. Con la espada todo un mitin.
Y Rivera Ordóñez le puso a la tarde sus dosis de valor, ya que se llevó uno de los aplausos más sonoros y entusiastas tras pasar, con el toro devuelto, el portón de chiqueros camino de los corrales de la plaza. Antes, le salió un buey, y a estos animalitos difícil es torearlos. Con el sobrero de Guadalest , de parecidas características, poco pudo hacer, sólo destacaron los vibrantes lances de recibo. Después, brevedad que se agradeció, con muleta y espada.
El País. ANTONIO
LORCA. Cara y cruz de una estocada
La cara fue el lugar elegido -la misma boca de riego- y su perfecta ejecución. El estoque quedó enterrado hasta la empuñadura y el toro rodó sin puntilla en cuestión de segundos.
La cruz fue que tan bella suerte culminó una faena horrorosa, impropia de quien aspira a ser figura del toreo.
El protagonista, César Jiménez, paseó una oreja todo ufano, mientras en la plaza quedaba la sensación de que tan bella muerte no se correspondía con una labor movida, destemplada, desordenada y ventajista, propia de un pegapases. Comenzó a torear de rodillas; citó, después, desde lejos y acompañó la embestida con escaso mando. A partir de ahí, muleta enganchada y toreo perfilero y al hilo del pitón. Toda su labor, eso sí, transcurrió en el centro del anillo. En el sexto, un manso con genio, todo quedó en un quiero y no puedo porque el toro se hundió en el tercio final.
Finito no mejoró el panorama. Parece una sombra de sí mismo y transmite una deplorable sensación de impotencia. Despegado, desconfiado y abúlico, no dijo nada. Además, a la hora de matar se echó fuera con un descaro impropio de su pasada torería.
Y Rivera se ganó una gran ovación al llevar él mismo a chiqueros al toro devuelto. La única. Su primero era un buey, y al sobrero, bravo y codicioso en el caballo, lo mató el picador, por lo que, lógicamente, llegó sin vida a la muleta. Encima, algunos pitaron al toro.
ABC.
ZAVALA DE LA SERNA. Una oreja de sonrojo como guinda a un simulacro
Calificar lo de ayer de corrida sería como llamar cura a Apeles, guapa, a Yola Berrocal o actor, a Guillermo Toledo. Esperpento, simulacro o aberración, y punto. Como guinda a la tarta, una Maestranza irreconocible regaló una oreja a César Jiménez, y no de oro precisamente. Un despojo y gracias. Los nubarrones que presagiaban una tarde triste no fallaron. No llovió, pero la tristeza no se fue con la borrasca, sino que se clavó en el espíritu de los aficionados que aman la Fiesta y esta plaza. La música a destiempo, los pañuelos gratuitos al viento, los oles de risa, los toros muertos, la suerte de varas mentida, el caos de la lidia, los espadazos lejanos, un mozo de espadas en el ruedo sagrado para recibir un brindis, a buen seguro sentido y merecido, mas en su sitio tras la barrera...
Entre la mugre, las actuaciones de los toreros de plata, aun sin la cumbre de otros días, resplandecieron, sobre todo la de El Chano. Curro Molina, bien a secas; Juan Montiel, mejor con el capote que con los palos; Pedro Morales «Chocolate» lo bordó al mover con soltura, sentido y torería, por qué no, el caballo para provocar la arrancada del tardo segundo; extraordinario un par de Joselito Gutiérrez. Lo más auténtico de un espectáculo aborrecible se fundamentó en ellos.
Produce lástima que bajones, o bajonazos, como los de ayer y anteayer lastimen una feria que hasta el momento ha ofrecido un generoso puñado de toros para la gloria de sus matadores. El discurso del pasado año, cuando hasta la miurada la gente no respiró, no vale igual para esta edición de Abril. ¿Más toros que toreros? Sin duda. La media se duplica o incluso se triplica. Aunque los fracasos de Pereda, Guardiola, Cebada Gago, Zalduendo y Sánchez-Arjona carguen la balanza a la contra. Don Javier, debutante salmantino en Sevilla, no se ha medido, tal vez cegado por la ilusión. Así no se viene a plaza de responsabilidad semejante. Cada cual ha de conocer sus límites. Por ejemplo, César Jiménez se sabe los suyos y no se anuncia en San Isidro. Si la faena al novillote infame y sin picar del que le obsequiaron con un despojo la hace en mi pueblo, lo corren a gorrazos calle de Alcalá arriba. Con ello no quiero, ni por asomo, destapar una rivalidad que nunca existió entre Madrid y Sevilla, Sevilla y Madrid. Pero esos chicotazos, esos trallazos acalambrados, esos enganchones, no se los aplauden ni en un gache por muy compuestita y envarada que sea la pose. Hasta los redondos de rodillas, cuando suele torear mejor, fueron malos, muy malos. Y el torillo tenía larga embestida y nobleza para embarcarlo por delante y conducirlo. ¿La música la tocaría Tristán al bichejo o ni siquiera? A Tristán se le había alegrado ayer la batuta. Qué alegría, cuánto desparrame, qué marcha... La marcha fúnebre para la Fiesta es lo que hacía falta. Un espadazo en el mismo platillo desbocó una pañolada sonrojante. No voy a escribir ni un palabro malsonante, por muy castellano y merecido que sea, porque la marquesa de la Vega de Anzo, oídos píos, me flagela. Menuda es Pilar.
El sexto, de Jandilla, manso de salida, sembró el caos en el ruedo con sus huidas: derribó según pisó el caballo los terrenos de la querencia y se alocó en medio de un desorden generalizado cuando galopó hacia el picador que guarda puerta, entre idas y venidas. Al jandilla habría que haberle lubricado los pitones con el viejo Floïd que me ha regalado mi amigo Fernando, que regenta ahora la vieja barbería «Berro», la de Enrique de siempre, donde cuelga un retrato de Rafael «El Gallo» . Bueno, al jandilla y a otros de sospechosas sombras en esta feria. Sólo sospechas. Se rajó pronto el toro, que de hechuras fue el más toro, y dejó al personal con las ganas, muchas ganas, de triunfo tras los compases del prólogo. Y a Tristán, que seguía a lo suyo dale que te pego.
Finito se aburrió y aburrió con su lote, al que despachó desde la S-30, y porque no puede por internet vía correo.
Rivera Ordóñez arrancó la más fuerte ovación -así está el patio- cuando evitó la salida de los cabestros y, a punta de capote, metió al inválido quinto hasta la misma boca de toriles, un detalle valeroso que al menos ahorró tiempo. Algunas verónicas del decidido saludo al incierto sobrero de Guadalest, la estocada en lo alto al segundo envite a su primero, incluso perdiendo el engaño, y poquito más que deseos inconclusos con su parejita de descastados enemigos.Calificar lo de ayer de corrida sería como llamar cura a Apeles, guapa, a Yola Berrocal o actor, a Guillermo Toledo. Esperpento, simulacro o aberración, y punto. Como guinda a la tarta, una Maestranza irreconocible regaló una oreja a César Jiménez, y no de oro precisamente. Un despojo y gracias. Los nubarrones que presagiaban una tarde triste no fallaron. No llovió, pero la tristeza no se fue con la borrasca, sino que se clavó en el espíritu de los aficionados que aman la Fiesta y esta plaza. La música a destiempo, los pañuelos gratuitos al viento, los oles de risa, los toros muertos, la suerte de varas mentida, el caos de la lidia, los espadazos lejanos, un mozo de espadas en el ruedo sagrado para recibir un brindis, a buen seguro sentido y merecido, mas en su sitio tras la barrera...

El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Urgen medidas, pero no de cárcel
Hay tardes en que el palco tiene la mano tonta y la muñeca floja para tirar de pañuelo y de orejas. Tal ocurrió ayer con el primer trofeo de César Jiménez; pero nadie del respetable público protestó la decisión y no seré yo quien discuta los gustos soberanos del público. O sí, pero me da igual. Allá cada cual con su sentido del purismo, de la ortodoxia, de la juerga y de la jarana. Es cierto que, si una estocada puede valer una oreja, el estoconazo de César Jiménez al tercero acaso la valga. No sé.
Uno está harto de ver por todos los ruedos de Iberia y del universo mundo y no sólo en La Maestranza, complacencias o desmesuras legitimadas por el pago de una entrada. Cada uno en su casa y Dios en la de todos. Mas lo cierto es que, salvo la eficacia fulminante y bien ejecutada del volapié, César Jiménez no había hecho nada del otro mundo: jugar bien los brazos a la verónica, con las zapatillas asentadas en el albero, más rítmicos que ajustados algunos redondos y poquitas cosas más. Pero ya digo que la estocada desató la rapidez de pañuelos del palco presidencial.
Nadie protestó la oreja y eso quiere decir que, seguramente, el presidente acertó al menos al interpretar la voluntad
popular. La voluntad popular estuvo condescendiente con Rivera Ordóñez y dura con Finito de Córdoba, con idénticas razones sin argumentos para una cosa y para la otra. A los dos les recordó, cosa innecesaria pues yo creo que ya lo sabían ambos, que estaban en
Sevilla. Constatado esto, digamos que lo mejor de Finito de Córdoba fue Curro Molina. Ahí, en la valoración de los méritos banderilleros y lidiadores de este torero de plata, La Maestranza sí que mostró una exquisita sensibilidad.
La misma que demostró con El Chano y su salida de la cara del toro tras clavar arriba; o con una torerísima vara de El Chocolate.¿Es esta la misma afición que despilfarra orejas o se traga los toros basura? Un toro basura fue el quinto y ahí sí que afición y presidente anduvieron diligentes para mandarlo a los
corrales. Meter en los mismos este toro a punta de capote, sin arriesgarse a la salida de los temerosos mansos, fue tarea heroica y magistral de Rivera Ordóñez. Tras este gesto Rivera Ordóñez se diluyó con el manso sobrero de Guadalest que empezó humillando y acabó a la defensiva.
El rechazo del quinto fue un acto de justicia poética y torera que debiera ejercerse con más frecuencia. Mas he aquí otra de las muchas contradicciones que comprobamos muchas tardes de la temporada en general y de la Feria de Abril en particular. Parte de la gente protestó las insuficiencias anatómicas de algunos toros de Sánchez Arjona. Y otra gente la mandaba callar. Yo no sé si estas manifestaciones, en pro y en contra, son de buena o mala educación taurina, si contravienen o no los sagrados rituales silenciosos de La Maestranza y si son cosa de urbanidad o
malandanza. Lo que sí sé es que toros así, aquí, en Las Ventas o en la China o en Marte no son toros de recibo.
Algo habrá que hacer y no fijarnos solamente en los enemigos políticos e ilustrados de la Fiesta; en los ataques europeístas, nacionalistas y humanistas. Peores son las fuerzas centrífugas que, con el toro descastado e inválido, dinamitan la Fiesta desde dentro, aunque su actividad dinamitera tenga apariencias
benefactoras. Toros con trapío, fuerza y pitones preocupan mucho a los diestros y a sus consejeros. Y fuerza y trapío tenían el quinto bis y el sexto, aunque acabaran en mansos redomados, sobre todo el sexto.
A Manuel Prado y Colón de Carvajal, el ganadero por un lado y administrador real por otro, que, según propia confesión, desayunaba, comía y cenaba a diario con «el patrón» de las Españas, lo han metido en el trullo; cosa a todas luces indeseable para un ganadero con tan mala salud. Pero no ha sido, como todo el mundo sabe, por cuestiones de toros, sino por asuntos más turbios, conocidos o sospechados.
A nadie en su sano juicio se le ocurre pedir que enchiqueren a un ganadero por prácticas fraudulentas con los toros. Mas algo habrá que hacer sin llegar a medidas tan drásticas y
carcelarias. Mientras damos con la solución, reseñemos para concluir la estampida de manso del sexto, en el caballo y en la muleta, dejando a Jiménez compuesto y sin novia. Lástima, pues César Jiménez había empezado muy bien citando de largo desde el platillo; lástima porque el público estaba con él y el presidente tenía la mano y la hora
tontas.

TorosComunicación.
Francisco Mateos.
Los taurinos pierden otra gran oportunidad para ofrecer lo mejor de la Fiesta
Jueves de farolillos, la plaza llena a reventar con un cartel normalito y.. ¡toros de hasta tres hierros diferentes! No es de recibo. No sé qué compromisos habrá de por medio, si es que los hay, para que la empresa haya 'confiado' tan señalada fecha a los toros de Sánchez Arjona. La apuesta era, cuanto menos, aventurera. Y ya dijo Corcuera, "los experimentos, con gaseosa". Es una lástima que en un día en el que con la plaza llena debería de cuidarse hasta el más mínimo detalle -incluyendo los vasos de coloridos líquidos de la presidencia que se dejan sobre el lateral de la balconada del Palco del Príncipe, como si fuera la barra de un bar- la imagen de una corrida de toros sea tan sectaria y en gran medida negativa como la que se ha ofrecido. Estos días de lleno completo deben servir de escaparate para defender, convencer y atraer. Pero los taurinos se empeñan en perder oportunidades en los mejores escenarios para vender un producto valioso. Y por cierto, hablando del 'vacío' balcón de la Puerta del Príncipe, qué detalle hubiera sido que el heredero a la Corona, a un mes de su boda, hubiera hecho honores a ese nombre: Puerta del Príncipe. En un momento delicado para la unidad de España, atacada esta vez desde el sectarismo político antitaurino, su presencia regia junto a la colega periodista en el balcón de la Puerta del Príncipe hubiera sido, junto a la declaración del alcalde de Sevilla de los toros como Fiesta Mayor de la ciudad, un gesto muy importante en esta Feria de Abril. Pero, claro, quizá los toros no sean considerados 'asunto de estado'... y mucho menos con espectáculos tan pobres como el de ayer, responsabilidad exclusiva del sector taurino.
El primero de Finito fue un inválido, rajado, sin opción a nada. Bueno, a matarlo con verdad sí, pero ahí falló también Finito. El cuarto, descastado y sin transmisión, tampoco inspiró al torero cordobés. Ni embistió el toro ni se decidió Finito. Faena larga y aburrida hasta hacerse pesado. Muy pesado.
Rivera Ordóñez brindó su primer toro a su fiel mozo de espadas, Nacho, que recientemente y en el plazo de un mes ha perdido a sus padres. Bonito detalle de aliento de, esta vez, su amigo más que mozo de espadas. El toro se paró, sin casta. No tenía nada. Por no tener, no tenía ni (aparente) peligro. Mató de pinchazo y una muy buena estocada. El quinto fue devuelto por un sobrero de Guadalest, manso y a la defensiva, sin embestir y cortando los muletazos.
César Jiménez templó el feo calamocheo de su primer toro. Faena con muchos altibajos, deslabazada, con algunos muletazos buenos, pocos, y otros enganchados y algún trapazo. La estocada, en los medios y de efectos fulminantes, fue decisiva para la oreja concedida, de poco peso. El último tuvo una desordenada lidia porque embestía a arreones. Tras una primera tanda de toreo largo de Jiménez se rajó el manso animal y se fue a tablas. Al abrigo de las tablas, faena de cercanías, robando pases, pero sin llegar a tomar brillo.
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