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Festejo de abono
REAL
MAESTRANZA DE
SEVILLA
Tarde del miércoles, 28 de abril de 2004
Corrida de toros
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LAS IMÁGENES DEL
FESTEJO
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Más
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FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Zalduendo
(desiguales de presentación y juego. En general, descastados. El
6º, bueno, aplaudido en el arrastre) Diestros:
- Enrique
Ponce (pinchazo, estocada en su sitio. Saludos desde el tercio; estocada
trasera y caída. Palmas)
- El
Juli (estocada casi entera en su sitio. Saludos desde el tercio; media
tendida, descabello. Silencio)
- Jesuli
de Torrecera, que tomó la alternativa, (pinchazo, más
de media estocada, aviso tres descabellos. Silencio; estocada en su
sitio. Dos orejas)
Banderillero que saludó: Antonio y José María Tejero, de
la cuadrilla de Ponce, en el 2º, y José Antonio Carretero, de la
cuadrilla de El Juli, en el 5º.
Presidente: Gabriel Fernández Rey.
Tiempo: nublado y viento.
Entrada: hasta la bandera.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla
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LO MEJOR Y LO
PEOR
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Por Ricardo
Ríos. PortalTaurino.com
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Si usted se ha detenido en la ficha de la corrida que precede a estas líneas, habrá observado a un torero triunfador dado que no es fácil cortar dos orejas en la Maestranza en tarde de
farolillos. Pues no saque conclusiones. Porque por lo visto, la dificultad de cortar dos
apéndices en un toro es cosa de tiempo pasado.
Volviendo a la ficha, lo mejor debería ser la actuación en el último de la tarde de Jesuli de Torrecera, el doctorando que se doctoró y logró salir a hombros de la Plaza. Mucho que me alegro porque el chaval jerezano buscó el triunfo y se lo encontró. Ya me lo advirtió mi sensato vecino de localidad, cuando Jesuli tomó la muleta: "A poco que haga algo, se lleva la oreja". A lo que le respondí: "Los pañuelos ya están fuera de los bolsillos". Quede constancia que el matador lo hizo bien y mató mejor. El pronóstico se iba a cumplir. Pero lo que no
esperábamos de don Gabriel Fernández Rey, el presidente del festejo, es que él se quisiera sumar al regocijo regalando una segunda oreja. Entonces, ¿eso no fue lo mejor? No eso fue LO PEOR, porque la Maestranza es una Plaza seria, al menos lo era, donde los regalos sobran. Hasta ese momento, lo peor había sido la baja forma mostrada por Julián López. ¡Ay, que éste es otro Juli!. Con decirle que ni puso banderillas. Claro que ni falta que hicieron.
¿Dónde estuvo LO MEJOR de la tarde? Pues precisamente en los tercios de banderillas. Esta vez si que brillaron los de plata. Salvo un par, todos quedaron en todo lo alto, luciendo el
verde-blanco-verde de la bandera andaluza. Esta fue la alineación que protagonizó lo mejor, se merece que queden reflejados sus nombres: Mariano de la Viña, lo hermanos Tejero, Carretero, Escobar, Emilio
Fernández Melli, Alvarado y Manolo Rubio. Tres de ellos saludaron desde el tercio.
En el cuarto de la tarde, una voz salió de la grada cuatro: "¡Vergonzoso en Sevilla!, ¡Vergonzoso en Sevilla!". Se refería, una vez más, al ganado. Otras voces "silenciosas" lo iban repitiendo al terminar la corrida. La razón era distinta. La Maestranza no puede perder su categoría por un momento de ebullición ante el contraste de una tarde que iba para decepcionante y que terminó con la decepción de los buenos aficionados.
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PortalTaurino. MANUEL
VIERA. Jesuli toreó, buscó, y halló el
triunfo
No es un prodigio. Ni ha sido un milagro. Simplemente se trata de un nuevo torero, hoy matador de toros, que llevaba soñando muchos días con demostrar aquí, hoy, en La Maestranza, su tauromaquia. Y la ha mostrado esta tarde con una fuerza y una frescura sorprendente. Jesuli de Torrecera tiene ganas de ser figura, y mucha ambición para dar en los ruedos, y ante el toro, toda su carga de sentido toreo.
Ha sido, Jesuli, un torero justo y valiente que ha realizado el toreo necesario para conseguir el triunfo. Y sobre todo, un toreo de compromiso para una plaza que se lo ha sabido agradecer con demasía.
A Jesuli le salió el sexto, el más toro de la corrida por cuajo y comportamiento, y de inmediato supo que tenía el animal ideal. Y además sabía como explotar su calidad. Lo toreó a la verónica con enorme verdad, muy despacio y muy a gusto. Le puso en suerte de forma primorosa y muy torera. Le cuidó en varas. Y consiguió, después, una faena basada en la diestra donde sobresalió la calidad de los muletazos, que en realidad, hicieron que su toreo superase los limites del puro trazo y se convirtiera en una sintonía de pases sentidos, profundos, ligados y muy bien rematados. Y todo ello con un estilo muy natural, no exento de verdad, que le valió para conseguir que el público vibrase en los tendidos.
En cualquier caso, si la faena del diestro de Jerez no terminó de convencer en su conjunto para los trofeos concedidos, sí hubo momentos de belleza y toreo auténtico, y sobre todo, una perfecta estocada como para lograr la emoción de la gente y la lógica petición de los máximos trofeos
Lo demás fue un toreo demasiado visto y reiterativo que no dijo nada, ni siquiera el realizado por Ponce y El Juli. Ambos, con una actuación demasiado plana para su condición de figuras del toreo.
El de Chiva realizó una faena intermitente, por lo continuos enganchones, al noble y soso segundo que iba y venía sin humillar, donde destacó el buen trazo del natural largo y con empaque. Al inválido cuarto sólo le pudo dibujar algún que otro muletazos con nula transmisión.
El quite al tercero con lances muy despacio a pies juntos y una media de cartel, fue lo mejor de El Juli. Todo lo demás, tanto la desigual faena a su primero, con muy buenos muletazos al natural, como otros de igual guisa trazados al quinto, carecieron de emoción.
La corrida de Zalduendo, muy desigual en presentación, adoleció de casta. Mantuvo las fuerzas mínimas y careció de calidad, aunque con una nobleza, en ocasiones, empalagosa.
La disposición de Jesuli, con el toro de la alternativa, gazapón y a su aire, sólo quedó en el intento. Con el sexto ya está dicho. Toreó buscando, y halló, la cosa más maravillosa e inexplicable en el día más feliz de su vida: El triunfo.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA
Alternativa feliz de Jesuli de Torrecera
Cuando pisó la arena el sexto, un galán, a Jesuli de Torrecera le
corría por la mirada y los músculos toda la tensión de quien se juega
todo en una última carta por destapar, cuando el destino ha dicho órdago.
Tomar la alternativa en la Maestranza, en la Feria de Abril, con Ponce y
El Juli en el cartel, es un órdago a la grande, qué duda cabe. Un lujo y
una papeleta a la vez. Y Jesuli dijo «quiero». Y ganó al descubrir el
naipe, un rey de bastos. Doctorado feliz, arropado por cuantos alrededor
del tapete jalearon al jerezano hasta auparle con las dos orejas, premio y
castigo. Castigo para las dos figuras, medidas ayer con un rasero frío y
duro. Va en el sueldo, supongo. En España gusta la demagogia. El que
canta de verdad es Víctor Manuel y no Julio Iglesias por muchos millones
de discos que haya vendido en todo el mundo, y así, por ejemplo.
Jesuli lanceó a la verónica descargando en el capote la ambición y la
fibra. Si «Héroe» no disparaba y se convertía en lo mismo que el resto
de la corrida de Zalduendo -«Zalcuento», dijo alguien en la grada, «en
plazas de primera categoría»-, el día acabaría igual de gris y
desfondado. El hermano de Espartaco agarró un puyazo sensacional, después
de que el toricantano galleara por chicuelinas. No había nada claro
cuando sonaron los clarines que anunciaban el tercio de muerte. Pero
Jesuli sabía que era su hora, y salió firme, dispuesto a aceptar el
envite: «Todas». Bajó mucho la mano derecha, y el toro respondió, con
una transmisión que enseguida subió por los tendidos, que contestaron
con receptividad a la vibración y a la emoción que leían en sus largos
muletazos, con la misma predisposición de la banda del maestro Tejera,
que manejó la batuta a su antojo. La faena fue emotiva, con la roja tela
muy por abajo, reventando al toro, que respondía largo. Entrega por
entrega. El pasaje por la izquierda no obtuvo del zalduendo la misma
respuesta, aunque también el diestro de Torrecera se quedó un tanto al
hilo y descolocado. De nuevo remontó con el engaño en la mano de la
cuchara. En el momento de atacar la suerte suprema se tiró con fe. La
espada se desprendió del morrillo, mas la plaza quería el doble trofeo,
el premio, el castigo. Entrar en un pormenorizado análisis sería baldío,
y las comparaciones siempre resultan odiosas, con Rincón o con
cualquiera, además de injustas. Le ha de valer para torear y pulirse,
para ser muy feliz en fecha tan importante en su vida, con lo que cuesta,
con tantos desasosiegos y riesgos. Nada de nada había valido el toro de
la alternativa, con su guasa, sin romper y sin ninguna fijeza.
Ponce demostró que es un maestro, le pese a quien le pese. Su primero fue
un tío muy alto y montado que nunca humilló, que embestía entre
derrotes y cabezazos. Desarrolló una faena de poder y valor, sin un
aspaviento, años luz por encima de su enemigo, que en otras manos habría
que haberlo visto. Pinchó una vez y lo mató por arriba, ante la
respuesta comedida de la población de los tendidos. No mucho más calor
desprendió el escaso aliento que recibió todo el temple que desplegó El
Juli con el bien construido tercero, muy apagado en la muleta. Lanceó a
la verónica con los vuelos tranquilos, como en un quite a pies juntos.
Pegó muletazos muy, muy, buenos. Otra cosa es que su figura acompañe
poco. No recuerdo si en éste o en el quinto la banda de un injusto ¿Tristán?
le obvió, y sin embargo pronto se arrancó a tocarle a Carretero con los
palos en dos pares valerosos por la fuerza con que se le vino el toro. ¿Otro
castigo? Nada o poco le valió a Julián López para cambiar el ambiente,
ni un quite por Chicuelo, anclado al suelo, con este penúltimo arreando
en bravucón, ni la serenidad con que anduvo cuando se le agotó la poca
gasolina.
El segundo de Ponce respondió sin ninguna fuerza y bajo mínimos tras
fijar la cara con clase en el peto. Dio pie al cabreo de algunos sectores
muy irritados con ambas figuras.
Por cierto, que en el parte de incidencias hay que anotar que la zona
donde se paran los toros era una pista de patinaje tras la lluvia matinal.

TorosComunicación.
Francisco
Mateos.
Sevilla empuja a Jesuli de Torrecera
La corrida de toros de Zalduendo no salió como todos deseábamos. En positivo, el excelente juego que dieron en los caballos, encelados y empujando bien, con la cara abajo; también los hubo que sacaron nobleza. En negativo, la falta de fuerzas y algunos con poca transmisión. No fue una corrida buena, no.
Precisamente el primero de la tarde, el de la alternativa del gaditano Jesuli de Torrecera, no fue el toro soñado por el nuevo matador para tan señalado día. Se movió pero sin clase ni transmisión. Tampoco el torero dijo nada ante este astado, quizá atenazado por los nervios de un cartel de figuras en plena Feria de Abril y el día de su doctorado. Con la espada estuvo destemplado. Salió muy arreado en el último, un animal noble pero blando y que se dejó gran parte de lo que llevaba dentro en su buena pelea en el caballo. Jesuli estuvo bien, a más, como el toro, que guardaba aún veinte muletazos buenos. La faena tuvo unas tandas de derechazos buenos; por el izquierdo le costó más trabajo al gaditano gustarse. La música acompañó la buena labor de Jesuli, que se volcó en la suerte de matar y cobró una buena estocada. Quizá este último aspecto -junto a una tarde de total sequía artística- fue el que decidió al presidente a sacar el doble pañuelo, algo que parece ciertamente benévolo, pero Sevilla quisó empujar al nuevo matador.
Enrique Ponce y El Juli se empeñan en lidiar toros inútiles en plazas de la máxima relevancia. Es verdad que de vez en cuando les sale un buen toro de estos en estas plazas, pero para ello hay que dejar pasar en blanco tres o cuatro temporadas. Con toros a los que se enfrentaron esta tarde se carga de razones a los antitaurinos, catalanes o no. Con el cartel de 'No hay billetes', era el día necesario para dar la mejor de las imágenes posibles de la Fiesta en un escaparate tan excepcional como lo es la Maestranza en plena Feria de Abril. Pero las figuras se anuncian con este tipo de toros, que es verdad que a veces embisten, y embisten bien, pero otras muchas -demasiadas- son auténticos fracasos. La empresa, atada de pies y manos en este caso por la imposición de las figuras, claudica.
El primero de Ponce -serio por delante- se movió. El valenciano estuvo bien, pero se dejó topar la muleta. Al final el toro se fue rajando al sentirse vencido. Faena templada y bien armada, aunque algo acelerada. Un pinchazo precedió a una excelente estocada. El cuarto astado hizo muy buena pelea en varas, empujando y con la cabeza abajo. Luchó con tanto ímpetu que se desfondó bajo el peto. De hecho, el saludo con el capote de Ponce -como casi todos los de la corrida- fue con capote arriba, para evitar que rodara. A pesar de la buena condición, llegó muerto a la muleta. Ponce mató de estocada caída, pero vamos, que no hacía falta: si le empuja con la mano tiene los mismos efectos.
¿Dónde está El Juli de las lopecinas? ¿El que encandilaba con sus variedad y frescura de capote? ¿El Juli que levantaba clamores en banderillas? ¿El Juli que combinaba soberbia y ambición sana? ¿Dónde está, que no lo veo? ¿El Juli desafiante y arrollador? Ahora parece adocenado y esperando a que salga el toro que le sirva... En su primero estuvo especialmente suave con el capote. Se negó a poner banderillas; tampoco las pondría en el quinto, pese a que la gente lo pidiera ruidosamente. Ese primero suyo fue otro toro apagadito tras las varas, con poca transmisión. El toro llegó muerto a la muleta. Juli le hizo lo que quiso, pero: nobleza + flojera = aburrimiento. De cajón. Al blandito quinto le colocó dos buenos pares Carretero. El toro no tenía transmisión, con pocas fuerzas. El torero, frío y fácil; más aburrimiento.
El País. ANTONIO
LORCA. Triunfo de Jesuli de Torrecera
Jesuli de Torrecera tomó ayer la alternativa en Sevilla y le cortó las dos orejas al último de la tarde. La verdad es que no está mal para empezar. Cuando el presidente sacó el segundo pañuelo, el chaval dio un brinco de exultante alegría porque, posiblemente, ayer se jugaba el ser o el no ser en su carrera.
Se puede discutir si el premio es exagerado, pero lo que no tiene discusión es la actitud del torero, que desde que el toro salió por chiqueros demostró una magnífica disposición, unas enormes ganas de triunfo y, sobre todo, un cuidado especialísimo en hacer las cosas bien que merecen, al menos, el respeto de todos.
Y se puede discutir el premio porque no hubo toreo con la izquierda, que es el toreo fundamental y, por tanto, un ingrediente básico de esta historia de héroes y artistas. Lo intentó, pero el toro, agotado, decidió no colaborar.
No hubo naturales, quede claro, y ésa es razón suficiente para no conceder el segundo apéndice. Dicho lo cual, debe quedar claro y alto que toda su labor estuvo presidida por el buen gusto, por la ortodoxia, la elegancia y el sabor de toreo del bueno.
Recibió al toro con verónicas muy vistosas, con las zapatillas asentadas, las manos bajas y la pierna contraria adelantada. Y las remató con dos medias de categoría. A renglón seguido lo llevó al caballo con un precioso galleo por chicuelinas que despertó el entusiasmo. El animal empujó con fijeza en dos puyazos y llegó a las banderillas sin la codicia deseada.
Comenzó la faena con ayudados por bajo muy garbosos. Recuperada la figura, cruzado y con la suerte cargada, dibujó tres tandas de redondos largos, hondos, y con el toro embebido en los vuelos de la muleta. Fue una labor sentida, emocionante, llena de empaque y sensibilidad. Fue la faena de un joven torero con ansias de triunfo. Se tiró sobre el morrillo del toro y cobró una estocada desprendida que provocó una muerte fulminante. La plaza se llenó de pañuelos, y se sacó la espina de su mediocre actuación ante su manso y descastado primero.
Hubo otro factor a favor de Jesuli. Toreaba con las llamadas primeras figuras del toreo actual, que fracasaron sin paliativos. Ponce y El Juli dejaron en entredicho su liderazgo y su capacidad lidiadora y artística. Vulgares, ventajistas y sin ideas, dieron la impresión de tener la ilusión perdida o estar de vuelta. Exigentes ellos como figuras, ninguno de los dos estuvo a la altura de las circunstancias.
Ponce se encontró con un primer toro de embestida bronca y molesto cabeceo al que toreó despegado y abusando del pico en muletazos astrosos y destemplados, sin dominio y sin recursos para superar las dificultades. Noble era el cuarto y de escaso recorrido, y Ponce se colocó siempre al hilo del pitón, fuera de cacho, y, lógicamente, todo resultó desabrido y pesado.
Y El Juli tampoco tuvo su tarde. Noble y de dulce embestida fue su lote, pero no fueron razones suficientes para que el torero despertara emoción alguna. También usó el pico sin rubor y, al igual que su compañero, se colocó al hilo del pitón. En conclusión, dio muchos pases que sólo dejaron al descubierto sus defectos. Por contra, lanceó con elegancia a su primero a la verónica y realizó un quite ajustado por chicuelinas en el otro.
No quiso banderillear a sus toros, lo que posibilitó que el respetable se deleitara con un magnífico par de José Antonio Carretero, en cuyo honor sonó la música. Decididamente, a El Juli no le acompañaba ayer la ilusión. Ni a Ponce, y así les fue a los dos.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO. El esfuerzo de Jesuli mata el hastío
Cuando el espectáculo había alcanzado una tonalidad tan plúmbea como el cielo amenazador que cubrió ayer la Maestranza, y aquello era un funeral, Jesuli de Torrecera acabó con el hastío gracias a su esfuerzo, a su tesón y a rabiosa alegría. Pero no nos engañemos, las dos orejas que le concedieron no tienen el mismo peso que las que le otorgaron a César Rincón. El triunfo llegó en el sexto, un gran toro con celo en el capote, que derribó estrepitosamente en el primer encuentro con el caballo y empujó con el segundo. Parecía afligirse algo ante el castigo. Pero una vez recuperado, fue a más en la muleta.
Jesuli tuvo la virtud de dar pausas al toro entre tanda y tanda y de no quitarle la muleta cuando repetía. Y se metió con él a la desesperada. Dispuesto, con ansias de triunfo, en las afueras, basó la faena en la mano diestra, el mejor pitón de Héroe. Y con rango de héroe fue tratado Jesuli por una labor en la que hilvanaba los pases con ligazón, pero de manera acelerada. Los muletazos se remetían a velocidad de ametralladora. Le faltó serenidad, pero al menos estuvo en su papel de toricantano, de principiante con hambre de triunfos.
Jesuli se distinguió con tres verónicas y una media con compás al recibir al sexto, en una tarde en la que no hubo otra cosa digna de mención en el toreo de capa. En las afueras, de largo, una tanda vibrante con la diestra, otra más, otra más... pero faltó reposo para saborear el toreo. No hubo toreo al natural; por ahí se quedaba corto el astado. El público -con miles y miles de partidarios llegados del Rincón. se contagió de la alegría y sinceridad del torero y enloquecieron cuando mató de un decidido volapié en el que perdió el engaño. Palmas por bulerías. Gritos al palco. Una auténtica locura y la concesión de dos orejas, un exceso para el rigor de una plaza como la Maestranza.
Para los amantes de las efemérides, Jesuli tomó la alternativa de blanco y oro, con el toro Faisán, negro, de 512 kilos, que más bien fue una gallinácea distraída, que se rajó en la muleta de un torero que recibió los trastos de manos de Enrique Ponce y estuvo presa de los nervios durante un trasteo sin relieve.
Lo que no es de recibo es el papel jugado por Enrique Ponce y El Juli. La corrida de Zalduendo, mal presentada, no se comía a nadie. Y ambos -máximas figuras del toreo- pasaron de puntillas. En la mayoría de las ocasiones toreando con ventajas.
Ponce se marcha de la Feria de Abril con una nota pobre. A su primero, sin entrega, con su sabiduría y oficio, le estudió en una primera tanda con la derecha para medir las distancias. Hasta ahí bien. Pero la labor, por ambos pitones, de impecable técnica, estuvo salpicada de enganchones.
Con el parado cuarto, derrotado en un larguísimo puyazo, y medio-moribundo en la muleta, el trasteo del valenciano fue un paripé.
El Juli perdió enteros en el festejo de ayer. Al tercero, rajadito, pero noble, lo toreó siempre hacia fuera y tan sólo consiguió una tanda entonada por cada pitón.
Con el quinto, que derribó en varas y fue manejable, el diestro madrileño manejó la franela de manera destemplada por el pitón derecho y muy desceñida por el izquierdo.
El público aplaudió a rabiar cuanto se hacía. Tragó lo suyo con una corrida mal presentada de Zalduendo, con varios ejemplares de feas hechuras. Únicamente Jesuli, por su pundonor y su hambre de triunfo, se salvó de la quema. Un triunfo reconocido con generosidad, en el que Torrecera invadió Sevilla.

El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Derecho universal a ser feliz
Se arregló el día y escampó. Y se arregló la corrida, que es mucho más importante que el arreglo del tiempo, pues esa recomposición de una tarde infausta va a arreglarle, o así debiera ser, la vida torera a Jesuli de Torrecera. Dos orejas le cortó el chaval a un manso encastado en el día de la alternativa. Tiene que ser muy emocionante eso de cortar en La Maestranza dos orejas en una tarde fría y compitiendo con dos ases de la tauromaquia como Enrique Ponce y El Juli.
Debe de ser muy emocionante eso de ser torero neófito y darles un repaso al padrino y al testigo; y, a la vez, solucionar la tarde a los críticos taurinos que no sabíamos por dónde
tirar. Dos orejas, un valiente a caraperro y dos tandas de redondos, o tres, a trompicones solucionaron tarde, crónica y ¡ojalá la vida de Jesuli de Torrecera! Puede que el oro de esas dos orejas no sea de muchos quilates pero, aunque sólo sea por gratitud al capote que nos ha echado el nuevo matador Jesuli de Torrecera, pelillos a la mar.
En el fondo, ser crítico es una suerte, pues siempre viene un torero a sacarte las castañas del fuego. O así lo creen
muchos. La vida del crítico es un gozo itinerante: un paraíso en la
tierra. Una vida de crápula y desenfreno. Algo de razón hay, pues los hoteles son muy confortables y algunos como el Gran Dómine de Bilbao hasta los diseña Mariscal, el de Coby. Las comidas son manjares de dioses y los vinos néctar de las mejores añadas.Sólo que para esa vida de molicie, modestamente y con perdón, no es necesario salir de casa.
Nunca tendremos la gloria de Jesuli mas, en compensación, tampoco tendríamos que soportar toreros en una tarde plasta como Enrique Ponce y El Juli. Gloria para Jesuli de Torrecera y vilipendio para padrino y testigo de su primera comunión torera; aunque en algunos momentos aquél haya toreado con despaciosidad y éste con profesionalidad. Los toros de Zalduendo, serios de cabeza, pero sin clase y cortos de presencia. A Jesuli le correspondió el más chico, el de la alternativa, y el más serio y encastado, que cerraba plaza. Jesuli de Torrecera guardará por siempre esos momentos de emoción, las verónicas de recibo al sexto, las tandas de derecha, más intensas que dominadoras; y el incendio con que calentó la plaza.
Los aficionados creen que 150 corridas al año son una bicoca.Y que todas las tardes hay emociones como la de ayer, aunque yo piense que ese premio de dos orejas es un poco excesivo, o un mucho, para plaza tan gloriosa como La Maestranza. No todas las tardes se cortan dos orejas y no siempre aparece el secretísimo arte de torear, aunque Jesuli de Torrecera se pusiera ayer en un sitio caliente donde los toros pueden herir e hiciera lo más candente de la fresca tarde.
La renuncia de El Juli a banderillear es cosa que se agradece, aunque ese sacrificio generoso le suponga, pese a lo mal que banderillea, la pérdida por lo menos de media oreja. En compensación, vemos a Carretero, que ayer estuvo casi tan bien como El Mangui anteayer.
Mas para no quitarles a los aficionados la idea de buena vida y brillo social que nos atribuyen a los críticos, estoy dispuesto a festejar por todo lo alto el triunfo del chaval de
Torrecera. Lo que más celebro como escritor en los toros, aparte el premio de ayer a un chaval que empieza, es el esplendor del
lenguaje. Si bien, en este punto, tengo fuentes mejores. Por ejemplo, a Umbral le debemos casi todo en cuestiones de idioma y María Asquerino le debe una palabra que inventó para ella, trasnochatriz, que viene a ser algo así como actriz amiga del alba y de la noche.
A Manuel Polidura y, en parte también, a su hermano Alfonso, les debo una palabra que no sé cómo encajar en una corrida por derecho y sin chistes soeces: encueratriz. Encueratriz viene a ser mujer bella, reina del desnudo, que se queda en cueros vivos, en puro traje de Eva en el Paraíso. En La Maestranza y con este fresco y estas nubes que amenazan lluvia, no se vislumbra a estas horas ninguna encueratriz. Aunque con el calentón de Jesuli de Torrecera, nunca se sabe.
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